Gracias, gracias a todos por tomarse la molestia de dejar un review. Bueno, ya se que todos se mueren por saber mas sobre que pasara después del mega desastre de la fiesta. Aquí se los dejo y felices fiestas a todos!

Resumen: Bella, una joven, retraída, estudiosa que toda su vida la ha pasado

entre libros, se enfrenta al reto más importante y dramático de su vida. El sexy y engreído jugador del campus, Edward Cullen.

Disclaimer: Ninguno de los personajes me pertenece, son creación de la maravillosa mente de Stephenie Meyer

Capitulo Doce: Entre ternura y pasion

-Este…Edward, ¿Cómo que a tu casa?-pregunté

-Si, a mi casa. Tengo un departamento muy cerca de la universidad. No te ibas a quedar sola, no te lo iba a permitir después de lo del accidente. Tuvimos suerte de salir como salimos, pudo ser peor. Además mira, ya hemos llegado Isabella.-me dijo en tono muy divertido mientras descendía del auto.

-Bella.-gruñí mientras le veía dar la vuelta al auto.

-Vamos.-me pidió ofreciéndome su calida mano para ayudarme a salir del auto.

Y así lo hice.

Tome su mano mientras me dirigía a la entrada central del edificio. No había soltado su mano pero el tampoco parecía querré removerla. Casi llegando a la entrada me llene de suficiente valentía para alzar la mirada Edward. Sus ojos se posaban en el horizonte oscuro y una expresión de paz surcaba su rostro. Al parecer, yo, no cualquier idiota con la que se hubiese acostado, yo, Isabella Swan, le daba paz.

Y, tampoco me había fijado lo hermosamente seductor que se veía bajo la luz de la luna que le daba un aire misterioso a su piel cubriéndola de plateado. Parecía un ser mitológico, un ser divino. Un ser que había venido a la tierra a despertar mis mas ocultos deseos.

Me matute mirándole todo el trayecto hacia el apartamento en el que nunca nos cruzamos la mirada y, tenia la impresión, que aquella situación le era de igual incomodidad que a mi. Pero era su culpa, a el nadie le había dicho que debía tomar papel de niñera conmigo, una adulta de veintiún años.

Mi estado de sublevación ante la mera visión de Edward solo fue rebasado por la vista que tenia ante mis ojos.

Sin duda, el departamento de Edward era todo lo que podía reflejar de el. Lo decía todo, cada porción de el plasmada en cada rincón. Era enorme, por supuesto, y muy lujoso, pero, después de haber conocido a todos los miembros de la familia, terminabas asimilando que el dinero jamás había sido problema alguno por lo que no me costo mucho pensar de donde había salido semejante trofeo de casa.

Cada superficie estaba completamente inmaculada, más de lo que pensé jamás hallar en casa de un hombre. Tenia una enorme sala de estar con un inmenso televisor y debajo de el, lo que parecía una grande y extensa colección de películas.

Estaba tan asombrada por lo que veía que actuaba como una autómata y lo único que hacia era seguirle mientras me señalaba donde se encontraba cada cosa. De repente volví a reaccionar y Salí de mi ensimamiento. Estábamos en la planta alta justo enfrente de una puerta de color madera claro. No sabía que hacíamos allí así que lo mire con cara confundida. Como si me hubiese leído la mente, cruzo para contestarme la pregunta que no había hecho en voz alta.

-Esta será tu habitación por los próximos días. Espero que la encuentres cómoda. Todo lo que puedas necesitar estará ahí y si no, házmelo saber. Alice ya vino a dejar todo lo que…-me decía pero yo ya no le escuchaba.

¿Alice? ¿Alice? ¿Mary Alice Cullen? ¿Qué el duendecillo desenfrenado había seleccionado mi ropa? Pero si eso era una locura. Solo el cielo sabía que barbaries debería haber puesto en mi armario. Si iba a pasar unos días con Edward, seria imposible tener sus tipos de ropa conmigo y más aun cuando no podría ponerle remedio a la situación ya que, sabía muy bien, que no me dejarían manejar el auto.

-Te dejo para que te cambies. Mi habitación es la de fondo pero además de esa, podrás encontrar mi cuarto de estudios. Tienes tu propio cuarto de baño ah adentro.-dijo, repentinamente muy nervioso.

-Edward, deseo agradecerte muchísimo lo que has hecho hoy. Lo que haces por mi.-

-No es nada, te lo debo. Ahora, ve, relájate, disfruta un baño relajante en la tina. Yo voy a preparar la cena en vista que ninguno de los dos ha comido nada.-me dijo. La verdad, nuca paraba de asombrarme.

-¿Cocinas/-pregunte con incredulidad y enseguida el la gran tranquilidad fue suplantada por una gran carcajada de su parte.

-Hay Bella, claro que cocino. ¿Crees que hubiese sobrevivido si no? Además, viviendo con Esme Cullen, en mi casa todos salen haciendo de todo, hasta coser.-me respondió y no pude mas que unirme a sus risas.

-Eso debe…debe…debe ser muy gracioso. Tu…Emmett…pegando un botón.-de tan solo imaginármelo la risa cobraba mas fuerza.

-Ja debe hacerlo porque si no mama nos mataría. Te sorprendería saber todo lo intimidante que mi madre puede llagar a ser con tan solo una mirada y nuestro mejor bate de beisball en la casa.-

-No lo podría haber imaginado.-le acepte, con los ojos enajenados en lagrimas, producto de tanto reír.

-Es de familia, mis hermanas y mi madre son muy buenas pero tienen su genio. Solo pregúntales a mis hermanos que han sentido la furia de las Cullen muchas veces. Bueno, vasta por ahora de plática aburrida, voy a cocinar porque te admito que muero de hambre.-

-De acuerdo. Pero después seguiremos con el tema.-le dije mientras lo veía alejarse de la puerta.

-Hecho.-dijo y desapareció escaleras abajo.

Cerré la puerta cuidadosamente dándome vuelta para encarar mi habitación. por supuesto, era elegante, fina y de un gusto exquisito. Daba la impresión de haber sido decorada por Esme porque poseía algo de su toque personal y su brillantez para las combinaciones.

Pero lo que me preocupaba no estaba en la decoración de esa habitación, sino en lo que aguardaba en la maleta que divise encima de mi enorme cama.

Me acerque a ella y con ojos cerrados corrí los cierres. No quería enfrentarme a lo que vería pero era inevitable. Así que, ya abierta la maleta, me anime a echar un ojo a su contenido. Lo que recibí fue un espanto.

Mientras buscaba conjuntos me quedaba más y más en estado de completa sorpresa. ¿Es que Alice no podía escoger ropa adecuada? Todo me daba pavor nada más mirar pero lo que me erizaba aun mas mis vellos era la vista de la ropa de dormir si se le podía decir así a aquellos trapos con los que pretendía Alice que me vistiera. ¿Qué era aquello? ¿Unos centímetros de tela? Era escandaloso.

Pasaron unos cuantos minutos antes que pudiese mover un músculo y, cuando lo hice, fue el cerebro con e que pensé, me prometí a mi misma matar a Alice cuando tuviera la primera oportunidad de verla. No, no quería esperar a verle. La iba a llamar.

Y, como había tomado mi decisión, tome mi teléfono y marque el numero que tanto me sabia de memoria.

-Hola.-contesto inocente su voz.

-Tienes cinco segundos para explicarme que demonios hiciste con la ropa normal Mary.-

-¿Ropa normal? ¿Cuál? Es que no te escucho…Bella…luego te llamo.-

-No te atrevas.-le gruñí pero ya era demasiado tarde, ya me había colgado.

-¡Demonios! Maldita sea Alice Cullen y su secuaz Rose Hale.-exclame.

Allí, mirando a la nada con una inmensa indignación, espere unos minutos. Estaba realmente molesta pero supuse que podría vengarme en otra ocasión, una mejor planeada. El pensar en mi contraataque me hizo moderar mi mal humor por lo que decidí tomar una larga y relajante ducha de imercion en la que pudiese relajar mis músculos un rato.

Me quite la ropa que llevaba y me metí en la ducha mas rápido de lo que canta un gallo. Allí permanecí, relajándome, según las instrucciones de Edward. Trate de no pensar en el trabajo que se me avecinaba encima cuando volviera a la universidad ni en mis planes de asesinato a las hermanas Cullen. Ese momento era solo mío.

Y allí me quede mucho tiempo, tanto que cuando Salí del baño, envuelta enana toalla en ambos, pelo y cuerpo, ya había pasado una hora completita y supuse que Edward estaría esperándome por lo que me apresure a tomar, de entre todas las ropas entraña, la mas decente que encontré, un par de jeans cortos y una camiseta de un azul muy bonito. Por supuesto, siguiendo mi mala costumbre, no me puse ningún zapato para andar por la casa.

Me seque el cabello con la toalla o más rápido que pude y Salí de mi habitación para comenzar a bajar las escaleras de dos lo que casi me cuesta una vuelta al hospital cuando enredé mi pie en la alfombra de las escaleras. Pero, por suerte, no paso a mayores y puse seguir encaminándome directo a la cocina.

El olor que provenía de allí era el olor mas delicioso que jamás había olido, era una mezcla se olores conocidos con otros que no reconocía. De la cocina también salía una música en tono bajo muy hermosa, una que reconocí, haberle oído poner la tarde que nos accidentamos. Pero lo más Hermoso de todo era la vista.

Edward lucia otra ropa y su cabello estaba aun mojado, al igual que el mió. Su rostro de ángel parecía muy concentrado en la tarea hasta que le vi detenerse y concentrarse en mí. Sus ojos me recorrieron de arriba abajo y pude sentir como mi corazón se aceleraba y mis mejillas se pintaban de carmesí. Le vi abrí los ojos como platos para luego controlar su expresión de manera autómata e instantánea.

-Bella.-

-Edward.-

-Te…te…te ves…hermosa.-me dijo y, por vez primera, tuve la sensación de haberle visto las mejillas de un matiz distinto al usual.

-Gracias.-fue todo lo que le pude decir.

-Esa ropa te queda genial, eres muy hermosa Bella. Pero debo preguntar, ¿Y tus lentes?-

-No los encontré entre mis cosas.-

-Después los busco, a lo mejor Alice se le olvidaron en el dormitorio, en fin, toma asiento. Voy a servir la cena.-me informo.

Yo quise ayudarle en algo por lo que acomode los platos y los vasos en su lugar. Me senté y espere a que mi acompañante llegara lo que sucedió al cabo de unos diez minutos.

Tenía tanta hambre que me maraville cuando Edward coloco el delicioso plato de pasta frente a mí. Tuve que controlarme enormemente para conservar las reglas a la ora de comer como no atragantarme con la comida. Y es que, mi hambre solo se puso peor después de la primera probada de aquel exquisito mangar.

-¿Te gusta?-pregunto Edward en un punto dado de la cena.-

-No me gusta. Me encanta Edward, esta delicioso. Esme ha hecho un buen trabajo contigo.-

-A ella le agradaría saber eso.-me aseguro con una sonrisa torcida condenadamente sexy.

-Lo tendré en cuenta.-le asegure comiendo otro vacado.

-Bella, tengo una conversación pendiente contigo.-me informo en tono que dejaba entrever que se acercaba un asunto un tanto incomodo.

-Dime.-

-Bueno, es que…mira, el punto es que yo qui…-no pudo terminar. ¿Por qué tenia que ser el timbre tan inoportuno en ocasiones?

Suerte que habíamos terminado la cena, era un desperdicio dejarla enfriar.

-Bella, ¿Podrías abrir la puerta?-me pedio.

-Esta bien.-

-Gracias.-

Así pues camine lo mas rápido que pude hacia la puerta a atender al insistente idiota que no paraba de tocar el timbre como lunático. Estaba tan irritada que por un momento pensé desquitar mi ira inmediatamente si de Alice se trataba. No habría tiempo para planes, si era el pequeño diablillo, hoy iba a morir.

Oh, pero distinta fue la sorpresa que me lleve al abrir la puerta.

-Buenas Noches.-salude a la joven rubia parada justo al frente.

-¿Que demonios haces aquí?-pregunto Tanya

-Paso unos días aquí. Pero eso pregúntaselo a Edward.-

-Si, créeme que lo haré. Ahora mosquita, por que no nos das a mi y a mi Edward tiempo solos.-me espeto, claramente dejándome ver que no era una pregunta.

-Con gus…-comencé a decir en el mismo instante que fui interrumpida por la potente voz de Edward.

-No te atrevas Bella. Tú te quedas aquí.-afirmo, ya habiendo llegado a mi lado.

-Edward, ¿Qué hace ella aquí?-pregunto molesta.

-Yo la invite, además, eso no te incumbe, Tanya. Esta es mi casa y hago le que se me pega de la real gana.-

-Pero si es un espantapájaros.-

-Tanya, te advierto, cállate la boca.-le amenazo Edward con rostro furioso y frenético.

-Dile, dile que no le interesas. Vamos Edward, yo soy mejor que Bella.-

-En lo único que eres mejor que Bella es en que eres una cualquiera. La mujerzuela del campus. Ni siquiera te atrevas a decir el nombre de Bella que no lo mereces.-

-Tu me dijiste a mi….-comenzó a hablar.

Sabía exactamente a que evento se referirían. Cada palabra que les había escuchado decir me venia a la mente como un balde de agua fría.

-Espera Eddie, nesecito que me digas que no te interesa en lo absoluto la nueva.-

-Claro que no Tanya, es solo una chica idiota e ingenua. ¿No viste su apariencia?, parece un libro mal gastado.-

Eso era, estaba aquí para nada, para revivir la humillación más horrenda de mi vida. No, no lo iba a permitir. Me voy, voy a empacar mis cosas, pensé.

Corrí, corrí escaleras arriba aun escuchando la discusión proveniente de la entrada de la casa. Escuche gritos y escuche el ruido de una puerta cerrándose. Escuche pasos a mis espaldas lo que hizo que aumentara más a mi paso. Quería llegar a la puerta de mi habitación, y lo hubiese logrado si la cerradura no se hubiese indispuesto a la cooperación.

-¿A dónde crees que vas Bella?-pregunto Edward.

Cuando hablo fui capaz de percatarme a la increíble corta distancia que nos encontrábamos. Nuestros rostros estaban a centímetros. Sus ojos se perdían en mi mirada. En ellos vi un conjunto de emociones que no podía descifrar.

-Me iba a empacar.-conteste, bajando involuntariamente mi vista a sus perfectos y rosados labios.

-¿Por qué razón es eso?-volvió a preguntar, esta vez, colocando sus brazos a ambos lados de mi cabeza, inclinándose mas a mi, a un punto, que nuestros labios alcanzaba la separación solo por, tal vez, un par de centímetros.

-No quiero volver a ser humillada.-le respondí.

-Bella, Bella, pequeña Bella, dulce Bella.-llamo como para sus adentros. Sentí como sus ojos abandonaban los míos, sentí como su rostro se inclinaba. Con su nariz trazo la línea de mi clavícula.

Una y otra vez, choques eléctricos recorriendo mi piel. Su aliento tibio sobre mi, era como la llama que enciende un fuego abrasador. Porque eso era yo en aquel momento, un fuego abrasador dedicado a consumir cada caricia que el me daba.

Mi corazón latía frenético, estoico. Los nervios de mi piel todos concentrados en el acercamiento.

-Eres lista Bella, lo se. ¿Qué mas tengo que hacer para que sepas que siento haberte hecho lo que te hice?-

-Yo…-

-Bella, escúchame, jamás, ¿me oyes?, jamás, nunca voy a dejar que ni Tanya, ni nadie vuelva a hacerte algo. Nunca. Te lo prometo. No, te lo juro.-

Era imposible no caer en esos encantos y más cuando su aliento podía robar de ti todo pensamiento coherente que estuvieses teniendo.

Poco a poco, la cabeza de Edward subió hasta que sus ojos se encontraron con los míos. Vista con vista vi, paralizada, como su rostro se inclinaba hacia el mió. Al instante, sentí como sus dulces labios se posaban en los míos.

Eran como la caricia más celestial jamás antes sentida por mi cuerpo. Los labios perfectos de Edward se acomodaban de manera precisa y eficaz a los míos. Era un beso que, pasa mi, significaba mucho.

De repente, sentí las manos de Edward tomar mi rostro con sus manos el mismo momento, tras superado mi estado de impresión, tome con la mano derecha la parte de atrás de su cuello para atraerlo a mi.

El beso se fue intensificando como las mismas llamas del infierno. Era un crecendo. Nuestros cuerpos se pegaron más y más pero aun eso no parecía ser suficiente. Mis manos buscaron, por instinto, el comienzo de su camisa, al mismo instante que sentía sus manos remover las mías y sus labios delicadamente dejar los míos separándose un poco para poder unir nuestras frentes.

El silencio que nos invadía era solo perturbado por el mismo sonido de nuestras agitadas respiraciones. No fue al cabo de unos minutos, cuando recuperamos el aliento, que Edward logro hablar.

-Bella…escucha lo que te voy a decir. Te amo, mí pequeña Isabella.-

Bueno Bueno Bueno, ¡Por fin!, ¿No?

Esto es excelente. Ya el primer beso. Y a Tanya la sacaron de patadas, Merecido, por

dañar el postre. Jajajajaja. Les dije que había más interacción entre ellos. Ahora, rara va a ser la situación al otro día, en la mañana. Además, vieron, les prometí que Alice metería sus manos en este capitulo pero bueno, veremos que pasa.

Espero que es guste este, su regalo de día de San Valentín.

Quiero agradecer mucho a todos y cada uno de ustedes, lectores que han dejado un review que, como ya he dicho antes, es lo que me inspira a continuar esta historia. De verdad, muchísimas gracias a todos por hacerme el día uno menos malo.

Bueno, hasta la próxima, nos leemos,

Adios!!!!

P.D. DEJEN REVIEWS