Disclaimer: Los personajes de CardCaptor Sakura no me pertenecen, son obra y gracia del fantástico grupo Clamp. Yo solo soy una vaga que hace esto por diversión :3.
Summary: Al llegar a la preparatoria, Sakura Kinomoto se planteó tres objetivos: olvidar el pasado, mantenerse fuerte y enamorarse del chico correcto. Lástima que Shaoran Li decidió volver a aparecer en su vida.
Te quiero
Capitulo once ~ Alto al fuego
Shaoran Li apretó los dientes mientras ordenaba las sillas del salón. Quizá era sonar un poco fatalista, pero… ¿tendría el mundo algo en su contra? ¿Era que alguien allá arriba se divertía poniéndolo en situaciones raras con la persona a la que menos quería ver en ese momento? Todo parecía indicar que sí, aunque bien sabía él lo absurdo que sonaba eso.
Su día había sido terrible, comenzando por su cansancio hasta las torpezas que había cometido a causa de este. Y el dolor de cabeza que comenzaba a aquejarlo no estaba ayudando.
"Paciencia, paciencia. Falta poco. No seas un idiota y trata de apurarte"
En cuanto terminó de ordenar todas las carpetas, se encargó de pasar un trapo por encima de estas para limpiar las tonterías que hacían sus compañeros. ¿Por qué tenían que ser tan infantiles como para escribir en sus asientos? ¡La tinta parecía marcada de manera indeleble en esas superficies!
Trató de respirar hondo y tragarse toda su irritación. Observó de reojo cómo la castaña dejaba a un lado la escoba para comenzar a limpiar la pizarra. Leves manchas de tiza comenzaban a quedar en su rostro y cabello, estaba con las mejillas ligeramente sonrojadas y fruncía el ceño de una manera graciosa. Le dio casi por sonreír.
Casi.
Sacudió la cabeza violentamente al notar que estaba reparando demasiado en ella. Otro punto más para enojarse. ¿Por qué debía él prestarle atención? Talló con más fuerza la carpeta.
—¿L-Li, estás bien? —la tímida pregunta de su compañera no lo hizo dejar de limpiar con fuerza el asiento. Sintió como un leve sonrojo subía hasta sus mejillas. Resopló con fuerza.
"¿Por qué me hace sonrojarme?"
Necesitaba descargar su enojo en algo.
—No te importa —respondió entre dientes. Pasó a otra carpeta y aplicó la misma fuerza, sintiendo como gastaba energía que, en realidad, no tenía.
—Ah… —la escuchó decir. No le interesó haber sido descortés con ella, ¿por qué debía Sakura Kinomoto meterse en su vida?
"¿Es que solo busca meterse más en mi cabeza?"
Bufó y limpió más fuerte.
"—Además, se lo debes a ese pequeño tú al que le gustaba tanto Kinomoto-san como para alterarlo de esa manera".
Dio un respingo y dejó en limpiar en cuanto el recuerdo acudió a su mente. Otra vez pensando cosas sin sentido. Algo confundido y más distraído, continuó tallando las mesas sin prestar ya la misma atención. Sin querer, sus ojos volaron hasta Sakura Kinomoto otra vez, como intentando descifrar qué había en ella tan especial como para hacerlo pasar por todo aquello. ¿Estaba purgando culpas? Sí, eso debía ser, no había otra explicación y, aunque sintiera que merecía un poco de todo aquello, no dejaba de enojarse con la muchachita que tan felizmente ignoraba su existencia y sus miradas acosadoras en esos momentos. Y con él mismo también, por hacer todo lo que hacía.
"¿Es todo esto contra ella o contra mí?"
El trapo se le escapó repentinamente y él se fue para adelante al perder equilibrio. Aterrizar sobre la carpeta no fue muy agradable, sobre todo cuando sus brazos se rasparon con los bordes.
—¡Li! —resonó la voz de Kinomoto en el aula. Pudo ver de refilón como ella se precipitaba hacia donde él estaba, tirando en su camino el pequeño balde de agua que habían llevado para enjuagar los trapos y embarrando todo el piso—. ¡Dios! ¿Estás bien? ¡No deberías haber estado limpiando así las carpetas! —llegó hasta él y se acercó a examinarlo visiblemente preocupada. El ambarino apretó los labios.
—No hace falta que te preocupes —dijo con voz contenida. Ella negó y tomó su brazo en cuanto él se incorporó.
—Mira lo que te has hecho —miró con atención algunas raspaduras y las partes rojas que tenía en su brazo—. ¡Y tus manos! —exclamó con voz reprobatoria—. Será mejor que vayamos a enjuagar esto cuanto antes —lo jaló mientras entrelazaba su mano con la suya. Shaoran sintió el calor extenderse desde ese lugar y llegar hasta su rostro mientras ella halaba de él con cierta dificultad.
"No me quiero sentir así con ella"
"—¡¿A qué demonios te refieres con que me gustaba Kinomoto?!
—Bueno, es bastante obvio. Espera, ¿no lo sabías?"
—No es necesario…
—¡Claro que lo es! —le frunció el ceño.
"No…no me gusta"
"—Oh, lo siento, es que como se veían tan lindos juntos yo pensé que serían novios… aunque supongo que siempre está la posibilidad, ¿verdad?"
"A mí…no puede haberme gustado"
"—¡Yo…yo…solo quiero decirte que…tú me gustas mucho!"
—¡Te digo que no es necesario! —se soltó del agarre de la muchacha. Ella lo miró ceñuda y bufó.
—¿Puedes dejar de ser así? Solo quiero ayudarte, Li —sus dientes rechinaron y él soltó el aire de una sola vez.
—No necesito de tu ayuda, Kinomoto. Nadie está clamando por tu compasión.
—¡Se te pueden infectar si esperas hasta llegar a casa! Ya no seas testarudo —se acercó otra vez a él.
—¡Eso a ti no te importa! Rayos, ¿qué más te da si se me cae la mano? Es mi problema —dio un paso hacia ella. La castaña abrió un poco la boca algo incrédula.
—¡Claro que me importa! Te vi caerte, ¿cómo no me voy a preocupar? —Shaoran bufó y sonrió de lado.
—Por favor, ¿qué eres, una santa? —ella lo fulminó con la mirada y volteó el rostro enojada—. ¿O es que tienes motivos ocultos para preocuparte por mí? —soltó sin más. Sakura hizo una mueca de incomprensión.
—¿De qué hablas? —él respiró hondo y la miró de manera indiferente.
"No lo digas, Shaoran, no te atrevas a decirle"
—No sé, quizá no has podido superarme después de tantos años y por eso esta excesiva preocupación. Es eso o solo quieres actuar como la buena samaritana —espetó ante la mirada incrédula de la chica.
—Tienes que estar bromeando —dijo casi sin aire. Él soltó una carcajada sin alegría y la miró desdeñosamente.
—¿Cómo podría? De cualquier manera, no quiero tu caridad —Sakura mordió su labio inferior mientras su cara iba enrojeciendo por el enojo y sus ojos se llenaban de lágrimas.
—¿Cuál es tu problema conmigo? —murmuró.
—No me agradas y todo de ti me molesta —respondió él sin más, intentando acallar aquella vocecilla en su interior que le advertía que no estaba haciendo lo correcto.
—Ya veo, debes haber ido a algún lugar especial para volverte tan idiota, Li. O quizá naciste así. De cualquier manera, si hay algo que puedo preguntarme en estos momentos es por qué sigo intentando ser amable con un tipo como tú —dijo ella casi sin voz y apretando los puños. Él volteó el rostro con gesto frío.
—Te he dicho ya lo poco que me interesa tu opinión y mejor vete, siempre me arruinas todo —la ojiverde asintió y le lanzó una mirada más que él evitó. En cuanto ella estuvo fuera, él soltó todo el aire que llevaba conteniendo.
Comenzó a recoger las cosas que se habían caído y a limpiar el desastre que había hecho Kinomoto el piso. Con la mirada gacha y algo que lo hacía sentir mal por dentro, miró sus manos y brazos lastimados.
"Tiene que acabar. Ya no quiero pensar en ella"
Pero el malestar en su pecho no parecía querer irse y la imagen de Sakura Kinomoto parecía más plasmada en su mente que nunca.
Sakura apretó su maletín contra su pecho mientras caminaba tan rápido como podía por los pasillos de la preparatoria. Luchaba contra las ganas de llorar que aún la invadían, pero ni así podía evitar que algunas lágrimas traicioneras se escaparan. Estaba muy enojada.
"Tonta. ¡No te atrevas a llorar!"
¿Por qué no lo golpeó? Debería haberlo hecho, pero no había atinado a moverse. Ya no entendía nada acerca de Li. Llegaba nuevamente de la nada a su vida, a volverla loca, a enojarla, a confundirla y a hacerla sentir tan insignificante como una hormiga.
Ni si quiera entendía por qué podían afectarla tanto sus palabras. Quizá tenía alguna clase de habilidad para lograr que la gente se sintiera como si fuera lo peor del mundo.
"¿Qué es lo que tiene contra mí Shaoran Li?"
Apretó los labios en un intento de descargar el enojo de otra manera y continuó mirando al piso sin dejar de moverse. Unas ganas locas de volverse y hacer pedazos al ambarino la consumían, pero tenía muy en claro que no sacaría nada con eso. Probablemente solo lograría sentirse peor y culpable, cuando la culpa de todo solo la tenía él.
"Pero si de algo estoy segura es que esta vez no lo olvidaré"
Se dispuso a abrir la puerta de salida, pero terminó chocando con alguien que estaba entrando en ese momento.
"¿Por qué todo siempre tiene que ser un desastre para mí?"
Retrocedió un par de pasos, ocultando con su cabello parte de su rostro. No fuera que esa persona la viera luciendo tan patética.
"Ojalá existiera un método para desaparecer a Shaoran Li de mi radar"
—Lo lamento mucho —murmuró y se dispuso a seguir con su camino.
—¿Kinomoto-san? —se detuvo de inmediato al escuchar el llamado. Al voltear, algo confundida, pudo vislumbrar la figura de un hombre alto. Subió la mirada y se encontró con el rostro de Yukito Tsukishiro que la miraba sorprendido.
—Tsu…Tsukishiro-sensei —soltó parpadeando varias veces mientras su rostro enrojecía levemente. ¡Había chocado con él y ni si quiera se disculpo debidamente por ello! Debía estar pensando cuán maleducada era…—, la-lamento haber chocado con us-usted —dijo tan rápido como pudo mientras clavaba la mirada en sus pies.
—No pasa na… ¿estás bien? —preguntó sin dejar de verla. Seguro se había dado cuenta de que estaba llorando.
"¡Tonta Sakura!"
Ella sacudió su cabeza de un lado a otro, negándose a preocupar a su maestro.
—No, no, ¿qué podría haber pasado? —Sakura no entendió por qué, pero todo su enojo se convirtió en nerviosismo de un momento a otro al sentir la mirada penetrante del joven sobre ella.
"Es…esto otra vez. ¿Qué me pasa?"
—Ya veo —la mirada de Yukito dejó de estudiarla y se suavizó. Sakura sintió una enorme culpabilidad por mentirle y bajó la mirada avergonzada.
—Yo…yo solo…son tonterías, Tsukishiro-sensei —afirmó.
—¿Segura de ello? —el tono de preocupación en su voz la hizo enrojecer.
—Estaré bien, lo prometo —murmuró permitiéndose mirarlo aún con la cabeza gacha. Él le sonrió levemente y asintió.
—Contaré con ello —Sakura tomó eso como su señal de salida y se volteó para salir por fin del edificio. Algo de la amargura que la inundaba antes de ver a su profesor regresó y soltó un suspiro cansado.
—Hasta mañana, profesor…
—¡Eh, Kinomoto-san! —extrañada, se giró otra vez solo para encontrarse que en esa ocasión Yukito Tsukishiro se encontraba mucho más cerca que antes con una brillante sonrisa adornando su amable rostro mientras le ofrecía un pequeño pañuelo blanco—. Sé que no nos conocemos mucho, pero puedo afirmar que eres una persona muy alegre. No permitirás que esa alegría se apague por "tonterías", ¿verdad? —los grandes ojos verdes de Sakura Kinomoto lo observaron por un tiempo indefinido antes de negar y tomar el pañuelo tímidamente.
—Eh…sí —balbuceó con un leve rosa cubriendo sus mejillas. El joven sonrió más ampliamente y retrocedió para marcharse.
—Entonces bien, nos veremos mañana —hizo una seña con la mano y camino de vuelta al edificio.
Ella se quedó estática sin saber qué hacer con la mirada aún enfocando el lugar por el cual su profesor había desaparecido. Podía sentir como retumbaba su corazón en su pecho. Con algo de temor, llevó una de sus manos al lugar donde sentía los latidos y se alarmó gravemente.
"Late muy rápido. Tan increíblemente rápido…"
Sakura mordió su labio inferior y cubrió su cara con sus manos. Definitivamente, se estaba metiendo en un buen problema.
Fuutie Li bostezó mientras pasaba las hojas de su revista: la tarde iba siendo muy aburrida hasta entonces. De reojo vio como su hermana mayor estaba enfrascada en uno de esos tantos libros románticos que amaba y rodó los ojos, Feimei siempre pensando en tonterías.
Los días en Japón iban pasando lentamente y sin toda la acción que ella esperaba con aquel cambio. Había sido transferida desde la revista en la que trabajaba en China hacia la de Japón y, básicamente, hacía lo mismo que cuando estaba en su país natal. Las personas, la rutina y demás la agobiaban lo suficiente como para pensar que había sido un error mudarse. Volvió a bostezar y pasó otra hoja.
"Quizá las cosas buenas solo están tardando un poco en llegar"
El recuerdo de lo que le dijo otra de sus hermanas, Shiefa, en una de sus tantas conversaciones telefónicas atacó su mente. Se quedó algunos segundos quieta esperando. Quizá algo extraño y maravilloso podría pasar.
"…29 y...nada. Aburrido"
Se dijo a sí misma que debía dejar de pensar tonterías y regresó su atención a la revista, pero antes de poder leer el artículo que había seleccionado para entretenerse el sonido de unos golpes en la puerta llamaron su atención. Miró a Feimei, pero esta se encontraba tan concentrada que parecía fuera de ese mundo. Extrañada, se levantó para ir a abrir, pero antes de llegar a tocar el pomo esta se abrió sola. Se trataba de su hermano menor quien, al parecer, había olvidado que tenía una llave para no fastidiar al resto. Frunció el ceño.
—¡Xiao Lang! ¿Para qué tocas la puerta si ya tienes llave? —el chico no contestó y pasó con la cabeza gacha por su costado. Ella puso las manos sobre su cintura gruñendo ante su actitud tan insolente—. ¡Te estoy hablando aquí, Xiao Lang Li, así que será mejor que respondas! —exclamó sonando más enojada de lo que estaba. Él por fin se detuvo, pero Fuutie no supo si para bien, ya que en cuanto sintió el peso de su mirada ámbar tan enojada sobre sí casi lamentó haberlo detenido.
—Lo siento —murmuró él entre dientes. La castaña estudió su rostro demacrado y enojado para notar, al final, que sucedía algo raro ahí. Algo muy raro.
—Hey, ¿estás bien? —preguntó con voz más suave.
Xiao Lang no la miró, pero apretó los labios y negó levemente. Fuutie no supo descifrar qué exactamente pasaba, pero a penas lo vio darse vuelta para seguir su camino, tomó su brazo y lo detuvo.
—¿Y ahora qué? —se quejó él con voz cansada. Su hermana balbuceó levemente y al final lo miró curiosa.
—¿Seguro, seguro que estás bien? —entrecerró los ojos mientras le agarraba las mejillas y las estiraba levemente. El ambarino se sonrojó mientras Fuutie lo estudiaba desde todos los ángulos posibles—. Dios, mira cómo luces, parece como si no hubieras dormido por años. Anda, cuéntame qué pasa. ¿Son las notas o no te gusta tu nueva escuela? ¿Qué te preocupa? —ella continuó haciendo preguntas que lo mareaban a las que a penas y podía responder. Finalmente, terminó por cansarse de la situación.
—¡Ya para! —gritó agitado—, te he dicho que no me pasaba nada —aclaró una vez más. La castaña arrugó la nariz y se lo quedó viendo con un gesto extraño que solo logró ponerlo más nervioso.
Tenía que haber algo que fastidiara lo suficiente a su hermano para tenerlo así. Fuutie conocía muy bien a Xiao Lang. Aunque ella era 7 años mayor, había pasado suficiente tiempo con él como para decir que no lo había visto así en muchas ocasiones.
"Es más, ¿alguna vez lo he visto así?"
Algo muy nuevo tenía que estarle pasando a ese muchacho. Un foquito se prendió en su cerebro y, aunque se dijo a sí misma de que era demasiado improbable, no pudo evitar sentir emoción al pensar que podría estar sucediendo aquello.
En cuanto vio la mirada de su hermana comenzar a brillar, Xiao Lang Li supo que debía empezar a temer.
—Xi-Xiao —murmuró ella casi sin aliento. Él se encogió un poco en su sitio.
—¿Qué? —Fuutie se acercó lentamente y lo cogió por los hombros atravesándolo con su mirada.
—¿Es…estás así por una…una…chica? —el par de orbes color ámbar se abrieron a más no poder y se quedó quieto. Muy quieto.
Algunos segundos, que parecieron una eternidad para la muchacha, transcurrieron en silencio. Luego lo sintió temblar ligeramente y negar una y otra vez con la cabeza.
—¿Xiao Lang…? —intentó aventurarse a preguntar, pero se quedó a la mitad en cuanto él saltó varios pasos lejos de ella con el rostro más rojo que un tomate.
—¡Deja de decir tonterías y de meterte en mi vida! —gritó alterado.
—Pe-pero yo…
—¡Es en serio! Demonios, ¿cuántas veces tengo que decir que a mí no me gusta Sakura Kinomoto? —gruñó revolviéndose el cabello una y otra vez. Gritó algunas cosas más en chino, aunque ni Fuutie lo pudo entender, hasta que, de un momento a otro, se quedó totalmente quieto. Su hermana lo miraba maravillada, casi como si se tratara de un osito de peluche gigante.
"Oh no…yo…yo… ¿qué he dicho?"
—¿Estás así por Sakura Kinomoto? —inquirió cubriendo su boca ligeramente con sus manos. Xiao Lang comenzó a sudar y retrocedió desorientado.
—Yo…yo-o… —tartamudeó una y otra vez. No tenía conciencia de en qué momento se le había escapado ese nombre o aquella cosa sobre que no le gustaba, pero nada bueno saldría de ese comentario…sobre todo si Fuutie lo miraba así.
—¿Estás así por Sakura Kinomoto? —repitió con voz algo más fuerte. Él enrojeció más y, sin ver una salida a esa situación, corrió hacia las escaleras a la vez que veía aparecer a Feimei en escena.
—¿Xiao Lang, Fuutie?, ¿qué les pasa? —preguntó extrañada. Sin si quiera molestarse en responder, el muchacho siguió subiendo y, pasados unos segundos, sonó un portazo en la estancia. Feimei parpadeó confundida para luego interrogar a su hermana menor con la mirada.
—Oh por Dios… —fue lo único que salió de la boca de Fuutie Li.
—¿Qué sucedió? —volvió a preguntar, más no recibió respuesta. Vio a la otra chica correr a la sala y la siguió por pura inercia, solo para verla revolver el sillón buscando algo. Sintiéndose molesta por ser ignorada de esa manera, se cruzó de brazos—. Realmente apreciaría si me dijeras qué pasó —con un gesto, Fuutie le pidió que esperara a la vez que cogía su celular con una sonrisa triunfante plantada en el rostro. Decidió esperar solo por la curiosidad que todo aquello le producía.
—Vamos, vamos contesta… —murmuró desesperada. En cuanto atendieron, sonrió otra vez—. Necesito verte. No, ya tendré tiempo luego para saludarte. ¿Puedes o no? Ni siquiera pienses en negarte, porque tendrás que ir de cualquier manera —Feimei, a unos cuantos pasos, escuchó un carcajada proveniente del otro lado de la línea—. Oh, vamos, por favor. ¿Y si te compro un helado? ¡Yay! Nos vemos en 10 —dijo a la carrera. Feimei la miró entonces y abrió la boca para exigir la respuesta a sus interrogantes, pero la castaña salió volando escaleras arriba.
—¡Fuutie! —gritó exasperada por la curiosidad. Frunció el ceño mientras renegaba mentalmente. De vez en cuando se perdía de cosas interesantes por andar tan enfrascada en sus libros y la inusual escena en que había encontrado a sus hermanos, sobre todo la cara de Xiao Lang y el portazo que dio, la tenían muy intrigada.
Antes de que pudiera subir a pedir explicaciones a su hermana, ella ya estaba bajando o, más bien, saltando las escaleras. Al verla dirigirse a la puerta, la chica de los ojos negros fue más rápida y se paró frente a esta.
—¡Detente ahí! —ordenó con voz firma ante el enfado de Fuutie—, no saldrás de esta casa sin decirme qué está sucediendo —la otra emitió un sonidito de fastidio, pero luego sus ojos se iluminaron una vez más —. ¿Y bien? —arqueó las cejas.
—Es Xiao Lang —dijo reprimiendo un gritito de pura emoción. Feimei frunció el ceño.
—¿Qué hay con él? —su hermana mordió su labio inferior y luego se tiró a abrazarla.
—¡Está enamorado! —chilló por fin y la mente de la mayor se quedó en blanco.
—¿Enamoqué? —repitió con el rostro lleno de incredulidad.
—¡Enamorado! O al menos en proceso. Yo digo que al menos tiene que gustarle esa tal Sakura Kinomoto —le guiñó un ojo y, acto seguido, la apartó sin mucho cuidado de la puerta sin que ella pudiera hacer nada debido a su estado—. No te preocupes, iré a averiguar y regresaré pronto —y, sin más, desapareció sin si quiera cerrar la puerta.
Feimei se quedó con la boca ligeramente abierta sin saber qué hacer. Quizá leer tantos libros románticos la estaban afectando y había imaginado todo eso, por lo cual se pellizcó para comprobar si era verdad. El dolor que sintió le dijo que no se estaba engañando y que había escuchado bien.
"Oh por Dios…"
—¿Y bien? —Eriol no pudo más que sonreír ante la expectativa con la que su acompañante esperaba una respuesta.
—¿Por eso insististe tanto en que nos viéramos? —preguntó divertido. Ella rodó los ojos y se acercó amenazante hacia él.
—Habla o pronto vergonzosas fotos tuyas estarán difundidas por todo el internet —esta vez, una carcajada escapó de los labios del joven Hiragizawa y levantó sus manos en señal de rendición mientras seguía caminando.
—Oh, por favor, gran Fuutie Li, sé bondadosa y perdona a este lacayo —dijo con voz temblorosa por la risa.
—¡Erioool! —se quejó ella cruzándose de brazos. Él rió un poco más y luego se calmó.
—Bien, bien, te diré lo que quieres saber —ella emitió un gritito de emoción y puso toda su atención en el ojiazul que solo se dedicó a mirarla divertido.
—Comienza —lo instó con una sonrisa que amenazaba con convertirse en una mueca si él no se apuraba. Eriol suspiró y miró al frente.
—Sí han estado pasando cosas raras entre Shaoran y Kinomoto-san últimamente. No, espera, las cosas raras entre ellos han estado pasando desde que se volvieron a encontrar, pero en estos días Shaoran ha estado teniendo más problemas de los pensados con ella —explicó. Fuutie frunció el ceño.
—¿Qué clase de problemas?
—Bueno —sonrió como si recordara algo muy bueno—, al principio se trataba de peleas…o al menos así fue hasta la semana pasada. En estos días Shaoran se ha dedicado a intentar descifrar qué es lo que le provoca Kinomoto-san y probablemente esa es la razón por la cual lo viste así hoy —sonrió con condescendencia a la chica que asentía lentamente mientras asimilaba las cosas.
—Tiene sentido, aunque no me imagino qué clases de cosas estén pasando por la cabeza de Xiao Lang para que se encuentre de esa manera —dijo pensativa. De pronto, reparó en otro detalle —. Espera, ¿dijiste "desde que se volvieron a encontrar"? —el otro asintió mientras se acomodaba los lentes.
—Sí, tienen una particular historia —Fuutie lo miró esperando a que lo explicara y él negó con la cabeza.
—¿Por qué no comienzas a hablar? —inquirió con voz seria.
—No sé qué tan apropiado sea andar diciéndote sobre la vida amorosa de tu hermano —ella rodó los ojos exasperada y lo codeó.
—Deja de hacerte el decente, Hiragizawa —advirtió con voz amenazante. El chico solo reprimió una sonrisa.
—Son tan parecidos tú y Xiao —la castaña bufó y utilizó todo el poder de su mirada sobre él.
—Habla —ordenó, pero él volvió a negarse.
—Te he dado la información que puedo darte. Si digo más, podrías interferir en mis planes, querida Fuutie —el bello rostro de la muchacha se transformó hasta parecer a punto de hacer un berrinche.
—¡Tú y tus tontos planes!, deberías incluirme en la diversión de vez en cuando —musitó resentida.
—Estás incluida, de otra manera no te hubiera contado nada —respondió con una de sus típicas sonrisas misteriosas.
—Bueno, al menos puedes decirme algo más sobre ella —más que una sugerencia, fue una orden. Eriol pareció meditarlo y a los pocos segundos asintió.
—Bien, debes saber que Kinomoto-san puede llegar a ser bastante impredecible de vez en cuando, sobre todo si se trata de emociones. Y aunque usualmente no representa un gran problema, hay alguien que siempre está poniendo trabas para llegar a ella. Alguien que es muy diferente a Kinomoto-san —Fuutie arqueó las cejas ante eso y se quedó analizándolo por un tiempo.
—¿Quién es esa persona? —preguntó por fin, pero no recibió respuesta. Levantó la mirada extrañada para reclamarle al chico, pero lo encontró muy distraído con alguna otra cosa que se encontraba cruzando la pista. Al enfocar lo que él parecía ver, no pudo evitar la extrañeza que sintió—. ¿Por qué miras a esa chica? —el pelinegro pareció salir de un trance y se volvió a sonreírle levemente.
—Ella es el alguien de quien te hablaba —la castaña volvió a mirar a la muchacha de largos cabellos negros que se hallaba dentro de una tienda de accesorios al frente.
—¿Ella? Parece una chica inteligente, pero has lidiado con muchas así antes —Eriol asintió mientras comenzaba a caminar otra vez.
—Sí, pero esta es diferente. Daidouji-san haría cualquier cosa para defender a Kinomoto-san y es mucho más que solo una chica inteligente —la chica dejó de mirar a la linda muchachita de la que hablaba su acompañante para abrir ligeramente la boca. Corrió hasta donde estaba el muchacho y se paró frente a él.
—Eriol Hiragizawa —lo miró directamente a los ojos—, ¿es esta chica alguien con quien tienes que competir solamente o será que hay algo más detrás? —ladeó su cabeza ligeramente mientras intentaba descifrar algo en su mirada. El ojiazul parpadeó y le mantuvo la mirada unos segundos para luego seguir con su camino. Fuutie se quedó en su mismo lugar con los ojos muy abiertos—. No puede ser… —susurró.
—¿No que me ibas a invitar un helado? —se escuchó la voz unos pasos más adelante. Ella giró la cabeza aún pasmada.
—Tú…tú… —tartamudeó. Él se encogió de hombros y siguió avanzando.
—Tomaré eso como un sí. Pediré el más caro —dijo sin si quiera mirarla. Fuutie quedó con la mirada pegada a la figura del muchacho que caminaba tan despreocupadamente.
"Ay, Dios, ¿será lo que estoy pensando?"
Unos pasos más adelante, Eriol sonrió ligeramente de lado como si algo le causara gracia. Eso había estado completamente fuera del plan, quizá debió haber sido más cuidadoso o quizá de cualquier manera Fuutie habría notado algo extraño, pero lo único cierto era que Tomoyo Daidouji le estaba causando más problemas de los esperados. Y eso, en lugar de ahuyentarlo, solo lograba incitarlo a seguir jugando más.
Eran a penas las 21:30 cuando Sakura salió de su baño con el pijama puesto y se tiró en su cama. Con la mirada clavada en el techo, esperó un tiempo tratando que el sueño llegara a ella, pero fue en vano. Cierto malestar se apoderó de ella en cuanto recuerdos indeseados acudieron a su mente. Enojada consigo misma, hundió el rostro en la almohada.
Se suponía que eso era lo que había estado tratando de evitar todo el día.
Al llegar de la preparatoria, con el pañuelo ofrecido por el amable profesor Tsukishiro aún en la mano, había decidido que si su mente estaba ocupada podría evitar reflexionar sobre cualquier cosa y agotarse tanto que lograría pasar el día tranquila. Así que eso hizo: ayudo con la limpieza, planchó su ropa, organizo sus osos e incluso terminó toda la tarea que tenía para el resto de la semana y, aún con todo eso, el tiempo parecía haberse estirado lo suficiente para hacerla sentir un poco, solo un poco, miserable.
Aferrada a su almohada y con la mirada algo perdida, decidió dejar de evitar lo inevitable y se permitió sentirse afectada por las palabras de Shaoran Li.
"¿Pero qué es lo que tiene contra mí?"
Sakura repasó cada uno de los eventos ocurridos en las semanas pasadas hasta llegar a la pelea de aquel día y no pudo evitar sentirse mal por el ritmo que habían adoptado las cosas. Nunca había imaginado llegar a ese punto, pero, por alguna razón, se sentía más herida en ese momento por lo que había dicho Li que en cualquiera de las ocasiones anteriores.
"Él…él mencionó expresamente lo de hace años, ¿verdad?"
Mordió su labio inferior al sentir que su corazón se agitaba.
"Lo recuerda…lo recuerda todo"
No pudo evitar abrazar más la almohada en cuanto sintió que sus ojos comenzaban a arderle un poco. Había querido mucho a Shaoran Li, tanto como se puede querer a un primer amor. Había sido inocente con él y quizás se había hecho demasiadas ilusiones, pero era una niña. Solo una niña que había deseado hacerle saber de sus sentimientos, nunca se había figurado si quiera muy claramente ser correspondida.
"¿Por qué me detesta?"
Era tan duro admitirlo después de tantos años, pero se trataba de una persona especial en su vida. No se había detenido si quiera a pensarlo dado el remolino de eventos sucedidos desde su reencuentro, pero, ciertamente, él era especial. ¿Era esa la razón de su culpabilidad cada vez que peleaban? ¿Por eso se contenía cuando se trataba de efectuar sus llamadas "venganzas", por eso el nerviosismo por su cercanía y por eso su necesidad de tener contacto con él aunque fuera de alguna manera?
Eran demasiadas preguntas para una sola Sakura Kinomoto. Todo lo que podía decir a su favor era que, fuera lo que fuera que le causara Shaoran Li, ya nada era lo mismo de antes. Obviamente había crecido. Había recuperado la seguridad perdida después de su declaración y estaba decidida a enamorarse de una persona que pudiera quererla a ella también; pero con Li involucrado no sabía qué pensar.
"No siento nada por él, ¿verdad? Es imposible sentir algo por él después de todo esto. Ni si quiera amistad"
Una vocecilla en su interior le dijo que no diera nada por sentado y sus ojos se llenaron de lágrimas sin saber por qué exactamente. Ella era tan inexperta en asuntos del corazón que no se entendía a sí misma, pero estaba segura de algo: aún después de tantos años, él lograba afectarla. Y mucho.
"No debería estar así, me prometí que ya nunca más me sentiría así por nadie. Mucho menos Shaoran Li"
Sus labios temblaron mientras ella se cogía la cabeza recriminándose por ahogarse en un vaso de agua. Porque eso era, ¿no? Se trataba de una simple rabieta por las cosas tan terribles que le decía siempre ese chico. Las lágrimas siguieron cayendo a su pesar y, luego de un rato, ella dejó de resistirse a ello. Quizá solo tenía que dejarlo ir.
Unas horas más tarde, al sentir cierto movimiento a su alrededor se despertó sobresaltada. Cerca de ella, sosteniendo un cobertor, estaba Touya Kinomoto con cara de pocos amigos.
Como siempre.
—¿Hermano? —murmuró desorientada. El chico bufó y la cubrió de mala gana para luego cruzarse de brazos.
—Deberías ser más cuidadosa, monstruo; ¿qué es eso de andar durmiendo sin abrigarte? —le recriminó mirándola con el ceño fruncido. Ella apretó los labios y encendió su lamparita.
—Ya soy grande y puedo manejarme como yo quiera —el castaño soltó una carcajada.
—¿Grande? ¿Lo dice la persona que lleva un pijama de ositos en estos momentos? Además, eres un monstruo muy enano —Sakura infló los cachetes y giró el rostro para intentar ignorarlo, pero terminó sonrojándose al reconocer que no se suponía que alguien de dieciséis años se pusiera ese tipo de pijamas.
—Déjame en paz —susurró mirándolo con cierto resentimiento. Él suspiró y se volteó para marcharse.
—Bien, monstruo —en cuanto lo vio caminar hacia la puerta, ella se refundió en su cama para volver a dormir, aunque dudaba mucho que pudiera. Sin embargo, antes de tocar el pomo de la puerta, Touya se detuvo—. Sakura —la llamó con tono de voz serio.
—¿Qué? —preguntó malhumorada. El chico se volteó a verla de refilón.
—Todo está bien, ¿verdad? —la ojiverde parpadeó sin entender a qué se refería.
—¿Eh? —él suspiró y terminó por voltearse y volver a caminar hacia ella, terminando por agacharse cerca de su cama.
—Me refiero a… ¿necesitas que golpee a alguien por ti? —la menor de los Kinomoto abrió los ojos un poco más de lo normal al comprender el sentido de todo aquello. Él había notado lo llorosa que se veía.
"¿Me está ofreciendo ayuda?"
Sakura le sonrió y negó suavemente.
—¿Estás segura? —como parecía tan renuente a creerle, ella rió por lo bajo. Incluso cuando le preguntaba ese tipo de cosas parecía que la estaba regañando.
—Son tonterías, Touya; todo está bien —él asintió y se puso de pie, aunque no muy convencido de sus palabras.
—Pero sabes que si necesitas que golpee a alguien…
—Puedo encargarme. Créeme que si llega a ser necesario, te invitaré a golpearlo…conmigo —él sonrió de lado y asintió. De pronto, pareció recordar algo.
—Es cierto —dijo mientras sacaba de su bolsillo un pañuelo blanco demasiado familiar para la chica—, ¿sabes de quién es esto? Estaba tirado en la sala de estar —explicó. Ella se sonrojó al instante y se sentó sobre su cama para luego arrancárselo sin delicadeza.
—Es-es de mi nuevo maestro… —Touya hizo un gesto de imcomprensión.
—¿Y por qué lo tienes tú? —nerviosa por las preguntas de su hermano, bajó la cabeza.
—Bu-bueno, él me lo prestó, pero se lo devolveré mañana. Gracias —habló rápidamente. Su hermano ladeó la cabeza, sintiendo que algo extraño pasaba ahí.
—¿Y por qué te lo…?
—¡Touya, quiero dormir! No todos tenemos el día libre mañana, ¿sabes? —él frunció el ceño ante su agresividad y se volteó exasperado.
—¡Está bien, monstruo! —Exclamó caminando hacia la puerta—. Cada día se vuelve un monstruo más agresivo, ya ni si quiera puedo hacer preguntas que… —siguió murmurando hasta salir de la habitación. La muchachita suspiró de alivio en cuanto escuchó la puerta cerrarse. Miró el pañuelo entre sus manos y lo acarició levemente mientras una sonrisa aparecía en su rostro.
"El profesor Tsukishiro fue muy amable…"
Mordió su labio inferior al imaginarse que realmente tenía de devolvérselo, aunque la situación le causara mucha vergüenza.
"Ay, ¿por qué?"
Con un suspiro, se volvió a refundir entre las sábanas sin dejar ir el pequeño pedazo de tela.
"Pero tampoco me lo puedo quedar por siempre…"
El carmín tiñó sus mejillas al notar que no le molestaría quedárselo. Movió la cabeza de un lado a otro, regañándose por ser tan tonta. Acomodó el cobertor y se dijo que ya no pensaría en eso más. Después de todo, no se trataba de nada especial…
…¿O sí?
El reloj marcó las 7 menos diez en el momento en que Shaoran Li asomó la cabeza fuera de su habitación. Maletín en mano y con sumo cuidado, se aventuró hacia el pasillo dando algunos pasos. Luego de cerciorarse de que era un lugar seguro para caminar, comenzó a avanzar más tranquilo aunque sin bajar la guardia por completo. Uno siempre debe estar alerta. Y aunque sabía que sus hermanas estaban locas de por sí, toda esa cautela no sería necesaria si él hubiera sido más cuidadoso.
Cansado de estar recriminándose eso a sí mismo, movió la cabeza de un lugar a otro. ¿Qué más daba? Lo hecho, hecho estaba. En esos momentos lo que más debía preocuparle era evitar a sus hermanas tanto como fuera posible, aunque no estaba seguro de qué tanto lograría si vivían en la misma casa.
"Espero que al menos olviden este asunto rápidamente"
Bufó enojado mientras bajaba las escaleras ya algo distraído con sus pensamientos. ¿Cómo rayos se le había escapado el día anterior el nombre de Sakura Kinomoto en una conversación con sus hermanas? Por más que pensaba en ello, una y otra vez, no encontraba respuesta lógica alguna, pero estaba comenzando a preocuparlo la gran importancia que iba tomando ella en sus pensamientos.
"Bueno, después de lo de ayer seguro que podré dejarla de lado…"
Se detuvo a tres escalones del piso y echó la cabeza para atrás. Cada vez que pensaba en todo lo que le había dicho a Kinomoto la tarde anterior en uno de sus tantos arranques de furia, algo se oprimía en su interior.
¿Probablemente culpa?
"Pe-pero ella…ella…se estaba metiendo en asuntos que no le interesaban…"
Ya ni sabía por qué seguía dándole tantas vueltas; de hecho, no debería tener tanta importancia, pero lo cierto es que todo lo que estuviera involucrado con ella parecía interesarle y eso solo lo seguía mareando.
"Y aún después de todo, nada se ha aclarado"
Suspiró por el cansancio que le producía ese asunto y, tal como hizo por la noche, se dijo que sencillamente debía dejarlo de lado. Que si las cosas estaban tomando ese rumbo, por algo debía ser y que, aunque fuera de cobardes, él no buscaría arreglar nada.
"Porque es lo mejor y…"
—Xiao Lang, ¿también madrugaste hoy? —la voz de su padre lo sacó súbitamente de sus pensamientos sobresaltándolo más de lo planeado. Tuvo que agarrarse de la baranda para no resbalarse por los escalones que quedaban. Su padre se rió de su expresión de susto y se acercó para palmearle el hombro.
—Bu-buenos días, padre —dijo enderezándose. El hombre asintió y se apartó un poco.
—¿Vas a tomar desayuno ya? Aún es algo temprano, pero si no te apuras se hará tarde —el muchacho asintió e hizo una reverencia como despedida. Hien Li solo agitó su mano alegremente—. Oh y tus hermanas están muy ansiosas por verte, así que apúrate aún más —luego de eso, se dio vuelta para irse, pero la voz de su hijo lo detuvo.
—¿Es-esperán-rándome…? —el padre asintió sin entender por qué el chico se veía tan pálido—. ¿No tienen acaso trabajo hoy o algo? —el nerviosismo en la voz de Xiao Lang alarmó a Hien, quien ya estaba por seguir con su camino.
—Pues Fuutie no entra a trabajar hasta algo más tarde y es el día libre de Feimei en el hospital, así que…
—¡Papá! —se escuchó desde el comedor—, ¿estás hablando con Xiao Lang? —el ambarino palideció, pero antes de poder hacer cualquier seña, su padre ya estaba contestando.
—Sí, aquí está conmigo —luego frunció el ceño—. Niñas, ya saben que no es bueno andar gritando en la casa, si quieren hablar con su hermano vengan aquí y…
—¡Nooo! —lo interrumpió desesperado el jovencito. Hien frunció el ceño comenzando a exasperarse por la situación y miró seriamente a su hijo.
—Xiao Lang Li, ¿cuál es el problema con ver a tus hermanas? —el aludido balbuceó un par de cosas nervioso, pero todo empeoró en cuanto oyó los pasos acercándose a las escaleras.
—¡Xiao, ni si te ocurra moverte! —se escuchó la voz de Fuutie.
—¡Fuutie, deja de correr! —gritó Feimei a la vez que los pasos se acercaban.
—Fuutie, Feimei ya basta de grit… ¿A dónde vas Xiao Lang! —entre todo aquel caos, el castaño ya se encontraba corriendo hacia la puerta aún ante el enojo de su padre. Se volvió e hizo una torpe reverencia como despedida, para luego perderse por el pasillo que conducía a la salida. Hien lo vio desaparecer sin saber qué pensar y la confusión reflejada en su rostro era prueba de ello. Unos segundos después, sus hijas aparecieron agitadas.
—¿Por qué esta casa es tan grande? —se quejó una jadeante Feimei apoyada en la pared. Por su parte, Fuutie estudiaba el lugar desesperada en busca del recién desaparecido.
—Papá, ¿dónde se escondió Xiao? —preguntó sin dejar de mirar a todos lados.
—Acaba de salir corriendo —en cuanto vio a su hija caminar en la misma dirección tomada por su heredero a penas un minuto atrás, le hizo una seña para detenerse—. No lo intentes, no lo alcanzarás —la desilusión pintada en el rostro de Fuutie parecía cercana al berrinche.
—¿Por qué tenías que gritar, Fuutie? —reclamó Feimei con la misma cara—, ¡lo espantaste! —una pequeña pelea se inició entonces entre las chicas mientras su padre seguía con cara de no entender nada. Finalmente, mareado con tantos acontecimientos y los gritos de sus hijas, las detuvo.
—Paren las dos —la firmeza con la que lo dijo advirtió a las muchachas que, de no callar, habría problemas—. Bien, ¿me explicará alguien qué está sucediendo en esta casa y por qué Xiao Lang ha salido corriendo de esa manera? —ambas se miraron sin saber que decir, pero Fuutie terminó sonriendo de manera traviesa y se acercó a su padre para tomarlo por el brazo.
—Verás papá… —comenzó, mas la manera en que la miró su hermana mayor la detuvo unos segundos.
—Fuutie —susurró la otra Li. La castaña se encogió de hombros y le restó importancia al gesto de Feimei.
—Lo que pasa es que hay buenas razones para creer que pronto tendrás alguien a quien llamar nuera —confesó con emoción. Hien parpadeó sin saber qué decir y Feimei se dio un golpecito en la cabeza.
—¿Qué? —no pudo evitar preguntar el patriarca de los Li. Como si fuera una niña, Fuutie revoloteó a su alrededor bailando mientras asentía.
—¡Sí, nuestro Xiao Lang está enamorado!
—Es solo algo que creemos —recalcó la chica de los ojos negros.
Hien Li boqueó un par de veces, un gesto un raro en él, y miró a sus hijas sin poder creerles. Aún si lo que ellas decían era cierto o no, estaba seguro de una cosa: varios dolores de cabeza se avecinaban para su Xiao Lang y, probablemente, no sería la última vez que lo vería correr por las mañanas.
Al ver la entrada de la preparatoria más cerca, Sakura comenzó a desacelerar el ritmo con que iba patinando. Estaba bastante a tiempo para clases, así que no había ninguna prisa por llegar al salón.
"¿O será qué no quieres encontrarte con cierta persona?"
Con una mueca, se preguntó a sí misma si todas las conciencias tenían que ser así de irritantes. Ella no tenía miedo de nada ni de nadie y, sólo para demostrarlo, se apresuró una vez más hacia la entrada.
Notó que no había mucha gente aún dentro de la preparatoria y suspiró.
"Ojalá Tomo-chan ya esté aquí, sino me aburriré tanto…"
Con paciencia, cambió sus patines por zapatos y se dirigió a las escaleras que la llevarían hasta su aula. Al ver una persona cerca, por pura inercia, volteó el rostro hacia ella solo para arrepentirse segundos luego.
Era Shaoran Li.
Ambos se quedaron parados mirándose. El rostro se Sakura perdió expresión y el de él parecía sorprendido. Solo eso.
Cuando vio a Li abrir la boca, la ojiverde volvió su cara y comenzó a subir las escaleras como si nada hubiera pasado. Como si el castaño no se encontrara siguiéndola con la mirada.
En cuanto la perdió de vista, el chico tragó pesado sin saber por qué se había sentido tan extraño al verla clavar sus orbes verdes en él de esa manera. No parecía enojada, tampoco dolida, menos triste.
"Entonces… ¿ella simplemente va a ignorarme?"
Alzó las cejas al comprender que eso era lo que probablemente Kinomoto estaba haciendo. Decidió encogerse de hombros y subir las escaleras también, aún cuando saber que ella fingiría que él no existía le causaba más malestar del que quería aceptar.
El día pintaba aburrido para la mayoría de alumnos de la preparatoria Seijo. Un miércoles como cualquier otro que a nadie parecía interesar y que ninguna clase podría arreglar. Sobre todo si estaban en clase de Japonés.
O al menos así lo veía cierto ambarino medio adormilado.
Reprimiendo un bostezo, se presionó a prestar atención a lo que decía la profesora porque, aunque costara mucho aceptarlo, hasta un Li tenía debilidades. Y la debilidad de este Li en específico era la clase en mención.
Con la mirada llena de aburrimiento se dedicó a escuchar por unos minutos hasta que, por enésima vez en esos cuarenta minutos, sus ojos se cerraron involuntariamente. Frunciendo el ceño y tratando de mantenerse despierto, renegó de sus noches en vela y de las innecesarias clases prometiéndose a sí mismo que al terminar aquel curso quemaría todos sus cuadernos de Japonés.
Todos.
Cansado de intentar no caer, se dejó ir sabiendo que era imposible luchar contra su cuerpo. Cuando se sentía más en paz que nunca después de sus días tan alborotados, el timbre del receso sonó y lo hizo abrir los ojos de golpe algo desorientado. Le daban ganas de gruñir, ¿nunca podría obtener un poco de paz?
Recostó su rostro sobre sus brazos mirando hacia el frente y decidió que ese día se quedaría a dormir en el aula. ¿Qué más daba? No moriría por no comer durante unas cuantas horas. Un movimiento delante de él llamó su atención. Era Kinomoto que se había volteado a sacar un par de cosas de su maletín y tenía la mirada muy fija en lo que hacía. Shaoran hizo una mueca.
La mañana iba bastante tranquila para él y eso probablemente se debía a que ella no lo había mirado, ni saludado ni cualquier otro tipo de interacción que pudieran tener dos compañeros de aula. Y por su puesto que no le importaba. Probablemente un atisbo de culpabilidad se había dejado entrever en la mañana cuando comprendió que ella no le dirigiría más la palabra después de lo que él le había dicho, pero lo pasó porque era justamente lo que él quería. Sí, esos eran sus deseos.
Cuando estaba a punto de dejar de verla y seguir con su nueva rutina, una manchita en la mejilla de la muchacha le llamó la atención. Al reconocer de qué se trataba no pudo evitar esbozar una pequeña sonrisa.
"Vaya tonta, ¿a esta edad y aún manchándose con la pluma? Tiene que ser una broma"
Levantó un dedo para avisarle y que no anduviera haciendo el ridículo, pero para ese entonces ella ya había terminado de sacar su almuerzo y sus miradas se encontraron sin querer. El dedo de Shaoran se quedó suspendido en el aire mientras ella le ofrecía una mirada gélida que hasta ese entonces no había visto.
Tragó pesado.
¿Por qué eso lo hacía sentir como una hormiga? Y no cualquier hormiga, sino una mala. Muy mala. Inconscientemente, su boca se abrió para decir algo, pero antes de que emitiera cualquier sonido Kinomoto se hallaba caminando tranquilamente a la salida como si nada hubiera pasado.
Daidouji la siguió con cierta duda no sin antes echarle una mirada a él, aunque en vez de parecer recriminarle algo parecía preguntarle qué sucedía. El ambarino se quedó mirando la salida hasta que sintió a dos personas pararse a su costado.
—Vaya, ¿pero qué le pasará a Kinomoto? —increíblemente, esa pregunta provenía de Yamazaki quien miraba a la puerta también.
—Sí —intervino Eriol—, parece decaída hoy, ¿no? —Shaoran no pudo evitar tensarse ante eso, así que bajó la mirada para evitar que se notara cualquier cosa que pudiera reflejarse en ella.
—¿Por qué escapó así, Li? —el aludido apretó los labios y suspiró.
—No lo sé —respondió con sencillez aún sin mirar a nadie.
—Bueno —escuchó a su mejor amigo—, a ti te beneficia porque ya no están peleando todo el tiempo, pero no es agradable ver a una persona tan alegre como Kinomoto-san de esa manera —a pesar de que muchas veces Shaoran Li pecaba de inocente, esa no fue una de ellas. Pudo comprender perfectamente la pregunta indirecta de su amigo. Era obvio que Eriol notaría que él tenía algo que ver con eso, pero no sería esta vez el castaño quien le contaría lo sucedido.
Se encogió de hombros y volteó el rostro hacia la ventana.
—¿A quién le importa lo que pase con ella? —murmuró. Sus amigos lo observaron y solo asintieron a su pregunta, aún cuando sabían que algo raro pasaba ahí.
La clase de música era la última para despedirse de aquella jornada escolar. Los alumnos del 1—B practicaban una y otra vez a la orden del maestro que pasaba de lugar en lugar corrigiendo lo que fuera necesario o felicitando a aquellos que lo merecían.
Si bien no era una experta, Sakura no podía quejarse de sus habilidades musicales. Sobre todo porque le agradaba mucho la asignatura. Con una sonrisa continuó entonando la canción que tenía en frente, aunque algo avergonzada de su voz en comparación con las que escuchaba alrededor.
Miró con discreción hacia donde se encontraba su mejor amiga, unos puestos más adelante, y mordió levemente su labio inferior. Estaba algo preocupada por lo que Tomoyo pudiera estar pensando. Durante el almuerzo la pelinegra le había pregunta repetidas veces si se encontraba bien: era muy obvio que ya se había dado cuenta de su estado de ánimo. En realidad, no había sido la única.
Sus amigas, compañeros y hasta la maestra de música le habían preguntado qué pasaba. Bufó enojada consigo misma por ser un libro abierto. Sus problemas con Li no deberían haberse quedado entre ella y él, no se suponía que preocuparía al resto con tonterías.
"Tonterías…"
Había pasado el día entero evitándolo, tal como él parecía querer, y no habían tenido ningún problema. A pesar de que podía sentir cierto pesar en su interior aún sabía que no duraría mucho. Pronto olvidaría todo y, quién sabe, incluso Shaoran Li podría desaparecer de su radar.
Con fuerzas renovadas, continuó cantando y pronto la clase se terminó. Con una última sonrisa, su maestra le sonrió y ella se sintió aliviada de poder ir a casa. No es que quisiera huir o algo así, sencillamente estaba cansada. Sí, eso era. Además quería evitar las preguntas incómodas que pudiera hacerle más gente o la misma Tomoyo, a la cual no estaba segura de poder negarle algo.
Apresurada, se encaminó a la salida pensando en qué haría su mamá esa noche para la cena. Tomoyo, Chiharu y Rika la siguieron algo extrañadas por su actitud, pero sin saber preguntarle qué sucedía sin presionarla. Al llegar al salón, Tomoyo notó algo curioso sobre su amiga.
—Sakura-chan, ¿dónde están tus partituras para la siguiente clase? —desconcertada, la castaña miró a su alrededor buscando por los papeles, pero suspiró al notar que no los tenía.
—En la sala de música —murmuró tomando su maletín—. Iré por ellos rápido, ¿me esperan? —Rika y Chiharu negaron con cierto pesar.
—Hoy iremos a ver algunos accesorios para los vestidos —informó la chica de las coletas.
—Chiharu quiere verse muy linda es noche —dijo risueña Rika y la otra no pudo evitar sonrojarse. Tomoyo y Sakura rieron enternecidas por la cara de su amiga.
—Bueno, espero que se diviertan. ¿Qué hay de ti, Tomo-chan? —la pelinegra le sonrió y continuó guardando sus cosas con calma.
—Hoy tenemos prueba de vestido, así que te alcanzaré en la sala de música —la ojiverde suspiró y asintió para luego emprender su camino de vuelta a la sala no sin antes despedirse de sus amigas.
"Casi había olvidado lo del vestido"
Con una mueca, se dijo que al menos se entretendría. Además Tomoyo le había dicho que era muy lindo y que le encantaría, así que no debería haber ningún problema.
"Solo espero que no sea muy corto"
Sonrojada al visualizarse con algo que le llegara a menos de medio muslo, entró en la sala distraída. Llegó hasta su puesto y cogió los papeles sin mucho interés. Uno se le escapó casualmente cuando los ordenaba y voló hasta la puerta. Regañándose por su torpeza se apresuró hasta ahí, pero cuando se estaba agachándose vio a alguien cogerlo primero.
Su mirada chocó con otra de color ámbar y se quedó congelada. ¿Qué hacía él ahí? Ambos se enderezaron unos instantes después. El chico se quedó observando la hoja en sus manos mientras ella sencillamente miraba hacia el costado.
Sakura podía sentir la incomodidad comenzar a nacer en ella. Había luchado mucho para evitar estar a solas con él, para no tener que cruzar palabras y poder estar tranquila, pero parecía que el destino se oponía a cualquier tipo de descanso para ella.
Shaoran Li hizo una mueca y le extendió el papel sin más. Ella lo vio con precaución por unos segundos, pero estaba poco dispuesta a desaprovechar la oportunidad de irse y hacer como si nada hubiera pasado, así que lo tomó y pasó por su costado a penas susurrando un gracias que esperaba él no hubiera oído.
—Kinomoto —se escuchó de repente. La castaña se detuvo en el acto y apretó más fuerte el mango de su maletín. Escuchó cómo el caminaba hasta quedar más cerca de ella y tuvo ganas de correr.
"¿No se suponía que no me quería cerca?"
—Kinomoto yo…
—Tengo una prueba de vestido, lo siento —sin darle si quiera una mirada, Sakura comenzó a avanzar esperando que él no la siguiera. No tenía razones para hacerlo. No tenía derecho a agobiarla.
"Claro que no tiene derecho. Él no debería molestarme, no más"
Sin darse cuenta, había acelerado tanto el paso que parecía que corría. Cuando al doblar un pasillo se encontró cara a cara con Tomoyo, frenó en seco. Incluso jadeaba un poco.
—¿Pero qué pasa, Sakura? —el deje de preocupación en la voz de su mejor amiga le hizo saber que seguro no se veía muy bien tampoco. Esbozó una sonrisa para tranquilizarla, pero no pareció ayudar mucho.
—Yo…yo estoy bien —la pelinegra abrió la boca para preguntar algo, pero ella la cogió del brazo y la arrastró por los pasillos de la preparatoria—. Solo estoy emocionada por lo del vestido; ¡ojalá me quede bien! —la chica de los ojos amatistas se dejó llevar sin hacer más preguntas al comprender que, fuera lo que fuera que había pasado, no era algo de lo que Sakura quería hablar y, una vez más, solo quedaba esperar pacientemente a que ella confesara.
Parado aún en el mismo lugar donde Kinomoto lo había dejado hablando solo, Shaoran se preguntó por qué rayos le había hablado. Se suponía que no había pasado ni un día con ella ignorándolo y él ya estaba cometiendo tonterías como seguirla hasta la sala de música para detenerla y decirle quién sabe qué cosas.
"¿Qué rayos tengo en la cabeza?"
Se revolvió el pelo, gesto muy usual en él cuando estaba nervioso, y bufó cansado.
"¿Por qué la seguí?"
Miles de preguntas se amontonaban en su mente y la mayoría solo suponían un dolor de cabeza porque no tenían respuesta. Cualquier cosa relacionada con Sakura Kinomoto era un enigma para él. Y eso era muy odioso.
"¿Por qué se fue corriendo?"
Para eso él sí que tenía una respuesta, pero, por alguna extraña razón desconocida, se negaba a aceptarla. Que Kinomoto hubiera accedido tan fácilmente a dejarlo por la paz era una cosa, pero que aquello no le trajera paz en lo absoluto era otra y comenzaba a ponerlo nervioso. Muy nervioso.
—¿Y a dónde dices que vas? —preguntó Shaoran mirando algo curioso a Eriol. Él sencillamente sonrió con su típico aire de misterio y se paró de las gradas donde habían terminado almorzando.
—Te digo que es un secreto, Xiao —respondió ganándose una mirada asesina por parte del ambarino. Yamazaki solo rió y los tres emprendieron la marcha de vuelta para tomar clases.
—Ojalá yo pudiera ausentarme las dos horas que siguen —murmuró Takashi con algo de pesar. Eso le hizo recordar al castaño que seguía Química.
"Hurra…"
El inglés los miró de manera burlona, pero otra mirada asesina por parte de su mejor amigo le advirtió que parara. Shaoran llevaba de muy mal humor todo aquel día. O quizá estaba así desde el anterior, cuando lo había encontrado caminando cerca de la sala de música. Por más que había intentado preguntar, el chico parecía renuente a contar cualquier cosa y se había mantenido así: aburrido y enojón.
No era como si eso estuviera muy lejos de su forma de ser normal, pero había toque amargo en lo que hacía que no podía pasar desapercibido. Mucho menos para él. Al llegar a la entrada de la preparatoria, Eriol se dijo a sí mismo que tendría que pensar en ello luego, porque le tocaba hacer algo más interesante en ese momento. Con una sonrisa se despidió de sus amigos, no sin antes pedir a Li que lo esperara en el salón a la salida, y se perdió en algún lugar ante la mirada extrañada de ambos.
—Es extraño que a alguien le permitan perder clase —comentó Yamazaki volviendo a caminar junto a Shaoran.
—Todo lo que tenga que ver con Hiragizawa es extraño —masculló. El otro rió por lo bajo y comenzó a parlotear alguna cosa a la que el heredero de los Li no pudo prestar atención.
Al llegar al salón fueron interrumpidos por una enojada Chiharu que se abalanzó sobre su amigo vociferando por qué las mentiras eran tan malas y él se apartó por su bien.
Mihara siempre parecía estar enojada con Yamazaki aunque él no entendía por qué. Claro que en parte tenía que agradecerle, ya que era gracias a ella que reconocía cuando el pelinegro mentía y cuando no. Lanzando un suspiro, llegó hasta su asiento y hundió la cabeza entre los brazos.
Desde el día anterior se sentía algo decaído y furioso con el mundo. Aquella mañana ni si quiera había tenido ganas de desayunar. Suponía que estaba enfermando, a pesar de que eso era muy raro en él.
Sus ojos se clavaron en la ventana llenos de aburrimiento, pero el sonido de la silla de delante moviéndose llamó su atención.
"Kinomoto"
Casi pudo imaginarse sus ojos dilatándose al visualizar el cabello castaño de su compañera. Su conciencia le hizo notar cuán pendiente parecía estar de ella y él se convenció de que solo era porque estaba enojado.
Sí, enojado. Probablemente fuera porque lo había dejado hablando solo el día anterior, pero se sentía furioso cada vez que la veía. A pesar de todo, no se atrevía a hablarle. ¿Qué era lo que le diría? Las cosas iban más fáciles si se ignoraban mutuamente, así que debería dejarlo pasar. Con el tiempo se olvidaría de todo y ni si quiera recordaría el nombre de Sakura Kinomoto.
Se removió un poco en su asiento y continuó mirando hacia fuera. El profesor estaba tardando un poco más de lo planeado.
—¡Hey Hoshi! —escuchó sin querer el llamado en medio de todo el alboroto que había en el salón. Shaoran identificó esa voz como la de Ayame Hideki, una muchacha de cabellera rubia que siempre era muy amable con todos—, ¿puedes venir a mi casa luego de clases para seguir avanzando lo de historia? Debo ir a la casa de mi abuela este fin de semana, así que…
En cuanto las palabras "proyecto de historia" llegaron a sus oídos, se desconectó de aquella conversación que en realidad no le importaba en lo más mínimo.
Era cierto, se suponía que aún debían seguirlo avanzando. Y él y Kinomoto no habían hecho absolutamente nada. Muy dispuesto a arreglar ese asunto, abrió la boca para llamarla, pero la aparición del profesor los silenció a todos.
Shaoran frunció el cejo, pero terminó sacando su libro del curso igual.
"Bueno, siempre puedes detenerla a la salida…"
Aprobó esa idea y se dispuso a prestar atención a clases mientras una pequeña sonrisa se formaba sin que él se diera cuenta en su rostro.
Sakura reprimió un pequeño hurra en cuanto la clase de Química terminó. No era una asignatura que le disgustara excesivamente o en la que fuera mala, pero vaya que el profesor era aburrido. Se dispuso a guardar sus cosas con calma recordando que Tomoyo le había pedido que la esperara luego de clases.
"Hoe, espero que le haya ido bien en la audición…"
Se habían adelantado unas cuantas horas las audiciones para el coro de la preparatoria debido a que la maestra encargada tenía algo muy importante que hacer aquella tarde, por ello su amiga se había despedido algo nerviosa de ellas luego del almuerzo. En realidad, Sakura no entendía los nervios de Tomoyo. Ella era fantástica, no había manera de que la rechazaran. La había oído practicar el día anterior luego de la prueba del vestido y estaba convencida de que le darían un sí.
Cerró su maletín y se quedó en su sitio mientras veía cómo el salón iba quedando vacío poco a poco. Chiharu y Rika se despidieron de ella con la sonrisa de siempre, esta vez acompañadas de Yamazaki, y ella por fin quedó sola en el salón.
O al menos eso creía.
Un ruido detrás de ella la alarmó sobre manera. Tanto así que saltó de su asiento para voltearse a ver qué era, mas la sorpresa no fue agradable.
"¿Otra vez Shaoran Li?"
Él parecía algo nervioso, pero permaneció sentado. Sakura se dijo a sí misma que no tenía por qué preguntarle qué rayos hacía ahí, aún cuando tuviera muchas ganas de hacerlo y pedirle amablemente que se largara en la máxima prontitud.
Decidida a no dejar que su presencia la perturbara tanto como el día anterior comenzó a sentarse nuevamente, pero no llegó a su sitio.
—Kinomoto —ella apretó los labios y se volvió a mirarlo lentamente—, tenemos que hablar —a Sakura eso le sonó más a orden que a petición, así que se enderezó para mirarlo con fiereza.
—Yo creo que no —dijo con la voz tan calmada como pudo. Se alegró de saber que podía mantener su autocontrol aún con el insoportable Shaoran Li cerca.
—Pues yo creo que sí —ella rodó los ojos al verlo fruncir el ceño y se dijo que había tenido suficiente. No se quedaría a esperar que él comenzara a insultarla sin razón. Cogió su maletín y, sin decir nada más, comenzó a caminar a la puerta. Tomoyo entendería si la esperaba fuera.
—¡Es sobre el proyecto de Historia! —eso sí logró pararla en seco.
"Oh no…"
Después de tantos acontecimientos, ella había olvidado por completo ese tonto proyecto. Inhaló profundo y se volteó a ver a Li con gesto más neutro, aunque aún tan frío como para hacer que él hiciera una mueca.
—Cierto…
—¿Está bien si nos reunimos en tu casa? —Sakura levantó la mirada al instante y frunció el ceño.
—Creo que no hay necesidad de eso —comenzó la chica—, podemos repartirnos el trabajo —muy contrario a lo que ella esperaba, Shaoran apretó los labios y negó una y otra vez.
—De ninguna manera —contestó rápido.
—¿Y por qué no? —lo vio balbucear unas cuantas veces, pero no dijo nada más.
El silencio hizo mella entre ellos, pero sin más que decir, Sakura suspiró.
—Puedes confiar en que me esforzaré haciendo el trabajo, Li —luego de eso, se volteó dispuesta a irse y sentir algo de paz interior fuera de su presencia. Cuando estaba a punto de atravesar la puerta, otra exclamación del chico la detuvo.
—¡No nos repartiremos el trabajo! —ella se volvió parpadeando sin entender sus razones, pero pronto comenzó a enojarse.
—Creo que es la manera más factible para ambos, así no te molestaré —dijo entre dientes. Él se paró y caminó hasta quedar a unos cuantos pasos de ella mirándola con una expresión que no supo descifrar.
—Si lo haces sola puedes arruinar el trabajo. Iré a tu casa este sábado después de clases —Sakura apretó más los labios y cerró los ojos. No le daría más razones para burlarse de ella o fastidiarla.
—Prefiero que lo hagamos por separado —su voz salió algo más fuerte de lo que quería, pero eso no pareció inmutar al ambarino que dio otro paso hacia ella.
—Y yo no lo prefiero así —respondió desafiándola con la mirada.
—¡Pero cuál es el problema con eso!
—Sencillamente quiero asegurarme que lo hagas bien —ella torció los labios e inspiró fuertemente.
—Lo haré bien y no te molestaré, Li —él se rió de manera sarcástica.
—Con lo torpe que eres, no lo creo —y eso fue todo lo que ella pudo aguantar. Dejando su maletín a un lado, lo encaró con sus ojos verdes ardiendo de furia.
—¿Se puede saber cuál es tu maldito problema conmigo? —el castaño pareció sorprendido al principio, pero volteó el rostro aún pareciendo calmado.
—No sé a qué te refieres —susurró sin mirarla. Sakura sintió unas increíbles ganas de golpearlo fuertemente y luego echarse a patalear por lo insensible que era.
—¡Claro que sabes muy bien a qué me refiero! —gritó indignada—. ¡Hace unos días me gritaste lo insoportable que era y me pediste que no te molestara más, que no me entrometiera en tu vida y, justo cuando intento hacer eso, vienes tú e intentas arruinar todo otra vez!
—Kinomoto… —intentó interrumpirla, pero ella se acercó hasta él y lo empujó sin poder contener el enojo que sentía.
—¡No, ni si quiera intentes justificarte! ¿Qué rayos te he hecho yo para que me trates así? —entonces él sintió cómo algo de aquella furia que sentía cada vez que la veía se encendía en su interior y se aproximó a ella mirándola con ira.
—¿Qué es lo que quieres qué diga? ¿Que me retracto? —los ojos de Sakura comenzaron a aguarse sin que ella si quiera se diera cuenta. Ambos se quedaron viendo, entonces ella cogió su maletín e intentó avanzar, mas el se lo impidió cogiéndola del brazo con fuerza—. Si es eso lo que quieres, bien, me retracto. No, es más, ¡me disculpo por todo! —escupió las palabra y la observó mientras ella mantenía la cabeza gacha.
—Suéltame —pidió con voz débil.
—No hasta que digas que aceptas mis disculpas. Admite que tú empezaste con todo —ella levantó la cabeza con los labios temblándole a causa del llanto que intentaba reprimir. No dispuesta a aceptar las tonterías de ese chico ni un minuto más, comenzó a forcejear para soltarse, pero solo consiguió que él terminara agarrándola por ambos brazos para detenerla mientras ella golpeaba su pecho para soltarse.
Shaoran terminó empujándola hasta la pared para inmovilizarla de todas las formas posibles.
—Admite —dijo él agitado—…admite que nada de esto hubiera pasado si tu no hubieras dicho esas cosas de mí hace semanas —presionó él buscando su mirada—. No tienes derecho a hacerme sentir culpable… —la castaña se quedó quieta mientras lo miraba y su rostro perdió expresión. Boqueó un par de veces y al final terminó soltando una risa amarga.
—¿Estás bromeando? —susurró con su risa volviéndose cada vez más débil. Él la miró extrañado hasta que sus ojos chocaron por fin—, tú habías empezado esto ya hace mucho tiempo —a Shaoran le costó menos de medio segundo comprender lo que ella quería decir. Aflojó su agarre lo suficiente para que ella se soltara y escapara tan pronto como le fue posible.
Cuando Sakura estaba cogiendo su maletín para irse, despeinada y con los ojos aguados, la puerta del salón se abrió y dos sonrientes pelinegros aparecieron.
Eriol y Tomoyo cambiaron de expresión al sentir la atmósfera tan pesada y ver las caras de sus amigos. Antes de que cualquiera de los dos pudiera preguntar algo, la ojiverde salió disculpándose torpemente.
—Sakura, espera… —pidió Tomoyo mientras corría por su maletín y salía siguiendo a su amiga. Con una leve inclinación de cabeza se despidió de Eriol, quien, al quedar solo en el aula con su mejor amigo, se acercó a él.
—Shaoran, ¿qué ha pasado? —el castaño pareció despertar de un trance y movió la cabeza de un lado a otro.
—¿Eh? —preguntó desorientado. El pelinegro lo cogió del hombro y lo vio directo a los ojos.
—¿Cómo que "eh"? Kinomoto-san ha salido corriendo, ¿qué ha pasado? —volvió a preguntar esta vez frunciendo el ceño. Su amigo desvió la mirada y se apartó de él para dirigirse a su asiento.
—Nada, Eriol. No ha sido nada.
Aquella noche había luna llena. En la paz de su jardín, el heredero de los Li mantenía los ojos cerrados mientras intentaba meditar. Era ya bastante tarde, casi cerca de las doce y todos en la casa se encontraban descansando para entonces….menos él.
A pesar de haberlo intentado por horas, no podía. Se sentía cansado, sin dudas, pero algo le impedía dormir. O, más bien, alguien. Ahogó un suspiro y se echó en la hierba.
"Así que todo es mi culpa"
No encontraba excusas para lo que Kinomoto le había dicho esa tarde, pero sin dudas sí tenía mil y un preguntas para sí mismo.
—Entonces sí que soy un idiota —pensó en voz alta. Una risita detrás de él lo alarmó, pero al girarse descubrió que no se trataba de otra sino de Feimei.
—A veces lo eres, pero no se supone que seas tan duro contigo mismo —le dijo ella acercándose. Shaoran esbozó un amago de sonrisa y volvió a mirar el cielo.
—No, creo que realmente lo soy —ella se sentó a su costado y abrazó sus piernas mientras levantaba sus ojos negros para observar el cielo.
—¿Se puede saber qué es lo que hace que pienses de esa forma? —Feimei miró de reojo a su hermano quien sólo apretó los labios y no pudo evitar que una sonrisita se le escapara de los labios— ¿o será que se trata de un alguien?
—¿¡Qué?! —exclamó alterado el muchacho tratando de controlar el sonrojo que atacó su rostro. La risa musical de su hermana se dejó escuchar y él se enfurruñó.
—Vaya, debe tratarse de algo grande si te pones así —lo picó. Xiao Lang solo desvió la mirada—. Anda, cuéntame qué pasa.
—Ni de broma —respondió enojado. Feimei lo empujó para luego mirarlo amenazante.
—Cuéntale a Feimei qué pasa o te irá mal, Xiao Lang —el chico la miró a punto de hacer un berrinche, pero luego de algunas frases que lograron amedrentarlo de verdad cedió.
—Bu-bueno…he estado teniendo unos problemas con…con eh…
—¿Sakura Kinomoto? —el ambarino rodó los ojos.
—Esa tonta de Fuutie… —susurró.
—Bueno, solo estaba adivinando. No tendría que haber sido ella necesariamente —el chico reprimió las ganas de golpearse a sí mismo por no ser más hábil con las mentiras y asintió.
—Bien, bien, es con ella. Hoy he peleado con Kinomoto por un emh…asunto, y a pesar de que he querido pedirle disculpas ella no las ha aceptado. Me ha hecho sentir como un idiota —la castaña asintió, pero no lo miró para no avergonzarlo. Xiao Lang abriéndose de alguna manera era demasiado maravilloso para molestarlo y arruinar el momento.
—Vaya, ¿lo que le has hecho es muy duro? —él no supo cómo responder a eso. Balbuceó un par de cosas, pero al final Feimei comprendió—. Ya entiendo, así que has sido un chico malo y ya no puedes poner alto al fuego que has desatado…
—Feimei —reclamó mirándola acusadoramente. Ella levantó las manos en señal de paz.
—Bien, bien. Sin bromas —a pesar de su recelo, el chico aceptó y terminó mirándola algo decaído.
—No la entiendo para nada, es extraña. Lo peor es que me hace a mí comportarme extraño —ella contuvo sus ganas de abrazarlo por lo sumamente adorable que lucía en ese momento, tan tímido y tan herido que casi sentía rabia contra esa tal Sakura Kinomoto, pero se enfocó en ayudarlo, que para eso estaba ahí.
—Bueno —comenzó—, no sé qué clase de problemas hayas tenido con esta chica, pero hay una cosa muy cierta: si quieres que alguien te disculpe por algo, deberías se sincero, Xiao Lang —él la miró con atención—. Si no te disculpas de corazón, ¿cómo esperas que el resto te perdone así? Para esto tienes que ser sincero contigo mismo y aceptar las cosas que has hecho. Puede que sea duro y te sientas muy confundido, ¿bien?, pero aún con tu confusión y a pesar de tu orgullo debes intentarlo. Si la miras directamente a los ojos y realmente le dices que lo sientes desde el fondo de tu ser, ella no podrá decir que no. —él sintió el miedo que las palabras de su hermana le causaban.
Aceptar los muchos errores que había cometido en ese tiempo parecía una tarea casi imposible, pero cuando las palabras de Kinomoto, cuando su voz dolida sonó otra vez en su cabeza se dijo a sí mismo que tenía que hacerlo otra vez e intentarlo de verdad.
—¿Entendiste, Xiao? —el asintió y le sonrió levemente a Feimei en agradecimiento—; ¡entonces me voy! Y tú no te vayas a quedar aquí hasta tarde que luego te resfrías, ¿vale? —esta vez, ella no esperó a que él asintiera y se levantó. Cuando llevaba un par de pasos dados, escuchó cómo su hermano menor se levantaba y la llamaba—. ¿Qué? —preguntó parpadeando.
—Yo…emh…muchas gracias, Mei —dijo él utilizando ese viejo y tan querido apodo. Feimei se quedó mirándolo unos segundos sin decir nada.
Cuando vio que su hermana comenzó a avanzar hacia él rápidamente mirándolo como si de un osito de peluche se tratara, Xiao Lang no pudo hacer más que retroceder, pero ella terminó por colgarse de su cuello de cualquier manera.
—¡Eres la cosa más linda del mundo, Xiao! —chilló emocionada a más no poder. Él, sonrojado hasta las orejas, intentó soltarse de todas las maneras posibles.
—¡Feimeiiiiiii, me asfixiaas! —se quejó. La chica besó sonoramente su mejilla y continuó abrazándolo contra su voluntad.
—¡Eres adorable!
"Nuestras dudas son traidores que muchas veces nos hacen perder el bien que podríamos ganar si no temiéramos buscarlo" - William Shakespeare.
Respuestas a los reviews anónimos.
-Aniha hiuga: Hey! ¿Qué tal? Espero que estés pasando unas lindas fiestas :)! Muchas gracias por tu comentario *^* y perdón si recién tengo que responderlo pasado taaaanto tiempo. Ahahaha, ¿en tanto suspenso te dejé? Espero que este capítulo haya arreglado un poco las cosas, aunque supongo que cómo va no hice mucho ._.U! Anda, te mando un abrazo desde aquí y muchos saludos :D!
-Reiko Li: Sumi-chan :3, ¡graaacias por tu bello comentario ;D! Sí, sí, sí, ¡Yukito! Supongo que llegó a sorprender aunque yo nunca pensé que las sorprendería xD! Y Shaoran va confundido, pero ahora las cosas han cambiado un poco ._.U! Estaré esperando a saber tu opinión, Sumi. Muchas gracias por tu apoyo :), te quiero!
Notas de la mega vaga de Emi-chan .-
Alohaaa!
Jo, muchachas, qué alegría volver a saludarlas *^*! Ha sido un, emh, rato...pero la cosa es que al fin he terminado este capítulo monumental para mí (nunca escribo tanto para un solo capi xD), pero creo que se los debía y también me lo debía a mí. No creo que tengan muchas ganas de escuchar mis excusas ya que tuve los problemas usuales (estudios, bloqueos y blah blah blah) y en fin!
Les quiero agradecer a todas por sus maravillosos reviews: ¡muchaaas gracias! Como siempre, aprecio muchísimo su apoyo. Es un incentivo a escribir más rápido xD (seh, señores, soy más tortuga de lo que creen). Así que gracias otra vez y también agradezco a los favoritos, alertas y los visitantes :)!
Sobre el capítulo, bueh, ustedes ya lo leyeron. Además de "Alto al fuego", me gusta llamar a este capítulo el de "Las mil escenas perdidas". En serio, creo que ninguna escena original sobrevivió a los cambios que le hice xD. En realidad había otras cosas planeadas aquí, pero de repente sentí que debía poner un plano sobre los sentimientos de los chicos y pues...ahí salió. Además me encantó incluir a la familia de Shao *-*, ya verán qué tan importantes serán. Y hay mil detalles que espero que hayan notado, no quiero aburrirlos volviendo a narrar todo xD!
No diré más, solo que ojalá el capítulo les guste aunque es un poquitín largo. Estaré esperando muy ansiosa a saber sus opiniones, así que no sean tímidas (?). Bah, les mando un súper abrazo de oso a todooos y espero que estén pasando lindas fiestas. No saben cuánto me alegra publicar esto antes de fin de año xD, se me cuidan mucho! Y mil bendiciones para el año que se viene :)!
