Disclaimer: Obviamente, todos los personajes –excepto unos pocos- pertenecen a Stephenie Meyer. Yo sólo echo a volar la imaginación, disfrutando con el universo que ella ha creado

A/N: Muchísimas gracias por estar ahí. No imagináis lo contenta que me siento cada vez que leo algún comentario nuevo, sobre todo si he pasado horas pensando cómo pulir algún capítulo. Aprecio todos y cada uno de vuestros comentarios, breves o largos –aunque los largos son puro azúcar para mis neuronas…-

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Capítulo Doce: "La Estrategia Whitlock"

Pv Edward

Para ser sincero, en el fondo me alegraba que Alice se hubiera empeñado en que pasáramos unos días en Niza, planeando una estrategia. Yo sabía que ella seguía intentado rastrear el futuro de Bella, y que trataba de concentrarse con todas sus fuerzas, motivo por el cual tuvimos que ir de caza en territorio galo donde, podríamos decir que las presas apetitosas brillan por su ausencia.

Aún así, Alice se permitió la travesura de robar en una granja de ocas. Quería comprobar si la sangre del animal del que provenía el tan famoso y suculento manjar llamado "foie" –tan sumamente apreciado por los humanos- podía ofrecer un sabroso bocado para un grupo de vampiros vegetarianos. Lástima que la cata no fuera de nuestro agrado y tuviéramos que conformarnos con jabalíes y ciervos, a falta de una especie felina de tamaño razonable.

Después de unos días en Niza, y de varias conversaciones a cual más enervante sobre cómo mantenernos sobre la pista –expresión que yo encontraba de lo más frustrante por cuanto ésta tenía de fantasioso, ya que en Albi se había volatilizado todo rastro-, finalmente fue Jasper quien tomó la decisión correcta. El Comandante Whitlock sacó a relucir su adiestramiento militar, y esta vez, no pude por menos que darle la razón.

Yo seguía evitando ahondar en la mente de mi hermano, aún dolido por la sospecha que había alimentado en nuestras mentes sobre el inconcebible comportamiento de la que era mi motivo para sobrevivir en esta existencia, pero tuve que reconocer que, con Alice aterrada por el asesinato del chofer, y mi actual estado de ánimo, que rayaba casi en un trastorno maniaco depresivo –en el que la mayor parte del tiempo, me limitaba a caminar a su lado sin siquiera molestarme en seguir la conversación-, la propuesta de Jasper era la más cuerda.

Así que allí estábamos, recorriendo las calles de París, en busca de algunos de los nuestros, a los que poder interrogar con respecto a la tal Micaela –si es que ese era su nombre-. Según Jasper, algo que había aprendido de su creadora, una vampira mejicana de nombre María, lo lógico era que los vampiros se concentraran en grandes ciudades con alto porcentaje de población a la que poder hincar el diente sin llamar demasiado la atención. Todos sabíamos eso. Hasta yo recordaba habérselo explicado a Bella cuando Victoria y sus neófitos la habían acechado. Cuando Jasper le había contado su historia. Y yo no había sido capaz de recordarlo, centrado en su recuerdo.

Para mi sorpresa, Alice cogió las riendas nada más pisar la ciudad. La verdad era que ninguno de nosotros podía concentrarse en el recorrido turístico que Alice había marcado a nuestra llegada la "La Ville Lumière". Mi mente vagabundeaba entre las formas góticas de Notre Dame, la cúpula de Montmartre, la icónica estampa de la Tour Eiffel, y la eterna presencia de Bella, recordándome a cada paso que era su mano la que ansiaba acariciar con la mía mientras callejeábamos por la "Ciudad del Amor". Pero las únicas manos amantes que veía unidas eran las de Alice y Jasper, declarándose silenciosamente mutua adoración. Ése era el exclusivo gesto que mi hermana se permitía mientras recorríamos la Place de la Concorde, El Trocadero, Les Champs Ellysèes, y cuando no pude aguantar más la extraña expresión de su rostro, decidí abrir mi mente.

Veía París. Pero no el mismo París que habíamos estado recorriendo los últimos días. Veía París en pinturas al carbón.

Parpadeé mientras la miraba absolutamente alucinado, embobado por la perfección de las representaciones, y confundido por sus intenciones. De repente, me vi a mí mismo hablando con el que supuse el autor de los dibujos, en el interior de un barco. Desde el ojo de buey se podía ver uno de los puentes más famosos de París.

- ¡Oh, por fin!- exclamó Alice, mirándome fijamente.

- "Le Pont Neuf"- contesté de inmediato.

- Me estaba volviendo loca, Edward.- contestó ella replicándome, y tirando del brazo de Jasper con todas sus fuerzas.- Esperar pacientemente a que abandones tu aislamiento y me eches un cable es desquiciante…

- No hacemos turismo.- concluí en voz alta.

- Me conoces mejor que eso, Edward.- acusó ella, echando chispas por sus diminutos ojillos.- Pero te entiendo…

Entonces su visión cambió y aparecimos los tres hablando con el vampiro, en el interior del barco.

- Debemos separarnos.- anuncié al llegar al puente. Alice no perdió un segundo en discutir mi sugerencia, porque quería llegar a ese barco y, al fin y al cabo, eran mis decisiones las que parecían llevarnos allí. Yo tampoco estaba aburriéndola con preguntas sobre cómo conocía a ese vampiro. Avancé muerto de curiosidad por la orilla del Sena en la dirección en la que, según la primera visión de Alice, debía coincidir con nuestro vampiro misterioso. Y a los pocos minutos, me inundó una ya conocida sensación de dejà vu, al acercarme a un rincón flanqueado por cuadros al carbón y bellísimas acuarelas que plasmaban los lugares turísticos más emblemáticos de París. El inconfundible aroma de nuestra especie invadió el aire.

- Alice, Jasper.- llamé de inmediato.

- Bonsoir, monsieur.- me saludó una voz grave, desde la parte más oscura del rincón. Era una aparición puramente teatral, destinada a intimidar al visitante, puesto que la noche que nos rodeaba hacía innecesario el camuflaje. Abrí mi mente hacia los pensamientos del artista.

- Des yeux dorés, j'ignorait plus de vampires comme ils...(1)

- Bonsoir, Jean Michel.- saludó mi hermana antes de que pudiera reaccionar. El interpelado dirigió su vista desconfiada hacia ella.

- Pourquoi sait-elle mon nom ?(2)

- Je suis Alice Cullen et ce sont mon frère Edward et mon mari Jasper Hale.(3)

- ¿Cullen ? ¿Hale ? ¿Familiaggues de Gosalie y Emmet ?

- Oui, monsieur.- contesté yo. Nuestros apellidos habían despertado en su mente claras imágenes de los rostros de mi hermano y su mujer.

- Alors, Bienvenue à Paris! (4)- gesticuló él ceremoniosamente. Estrechó mi mano y la de Jasper y dramatizó un caballeroso besamanos para Alice.- y bien, ¿qué asuntos tjaen al gguesto de la familia Cullen a mi bohemio hogagg?

- Rosalie me habló de usted, Jean Michel.- contestó educadamente Alice.

- ¿No le molestaggá tuteaggme, mademoiselle Alice?

- D'accord, Jean Michel. Al fin y al cabo, son asuntos serios los que nos traen y requieren la confianza mutua y el apoyo que prometiste a mi hermana.- confió Alice. Jasper aún se removía inquieto. Supongo que la desconfianza reinante no le tranquilizaba.

- Acompañadme, s'il vous plait.- invitó el vampiro, poniéndose repentinamente serio.

Alice cogió a Jasper de la mano y comenzamos a caminar detrás de él, pese a cualquier reticencia que todavía pudiera guardar sobre sincerarnos con aquel desconocido. No obstante, sus pensamientos eran del todo sinceros. Habíamos puesto en alerta a aquel amigo de Rosalie. Y tanto Alice como yo sabíamos adónde nos dirigía Jean Michel. Al velero que descansaba a unos metros de donde se encontraba la pequeña muestra de su talento.

- ¿Vives en un barco?- pregunté, tratando de romper el silencio reinante. Por toda respuesta, realizó un ademán para que le siguiéramos al interior.

- Este es un lugagg más adecuado paga tjatag asuntos segguios, más íntimo.- introdujo Jean Michel cuando nos hubimos acomodado en unas sillas.

- Rosalie me dijo en una ocasión, que Emmet y ella habían conocido a un artista en París que había prometido ayudarles si alguna vez requerían de apoyo en Francia.- explicó Alice.

Así que de eso se trataba. La mente de Jean manejaba recuerdos de aquella conversación en una de las últimas estancias de mi hermana y Emmet en la ciudad, y reconocí un hermoso retrato que mi hermana había colgado en su dormitorio, y que todos en la casa habíamos alabado como la representación más deslumbrantemente perfecta de la belleza de Rosalie.

- J'ecute.- fue su escueta respuesta.

- Ahora soy yo quien debe hablar, puesto que me atañe personalmente.- contesté antes de que Alice prosiguiera con el relato.- Por razones que aún tratamos de averiguar, una desconocida nos ha arrebatado a un miembro de la familia. Ella… la ha convencido para que la siga y la mantiene aislada de todos nosotros. Parece retenerla mediante algún don especial que todavía ignoramos. Y estamos tratando de encontrarla y traerla de vuelta a mis… a donde pertenece.- resumí, fallando estrepitosamente en mi intento por no dar demasiada información.

- Un… una miembjo de vuestja familia ha sido ¿secuestjada?- dedujo Jean Michel.

- Así es, Jean Michel.- afirmó Alice.- No sabemos quién es ni dónde están ni qué están haciendo, aparte de lo de Albi… Sólo tenemos algunas fotos sacadas de cámaras de seguridad…

- Si quisieras decirnos si alguna vez la has visto, si nos ayudas a averiguar quién es y por qué se ha llevado a mi…- interrumpí a Alice.

Me detuve de inmediato. La ceja de Jean Michel indicaba que acabábamos de desvelar nuestro cante. En una partida de poker nos habría desplumado. Éramos pésimos mintiendo, Jasper sacudía la cabeza decepcionado y un tanto incrédulo de nuestro fracaso. Alice casi había revelado lo de su participación en el asesinato del chófer, y yo ya había dejado caer dos claras pistas en mi apasionado discurso sobre el lazo que me unía a la miembro Cullen desaparecida.

- Edwagd.- comenzó él.- Puede segg difícil de cjeegg, peggo sois familia de Gosalie y Emmet, y os ayudaggué en todo lo que pueda. Peggo tenéis que contaggme toda la veggdad…

- No sé qué decir, Jean Michel.- respondí agachando la cabeza, preso de la vergüenza, rompiendo el incómodo silencio que había hecho acto de presencia al sabernos descubiertos.- Ella, la miembro de la familia que ha desaparecido… se llama Bella y es mi mujer.

- ¿Tu mujegg, Edwagd?

- El Sol de mis días, la Luna de mis noches, el aire que respiro, mi amante y compañera, la fuerza que me ancla a la vida… me la han arrebatado sin la más mínima explicación y me voy a volver loco sin ella.- confesé finalmente.

- Sólo sabemos que es una vampira pelirroja.- prosiguió Alice extendiéndole la foto de Micaela. Mientras ella hablaba, el sacó una hoja y un carboncillo y comenzó a esbozar un trazo tras otro.- No la hemos visto en persona, sólo son grabaciones de cámaras de seguridad. No sabemos cómo, la despojó de su teléfono móvil, de sus tarjetas, de su documentación, y la subió a un avión. Perdimos su pista en Albi, ellas… ella… el chofer portugués le sirvió de tentempié…

- ¿No ha intentado poneggse en contagto con vosotjos?- preguntó Jean Michel

- Está bien, te lo diré…- contestó Alice de repente. La miré alarmado.- Yo… puedo ver el futuro de quienes me rodean.

Los ojos de Jean Michel se abrieron de par en par. Su mente no quería creer las palabras de mi hermana.

- Puedo verlo siempre y cuando tenga que ver con las decisiones que toman. Por ejemplo, sé que Edward no va a salir de este barco con las manos vacías.- informó Alice, bloqueando su mente de inmediato para que no pudiera ver a qué se refería.

- ¿Y eso guesponde a mi pjegunta?

- Desde que Bella desapareció, he sido incapaz de ver su futuro. Es como si no tomara decisiones, y encontramos indicios en Albi de que están siguiendo instrucciones. Quienes están detrás de esto, saben cómo evitar que la vea. Si no toma decisiones, simplemente…

- Claro, ¡eso es!- interrumpí sin apenas evitarlo. Tres pares de ojos se clavaron en mí.- Es mental. Bella sólo obedece. Pero Bella no obedecería conscientemente ninguna orden que la alejara de nosotros, de mí. Es su mente.

- ¿Estás diciendo que esa vampira puede ordenar a una mente para que la obedezca?- dedujo Jasper, hablando por primera vez en la reunión.- ¿Que manipula las mentes a su antojo? ¿Que quien se cruza con ella puede ser su títere?

- Piénsalo, Jazz, es lo único que tiene sentido… la manera de conducir a Bella por el aeropuerto empujando levemente su espalda, la deliberada lentitud con la que habló al dependiente del alquiler de coches, la amnesia de la librera… Da órdenes a la mente de sus víctimas.-

Y podía haber ordenado a Bella que matara al chofer. Enmudecí. Yo mismo acababa de darle la razón a Jasper, concediéndole la única razón por la que Bella podría haber bebido la sangre de aquel pobre hombre.

- Entonces, Edward…- añadió Alice claramente afectada.- Entonces me alegro de no habernos cruzado con ellas, porque cualquiera de nosotros podría ser su próxima víctima, mientras no averigüemos cómo lo hace. Aunque las localizáramos, tendríamos que mantener una distancia de seguridad…

- Mon Dieu! No me gusta nada esa vampigga, y sólo conozco una fogma de ayudaggos.- interrumpió Jean Michel, enseñándonos lo que había estado esbozando, y sacó una segunda lámina. Tenía entre mis manos un perfecto retrato de Micaela.- ¿No sabéis su nombje?

- En Portugal utilizó dos alias falsos para ella y para Bella: Giovanna Cuinha y Veronicque Da Silva. Pero como dice Alice, en Albi supimos que había una tarjeta en la que se ordenaba matar al chofer. En la tarjeta aparecía el nombre de Micaela…

- Debe tener tantos sobrenombres como países hay sobre la esfera terrestre.- protestó Alice observando el retrato que tan magistralmente había esbozado Jean Michel.

- Por eso es tan difícil seguirlas. Supimos que en la gasolinera de Albi varios testigos vieron marchar un Ferrari Testarossa esa mañana. Creemos que iban en él. Y no podemos rastrear un solo coche por toda Europa. Es como buscar una aguja en un pajar. Ni siquiera tenemos su matrícula. Ya es difícil buscar a una sola vampira…- proseguía Jasper.

- Peggo no buscáis a una sola vampigga, sino a dos. Y, mon ami, cualquiegga de las dos destacagguía entje todas las que conozco… Tu esposa, Edwagd, peggmíteme decig, tiene un gostjo cuya imagen pudiegga pegmanecegg en la guetina de cualquiegg hombge que tenga la sueggte de cjuzagse con ella.- apuntó Jean Michel

- Es aún más hermosa en su interior.- corregí levantándome de la silla, disgustado por el examen tan superficial de los dones de la estrella que más brillaba en mi firmamento.

- No lo dudo, Edwagd. Ninguna mujegg meggueceguía semejante despliegue paga guecupegagla, a no seg que su belleza gueal supegaga con cjeces su belleza física.- afirmó él entonces, advirtiendo mi celo.- No he visto a esta vampigga, ni he oído esos nombjes, pego esa lámina va a acompañagme a pagtig de ahogga allá donde vaya. Guecogo el país en el veleggo fingiendo seg un mego agtista…

Sus pensamientos volvían a ser absolutamente sinceros. Jean Michel iba a exponer el retrato de nuestra pequeña pesadilla sin nombre junto con el resto de sus cuadros. Si alguien parecía reconocerla, su decisión de avisarnos inmediatamente y averiguar cuanta información fuera posible era firme como una roca.

- Merci, Jean Michel, merci beaucoup.- agradecí fervientemente.

- De rien, Edwagd. Veo algo sucio en vuestjo pjoblema, y pjefieggo sabeg a qué juega esta belleza. Ahogga debéis iggos. Casi está amaneciendo. Ça c'est pour toi, Edwagd.- informó, tendiéndome la segunda lámina que había estado esbozando.

El aire abandonó mis pulmones de inmediato, y mis rodillas flaquearon hasta el punto de obligarme a volver a tomar asiento, de no querer derrumbarme allí en medio. Jean Michel había recreado el retrato más hermoso de mi amada que jamás hubiera imaginado, en tan solo unos minutos de trazos en un papel, partiendo de la foto que Alice le había dado: sus ojos dorados y brillantes como el Sol de la mañana, plenos de alegría, la suavidad de su piel, sus exquisitos labios portadores del más delicioso néctar de los dioses, su cabello, pura seda entre mis manos…

- Edward, tiene razón, debemos irnos…- oí decir a mi hermana mientras su mano detenía la mía sobre la lámina, haciéndome consciente de que estaba acariciando el cabello de Bella en el retrato, embobado.