Disclaimer:Recuerdan a Harry Potter? Nop, sigue sin pertenecerme...

Aquí les dejo el link del capítulo de hoy, por si gustan escucharla n_n

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Capítulo 11: Los prejuicios de un sangre pura.

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En la noche del baile el salón principal estaba finamente decorado con altos jarrones llenos de jazmines blancos, que liberaban una sutil fragancia dulce y exótica; las cortinas de terciopelo verde habían sido reemplazadas por unas de seda blanca y encajes plateados; los instrumentos de cuerda tocaban una melodía tras otra, todas de compositores mágicos que Harry no conocía en su mayoría. Incluso la mesa de los bocadillos tenía como adorno un pavo real de hielo que, sospechaba, no se derretiría en toda la noche.

Los magos de alcurnia iban y venían, vestidos con sus túnicas de gala, asintiendo con la cabeza para saludarse entre ellos. Harry caminaba por el lugar con una copa casi llena de licor de malta, buscando a Hermione con la mirada.

La melodía cambió y todos se reunieron en el centro del salón para para bailar siguiendo el compás de la música. Todos giraban en perfecta armonía, y entre las parejas distinguió a la castaña riendo frente a un Ron de mirada soñadora. Oh vaya, pensó Harry sin sorprenderse del todo; después de todo era cuestión de tiempo que esos dos se dieran cuanta de la forma en la que se miraban. Para ser tan inteligente, Hermione había sido muy despistada al no darse cuenta de lo mucho que le gustaba al pelirrojo, el hecho de que Harry lo notara antes era la prueba, usualmente era él quien no se percataba de las cosas… ¿o sería que ahora prestaba más atención?

Siguió observando a las parejas girando de par en par, hasta que se topó con Draco… con Malfoy, bailando con la hija menor de los Greengrass. Últimamente Harry podía diferenciarlo: primero estaba Malfoy, con su máscara de fastidio y arrogancia y sus sonrisas irónicas, nada más que una fachada para el mundo; luego estaba Draco, quien disfrutaba de las cosas simples de la vida, amable, atento y libre de prejuicios, era él quien sabía sonreír sinceramente, con los labios y con los ojos. No le cabía duda que el que bailaba en ese momento era Malfoy, porque él mismo sabía lo que era seguir el ritmo de la música en brazos de Draco. Aun así los miró unos instantes, el rubio se movía con una gracia sobrehumana; a pesar de que sus gestos faciales parecían más que nada revelar la molestia que le provocaba la compañía, pero ella parecía no notarlo. En ese momento lo embargó una oleada de alivio y curiosidad: ¿alguien, además de él y los señores Malfoy conocerían a Draco, a su verdadero "yo"? Lo dudaba, porque para empezar Malfoy jamás permitiría que Draco saliese a la superficie tan fácilmente, y no podía evitar ufanarse un poco por ello.

Inconscientemente se llevó la mano a los labios, últimamente hacía eso cada vez que pensaba en el rubio y en lo que había sucedido hacía dos días en ese mismo salón, con la música del piano en el fondo. Ah, simplemente no sabía que pensar sobre eso, cuando Draco iba a decirle algo, Zabini había irrumpido en la habitación y lo había arruinado todo, y luego había estado lo de las cuentas de los Malfoy. Al día siguiente a su… encuentro, Harry se había puesto al corriente con todos los documentos que el señor Malfoy le había enviado, eso y atender a Lucius había terminado con todo su tiempo libre, así que no había visto a Draco en todo ese tiempo hasta entonces, viéndolo de lejos mientras bailaba con Astoria.

Dio un trago a su copa y miró a Lucius, quien había permanecido sentado a un lado de su esposa casi toda la velada, levantándose ocasionalmente para saludar a los invitados o bailar alguna pieza lenta con Narcissa. Lucius se veía bien y aparentemente lo pasaba de la misma manera, cosa que lo tranquilizó. La música se detuvo al fin y Narcissa le hizo un gesto con la mano en dirección a s hijo. Draco se aproximó a su madre, inclinándose para verla a la cara. La mujer le susurró unas palabras al oído y él asintió. Todos parecían haber notado el intercambio, porque enseguida comenzaron a aproximarse al piano de un cuarto de cola que aguardaba a un lado del cuarteto de violines en cuando Malfoy se sentó en el banquillo. Poco a poco las notas comenzaron a emanar de las delgadas y finas manos del rubio. La melodía era agradable y tersa, como el sonido de una cascada dejando su agua caer a la distancia, era imposible no suspirar, así que lo hizo.

-Veo que has descubierto el nombre de la pieza.

-Hermione, no te escuché aproximarte- le dijo a su amiga con una sonrisa, pero regresando su atención al rubio de inmediato. -¿Qué decías de la melodía?

-Un suspiro. Así se llama la pieza.

-Oh, ya veo. No sabía que la conocías.

-Sí, es de un compositor muggle. No sé qué Liszt… siempre olvido su nombre… ¡Ah, sí, Franz! Lo que me sorprende es que Malfoy conozca su trabajo.

-¿Si, por qué?

-Harry, es un Malfoy, el epíteto de un sangre pura. Dudo que alguien, en este salón, además de nosotros sepa a quién pertenece la obra.

-Draco no es así, él piensa diferente.

-¿Draco?- preguntó la castaña, alzando una ceja, pero Harry prestaba demasiada atención a la melodía como para darse cuenta, así que sólo asintió.

-Es una buena persona… una vez que lo conoces.

-¿Y tú lo conoces?- el moreno se encogió de hombros, sin prestarle atención del todo, perdido entre las notas del piano.

-Conozco a Draco.

-¿Por qué siento que eso significa otra cosa?

-¿Cómo qué?

-No lo sé, pero te yo sí te conozco a ti, y sé que algo sucede.

-En este lugar siempre suceden cosas.

-¿Sí, cómo qué?

-Como tú bailando cada pieza con Ronald desde que comenzó la velada, por ejemplo.- Conociendo a su amiga, se había sonrojado hasta el cuello y el silencio por parte de la castaña se lo confirmo. Sonrió para sí: ahora podía escuchar por completo.

-Yo… yo no…-

-Hermione, tranquila- le dijo, volteando hacia ella –Ron es un buen hombre y sería un tonto si no se da cuenta de lo maravillosa que eres. Y hablado del rey de Roma…

Hermione volteó y se encontró con un sonriente Ronald Weasley, cargando un par de copas llenas. La chica fue hacia él y aceptó la bebida que le ofrecían, volteando hacia el castaño con el ceño fruncido, sabía que algo sucedía, pero ¿qué?

La melodía terminó y Harry comenzó a aplaudir con frenesí. Su copa se había perdido en algún lugar de una mesa cercana, pero no le importo tanto como para dejar de aplaudirle al rubio. Malfoy se levantó e hizo una pequeña reverencia para agradecer a su público, y cuando se irguió, su mirada se topó con la de Harry. El moreno sonrió, aun lleno de emoción por la pieza, y el rubio le regreso una sonrisa sutil, pero alegre.

El saber que era Draco quien le miraba en ese momento le hizo aplaudir con más fuerza aún.

-Una interpretación esplendida- comentó alguien a su lado.

-Magnifica- asintió sin dejar de mirar al rubio, que se alejaba del piano.

-Sería una suerte contraer matrimonio con él…- esa afirmación le hizo voltear, borrando la sonrisa de su rostro. A su lado, Blaise Zabini le miraba alzando la comisura de los labios.

-¿Disculpe?

-Sólo digo que por aquí Draco es algo así como el premio gordo, es inteligente, apuesto, talentoso… y claro es el heredero de la fortuna Malfoy ¿qué más se puede pedir? No hay dama (o caballero) que no desee desposarlo, después de todo: si el matrimonio Lupin-Black funcionó… Claro que pocos sangre pura lo merecen-

-Habla de él como si fuese un trofeo.

-¿Y no lo es? No hay una sola persona que no se acerque por interés, usted debería saberlo.

-¿Yo?

-Por supuesto, ¿o no fue atraído hasta aquí por el tintineo de los galeones? Es cierto que ha logrado mejorar la situación de Lucius, pero eso sólo aumentará la recompensa.

-Señor Zabini, no sé cómo hayan sido las cosas por aquí, pero yo no…-comenzó, apretado los puños pero fue interrumpido.

-Como sea. Ha sido una interpretación brillante, no lo cree?

-Sí, lo fue.

-Draco podría ser un gran compositor si se dedicase a ello.

-¿Está seguro de que él la ha escrito?

-¿Quién si no? Es obvio que pertenece a Draco, sólo un mago podría tocar de esa forma.

-¿Y un muggle no?

-Por supuesto que no! Incluso la pregunta es ridícula. Un muggle compositor- rio –No son más que personas inútiles y débiles: inferiores. Al igual que los que están manchados por su sangre.

-Con permiso- le dijo Harry, dándole la espalda. En ese momento estaba más que molesto y, al no desear hacer una escena, prefirió salir a caminar.

A pesar de los esfuerzos de Narcissa, la tierra seguía algo húmeda y resbaladiza, pero por fortuna no era barro, lo que le daba a Harry la oportunidad de dar furiosos y apresurados pasos por los terrenos de la mansión.

Estúpido Zabini, insinuándole que sólo ayudaba a los Malfoy por interés, al igual que ese Nott… le molestaba, en especial esa insinuación tácita de que él, Harry James Potter, no era digno de estar con Draco Malfoy. Vaya cretino. Y luego estaba su forma de hablar sobre los muggles, como si se tratase de animales o una plaga que debía ser erradicada. Que imbécil.

Los muggles también eran seres humanos, que sentían y pensaban, era una aberración subestimarlos! En especial cuando tenían un montón de cosas magníficas de las que los magos deberían apreciar y aprender como la música, el arte e incluso la medicina. Harry seguía adentrándose en los terrenos, caminando entre árboles y tierra mucho más húmeda.

Incluso muchos magos poderosos habían muerto por enfermedades muggles y su negligencia ante ser atendidos como tal. Eso le trajo a la memoria a la señora Avery, una mujer sangre pura y muy rica, la cual había sufrido varios años un agresivo tratamiento para la piel, creyendo que era víctima de algún maleficio, cuando en realidad las marcas en su piel se debían a la leucem…

-¡Por supuesto!- exclamó a mitad del bosque. Las manchas en la piel, la debilidad, los dolores de cabeza. Todo tenía tanto sentido y era tan simple: Lucius Malfoy era anémico. Y ¿qué era eso que le había dicho sobre su piel? Que había sido pálida durante generaciones: la anemia era hereditaria, y sabía por Ronald que Draco comenzaba a presentar signos de fatiga y migrañas. Si tenía razón debía comenzar a tratarlos antes de que comenzara a evolucionar a algo mucho más grave como una leucemia. Ambos podrían llevar una vida normal en cuanto evitaran el alcohol y bebían un par de pociones recurrentemente. Tenía que avisarle a Draco en seguida! Dio la vuelta y comenzó a correr de regreso a la mansión. El lodo estaba suave y resbaloso pero no le importaba, tenía que decirle de inmediato que había encontrado la cura de su padre, ya quería ver la cara que ponía el rubio cuando se lo dijera.

Harry estaba tan ocupado pensando en ello que no se dio cuenta del gnomo de jardín que se atravesó en su camino, haciéndolo tropezar. Su pie se dobló en una forma dolorosa que lo hizo perder el equilibrio. Cayó en la esquina de un pequeño valle. Pronto comenzó a rodar en la tierra, golpeándose contra las rocas y cortándose el rostro con las ramas que estaban en el suelo. Un roble detuvo su caída, golpeándole en el abdomen.

Harry trató de moverse, pero el dolor era demasiado fuerte. Levantó la cabeza para observar los daños: sus ropas estaban rasgadas y sucias y su pierna derecha estaba doblada en un ángulo antinatural. Respiró con dificultad, tal vez tenía una costilla rota. Todo comenzaba a darle vueltas, hasta que una nueva y feroz punzada de dolor le hizo perder el conocimiento.

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N.A: Oh por Merlin! no puedo creer que ya haya llegado a esta parte de la historia :DD Espero que les haya gustado, no se preocupen mucho por Harry, aún faltan muuuuchos capítulos... bueno, no sé cuántos la verdad o.o pero no se preocupen xD

Y bueno, en vista de que Draco no tiene bonitas hermanas a las que regalarles pianos, me pareció conveniente que él supiera tocar, además se ve tan asdhakjshak cuando toca... xDD bueno, eso dicen