Hola ke tal? espero ke les ste gustando la historia y ke me dejen muuuchooos reviews ehehehe

recuerden de ke nada me pertenece

Capítulo 12

La distancia no era larga, pero mientras le indicaba el camino, tuvo que admitir que realmente le agradecía que la llevara. La temperatura había descendido más durante la hora que había estado en el interior de la casita amarilla. La calefacción del coche no tendría tiempo de hacer efecto, pero por lo menos no estaban al descubierto, con un aire tan frío que daba la sensación de quebrarse en mil pedazos.

—Si necesitas más leña para la chimenea, Jack Stubens la vende al peso —le sugirió.

—Stubens, ¿puedes apuntarme el nombre? —Conduciendo con una mano, rebuscó en el bolsillo—. ¿Tienes un papel?

—No.

—Mira en la guantera.

La abrió y el asombro la dejó con la boca abierta. Había docenas de notas, innumerables bolígrafos, bandas de goma, una bolsa medio vacía de galletas saladas, tres linternas, un cuchillo de caza, y numerosos objetos difícilmente identificables. Cogió uno que parecía estar hecho con cuerda de bramante rojo, algunas cuentas y pelo humano.

—¿Esto qué es?

Él le echó una ojeada.

—Es un amuleto africano, un regalo. ¿No hay papel?

Alice le miró fijamente durante un momento, guardó el talismán y sacó una de las innumerables notas emborronadas.

—Jack Stubens —repitió, y lo garabateó en el trozo de papel—, calle del Búho Encantado.

—Gracias —Jasper tomó el papel y lo guardó en el bolsillo.

—Tuerce aquí. Es la casa de dos pisos, la que tiene un porche alrededor.

Se lo podía haber imaginado él mismo, ya que el coche patrulla estaba aparcado en la entrada. Las luces brillaban acogedoras tras las ventanas y salía humo por la chimenea.

—¡Qué bonita casa! —salió del coche y como ella ya había bajado antes de que él pudiera abrirle la puerta, la tomó otra vez del brazo.

—Oye, Jasper, es un detalle, muy amable por tu parte y todo eso, pero no es necesario que me acompañes hasta la puerta. No hemos tenido una cita.

—Es algo instintivo. Además, hemos compartido una cena, y conversación; también el vino, o sea que ya hay varios elementos propios de una cita.

Alice se paró en el porche y se giró. Él se había colocado una gorra de esquí y su pelo rubio oscuro se escapaba aquí y allá; no pudo evitar mirar la intensamente.

—Entonces ahora lo que quieres es un beso de buenas noches, ¿no? —bromeó Alice.

—Pues sí.

La respuesta fue tan alegre, tan jovial y despreo cupada que ella sonrió, pero sólo durante un momento. Se movía de una forma tranquila, inesperada, increíble. No había sido rápido, pero sí tan hábil, tan suave, que no tuvo ocasión de reaccionar, ni de pensar.

La rodeó con los brazos, obligándola a acercarse a él, cuerpo contra cuerpo, de tal manera que, aunque no existía ninguna presión, se encontró pegada a él. Jasper inclinó la espalda de forma casi imperceptible, pero de alguna manera consiguió crear la ilusión de que se encontraban en horizontal en lugar de en vertical.

Aquella sensación de intimidad la sacudió por dentro e hizo que la cabeza le diera vueltas vertiginosamente incluso antes de que la boca de Jasper se apoderase de la suya.

El beso fue suave, cálido, profundo. Sus labios ni rozaban, ni mordisqueaban, sencillamente absorbían. Ahora el aturdimiento se mezclaba con una oleada vibrante de calor que parecía comenzar en la punta de los pies y ascender hasta fundir cada uno de sus huesos. Un leve sonido de placer y sorpresa canturreó en la garganta de Alice. Abrió los labios en señal de bienvenida. ¡Más, por favor! Tuvo que hacer dos intentos para mover los brazos, que parecían no tener huesos, hasta conseguir rodearle el cuello. Se le doblaban las rodillas, y no le habría sorprendido ver cómo se disolvía su cuerpo y se deslizaba en pequeñas gotas formando un charco a los pies de Jasper. Cuando él se echó hacia atrás y la apartó suavemente, ella notó la visión borrosa y la mente en blanco.

—Tenemos que repetir esto en algún momento —comentó el joven.

—Eh... —Ella casi no recordaba cómo se articulaban las palabras.

Jasper le dio un cariñoso tirón de pelo.

—Será mejor que entres antes de que te congeles.

—Ah... —Ella, entregada, se dio la vuelta a ciegas y avanzó hacia la puerta.

—Deja que lo haga yo —Jasper habló con suavidad, con cierta seriedad giró el pomo de la puerta y la sostuvo abierta con el codo—. Buenas noches, Alice.

—Humm...

Ella entró y sólo pudo apoyarse contra la puerta que él había cerrado hasta que consiguió recuperar la presencia de ánimo y el aliento.

¿Inofensivo? ¿Acaso pensaba ahora que él era inofensivo?

Tambaleándose, consiguió subir varios escalones, para bajar de nuevo hasta el comienzo de la escalera. Decidió esperar hasta que las piernas volvieran a sujetarla antes de intentar subir a su habitación.

.

.

8 de enero de 2002.

9-10 p.m. aprox.

Transcribo brevemente las notas y la grabación de mi primera entrevista con Alice Cullen. No he progresado con ella tanto como esperaba. Sin embargo, se han producido dos incidentes que explicaré con más detalle en el cuaderno de trabajo. Mi reacción personal, sin embargo quedará reflejada aquí.

El carácter de Alice y su actitud protectora hacia su cuñada, Bella Cullen (datos sobre Bella Cullen con referencias cruzadas a su nombre), dominan y dominarán su reticencia a discutir sobre su don; o bien, como he aprendido esta noche, a mostrarlo. Tengo la impresión de que su prevención hacia mí cuando mencioné a Bella fue instintiva y el resultado no estaba planeado. Causarme daño fue más una consecuencia que un objetivo. A través de un examen visual se podía observar que las quemaduras de mi muñeca mostraban la huella y forma de sus dedos. No fue una quemadura rápida, sino más bien un aumento de calor constante, como se puede experimentar cuando se aviva una llama.

Los cambios físicos que experimentó durante el fenómeno fueron: dilatación de las pupilas y un resplandor bajo la piel.

Interiorizó su rabia inmediatamente.

Creo que esta falta de control y el miedo hacia lo que es capaz de hacer son la causa de su reticencia a hablar sobre la naturaleza de sus habilidades y a explorarlas.

Es una mujer interesante y muy apegada a su fa milia. En todos los temas excepto en éste, intuyo y observo una gran confianza; se encuentra a gusto consigo misma.

Está muy guapa cuando sonríe.

Se detuvo y estuvo a punto de tachar la última observación. Ni siquiera era exacta. No era guapa; atractiva y misteriosa, sí, pero no guapa.

Se recordó a sí mismo que el diario servía para plasmar impresiones. La idea de que ella era guapa debía estar en su mente para que lo anotara, por lo tanto, se quedaba.

El segundo incidente sucedió justo antes de irnos, y no tengo ninguna duda de que fue más penoso para ella. Al quitarme las quemaduras, puso al descubierto sus habilidades, e indica un fuerte sentido del bien y del mal. Esto, junto con su instinto protector hacia quienes y hacia lo que ama, sobrepasa su deseo de bloquear su don.

Espero descubrir con el tiempo qué suceso o sucesos influyen en ella para negar sus poderes o renunciar a ellos.

Necesito verla de nuevo para verificar mis suposiciones.

¡Dios mío! Si no era capaz de ser sincero en su diario, ¿dónde podría serlo?

Quiero volver a verla por motivos completamente personales. He disfrutado con ella, incluso cuando se comporta de forma grosera y brusca. Me fastidia un tanto pensar que me divierte estar con ella precisamente porque es grosera y brusca. Aparte de eso, existe una fuerte atracción sexual. A diferencia de la profunda admiración por la belleza de Rosalie Hale que sentí en nuestro primer encuentro, y la completamente natural y humana fantasía resultante, esto es algo más básico, y por tanto, más irresistible. Por una parte, quiero desmontar a esa mujer tan compleja pieza a pieza, para entender cómo es. Por otra, sólo quiero...

No, decidió Jasper, incluso un diario personal necesita cierta censura. No podía escribir exactamente lo que querría hacer con Alice Cullen.

Me pregunto cómo sería ser su amante.

Pensó que así quedaba aceptable. No era cuestión de entrar en detalles gráficos.

La acompañé en coche a su casa esta noche porque la temperatura rondaba los cero grados. El hecho de que viniera andando y que pretendiera volver a su casa también a pie en esas condiciones, demuestra su testarudez, así como su independencia. De forma evidente, ha encontrado graciosas muestras de cortesía básicas como ayudarle a ponerse el abrigo o sujetarle la puerta. No se sentía insultada, sino divertida, lo que me ha parecido encantador.

No la habría besado si ella no lo hubiera mencionado. Desde luego, yo no tenía intención de hacerlo en una etapa tan temprana de nuestra relación. Su respuesta ha sido inesperada y... excitante. Es una mujer fuerte de cuerpo y alma, y sentir que casi se quedaba sin fuerzas...

Tuvo que parar, tomar aliento y tragar parte del agua que se había servido.

Sentir la reacción de su cuerpo contra el mío, el calor. .. Conocer las causas químicas y biológicas por las que aumenta el calor corporal durante una situación semejante, no disminuye lo asombroso de la experiencia. Todavía siento con fuerza, su olor fuerte y penetrante. Y puedo oír el ronroneo que resonaba en el fondo de su garganta. Me temblaron las piernas, y cuando me colocó los brazos alrededor del cuello fue como estar completamente rodeado por ella. Un minuto más, un instante más, y hubiera olvidado que nos encontrábamos en un porche abierto una áspera y fría noche.

Pero como, a pesar de su coqueteo, yo era el que había iniciado el abrazo, yo era el responsable. Por lo menos, tuve la satisfacción de ver su rostro y la expresión aturdida y soñadora de sus ojos al avanzar directamente hacia la puerta.

Eso había estado bien.

Por supuesto, al volver estuve a punto de salirme dos veces de la carretera, y casi me pierdo, nada raro, si tenemos en cuenta los estímulos recibidos.

Sí, quiero volver a verla, por muchas razones, y no creo que esta noche duerma especialmente bien.


jejej ke especiales son esos dos no? jeje

espero reviews

byee