Nota de autora: Leo la mente. No, en serio, creo que leo la mente, porque este capítulo ya estaba escrito desde que el anterior se publicó, y justo en los reviews hay 'algo' que me han estado pidiendo mucho y cada que leía me reía por dentro. Ya se darán cuenta de qué hablo ;)

Este capítulo lo planeé desde hace un par de meses... soy un poco enfermiza y amanecí enferma como perro, justo antes de empezar a escribir un capítulo (que no es este), y como cada situación es una experiencia nueva, pues este capítulo está basado en hechos (más bien, enfermedades) reales... bueno, algo así xD pero cualquier parecido entre el comportamiento de Brittany y el mío es cierto.

Ah, no olviden dejar review... el capítulo anterior tuvo un poco menos de reviews de lo normal, no me fallen con este: ¿no ven que ya casi llegamos a los 200? :)


Capítulo XI: Cosas que riman con 'naranja'


En otras noticias, se reportan nuevos casos de la epidemia que ha estado esparciéndose en la ciudad, la tasa de personas afectadas por el virus se ha incrementado…

Brittany sentía que se le cerraban los ojos, queriendo evadir el brillo del televisor, que sentía tan cegador como la luz del sol.

se les recomienda acudir al centro de salud o consultar a un médico lo antes posible. Se han descartado casos fatales, pero pueden existir complicaciones de no tratarse a tiempo…

Ese estúpido brote… casi la mitad de los niños en su clase estaban siendo afectados por esa molesta enfermedad, que los dejaba en cama, febriles e inmóviles por lo menos durante una semana, en el mejor de los casos.

deshidratación. Se están tomando precauciones en los centros educativos y de trabajo. Así mismo, se recomienda a la población que evite los lugares demasiado concurridos…

Apagó el televisor. Lo último que necesitaba era sentirse aun peor de lo que ya estaba viendo las noticias concernientes al virus que tenía fuera de combate a tanta gente. A duras penas se levantó del sillón y fue al pie de las escaleras, donde se quedó inmóvil, observando lo arduo que se veía el ascenso hacia su habitación.

Temblando, se apoyó en el pasamano de la escalera.

Bien, se dijo, ya está lo más difícil, ahora a subir. Y obligó a sus piernas para que se movieran, alzando primero un pie y poniéndolo en el siguiente escalón. Movió con pesadez el otro pie y lo apoyó junto al otro.

Jadeó, con sufrimiento. Sentía como si sus extremidades fueran de roca, como si se hubiese convertido en 'La mole'… salvo que La Mole era fuerte y a lo mejor hasta podía subir escaleras de un salto, no como ella, que se sentía morir por haber subido un peldaño.

Tenía el cuerpo pesado, caliente y lo que menos quería era seguir moviéndose… lo único que quería era dormir ahí mismo donde estaba. Se dejó caer lentamente y trató de acomodarse en las escaleras, sin éxito, pues era un lugar muy incómodo.

No sabía cuanto tiempo había pasado, y ni siquiera recordaba haberse quedado dormida al fin, pero cuando volvió a abrir los ojos un poco de luz se coló por entre el espacio abierto de la puerta. Ignoraba qué hora había dado ya; una silueta estaba en el obstruyendo parte de la luz que se regaba y accionó el interruptor que estaba junto a la entrada.

La luz se regó por toda la estancia y Brittany lanzó un quejido. Le lastimaba mucho la luz, así que cerró los ojos con fuerza y gastó aun más energía llevándose una mano a los ojos.

-¿Brittany? –Preguntó una voz masculina que le parecía extrañamente familiar, pero su cerebro parecía hecho de gelatina así que no pudo unir las piezas en su mente. -¡Brittany! ¿Qué pasa?

-No me siento muy bien… -respondió con dificultad, en un susurro casi inaudible.

Sintió cómo la levantaban en vilo y abrió un poco los ojos.

-Puck. –Dijo y volvió a cerrarlos; no soportaba la luz.

-¿Desde cuando estás así? –Subió las escaleras, abrió la puerta con dificultad y dejó a Brittany en la cama.

-Hoy en la mañana me sentía algo cansada… ahora me siento… -Dejó la frase sin terminar.

-Ya lo veo. –Puck le apartó un poco de cabello de la cara. –Tal vez te contagiaste por alguno de los niños. Te traeré un poco de agua.

A su esposa le daba lo mismo que le llevará o no agua, lo único que quería era quedarse dormida para siempre, pero le agradecía mentalmente que la hubiese subido hasta la habitación. Cuando Puck regresó con una jarra llena de agua y un vaso que llenó, la ayudó a sentarse y le puso el vaso en los labios. Ella no se había dado cuenta de lo sedienta que estaba hasta que se bebió el contenido como si jamás lo hubiese probado y tosió un poco.

-Tranquila, tranquila. –Dijo él secándole el agua que se le había derramado.

-Más. –Dijo ella con voz ronca. Puck volvió a llenar el vaso y Brittany bebió, esta vez con más calma.

-Seguro que tienes el maldito virus ese que a todo mundo le dio. –Le ayudó a recostarse de nuevo.

-¿Qué haces aquí? –Le preguntó la rubia.

Puck solo se rio ligeramente.

-Sigue siendo mi casa también, ¿recuerdas? Mis cosas siguen aquí y vine a buscar algo, aunque también quería hablar contigo.

Brittany volteó, con mucha dificultad.

-¿De qué querías hablar?

-No importa, en este momento estás mal. Puedo esperar a que estés mejor.

Muy en el fondo agradeció estar enferma; no sabía qué querría decirle Puck ni si estaba ella preparada para oírlo.

-Te llevaré al hospital. –Le dijo levantándose.

-No. –Brittany replicó tajantemente. –No quiero ir al hospital, es deprimente.

Antes de que Puck pudiera replicar, se quedó dormida. Le dolía el cuerpo entero y sentía como si pudiese freírse un huevo en su cabeza.


Cuando volvió a despertar no supo si habían pasado unas horas o unos días. Tenía una intravenosa en la mano y la mera visión le dio un escalofrío. Tomó la aguja que se clavaba en su vena y estaba fija con cinta.

-No te recomiendo que hagas eso. –Le dijo una voz.

-¿Tina? –Su voz se escuchaba aun peor y la asiática le acercó un vaso con una pajilla. La rubia sorbió y sintió alivio inmediato.

-Creo que es para que no te deshidrates. –Comentó Tina refiriéndose a la intravenosa.

Viendo la confusión en su cara, Tina se sentó a su lado.

-Puck me llamó… tu esposo no será muy listo pero al menos adivinó que yo sabría qué hacer. –Le acomodó una almohada. –Dijo que no querías ir al hospital.

-No me gustan los hospitales. –Dijo con un poco de vergüenza. –Huelen raro.

-Él quería llevarte aunque no quisieras, pero le dije que mejor llamaría a un doctor. No te preocupes, estarás aquí. –Le acarició el cabello y Brittany se movió ligeramente.

-No quiero que te contagies. –Dijo con voz preocupada. -¿Es el virus ese lo que tengo?

-Sí, es ese virus. Y no me contagiaré, soy asiática. –Le respondió Tina acariciándole el cabello de nuevo y esta vez Brittany no protestó.

-Me duele el abdomen. –Murmuró Brittany. Sentía como si hubiese hecho un millar de abdominales.

-Es normal, vomitaste hace un rato y tardaste bastante. Te debe doler la mandíbula también.

Brittany asintió, la verdad es que sí le dolía mucho.

-¿Vomité? –No recordaba eso.

-Sí, llevas toda la noche con fiebre. –Brittany quiso ver por las ventanas, pero estaban corridas.

-Es de día. –Le aclaró. –Estuve aquí desde que Puck llamó, el doctor se fue hace un rato pero volverá.

-Pero… la escuela…

-Descuida, ya avisamos a la dirección. Pusieron a una sustituta pero la verdad es que al menos la mitad de tu clase está enferma.

-¿Están todos bien? –Preguntó Brittany alarmada.

-Sí, todos están bien. Algunos ya se sienten mejor pero aun están convalecientes.

-No deberían estar en una carreta si aun no sanan…

-Sigues delirando. –Tina le tocó la frente.

-¿Dónde está Puck? –Preguntó mientras los ojos se le cerraban de nuevo.

-Trabajando, y la verdad creo que es mejor así… no se ve que tenga mucha idea de cómo cuidar a alguien enfermo. –Dijo Tina torciendo la boca.

Se durmió una vez más, pensando en sedoso cabello negro y un enervante aroma a canela.


Una vez más despertó. Se sintió muy molesta… ¿por qué se dormía y despertaba así, sin voluntad propia? Estaba un poco más consciente pero aun le dolían mucho los ojos y sentía la piel más cálida de lo normal todavía.

Volteó a verse el brazo. La intravenosa seguía ahí, dándole un aspecto horrible. Comenzó a arrancarse la tira adhesiva que mantenía fija la aguja pero alguien se lo impidió.

-Tina me dijo que harías eso.

Volteó y ahí estaba. Sentía que era una ilusión pero entonces, ¿por qué podía percibir su mano?

-Estás aquí. –Dijo casi inaudiblemente.

Santana la ayudó a tomar más agua. Tenía un sabor extraño pero no le importó.

-¿En dónde más, si no? –Le preguntó.

Brittany se sintió consciente del desastrado y penoso aspecto que ofrecía: pálida y escuálida por la enfermedad, débil y con una ropa nada favorecedora, el cabello revuelto y enredado. Para empeorar las cosas, tenía varias marcas a causa de las intravenosas que ya le habían suministrado. Por su parte, Santana se veía tan hermosa como siempre, con el cabello perfecto y el maquillaje resaltando sus facciones, sobre todo sus prominentes pómulos. Mientras más la veía, más desastrada le parecía su propia apariencia.

-Necesito lavarme los dientes. –Anunció de repente. Era lo poco que podía hacer para salvar su orgullo frente a la latina.

-¿Ahora? –Santana alzó una ceja.

-Sí, ahora. Vomité y de seguro no fue solo una vez.

Santana suspiró, pero se paró y la ayudó a ponerse en pie.

-Ten cuidado. –Le dijo. Con pasos lentos la llevó al baño y la ayudó a apoyarse mientras se cepillaba lentamente.

Cuando terminó, la llevó de regreso a la cama y con suavidad la recostó. Su cuello quedó a escasos centímetros de Brittany y esta se permitió aspirar el perfume de Santana. Sí que debía ser fuerte para haber aguantado su peso, pues Brittany se estaba recargando demasiado en ella.

-¿Cómo es que estás aquí?

Santana le sonrió con misterio antes de responder:

-Ya ves…

-¿Qué veo?

-Nada. –Dijo la latina pronunciando más su sonrisa.

-¿Entonces por qué dices que 'veo'? Y luego yo soy la rara… -Murmuró Brittany. -¿Qué hora es?

-Las seis de la tarde. Vine en cuanto pude para relevar a Tina, ella se fue un rato después de que yo llegara.

-Ya no quiero tener estas cosas. –Dijo Brittany mirando con tristeza la aguja que le sobresalía de la piel.

-Deja de protestar, mientras más rápido sanes, más pronto te la quitarán. Sigue durmiendo, anda.

-No tengo sueño ya, aunque me sigue doliendo mucho el cuerpo.

Al escuchar esto Santana alargó la mano para acariciarle el cabello, pero lo pensó mejor y la dejó a medio camino, titubeando.

"Hazlo." Pensó Brittany, pero en el último momento retiró la mano e hizo como si no hubiese pasado nada y la rubia sintió decepción.

-Yo… -Santana se llevó la mano al cabello, tratando de distraerse. –Estaba preocupada. Tienes mucha fiebre y empezaste a decir cosas raras, creo que en otro idioma; parecía alemán.

-Holandés. –Le corrigió Brittany y se sintió apenada: ¿de verdad habló holandés? Sí que estaba enferma.

-¿Hablas holandés?

-Soy holandesa. –Asintió Brittany. –Bueno… prácticamente soy estadounidense pero…

-Sí, entiendo. No sabía que hablaras otro idioma. –Brittany era un estuche de monerías.

-¿Por qué hablaría holandés en Estados Unidos? Me verían raro, eso hasta yo lo sé. Hace mucho que no decía nada en ese idioma.

Santana encogió los hombros.

-Yo a veces hablo español, cuando estoy muy enojada. Se siente muy bien.

-Español… qué sexy. –Murmuró Brittany sin darse cuenta.

La latina carraspeó.

-Sí que es fuerte esa fiebre que tienes. –Y la rubia sonrió para sí misma. Tal vez tener fiebre no fuese tan malo.

-¿Te vas a quedar aquí? –Le preguntó esperanzada. Vio la duda en el rostro de Santana.

-No lo sé, tengo trabajo por hacer y…

-Hazlo aquí. –Le interrumpió Brittany.

-Bueno… podría pero no vivo tan cerca y…

-Pues duerme aquí. –Volvió a interrumpirla.

Santana la miró como si se hubiese vuelto loca. El tono malcriado con el que Brittany lo dijo no ayudó en absoluto.

-No tengo ropa para dormir, ¿pretendes que duerma en un traje de dos piezas?

-Te daré ropa para que duermas. –Quiso encogerse de hombros pero esto le provocó dolor.

-¿Y en dónde dormiré?

-Duerme conmigo… -Santana frunció el ceño y puso cara de incredulidad, así que se retractó -… o mejor no. Duerme aquí y yo duermo en el sofá.

-No haré que duermas en el sofá, ¡estás enferma! –Protestó Santana.

-¡Pero yo quiero que duermas aquí! –Brittany trató de sonar tajante pero solo logró que le doliera la garganta.

-¿Por qué tanto interés en que duerma en tu casa?

-¿Quién se quedará conmigo? No quiero estar sola.

-Me dijo Tina que Puck estaría aquí en la noche y Mercedes vendría en la mañana.

-No quiero que Puck esté aquí. –Confesó Brittany en voz baja. –No es muy atento que digamos, y es un poco torpe atendiendo gente enferma.

-Seguro que se esforzará más.

-Quédate. –Le suplicó la rubia una vez más, atravesándola con su mirada celeste.

-Esta noche no. –Dijo y sin saber si lo hacía para compensarla, o porque estaba enferma o simplemente porque Brittany también lo hizo cuando Santana se cortó, se inclinó para darle un beso en la frente.

Quizá debería hacer rabietas más seguido, pensó Brittany mientras se dejaba llevar por la sensación tan placentera que le daban los labios de Santana sobre su frente.

-Estás muy caliente. –Susurró Santana aun sin retirar los labios y la rubia se preguntó si sería por la fiebre, el calor que sintió por el beso o ambos. La latina le puso un paño húmedo encima y el alivio fue inmediato.

-Gracias, tú también. –Respondió sin pensar mucho. Siempre podía achacárselo a la fiebre. Se sintió un poco cansada, pero no tenía sueño así que solo cerró los ojos. Santana debió pensar que se había quedado dormida, porque al cabo de un rato sintió que le acariciaba el cabello, como había querido hacer un rato antes.

-Debo irme. –Le susurró al oído y se permitió disfrutar por un momento del cosquilleo que el aliento de Santana le provocaba en la oreja. –Puck ya debe estar por llegar y escuché a alguien en la puerta, debe ser el doctor.

Brittany iba a protestar de nuevo, pero decidió mejor no decir nada y se congratuló por esta idea, porque Santana le dio un beso casi imperceptible en la mejilla y escuchó que se marchaba.

Volvió a abrir los ojos y tuvo la certeza de que Santana no haría esas cosas si ella hubiese estado sana y perfectamente consciente. Se preguntó qué otras cosas no se atrevería a hacer.


Tal y como Santana había previsto el doctor fue a verla; Puck llegó al poco rato y subió pesadamente las escaleras.

"Si estuviese dormida seguro me despertaría con sus pasos." Pensó Brittany. Se abrió la puerta y Puck se asomó, entrando cuando vio que estaba despierta.

-¿Cómo sigue? –Preguntó tomando el asiento que había ocupado Santana momentos antes.

-Aun con fiebre. –Respondió el médico palpándole el paño que tenía en la frente. Estaba seco.

Puck le tomó la mano a su esposa y esta la estrechó. Había olvidado lo segura que solía sentirse cuando tocaba las fuertes manos de Noah.

-Siempre ha sido enfermiza.

-Pero también es fuerte. –Reconoció el galeno. –Este virus tiene peor a mucha más gente y es mucho peor cuando están sanando, pero por lo que veo ella estará bien.

No recordó mucho después de eso, solo que Puck le dio de comer un poco con bastante torpeza y se quedó a su lado un buen tiempo hasta que se durmió. A Brittany le pareció que ella fue quien le dijo que durmiera, pero no estaba segura de si en verdad lo dijo o si lo había soñado.

Amaneció de nuevo y escuchó voces. Una era de Puck y la otra era una voz femenina. Mercedes tomaba el turno para cuidarla y le dio de comer, con mucho más cuidado que Puck.

-Sí que te pones mimosa cuando estás enferma. –Le comentó Mercedes, visiblemente divertida.

-Pero yo sí hablo… -Dijo y siguió comiendo. Mercedes no era precisamente la persona más cariñosa del planeta, pero hasta ella podía tratarla con delicadeza si se lo proponía. –Gracias por venir… ¿no te enfermas?

-Me vacuné. –Como para demostrar que podía estar cerca de ella sin enfermarse, Mercedes se sentó en la cama y acomodó la cabeza de Brittany en su regazo. La rubia se abrazó a ella y Mercedes rio un poco.

-Deberías reservar esto para cuando venga Puck. –Le dijo. Brittany hizo un puchero que hizo sonreír con malicia a Mercedes. –O tal vez para cuando venga esa tal Santana.

-Santana no es una persona muy… expresiva, creo que no le deben gustar mucho los abrazos. Y mucho menos conmigo. –Le hizo saber con un dejo de tristeza.

-¿Cómo es eso posible? –Preguntó Mercedes.

-Ella… -Volteó para quedar de frente a su amiga. –Es... no le gusta que sea bisexual.

-Entonces, ¿lo sabe? –Preguntó con sorpresa.

Brittany asintió.

-¿Y entonces cómo es que sigue hablándote? Rayos, si hasta tengo entendido que viene a verte.

-No lo sé… no sé nada. Me confunde, es misteriosa y muy cambiante. Por cada paso que doy con ella retrocedo dos.

Mercedes se acostó a su lado para quedar a su mismo nivel y preguntó mirándola a los ojos:

-¿Por qué significa tanto para ti?

-No lo sé. –Respondió bajando la mirada.

-¿Hasta donde piensas llegar con ella? –Le preguntó y Brittany supo que no necesariamente se refería a algo sexual, sino a algo más sencillo y complejo a la vez. A una simple atracción, fuese mutua o platónica.

-No lo sé. –Y se tapó la cara con la sábana cual niña avergonzada, pues ni siquiera se había permitido pensar en eso.

-¿Y Puck? –Preguntó Mercedes destapándole la cara.

-¡No lo sé! –Dijo y volvió a cubrirse de pies a cabeza con la sábana.

-Pero sí sabes que sigues casada con él, ¿verdad? –Desgraciadamente la sábana no bloqueaba las palabras. –Recuerda lo mío con Shane, antes de ser novia de Sam.

-Sí. –Admitió Brittany, esta vez siendo ella la que se descubriera la cara.

-Brittany… ¿a quién preferirías de compañía en este momento? Aquí, estando tú en cama y enferma.

-A Santana. –Admitió después de un rato, sintiéndose culpable. –Es… fría y muy reservada, pero es genuina. Puede que tenga pocos detalles, pero son verdaderos. Creo que por eso actúa con tanta precaución, porque teme que la vean a como es en realidad.

Recordó a Puck y cómo después de haber salido con ella al cine no había dudado en irse con Santana enseguida.

-Yo creo… -Dijo Mercedes lentamente. –Que más bien teme que la veas…

-Quiero verla. –Admitió Brittany y su sonrojo se disimuló, pues tenía las mejillas rojizas por la fiebre.

-Solo recuerda, -le dijo Mercedes abrazándola –que tú no eres como Puck. No seas como él.

La rubia no entendió lo que su amiga le quiso decir con esto, pero se abstuvo de preguntar porque tenía la impresión de que llegaría a comprenderlo en algún momento. Solo le devolvió el abrazo y Mercedes le ayudó a terminar de comer.

A ratos dormía y a ratos despertaba, a veces entre sueños febriles que no distinguía de la realidad. Su mente, que por naturaleza divagaba, cobró vida propia por culpa de la enfermedad. Percibía sonidos del exterior y los incorporaba a sus visiones, enterándose así a medias de lo que sucedía a su alrededor.


Dave subía por las escaleras con mucha dificultad, sosteniendo un colchón con sus fuertes brazos y cuidando de no dejarlo caer. Trastabilló un poco y casi cayó, pero recuperó el balance y siguió subiendo.

-¡Ten cuidado! –Le gritó Santana, que estaba al pie de las escaleras.

-Tengo la impresión de que te preocupa más el estúpido colchón que yo. –Protestó él resoplando.

-Me conoces demasiado bien como para desmentirte.

-Ya está. –Y con una exhalación final, Dave dejó apoyado el colchón contra la pared del piso superior.

Santana subió, acompañada de Mercedes, la amiga de Brittany que la miraba con escrutinio.

-En ese cuarto. No hay nada, sólo un clóset. –Le indicó esta y Dave acomodó el colchón dentro.

-Bueno… supongo que me las tendré que arreglar. –Dijo Santana echándole un ojo a su improvisada cama, mientras Mercedes le entregaba unas sábanas e iba a buscar alguna almohada.

-Entiende que tu petición de traer una cama completa como tal era ridícula. –Dijo Dave sentándose encima del colchón. –Solo estarás una noche o dos a lo mucho.

Mercedes volvió con una almohada.

-Debo irme. –Les hizo saber mirando el reloj. –Entonces, ¿te quedarás todo el día de mañana?

-Brittany no me lo ha pedido pero…

-… la conozco mejor que tú y seguro que iba a pedírtelo de todas formas. Cuando se enferma se pone más caprichosa que una niña rica malcriada. –Le aseguró poniendo los ojos en blanco.

-Menos mal que tengo experiencia con "niñas ricas malcriadas". –Respondió haciendo una mueca al recordar a Sugar.

-Seguro que sí… -Dijo Mercedes y ambas entornaron los ojos. Mercedes era adicta a las revistas de chismorreos y además una mujer muy inteligente. No le hizo falta mucho para unir los puntos y darse cuenta que seguramente había tratado con la heredera multimillonaria en Shuffle, pues era de dominio público la alianza de esta agencia con los Motta.

Se abrió la puerta y entró Tina, interrumpiendo la batalla de miradas.

-He dejado comida preparada. –Les hizo saber.

-Gracias. –Dijo Santana con sinceridad, pues ya no tendría que preocuparse por la comida.

-De nada. Considerando que estás cumpliendo el capricho de Brittany… -Volteó a ver a Dave. –No sé qué te gusta, pero te he preparado un sándwich.

-Vaya, al menos alguien piensa en el grande y fornido hombre que carga el colchón. –Dijo Dave fulminando a Santana con los ojos, quien solo le dio unas palmaditas mientras tomaba el plato de las manos de Tina.

-Uhm… -Santana no sabía muy bien cómo abordar el tema. -¿Qué pasa con…?

Le dio una mirada explicativa a Tina y Mercedes, quienes por suerte entendían mejor las indirectas que su rubia amiga.

-Ya le dijimos que no venga por aquí, que tenemos todo controlado. –Le explicó Tina. –Sabe que estorba más de lo que ayuda así que no creo que haya problemas.

-Brittany sí que sabe con quién encapricharse. –Intervino Dave. –Tana fue por varios años voluntaria en el hospital. De hecho su padre es médico.

Ambas mujeres miraron con sorpresa a Dave y después a Santana.

-¡Vaya! Entonces no debes tener problemas. Nosotras nos vamos ya, pero tienes nuestros números y el del médico. –Se estrecharon las manos. –Llamaremos después para saber cómo sigue.

Ni Dave ni Santana se atrevieron a decir una palabra más hasta que escucharon la puerta principal cerrarse de nuevo y la latina dejó salir una gran bocanada de aire que no sabía que estaba ahí.

-Qué bueno que ya se fueron. –Dijo tumbándose en el colchón.

-¿No te agradan? –Preguntó Dave recostándose también.

-No es eso, -dijo ella frunciendo el ceño –es que siento que me miran como si supieran algo de mí que yo no sé.

-Puede que sea así. –Murmuró él, como si esperara que ella no escuchara.

-¿De qué hablas? –Preguntó ella sentándose abruptamente.

-Nada. –Disimuló comiendo otro bocado del sándwich.

-Dímelo.

-Paranoias tontas. –Lo descartó él.

Santana siguió mirándolo con suspicacia y viendo que no iba a rendirse intentó otro método:

-¿Ha pasado? –Le preguntó mirándola fijamente.

-¿Eh? ¿Qué cosa? –Santana no entendió nada.

-¿Ha pasado? –Volvió a preguntar él sin apartar la vista.

-No sé de qué me hablas. –Le contestó ella, exasperada.

-Entonces no ha pasado. –Concluyó él terminándose lo que quedaba del sándwich. Antes de que Santana protestara le lanzó otra pregunta. -¿Cómo hiciste para que tu jefa te dejara faltar mañana?

-Fue fácil. –Se jactó ella. –Básicamente solo tuve que recordarle que jamás he pedido días libres, ni bajas por enfermedad, mucho menos vacaciones. Además…

Se recostó de nuevo y Dave supo que había logrado distraerla.

-Recuerda que ahora debo ser la niña consentida. No vaya a ser que le suelte una queja a Sugar y ella le comente algo a Sylvester… -Sonrió con astucia.

-Sí que estás irreconocible. La Tana que conozco jamás habría usado la carta de "Sugar Motta me ama así que adórenme, perras".

-Sigue pareciéndome detestable, -aclaró –pero algún beneficio debía sacar, ¿no?

-Esa es mi Tana. –Dijo con aprobación su amigo. Se levantó y ella lo imitó. –Debo irme… Kurt Hummel llega hoy al club.

Santana alzó las cejas.

-¿Kurt Hummel? ¿El diseñador? No sabía que estuviese de vuelta en la ciudad.

-Lo está. –Suspiró Dave. –Y ha puesto las cosas de cabeza; ese marica sí que es delicadito con la seguridad.

Después de que su amigo se retiró, Santana fue a la habitación de Brittany. Ahí estaba la rubia, dormitando plácidamente aunque aun podía sentir el calor que irradiaba esta.

-Te quedas. –Dijo con triunfo Brittany, sobresaltando a Santana.

-Me quedo. –Confirmó Santana. Cuando ella hacías las cosas, Brittany no sentía tanta molestia. Incluso cuando le retiró la aguja no sintió dolor y cuando le ayudaba a pararse lo hacía firmemente, sabiendo lo que hacía. Le dio de comer a Brittany una vez más, con una paciencia que la rubia jamás hubiese notado en ella y nuevamente le ayudó a cepillarse los dientes.

-Eres una enfermera sexy… -Dijo Brittany, sin saber si se lo decía a la Santana real o a la de sus sueños.

Santana frunció el ceño.

-Estás delirando… pero sí, supongo que lo soy. Fui voluntaria en el hospital de Akron un buen tiempo.

-Qué sexy… -Repitió con una sonrisa boba. -¿Usabas uniforme?

-Sí… -al ver la sonrisita de Brittany se sonrojó. -¡Oye! No estarás pensando algo raro, ¿verdad?

-¿Tienes aun el uniforme? –Preguntó entrecortadamente y a Santana le fue imposible enojarse con ella al verla así.

-Lo dejé en Akron y aunque lo tuviera no me quedaría. Tenía dieciocho años la última vez que lo usé.

-Qué mal… -A Santana le dio alivio no tenerlo. Si Brittany le hubiese exigido que se lo pusiera, por su vida que habría obedecido. –Ven aquí.

Santana se sentó a su lado, a regañadientes.

-Pero abrázame. –Protestó y la latina la abrazó, tiesa como un maniquí. –Acaríciame.

-¿Qué? –Preguntó Santana con incredulidad. –No lo haré.

Brittany lanzó un quejido lastimero y Santana empezó a acariciarla con demasiada brusquedad al principio.

-¡Está bien! –Resopló y siguió dándole caricias en el cabello. Cuando Brittany se durmió (ya era muy de noche) se quedó un rato más con ella entre sus brazos, soportando el calor que le daba la rubia. Estaba tan caliente como un horno, pero no le importó. Disfrutaba la simple compañía de Brittany, de manera tal que buscar cosas que le gustaran tanto como esto era como buscar rimas perfectas para la palabra 'naranja' en inglés.

Pero cuando vio a Brittany, con los ojos cerrados, la cara con un tono rojizo y el cabello revuelto sobre la almohada no pudo contenerse. No hizo falta petición de la rubia para que le recorriera el cuerpo con la punta de los dedos, temiendo despertarla y delatarse.

Empezó por tocar su cabello, dorado como un campo de trigo y brillante como el astro rey; siguió con una caricia a su rostro, pasando por la frente, las mejillas y deleitándose con la sensación de esos labios, partidos a causa de la resequedad pero aun así bellos. Bajó hacia el cuello, pasando por en medio de su pecho y llegando al precioso abdomen, que parecía esculpido en mármol, tan níveo y perfecto que se atrevió a acariciarlo con la palma entera. Era aún mejor de lo que había pensado: lo tenía perfectamente marcado y estaba duro como una piedra.

Tuvo la osadía de seguir bajando, encontrándose con que la rubia tenía puestos unos pantaloncillos cortos, para su buena suerte. Con una mano temblorosa tocó los muslos de la rubia, disfrutando el tacto de esas bellas piernas de bailarina y…

¿Pero qué diablos estaba haciendo? ¡Estaba manoseando a una mujer enferma, en su propia casa y cama! ¡No, para empezar estaba metiéndole mano a una mujer!


Brittany había sentido todo. Absolutamente todo. Desde las caricias iniciales hasta las más frenéticas que la morena le había hecho posiblemente presa de euforia, pero no podía distinguir bien si había pasado en la realidad o si su mente virulenta le había jugado una mala pasada. De cualquier forma ella solo quería que la otra mujer continuara, pero se había detenido de golpe y la rubia temió, anheló, concluyó que todo había sido verdad… ¿O es que hasta en sus sueños Santana era tan insegura?

Antes de que pudiera seguir lamentándose, sintió un calor repentino y una agradable presión sobre los labios. No era un calor abrasador como el de la enfermedad, sino placentero y de carácter indómito, que le recorrió cada centímetro del cuerpo. Santana, ya fuese en sus sueños o en la vida real, la estaba besando y Brittany se lo permitió, sin atreverse a corresponder el beso apropiadamente por miedo a que Santana lo notara y se asustara, como seguramente haría.

Y aun así, Brittany experimentó placer al sentir esos carnosos labios sobre los suyos, resecos y blancuzcos pero ávidos de ella. Habían pasado muchos años desde que besara a una mujer por última vez y había olvidado la suavidad de los labios de una fémina, la delicadeza de un beso suyo… y pese a todo, era como una sensación totalmente nueva, pues el beso tímido, desesperado, ansioso y furtivo de Santana, todo a la vez, era distinto a cualquiera que le hubiese dado una mujer o un hombre. Tan distinto a los besos de Puck, que ni siquiera era justo hacer comparación.

Apretó los puños en torno a las sábanas, estrujándolas, rogando que Santana no lo notara y justo cuando su ritmo cardiaco se aceleró… la sensación desapareció.

No se atrevió a abrir los ojos por miedo a descubrir que todo había sido una fantasía, producto de su imaginativa mente… o peor aun: descubrir que todo había sido verdad.

Segundos después escuchó unos pasos alejándose y Santana entró en la habitación contigua.

A la mañana siguiente se sentía mejor. La fiebre había remitido y aun se sentía débil para caminar, pero definitivamente ya iba a empezar el proceso de recuperación. Se levantó con buen apetito y Santana le dio de comer, en silencio.

Miró con suspicacia a la bella mujer frente a ella, que no se atrevía a mirarle a los ojos.

-Te ves cansada. –Dijo con preocupación.

-No pude dormir en toda la noche. –Respondió en voz tan baja que Brittany casi tuvo que pegarse a ella para poder escucharla.

-Pero ya podrás ir a dormir a tu casa. –Le recordó Brittany con un poco de tristeza.

Santana no le respondió. Quería actuar con normalidad así que dijo:

-El doctor Harris vendrá para asegurarse de que en verdad ya estés mejor.

-Qué buen doctor es ese, aunque esté amargado… ya sé que es cojo y por eso tiene que usar un bastón pero…

-Ese es el "Doctor House".

-Ah…

Se sintió tonta y no agregó nada más.

Pasaron el resto del día en silencio. Los intentos de Brittany por iniciar una conversación fueron inútiles, pues Santana estaba aun más hermética que el día que la conoció. La latina llamó a Tina para hacerle saber que Brittany estaba mejor y ella se iría. Cuando terminó la llamada le hizo saber que la asiática llegaría un rato después.

Por la tarde llegó Dave y Santana casi pareció saltar de alegría, incluso subiendo para ayudarle a bajar el colchón, pero era obvio que lo hacía solo para seguir evitando a la rubia.

¿Cómo había podido ser tan idiota como para besarla? Aun no podía creer lo que había hecho y sintió vergüenza. Lo había hecho bajo un impulso y el influjo que tenía sobre ella la hermosa mujer, pensando casi con inocencia "¿Qué más daño puedo hacer?", pues después de todo sintió su cuerpo a su antojo… ¿En qué iba a afectarle un beso? Un tonto beso robado que probablemente la rubia ni siquiera iba a notar y que era más por satisfacer su curiosidad que por otra cosa. Aquel había sido el primer beso que le había dado a una mujer en toda su vida y había sido a una muchacha casada, enferma y dormida.

Patético.

Sí, porque ya debía admitir que quería a esa tonta mujer, tan ingenua, bella, noble… todo lo opuesto a ella, que más desastrada se sentía mientras más pensaba en eso.

En un ridículo lapso de tiempo le había tomado cariño a una mujer que la había buscado para hallar respuestas de su matrimonio.

Eso era lo más patético de todo.

-Dave. –Dijo después de un rato, cuando Tina llegó y ellos se despidieron, subiendo el colchón a la camioneta. –Hice algo muy estúpido.

Él solo guardó silencio unos segundos antes de preguntar, por tercera vez.

-¿Ha pasado?

-Sí. –Respondió Santana sin dudar, porque al fin había comprendido qué quiso decir Dave con esa misma pregunta que le había hecho antes.

Y rompió a llorar.