Capítulo XII
Nagato se paró fuera del colegió y suspiró esperando a esos dos rubios. Minato iba jugando con su hijo y apresuró el paso al escuchar el llamado de su esposo.
–Apresúrate Minato que ya casi es hora.
–Tsunade-san me esperara.
–No tanto tiempo, mocoso –se escuchó la voz de la sannin que salía para recibirlos– Te pedí que estuvieras puntual, pues quiero que mis médicos aprendan la puntualidad de nuestro Hokage.
Minato se acercó y entregó a su hijo a la mujer pelinegra.
–Naruto se tardó mucho desayunando.
–No culpes al pobre pequeñito –Tsunade ignoró a los adultos mimando al rubio que sonreía con las meucas que le hacia ella.
–No puedo creerlo Minato, entregaste a tu hijo para salvarte. –reclamó en broma el pelirrojo.
–Mi hijo ablanda a cualquiera de los sannin.
Nagato negó y tomó la mano del rubio jalándolo y besándolo.
–¿Y eso?
–Amo tu desfachatez.
La pareja entró a las instalaciones y las personas giraron a verlos. Minato se adelantó al podio donde los futuros médicos esperaban su bandana. Nagato recibió a Naruto de Tsunade y fue a sentarse a lado de Jiraiya, Dan, Sora y Tsubasa, pues Tsunade y Orochimaru estaban entre los que entregarían las bandanas. Tsubasa se acercó y pidió al rubio.
–Démelo Nagato-san, seguro que se aburre y mejor lo llevó fuera para que juegue un rato.
–Te lo agradeceré Tsubasa-chan.
El niño salió llevándose a Naruto.
–¿Sabes que ese fue un pretexto verdad? –opinó Jiraiya.
–Por supuesto, sé que a Tsubasa le aburren estas ceremonias.
–Me ganó, estaba a punto de pedirte lo mismo. –terminó el sannin de los sapos.
–Si no estás presente, seguro que Orochimaru te corre de la casa –se burló Dan.
–Seguro que si –sonrió el de cabello blanco.
La ceremonia inició y al término hubo un refrigerio en donde casualmente, Tsubasa y Naruto sí estuvieron presentes antes que todos. El adolecente tomó una croqueta de pescado y la enfrió un poco para dársela a Naruto que la tomó y comenzó a comerla. El rubio comió su croqueta pidiendo más y Tsubasa no lo notó, pero su cabello estaba adornado con migas y aceite de las manos del rubito.
Nagato llegó hasta ellos y extendió los brazos para que su hijo se fuera y este lo hizo.
–Gracias Tsubasa-chan. Naruto ¿ya estás comiendo de nuevo mi amor?
Orochimaru se acercó a esos tres y miró a su hijo:
–¿Qué traes en el cabello?
-–¿Qué?
El sannin de las serpientes se acercó y tomando una servilleta limpió el cabello símil al suyo en su retoño. Nagato se disculpó, pero los dos de cabello largo no le dieron importancia. Orochimaru cargó al rubito y lo llevó hasta sus recién graduados aprendices. Tsubasa al verlo sonrió y comentó.
–Creo que quiere un bebé.
El de rinnegan sonrió y agregó:
–¿Él quiere un bebé o tú quieres un hermanito?
Tsubasa sonrió de oreja a oreja como respuesta.
El niño rubio balbuceó y ofreció de su comida a los médicos que fingieron morder el trozo de croqueta. El festejó concluyó y el Hokage y su familia se retiraron. Caminando por las calles hasta su hogar Nagato suspiró abatido.
–Hace mucho que no salgo de misión ya casi estoy olvidando como es.
–Irás a Amegakure.
–Voy a visitar a mis amigos, no de misión.
–Así es, pero créeme el camino no será muy tranquilo.
–¿Pretendes asustarme?
–Al contrario, si no fuera porque ere tú no te dejaría ir sin escolta.
Nagato miró al rubio y se cruzó de brazos.
–Minato te recuerdo que soy mayor que tú y que….
–Precisamente sé que eres un shinobi muy poderoso, no lo he olvidado, sin embargo también eres el hombre que amo y me preocupare por ti siempre.
Nagato dejó de estar molestó y abrazó la cintura de su rubio que tenían ocupados los brazos con un Naruto dormido.
–Yo te amo mucho también… mantengamos al zorrito dormido y te daré un regalo.
–Pero debe ser uno muy grande porque debe de durar el recuerdo para la semana que me dejan solo.
Nagato pellizcó la nalga de su esposo y ambos se apresuraron a llegar a su hogar, donde acomodaron a su hijo en la cuna y ellos se dirigieron a su cama donde se desnudaron con tranquilidad reconociéndose de nuevo y recorriendo la piel que extrañaban del otro. Nagato fue hincándose y acarició el miembro erecto del rubio rozando su rostro en este como adorándolo.
–Naga… to…
El pelirrojo dejó de mimarlo y lo metió en su boca iniciando la felación y dejándolo solo para delinear con los dedos el prepucio y bajando hasta su entrada para prepararse a sí mismo.
–Yo… lo hare…
Nagato siguió chupando el pene y cuando Minato lo alzó, separándolo de este, sus labios estaban un poco rojos, el rubio lo besó y lo guio a la cama para recostarlo y acomodarse entres su piernas. Minato lamió el cuerpo de su esposo y se entretuvo un rato en los pezones de este mordisqueándolos. Cuando el de ojos azules llegó hasta el agujerito que lo recibiría, lo lamió metiendo la lengua hasta hacer que su esposo serpenteara de placer. El rubio creyó que Nagato estaba preparado y entró en el lentamente acostumbrándose y acostumbrando a su pareja a la intrusión, mas este parecía no sufrir molestias, pues pedía que se apresurara.
Las penetraciones iniciaron y el rubio levantó las piernas de su esposo con los hombros para que fueran más profundas. Los músculos morenos de Minato se marcaban con el esfuerzo y para Nagato esto significaban una visión bastante erótica que lo estaba catapultando al orgasmo, casi sin tocarse. En cambio para el de ojos azules ver a su esposo bajó él y a merced de las penetraciones, lo volvió loco y arremetió con más ahínco. No pasó mucho tiempo antes de que el rubio se corriera dentro del canal de su esposo y este llegara a su vez. Minato salió con sumo cuidado del pelirrojo y se recostó a su lado aun jadeando.
–Eso no cuenta para una semana.
–Imagine que no –aceptó Nagato–, mas Naruto no tarda en despertar para cenar.
–Cierto, pero…
–Prometo que seré tuyo toda la noche, si logras que él duerma.
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Kushina le ofreció la cuchara a Hikari y esta se negó rotundamente. Mikoto se acercó y miró el envase y preguntó:
–¿Natural?
–Si la preparé yo misma ttebane.
–A veces no les agrada mucho. A Itachi no le gustaba y Shin-san le compró unas en la tienda, no te preocupes si no pasaran las pruebas de calidad no las venderían en Konoha.
Mikoto rebuscó en la bolsa.
–Esta es de durazno. A Sasuke no le gustan mucho, pero como no tuve tiempo de hacérselas naturales. –y entregó un pote.
–¡Pues podemos cambiar ttebane! –opino Kushina.
Sasuke miró que su madre tenía su bolso y gateó hasta ella pidiendo ser alzado y comer. Naruto dejó su juego y siguió a su amigo gritando para que su papá lo cargara.
–¿O sea que si Sasuke no come tú tampoco? –preguntó el pelirrojo a su hijo quien sonrió zorrunamente– ¿Qué vas a hacer la semana que nos vamos a Amegakure? ¿No comerás? –siguió el de rinnegan. En lo que el rubito se abalanzaba sobre su bolso de ranas y hurgaba en busca de sus alimentos. El pelirrojo sonrió y comentó– Como ven, Naruto es muy autosuficiente o… un glotón.
Los adultos sonrieron y los niños los miraron uniéndose a ellos sin saber el motivo. Cuando se calmaron.
–¿Ya tienes todo listo? –cuestionó la pelinegra.
–Sí, estoy ansioso por salir.
–Te entiendo hace más de un año que no salgo a una misión interesante, ttebane.
–Kushina… –regañó Mikoto.
–No creo que ellos aprendan a hablar así, menos Sasuke que parece poner atención solo a sus juegos y a Naruto.
La hora de la comida concluyó. Nagato y Naruto se retiraron despidiéndose, pues saldrían esa noche.
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Minato miró a su esposo e hijo y volvió a decir:
–Puedo ir con ustedes hasta las cascadas.
–Minato, entre más nos acompañes, más difícil será para ti.
–Ya es demasiado difícil.
–Ambos somos shinobis y seguro que nuestro zorrito también lo será, habrá muchas misiones que nos separaran y…
–¡¿Por qué tenemos que separarnos?!
–Minato eres el Hokage no puedes salir cuando te plazca o hacer misiones como cualquier shinobi.
–Lo sé, pero de verdad estaré solo sin ustedes.
–Mikoto prometió que estarían pendientes de ti.
–Bien… –Minato cargó a Naruto y lo besó– Cuida a papá –luego se acercó a Nagato y lo besó en los labios apasionadamente– saluda a Konan, Yahiko y a Aoi.
Nagato se giró y dejó que Minato acomodara a Naruto en su espalda bien seguro y el pelirrojo comenzó a correr despidiéndose con la mano agitando hacia su esposo.
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Era una mañana tranquila siendo sábado no había mucho trabajo acumulado, sobre todo por que Minato había pasado parte de la noche adelantando pendientes. Su guardia giró y comentó.
–Tocan –El rubio no hizo caso de inmediato y Sora negó– Ya no sigas deprimido Hokage.
–Es fácil decirlo ya que tú tienes a tu novio aquí.
–Pues ni tanto, ya que mi clan aún está pensado que no es una buen elección y me han prohibido verlo.
–¡¿Y eso?!
–Una prueba para ver si lo que sentimos es real.
–Ustedes los Uchiha son algo estrictos.
–Un poco, pero es divertido triunfar en estos desafíos.
-¿Y él que dice?
–Por favor Hokage, él es un Hyūga piensa igual que yo.
–Pero en serio porque no creen que lo suyo funcione.
–Por el Sharingan y el Byakugan…
–…
–Si tenemos descendencia, el pequeño o pequeña podría heredar ambos Kekkei Genkai en cada uno de los ojos.*
–Oh, ¿eso es bueno no?
–Sí, pero sería algo difícil de manejar. De todos modos se preocupan demasiado… No creo casarme con Takashi.
–¡¿Y eso?!
Sora guardó silencio.
–Vamos, casi tenemos la misma edad y no me puedes confiar lo que piensas. –Minato invitó a hablar al pelinegro.
–Me dirás que soy un enfermo.
–¡¿Por qué?!
–Amo a alguien más.
–Eso no es enfermo solo mala suerte ¿no te corresponde?
–No lo sé, no me he acercado a él de esa manera.
–No entiendo ¿Por qué?
–Ya no preguntes Minato.
Los rayos del sol que se colaban por la ventana iluminaron el cabello claro de Sora, cuando este se giró para no ver al rubio al susurrar…
–Es el hijo de los amigos de mi madre y tu ex alumno…
–… ¡Oh! Tsubasa…
–Lo ves, seguro que crees que soy un degenerado que…
–Nagato me lleva varios años. –agregó el Yondaime y preguntó– ¿Desde cuándo?
–Lo ame desde que nació, pero el tipo de amor fue cambiando hasta convertirse en esto prohibido.
–Con razón has tardado en casarte, cuando tu prima Natsuki ya hasta va a ser madre… Él es un chico de quince años muy maduro, deberías decirle.
–No quiero obligarlo a escuchar o incluso por compromiso… aceptar.
–No creo que sea de los que se sacrifican por ser amable con los demás. En eso se parece a Orochimaru.
–Si. –Sonrió el Katō– Es tan autoritario, pero muy lindo.
–Oh por Kami, sí que lo amas.
Sora no agregó más y vio levantarse, y estirarse al Yondaime que comentó:
–Salgamos a hacer un recorrido.
El de ojos azules salió de la oficina seguido por Sora, su anbu personal. Recorrieron las calles y Minato era detenido por los aldeanos para saludarlo y preguntar por su hijo y esposo. Tiempo más tarde pasaron por la academia donde algunos chūnin ayudaban con las clases prácticas. Minato se acercó y llamó al maestro director.
-¿Cómo van?
–Mejorando.
Los chūnin se acercaron, pues los alumnos irían a tomar su refrigerio. Minato caminó con el director y fue seguido por Sora y los chūnin.
–Espero que su familia está bien de salud –dijo el sensei.
–Lo están, de hecho fueron a Amegakure.
–Oh.
–No pude acompañarlo, porque tengo un asunto importante que tratar o más bien una boda a la cual asistir.
-¿Una boda?
–Sí, mi anbu personal se casa dentro de tres días –dijo Minato y Sora frunció el ceño, pero como llevaba la máscara no se notó.
Uno de los chūnin se acercó al de mascara de ave y preguntó.
–¿Se casa Sora-san?
–… Yo…
–No me había dicho –El chūnin que no era otro que Tsubasa comentó– No es que yo fuese importante para que me contara, pero creí que…
Sora se tensó y comentó:
–¿Te importaría?
–¿Cómo?
–¿Te importaría si me caso?
–Yo…
Minato se giró e informó:
–Nos vamos.
Sora siguió al Hokage, pero al pasar junto a Tsubasa le dijo:
–Si tú me pides que no me case… no lo hare.
Kakashi y Obito se acercaron a su amigo.
–Sora-san es un miembro muy respetado en nuestro clan. –mencionó Obito.
Kakashi se cruzó de brazos y reclamó.
–Yo no soy Uchiha, pero soy muy…
–Kakashi yo te quiero a ti, pero estaba tratando de convencer a Tsubasa de aceptar a Sora-san.
–Obito si me lo dices no da resultado. –mencionó tranquilo Tsubasa– Además como dice mi padre si no lucho por lo que quiero no me sabrá la victoria.
–Jiraiya-san es mi héroe –dijo emocionado Kakashi.
–Solo te gustan sus pervertidos libros. –expresó Obito.
–¡Basta! –detuvo Tsubasa– Ahora debo ir a pedir permiso al barrio Uchiha con los ancianos para salir con Sora-san.
–¡No te burles! –se quejó el Uchiha. El hijo de los sannin se rió y Kakashi se sonrojó– Por lo menos me vengue. Itachi tuvo que copiar dos veces veinte pergaminos que llene de tinta.
–A ver si no se desquita, ese mocoso es de armas tomar –se quejó el Hatake.
–Lo más que puede hace es acusarlos con sus padres. –comentó divertido Tsubasa y vio como los dos chicos ponían cara de terror– En fin que yo iré a barrio contigo Obito.
–Bien ¿quieres que detraigamos a Tsunade-sama y a Dan-sama?
–No. Sora-san vive solo y esta noche iré a su casa.
–Sabes que tus padres querrán asesinarlo ¿verdad?
–Probablemente, pero ellos casi se mataron entre ellos antes de ser pareja, yo por lo menos me llevo bien con Sora-san.
Los tres jóvenes preparaban la visita de esa noche en lo que Minato y Sora llegaban al Ichiraku.
–Aprovecho que no está Nagato, porque dice que por mi culpa Naruto ya no quiere papillas y solo quiere comer ramen.
–Le dije que no le enseñara a comer esto.
Minato se encogió de hombros y en lo que les servían los tazones comentó.
–¿Y?
–Pues parece que…, no quiero crearme esperanzas, pero si me preguntó y pareció ponerse triste.
–Eso es bueno. Sabes creo que eres muy valiente.
–…
–Por que enfrentarte a dos sannin, pues no es fácil.
–Sabe, creo que mejor si me casare con Takeshi.
Minato se soltó a reír al ver el rostro compungido de su guardaespaldas.
–Hablare con Jiraiya, pero no prometo nada. –calmó el rubio.
–Lo que sea es bueno.
Al terminar la comida, el Hokage y su anbu personal se dirigieron a la torre.
000
Minato salió rumbo a su casa, pero antes hizo una parada en los baños termales y al llegar vio a…
–Jiraiya-sensei, si Orochimaru-san lo ve, lo matara.
–Si no se entera no pasara nada ¿y tú no le dirás o sí?
–No lo hare, pero es mejor que regresemos.
Jiraiya se encogió de hombros.
–La verdad es que me aburrí ya, esto dejó de tener interés para mí hace mucho tiempo.
–Por supuesto, lo hace más por costumbre que por otra cosa y como lo vi fumando no creo que estuviera espiando ¿o sí?
–No. ¿Y dime que es realmente lo que quieres?
–Me conoce bien.
–Así es.
–Sora…
–¿Qué pasa con él?
–No se casara con Takeshi.
–Ya, pues Tsunade estará desilusionada, ella ya desea tener nietos.
–Oh ¿Y ustedes también quiere tener nietos?
–Claro, pero mi hijo es aún muy joven.
–Si, por eso debería buscar a alguien que lo protegiera que fuera serio, centrado, buen shinobi o…
–Sería kunoichi. Tsubasa no parece sentirse inclinado hacia los chicos.
–Oh… ¿Pero si lo estuviera?
–A ver ¿A dónde quieres llegar con esta platica Minato?
–Yo creo que lo que escogiera Tsubasa lo aceptaría y no trataría de matarlo ¿o no?
–Si no supiera que prácticamente babeas por tu esposo me preocuparía por esta conversación y esas preguntas sobre mi hijo… Espera… ¡Por Enma-sama! ¡Sora!
–Cálmate Jiraiya-sensei…
–¡Kuchiyose no jutsu!
Gamaken con sus espadas apareció y el sannin ordenó:
–¡Hoy saldremos a cazar!
Minato se interpuso entre el sapo-Jiraiya y el camino.
–¡Cálmese Jiraiya-sensei, no ha pasado nada!
–¡¿Debo confiar en ti?!
–¿Cuándo le he mentido?
Gamaken miró al rubio y suspiró dirigiéndose a su invocador:
–¿Vamos o no?
Jiraiya vio los ojos azules del Yondaime y se bajó de un brinco del sapo dejando que este desapareciera.
–Explícate.
–Sora… siempre ha querido a Tsubasa… No mi mire de ese modo, lo amó como un primo, pero ese sentimiento fue cambiando, sin embargo nunca ha intentado nada con Tsubasa ni siquiera le ha dicho nada.
–…
–Ni se lo dirá.
–¿Por qué?
–Por los tres sannin.
–¿No es un shinobi y su valentía?
–No es el valor el que le falta. Él los respeta mucho y no quiere que la amistad de ustedes y su madre, se rompa por esto. Además no cree que Tsubasa lo acepte.
–Eso no lo sabemos, si mi hijo -que la verdad lo dudo- lo acepta, en ese caso, pues no tendríamos nada que objetar, aunque la diferencia de edad es demasiada y…
–Sora parece de veinte.
–Pero no los tiene, solo se parece a su madre con esa fuerza y juventud.
–¿Y qué opina?
–Ya te dije si mi hijo lo acepta... Aun así Tsubasa es muy joven, no permitiré ningún compromiso hasta que Tsubasa sea mayor.
Minato asintió y acompañó al sannin cerca de su casa, donde se separaron y el rubio entró a la suya donde las luces de la casa estaban prendidas. Escuchó voces y sonrió, reconoció las risas de Sasu-chan y las de Itachi.
Llegó a la sala y los dos Uchiha lo miraron.
–Buenas Noche Minato-san –saludó Itachi.
Sasuke estiró los brazos y al ver que el rubio iba solo, movió sus manitas vacías. Itachi se acercó al bebé y le explicó.
–No, Naruto no viene con Minato-san.
Sasuke hizo pucheros y estaba a punto de llorar cuando Itachi lo distrajo con un juguete. Minato siguió y se sentó en el sillón escuchando unos pasos tranquilos. Mikoto llegó al lugar y saludó.
–Espero que no sea molestia, Nagato me pidió que vigilara que no te saltaras las comidas.
–No es molestia, al contrario me gusta tenerlos aquí, así no me siento tan solo ¿Y Fugaku?
–Tiene mucho trabajo.
–¿Problemas?
–No solo documentos que hacer –sonrió la pelinegra –Si te parece, ya cenamos.
–Sí, está bien.
Sasuke no dejó que Itachi lo sentara en la silla para bebés y en cambio pidió que este lo alimentara.
–No eres el único que extraña a Naruto, Minato –comentó Mikoto.
–¿Cómo lo toma?
–Está muy berrinchudo y solo quiere tener la atención de todos. –informó Mikoto.
–Afortunadamente solo será una semana, porque Sasuke y yo no soportaremos más tiempo. –se rió el Yondaime.
Los Uchiha se despidieron más tarde y el rubio se retiró a descansar, esperando soñar con sus dos amores.
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Nagato prendió la fogata y acomodó a Naruto en varias mantas cerca del fuego en lo que él calentaba la cena. Preparó el biberón del rubito y él comió arenque seco y un poco de sake, al servírselo, guiño el ojo en dirección de su hijo.
–Solo es para calentar mi estómago.
Nagato cargó al rubio y se dividió entre cenar y ayudarle a Naruto a beber su biberón a aunque este era muy diestro para comer solo. Al terminar su cena, el pelirrojo abrazó a su hijo y se dispuso a subir a uno de los árboles para pernoctar de ese modo.
–Es más seguro de este modo.
Avanzó unos cuantos pasos cuando… escuchó el kunai y lo rechazó con uno suyo. Del primero le siguieron más y el de rinnegan uso los sellos para crear un escudo y dejó al rubito dentro de este. Luego se alejó y llamó.
–Les ofrezco dos opciones, pueden salir y enfrentarse a mí o pedir clemencia y esperar en su escondite a que los mate.
–Hablas mucho para ser uno solo.
El pelirrojo se preparó y los cinco hombres atacaron burlándose al notar a Naruto.
–¡Pero mira nada más un niñero!
–Si trae un niño, puede ser que lo esté escoltando.
–Matémoslo y quedémonos con el mocoso, seguro que vale algo.
Los hombres comentaban sin poner atención al pelirrojo que sonrió acomodándose el flequillo y dejando relucir el rinnegan. Creó dos clones –técnica aprendida recientemente– y a estos les dio su propio poder.
–¡Rey del infierno! –clamó uno de los clones.
La puerta salió de la tierra y abrió sus fauces tomando a uno de los atacantes, que gritó al ser tomado por el Rey. Los otros vieron a su amigo retorcerse, sin embargo no veían el motivo. Nagato interrogó al shinobi:
–¿De dónde son?
–Suna.
–¿Los enviaron por mí o solo fue casualidad?
Los otros shinobis saltaron tratando de detener a su compañero que los estaba exponiendo. Más un enorme tigre de tres cabezas apareció montado por el otro clon de Nagato. Los shinobis no pudieron hacer nada con el que tenían interrogando, pues debían lidiar con el tigre. El pelirrojo siguió su cuestionario:
–Solo pasábamos por aquí y es que no hay muchas misiones y el kazekage no nos impide buscar nuestro sustento.
Nagato negó, podía acabar con ellos, sin embargo parte de él consideró que si estuviese en su situación –giró a ver a su bebé que jugaba con su muñeco– también estaría buscando como mantenerlo. Dejó que la fuerza vital del interrogado regresará a este y luego se giró a ver a los otros que aunque cansados seguían luchando. Contó y frunció el ceño al ver que eran tres, faltaba uno. No volteó de inmediato, pero supo dónde estaría este…
Naruto miró a extrañó y al notar que este llevaba una bandana –como muchos que conocía– sonrió y le mostró a su shinobi de juguete balbuceando invitándolo a jugar. Nagato avanzó lentamente y susurró…
–Kurama…
El zorro llamó al bebé rubio y este apareció en el lugar del Kyūbi dentro de su mente. El zorro hizo varias esferas de fuego que giraban entreteniendo a Naruto y permitiéndole a él salir. Nagato vio como dos colas aparecían y el bebé se trasformó en un pequeño cachorro de zorro que movió una de sus patas y lanzando al hombre que gritaba de dolor por las quemaduras que esta acción le provocó. El pelirrojo se giró a ver los shinobis restantes y les advirtió:
–Váyanse y espero no volver a verlos de nuevo.
Uno –a pesar del miedo– se atrevió a mencionar.
–Él es… ese niño es…
–Mi hijo... y yo somos de Konoha.
Fue lo único que respondió Nagato y los asaltantes desaparecieron llevando a los heridos con ellos. Al verlos partir Nagato se acercó a su hijo:
–Gracias Kurama.
–No hay de que solo fue una pequeñez.
El de rinnegan sonrió y vio como el aura rojiza desapareció de su pequeño dejándolo normal y bostezando.
–Vamos a dormir mi amor.
Nagato lo cargó y subió caminando en un árbol. Al llegar a las ramas improvisó un lecho y se dispuso a descansar con su hijo bien seguro entre sus brazos.
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Tsubasa se acomodó la ropa y salió a la sala donde su padre preparaba algunos pergaminos.
–¿Saldrás?
–Sí, me iré una semana.
-¿Tu investigación?
–Si.
–¿Papá irá contigo?
–Sabes que no, a pesar de lo mucho que le ruego, nunca me acompaña. ¿Por qué?
–Bueno… voy a salir.
–Es muy tarde.
–Padre… ya soy un chūnin…
–Y yo un sannin y no veo por qué quieres salir tan tarde, si no es por una misión o…
–Ya, ya entendí.
–¿Algo que quieras contarme?
–No… creo que no…
–Tsubasa puedes decírmelo a mí o a tu padre, quien no habló en la tarde con Minato.
–¿Hablaste con Minato-sensei? –preguntó desconcertado el pelinegro.
–Minato me habló muy bien de su anbu personal, aunque no le vi mucha diferencia, pues lo conozco desde que nació… ¿Y bien?
–Sora-san es… me vio crecer, siempre me ha cuidado…
–Por supuesto, pero eso puede ser una relación de hermandad, como ni Sora ni tú tienen hermanos, pues…
–Padre ¿crees que soy inteligente?
–Claro, heredaste la inteligencia de tu papá y mi talento. –dijo orgulloso Jiraiya.
–Por eso sé que si Sora-san se casa… yo no estaré feliz.
–Eres muy joven.
–Y no planeo crecer apresuradamente, sin embargo quiero que él sepa que debe de esperarme.
–¿Debe?
–Sí, no permitiré que esté con nadie más.
–Me retracto, eres idéntico a tu papá –Jiraiya se acercó y abrazó a su hijo– Pero sigues siendo mi bebé… Hablare con Orochimaru.
Tsubasa se dejó mimar y sonrió susurrando.
–Debo ir a verlo.
–Yo iré contigo.
–¡Padre…! ¡No! ¡No me avergüences!
Jiraiya se alejó de su hijo y se cruzó de brazos, cediendo.
–Entonces irá Kōsuke contigo.
–Bien –aceptó Tsubasa.
El pelinegro estaba en la puerta cuando esta se abrió y entró Orochimaru:
–Llegó temprano. Me aseo y bajo para que cenemos.
–Voy a salir papá.
–Oh… ¿A dónde…?
Jiraiya se acercó a su esposo y lo abrazó susurrando en su oído
–Déjalo, que así tendremos tiempo para nosotros.
Orochimaru miró feo al de cabello blanco, pero no se negó y vio cómo su hijo salía, seguido de Kōsuke.
–¿Por qué va Kōsuke con él? No me dijo que tuviera misión.
–Es una misión, pero no de trabajo. Va en busca de su enamorado…
–¡¿Qué?!
–Mira Maru…
Jiraiya llevó a su pareja hasta la sala y se sentó con él explicándole lo sucedido y al terminar esperaba que este no reaccionara como él… tratando de matar a Sora.
–Nunca lo imagine. Sora nunca dio muestras de nada.
–Bueno es cierto que nadie es lo que yo quiero para mi hijo, pero Sora es diferente…
–Te entiendo, creo que es como si ellos hubiesen nacido uno para el otro.
–Aunque tú y yo nos tardamos en tener a Tsubasa.
–Sora nos respeta mucho.
–Exacto, no hará nada que nos defraude.
–Por supuesto. Tampoco Tsubasa.
–Haremos que nos lo prometan.
Orochimaru sonrió y tomó la mano de Jiraiya que tenía acariciándole la pierna.
–Tú y yo no hicimos nada, hasta tener dieciocho.
–Pero después de eso no pude tener mis manos lejos de ti. –respondió pícaro el sannin de los sapos y abrazó a su esposo besándolo y colando su mano entre las ropas de este. Orochimaru lo separó y dijo:
–Vengo de trabajar necesito un baño…
–Perfecto, vayamos.
Jiraiya alzó en brazos a Orochimaru a pesar de las protestas de este y los dos subieron a su recamara y se introdujeron al cuarto de baño.
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Tsubasa llegó al barrio Uchiha. En la entrada, Obito le hizo señas. El de cabello largo llegó hasta su amigo que –para variar estaba acompañado– y saludó para preguntar después.
–¿Qué averiguaron?
–Sora-san está acompañando a su mamá de regreso del hospital.
–No tardan en pasar por aquí. –terminó Kakashi.
–Bien, pues esperare y ustedes llevaran a Tsunade-sama a su casa.
Los chicos aceptaron ayudar a su amigo y poco después vieron a los dos pelinegros avanzar por la calle en su dirección. Los tres chūnin se adelantaron e interceptaron a los dos mayores. Tsunade al ver a los chicos, saludó y preguntó:
–¿Algún problema con tus padres Tsubasa?
–No madrina, solo quería preguntarle algo a Sora-san –informó el chico y sonrió encantadoramente.
–Oh...
Obito y Kakashi se acercaron a la de coletas y empezaron a conversar con ella y dejaron rezagados a los otros dos. Tsubasa se acercó al mayor:
–¿Te casaras de verdad?
–Ya estoy en edad.
–La respuesta sería, que estás enamorado.
–Oh… a veces no es necesario.
–Por supuesto que lo es. Muéstrame un matrimonio que sea de conveniencia.
–… No... Yo…
–Lo ves. No soy yo el que debería de seguir con esto, eres tú el adulto responsable.
–Yo… ¿lo intuyes no?
–Claro, pero creo que merezco que me lo digan.
–Por supuesto yo… ¡Por Kami, te amo!
Tsubasa sonrió –a pesar de que esa sonrisa era parecida a la de Orochimaru cuando hacia alguna travesura–, Sora casi babeó por él.
–Tenemos que hablar de cómo lidiaremos con nuestros respectivos padres.
–¿Los tuyos me mataran?
–No… creo que no… Pero te impondrán un montón de reglas.
–Por mí está bien, si me permiten seguir a tu lado.
–Ah también tendrás que soportar que Anko te quiera asesinar.
–¿Ella es tu novia?
–No, nunca lo fue.
Al estar cerca de la casa del Katō este jaló al chico más joven y lo besó castamente, porque había notado la presencia del guardián de Tsubasa… Kōsuke lo vigilaba.
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El camino fue rápido ya que no hacían muchas paradas a excepción para que el rubito comiera, pues como buen hijo de shinobis dormía, aunque su padre fuese a gran velocidad. Para el atardecer del segundo día arribaron a Amegakure y Nagato inhaló fuerte, reconociendo el olor a tierra húmeda por la lluvia. Al pasar por las puertas el pelirrojo giró de frente al rubito y comenzó a relatarle:
–Mira esta es la calle principal y ese es mi puesto de comida favorito, ¡tiene la mejor carne de la aldea! Y si damos la vuelta en la que sigue, hay un camino que te lleva a los baños termales. Ya iremos a visitarlos, primero hay que presentarnos con mis amigos.
Nagato y Naruto avanzaron hasta donde la oficina del Kage de Amegakure se encontraba. El pelirrojo no había avisado de su visita para que fuese una sorpresa, por eso al entrar y pedir una cita, todos sus conocidos lo saludaron felices y lo acompañaron al interior de la oficina de Yahiko.
El de cabello naranja al verlos, gritó saludándolos y abrazó a su amigo incluyendo al rubito que se molestó un poco por ser aplastado entre los adultos.
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Karura acomodó al bebé en su cuna y este sonrió moviendo sus manitas. El kazekage –su esposo– la llamó y ella fue hasta este.
–¿Cómo está?
–Bien.
–Algunos shinobis acaban de llegar y me han traído algunas noticias.
–¿Si?
–Al parecer el jinchūriki de Konoha salió y lo han visto.
–¿Y eso es importante por qué…?
–Es un bebé como el nuestro.
–¡¿Qué?! Eso no lo sabía. No era una chica, ahora debe de tener nuestra edad.
–Tal vez murió y la remplazaron. Pero lo que me interesó es que nuestros informantes aseguran que el niño manejó el chakra del zorro.
–… ¡No puedo creerlo!
–Pero sucedió y si nos apropiamos de ese niño o lo vencemos, podríamos ser la aldea más fuerte.
–Pero es un bebé…
–Karura necesitamos ser fuertes, casi no tenemos misiones y Suna necesita como mantenerse. Es por nuestros hijos y los de la aldea completa.
Karura miró en dirección de la cuna, donde Gaara bostezaba y se tallaba los ojitos y ella… asintió.
–Hagámoslo.
–Esperaremos a que vaya de camino a su aldea de regreso.
…
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Moon-9215, kaoryciel94, narusempai, Alba marina, emelian65, Gelygirl, Zussi, Zanzamaru y jennitanime.
*Masashi Kishimoto dijo que eso sucedería si uno Uchiha y un Hyūga se unían.
