Capítulo 12. Rencores

Los primeros meses con Rose en casa habían sido de locos. Ron y Hermione apenas dormían. Todas las noches la pequeña parecía notar cuando sus padres habían sucumbido ante el dulce canto de Morfeo y comenzaba a llorar cómo si le fuera la vida en ello.

Hermione había empezado a trabajar desde casa en una nueva reforma de la Ley Dobby. El único problema era que, entre el sueño que tenía y cuidar de Rose, no conseguía avanzar mucho. Era por eso por lo que Ron se llevaba a la pequeña a la tienda algunas tardes. Allí, Angelina y George le ayudaban a vigilarla mientras atendían a los clientes.

Aquella tarde, Ron salió antes de trabajar. Había decidido dar un paseo con Rose por el Callejón Diagon y comprarle a Hermione una pluma vuelapluma nueva. Así le sería más fácil avanzar con su reforma. Acababan de salir de la tienda de Complementos de Escritura Scribbulus cuando una voz que parecía arrastrar las palabras sonó a su espalda.

―Vaya Weasley, veo que sigues siendo igual de patético que en Hogwarts ―Draco Malfoy no había cambiado mucho. Su pelo seguía pegado a su cabeza de forma que parecía pintado sobre su cráneo―. ¿Te cansaste de ser el perro faldero de Potter en el Departamento de Aurores y has decidido ser el empleado de tu hermano? Debe ser duro eso de ser siempre el segundón...

―Malfoy ―la voz de Ron era cortante, casi sonaba amenazadora―, ¿Ya te atreves a salir de la cama sin tus amigotes protegiéndote? Ten cuidado, no vayas a convertirte de nuevo en hurón.

Sin prestarle más atención, Ron continuó su camino hacia la salida a las calles muggles, a través la puerta del Caldero Chorreante. No había dado ni dos pasos cuando, de nuevo, esa voz prepotente volvió a hablar.

―¿Granger no te ha dejado aún? Por lo que veo sigues igual de pobre. Aún no sé cómo te prefirió a ti antes que a Krum… Por cierto, ¿No os preocupa que vuestra hija os salga squib? Con una madre sangre sucia y un padre patético... No creo que nadie apueste mucho por ella...

Antes de que pudiera terminar la frase, Ron se había lanzado contra él, amenazándole con la varita en el pecho. Sus orejas se habían puesto rojas y su respiración estaba acelerada.

―Cómo vuelvas a insultar o a referirte a mi familia, te juro que acabaré contigo, Malfoy. Una simple llamada a los aurores y tu casa será registrada hasta los cimientos. ¿Me has oído bien?

Malfoy no respondió. El terror que se había instalado en su cara fue suficiente para que Ron volviera hasta el cochecito de Rose y entraran en el bar. Odiaba a aquel tipo, siempre tan presuntuoso y cretino. Había decidido que no le diría nada a Hermione, ese hurón grasiento no merecía su atención.

Al llegar a casa, vio que Hermione se había quedado dormida en la mesa del salón, encima de todos sus papeles. Sin hacer ruido, dejó a Rose en la cuna y fue a preparar la cena. En su cabeza seguían las palabras de Malfoy, repitiéndole una y otra vez que siempre sería un fracasado. Por más que intentaba olvidarlo, no podía.

Hermione se despertó de repente. No podía creer que se hubiese quedado dormida. Se levantó y fue a la cocina. Allí encontró a Ron sentado en la mesa. Parecía un poco atormentado. Se acercó a él y se sentó a su lado. Sabía que algo le preocupaba. Él levantó la mirada hacia ella y sonrió.

―Hola dormilona. ¿Has descansado esta tarde? ―Ella asintió, desperezándose aún. Ron le dio un suave beso―. Rosie está arriba durmiendo. Te he traído una cosa.

―Espero que sea una taza enorme de café, creo que esta tarde ha sido lo máximo que he dormido desde que nació Rose.

―Algo mucho mejor que una taza de café ―Ron sonreía. Se levantó y salió al salón, volviendo a los pocos segundos con un paquetito en la mano―. Toma, hace mucho que necesitabas una.

Hermione desenvolvió el paquete de papel verde. Dentro había un estuche de madera y, al abrirlo encontró una pluma anaranjada con un papel en el que se podía leer: "Pluma vuelapluma. No deje de escribir ni en la ducha."

―Muchas gracias Ron. Me vendrá genial para adelantar trabajo ―la chica abrazó al pelirrojo. Después de tantos años, aquellos detalles seguían teniendo una gran presencia en su relación―. Voy a coger a Rose, si la dejamos dormir más ahora, esta noche seremos nosotros quienes no duerman.

Hermione subió a por la pequeña mientras Ron ponía la mesa para cenar. De repente, una voz conocida sonó desde el salón. Cuando Ron fue a ver quién era, encontró la cabeza de Harry dentro de la chimenea.

―Hola colega―. Ron se agachó para hablar con su amigo.

―¡Por fin me hacéis caso! ¿Qué tal estáis?

―Bien. Herms ha ido a coger a la niña, no tardará en bajar. ¿Vosotros que tal?

―Bien también. Tenemos algo que contaros ―justo en ese momento llegaba Hermione con la pequeña Rose en brazos―. Ey Hermione. Qué bien que ya estéis los dos.

―Hola Harry ―Hermione se sentó en la silla al lado de Ron―, ¿Qué es eso que tenéis que contarnos?

―Bueno pues... ¡Ya hemos acabado los arreglos en la casa de la playa! ―Harry estaba muy animado. Habían estado trabajando mucho en esa casa―. Hemos pensado que podríais venir mañana a cenar, ¿Qué os parece?

―Genial, allí estaremos. Además, mañana Ron no trabaja.

―Perfecto. Entonces mañana nos vemos. A las siete ―sin más, la cabeza de Harry desapareció con un pequeño "plof".

A la mañana siguiente, tras una noche en la que Rose les había dejado dormir algo más que de costumbre, Ron y Hermione se encontraban de buen humor. Descansar les había venido muy bien. Aprovechando el buen tiempo veraniego que hacía ese día, salieron a dar un paseo. Vivían en un barrio muggle muy tranquilo, lleno de jardines verdes con altos y frondosos árboles. Ron no le había contado a Hermione nada acerca de su encontronazo con Malfoy. La noche anterior había decidido olvidar todo. Además, hacia un día precioso y no quería que un hurón se lo estropease.

Por la tarde, después de haber conseguido olvidar todo lo que Malfoy le había dicho, Ron ayudó a Hermione a preparar las cosas de Rose que se llevarían a casa de Harry y de Ginny. Irían por la red flu, ya que Hermione pensaba que aparecerse con Rose podía ser peligroso para la pequeña.

Cuando llegó la hora, Hermione pasó primero con Rose por la chimenea y, diciendo claramente el lugar al que querían ir, desaparecieron. Ron siguió su ejemplo y, ante un bufido de Crookshanks, que le miraba atentamente, desapareció también. Aparecieron en un amplio salón, donde les esperaban Ginny, Harry y sus dos hijos, James y Albus.

―¡Hola chicos! ―Ginny se había acercado a saludarles. Llevaba en brazos a Albus que tenía un mes―. Bueno, ¿Qué os parece? Es genial, ¿Verdad? Será mejor que os la enseñe entera….Ya verás la biblioteca, Herms…

Harry se había acercado a saludar a sus amigos también, mientras James jugaba con una pequeña escoba que volaba a su alrededor. Ginny y Hermione salieron del salón para ver el resto de la casa. La pelirroja iba hablando sin parar sobre todas las cosas que tenía que enseñar a su amiga.

―Qué bien, ¿No? ―Ron siempre se sentía incomodo ante la visión de que Harry y su hermana podían permitirse cierto lujos que él no podría darle a Hermione―. Os ha quedado todo muy bien….si…eso…genial.

―Ey, Hermione y tú podéis venir siempre que queráis ―Harry sabía los complejos que siempre habían atormentado a Ron, pero pensaba que la edad había terminado con ellos―. Puede ser una especie de "cuartel". Así podríamos pasar los fines de semana juntos en la playa, como cuando fuimos a casa de Bill después de acabar Hogwarts…

Y ahí estaba el primer intento de caridad. Ron odiaba cuando Harry le ofrecía cosas que él no podía permitirse. Sabía que no lo hacía a malas. Al no haber tenido familia de pequeño, Harry siempre había querido compartir todo lo que tuviera con él y con el resto de los Weasley. Pero esto hacia que Ron se sintiera otra vez como el niño pobretón que había comido chucherías con el famoso Harry Potter en su primer viaje a Hogwarts. Fue entonces cuando, sin poder evitarlo, volvieron a la cabeza de Ron las palabras que le había dicho Malfoy la tarde anterior: "¿Granger no te ha dejado aún? Por lo que veo sigues igual de pobre. Aún no sé cómo te prefirió a ti antes que a Krum…". Quizás, el capullo de Malfoy tenía razón… ¿Cómo era posible que Hermione siguiera con él? Nunca había tenido mucho que ofrecerla…

―¡Ron! ¿Me has escuchado? ―Harry estaba delante de él, mirándole como si esperara una respuesta desde hacía varios minutos―. Te estaba diciendo que si te apetece salir a ver la playa. Seguramente las chicas estén allí.

―Eeh… si, si… vamos ―Ron sonrió con una mueca un poco forzada, pero si Harry había notado algo, no dijo nada.

Harry cogió a James y, junto a Ron, los tres salieron a la playa que daba al jardín de la casa. Para ser agosto, no había mucha gente allí. Una familia se bañaba cerca de donde estaban ellos y, más lejos, unos chicos volaban una cometa. Ginny, Hermione, Rose y Albus estaban allí también, contemplando la playa desierta.

―El hombre al que le compramos la casa nos aseguró que es una zona donde viven muchos magos. Él trabaja en el Callejón Diagon, en la tienda de artículos mágicos donde venden las recordadoras y los chivatoscopios.-. Harry sonaba entusiasmado con su nueva adquisición.

―Espero que los que vivan aquí sepan comportarse delante de los muggles ―Hermione siempre se preocupaba por la convivencia entre magos y muggles―. Quiero decir… No harán magia delante de ellos… ni cosas raras. Todos sabemos muy bien que a algunos magos y brujas les cuesta mucho vestirse con ropa muggle.

―Por lo que nos han dicho, aquí conviven bastante bien. Claro que siempre hay algún despistado que va con la túnica a todos lados… ―dijo Ginny.

Ron dejó que ellos tres siguieran con la conversación sobre la convivencia entre los magos que vivían allí y los muggles. Las palabras de Malfoy no dejaban de aparecer por su cabeza, llamándole pobre y segundón.

Hermione notó que Ron hablaba menos que de costumbre, diciendo solo algunos monosílabos y frases cortas. Sin embargo, por una vez en su vida, Hermione Granger no sabía la razón. Cuando habían salido de casa todo parecía normal y Ron estaba perfectamente.

―Bueno, creo que deberíamos pasar a cenar ―y, siguiendo a Ginny, todos volvieron a entrar en la casa.

Durante la cena todo fue a peor. El tema principal era la casa y todas las cosas que tenía: la biblioteca que había impresionado a Hermione, la habitación que habían preparado para ellos, el gran jardín que daba a la playa… Todo eso estaba haciendo que Ron se enfadara más consigo mismo, por ser pobre y no poder comprar una casa para Hermione y para él al lado de la de su amigo. Siempre aparecía una voz en su cabeza que sonaba como la de Malfoy. Sin poder aguantarlo más, Ron se levantó de golpe, sorprendiendo a los demás.

―¡BUENO YA ESTÁ BIEN! ES VERDAD, SIGO SIENDO POBRE. SIEMPRE HE SIDO EL PERRO FALDERO DEL GRAN HARRY POTTER. SIEMPRE SUPERADO POR TODO EL MUNDO. NO ESTOY DISPUESTO A AGUANTAR ESTO MÁS ―cogiendo a Rose en brazos, se dirigió hasta la chimenea. Hermione le miraba sin saber qué hacer―. ADIÓS.

Ron se desapareció al entrar en la chimenea y decir la dirección donde quería ir. Hermione muy avergonzada ante el comportamiento del pelirrojo, decidió que lo mejor iba a ser marcharse a casa. Debía tener unas palabras con su marido y descubrir que mosca le había picado.

―Lo…lo siento chicos…Creo que debería irme…No sé qué le pasa a Ron para comportarse de esa forma…

―No te preocupes Hermione. Seguro que todo esto tiene una explicación. Mi hermano puede llegar a ser muy idiota cuando le pasa algo y no lo dice… ya le conocéis.

Tras despedirse de sus amigos, Hermione se marchó por la chimenea. Su salón estaba oscuro y el único que se encontraba allí era Crookshanks, que dormía sobre el sofá. Hermione se dirigió al piso de arriba, donde la habitación de Rose se encontraba iluminada. Se acercó hasta la puerta y se quedó allí, en silencio, viendo la escena que estaba teniendo lugar entre esas cuatro paredes.

… And even though we ain't got money, I'm so in love with you, honey and everything will bring a chain of love. And in the morning, when I rise, you bring a tear of joy to my eyes and tell me everything is gonna be alright.

Ron se encontraba sentado en la mecedora que había en la habitación. Tenía a Rose en brazos y la cantaba aquella canción muggle que había escuchado hacía muchos años en el coche de los padres de Hermione. La chica seguía en la puerta, queriendo poder parar el tiempo en aquel momento. Desde el día en el que Ron había visto a Rose por primera vez, Hermione supo que los dos estarían muy unidos siempre, que la pequeña se había convertido en la princesa de su padre. Pero, hasta esa noche, al ver al pelirrojo cantar a la niña de esa forma para conseguir que se durmiera, no se había dado cuenta de lo mucho que significaba para él. Era su vía de escape ante los problemas, un mundo distinto al que habitaban los demás.

Cuando acabó de cantar a la niña, Ron la dejó en la cuna suavemente. No había visto a Hermione, por lo que se sobresaltó al ver a la chica en la puerta de la habitación. Sus orejas se habían puesto rojas, nunca dejaba que nadie le escuchara cantar, solo su pequeña Rosie.

―No sabía que estabas aquí…

―Y, después de tanto tiempo, yo no sabía que cierto pelirrojo cantas ―dijo de forma divertida―. Ron, quiero saber que ha pasado antes, ¿Por qué te has ido de esa manera?

―Está bien, te lo contaré ―Ron entrelazó sus dedos a los de Hermione y la llevó por el pasillo de regreso al salón―. No quiero que Rose se despierte. Te lo contaré todo abajo.

Al llegar al salón y encender la luz, un malhumorado Crookshanks bufó y se marchó enfadado en busca de un rincón oscuro de la casa. Los dos se sentaron en el sofá. La cara de Ron mostraba lo avergonzado que se encontraba en ese momento. Hermione le conocía demasiado bien como para intuir el problema que atormentaba a su marido, pero decidió dejarle a él comenzar a hablar.

―Verás… ayer por la tarde, cuando salí de comprarte la pluma… Me encontré a Malfoy. No te quise decir nada porque pensé que no merecía la pena lo que me había dicho aquel malnacido… Pero, la verdad, no he conseguido olvidarlo.

―Ron, después de todo lo que vivimos en Hogwarts y las peleas con Malfoy… ¿Aún no te has dado cuenta de que no tiene que importarte lo que diga? No es más que un cretino.

―Lo sé… Pero me dijo todo aquello que siempre he pensado yo… Me dijo que siempre había sido un segundón, el perro de Harry y que seguía siendo pobre… También me dijo que no entendía como tú seguías conmigo y habías rechazado a Krum… Te llamó sangre sucia y… dijo que no se extrañaría si Rose era una squib…

―Será hijo de… ―antes de soltar algo que ella no soltaría normalmente, decidió respirar hondo y no dejar que semejante comentario patético sobre su hija le afectara―. Ron, estoy contigo porque te amo desde el colegio, porque tu forma de sacarme de mis casillas hace que te quiera aún más. Pero odio que no te valores a ti mismo, eres un gran mago y una gran persona. Nunca has sido el perro de nadie… Y, en cuanto al dinero, vivimos bien, tenemos lo necesario y nunca vamos a permitir que a Rosie le falte de nada. No necesitamos grandes lujos, creo que los dos estuvimos de acuerdo en esto cuando decidiste dejar el trabajo de auror. Me importa mucho más que tú estés aquí todos los días, que tener una mansión y no estar contigo.

Ron había bajado la cabeza, avergonzado ante todo aquello que Hermione le estaba diciendo y que, en el fondo, él sabía. Siempre se dejaba llevar por sus rencores y no se daba cuenta de que para Hermione no eran importantes los lujos ni el dinero… Se sentía como un gilipollas. Debía pedir disculpas a todos, a Hermione, a Harry y a Ginny.

―Tienes razón. Soy idiota, no debí prestar atención a lo que Malfoy dijo. Mañana iré a pedirles disculpas a Ginny y a Harry ―levantando la mirada hacia Hermione, hizo aquello que había hecho tantas veces desde el colegio―. Herms, lo siento. Siento haberte hecho pasar esto y no habértelo contado antes.

―No pasa nada Ron, pero la próxima vez no me dejes al margen ―sonriendo, intentó que Ron no pensara más en todo aquello―. Oye, espero que le dieras un buen escarmiento a ese hurón de pelo grasiento por insultar a nuestra hija.

Lo había conseguido. Una pequeña sonrisa se había dibujado en el rostro pecoso de Ron. A pesar de los años, el pelirrojo no había cambiado. Aún seguía alegrándose al poder decir que se lo había hecho pagar a Draco Malfoy por haber insultado a Hermione o a cualquiera de sus amigos.


Holaa! Aquí os dejo un nuevo capítulo, espero que os guste. =)

La vuelta a la rutina me tiene más ocupada y no puedo escribir tanto como me gustaría... Pero intentaré actualizar todas las semanas, como hasta ahora.

La parte de la canción era algo que tenía pensado desde que comencé a escribir esta historia. Me inspiré en una escena de una serie llamada Raising Hope. La canción a la que pertenece esa letra se llama Danny's Song de Kenny Loggins.

Bueno, como siempre, si tenéis alguna sugerencia, queja o cualquier cosa, no dudéis en dejar reviews. =)

¡Nos leemos en el próximo capítulo!