11. LA CAÍDA DEL MECHA-ROCKET

Parte 1

Gin tecleaba tan rápido en el teclado que no se le veían los dedos. Estaba ferozmente eufórico, el cohete echaba humo como una chimenea y por eso olía a chamusquina en todo el habitáculo. Se había puesto manos a la obra en cuanto terminaron con las sesiones de hipnotismo aunque mientras tenían lugar él no había parado de hacer fórmulas y redactar secuencias en su libreta.

Había examinado el código a conciencia hasta que había encontrado finalmente una pista que, estaba seguro, les llevaría hasta su enemigo. Pero era realmente desconcertante, pensaba mientras hacía un alto y se frotaba la sien izquierda.

Estaba claro que el hábil hacker había hallado una brecha en su programación y así es como había penetrado así en los sistemas de seguridad, anulándolos para que no sonara la alarma y luego borrando los posibles rastros. Por último, la propia destrucción de las instalaciones borraba cualquier huella física que pudiera haber. En resumen, era un plan perfecto trazado al milímetro por alguien muy inteligente. Pero eso no había detenido a Gin; había encontrado un código encriptado un tanto anómalo y él había desarrollado un programa capaz de descifrarlo. Estaba convencido de que esto le daría la identidad del atacante.

¿Por qué alguien tan brillante cometía un error digno de un novato? Bueno, decir eso era exagerado pero a él le daba la sensación de que había sido demasiado fácil dar con este error, aunque le había llevado muchas horas de minucioso trabajo e incontables tazas de café. No estaba satisfecho porque le parecía que había sido hecho a propósito, un error que era invisible para un ignorante pero claramente visible para un ojo experto. Pero ¿por qué? La posible respuesta le inquietaba. Se detuvo en su teclear y mantuvo el dedo suspendido sobre el botón de "ejecutar" durante unos segundos. ¿Y si era una trampa? ¿Debería seguir adelante? Se encogió de hombros, que fuera lo que debiera ser y pulsó el botón.

Se reclinó en el asiento y sorbió otro poco de café dándole vueltas al asunto en lo que terminaba el ordenador. Había mencionado al resto que creía tener una pista y el doctor Cortex le ordenó que se pusiera manos a la obra de inmediato, algo que Gin se apresuró a hacer tanto para complacerle a él como para complacerse así mismo, puesto que semejante invasión le hacía sentirse terriblemente humillado y eso le ponía de un humor de perros. Garabateó en su bloc de notas un esquema de análisis y, tras un rato, acabó tamborileando con el lapicero, pensativo.

Tan ensimismado estaba que no se dio cuenta cuando Brio irrumpió en el cuarto hasta que no le tuvo al lado, apoyado sobre la consola.

- ¿Y-ya tienes algo? – le preguntó.

- Casi, casi – contestó Gin mirando la barra de progreso, que avanzaba lenta pero inexorable.

Brio asintió con la cabeza, lanzó una mirada detrás de sí para asegurarse que estaban solos y entonces susurró:

- ¿Qué o-opinas de Roo?

- Pues que es un auténtico psicópata sádico que está fatal de la azotea… por eso me cae bien, es una de vuestras mejores obras, sin duda – contestó Gin sin apartar la vista del ordenador, balanceando los pies hacia delante y hacia atrás, pues le colgaban en el aire.

Brio negó con la cabeza.

- ¡N-no me refiero a eso! Si no a-a lo que dijo… mencionó a mis… ¡ejem! Nuestros mutantes p-pero también a una mu-mujer pelirroja…

Gin dejó de observar el monitor y frunció el ceño cuando vio que el prácticamente inalterable Brio parecía nervioso.

- Pues sí, ahora que lo mencionas. ¿Y?

- ¿No te parece…?

Gin meneó la cabeza.

- Nitrus, si vas a decir algo, dilo ya – protestó echando una mirada de soslayo al monitor.

- He llamado a Chicago – contestó éste casi pisándole la última palabra, mirándole con los ojos muy abiertos y arqueando las cejas.

Gin entendió que había algo que no estaba captando y se quedó mirándole fijamente si bien no por mucho tiempo; era casi incapaz de sostener la mirada de otra persona sin que sus ojos se volvieran locos. Seguía sin comprender ¿qué tenía que ver Chicago con Australia?

- Habla claro porque no te sigo. ¿Qué estás insinuando? – admitió, cansado.

- ¿Seguro que no lo ves?

- ¿Ver el qué?

- Ella también ha desaparecido.

- ¿De quién estás hablando? ¡Ah! – Gin abrió mucho los ojos cuando cayó en la cuenta y se quedó sorprendido - ¿Estás seguro?

- To-totalmente.

- Quizá tuviera alguna convención…conferencia… eeh, reunión mafiosa o como córcholis lo llamen ellos.

- N-no… he conseguido que su segunda, Celyne, m-me lo dijera. No saben nada de ella d-desde hace un tiempo. Desapareció… de la noche a la mañana. Piero está como loco bus-buscándola y se esfuerza por mantenerlo en secreto.

- ¿Y tú crees que está con Mystisk? ¿Qué le han hipnotizado como a Ripper Roo y Koala y que trabaja para él?

Brio asintió enérgicamente y frunció el ceño.

- En ese caso deberíamos decírselo al jefe…

- ¡No! – exclamó Brio – Ya le oíste que no quería saber nada de ella.

- Eso fue hace diecisiete años, Nitrus – protestó Gin - Además si ella está con Mystisk… - tragó saliva – Nos van a caer muchas tortas. Debe saberlo. ¿Cómo piensas ayudarle si no, a ver? Además he descubierto que nuestro misterioso hacker nos ha dejado una miguita de pan para que la picoteemos. Apostaría que nos lleva hasta Mystisk… si es así, debo comunicárselo.

- ¿Una traición?

- No tengo manera de saberlo aún, pero es posible.

- Termina lo que haces pero dile al doctor Cortex que era una falsa alarma. Yo me en-encargaré.

Gin abrió tanto la boca que si hubiera sido un dibujo animado le hubiera llegado hasta el suelo.

- ¿Qué mienta al doctor Cortex? ¿Al Maestro? ¿Estás majara?

- ¡No le llames así! Y yo no soy quien ti-tiene un co-cohete pegado a la cabeza.

- ¡Eh, eh! ¡No te pases! Prácticamente soy tu superior y…

- ¿Qué di-dices? Yo estaba con Neo mucho antes que tú…

- ¡Te equivocas de nuevo, cochino embustero! – gritó Gin poniéndose rojo de rabia. El cohete humeó - ¡Su ayudante soy yo! ¿Te has olvidado de quién compartía cuarto con él mucho antes de que tú le hablaras?

- Vamos Nicholas, to-todos sabemos a quién eligió como ayudante personal cuando refundó los Comandos.

Gin volvió a abrir la boca y se tapó los oídos.

- ¡No me llames así… Nathaniel! – chilló con voz aguda y Brio dio un respingo al oír su nombre de pila - ¡Y no me vengas con esas! ¡Yo tenía mis compromisos! ¿Cómo me iba a contratar? Pero él pensó antes en mí que en ti, que lo sepas. Me lo dijo una vez. A fin de cuentas yo soy un ingeniero militar y tú un simple químico de pacotilla…

- ¡Tú no le diste el E-Volvo! – gritó Brio poniéndose rojo de ira también.

- ¡Sin tus pociones de abracadabra no eres nada! – añadió Gin lanzándole un puñetazo.

- ¡Y tú con e-ese cohete no sabes ni sumar dos y dos! – gritó Nitrus descargándole una patada.

Justo cuando se echaban las manos encima sonaron todas las alarmas. Ambos se detuvieron, sorprendidos, mirando en el monitor parpadear un aviso en rojo que rezaba: ALERTA DE INTRUSOS.

- ¡Gin, Brio! ¡A la sala de control! – bramó la voz de Neo por megafonía y ellos salieron despedidos por la puerta, empujándose. Dejaron atrás al programa descifrando el mensaje oculto.

Cuando llegaron se encontraron con Neo y Nina discutiendo sobre cómo proceder: la chica era partidaria de salir a plantar cara a los intrusos pero Cortex sostenía en mandar unos robots de seguridad. Obviamente, se salió con la suya, mientras tanto buscó identificar con las cámaras al intruso. Enseguida tuvo una imagen que amplió: no sin asombro distinguió a aquella molesta dragona que tantos dolores de cabeza le había ocasionado en el pasado y que volvía en un momento de lo más inoportuno. ¿Hacía cuántos años que no la había visto?

- ¿La dragona? – preguntó Gin sorprendido – Creía que…

- Sí, yo también. Pero espera… ¿qué es eso que lleva encima? – preguntó Neo y amplió la imagen. No se distinguía muy bien pero vio algo naranja. ¡Imposible!

Se le tensaron los músculos del cuerpo y los dientes le rechinaron.

- ¡Crash! – exclamó - ¡No está muerto! - ¿por qué en el fondo le parecía una buena noticia? ¡Ah sí! Porque eso le daba la oportunidad de matarle él mismo… y de paso no se sentía incómodo porque alguien que no fuera él lo hubiera conseguido.

Para él todo estaba claro; Mystisk les habría atrapado y los habría inducido con aquél control mental a ir a por él. No albergaba muchas esperanzas de que los robots consiguieran algo y maldijo en voz baja cuando los primeros cayeron por el aliento de fuego de la dragona.

- ¡Es inútil tío! – gritó Nina mientras tecleaba órdenes por el computador para que salieran más sondas – Esa dragona es demasiado ágil y destroza nuestros robots.

Él también se daba cuenta temblando de furia.

- ¿Neo? ¿Hola? – preguntó la voz de Ana a través del monitor. Tras acabar con las sesiones de hipnosis había llevado a Ripper Roo a la enfermería para curarle y estaba acompañada de Koala y Wumpa - ¿Qué está ocurriendo?

- Ahora no – protestó Cortex y cortó la transmisión. Ni por asomo debía enterarse de que afuera estaba la dragona porque se pondría a la defensiva con ella.

Su paciencia llegó al límite cuando la segunda tanda de robots de combate cayó.

-¡Gin, conmigo, ahora! – exclamó mientras aporreaba el botón de las torretas de seguridad y se volvía hacia la puerta - ¡Brio, ya sabes qué hacer!

Nina se les había adelantado y ya salía a toda pastilla. Ellos fueron pisándole los talones dejando a Brio en la sala de control para que controlara manualmente las torretas en el caso de que el bandicoot y la dragona se acercaran demasiado; Neo se resistía a matar al animal porque era una fuente infinita de cristales de energía pero lo haría si era necesario.

- ¿Adónde vas jovencita? – preguntó Neo.

- ¿Tú que crees? ¡No voy a perderme la fiesta tío!

Él la sonrió complacido.

- ¿Ves algo? ¡Apenas puedo fijarme con esos molestos robots! ¡Y no me gusta el aspecto de esas torretas! ¿Por qué no disparan? – exclamó Dany a la undécima vuelta que daban.

Crash le dio la razón pero estaba seguro que habría un sitio por el que podrían colarse, la lástima era que habían arruinado el factor sorpresa. El doctor Cortex había hecho algunas ampliaciones y mejoras en las instalaciones y Crash apenas reconocía al modesto laboratorio que visitó hacía ya bastante tiempo. Empezaba a dudar que pudieran entrar por el hielo, seguro que el doctor selló aquellos accesos porque se los había tenido que mostrar a la fuerza hacía unos años con el asunto de los Gemelos Malvados.

- Sugiero que aterricemos y pensemos otra manera de acercarnos ¿tú no decías haber estado ya aquí? ¡Pues recordarás cómo se entra!

Él asintió pero le explicó lo que pensaba como mejor pudo, haciendo mímica y emitiendo ciertos gruñidos pero Dany negó con la cabeza.

- No me entero de nada… ¡Oye! ¿Qué es eso? – preguntó señalando con una de sus garras.

Crash siguió su garra y vio un robot gigante que iba a su encuentro.

- Tengo un mal presentimiento – susurró Dany.

La dragoncita se encaró con el Mecha-Rocket manteniendo las distancias. No entendía mucho de tecnología pero no era estúpida; por el aspecto, intuía que se trataba de un arma que podría matarla tanto a ella como a Crash y no estaba dispuesta a dejar que eso ocurriera. Pero, gracias a su penetrante vista, veía que en el interior estaban los humanos, patéticos e indefensos una vez que cayera su guardián de metal. Crash, por su parte, miraba atónito al robot.

- Bueno, bueno, bueno – dijo Neo a través de los altavoces con un tono de voz fingidamente melodramático– Dos fantasmas del pasado que vienen a atormentar a este pobre y bondadoso científico. ¡Vivir para ver!

- ¡Cortex! – bramó Dany, agitando sus alas rápidamente para mantener la posición - ¡Tenemos que hablar!

- ¿Hablar? – preguntó Neo con su tono de voz normal - Debí destruirte en cuanto tuve la oportunidad y no dejarte a tus anchas, reptil molesto. Creía que finalmente te habías dignado a desaparecer por tu cuenta pero veo que vuelves a importunarme. ¡Y tú Crash! ¡Cómo me decepcionas! Pensaba que habías muerto en el incendio de la playa pero en su lugar corres a venderte a ese villano de pacotilla mientras que a mí me diste plantón. Decidme ¿qué os ha prometido Mystisk por mi cabeza?

- ¿Wha-daa? – preguntó Crash.

- ¿Mystisk? ¿De qué estás hablando? – preguntó Dany también, por un momento confundida.

-Ya suponía yo que no ibais a colaborar.

Se oyeron sonidos metálicos dentro de la nave y un par de cañones-ametralladoras comenzaron a desplegarse hacia el exterior en medio de una retahíla de chirridos, apuntándoles directamente.

- Oh, oh – dijo Crash, tragando saliva.

- ¡Agárrate, saco de pulgas! – exclamó Dany.

Ella no se había dejado impresionar como el marsupial y con un rugido de rabia cesó su aleteo y se dejó caer casi en picado esquivando una lluvia de proyectiles. Siguió una persecución frenética con un sinfín de zigzag que pusieron a prueba la capacidad y habilidad física de Dany a la hora de volar así como la pericia del piloto de la nave, que no era otro que NGin. Simplemente moviendo un mando con un botón de disparo en la parte superior seguía a la dragona sin cesar de dispararle.

- ¡Eso es, derríbalos Gin! – exclamó Neo con entusiasmo.

Nina, con una sonrisa feroz en la cara, manipulaba otros controles porque sabía que los cañones-ametralladoras se recalentarían y agotarían la munición en breves y quedarían inservibles durante un rato. Y menuda sorpresita les tenía reservada a esos dos.

Crash se aferraba como si no hubiera un mañana a los hombros de su nueva amiga haciendo un esfuerzo por no vomitar. Se lo estaría pasando francamente bien si no fuera porque estaban intentando matarles.

- ¡Uf! ¡He elegido un mal día para tener dolor de cabeza! – jadeó Dany, mostrando los dientes por el esfuerzo - ¡Estamos a su merced en este espacio tan abierto! Intentaré usar esas montañas de hielo para cubrirnos o vamos listos.

Justo cuando la dragona se encaminaba hacia allí los disparos cesaron. Dany, sorprendida, giró la cabeza para observar el motivo y vio que sus enemigos les seguían aún pero que de los cañones salían nubes de vapor.

- ¡Vaya! Me parece que a fin de cuentas ese trasto de metal no es tan diferente de un dragón: abusar del fuego durante mucho rato hace que te quedes sin fuelle – sentenció con una sonrisa torcida. Dio la vuelta– Creo que nos toca.

Crash había pensado lo mismo aunque su instinto le decía que debían ser cuidadosos. La secundó advirtiéndole prudencia pero ella no le escuchaba.

- ¡Estúpida lagartija! – rió Nina cuando vio que la dragona viraba con actitud ofensiva.

La joven acarició casi con dulzura sus mandos mientras esperaba que la dragona estuviera lo bastante cerca. Sólo tendría ese disparo y debía asegurarse de no errar.

- ¿Cuánto? – preguntó Neo.

- Las ametralladoras estarán cargados y listos en treinta segundos, jefe – contestó Gin.

Cortex soltó una carcajada.

- ¡Estupendo! Ahora es el turno de las damas – añadió con deferencia dirigiéndose a su sobrina y se dedicó a mirar con entusiasmo a la dragona que estaba cada vez más cerca.

Nina contó en voz alta con una sonrisa en la cara y, cuando Dany estaba a pocos metros de distancia, tiró de sus mandos y disparó.

Una lluvia de pequeños misiles disparados en racimo salió al encuentro de sus enemigos desde la panza del Mecha-Rocket. Todos se deleitaron con la expresión de sorpresa en los ojos de Dany, que apenas tuvo tiempo de reaccionar. Viró a un lado, la vieron girar sobre el costado y hacerse un ovillo cuando los misiles explotaron en su cercanía para que, segundos después, estuviera fuera de su vista.

- ¡SÍ! – exclamaron al unísono y chocaron las palmas.

Entonces Gin giró los mandos para inclinar el Mecha y divertirse con la caída al vacío de aquellos dos molestos entrometidos. Ya recogerían sus restos después.