La semana antes de las vacaciones fue especialmente difícil. Las horas de estudio y los exámenes ocupaban todo el tiempo de los estudiantes. Los que peor lo estaban pasando eran los alumnos de quinto, que se preparaban para los TIMO. Los de séptimo, como Helena, ya habían pasado por eso y tenían los nervios más controlados.
Una tarde, unas compañeras suyas de quinto, las gemelas Hestia y Flora Carrow (que eran primas segundas de los profesores), le pidieron clases particulares de pociones, pues habían oído que se le daban bastante bien. Cuando les dijo que había sacado un Extraordinario en el TIMO, le rogaron que les ayudase, incluso les pagaría por las clases. A Helena le gustó la idea, y las Carrow no fueron las únicas que se apuntaron a la improvisada clase. Incluso Draco, Nott y Zabini le hicieron caso. La clase duró un par de horas, dando consejos, explicando el uso de ciertos ingredientes, y al final pidió un sickle de plata a cada alumno, que pagaron encantados. Cuando le tendió la mano a Malfoy, éste se rio.
-¿De verdad crees que te voy a pagar?
-Teniendo en cuenta que no vas muy bien este año, a lo mejor necesitas que te eche una mano, y suba el precio de la clase.
-Ya me buscaré otra ayuda.
-Vale ¿y qué tal si me invitas a una cerveza de mantequilla en Hogsmeade?- dijo Helena en un tono seductor.
La verdad es que Helena llevaba tiempo pensándolo, tenía ganas de hacerle pagar a Pansy Parkinson lo que la pasó en clase de Estudios Muggle, y qué mejor que ligarse al chico que le gustaba. Zabini y Nott se miraron entre ellos. Draco la miraba, parecía que sopesaba las opciones. Acabó sonriendo.
-Sí, sí, podemos ir juntos.
Había más gente contemplando la escena, con mayor o menos grado de sorpresa, el gran Draco Malfoy iba a salir con otra chica que no era Pansy Parkinson.
Aquella noticia atravesó los muros con mayor facilidad que los fantasmas. Gente de otras casas y diferentes curos se la quedaban mirando por los pasillos y se ponían a cuchichear. Esa fama le empezaba a gustar a Helena, y decidió alimentarla, pidiéndole a Draco que se pusiera con ella en clase de pociones. El chico aceptó, y cuando entró el profesor Slughorn en el aula, se los quedó mirando. Al profesor le dieron ganas de decir algo, pero se contuvo.
El sábado por la mañana, Helena y Daphne estaban solas en el dormitorio. Después de haberse dado un baño para quitarse el estrés acumulado de los exámenes, estaban preparándose para salir por la tarde a Hogsmeade.
-¿Te gusta?- Daphne le estaba cepillando el pelo, le iba a hacer un peinado bonito, para su "cita" con Malfoy.
-¿Draco? Pues, no sé, es guapo y tal…Ya sabes que no pienso mucho en esas cosas…
-Pansy está que echa humo, no sé cómo puedes dormir tranquila… Y a mi hermana no le hace gracia tampoco, no sé por qué… Has tenido la valentía de pedírselo…qué envidia me das…- Helena se giró, aunque se hizo daño a sí misma, pues Daphne estaba pasando el cepillo en ése momento.
-¿No me digas que te gusta a ti?- Helena estaba sorprendida.
-No… él no…- Daphne se puso colorada.
-A ver, a ver, ¿quién es? ¿A quién te gustaría pedírselo?
- No te vayas a reír...
Helena se llevó la mano al pecho.
-Te lo juro.
-Pues… Terry Boot…
-¿El de Ravenclaw?- Daphne asintió con la cabeza- ¿Y desde cuando te gusta?
-Pues no sé… estamos juntos en clase de Criaturas Mágicas, y alguna vez hemos jugado al ajedrez… juega muy bien… Es simpático, aunque es muy reservado.
-Sí, en pociones siempre está atento y tiene buena mano… Pues anímate, mujer, que no muerden.
Daphne suspiró. Helena le tomó de las manos, se las apretó con fuerza y la guiñó un ojo.
-Esta tarde te vas a acercar a él y se le vas a decir que le invitas a tomar algo, o le compras alguna golosina de Honeydukes. Si no te llevo a rastras donde él y se lo digo yo- le dijo.
Daphne se puso más colorada, pero acabó asintiendo con la cabeza. Se terminaron de arreglar, fueron a comer, y cuando era la hora, fueron a la entrada del castillo. Filch estaba pasando lista a los alumnos que salían del castillo, apuntando sus nombres en un papel. Draco estaba apoyado en una columna, esperado. Helena se despidió de Daphne y se acercó donde el chico. Siempre había tenido buen gusto para vestir, tan arreglado, aunque eran unos simples vaqueros negros, un jersey de cuello alto negro también, y el abrigo gris oscuro. La apariencia es parte de la imagen que da uno. Había alumnos yendo y viniendo alrededor, curiosos que querían ver si era verdad lo que se rumoreaba. Pansy estaba con Millicent, con los puños apretados. Astoria estaba con sus amigas de sexto, y parecía entristecida.
-¿Nos vamos?- la preguntó cuándo se acercó. A Helena no se le pasó desapercibido que la había mirado de arriba abajo.
-Sí, ¿tienes algo en mente?- echaron a andar, rumbo al pueblo.
- La verdad es que no me hace especial gracia visitar el pueblucho ése, pero por cambiar un poco de aires. Ya mañana vuelvo a casa por las vacaciones…
Poco a poco, Helena le fue llevando de un sitio a otro. Allá donde iban, captaban la atención de los estudiantes que habían decidido visitar el pueblo. La acompañó a comprar tinta en la Casa de las Plumas; fueron a Zonko, la tienda de bromas, que se decía que iba a ser comprada por los famosos gemelos Fred y George Weasley; se compraron unas chucherías en Honeydukes, que en un acto de cortesía Draco la invitó a una manzana de caramelo. Finalmente llegaron a las Tres Escobas, donde la señora Rosmerta, la guapa dueña del local, les sirvió un par de cervezas de mantequilla calentitas. Helena tuvo que reconocer que el chico tenía las ideas claras, aunque algunas parecían un loro, repitiendo lo que su padre decía. Era presumido y pagado de sí mismo, pero tenía un punto propio que a Helena le llamó la atención. Encontraron que tenían en común que ambos habían estado en París, y charlaron de los sitios que habían visitado. Draco le contó que su padre le quería haber mandado a Drumstang, pero su madre se opuso, no quería mandarle tan lejos de casa. Helena le correspondió, contándole que ella sí estaba de intercambio, pues no era de Gran Bretaña. Draco se sorprendió, incluso la dijo que no parecía extranjera, por lo bien que hablaba inglés. Cuando la preguntó que de dónde era, ella le sonrió y se limitó a decirle que se lo contaría la siguiente vez que quedasen.
En las Tres Escobas, Helena vio que estaban Michael Corner, Anthony Goldstein y Terry Boot en una mesa, y en la barra, sentada sola, estaba Daphne.
-¿Me disculpas un momento, Draco?- Helena se levantó y fue donde Daphne.
-¿Se puede saber qué haces aquí sola?- preguntó Helena- ¿qué hay de nuestro trato?
-Es que no me atrevo…-Daphne evitaba mirarla, tenía la vista fija en sus zapatos.
Helena la cogió de la mano, la obligó a levantarse, y tal como la prometió, y la llevó arrastrándola a la mesa donde estaban los tres chicos de Ravenclaw, que se quedaron en silencio cuando ellas dos se acercaron.
-Hola chicos- dijo Helena amigablemente a todos, pero luego fijó la vista en uno en particular- Mira Terry, mi amiga Daphne quiere comprarse un juego de ajedrez nuevo, y no se decide. ¿Serías tan amable de acompañarla a Dervish y Banges?
A Helena le dio la sensación que Daphne deseaba que se la tragase la tierra, pues estaba totalmente paralizada. Los tres chicos estaban sorprendidos, y Michael y Anthony soltaron risitas nerviosas. Terry, en cambio, se levantó, se puso el abrigo, se acercó donde Daphne y la tomó del brazo.
-Por supuesto. Además, ahora que recuerdo, creo que han sacado un libro nuevo con una recopilación de jugadas, ¿te interesaría echarle un vistazo?- Terry se digirió a Daphne, que estaba pálida, pero susurró un tímido "vale"- Chicos, nos vemos luego- Y se fueron andando. Daphne giro la cabeza para mirar a Helena una última vez, y ella le levantó los pulgares y la guiñó un ojo. Debió de darle valor, porque cuando estaban cruzando el umbral de la puerta, vio que empezaba a hablarle al chico.
Los dos chicos y Helena se miraron en silencio.
-No deberías hacer esperar a tu cita- le dijo Anthony a Helena. Ella se giró, Draco había estado atento a lo que sucedía, y tenía el ceño fruncido.
-Sí, es verdad, siento haberos molestado- contestó ella.
-Sin problema- dijo Corner, y ambos la despidieron con la mano. Ella volvió a sentarse junto a Draco.
En ése momento, Astoria entró en el pub, Helena la vio y la invitó a acercarse a la mesa. La chica perecía reacia, pero acabó yendo.
-Hola Helena, hola Draco- saludó, se sentó al otro lado de Helena- Me acabo de cruzar con mi hermana, e iba del brazo de un chico… ¿me he perdido algo?
-Espero que luego nos ponga al corriente a las dos- dijo Helena, sonriente- ¿qué haces por aquí?
-Me apetecía estar sola un rato… No quiero interrumpiros.
-No pasa nada- dijo Draco- Ya he zanjado mi deuda por la clase de pociones, ya habíamos terminado.
-Está bien eso de no deberle nada a nadie- le dijo Astoria- Deberíamos seguir nuestros propios pasos, con ayuda, pero no con deudas…
-¿Eso crees?- Draco parecía interesado.
-Sí, mira por ejemplo a Helena, ¿tú quieres ser pintora porque te lo han impuesto, o porque quieres?
-Siempre me ha encantado el trabajo de mi madre, y ha llegado a gustarme como para seguir por mi cuenta. Aunque también me gusta ayudar a mi padre en la cocina…
-Pues mi padre quiere…- empezó a decir Draco, pero Astoria le cortó.
-No estamos hablando de tu padre, sino de lo que te gustaría hacer a ti. Seguir tu propio camino, con ayuda, pero sin deudas. A veces la sangre influye demasiado…
Draco se la quedó mirando, como si fuera la primera vez que veía a alguien. Helena tuvo la sensación que sobraba. Se levantó, los otros dos se movieron.
-Creo que os voy a dejar tranquilos, seguid con lo vuestro. Gracias por el paseo, Draco.
-Hasta luego- dijo, Helena se apartó de la mesa y le oyó que había retomado la conversación con Astoria, incluso se había acercado a ella.
Volvió al castillo dando un paseo. Ya empezaba a oscurecer y hacía frío. Pensó en las dos hermanas, qué diferentes eran. Y pensó que si ella no le fuese bien en el mundo de la pintura, se dedicaría a casamentera, o al menos a vender pociones y filtros de amor.
