Hi! Bueno como dije que actualizaría pronto aquí tengo el capitulo, espero que les guste tanto como a mi escribiendolo. Muchas gracias a todos por dejarme los reviews, son un gran apoyo (creo que esta frase esta muy dicha, en fin). Estoy intentando hacer que todos los gustos de las personas queden bien, que haya harmonía y espero que no les decepcione el capi.

ciaoo!!

12- Desasosiego:

Llevaba el pelo suelto cayendo por sus hombros en cascada, sus ojos puestos sobre los míos con expresión sorprendida. Pude notar un extraño brillo en sus ojos y esperé que fuera ilusión. Me acerqué a ella sin decir ni una palabra. Esta simplemente se quedó quieta en el lugar donde estaba, con los brazos a cada costado de su cuerpo y con las manos crispadas. Podía jurar que se estaba conteniendo de hacer algo que yo deseaba con toda mi alma.

Envuelto en una nube propia y solo viéndola a ella me acerqué, escuché algunas de sus palabras, pero no las oí. Conteste lo primero que se me vino a los labios, pero sabía que esas palabras no venían desde el fondo de mi corazón. Había escapado de la clínica dónde mi mejor amigo se estaba recien recuperando, mi mejor amiga llorando por cada pregunta que hacía, intentando controla la agonía de ver a su marido casi muerto. Yo escapé, sus ojos claros me perdonaron. Ella sabía que lo que estaba haciendo era por el bien común. Si Sakura no regresara, Naruto no se recuperaría del todo. Los cuatro teníamos que volver a estar juntos y a empezar de cero, o una parte de ello.

Al ver que me acercaba cada vez más levanto los brazos y los intrempuso entre nosotros. Cuando sus manos tocaron mi franela sudada, sentí la yema de sus dedos sobre mi piel, tuve que contenerme para no romperle el hermoso camison de seda que escondía su cuerpo, ese cuerpo que durante noches me estuvo desvelando, que durante siglos no lo aprecie.

No pude aguantarme más, capturé sus muñecas con mis manos, con pasos fuertes la llevé hasta la pared, subí sus brazos y cuando supe que estaba totalmente a mi mercé la bese. Sus labios estaban duros sobre los míos, podía notar cada olor, cada roce hasta cada sentimiento solo tocando sus hermosos y rozados labios. La amaba, la deseaba con locura y no sabía lo muy fuerte que era ese impulso. Aunque este me obligo a cometer locuras. La primera irme a Lóndres y la segunda, estar ahí, en la casa de su futuro marido. Que aún sin conocerlo ya lo detestaba.

Ella estaba apunto de ceder a mis labios cuando una potente y sexy voz entró en eco por toda la habitación. Unos pasos se detuvieron acompañados de una sombra debajo de la gran puerta, seguido por unos pequeños golpes en la puerta. Tragué saliva al escuchar un poco el pomo de la puerta abrirse. Me separé de sus labios simplemente para retomar el aire y luego precionar una vez más mis labios sobre los suyos, recorrer cada rincón de su boca con mi lengua, saborear su saliva entre mis dientes y dejar impregnada su boca de la mía. Quería que esa pequeña sensación se mantuviera hasta que yo regresara, y lo pensaba hacer la noche siguiente. Como un criminal que va a ver a su amada. Romeo y Julieta.

Su cabello se esfumó por la ventana, dejándome totalmente aplastada a la pared, con la respiración agitada y todo su sabor en mi boca. Kakashi en la otra parte de la puerta volvió a nombrarme un poco más preocupado. Me despegué de la pared, cerré las ventanas y me miré en el espejo del tocador. Tenía las mejillas sonrosadas y los ojos ligeramente llorosos. Me di un pequeño golpe en la mejilla y caminé con pasos rápidos a la puerta. Nuevamente su voz resonó, así que caminando a la puerta fingí tropezarme con la mesa y caer. El estruendo que provocó terminó de romper la modestia de mi prometido e irrumpió en la habitación con dureza. Sus ojos se posaron en mi al verme tendida en el suelo, tenía sujetada mi supuesta lastimada pierna, las lágrimas que habían amenzado en salir cuando Sasuke estaba salieron, haciendo que la escena fuera un poco más real.

Sin tardar más de una criada me ventaba con un trozo de pañuelo, más dos que arreglaban mi cabello en una trenza. Mi prometido mirándome triste.

- ¿Qué ocurrió?- preguntó clavándome sus ojos, se sabía muy bien lo que había ocurrido, pero el notó algo más en mi mirada que le perturbaba. Sasuke, era el perturbador de mis ojos.- Algo perturbó a mi bella dama...

- Kakashi, tranquilo estoy bien... - sonreí y contuve el aliento ante un estirón de pelo de una de las muchachas.

- Bueno, si quieres podemos cancelar lo de mañana... mis primos...- le corté con un esporádico beso.

El se quedó impresionado, ya que yo no solía dar los besos o comenzar algo. Sus mejillas se tiñeron de rojo y bajó la cabeza apenada. Mandó a salir a todas las criadas y nos quedamos solos en la habitación. Se acercó a mi cama y clavó sus labios en los míos. Nos unimos en un caluroso y dulce beso, hasta que el se marchó para concederme intimidad.

Cuando la puerta se cerró y intenté sentir la sensación del beso de Kakashi, me di cuenta que aún el sabor de Sasuke estaba impregnado en cada espació de mi boca, e incluso muy clavado en el corazón. Entonces por primera vez en días me plantié por primera vez romper el compromiso.

El sol brillaba con resplandor, la isla estaba de festejo y nosotros no eramos agenos a eso. Una de las criadas me acompañó por tiendas para buscar todo lo necesario para la boda, cada uno de los elementos e incluso cada pequeño detalle. Regresamos a casa con más bolsas de las que podíamos cargar, con los pies adoloridos y con un calor intenso en el cuerpo.

La habitación me ofrecía un aire veraniego y cómodo, en la cama estaba el más hermoso camisón de saten rojo, una bata de ceda china de color ocre y una bañera llena de espuma y especies relajantes. Cada día faltaba menos para la boda y por eso todo el mundo intentaba tranquilizarme, ya que desde la llegada a la isla no me mostraba encantada. Todos pensaban que mi mente estaba en mi querido amigo casi muerto, pero estaba en otra persona, en un inquilino que se dedicaba a asaltarme la habitación por la noche, cuando todos dormían...

- Llegas tarde... - le regañé cuando entró por el balcón, llevaba una de las franelas de tela de ibiza abierta, el sudor corriendole por el pecho que había adquirido un color marrón. Sus ojos negros impresionados ante mi vestimenta. Me había vestido para la ocasión... aunque no sabía el por qué.

- Mil disculpas mi señora- pidió con voz cadente- resulta que sus soldados son buenos en la vigilancia y he tenido que dar un rodeo hasta poder llegar a sus aposentos...

No dejé que terminara de hablar ya que automáticamente precioné mis labios sobre los suyos y me fundí en un eterno abrazo. Sin dar piedad cerré las ventanas, cortinas y puse todo en una terrible oscuridad, exepto por la pequeña lámpara que iluminaba nuestro lecho.

Me besó y pasó sus manos por mi pelo, cuello, hombros, brazos, caderas y muslos. Se separó de mi y sin observar nisiquiera mi atuendo lo desgarró y hundió su rostro en mis senos. Los beso, mordió, saboreo y degustó tanto hasta dejarmelos adoloridos, luego bajo por mi obligo hasta llegar al monte de venus. Las bragas duraron tan poco como el camisón. En pocos minutos ya ambos estábamos conectados por una linea inrompieble. Su virilidad estaba muy adentro de mi, tanto que sentía cada pequeño movimiento como si lo hiciera yo. No tardó mucho en desplomarse sobre mi y quedar rendido. El sexo siempre había sido corto, pero muy placentero. No sabía si haciamos el amor o simplemente sexo... y tampoco sabía porqué lo hacía... inconsientemente cada noche lo esperaba, con mi mejor lencería para el. Y mi pobre prometido siendo totalmente desconocido a la pequeña infidelidad que tenía con mi ex novio.

- Tu juego no irá siempre bien...- me avisó Mateo. El botones que me esperaba cada noche despierto para abrirme la habitación privada. - El señor Hatake se dará cuenta tarde o temprano...- intentó recordarme.

Gruñí mientras escribía unas cuantas cartas a Japón. Sabía que no estaba bien lo que hacía, no le decía nada a Sakura y todo a Hinata. Temía que mi plan se descubríera antes de tiempo, todo debía esperar su tiempo, hasta el día de la boda. Debía esperar... además así evitaría que mi amada... Si, no había ninguna duda... la amaba.

- ¿Acaso es un pecado amar?- le pregunté a mi amigo apartando la vista de la pantalla y clavándole a los suyos. Este suspiró, se llevó el cigarrillo a la boca y miró de nuevo a la ventana.

Llevaba más de dos semanas en la isla, visitando a Sakura, conociendo cada rincón del palacio, haciendome amigo de todas las criadas y conquistándolas con bombones. Debía ser ruín, cruel y ante todo silencioso. Me había inventado varios nombres, para cada criada e incluso Mateo me proporcionaba ropa de camuflaje. Pelucas, bigotes postisos, gafas... de todo un poco, así cada una de las mujeres me vería como un hombre diferente. Con un poco de licor en sangre las pobres me contaban todo, hasta el más ruín secreto de la gran mansión e incluso del dueño. En esos momentos, tenía hasta el poder de hacer que el dueño y señor de la mansión callera en la miseria. Pero mi punto no era eso, simplemente iba a recuperar lo que era mío.

Sufrí una eternidad al saber que mi amado Romeo no iba aparecer esa noche. Entre las miles de noches de pasión que habíamos tenido el me había recitado versos de cada escritor famoso, todas con palabras tristes pero que cargaban tanto amor como cada nota de su voz. Sabía que algo dentro de el había cambiado, deseaba que me volviera a repetir que me amaba, porque si era así cancelaría el compromiso... lo haría sin ningún problema y en parte lo estaba esperando. Aún desconocía la razón de su marcha, pero esta fué para que el se diera cuenta de que me amaba... si el me lo decía podría romper el compromiso... hasta pensaba que Kakashi sabía algo...

El dueño de la finca estaba apoyado en la pared de la entrada, de MI entrada. Al verme llegar su rostro se abrió en una amplia sonrisa.

- Romeo

- Páris.


¿esta más largo no?¿Y bien... lo sigo?