Vale. Ahora sí que estaba nervioso. Tenía como, unos dos millones de mensajes de Agumon (y no exagero). No paraba de ir un sitio a otro mientras sostenía el teléfono. Estaba llamando a Izz.
Sora estaba sentada en el banco mirándome.
-Tai, tengo que ir a casa. Tengo que ver si yo también he recibido algún mensaje de Biyomon.
Se puso de pie y se dispuso a irse.
De eso nada, pensé.
La detuve con el brazo. Ese momento me recordó cuando éramos unos críos; Sora quiso tirar su emblema del amor porque pensaba que no iba a reaccionar y yo se lo impedí.
-Espérate a que hable con Izzy y yo mismo te llevo a casa. Iremos más rápidos. Cálmate.
-¿Qué me calme? Has recibido muchísimos mensajes de Agumon pidiendo ayuda…
En ese mismo instante, Izzy me cogió el teléfono.
-Izzy, mi dispositivos acaba de reaccionar…. ¿El tuyo también? Bien. ¿Qué es lo que ha pasado?...mmm vale, ¿qué hora es?... vale, tengo que llevar a Sora a casa primero, pero después iremos a tu casa tranquilo… no, no lo sabe, se le ha olvidado el dispositivo en casa. Vale, hasta hora Izzy. Y colgué.
Le lancé mi casco a Sora.
-Vamos, sube. Izzy y los demás también han recibido los mensajes de sus digimons. Hemos quedado en media hora en casa de Izzy.
Sora me miró mientras sujetaba el casco.
-¿Y tú no tienes casco?...
-No había pensado en que al final de la noche iba a llevar a alguien más. La interrumpí. –No te preocupes por mí. Vamos, sube a la moto. Le dije mientras arrancaba.
Sora me hizo caso a regañadientes. Sabía que estaba muy ansiosa por saber si ella también había recibido los mensajes de Biyomon en su dispositivo, así que, no quiso llevarme la contraria.
Esperé a Sora en la moto mientras ella subía a su casa a buscar su dispositivo digital. Había bajado con otro casco.
Yo sonreí. Siempre preocupándose por los demás…
-¡Tai, también he recibido los mensajes de Biyomon! Me dijo mientras se acercaba.
-¡Bien! ¿Y ese casco? Parece una antigualla. Dije para picarla.
Ella me dio un golpe en la espalda mientras se subía a la moto.
-Era el casco de mi abuelo. Venga, arranca. Me ordenó mientras se lo ponía.
En menos de cinco minutos ya estábamos en casa de Izzy. Éramos los primeros en llegar (menos mal). Sora y yo habíamos quedado en que éramos "una especie de novios", pero no quería que la gente se enterase todavía. Izz me daba igual porque era mi mejor amigo, y se lo iba a contar de todas formas.
-Izzy, ya estamos aquí. Le dije yo mientras le saludaba chocándole la mano.
-¿Y bien? Preguntó Sora ansiosa.
-Creo que lo mejor será esperar a que vengan todos los demás. Para no contar la misma historia una y otra vez. Dijo Izzy calmado.
-¡Adelántanos algo! Insistió Sora.
-Pues veréis. La razón por la que hayamos podido recibir los mensajes de nuestros compañeros digimons es porque he conseguido anular la interferencia que Datamon había originado en nuestros dispositivos digitales. Creo que estamos muy cerca de abrir la puerta digital, chicos.
-¡Oh, Izzy! Le dijo Sora abrazándole.-Gracias.
-Bien hecho Izz. Le dije mientras le volvía a apretar la mano. Esta vez con más efusividad.
El resto no tardó mucho en venir. Todos estábamos muy intrigados y queríamos saber qué estaba ocurriendo cuanto antes mejor.
-¿Qué es lo que está pasando Izzy? ¿Palmon está bien? Preguntó Mimi muy nerviosa.
-Cálmate Mimi. Izzy nos lo explicará enseguida. Le dijo Joe, para tranquilizarla.
-Sí, gracias Joe. Resumiendo, gracias a la ayuda de mi amigo de la universidad, he conseguido anular lo que Datamon hizo para que no recibiésemos ningún mensaje de ayuda de nuestros compañeros digimons.
-Quieres decir que todos estos mensajes, ¿nos lo han estado enviando nuestros digimons durante décadas? Preguntó Matt, mirando horrorizado su dispositivo.
-Efectivamente, Matt. Todos los mensajes que veis, son los mensajes de socorro que nos han estado intentando enviar durante su estancia en el mundo digital.
-Se pensarán que les hemos abandonado... Afirmo Kari, cabizbaja.
-Hermana, no digas eso. Mejor que nuestros digimons nadie sabe lo que seríamos capaces de hacer por ellos. Yo daría mi vida por Agumon. Estoy seguro de que él no piensa que le he abandonado. Y vuestros compañeros digimons, tampoco. Dije yo, para intentar animarles.
-Tai tiene razón. Lo importante es abrir esa dichosa puerta y reunirnos con ellos cuanto antes. Siguió Sora.
Todos asintieron.
-Izzy, ¿cuánto crees que te costará abrir la puerta? Preguntó T.K.
-Poco. Ciertamente, ya estoy en ello. Puede que en un par de días ya podamos regresar al mundo digimon. Contestó.
Un par de días. En un par de días volvería ver a Agumon. Dios, qué ansioso estaba. Si por mí fuese me iría ahora. Sin importar el fútbol, ni las clases, ni… ni mi familia.
-Bien, estamos todos de acuerdo, ¿verdad? Les pregunté mirándoles a todos.
-¡Sí! Me contestaron todos a la vez.
-Pues pasado mañana, regresaremos al mundo digimon. Dije yo.
-Estoy de acuerdo contigo Tai, pero creo que antes deberíamos prepararnos. Sugirió Joe.
-¿A qué te refieres Joe? Preguntó mi hermana.
-Ya no somos niños. La mayoría somos adultos. Creo que deberíamos de disponer de provisiones para aguantar la estancia en el mundo digimon. Deberíamos comprar latas de conserva, ropas, cuerdas… todo lo que nos ayudase a estar ahí.
-Es una idea fantástica Joe. Le animé yo.
-Bien, entonces, mañana podemos quedar para ir a comprar todas estas cosas, ¿no? Sugirió T.K.
-Sí, pero mañana es domingo. Las únicas tiendas que están abiertas son las del centro comercial que está al lado de nuestro instituto. Dijo Izzy.
-Bien pensado Izzy. Mañana quedaremos por la mañana para ir a comprar todo lo que necesitemos en el mundo digital. Afirme yo.
-Ya pero, ¿desde dónde nos iremos? Quiero decir, vamos a estar todos en una habitación, y vamos a desaparecer de repente en un ordenador. Mis padres se asustarían si presenciasen eso. Dijo Mimi.
Mimi tenía mucha razón.
-No hay problema. Mi madre se va mañana por la mañana a un viaje de negocios. No volverá en tres días. Podemos quedar en mi casa. Dijo Sora.
Vaya. Tres días su casa sola. Tal vez podríamos terminar lo que...
-Tai, ¿te parece bien? Me preguntó Matt, interrumpiendo mis más profundos pensamientos.
-Ehhhh… sí, claro. Lo haremos desde casa de Sora. Dije yo finalmente.
Todos asintieron.
-Yo, lo siento mucho chicos. Pero tendré que quedarme en casa, vigilando el ordenador, por si hay algún problema. No creo que pueda acompañaros mañana a comprar todas las cosas. Dijo Izzy apenado.
-No te preocupes Izzy, ¡encima de que gracias a ti vamos a volver al mundo digimon!. Le dijo mi hermana animándole.
-Gracias. Dijo Izzy.
-Bien, entonces, mañana a las cuatro en la puerta del centro comercial, ¿de acuerdo? Pregunté yo por última vez.
-¡De acuerdo! Contestaron todos.
Todos tenían cosas que hacer. Tenían que prepararse porque en dos días, volvíamos al mundo digimon, y no sabíamos cuánto tiempo íbamos a estar en él.
Al final nos quedamos Izzy, Sora y yo. Los del principio.
-Chicos, hay algo que me preocupa. No sé si voy a ser capaz de abrir la puerta. Quiero que lo sepáis. No quiero defraudaros. Nos confesó Izzy.
-No te preocupes Izzy. Lo importante es que lo hayas intentado, además, yo sí confío en que serás capaz de abrir la puerta. Le animo Sora.
Sora.
Era tan buena.
-¡Por supuesto que sí! Ya lo hiciste una vez, ¿recuerdas? En el castillo de Myotismon…
-¡Eso es! Tai, eres un crack. Me interrumpió Izzy.
-¿Lo es? Pregunto Sora sorprendida.
-¿Lo soy? Me pregunté yo igual de sorprendido.
-Había una variable que no conseguía descifrar de qué se trataba, pero gracias a ti Tai, ¡ya sé de lo que se trata! Dijo Izzy muy entusiasmado.
-Izzy, no entiendo ni una palabra de lo que me dices. Le contesté, algo perdido.
-Veréis, no estaba seguro de abrir la puerta porque, no vale con abrir la puerta en cualquier lugar. Tiene que abrirse en un sitio en el que nuestros dispositivos reacciones. Creo que no será necesario ir a tu casa Sora. Dijo Izzy.
-No lo entiendo Izzy, explícate. Dijo Sora.
-¿Dónde reaccionaron nuestros dispositivos por primera vez? Nos preguntó Izzy.
¿Dónde? Pues ni idea, pensé…
-En el campamento de verano. Soltó Sora.
-Exacto Sora, exacto. Tenemos que volver exactamente al sitio donde nos fuimos por primera vez. Estoy seguro de que la puerta se abrirá, sin ninguna duda.
-Entonces, tendremos que volver al campamento, ¿no es cierto Izzy? Le pregunté yo.
-Sí Tai. Ese es el lugar que nos va a volver a llevar al mundo digital. Dijo al fin.
Después de estar un rato más con Izzy, Sora y yo nos fuimos de su casa. Íbamos hacia mi moto cuando Sora habló.
-Oye Tai. Me dijo.
-¿Qué pasa? Le dije mientras me intentaba poner el casco.
-¿Y qué pasa…qué pasa con…nosotros? Me soltó algo avergonzada.
Me quité el casco y la besé. Pero esta vez fue un beso muy corto.
-¿Tú qué crees? Le dije guiándole un ojo.
Sora me devolvió la sonrisa.
-Vale. Sé que no te gusta ponerle etiquetas a las cosas…
-¿Quieres decir que crees le tengo miedo a la palabra novios? Le interrumpí.
-Quiero decir que no quiero ir muy rápido. Al menos que tú quieras ir rápido…
Se estaba liando ella sola. Era más mona.
Le di un beso para que dejase de hablar.
-Creo que vamos a la misma velocidad está vez, Sora. Le dije mientras le dedicaba mi mejor sonrisa.
-Vale. Pero no quiero que la gente lo sepa todavía. Me dijo, algo preocupada por lo que pudiese contestarle.
-Me parece correcto. Le dije ofreciéndole el casco y arrancando la moto.
Cuando se subió, se agarró a mi cuerpo, y apoyó su cabeza en mi espalda. Sentía su respiración como se iba acelerando cada vez más, a medida que aumentaba de velocidad.
Cuando llegamos a su casa, Sora fue la primera en bajar y en quitarse el casco.
-Esta moto es demasiado. ¿Crees que podré llevarla algún día? Me pregunto, con cara de niña buena.
-Jajajajajaja, NO. Mi padre te mataría, además, tú no puedes con esta moto. Le dije, sonriendo.
-¿Cómo qué no? Puedo con esta moto y con mucho más. Me dijo antes de que plantarme un beso.
Esta vez el beso se parecía bastante más a los que nos habíamos dado en el parque.
Vale Tai. Relájate. Solo es un beso de despedida.
Pero Sora no paró de besarme, y yo (obviamente) tampoco. La subí a la moto y ella rodeo mi cuerpo con sus piernas. Yo me incliné para seguir besándola. Estábamos prácticamente tumbados encima de mi moto.
Vale. Creo que tenía motivos para excitarme.
-¿A qué…hora…decías…decías que se iba tu madre mañana? Le pregunté yo jadeando.
Sora se echó a reír. Me dio un beso tierno y se incorporó en la moto.
-Se va por la mañana. Me dijo mientras seguía besándome sentada en la moto. Pero esta vez besos más cortos.
-¿Crees qué…bueno qué…podría pasarme? Le dije, con la sonrisa más pícara que tenía.
A Sora le encantaba esa sonrisa. Lo sabía.
-No crees que es… ¿demasiado deprisa? Me soltó.
Vale, ¿la había cagado? ¿Estaba yendo muy rápido?
-Eh, lo siento Sora. No quería ir muy rápido yo…
Pero Sora empezó a partirse la caja. Genial. Se estaba haciendo la inocente…Se iba a enterar.
La cogí en brazos. Ella me rodeo con sus piernas y yo mientras le sujetaba en la parte superior de sus muslos. Le metí mi mano por sus braguitas. Estaban muy mojadas. La estampé contra la pared de su edificio (sin dejar que se hiciese daño). Sora enseguida empezó a jadear y me quería desabrochar los pantalones. Pero antes de que pudiese hacerlo… me aparté de la pared.
Y empecé a sonreír. Se la había devuelto. Sora me miraba con ganas de más, y os juro que no sé de dónde saque fuerzas para no hacerle el amor ahí mismo. Pero nuestra primera vez quería que fuese algo más especial, y no plena calle.
-Vale. Dijo Sora entre jadeos.-Empates. Espero que mañana me des la revancha. Me dijo mientras me guiñaba el ojo.
-Entonces, ¿quedamos en tu casa? Le pregunté.
-Pues claro. Vamos a la misma velocidad, ¿recuerdas?
Volví a sonreír. Me dio un beso con lengua antes de marcharse.
-Buenas noches, Tai. Me dijo después del beso.
-Buenas noches guapa. Le respondí yo a lo lejos, pero sin chillar demasiado, ya que era de noche.
Me di la vuelta, arranque mi moto y muy derecho a casa. Necesitaba una ducha bien fría. Mañana iba a hacer el amor con Sora.
Nuestra primera vez.
