¡Hola! Y Bienvenido año 2013, y año de la serpiente *O* bien, espero que la hayan pasado bien, y que se cumplan sus deseos y ambiciones :D

Perdón por la tardanza, y aunque realmente no pude terminar mi fic antes de fin de año, pues, no importa, lo terminaré n_n y aunque tomó un camino muy diferente al que me imaginaba xD pues, de igual forma la dedico a mis compinches de clases xD que espero sigan con éxito su camino. Bien, sigamos con la historia.

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Era un sillón amplio, para unas cuatro personas, y aquellos dos hombres, sentados a las esquinas, distanciados por un espacio en el cual podrían caber unas 3 personas de su misma complexión. Dándose las espaldas, con la frente arrugada en signo de molestia, intentando ignorar todo lo demás dejando que el tiempo pasara.

- Señores, necesito que me ayuden, a ayudarlos – Pedía nuevamente atención un verdadero señor, de más de 40 años, de anteojos, traje formal, sentado cómodamente en un asiento separado, y con un cuaderno lápiz, al borde de la desesperación con aquellas personas.

Todo había sido "una trampa", de alguna manera Aiacos y Saga, que al parecer trabajaron en conjunto, lograron encerrar a Kanon y Radamanthys en la habitación con un terapeuta matrimonial. Si bien era cierto que no estaban legalmente casados, pero su situación era básicamente la misma. Sin embargo, al hallarse en esa situación tan inusual para cada uno de los dos, no pudieron aceptar la ayuda entregada, y se negaban a decir más de alguna palabra. Aunque si bien ya se habían contentado, cada uno le echó la culpa al otro por encontrarse en ese lugar, sin saber realmente quienes estaban detrás del asunto.

Ninguno se dirigía la palabra y el profesional, que hacía poco tiempo había recibido su doctorado en Alemania, no le encontraba una solución mediata si ni siquiera podía escuchar cuál era la verdadera cuestión; pero así como estaban estos dos en ese embrollo, la experiencia fue quien le dictó para comenzar a hablar sobre distintos temas en una relación, descubriendo tras las reacciones de ambos, cuál era el o alguno de los problemas.

El profesional se hallaba a gusto al ser escuchado con interés, aunque ello no fuera demostrado con obviedad, pero la aceptación de aquella ayuda de parte de ambos, fue quien le confirmó que iba por buen camino y podría recuperar una relación ajena.

Por un mes, llegaron nuevamente al consultorio, y tres veces más por separado. En ese tiempo, les había pedido que el contacto entre ellos fuera mínimo, y ya que no se relacionaban en alguna cuestión de obligación, les pidió (con cierto temor) que no se vieran en otros lugares que no fuera el consultorio. No estuvieron muy de acuerdo al principio, pero cedieron al ver que podría funcionar para bien.

La última sesión, fue la más productiva ya que colaboraban más, y todo radicaba en comunicarle al otro las cosas malas y luego las cosas buenas de su persona, aunque sean insignificantes, y así redescubrieron el gusto y disgusto el uno del otro. Pasaron por otra cuantas cuestiones de interrogaciones y respuestas que no a todos los ojos podrían verse lo suficientemente obvias.

- Después del arrepentimiento y del perdón, se debe hallar la armonía, pero ésta sólo puede existir si no hay lazos que unen a los problemas del pasado. Hace falta no retomar alguna cuestión negativa pasada, para poder tener un futuro positivo, claro está que tiene que ser un esfuerzo de parte de ambos. –

Y ante la premisa que les puso a meditar, el doctor terminó la sesión con una última petición; después de darse a conocer y tratarse a través de un tercero, ahora quedaba en cada uno pensar sobre las opciones que tenía para su vida y lo que quería hacer, de lo bueno y lo malo que era la otra persona, y al final si decidía darle más importancia a lo bueno o a lo malo, que esto último al final de cuentas no era de gran significancia en los conocimientos del doctor.

Tenían que realizar esa tarea por un mes más, sin verse ni hablarse por ningún medio. Era la libertad de estar completamente soltero, pero si realmente amaban y aceptaban a la otra persona debían comprometerse. Después de un mes se juntarían en un punto y si ambos aparecen, deberían dejar el pasado donde está, y continuar ambiciosamente hacia su futuro.

Ambos estaban consternados, pero aceptaron y antes de salir del consultorio, decidieron que se verían al medio día en la torre del reloj en un mes. Se tomaron de la mano por última vez, al menos por mucho tiempo.

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Ya llevaba tiempo viviendo solo, y su hermano Saga estaba preocupado por él y pasaba alguna noche en su vieja casa. Le había preguntado el por qué no había invitado a Sorrento o algún otro amigo a que se quedara temporalmente, más aquella pregunta era tan solo una prueba del crecimiento de su hermano, y notó que dejaba de ser tan tonto como siempre y comenzaba a pensar con claridad, tras responderle que aunque confiara mucho en Sorrento esa situación provocaría más dudas y confusiones, y lo que menos quería en esos momentos era hacer pensar de hacer cosas "malas" cuando no era así. Saga lo felicitó por su fortaleza, y lo animó a continuar con la recuperación de su ya aceptada pareja.

A pesar que ya habían pasado los exámenes finales, todavía tenía mucho trabajo que terminar, y por otro lado ya no se sentía tan vívido como antes debido a que ya no miraba a sus carismáticos compañeros y se la pasaba rodeado de viejecillos enamorados de las plantas. Y se puede decir que hubo un punto que hasta se deprimió, imaginándose en el lugar de alguno de ellos, porque al menos ya cumplía un requisito: enamorarse de las plantas. Y después, ¿qué seguía? Quedarse calvo, usar peluca, casarse a las 45 años, y volvió a ver su anillo, el cuál muchos de aquellos viejecillos lo molestaban por "haberse casado muy joven" y tuvo que recordar que en algunas oportunidades se arrepentía de ello, claro, sólo cuando la relación entre los dos no era muy buena.

Ya en casa, cada cosa le recordaba a Radamanthys, pero no le entraba la nostalgia como cuando aquél acababa de marcharse, pero siguiendo la tarea encomendada, quería imaginarse la vida sin él, preguntarse si realmente podría encontrar a otra persona igual a él, con las características que le fascinaban, con un intelecto y un cuerpo envidiable, a un masoquista y sádico a la vez, y aquellas ideas le revoloteaban en la parte baja del estómago, haciéndole sentir la sangre correr y su miembro despertar ante las candentes memorias.

Recostado en el sofá, con sus ojos cerrados, dejó recostar el peso de su cabeza en el respaldo, pasando unos dedos ensalivados por su cuello, desabotonando su camisa, y tocándose su pecho. Sin tanta lentitud, desabrocha su pantalón, tomando en su mano izquierda su erecto miembro, frotándolo con ahínco, mientras que con su otra mano apretaba sus pezones, aquellos que por bastante tiempo ya no habían tenido la atención requerida, la atención de Radamanthys. Su respiración se agitaba, sus jadeos se hacían más sonoros, y de vez en cuando algún gemido ronco escapa de su garganta.

- ¡Ah! Si, Rada… -

Fantaseaba, hace tanto tiempo que no lo hacía, e imaginaba que sus manos eran las del rubio, cubriéndole su ser. No era gentil, sus ojos apretados tan fuerte, con tal de tener la imagen de su rubio enfrente de él. Sus piernas, con el pantalón a medio muslo, se estiraron completamente, tensas. Los movimientos con mayor rapidez, su brazo ya cansaba, pero no podía parar en ese momento, continuaba, jadeando, gimiendo y…

- ¡Ah! ¡Ra… da! – todo su cuerpo se tensó, y esparció en el abdomen su semilla espesa y blanquecina. Su caja torácica se ensanchaba y se encogía rápidamente y disminuía su velocidad con el paso de los segundos, más su vista seguía un poco nublada, sus pensamientos aturdidos, y un ligero pitillo escuchaba surcar por su oído. Aunque fue un momento corto, hacía tiempo que no se intensificaba de aquella forma. Las últimas relaciones sexuales que había tenido habían sido con Aioria, y en estado de ebriedad, por lo que no recordaba con exactitud, pero tampoco sentía aquella intensidad. Realmente, estar con su rubio era cosa diferente, era único.

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Su trabajo seguía siendo tan estresante como siempre, o podría decirse que más estresante, debido a que lo habían ascendido, o al menos lo tenían en prueba para ver si calificaba para ser ascendido, por lo que el cansancio no disminuyó.

Seguía quedándose con Aiacos, y éste aceptó sólo porque Radamanthys ya estaba haciendo "algo" por su relación, y tubo la confianza de consultarle la opinión al dueño del apartamento, aunque éste nunca le mencionó el plan que habían formulado con Saga.

- Me parece lógico, pero, ¿Y si él no llega? De hecho, ¿Llegarás? –

- Mmm… no lo sé, es decir, por ahora digo que sí, pero debo analizar si podré olvidar, básicamente -

- Y qué tienes que pensar –

- Es difícil porque no es sólo si quiero o no estar con él, es el qué haré en mi vida con él, es decir, ambos tenemos profesiones muy diferentes, y no sé si pueda con ello. –

- Bueno pues, si realmente lo quieres, harás lo posible para moldearte, ¿no? –

- Si… - responde dubitativo, perdiendo su mirada nuevamente en sus divagaciones.

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Malo. Bueno.

¿Por qué existían esas palabras? ¿Qué significaba exactamente y qué lo diferenciaba una de la otra? Estaba pensando en otro tipo de cosas que no debía, pero realmente, no le gustaba tener esa clasificación tan superficial y subjetiva… pero un momento, al ser subjetiva significaba que así podría conocerse a él mismo también, es decir, algo así como conocerse de nuevo, encontrar cosas en común de gusto y desgusto, y así comenzó su lista.

- Es muy serio, tiene un humor negro, es sarcástico, le gusta cocinar pero no lo hace muy bien, no le gusta mucho la comida tradicional, no es muy comunicativo, se desvela cuando no es necesario, se levanta tarde cuando tenemos que ir de compras, compra muchos libros, nunca contesta su teléfono…

Puras trivialidades, pero, si lo pensaba bien, ese tipo de cosas se parecían mucho a él, y aunque intentara encontrar algo de "malo" en Radamanthys, sabía que no podía reclamarle nada porque el hacía lo mismo o algo parecido, o cosas peores "como tener sexo con otros" y siempre lo recordaba. Claro que era algo que no debía olvidar, para no repetirlo, pero sólo debía tener la noción de no volver a sentir la tentación ante la incomprensión. Lo demás, debía dejarlo atrás.

Suspiró, realmente no era algo tan fácil, y en algunas cosas quería hablar con Radamanthys, para preguntarle tanto que aún no sabía.

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Eran las 11:25am, ya había pasado un mes desde que había visto a su inglés, y él, ya estaba ahí, parado, esperando entre el viento que congelaba sus pómulos, haciéndoles ver un poco sonrojados, al igual que la punta de la nariz. En aquel lugar nunca nevaba, pero la temperatura había descendido a tal punto que Kanon imaginaba que podría nevar, y claro que le encantaría ver la nieve, jugar con ella, y con Rada…

Cada vez que se dejaba de distraer cortamente, observaba su reloj, 11:28am. Daba vueltas, en círculos, un círculo pequeño, y no podía contener su nerviosismo.

- Radamanthys, por favor, aparece… -

Rogaba en una voz audible sólo para él. Aunque el sol estuviera encima de él, éste no lograba calentar debido a espesas nubes cumulonimbos que nublaban todo el panorama. Se había quedado quieto, cuando vio que un pequeño gato se acercaba a él, flaco, feo de por sí, atigrado con pelo rubio, o al menos eso se notaba aunque estaba muy sucio, se agachó, y al ver que aquella criatura no oponía resistencia hacia él, lo sostuvo por un tiempo, revisándolo con tan solo verlo, observando su deteriorado estado. Tan pequeño que cupo en la palma de su mano, las cuales utilizó para proporcionarle calor. Se incorporó, vio la hora 12: 16pm. Dio un suspiro, vio al gato, se dio la vuelta y comenzó a dar pequeños pasos.

- ¡Kanon! – escuchó aquel inconfundible acento que lo hizo voltear rápidamente.

- ¡Rada! –

El mencionado corría, y Kanon, corrió hacia él, y en el momento en que llegaron casi al mismo punto, se abrazaron como nunca antes y como pocas veces, las sonrisas eran enormes, expresando felicidad pura. Se separaron solo un poco, para poder besarse en los labios con emoción, se separaban y se llenaban de besos.

- Por un momento pensé que no ibas a llegar – dijo el menor recuperando sus brazos para colocarlo en su pecho, habiendo olvidado que tenía un ser vivo en su mano.

- Lo siento… -

- miau –

La mirada miel se dirigió rápidamente de dónde provenía ese sonido, con asombro.

- Lo acabo de encontrar y está muy mal – sonó a excusa.

El rubio sólo rió graciosamente por lo bajo, con una sonrisa.

- Le gusta recoger gatos –

- ¿Ah? ¿Qué dijiste? – puesto que realmente no había sido lo suficientemente audible.

- Nada, agregando cosas a la lista de "Bueno" – Kanon no comprendió muy bien a lo que se refería, creyó que Rada gustaba de los gatos.

- Bien, ¿Quieres ir a casa? – ofrece Kanon, ansioso.

- Hm, sólo si vamos juntos – le sonríe, se dan nuevamente un beso, y sin pudor alguno, se toman de la mano, caminando entre el frío hacia su hogar.

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Le había dado un baño al gato con un shampoo desparasitante, y le había secado el cuerpo. Claro que también arregló algunas cosas como cama y caja de arena, la cual era caja de periódico por el momento. Le dio alimento y al parecer, el pequeño gato estaba a gusto con el moreno.

Se encontraba viendo la ventana, viendo cómo las hojas más viejas eran abatidas por la fuerza del viento, y éstas formaban un remolino de vez en cuando. Se le acerca el rubio con dos tazas de chocolate caliente.

- Hace mucho frío – le dice entregándole la taza.

- Gracias. Sí, quizás caiga nieve – dice esperanzado.

- Hm, no lo creo… - viendo el semblante como si de un niño esperando aquel manto blanco se tratara – Pero, podríamos ir a Inglaterra, en el norte cae nieve – le da un sorbo a su bebida, sintiendo la mirada de sorpresa sobre sí mismo. Acaso, ¿aquello era una invitación?

- Hey, me gusta esa propuesta – le sonríe felizmente, se dan un beso, y al separarse, se dan cuenta que el minino yacía dormido en las piernas de Kanon.

- Esto será un problema – menciona, quitándolo con cuidado de las piernas ajenas.

- ¿Qué vas a hacer? – pregunta inseguro de las intenciones del rubio.

- ¿Qué más? Dejarlo en su cama, si alguien dormirá encima tuyo, ese seré yo – Y dicho eso, deja al gato en su cama improvisada y se dirige a la habitación que tanto añoraba.

- No te preocupes Rada, ningún gato te quitará de mi lado – Dijo más para sí mismo, siguiendo los pasos del inglés.

-o-o-o-o-o- FIN

Jeje, bueno, este es el fin, o eso creo :P espero que les haya gustado, y aunque este sea el capítulo final, creo que seguiré agregando historias tipo oneshot pero en el mismo universo alterno. Bien, lo de la idea del terapia la saqué de sex and the city la película :P para que no me digan quejas de otros lados, jeje, pues tomé la idea de ahí n_n solo para aclarar.

Un gusto haber publicado una historia solo por capricho, y más gusto me da al recibir comentarios de personas de diferentes nacionalidades y lenguas, jeje, así que agradezco a:
Lesty, Sophi, Shir24kuro, FandeYaoi97, XaLekz y librami.

Gracias a todas y todos, y felices primeros días del 2013! :P y para quienes celebren el día de reyes, pues que no les salga el muñeco! xD jajaja (a menos que quieran) en fin, felices fiestas!

Atte. Spark