Capítulo 11

La primera prueba

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Sentía la sangre resbalar lentamente por su piel, mientras que sus ojos jades trataban de mantenerse abiertos y alertas, pero su cuerpo estaba entumecido y el aroma de su propia sangre la mareaba en demasía.

Una sonrisa socarrona abarco sus labios, ¡ah!, aquella situación le era terriblemente familiar. Estaba en la misma situación, con la sangre brotando por las heridas abiertas, la conciencia yéndose a un lugar placenteramente silencioso y el sentimiento de impotencia que la embriagaba y la hacía quedarse como una inútil estatua, a sabiendas de que sus amigos sufrían a manos de Ryotaro. ¿Cuánto más?, muchas veces se lo había preguntado antes y aun ahora, no sabía que contestar.

¡Qué idiota era!, todo, absolutamente todo era su culpa, ¡si tan solo no se hubiera quedado dormida mientras esperaba esa mañana en el bosque!

Sakura forzó su vista, necesitaba saber que Gokudera, Tsuna y Takeshi estuvieran bien, pero todo eran manchas borrosas que se arremolinaban frente a sus ojos, la calidez de su sangre contrastando con la inesperada helada lluvia que caía, pronta a convertirse en nieve, la hizo querer reírse. ¿Quién se estaba burlando de ella allá arriba?

Es más, ¿Por qué ellos tenían que pasar por eso?, todo era su culpa, ella debía arreglarlo.

-…Hayato. –susurro con la garganta adolorida, tratando de buscarlo con la mirada, pero el resultado fue el mismo que el anterior y el anterior a ese…nada.

Se estaba desesperando, necesitaba encontrarlos, saber que estaban vivos.

-Tsuna…T-Takeshi…-era inútil, completamente inútil. Su voz era apenas audible para sí misma, ¿Por qué demonios le dolía así la garganta?, es más, ¿Qué había ocurrido exactamente para terminar así?, lo único que sabía era que eso era su culpa por estar durmiendo, pero ¿Y entonces…?

"Cinco en punto de la mañana, Gokudera dormitaba sobre el hombro de Sakura Kinomoto, Yamamoto Takeshi trataba inútilmente de mantener los sentidos alerta y Tsuna…pues Tsuna solo dormía en el regazo de la castaña quien también dormía sobre el hombro de un nervioso Yukito, quien miraba a los muchachos al punto del colapso.

-Déjalos. –suspiro Shamal sin mirarle, sus ojos se paseaban a lo largo y ancho del bosque tenuemente iluminado por la luna, si, aun ni siquiera salía el sol.

Yukito trato de tranquilizarse, y es que saber que pronto la pequeña niña a la que tanto había cuidado Touya y el mismo, se metería en una batalla sabrá Dios que tan complicada y salvaje, no lo relajaba. Aunque estaba muy consciente de todo lo que la chica había pasado, eso no quitaba el sentimiento de sobreprotección. Ah, comenzaba a parecerse a Touya.

Un sonido entre los arbustos detrás de ellos hizo que Yukito se sobresaltara, logrando así, asustar a Sakura y de paso a los dos que dormían sobre ella. Gokudera se restregó la cara con el dorso de la mano y Tsuna se sentó tratando de ubicarse.

-¿Qué pasa, Yukito? –cuestiono Sakura sentándose derecha en la raíz del árbol en la que se encontraba, sin notar que detrás de ella, algo similar a una serpiente se acercaba arrastrándose silenciosamente. –Acaso… ¡ah! –chillo en cuanto sintió que algo se enrollaba en su brazo, tirando de él con una fuerza descomunal.

Tarde reaccionaron Tsuna y Gokudera, quienes se levantaron de un salto al ver como la chica desaparecía de su vista.

-¡¿Qué paso?! –cuestiono Yamamoto alterado al escuchar el grito que profirió Sakura al ser arrastrada y enrollada por la serpiente.

Por su parte, Sakura trataba inútilmente de soltarse por todos los medios, todo ese movimiento le estaba causando vértigo y las nauseas revoloteaban como mariposas furiosas.

-¡Por un demonio, suéltame! –grito la chica desesperada, sin lograr su cometido de soltarse. Hacía varios minutos ya, que la serpiente la había enrollado por completo, para evitar un mayor daño al llevarla a rastras.

Y luego de otro largo rato, había dejado de moverse tanto. Repentinamente comenzó a sentirse somnolienta y exageradamente cansada. ¿Qué estaba pasando?, tarde noto que el animal mutante la había mordido con sus filosos colmillos, impregnados de sedante.

-Maldita sea…-fue el último murmullo que escapo de sus labios antes de caer rendida a la oscuridad abrazadora.

Por otro lado, Tsuna miraba horrorizado como se habían llevado a Sakura y a la mujer encapuchada que acababa de aparecer frente a ellos hacia unos minutos.

-¿Quién eres tú? –pregunto Takeshi, posando su mano en el mango de la espada que llevaba, mirando a esa nueva persona con una seriedad asesina.

La mujer bajo de un salto de la rama en la que estaba parada y cayo con delicadeza en el suelo, sin desviar su vista de los chicos que tenía enfrente.

-Mi nombre es Tsukumo y vengo de parte del consejo, pero antes de comenzar con la prueba creo que hay algo que deben saber…-les dijo, al tiempo que se quitaba la capucha de la capa y dejaba ver su hermoso rostro enmarcado por un cabello rubio platino y sus ojos gris azulado les miraba con seriedad.

Tsuna dio un paso al frente y con voz firme hablo.

-¿Qué es lo que debemos saber, Tsukumo-san? –pregunto con un tono cortes y el ceño fruncido. Lo que sea que le fuera a decir, no le daba buena espina y el rostro preocupado de Tsukumo le confirmaba lo que sospechaba.

La rubia dio un paso al frente y estudio las expresiones de los adolescentes.

-Tienen que encontrar rápidamente a Sakura-sama, Ryotaro no es del tipo que sigue las órdenes y muy probablemente está haciendo lo que mejor le viene en gana. –expreso con la mirada fija en Tsunayoshi. –Estoy segura, se ha llevado a Sakura-sama antes de que siquiera empezara la prueba…

Hayato frunció el ceño.

-La prueba comienza ahora, pero el ya ha iniciado, deben apresurarse. –les apuro Tsukumo, con las manos apretadas.

Se sentía impotente, ella quería ayudarlos, pero no podía interferir, debía ser imparcial en todo ese asunto que conllevaban las pruebas.

Tsuna le sonrío.

-No te preocupes, la encontraremos. –la tranquilizo, esas palabras la calmaron y ella asintió con cierto alivio.

-Vayan, tienen hasta el mediodía para finalizar la prueba de Ryotaro. –dijo, mientras los tres asentían y corrían en dirección al bosque.

Con desespero, los tres chicos comenzaron con la búsqueda de la joven, de quien para empezar ni siquiera había rastro visible.

Las horas comenzaron a fluir, para algunos rápido, los que para empezar ni siquiera estaban conscientes de la situación actual del mundo y lento para aquellos que esperaban tortuosamente encontrar con bien a Sakura Kinomoto.

Y pasadas cuatro horas y media, encontraron el cuerpo de la castaña junto a una enorme roca, cubierta de sangre, su propia sangre, y heridas profundas que probablemente habían causado su estado de inconsciencia.

Hayato quiso desmayarse al ser espectador de la escena de la chica, quien fue rápidamente alzada por Takeshi en brazos y revisada superficialmente por Tsuna. Necesitaban un medico con urgencia, si no era atendida pronto, muy seguramente moriría.

-Hay una forma de que salgan vivos sin tener que enfrentarme. –una voz terrorífica hizo a Tsuna saltar y casi soltar un chillido, Hayato respingo y Takeshi apego a Sakura contra su cuerpo protectoramente. El primero en girarse para ver a Ryotaro, fue Tsuna.

La visión que encontró no fue muy tranquilizadora, y es que el hombre era musculoso y muy alto, en una sola palabra, el hombre era imponente. Tsuna frunció el ceño al ver las ropas del hombre manchadas con gotitas de sangre, sangre que sabía mejor que nadie, pertenecía a Sakura.

El castaño lo observo más detenidamente, las palabras de Ryotaro le intrigaban, pero sabía que nada bueno saldría de aceptarlas. Pasara lo que pasara, nadie saldría ganando con el trato que el hombre les proponía.

-Es mejor que hables…-amenazo Hayato con sus dinamitas en mano y una mirada fiera, que destilaba el odio que le estaba empezando a surgir.

Ryotaro amplio una sonrisa en su hermoso rostro, el hombre no aparentaba más de veinticinco años, con un cabello largo de tonalidad rojo intenso y ojos carmines que les miraban con burla y malicia.

-A decir verdad, le propuse el mismo trato a esa mocosa. –Ryotaro señalo a la Kinomoto y sonrío de forma burlesca. –Pero se negó de inmediato y comenzó a pelear conmigo aun estando bajo los sedantes que mi serpiente le suministro. En verdad que es idiota…-dijo con un tono de lamento mal fingido.

Tsuna apretó las manos en puños y trato de tranquilizarse, nada bueno saldría de actuar impulsivamente.

-¿Qué es lo que quieres? –pregunto Takeshi, sin dejar de apretar a la chica contra sí y sintiendo la calidez de la sangre contraria en sus ropas.

Ryotaro fijo sus ojos carmines en la chica y luego en Takeshi.

-Es simple, mata a Tsunayoshi. –Ryotaro señalo al castaño. –O pueden deshacerse de Sakura, cualquiera me viene bien. –volvió a sonreír.

-¡De ninguna manera le haríamos daño a Sakura o a Tsuna! –replico Hayato de inmediato. –Eres un maldito…-siseo.

-Desde luego que nos negamos a cerrar ningún trato. –Takeshi hablaba de forma peligrosa y seria. –Es mejor que entiendas que no haremos daño a Sakura ni a Tsuna.

-La chiquilla esa me dijo lo mismo, solo le pedía que se deshiciera de ustedes y podría irse sin ningún rasguño, pero de solo mencionarlo se lanzo a atacarme y me dijo algo que sonó como, "estás loco si crees que lo hare"-suspiro resignado. –Fue realmente idiota, aun estaba sedada y no me tarde mucho en dejarla inconsciente de nuevo…-antes de que pudiera terminar la frase, ya estaba siendo atacado con una filosa espada, que brillaba peligrosamente cerca de su cuello.

Sakura había sido dejada en el suelo con cuidado y Takeshi lo amenazaba con su larga y filosa espada, con una mirada que prometía dolor. Ryotaro sonrío cuando se dio cuenta de que aquellos realmente no estaban dispuestos a traicionarse, eran realmente unidos, Nadeshiko había tenido razón al final.

Estuvo dispuesto a decir algo, pero fue rápidamente acallado por el rápido golpe que Takeshi le proporciono en la boca del estomago, dejándolo sin aire. Oh, era realmente fuerte, la chica esa también lo era, aun estando sedada, le había dado una intensa pelea.

-Es mejor que te prepares, no te perdonare lo que le has hecho a Sakura. –siseo Hayato, igual de furioso que sus dos amigos. Tsuna también estaba muy molesto, pero estaba mucho más preocupado por el estado de su amiga, quien continuaba perdiendo sangre conforme los segundos transcurrían.

Ryotaro se vio rápidamente acorralado por las explosiones que Gokudera Hayato provocaba con sus dinamitas y por el fuego que su magia creaba, para segundos después ser apoyado por las rápidas maniobras con la espada de Yamamoto Takeshi, quien le miraba con ganas de arrancarle la cabeza a mordidas de ser necesario.

Tal vez la idea de herir a su queridísima princesa no había sido la mejor de todas, incluso comenzaba a arrepentirse, sentía que se le había pasado un poco la mano con la castaña, sí, el era Ryotaro el sanguinario y hacia trizas al que se le antojara, pero jamás pensó que dañaría tanto a la Kinomoto.

Y eso que no era su intención hacerlo. Es decir, ella era su sobrina, después de todo.

-Ngh. –gimió la chica con un intenso dolor asomándose en su rostro, mientras sus verdes ojos se abrían tratando de ubicarse. La lluvia había comenzado a caer en esos momentos, tan fría, tan próxima a convertirse en la típica nieve invernal.

Decir que el cuerpo le dolía a horrores era quedarse corta, ni siquiera recordaba que su pelea contra Ayato la hubiera dejado en un estado similar. Aunque bueno, la culpa de haber quedado así en aquella batalla había sido por el palacio de truenos, pero ahora, había sido por descuidada.

Cuando Ryotaro le propuso el trato, había saltado de inmediato con la intención de atacarlo, ¡¿Y es que como se le ocurría pedirle semejante cosa?!

Jamás le haría daño a Tsuna, Takeshi o Hayato, ¡A nadie!, con tal de salvarse a sí misma. ¡Eso era algo inaceptable! Y con tal pensamiento, se había arrojado a atacar a Ryotaro, aquel hombre que tenía un extraño parecido a su madre. Pero el maldito sedante la había debilitado a tal grado, de que apenas y podía utilizar la magia, había tenido que luchar cuerpo a cuerpo, con sus miembros entumecidos por el sedante y después por las heridas y golpes.

Era realmente una completa inútil. Esa situación le era demasiado familiar. Necesitaba saber que sus amigos estaban bien, ¡ellos eran su familia!

Con eso en mente, Sakura trato de moverse, preguntándose quién era el que se burlaba allá arriba de ella.

Incluso trataba de llamarlos, de enfocar la vista para verlos, pero todo eran manchas borrosas, no sabía nada y la oscuridad la estaba reclamando nuevamente.

Una oscuridad arrulladora que la tentaba a recibirla. Sentía que su cuerpo le exigía ese descanso y su mente le gritaba que la aceptara.

Sakura abrió sus ojos jades y con la voz temblorosa a causa del dolor de su garganta, producido por haber gritado al ser atacada con las armas de Ryotaro, trato de hablar.

-…Tsuna…-llamo, antes de caer en la oscuridad nuevamente."

Sawada Tsunayoshi se sorprendió al escuchar la adolorida y temblorosa voz de Sakura, girándose hacia a ella a tiempo para ver cómo caía de nuevo en la inconsciencia luego de haberlo llamado.

-¡Sakura! –exclamo apresurado, llegando a su lado, para tomarla de los hombros y elevarla un poco del suelo. Un suspiro abandono sus labios, por lo menos aun respiraba, pero la palidez extrema de su piel lo alertaron a sobremanera y ni que decir de la sangre. -¡Takeshi, hay que llevar a Sakura con Shamal y Yukito de inmediato! –exclamo, importándole poco el hecho de que estuvieran con las intenciones de matar a Ryotaro. Pero ni Hayato ni Takeshi le hicieron caso -¡Sakura está muriendo! –grito, para llamar la atención de los presentes, aunque lo dicho no era ninguna mentira.

Y justo como lo esperaba, los tres hicieron caso a esa afirmación y se acercaron corriendo al cuerpo inerte de la castaña, quien aun era sostenido por Tsuna.

-Creo que ha perdido más sangre de lo que creemos, la palidez de su piel me está preocupando más. –repuso, alzándola del suelo en brazos sin ningún sobreesfuerzo, porque a pesar de ser de casi la estatura de la Kinomoto, Sawada tenía muchísima fuerza y poder, más del que cualquiera pensaría que tuviera.

Ryotaro estaba helado en su lugar, si Nadeshiko aun viviese, de seguro saltaría sobre él como una fiera furiosa protegiendo a su cría, a su adorada hija, aunque ahora la pequeña chica tenía quien hiciera lo que Nadeshiko hubiera hecho. Y eran más de uno.

-Esto es malo, su pulso es demasiado…-susurro Hayato, sin atreverse a completar la oración. Pero en realidad no era necesario, todos entendieron a lo que se refería.

-Llévenla. –hablo Ryotaro sin una pisca de agresividad asomando en su voz. –Han pasado la prueba. –dijo, mirando arrepentido el rostro enmarcado por sangre de la Kinomoto.

Hayato alzo una ceja, sin dejar de revisar a la muchacha.

-¿Y ese cambio tan repentino? –cuestiono Takeshi desconfiado.

Ryotaro sonrío con levedad.

-Sakura es mi…-estaba dudando de si decirlo o no. En realidad estaba seguro de que había sido la maldita de Tsukumo quien les había dicho de su reputación, ¡Pero por un demonio, que no mataría a su propia sangre!, bueno, por lo menos no a conciencia. -…es mi sobrina…

Aquello descoloco a los tres muchachos, quienes les miraban perplejos. Tsuna no lo recordaba.

-¿Y aun así te atreviste a herirla de esta manera? –pregunto Tsuna en un peligroso siseo, afilando su mirada a la vez de que sus usuales ojos acaramelados adquirían una tonalidad naranja. Ryotaro suspiro.

-No era mi intención…-trato de excusarse, pero Takeshi frunció aun más el ceño.

-Discutiremos esto luego, hay que llevar a Sakura pronto con Yukito y Shamal. –le interrumpió Tsuna de nuevo, hablando con voz dura y seria, que hizo al pelirrojo callar instantáneamente.

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Yukito estaba histérico, desde luego, Shamal le había prohibido hacer cualquier cosa que implicase tratar a la castaña y le había casi ordenado que tratara a los otros, quienes veían con igual reacción como Sakura era atendida urgentemente por el experimentado doctor.

-Es mejor llevarla al hospital más cercano, me temo que necesitara una transfusión de sangre si no quieren que se muera en este instante. –dijo sin tentarse el corazón, alzando a la muchacha nuevamente en brazos y pidiéndole a Tsukumo que ubicara el mejor hospital de la zona y que además estuviera cerca de su ubicación.

La rubia puso los ojos en blanco, le estaba pidiendo un milagro, pero lo haría. No dejaría que Sakura muriera por culpa del barbárico Ryotaro. Por mas su tío que fuera.

-A la orden. –suspiro, sintiendo como Shamal la seguía de cerca, mientras salían de las profundidades del bosque.

No tardo en encontrar lo que el hombre le había pedido y antes de que Tsukumo le dijera que ese hospital había sido comprado hacia días por el consejo, Shamal entro sin esperar nada.

-Atiéndela. –fue lo único que le dijo a la enfermera que paso frente a él y que se horrorizo al ver el estado de la muchacha.

-¡Enseguida! –exclamo mientras hacia unas cuantas llamadas y en menos de dos minutos, la chica ya estaba siendo llevada para observarla mejor.

Unos cuantos minutos después, los cinco chicos entraron por las puertas del hospital, siendo guiados por Tsukumo.

-Espero estés preparado Ryotaro, porque todos te quieren matar. –hablo Tsukumo en cuanto el grupo de jóvenes se acerco a Shamal. –No tenías que ser tan salvaje…

El pelirrojo emitió un gruñido y frunció el ceño.

-Ella tiene la culpa, pelear con ella me hizo soltar toda mi fuerza, no fue intencional. –se excuso molesto. –Esa mocosa es idéntica a Nadeshiko, es incluso…mejor.

Tsukumo chasqueo la lengua.

-Las otras pruebas se retrasaran. –hablo la rubia, ignorando al pelirrojo ahora dirigiéndose a Tsuna y los demás. –No soy tan despiadada como para hacer que Sakura vaya a pelear nada más despertar. –dijo, tratando de no sonar arrogante, su voz siempre tendía a sonar arrogante cuando hablaba.

Yukito la miro con el ceño fruncido, pero prefirió guardar el comentario mordaz que amenazaba con escapar de sus labios en ese mismo instante.

-Eso no es de importancia ahora. –para la sorpresa de todos, Tsuna miraba fulminante a Tsukumo. –Si las quieres suspender no me importa en lo absoluto, esto fue demasiado lejos. –espeto enfadado. –Ya hallaremos la manera de que Sakura consiga las piedras, esto es…

-Esto es inaceptable. –Hayato estaba de acuerdo con Tsuna y Takeshi asentía con una mirada asesina.

Tsukumo suspiro.

-De todos modos, denle esto a esa mocosa. –gruño Ryotaro, lanzándole una piedra de un intenso color rojo, de forma circular y del tamaño de una moneda. –Es la piedra que me toca entregar, les dije que pasaron la prueba, ¿o no? –se burlo de las caras incrédulas de los chicos, quienes miraban cautelosos el objeto.

-S-sí. –murmuro Tsuna, sintiéndose algo aliviado.

-Mi prueba no era en realidad un combate, la prueba era si Sakura Kinomoto en realidad era capaz de dar su vida por ustedes y viceversa, me alegra saber que Nadeshiko no se equivoco con ustedes…-musito, regalándoles una media sonrisilla.

Yukito alzo una ceja confundido. -¿Conoce usted a Nadeshiko-san? –pregunto curioso. Ryotaro sonrió.

-Hablamos de la madre de esa mocosa, ¿cierto? –la pregunta fue más por cortesía, el sí que hablaba de Nadeshiko Kinomoto.

El guardián asintió un tanto dubitativo.

-Entonces sí que hablamos de la misma. –volvió a sonreír. –Sakura es mi sobrina. –declaro, al mismo tiempo que se retiraba de la sala de espera del hospital y dejaba a un Yukito en estado de inminente shock. No sin antes enviarle una mirada a Tsuna, quien rápidamente fingió no haberlo notado.

Tsuna suspiro cansado. Comenzaba a recordar a Ryotaro.

Pero antes de que nadie hablara, el doctor que estaba atendiendo a Sakura apareció, buscándoles. Tsuna decidió ignorar el tema por el momento. Era lo mejor.

Shamal se acerco apresurado, mientras que ellos se acercaban con un poco más de tranquilidad.

-¿Son ustedes familiares o conocidos de la señorita Kinomoto? –cuestiono el hombre de avanzada edad, mirándoles fijamente a través de los anteojos que llevaba.

-Sí, ¿Qué pasa? –pregunto un histérico Yukito. El hombre lo miro con cierta lastima y se decidió a continuar hablando.

-Ella necesita una transfusión de sangre, por ahora estamos tratando de parar la hemorragia de las múltiples heridas, pero la cantidad de sangre que ha perdido es…demasiado preocupante…-dijo, observando las caras de todos palidecer.

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Li Syaoran estaba perplejo, ni siquiera se sentía capaz de reaccionar ante las palabras dichas por su madre.

¿Su hermana había sido secuestrada por la orden del Dragón negro?, ¿Cómo se suponía que tenía que reaccionar ante eso?

Sin duda tendría que llamar a Sakura para decírselo y así poder comunicárselo a Tsubasa, tenía que recuperar a su hermana sin importar el precio a pagar. ¡Ella era su hermana!, no iba dejarla en las manos de esos desquiciados con ansias de conquistar o destruir el mundo. Y quien podía ayudarlo era sin duda la dueña de las cartas.

-¿Syaoran? –le llamo su madre preocupada al ver que seguía sin reaccionar.

El castaño alzo la mirada y frunció su ceño en seguida. –Tengo que llamar a Sakura Kinomoto. –fue la primer frase que abandono sus labios. –Ella nos puede ayudar…

Ieran parpadeo desconcertada.

-¿En que se supone que nos puede ayudar ella? –se atrevió a interrumpir la pelinegra que ingresaba a la oficina de Ieran, de buen cuerpo y ojos carmines.

El chico suspiro con hastió antes de volverse a mirarla. –Meiling, Sakura es miembro de la orden del Dragón blanco. –le informo, ante la mirada de sincera sorpresa que cruzo las facciones de la muchacha.

-¿Ella? –pregunto con desdén, mientras Ieran sonreía levemente. Ni siquiera a ella le habían comentado ese pequeño detalle.

-Sí, es en realidad la elegida. –prosiguió, mientras la cara de Meiling pasaba de sorpresa a asombro que trato de controlar.

-Vaya, eso no me lo esperaba. –comento Ieran con una suave y cansada sonrisa cubriendo sus labios. -¿Y en que nos puede ayudar? –pregunto de nuevo, seria.

Syaoran se mordió el labio inferior.

-Ellos necesitan de…-de verdad estaba dudando de si debía comunicarle a su madre lo de los sacrificios. Cierto era que una de las razones por las cuales regresaba tan pronto a China, era por el hecho de todo lo que tenía que informarle a su madre. -…de sacrificios…-termino por decir, no sacaría nada provechoso de ocultar algo tan importante a Ieran, mucho menos algo que involucraba a su propia hija.

La mujer sintió que algo muy pesado le caía encima. De por si estaba preocupada por el simple hecho de saber que Futtie estaba en manos de esas malignas personas, el conocer sus intenciones empeoraba todo, absolutamente todo.

Syaoran se sintió realmente mal de tener que ser el que comunicara tan horribles noticias, pero cuanto antes actuaran las cosas serian menos intensas después. Por lo menos era lo que esperaba.

-Tratare de comunicarme con Kinomoto, ya debe haber finalizado la prueba. –comento con cierto aire distraído, captando la atención de ambas mujeres.

-¿Prueba? –pregunto Meiling, confundida. Syaoran tenía todas las intenciones de golpearse la cabeza con lo primero que encontrara, ¡había tantas cosas que debía explicar!, ¡Que no estaba con Eriol, caray!

-Les explico luego. –logro decir con tono serio, visiblemente exasperado.

Salió de la oficina sin decir nada más, estaba apresurado, quería saber lo que había sucedido, si Sakura había logrado pasar la prueba y si estaba bien. Necesitaba saber de ella, de verdad lo necesitaba.

No paró hasta llegar a su habitación y rebusco en sus cosas hasta encontrar lo que buscaba, su celular. Busco en sus contactos, hasta que dio con el nombre de la castaña y sin perder ni un segundo más, presiono la tecla de "llamar".

No tardaron en contestar, pero no era precisamente Sakura quien había contestado la llamada.

-¿Si, quien habla? –pregunto una voz trémula, cansada, rayando en lo adormecido. Si mal no se equivocaba, esa voz pertenecía al amable Tsunayoshi, ¿Por qué sonaba así?

-Eres… ¿Sawada Tsunayoshi? –pregunto algo dudoso, para luego escuchar una ligera risita y un escueto "sí". –Err, ¿Sakura…? –pregunto, pero ni siquiera el mismo entendió la pregunta.

Estuvo a punto de repetirla, pero la suave voz de Tsuna lo acallo.

-Creo que tengo que decírtelo. –le dijo, casi adolorido. –Sakura fue herida durante la batalla y no creemos que despierte en unos días, perdió muchísima sangre. Se le tuvo que hacer una transfusión, porque no dejaba de sangrar…-le informo el castaño, quien se escuchaba al borde del cansancio.

Syaoran se sentó aturdido en su cama.

-¿Quién fue…? –de nuevo Tsuna le interrumpía, con una risita tan fresca que casi lo contagio.

-Fui yo…tenemos el mismo tipo de sangre. –le dijo con un tono sutil. –Tengo que decirte algo en cuanto lleguemos a China, algo que solo Tsubasa y yo sabemos y que muy probablemente me sea difícil de decir a Sakura…-aquellas palabras inquietaron un poco al muchacho, quien se pregunto qué era eso tan importante que Tsunayoshi quería decirle.

-¿Por qué a mi precisamente de todas las personas? –se atrevió a preguntar, estaba un poco intrigado.

Tsuna suspiro con pesadez y logro escuchar como del otro lado de la línea, Tsuna se levantaba de una silla.

-No soy ciego, Li. –le informo, como si fuera algo de los más obvio, aunque en realidad lo era. –Se que tu eres la persona que está más cerca de Sakura y si te lo digo a ti es porque…-el chico paro abruptamente lo que decía. –Aun no es tiempo de que te lo diga, solo espero que me escuches, ¿por favor? –la petición le pareció extraña, pero había algo en ella que lo hacía querer aceptarla, no podía negarse.

-…Esta bien. –acepto con sinceridad. -¿Cuándo llegan a China? –pregunto en un suspiro.

-Hable con Tsubasa hace poco, ha dicho que es conveniente que mañana mismo nos traslademos para allá, no quiere que Sakura esté en Japón con lo débil que esta. –explico Tsuna con amabilidad.

-Los recogeremos en el aeropuerto, hablare contigo nada más llegar. –aquellas palabras parecieron alegrar a Tsunayoshi.

-…Gracias. –susurro. –Hasta luego. –al decir eso, la llamado termino por cortarse y el chico castaño de ojos ambarinos se quedo algo abrumado.

Sentía que lo que Tsunayoshi le diría, era algo de suma importancia.

Por ahora tenía que esperar e ir a contarle a su madre lo sucedido en Tomoeda.

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Tal como lo había prometido, ahí estaban, en un café cercano al hospital en donde habían trasladado a la pequeña muchacha de ojos jades, que seguían sumidos en un profundo sueño.

-Pareces dubitativo. –comento Syaoran al notar la duda en los ojos caramelos de Tsuna, quien le sonrió avergonzado.

-Entiende, esto es algo… ¿complicado? –sonrío, amable como siempre. –Esto es algo muy importante.

Syaoran suspiro con pesadez.

-Eres demasiado similar a Kinomoto. –repuso, mirando por la ventana del local a la gente pasar.

Tsuna soltó una ligera risita y apoyo su mentón en su mano y observo con diversión los aires distraídos del chico Li.

-Tal vez eso se deba a que somos hermanos. –respondió con naturalidad, provocando que Syaoran regresara su mirada de inmediato al muchacho, con los ojos bien abiertos.

¿Acaso había escuchado bien?

-¿Us-ustedes son hermanos? –pregunto con voz temblorosa por la sorpresa, pero por primera vez, no le importo mostrar un poco de debilidad.

Tsuna sonrío y dijo. –Mellizos en realidad. –aclaro, mirando con diversión al castaño frente a él.

Syaoran estaba perplejo, en un completo estado de shock. Al final, si que había sido un gran secreto el que ese chico guardaba.

-Has de saber que yo crecí lejos de mis padres y hermanos, en realidad, creo que es bastante obvio. –dijo, mirando con fijeza la taza que tenía entre sus manos.

-¿Por qué? –pregunto, era algo raro, Fujitaka Kinomoto jamás habría abandonado a su hijo.

-Sakura tiene recuerdos sobre mí en la infancia como un amigo al que quería como su hermano, pero en realidad siempre he sido su hermano. –sonrío triste. –Padre no me recordaba y Touya tampoco, en primera instancia Sakura sabía lo que éramos, pero sus memorias fueron borradas y hace poco modificadas. –le explico, llevándose una mano a sus rebeldes cabellos, comenzando a recordar aquellos días.

Tsuna miro su reflejo en la ventana.

-Si tan solo aquel día no hubiera sucedido eso…-murmuro melancólico, aumentando la curiosidad de su compañero.

El día en que todo ocurrió.

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Continuara….

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¡Hola a todos!

Lamento muchísimo la espera, casi son tres meses desde que actualice por última vez. Como disculpa y recompensa les dejo un adelanto del próximo capítulo.

Espero les guste.

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Capítulo 12: Tiempo atrás.

Nadeshiko Kinomoto sonrío con dulzura a sus pequeños mellizos, que iban tomados de la mano fuertemente.

-Es el deber de tu hermana. –la explicación no convenció a Tsuna, el no quería separarse de su hermana y mucho menos quería que pasara diez años encerrada sin poder salir. ¡De ninguna manera!

-No…-replico alzando su voz, sentía a la niña temblar con miedo bajo su agarre. –No abandonare a mi hermana…

Nadeshiko entrecerró los ojos con pesar.

-No queremos eso. –se unió Tsubasa a Tsuna, poniendo a la pequeña tras ellos. –Mi padre está loco, el no puede…

-El no puede encerrarla en una capsula durante diez años, Nadeshiko. –intervino Ryotaro, mirando con enfado a su hermana. -¡Eso es inhumano!

-También es innecesario. –secundo la vieja Kaede. –Sabes que ese hombre puede ser un traidor, no le confíes a tu hija…

Nadeshiko se alzo en toda su estatura y afilando su mirada, tomo a Sakura del brazo, alejándola de quienes querían protegerla.

-¡Basta! –grito. -¡Es su deber! –quería llorar, Sakura quería llorar. ¡Esa no era su madre!

Ese hombre quería dañarla, el no era bueno, Shiryuu se lo había dicho.

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-Ayuda…-susurro Sakura al sentir como el agua comenzaba a llenar el contenedor que la tendría prisionera durante diez años, mientras miraba a su hermano y a sus demás amigos tratar de zafarse del agarre de los adultos presentes y a su madre sonreír con cierta burla.

Esa…no era su mama, ¿Dónde estaba ella?

-Tsuna…Touya…Shiryuu, esto duele. –lloriqueaba sin poder ser escuchada. –Por favor, sáquenme de aquí, no volveré a hacer travesuras, pero por favor, no me encierren…la oscuridad me da miedo…por favor…-su voz se fue apagando, hasta que el agua la cubrió completamente y comenzó a sentirse adormecida.

"Por favor…Ayuda"

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Nos leemos en la próxima, espero estén todos bien.

¡Hasta luego!

Atte: Maka Hanato.