Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la trama es completamente mía.
Capítulo 12
"Sinceros."
¿Qué hago yo ahora?
Era una difícil decisión y no me podía comportar como un bruto, no si quería que ella me perdonara algún día…
Mordí mi labio inferior indeciso, mientras ella no afianzaba el agarre en la camiseta, es más, intentaba buscar mi cuello, mi aroma… una indescriptible satisfacción me llenó cuando su nariz estuvo cerca de esa zona.
Finalmente acepté el riesgo y decidí dormir con ella, además se hallaba dormida y yo no pretendía hacerle nada…de momento.
Al parecer aún entre sueños Bella era inteligente, pues al captar mi decisión se movió en la cama dándome un espacio para acomodarme. Sonreí y me metí bajo las mantas, estaba cálido porque antes su cuerpo había estado posado en ese lugar, se acurrucó contra mí y colocó su cabeza en mi pecho.
La envolví entre mis brazos y ella se relajó suspirando.
Que sensación tan placentera tenerla así, sentirla tan mía… besé sus cabellos, llenando mis sentidos de su fragancia.
Aún llovía copiosamente, los truenos estallaban afuera, pero eso no importaba…solo la chica cerca de mi cuerpo me interesaba.
Su respiración era acompasada y sus dedos estaban férreamente enganchados a la camiseta
— Hmm…— se removió sobre mí, mientras se acomodaba más cerca, más pegada a mi cuello. Cerré los ojos intentando controlar cierta parte de mi cuerpo que reaccionó a su inocente roce… uhg esto iba a ser complicado. — Edward…— su voz era extraña, levemente enronquecida y tenía cierto matiz de sensualidad que me derretía…me estaba poniendo en aprietos inclusive dormida. Esta chica terminaría acabando conmigo. Sin embargo era un masoquista, porque no quería alejarla. Deseaba que se moviera más… ¡pero qué pienso!
Sentí sus labios en mi oreja. Ahora se hallaba totalmente sobre mí y esa cosa casi por completo despierta… mordí mi labio inferior cuando susurró mi nombre con esa voz del demonio
Cómo la deseaba…
Debía parar, si es que no quería abusar de su sueño… con el dolor de mi alma "¿solo ese dolor?" No me molesté en responder. La tomé suavemente por los brazos y la alejé un poco, lo suficiente como para no violarla. Así estaba mucho mejor.
Se hizo una bolita cerca de mí. Luego de eso solo oía su respiración acompasada, no se encaramó otra vez sobre mi cuerpo y lo agradecí porque no creía poder resistirme si lo intentaba.
Así, admirando su rostro de porcelana y sintiendo su olor, me quedé dormido, esperando que al despertar no se enfadara…
Bella POV
Hmm… que sueño más rico el que había tenido. Y el aroma tan real seguía ahí, mi subconsciente era lo mejor…o peor dependiendo del caso.
Intenté estirar mis brazos, pero solo di con algo duro y cálido… no volví a intentarlo si no que me acerqué más y enterré la nariz en la fuente de esa esencia dulce y de repente me encontré apresada y así mismo abrí los ojos
¿Qué estaba ocurriendo? Me alejé por inercia y me senté de golpe en la cama.
Inspeccioné todos los rincones de la pieza hasta que di con el mismísimo ángel divino de la belleza junto a mí. Apreté la sábana a mi cuerpo e intenté recordar si es que algo más había sucedido…
Yo estaba vestida, y al parecer él también, así es que tuve mi negativa al instante. No quiero reconocer que en el fondo de mi ser una parte se sintió descontenta y por más que traté de cambiarlo no pude.
Edward se encontraba acostado en la otra esquina, con la tela enredada entre las piernas y con los brazos estirados hacia mí. Su rostro estaba sereno, su ceño relajado…y había dormido conmigo. Mi corazón se aceleró al captar el fondo de las palabras, en serio lo había hecho.
Ahora no sabía cómo demonios estar; molesta porque se atrevió a meter en mi cama aún cuando yo dormía. Decir todo eso en mi mente me causó un cosquilleo de excitación…estaba mal, sí estaba mal ¿pero y qué? Mordí mi labio cuando dirigí mi vista otra vez a su rostro.
Decidí que lo menos que estaba era enojada, no me mentiría más, estaba… enamorada de Edward. De nada me servía seguir mintiéndome, de nada más que para sufrir aunque asumirlo en este momento no me ayudaba en mucho.
También sentía esa molestia por lo que me dijo ayer, me dolió pero más que cualquier otra cosa, me puse celosa de esa chiquilla del demonio. Después de todo, sacando cuentas bien en serio, Tanya tenía de sobra lo que a mí me faltaba: curvas voluptuosas, cabello envidiable, ojos de color… regia estupenda, hablo de 90 60 90, contra ella no tenía ni la más mínima oportunidad. Sin embargo, Edward no tenía porqué saber mis problemas de autoestima, jamás se lo diría así es que tampoco podría enterarse de alguna manera.
Suspiré, esto de enamorarse era de lo más difícil, muchas cosas que pensar, demasiadas que dejar… otras tantas que olvidar… celos, ash, cada vez más que lo analizaba menos ganas me daban de estar prendada del chico aquel ¿y si mando todo a la mierda? Sería tan simple…
— ¿Bella? — Lo miré de inmediato, cuidando claro de no dejar al descubierto mi anterior observación de la situación que se me presentaba. Al final no saqué nada concreto.
— Hola, creo— respondí y se alzó sobre su codo para mirarme directo a la cara. Sonrió apenas aunque capté su preocupación
— Hola… ¿no estás enojada? — Preguntó y la cama se me hizo demasiado pequeña para ambos. Por lo que me puse de pie
— ¿Tendría que estarlo? — Contesté con otra pregunta mientras caminaba al baño, quería ducharme.
— No lo sé, tú dime, ayer…— ah, era eso.
— No, no estoy enojada porque te colaras a mi cama— saqué del armario un par de prendas para vestirme en el baño, ni jodiendo iba a salir solo con la toalla, además de que hacía frío. Creo que aún llovía.
Me tomó de un brazo impidiendo así mi camino al baño y me di media vuelta para encararlo. Siempre igual de hermoso…
— ¿Segura? Es que no sabía dónde dormir… y hacía frío y yo…— se enredó de manera tierna con las palabras. Tenía que mantenerme fuerte no podría dejar que él notara que estaba enamorada hasta el tuétano de su ser.
— Ya te he dicho que no, no estoy enojada y entiendo, de veras— intenté zafar mi brazo de su electrizante toque pero no me lo permitió. Me recorría el rostro con su mirada una y otra vez consiguiendo así que me pusiera nerviosa y me costara mantener en equilibrio mi color facial.
Sin entender muy bien, envolvió mi cuerpo entre sus grandes brazos, mezclando su calor y el mío. Abrí muy grandes los ojos y no me resistí. Era tan especial este momento… sintiendo sus latidos, su aroma como si fuéramos uno solo…
Me dieron unas ganas atroces de recostar mi rostro entre su hombro y cuello, ese lugar era mi refugio personal, pero no le permití a mi cuerpo generar la acción y me alejé aún cuando deseaba quedarme siempre así.
— Iré a ducharme, luego veré qué hacer para comer— sin decir nada más entre y cerré la puerta, dejándome caer por ella… mordí mi labio inferior y revolví mi pelo con molestia… ¡por qué tenía que confundirme así! ¿Por qué? Me negué a llorar otra vez, a cambio me duché esperando relajarme para así poder enfrentármele nuevamente. Uff, era tan difícil…
-o-
Después de estar cien por ciento segura de que no había olvidado ponerme algo importante, y de que no iba a salir solo en ropa interior… o peor aún sin pantalón o camiseta, desenredé mi cabello y respiré por lo menos unas ocho veces antes de abandonar el cuarto de baño.
Él no estaba en la habitación y me pregunté a donde pudo haber ido.
Efectivamente el cielo era gris y el agua caía caudalosamente todavía. Revisé si la luz había regresado….
Hmm… al parecer aún no. Esto era extraño, se cortaba un rato pero pronto regresaba en la madrugada o a más tardar por la mañana. Fruncí el ceño y bajé las escaleras esperando encontrar al chico.
Se encontraba de pie observando las vergonzosas fotografías de cuando era pequeña, tenía esa típica imagen porno que las mamás se empeñar en tomar en el momento que eres un bebé… ash. Prácticamente corrí y me abalancé sobre él para que dejara de mirar la indecente colección de Renée sobre mí.
— Esto… no veas esas cosas… vamos— lo jalé de un brazo pero se empeñó en sostener en lo alto de su cabeza una, la más horrible de todas. Era yo una pequeña y desgarbada niña haciendo la más horrible de todas las muecas en una pataleta. Mi pelo de por si desordenado rebasaba esos límites y parecía una salvaje.
— Esta foto me parece encantadora— dijo el muy tonto, mientras sonreía con suficiencia…me ganaba en altura y por más que saltaba no conseguía arrebatársela. Me crucé de brazos y fruncí los labios.
— Devuélvemela— extendí una mano y negó con la cabeza, estaba a punto de golpear el piso con el pie…— ¡Ya dámela! — Le grité y rió.
— Si me das algo a cambio te la doy— lo miré mal, aún con los labios fruncidos en una mueca
— ¿Qué quieres? — Pregunté cayendo un poco en su juego. Sus ojos centellearon y una sonrisa más o menos malévola surcó sus facciones. Mi corazón se desbocó cuando con su dedo rozó mi boca…
— Creo que sabes lo que quiero…— se acercó un poco para susurrar en mi oído con voz muy pero muy sensual, aprovechando de aturdirme con su aliento rebotando contra mi piel— un beso— me besó el cuello y un escalofrío me recorrió toda la columna vertebral… mordí mi labio inferior y cerré los ojos intentado controlarme.
Oí algo similar a un gruñido y los abrí. Él estaba ahí, mirándome de ese modo que me encendía los sentidos y su cara totalmente crispada por ese sentimiento que estaba comenzando a entender porque ahora mismo lo sentía… lo deseaba. Ay Dios…
— Está…bien— ¿Quién dijo eso? Juro que yo ni siquiera pensé en esas palabras. Sonrió y lentamente fue acortando la distancia… ¿Bella racional? ¿Dónde mierda estás? ¡Ay! Lo detuve con mis manos… uh, gracias al cielo apareciste. — Primero dúchate… y comamos algo… estoy muerta del hambre— él pareció contrariado ya que abrió los labios y frunció el ceño.
— Yo…está bien, lo haré pero recuerda que me debes algo y voy a cobrártelo— susurró en mi oído y luego de dejar un beso ahí fue al baño. Yo suspiré más que confundida
¿Ahora le debía un beso? Perfecto… nada podría ser mejor… y esa fue la frase agriamente sarcástica de Bella Swan… solo faltaba que Edward me gritara que le enjabonara la espalda
¡Qué escenas más pervertidas!
Eran las dos de la tarde. Recién levantándome con el causante de mis problemas de amor, le debía un beso y estaba completamente desnudo bajo un chorro de agua caliente escurriendo por su precioso cuerpo… omg… esto era difícil.
Decidí mejor ponerme a cocinar algo, no fuera a ser cosa que subiera las escaleras, abriera la puerta y lo violara en la ducha de mi baño… no era tan mal panorama, ¡ya! ¿Pero qué le pasa a mis hormonas hoy?
-o-
Terminé cocinando unos fideos con carne… el olor me encantaba y además era lo más fácil de hacer. Ojalá Edward no fuera vegetariano si no me vería obligada a hacérselos comer.
Estaba sirviendo los platos cuando sentí una mano posarse cerca de mi pecho… me sobresalté ante el asalto inesperado de su calor. Casi de inmediato la bajo hasta dejarla en mi cintura
— ¿Qué haces? — Tenía su cuerpo pegado al mío, y sus brazos estrechaban mi cintura con fuerza, mientras yo intentaba coordinar mis movimientos con la pasta…
— Solo te abrazo— movía sus manos con desquiciante lentitud por mi torso…
— Ah… déjame terminar de servir la comida, ¿te gustan los spaghetti? — Me zafé de su agarre, pues era lo mejor para mi persona, además que tenía hambre en verdad.
Sonrió mientras asentía. Terminé bajo su atenta mirada de poner las cosas sobre la mesa, a lo que él colaboró. Al final nos sentamos frente a frente.
Me ponía nerviosa su mirada tan fija en mí.
Cuando ya había logrado tragar sin dejarme afectar por sus ojos, habló
— Ya basta… me debes algo y quiero que me lo des ahora— lo miré con cierto temor, su voz era extraña… y muy demandante, algo en su tono me gustaba pero no lo demostraría jamás
— No lo haré ahora, no tienes por qué mandarme y claramente no voy a obedecerte— espeté tranquilamente pinchando mis fideos. Su ceño se frunció con molestia y yo no logré ocultar la sonrisa de satisfacción que me dio verlo frustrado
— Vamos… ¿quieres darme mi besito pronto por favor? Es que si no te lo voy a robar y tú te enojarás y me golpearás y quizá hasta me eches a la calle… por favor— suplicó con esa voz del demonio. Sus ojos brillaban y me encantaban de esa manera. Suspiré y rodeé la mesa hasta llegar a él.
Lo miré desde mi altura y él puso la mejor cara del gato con botas que haya visto. Mordí mi labio inferior, intentando calmar mi acelerado pulso y entonces me incliné poco a poco, seguía observándome con esa mirada tan penetrante.
— Solo uno, uno y nada más… no me gusta deber nada— hice lo que él había hecho conmigo. Con mi nariz acaricié la suya… sus labios se entreabrieron dejando escapar esa dulce fragancia. Dios…estaba a punto de besar al chico que quería.
— Sí... solo uno— acerqué mi boca a la suya, alargando, disfrutando del momento, muchas veces mejor que el acto mismo…
Lentamente rocé sus sonrosados labios...y no sería capaz de describir el inmenso placer que me producía ese simple toque. Corrientes eléctricas, mariposas… uhm, lo más genial del mundo.
Presioné un poco e iba a retirarme, eso había sido mi último beso con él y es lo único que obtendré porque estaba decidida a dejarlo atrás, sí él era feliz con Tanya… bueno, pues yo tendría que hacerme a un lado. Cerré los ojos con fuerza, guardando todo en mi memoria, su cuerpo, el calor, las esencias como una sola… todo.
Justo cuando dejé su boca, bastante afectada debo reconocer, él colocó su mano en mi cuello, subiendo de a poco hasta anclarla en mi mejilla.
Me sorprendí e intenté huir, como siempre, pero realizó el mismo recorrido con su otra mano y me obligó a buscar una posición más cómoda, en sus piernas.
A pesar de todo, no estaba siendo brusco, es más me trataba con tal delicadeza que me hacía sentir como la cosa más frágil de este mundo. Sabía que me debía resistir al cúmulo de sentimientos que acampaban dentro de mí, y que con su boca entrelazada a la mía encendía al mil por ciento, pero sencillamente no podía.
Me apresó el rostro lo más cerca del suyo que pudo. Me besó lentamente, saboreando primero mis labios en un lento baile delicioso, rozaba su boca con la mía con total premura. ¿Para qué resistirme? Era lo que más deseaba en el mundo.
Así es que pausadamente enrosqué mis brazos en su cuello, acariciando su cabello otra vez. Sentí que me pedía acceso para profundizar el beso de forma desquiciantemente lenta y suave…
Accedí entreabriendo mis labios, y dejando que inspeccionara mi boca. No pude evitar soltar un leve gemido cuando descendió hasta mi cintura y al sentir su dulce sabor dentro de mí.
No sé que habrá ocurrido en él pero nuestro anterior beso delicado estaba desapareciendo, para volverse uno mucho más necesitado de otra cosa...
Cuando comenzó a subir su mano, decidí parar, no es que no quisiera continuar ¡por Dios! Parecía una jodida estufa de tan caliente que estaba. Me paré de sus piernas y comencé a caminar por la cocina, dándole la espalda, aún tenía muchas cosas que decirle y lo cierto era que no quería dejarlo marchar, deseaba que fuera mío…
Mis manos se encontraban trémulas y mi respiración jadeante, aparte de otras cosas como mi mente y corazón, uno triste y el otro confundido.
— Bella… necesitamos hablar— estaba detrás de mí pero no tocándome, si no que solo lo sentía cerca
— No hay nada que hablar, ya te he dado lo que querías— aún no me hallaba lista para mirarlo, sentía que en cualquier momento me iba a derrumbar y no quería que él lo viera. Sin embargo como siempre no prestó atención a mis deseos y me dio la vuelta sosteniendo uno de mis brazos.
— ¿Qué? ¿De qué quieres hablar? — Mantuve la cabeza baja, oculta en mi cabello. Malditos ojos que desean llorar
— De... nosotros— dijo tímidamente
— No hay un "nosotros" Edward— tenía ganas de golpearme, aunque por dentro sentía como si me estuvieran dando una paliza
— Sí que lo hay… Bella— me alzó el rostro para conectar su mirada a la mía, parecía tan sincero tan perfecto— sé que lo recuerdas, sé que recuerdas lo de ese día— sin más me estrechó fuertemente entre sus brazos. Quedé con los ojos abiertos de par en par, no correspondí no hice nada más que cerrar un poco los ojos y esbozar una pequeña sonrisa, aunque solo quería derramar lágrimas como una maldita llorona— por favor… recuerda lo que te dije, nuestros besos…— me estrechó más pero sin dañarme
— Yo… Edward— me alejé para verlo a la cara— ¿tú crees que podría haberlo olvidado? — acaricié su mejilla con mi mano y la sostuvo y besó tiernamente, mientras sonreía. Sin embargo aún no había terminado de hablar — pero… estuviste con Tanya— acusé al borde del llanto y me miró con una expresión que no supe descifrar, entre dolida y muy confundida
— Bella Tanya no me importa...tú eres la única para mí porque yo te… te amo— dijo al fin y juro que mi corazón se detuvo un instante para latir con una fuerza sobrehumana
— Pero…— me negaba a creerlo, aún cuando solo en sus ojos veía sinceridad. Soltó mi mano y colocó la suya en mi cuello, era indescriptible lo que sentía en estos precisos instantes
— Pero nada Bella… te lo contaré si prometes no enfadarte— susurró sonriendo, aún no me lo podía creer y estaba confundida a más no poder
— Yo…
— Solo era un plan, quería que lo recordarás… y utilicé esa vieja artimaña, ya sabes— fruncí el ceño y sentí como la rabia me escocía por dentro lentamente
— ¿Así que intentaste darme celos? — Exploté exasperada, liberé mis manos y él solo suspiró
— Aquí vamos— dijo antes de que yo comenzara
— ¿Pero qué demonios tienes en esa cabeza? ¿Puedes decirme? Eres un estúpido en toda regla, además ¿cómo se te ocurre pensar que yo estaba celosa? De verás eres un imbécil- me crucé de brazos enfada, ¿cómo podía ser tan tonto? Tenía ganas de gritarle, de golpearlo de torturarlo… me tomó por la cintura y me acercó a su cuerpo, intenté zafarme pero no me lo permitió
— ¿Así que no estabas celosa? — Murmuró cerca de mi rostro
— ¡Déjame! O…o ¡te echo a la calle ya mismo! — Bruto con fuerza… por más que pataleaba no lograba librarme y eso le causaba cierta gracia, gracia que yo no veía para nada
Me besó callando todo lo que tenía para decirle. Primero me resistí, todo lo que pude pero finalmente él ganó cuando deslizó su lengua por entre mis labios. Nos separamos luego de un buen rato, dejando nuestras frentes pegadas
— ¿Me perdonas? — Mi cuerpo literalmente ardía, entre tanto besuqueo sus manos hicieron contacto con ciertas partes de mi anatomía que ahora clamaban por su atención. Jamás había experimentado algo igual y estaba medio atontada
— No— murmuré con voz ligeramente más ronca
— Así que no…— escurrió la mano que mantenía en mi espalda hasta mi delantera, y me agité en expectación. Apenas redondeó dicha forma y gemí sin poder evitarlo, aunque posterior a esto mordí mi labio inferior ruborizada.
— No— seguía en mi plan. Buscó mis labios, pero este beso era diferente, cargado de algo que no reconocía aún pero sabía que lo necesitaba
— Bella…— su terciopelo que tiene por voz estaba ronca, sí, ronca y comprendí de momento a otro que era lo que deseaba, a él.
La tarde de sábado lluvioso ya había acaecido con todo su esplendor, haciendo necesario encender algunas velas… pero lo que menos quería era alejarme del chico. Lo miré a los ojos y vi esa chispa que de seguro también habitaba en los míos. Estaba decidida, estaría con Edward… justo ahora.
— Hay…hay que encender las velas— estaba algo nerviosa, pero segura de lo que sentía, no iba a dar marcha atrás.
Acarició mi cintura, mi espalda y finalmente mis labios.
Fui por los fósforos, arriba ya habían velas, opté por intentar dejar un espacio a mi mente para pensar. Quizá iba a arrepentirme
Subí y encendí las lumbreras, mientras sentía mi pulso acelerado. Jamás había experimentado este tipo de tensión y digamos que mi mente no trabajaba del todo bien. Me entretuve jugando con una llama, paseando mis dedos mientras valoraba lo que iba a hacer.
Finalmente dejé la habitación más o menos iluminada. Oí caer algunas cosas y bajé con cautela los escalones.
— ¿Edward? — Apoyé la mano en la barandilla.
Abajo todo estaba oscuro y se me oprimió el corazón de miedo. Afuera, el sol se encontraba oculto bajo los anchos y rebosantes nubarrones negros que eran los dueños y señores del cielo. Me estaba empezando la psicosis… por eso cuando volví a pronunciar su nombre salió patéticamente tembloroso— ya…no quiero jugar— iba a poner los pies en el piso oscuro, cuando algo me atajó por detrás y me cubrió la boca. Aún así intenté zafarme dando patadas y codazos. ¿Y si alguien se había metido a la casa? ¿Y Edward? Mordí la mano y logré gritar aún forcejeando con los brazos que rodeaban mi cintura con fuerza
— ¡Edward! — Grité todo lo que pude hasta que me vi otra vez acallada. Fui presionada contra la muralla y sentí una de las manos ascender. Ay no… me van a violar. Fue la única estupidez que logré pensar.
— Ssh…— murmuró una voz ronca en mi oído— quédate quietecita y todo irá bien…— añadió mientras acariciaba casi de forma imperceptible mi mejilla.
Estaba confundida, mi mente pedía auxilio, mi cuerpo quería más.
Asentí sin ver nada, porque no se me permitía. Me percaté de cómo ponía una venda negra en mis ojos y de pronto me sentía muy extraña… no sabría describirlo, pero mi cuerpo deseaba muchas cosas y otras tantas se pasaban ante mis párpados. Mis poros estaban dilatados a tal punto que percibía todo cuanto me rodeaba.
Noté que besaban mi cuello, y sin remedio mi corazón se desbocó, algo estaba raro… algo en el individuo me era familiar.
Gimió al respirar mi aroma e hizo un puño con mi pelo y luego lo soltó. A momentos la consciencia volvía a mí y sentía verdadero miedo, miedo del bueno.
Tomó mi brazo, allá donde la tela cubría mi piel y me hizo subir cada escalón y mi corazón se aceleró sin poder evitarlo, mientras algunas lágrimas escurrían por mi rostro. Fuera de toda la seducción y excitación en mi interior, estaba asustada… no quería esto, no lo quería.
— ¿Dónde está…?— Pregunté y oí una leve risa
— ¿El muchacho? — Asentí- él estará bien mientras tú…— acarició mi quijada y sentí deseos de apartar el dedo— seas obediente— la voz no la reconocía, no obstante cierto matiz era conocido y todo el cúmulo de sensaciones no me dejaba pensar, ni analizar absolutamente nada, por lo que no podría deducirlo.
Abrió lo que supuse era mi habitación, y me apuró a entrar. Me besó la clavícula y un estremecimiento me atravesó el cuerpo y me hallé de peor manera al no ser del todo repulsivo…
Así ascendió hasta mi oreja, mi rostro, mientras que sus manos acariciaban mis costados con suma delicadeza, para ser un violador era bastante suave… en ningún momento hizo contacto con mis labios, y lo cierto era que lo prefería de esa manera, por lo menos eso se salvaba de él. Cerré los ojos y las lágrimas corrieron por mis mejillas, empapándome las mejillas.
— No… no llores— suplicó, a la par que con su dedo las retiraba de forma imperceptible. Me aferré a lo que había sentido con Edward, transportar mi mente… ¿cómo podían cambiar tanto las cosas?
Me recostó en la cama, lentamente y se posicionó sobre mí. Entonces recordé que encima de mi velador había dejado una lámpara…solo debía alargar un poco el brazo y ya…
Sus manos recorrieron desde la cadera, moldeando, palpando y así continuó hasta casi tocarme ahí, sentí ganas locas de cubrirme con las manos, y golpearlo ¿pero que pasaría con Edward? Además necesitaba mi brazo libre…
Colocó ambas manos en mi mejilla y percibí más cerca su aliento, iba a besarme en la boca y yo no pensaba permitirlo.
Solo me faltaba un poco para coger mi arma… un milímetro… sus labios casi rozaban los míos y justo cuando iba a presionarlos por fin, golpeé su cabeza con toda mi fuerza. Al instante cayó su cuerpo sobre el mío.
Mi respiración era agitada y no demoré en quitarme la venda de los ojos
No podía dar crédito a esto…
Era nada más ni nada menos que Edward, sí… Edward.
Y yo lo había golpeado con una lámpara, se hizo pasar por un violador y fueron los peores momentos de mi vida…
De su cabeza salía un hilillo de sangre y lo demás dejó de importarme, solo hacerlo reaccionar otra vez importaba.
— ¿Edward? Por favor, despierta— me costó un triunfo escaparme a su cuerpo, pero finalmente lo logré. Y él no despertaba.
Lo rodé hasta que quedó boca arriba y bajé a toda prisa la escalera para buscar apósitos, agua, alcohol cualquier cosa que me sirviera.
No sé como logré llegar sana y salva al segundo piso. Corrí a su lado y limpié la herida, sacando los restos de cerámica que quedaban alrededor. Ash… todo esto era su culpa, estúpido, estúpido.
Los minutos pasaban y él no abría sus ojos, comencé a desesperarme de veras. Mis movimientos eran trémulos hasta el punto de parecer una histérica.
Tomé su mano, apretándola contra la mía, ¿Por qué tenía que ser tan tonto? ¿Qué pasa si es que lo había matado? No, no, me moriría.
— Edward por favor, despierta… por favor— susurré al borde del llanto. La luz de las velas iluminaba su perfil y pasé un gran rato hasta que caí vencida por el sueño, así, arrodillada junto a mi cama, con sus manos enredadas entre las mías, rogando porque no lo hubiera matado.
-o-
Desperté otra vez, junto a ese calor que en tan corto tiempo se me había hecho tan familiar. Como por inercia me acurruqué más cerca, en busca de ese confort. Entonces caí en la cuenta de algo súper importante… ¿cómo llegué aquí?
Alcé la cabeza esperanzada de ver sus ojos observándome, que no estaba muerto…
Pues… no me defraudó, ahí estaba, mirándome divertido.
— Hola preciosa— murmuró acariciando mi rostro y no lo resistí. Me lancé a sus brazos, pero pronto la rabia y la preocupación ocuparon el lugar de la felicidad
— ¡Eres un idiota!… un idiota, no sabes como lo pasé, ¿cómo se te ocurre? No vuelvas a hacer eso… ¡nunca más! — Golpeé su pecho con mis manos hechas puños, hasta que caí rendida por las lágrimas que amenazaban mis ojos. Solo se dedicó a acariciar mi cabello y espalda. Mientras mis fuerzas para reclamarle se agotaban de a poco
— Lo siento… de verdad, lo lamento mucho— me apretó contra sí, mi mejilla en su pecho, y mis ojos casi derramando lágrimas. Su voz era arrepentida— ¿me perdonarás? Por favor, di que sí…— murmuró en el tope de mi cabeza
— No. — casi le rugí, aún tenía rabia, pero no por el suceso del "violador" si no que por haberme asustado de tal manera
— Por favor…— sus manos lentamente cobraron otras intenciones al pasearse por mi espalda. Y lo cierto era que me había dejado con las ganas, pero ¿por qué no hacerlo sufrir un rato? Lo miré, dejando mi pecho adherido al suyo. Sus cejas se fruncieron y dejó escapar algo parecido a un gemido… mi turno.
— No pienso perdonarte— murmuré intentando salirme de encima suyo, pero tal como pensé, me sostuvo por los brazos y me giró para ser él el que ocupaba el lugar encima de mí.
— Podría suplicarte…— murmuró besando mi cuello con besos mariposa, sonreí y cerré los ojos disfrutando de esa sensación.
— Hm… no, sigo sin querer perdonarte. — sus labios buscaron los míos, pero se los negué. Me miró confundido— tú te hiciste pasar por un violador— le acusé y él sonrió ligeramente, para ir en busca de mi oreja
— Aunque sé que en el fondo te gustó— intenté parecer indignada, pero con el mordisquillo que le dio a mi lóbulo dejé eso para luego, tenía mucho tiempo de sobra para reclamarle y discutir— perdóname… ¿sí? — Negué con la cabeza mientras enroscaba mis brazos en su cuello. Sus manos ya no tenían tapujos en recorrer mi figura y la verdad, deseaba esto más que nada en el mundo… lo amaba y no iba a arrepentirme.
— Te daré algo a cambio de tu perdón— susurró en el mismo plan seductor, buscando otra vez mi oído
— Hmm… ¿qué? — Pregunté totalmente presa del deseo.
— Solo perdóname y verás— murmuró para ir en busca de mis labios, esta vez no me resistí y con ello entendió que lo disculpaba— dilo…— suplicó, mientras sus manos hacían mi cuerpo crecer y endurecer, en medio de una sinfonía de jadeos y gemidos de placer
— Te perdono…— susurré en sus labios en medio de un gemido y él sonrió antes de añadir
— Haré que veas las estrellas…— y con eso las prendas volaron bajo la atenta vigilancia de las velas.
Acarició todo mi ser con cuidado y delicadeza, tan dulce y suave como solo él podría ser. Quise cubrirme pero con sus miradas y palabras lograba sacarme de ese estado.
Jamás me había sentido tan completa, tan yo… nunca pensé que al conocerlo ese día en el cementerio terminaría siendo la persona a quien amo… jamás pensé siquiera que lograría ser tan feliz…
— ¿Estás segura? — Preguntó pegando nuestras frentes sudorosas, su mirada ardiente y tierna al mismo tiempo me inspeccionaban. Me sentía como una mariposa a punto de salir por fin de su capullo, de uno que utilizó muchos años para protegerse de este grandioso sentimiento. Asentí mientras acariciaba su piel— va a dolerte… pero intentaré ir despacio— murmuró en mi oído— relájate— volvió en busca de mis labios y me concentré en su lengua jugando con la mía.
Hasta que lo sentí lentamente y no pude evitar el tensarme…
No diré que no me dolió ¡carajo! Sí que lo hizo.
Y además era extraño, me sentía a punto de romper en dos a pesar de que él había sido mucho más que cuidadoso al juntar nuestros cuerpos en esa unión tan majestuosa, sin embargo no conseguí mantener recluidas las lágrimas que descendieron mojando mi sien
— Me quedaré cuanto necesites— susurró suavemente a la par que borraba el rastro de mi congoja con sus labios delicados. Y pronunciaba con suma ternura te amo, me sentía en el cielo a pesar del dolor que poco a poco se fue tornando en algo muy diferente.
Tardé un momento en acostumbrarme, pero luego de eso, cumplió su promesa al pie de la letra
No solo vi las estrellas, sino que aquel delfín con ropa que contemplé la primera vez que me emborraché, en aquella noche que terminó dándole pie a todo esto.
Finalmente, cuando mi cuerpo alcanzó eso que tanto deseaba, caí rendida sobre su pecho. Era como si hubiese habido un nudo en mi vientre que me dejó caer en el limbo con una sensación vorágine, algo que en mi vida había experimentado, y me alegraba enormemente el haberlo compartido con él… le acababa de entregar no solo mi cuerpo, si no que mi corazón. Ya no podría vivir sin Edward a mi lado.
— Gracias— susurró cerca de mi oído, mientras retiraba mechones de cabello adherido a mi piel aún sudorosa. Luego trazó círculos imperceptibles.
Percibía los párpados pesados, y los músculos relajados en grado sumo. Sonreí sobre su pecho.
— Cumpliste con tu promesa…— sonrió mientras me acariciaba con un dedo como pétalo de rosa.
— Te amo, mi pequeña Bella y gracias, no podría decirte con palabras lo que siento— me dejó un beso en el tope de la cabeza
— Yo también te amo, mi violador y creo que tengo una idea— sonreí y correspondí a su beso, este era totalmente lento y tierno.
— Descansa, mañana cuando despiertes aquí estaré— murmuró y a penas logré oír su voz antes de caer en la inconsciencia, por primera vez sintiéndome completa, y llena de dicha. Sus latidos fueron mi canción de cuna y sé que dormiría mejor que cualquier otro día de mi vida.
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Al amanecer, estiré mi cuerpo como parte de una rutina y tuve la sensación de tener varios huesos fuera de su lugar y un dolor extraño en la parte baja de mi anatomía, pero no era en absoluto molesto, sino que un recordatorio… suspiré al rememorar la noche anterior, lo cariñoso que fue en sus mimos, sus labios sobre mi piel… sus manos tocándome con total terneza.
Su cuerpo cálido al mío me indicó que en efecto, había pasado la noche conmigo, me hallaba rebosante de júbilo y no podía parar de sonreír
— ¿Alguien está de muy buen ánimo hoy? — Murmuró y me ruboricé. Sé que era estúpido hacerlo ahora, ahora que habíamos estado juntos y que le había dado mi primera vez, era ridículo pero no lograba controlarlo. Soltó una risa, y golpeé su pecho con mi puño. — Me alegra que sigas siendo igual de inocente, tu rubor… tú. Tú me encantas— me besó los labios en primera instancia reposadamente, sintiéndonos como en nuestro inicial ósculo, pero luego volví a sentir ese fuego. Sin embargo, él se separó— no— me sujetó por el hombro, recién me di cuenta de que llevaba una de mis camisetas holgadas y fruncí el ceño— no es porque no lo deseé… por Dios apenas puedo controlar mi cuerpo cerca de ti— para reafirmar la idea presionó ligeramente su cadera a la mía y me ruboricé al gemir por sentir esa parte de él en concreto— es solo que tú debes estar adolorida ¿estás bien? ¿No te duele? Yo intenté ser lo más cuidadoso pero sé que…— lo silencié con mi dedo. Al mismo tiempo que dejaba esbozar una sonrisa
— Estoy perfectamente… y aún debo disculparte por otras cuantas cosas más, así que… ven aquí y hazme ver las estrellas otra vez— susurré a escasos centímetros de sus labios. Él rió y me besó con pasión… y en esas estábamos cuando…
— Bella, cariño… ¡ya estoy aquí! Llegué antes— me separé ipso facto con los ojos abiertos de par en par ¡era Renée! ¡Dios! Yo semidesnuda, con un chico metido en mi cama, con el que tuve sexo la anterior noche y que ahora íbamos por el segundo round…
Auch, creo que tendría que explicar un par de cosas… aunque, sí estaba con Edward, no me importaba lo que se avecinara, siempre y cuando estuviera a mi lado… y tal parece, que esa inocente noche de juegos y mi estadía en el cementerio valieron la pena, porque me han traído al ser más maravilloso del mundo, y es solo mío.
Veremos cuanta gracia y maravilla le hace a mi madre…
Bueno, ya he terminado con la corrección de los capítulos, espero no haber molestado a nadie ;) Y gracias por el apoyo brindado a esta historia.
¡Un abrazote y muchas bendiciones!
