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Aquí y Allá, Inseparables

Colección de drabbles y viñetas Iwaizumi x Oikawa

Disclaimer: personajes no son míos


XII. Sus diálogos (I)
Summary: Oikawa e Iwaizumi mantienen todo tipo de conversaciones

Takeru

Takeru nunca se enteraba de qué hablaba su primo con Iwaizumi-san. Temas de grandes, seguro.

—Qué melones… la capitana-chan del equipo femenino me pone a cien.

—Es imposible que sean reales. Estan muy… muy…

—Son reales, créeme. Copa D, turgentes, pezones algo extraños pero quién no tiene defectos.

—No inventes fantasma. No hay ninguna forma que tú sepas aquello.

—Hay una forma: ese, o, equis, o, del bueno. ¿Por qué crees que me odia tanto?

—Qué desagradable eres. No hables así frente al muchacho.

—El chico ni se entera. Take-chan, ven que te digo un secreto. ¿Ves a esa chica tan guapa? Corre hacia ella y levántale la falda. Luego sigue corriendo y cómprate unos helados, aquí te dejo un billete. Vas a ver Iwa-chan la mancha de nacimiento de su nalga derecha, y ya me dirás quién es el fantasma.

Su primo también le pedía unos favores muy extraños. Pero mil yenes son mil yenes. Takeru corrió con todo.

Makki y Mattsun

Los chicos de tercero de Aobajousai solían comer ramen luego del entrenamiento. Pasaban a un local a tres calles de la preparatoria, el que cobraba más barato. A veces, ni Hanamaki ni Matsukawa eran capaces de integrarse a las discusiones que sostenían Iwaizumi y Oikawa.

—¿Qué dices Oikawa? No hay océanos en Tatooine, los Rakata los drenaron.

—Estoy hablando en un caso hipotético. Si hubiesen ¡si hubiesen! Las mareas serían enormes. Es un planeta con tres lunas. Ahora, imagina las tres en luna llena.

—Hmmm… Qué catástrofe. Los Hut lavarían dinero en construcciones hidráulicas. Diques y esas cosas. Han Solo no sería caza recompensas, seguro.

Par de nerd. Por una razón a Oikawa siempre le dejaban las novias, e Iwaizumi jamás se conseguiría una. A veces odiaban que los relacionasen con ellos, pero pasar a comer ramen luego de las prácticas se había vuelto en una tradición sagrada, y Star Wars no iba a impedir nada.

Kindaichi

Kindaichi admiraba a sus senpai. A veces se retrasaba en los vestuarios a propósito, por el gusto de oírlos hablar.

—Ese Mad-dog es una espada de doble filo. Tiene fuerza pero…

—Es predecible. Matsukawa es especialista en dirigir los remates hacia puntos seguros, el desgraciado. Yo digo, que dirijas tú hacia dónde debe ir el balón, no la defensa.

—¿Un pase abierto?

—Tiene condición física, que haga un remate inclinado. Imagina la cara de Matsukawa.

—Estúpido Mattsun. Se rio de nosotros. Ya verá mañana.

Cuando hablaban en serio, Kindaichi sentía admiración, pero también miedo. Y se preguntaba, qué cosas dirían de él, y si sus mejores jugadas no habrán sido fruto de una planeación anticipada.

La señora Oikawa

La madre de Tooru sabe que su hijo es problemático y despreocupado. Lo mimaron mucho, lo acostumbraron a los lujos. Sin embargo, cuando pasaba en puntas fuera de su habitación y lo escuchaba hablar con su mejor amigo, el corazón se le llenaba de gusto, y pensaba «tan mal no he debido de hacerlo».

—Mierda Iwa-chan ¡Que lo vimos en el bar! Ese tipo no es un buen sujeto, tienes que decirle a mamá Iwa-chan.

—¿Decirle qué? He odiado a todos sus novios, no le va importar.

—Omitir es igual que mentir. Eres su hijo. De acuerdo, la vida no te quiere, pobre Iwa-chan quien tiene que callárselo todo, bua, bua, bua. ¡Deja de huir de los problemas y hazles frente! ¿O te vas a quedar a brazos cruzados? ¿Tú? ¡No me lo creo!

—¡Aaagh! ¡Cómo puedo permitir que tú me estés dando consejos a mí!

Iwaizumi abandonó la casa aireado. Oikawa, con la frente roja y una sonrisa de satisfacción en el rostro, le dijo a su madre que volvía tarde, que acompañaría a Iwa-chan hasta su casa. La madre le deseo suerte a ambos y rezó una plegaria.

Kyotani

Mad-Dog no sabe por qué su senpai, Iwaizumi-senpai, habla solo en el almuerzo. Será que está loco.

—Maldición, me obligarán a tomar el curso de verano otra vez.

—…

—Para ti será fácil que eres bueno en todo. Pero a mí… la química no tienen ningún sentido.

—…

—Ya deja de presumir ¿quieres? Cómo odio ser tu amigo.

—…

—¡Que te calles ya!

Pero a Mad-Dog no le importa si a su senpai se le safaron los tornillos. Iwaizumi-senpai, en todo su desquicio, siempre acaba golpeando a ese chico bonito que está a su lado, ese que mueve la boca mil veces por segundo pero no dice nada que mereciera la pena ser escuchado.

Bokuto

Bokuto pensaba que nadie le tenía tanta manía a Ushijima como él.

—¿Pero qué…? ¡Tiene un auto el muy imbécil! ¡Iwa-chan!

—Lo veo, lo veo. Maldito millonario ¡Pedazo de Audi!

—¡Síguelo! A reventarle las llantas. Boku, tú también.

Oikawaii le arrastró hasta la camioneta destartalada de una cabina del amigo de Oikawaii (Iwa-chan-kun, hasta que se le ocurriese un mote más adecuado), y entre los tres, siguieron el auto lujoso de Ushiwaka por las calles de Tokio. Iwa-chan-kun hizo volar el retrovisor de una patada, y Bokuto se cuestionó el tipo de gente con la que se relacionaba su actual compañero de habitación.


Notas: Aunque las viñetas han seguido una lógica lineal, eso no será siempre así. Habrán saltos al pasado, al futuro, y cosas.

Dedicado a los que deletrean palabras impías si hay menores presentes, a los amantes de Star Wars (Yo otra vez!), y a Oikawa e Iwaizumi porque aquí y allá, hablan de lo que sea delante de quien sea. Japiera.