Solo falta un capitulo..!

Capitulo 12

A la mañana siguiente, Kaoru se levantó al amanecer para tomar el primer vuelo de la mañana. Mientras acababa de recoger su equipaje, Megumi llamó a la puerta. Tenía los ojos hin chados de tanto llorar.

Kaoru la miró como si fuera una completa extraña.

- Sé que no quieres hablar conmigo -le dijo rá pidamente- Pero, por favor, dame un minuto.

Kaoru no dijo nada. Todavía se encontraba deso lada por lo que había descubierto.

-No es que no quiera hablar contigo Megumi, es simplemente algo difícil de asimilar, creía que mi vida era de una forma y resulta que en verdad no era así. Prefiero estar sola para aclarar mi mente,

-Pero no tienes que hacerlo sola cariño, yo puedo apoyarte- Refuto Megumi en tono conciliador.

-¿Por qué? -preguntó Kaoru.-Tal vez aun me consideras una niña inmadura incapaz de asimilar las cosas, pero no es así, si no me lo dijiste para protegerme debes saber que la mentira duele más, aun mas cuando te las dice y completo idiota y por teléfono- chillo histérica.

-En los pueblos es muy difícil vivir siendo un hijo ilegítimo -le dijo con resignación-. No que ríamos que tu infancia fuera más dura de lo necesario y mi padre creyó que hacer creer que mi madre era la tuya sería más sencillo.

Kaoru se sentía demasiado confundida y tan doli da que no quería perdonar. No miró a Megumi . Después de un minuto, la expresión esperanzada de Megumi de sapareció y se levantó con la mirada triste.

Antes de abrir la puerta, se volvió hacia ella.

-Siempre estaremos a tu disposición para lo que nos necesites, cariño -le dijo con dulzura-. Y te daremos en tiempo para que hagas lo que tienes que hacer -salió y cerró la puerta tras de sí.

Kaoru se quedó mirando con expresión ausente.

El viaje de vuelta a casa se le hizo eterno. Estaba desolada y se sentía muy desgraciada; en menos de una semana, había a Kenshin y su identidad.

Tenía el corazón roto. Lloró hasta que no tuvo más lágrimas. No sabía cómo iba a lograr salir ade lante. Amaba a Kenshin, eso no iba a cambiar nunca; pero él no se acordaba de ella y quizá nunca lo hi ciera. Su cara angustiada y la tristeza de su mirada la atormentaban; pero lo que había compartido con él lo tendría para toda la vida. Y también sabía que jamás se casaría con otro hombre que no fuera el padre de su hijo, no quería exponerlo a un desconocido, ella bien podría ser madre y padre.

Kenshin había estado muy triste desde la visita de Kaoru. Aquellos sentimientos eran incomprensibles para él y también inexplicables. ¿Por qué sentía esa tormenta interior cada vez que la veía? ¿Por qué lo miraba ella como si significara algo en su vida? ¿Por qué lo miraba como si le estuviera haciendo daño?

No podía encontrar las respuestas y nadie quería hablar con él de Kaoru, ni siquiera Aiko.

Tomoe Makoto seguía pegada a él. Estaba in tentando convencerlo de que fueran a una de las is las desiertas de las costas de Japón, lo cual era bastante sospechoso. Incluso había alquilado un yate sin de círselo.

-Necesitas alejarte de aquí por un día y voy a llevarte a una isla desierta mañana -le dijo ella dándole un abrazo-. Seremos como Adán y Eva, cariño -bromeó con un susurro.

Él sabía que estaba tramando algo y, probable mente, tenía que ver con su vida.

-De acuerdo -aceptó, pensando que tendría que ir bien preparado-. Ven a buscarme y saldre mos desde aquí. ¿Te parece bien a las nueve?

La sonrisa de ella era enorme.

-Sí, muy bien. Me alegro de que estés mejor, cariño.

-¿Cuándo íbamos a casarnos? -le preguntó él de repente.

Ella dudó.

-¡Oh! En diciembre -contestó rápidamente. -En diciembre -asintió él, siguiéndole la co rriente.

-Vamos a ser muy felices.

Más tarde, cuando ella volvió al hotel, él llamó a l taxista y le dio una nota para los federales.

-Dale esto a Sanosuke Sagara -le dijo con cal ma-. Él se lo dará a Saito. No lo hagas tú, en tendido? Y asegúrate de que la lea hoy o vendrás a mi entierro.

-Sí. señor Himura, puede contar conmigo.

Desafortunadamente, el taxista cruzó el puente a de masiada velocidad y se chocó con unos coches que estaban parados. El golpe lo dejó inconsciente y con una costilla rota e, inmediatamente, se lo llevaron al hospital. Hasta la mañana siguiente, cuando se des pertó, no se acordó de la nota. Le pidió a la enfer mera su ropa y leyó la carta que tenía en el bolsillo. Tomoe y Kenshin iban a salir a las nueve en direc ción a una de las islas desiertas. Ya eran las diez.

-Necesito un teléfono - pidió nervioso-; es cuestión de vida o muerte.

Sano estaba a punto de salir de la habitación cuando sonó el teléfono.

-¿Diga?

Al otro lado del teléfono escuchó una voz débil. -Soy amigo del señor Himura, él me envió ayer con una nota, pero tuve un accidente y estoy en el hospital.

-Lo siento. ¿Qué dice la nota? – y rápidamente le leyó el contenido.

-Gracias. No hay tiempo que perder - colgó el teléfono y llamó a Saito desde su móvil. -Soy yo. Tenemos una emergencia.

Kenshin se había guardado una pistola por si aca so. Si lo mataban, él se llevaría a unos cuantos por delante.

Tomoe se había puesto un vestido blanco muy sexy. Llevaba su melena negra suelta y bien arregla da. Olía a perfume caro y estaba muy hermosa; pero sus ojos eran los de una víbora.

-Te encanta ir de excursión a las islas desiertas -le informó ella-. Ya lo hemos hecho más veces.

Él no le creyó. No tenía el aspecto de ser una mujer de ese tipo. Sabía que lo quería conducir ha cia una trampa y él le iba a seguir la comente. Sanosuke y Saito ya debían de estar esperando a los asesino, pensó con una sonrisa. Qué sorpresa se iba a llevar Tomoe cuando viera a su padre entre rejas.

La tripulación del barco le resultó bastante fami liar, pero no estaba muy seguro de qué los conocía. Estaba empezando a recordar algunas cosas de su pasado, en sueños extraños que lo despertaban en medio de la noche. Una mujer en sombras había sido la atracción principal. Una mujer con una personalidad dulce y encantadora pero tremendamente fuerte y decidida, por la que estaba to talmente enamorado. No se trataba de Tomoe, de eso estaba seguro.

Cuando llegaron a la orilla, Kenshin miró a Tomoe interrogante:

-¿Y ahora qué?

-Vamos a explorar -dijo ella agarrándole de la mano-. Creo que por aquí hay una cabaña. Ya he mos estado aquí en otra ocasión.

Todos los instintos de Kenshin estaban alerta. Fue con ella, pero siempre vigilante, buscando el brillo de un arma o alguna sombra sospechosa.

Ella se acercó al porche de la casa.

-¿Por qué no entras mientras yo voy a buscar algo de leña para encender el fuego? Es una pena que no lo recuerdes -le dijo ella con una sonrisa encantadora-. Pero lo pasamos realmente bien la última vez que estuvimos aquí.

Ella se volvió hacia la playa.

Él se acercó a la casa, pero, en lugar de entrar, se agachó como para atarse el zapato y agarró su pisto la.

El corazón le latía a toda velocidad. Se preguntó qué le tendrían preparado y dónde estarían los su yos. Si dentro de la cabaña había un asesino a suel do, tendría que arreglárselas solo y en realidad sabía que no representaría un problema.

Tomoe vio que dudaba y se giró hacia él.

-¿Qué pasa?

-Nada, se me había desabrochado un zapato. -Espérame dentro, cariño.

«Tremendo demonio», pensó él apretando los dientes. Abrió la puerta y se tiró hacia un lado justo cuando un disparo cruzaba la puerta. Él disparó sin pensar, reaccionando igual que lo había hecho en los viejos tiempo. Los viejos tiempos...

Todo volvió a su mente con la claridad del agua. El hombre que tenía delante se llevó una mano al pecho y lo miró con incredulidad, después, cayó al suelo de frente y empezó a formarse un charco de sangre.

-¿Le has dado? -gritó Tomoe.

-No ha habido suerte, muñeca -le contestó Kenshin. Le dio una patada al arma del asesino y sa lió al porche-. Y ésta es la segunda vez que tu pa dre y tú fallan.

Tomoe lo miró con la boca abierta. Antes de que pudiera hacer nada, tres hombres armados la ro dearon.

-Levante las manos, señorita Makoto -dijo uno de los marineros del barco-, a menos que quiera unirse al matón de su padre en el infierno.

Ella levantó las manos inmediatamente. Apenas podía creer lo que estaba oyendo.

-¿Es... está muerto?

-Eso parece -contestó Kenshin con calma-. ¿Quiénes son ustedes? -les preguntó a los tres hombres.

-Amigos de Nobu -le contestó uno de ellos-. Eso es todo lo que necesitas saber. Saito me ha dicho que tiene a un tipo que está dispuesto a con tarlo todo sobre Makoto a cambio de inmunidad. Su nombre es Kiozato Arizu.

-¿Qué me decís de ése? -preguntó él mirando al hombre que estaba tirado en el suelo.

-La policía ya estaba tras su rastro. Pero nosotros nos imaginamos que si había un ma tón, vendría aquí por ti.

-Gracias por cubrirme -dijo Kenshin.

-Ha sido un placer. Ahora, será mejor que nos vayamos.

Sano, Megumi y Saito cenaron juntos esa no che después de declarar con la policía. Makoto había sido arrestado acusado de crimen organizado y de otros delitos que su banquero había confesado. Tomoe Makoto también fue arrestada por cómplice en intento de asesinato. Los dos iban a pasar una buena temporada en la cárcel.

Habían invitado a Kenshin para informarle de los detalles de la operación y Megumi no había protestado. Se sentía tan sola sin Kaoru que había abandonado la campaña contra Kenshin. Él no había recobrado la me moria del todo; pero cada día era más optimista, pues los recuerdos volvían poco a poco. Se dio cuenta de que Sanosuke y Megumi parecían preocupados.

-Parece que el mundo se vaya a acabar para ustedes.

-Problemas personales -le dijo Sanosuke.

-Todos los tenemos -dijo Kenshin.

-Es una suerte que tengas tan buena puntería - dijo Saito-. El taxista tuvo un accidente y no nos enteramos de lo que iba a ocurrir hasta que estabas a medio camino hacia la isla.

Kenshin sonrió.

-Tenía a los chicos del barco; pero tampoco po dían acompañarme sin levantar las sospechas de Tomoe. Afortunadamente, decidí llevar una pistola. Las viejas costumbres nunca mueren.

-Parece que estás recobrando la memoria.

-No me importaría. No me gusta vivir en la os curidad –dijo.

- A nadie la ignorancia de tu propia historia puede hacer que odies a quien te la oculta- dijo Megumi melancólica-

Es curioso, quería mantenerla alejada de ti porque creía que ibas a arruinar su vida y nosotros solos lo hici mos.

Kenshin arrugó la frente.

-¿Qué quieres decir con mantenerla alejada de mí?

Sanosuke intentó hacerle alguna señal, pero ella no se dio cuenta.

-Estaba saliendo contigo mientras Sanosuke y yo estuvimos en Miami. Estaba muy enamorada de ti. No sabía lo lejos que había llegado todo hasta que... i Ay!

Se frotó el muslo donde Sanosuke le había dado un pellizco. Entonces recordó que no debían decirle nada a Kenshin, que podía ser peligroso.

-No me hagas caso -dijo intentando dar mar cha atrás-. He bebido demasiado. Creo que será mejor que me vaya. Sanosuke necesito dormir.-

-Yo también -dijo Sano-. Me alegro de verte de una pieza, Kenshin.

-Y gracias por la ayuda -dijo Saito, po niéndose de pie-. No lo olvidaremos.

Kenshin no les dijo nada; apenas levantó la mano cuando los otros se despidieron.

¡Kaoru! Recordó que había estado en el hospital y que la había ido a visitar al otro extremo del pasillo. Había ido a verla sin saber por qué y le había resul tado muy familiar. Ella había estado en peligro de abortar por salvarlo... Sintió una daga en el pecho.

Se dirigió hacia su casa y fue a buscar a Nobu. -Háblame de Kaoru -exigió nada más entrar por la puerta.

Nobu dudó.

-La mujer de Sanosuke me ha dicho que estaba saliendo con ella.

Nobu sonrió con tristeza.

-Sí.

Kenshin se quedó inmóvil.

-Nobu, ella estaba... esta embarazada. ¿Es… es mío?

Nobu agachó la cabeza.

-Sí.

Kenshin se sentó en su escritorio. El dolor que sintió por la pérdida del kaoru fue la llave que abrió su memoria. De repente le fueron llegando imáge nes del pasado. Kaoru, riendo con él mientras el viento le agitaba el pelo. Kaoru en sus brazos, amándolo con una pasión desbordada a pesar de su total inocencia. Kaoru mirándolo como si fuera un héroe. Kaoru, con lágrimas en los ojos al darse cuenta de que él no la recordaba y que no sabía lo del bebé. Kaoru alejándose de él con el corazón roto... todo por sus palabras, por su rechazo, ella se había ido.

- ¡Dios ! ¡La dejé irse! -gritó-. Esta embarazada. Le dije que no era mi tipo, que nunca po dría encontrarla atractiva -hundió la cara en sus manos-. ¡Dios! ¡Debió de sentirse destrozada!

-Jefe, no sabías quién era ella -le dijo él con amabilidad-. Ella lo entendió.

Él dejó escapar un gruñido desesperado.

-pudo perder a mi hijo en esa caída -su surró-. Ella pensó yo amaba a Tomoe, y jamás pensé en desmentirle.

Nobu no sabía qué decir.

-Corrió hacia aquel gusano y le tiró la pistola. Me salvó la vida y ¿qué hice yo? Actué como si no me pudiera importar menos. Estaba obsesionado in tentando imaginar quién era misteriosa la mujer de mis sueños. ¡Qué idiota he sido! No entiendo como trabajaba mi cabeza para haberla alejado!

Se dirigió hacia el balcón y abrió la puerta corre dera para dejar entrar el aire. Permaneció allí de pie, roto, odiándose a sí mismo.

-¿Volvió a su casa, verdad? -le preguntó a Nobu.

-Sí.

Él meneó la cabeza.

-El bebé, yo, lo de su familia... me imagino que no tenía ningún motivo para quedarse aquí. Debió de sentirse muy sola.

-Necesita tiempo -dijo Nobu

-Sí -asintió Kenshin y volvió a su oficina-.Me gustaría ir corriendo a por ella; pero tienes ra zón. Va a necesitar tiempo. Así que voy a darle unos meses para que se recupere. Mientras tanto, tengo un proyecto que quizá me ayude cuando vaya a por ella.

-¿Ir a por ella?

Kenshin sonrió.

-Sí, Nobu. Pienso pedirle que se case conmigo.

Corazonas aquí les dejo el nuevo capitulo aunque no todo será miel sobre hojuelas aun cuando Kenshin haya recuperado lo memoria.

Gracias por leerme, un fuerte abrazo a todas :D