One-shot basado de una u otra forma en:
Perro fiel – Shakira ft. Maluma
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Capítulo 12: Distracción
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Pansy tamborileaba sus dedos sobre la superficie del escritorio que compartía con Daphne. Suspiró con hastío.
Todavía recordaba con claridad su primera clase de Runas Antiguas, en tercer año. Por tan sólo un momento, había imaginado que sería menos tediosa de lo que sonaba. Se había equivocado.
Como aquel primer día, Daphne, a su lado, estaba inclinada sobre su pergamino, traduciendo muy concentrada. Y como de costumbre, ella seguramente optaría por soñar despierta hasta que terminara la clase, enfocada en ignorar lo más posible la voz de la profesora Babbling. Total, siempre había contando con la paciente ayuda de Daphne para aprobar con la mínima nota necesaria.
No pudo más que ponerse a pensar en todas las cosas que habían cambiado en tres años. Quiso reír al recordar en los chicos con los que fantaseaba cuando tenía trece años. Tan diferentes a quienes habían terminado pasando por su vida con el correr del tiempo. Excepto por uno, claro.
Siempre volvía a él.
Pero en cuanto a los otros, uno en particular regresaba a su mente en aquel momento. Había sido su principal distracción durante sus primeras clases de Runas Antiguas. En el presente le daba mucha vergüenza acordarse de él, pero también le hacía gracia el rol que le había asignado en sus fantasías.
Se trataba de Percy Weasley, el insufrible prefecto. El de una familia de traidores a la sangre. El alto y delgado pelirrojo con el rostro surcado de adorables pecas. Con sus estúpidos lentes que le quedaban tan bien. El pomposo, rígido, arrogante y maldito Premio Anual de Gryffindor. El chupamedias amante de las reglas. ¡Cómo le hubiera gustado a ella marcarle sus propias reglas!
Número uno: quítale diez, no, cincuenta, no, cien, o mejor, ¡quinientos! puntos a tu estúpida casa.
Número dos: ¿Penelope Clearwater? ¿En serio?
Número tres: si le dices a alguien te tiraré de la torre de Astronomía.
Número cuatro: harás todo lo que yo te diga.
Cuando llegaba a ese punto una parte recóndita de ella ronroneaba.
Él hubiera sido atento, cariñoso, detallista. ¿O no? Ella hubiera disfrutado tanto jugar con él. Te quiero, no te quiero, hoy no, mañana tampoco, pero tú aguarda y verás. Sírveme y verás. Se hubiera deleitado viéndolo volverse loco con la espera, confundiéndolo adrede, y habría logrado que se llevara el secreto a la tumba.
Pansy sacudió la cabeza. Merlín, ¿qué cosas andaba pensando a esa edad?
—¿Pansy? —susurró Daphne, a su lado—. ¿En qué piensas?
Pansy se ruborizó.
—En... ¿runas?
Daphne contuvo la risa y volvió la vista su pergamino.
Pansy hizo una mueca, nuevamente absorta, y mordisqueó su lápiz. Tal vez algún día se sacara las ganas, así su mente no volvía en momentos inoportunos a distracciones tontas del pasado.
No sería la primera vez que hacía algo así.
