¡Primero que nada! Disculpadme por la tardanza en otros capítulos, digamos que la falta de inspiración y aparte de motivación me han parado bastante a la hora de terminar este fanfic, no todo me parecía lo suficientemente bueno, y aparte me he desalentado de una manera muy fuerte con respecto a la escritura. Espero que lo entendáis. A veces también me pasa que tener una cuenta de rol de Eli, y rolear continuamente NozoEli me roba casi toda la inspiración. De hecho es complicado rolear de Eli en tu día a día, y que este fic esté escrito como Nozomi. Ya tengo escrito el siguiente y ÚLTIMO, y espero que os guste. Lo subiré pronto, lo prometo, ya que tan sólo hace falta darle retoques, y estoy pensando en añadir una especie de capitulo extra~
Disfruten~
PD: Dejo mi twitter de Eli al final del capítulo por si os interesa leer los roles de todo tipo que tenemos allí
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Aquel día salía de la Universidad a toda prisa, aquella noche no había dormido casi nada, me había llevado casi toda la noche despierta, muy nerviosa, podía entender por qué, pero aquella habilidad de ir disimulando mis sentimientos se había desarrollado monstruosamente con el tiempo, tanto que nadie me lo notaba. Aquellos años habían sido solitarios, me habían marchitado en ganas, en ánimos, en metas, tan sólo recordaba cada día de mi vida aquella escena en la que mi vida se derrumbó parcialmente, el amor de mi vida se había ido a Rusia y cuando volvía apenas podíamos vernos. El amor de mi vida, por mala suerte era un amor prohibido. Aún recordaba también aquellos días en los que me acerqué a ella en varios intentos, intentando llegar a su corazón, intentando que me hiciese un hueco como su mejor amiga.
También recordaba como aquellas ansias de conocerla cada día eran más fuertes y cuanto más me contaba de ella, cuanto más me hablaba de su pasado, de su familia, de sus vivencias pasadas más ganas tenía de saber algo más sobre ella, como si mi único propósito en la vida hubiese sido darle todo lo que ella necesitaba, todo de lo que ella carecía, como si estuviese hecha de papel o piedra, no importaba, si tenía que marchitarme y llorar con ella lo hacía, si tenía que sonreír y mantenerme impasible también.
Recordaba de camino a casa, con los ojos llorosos como mi vida había vuelto a ser lo que era al principio, antes de conocerla. Sin mudanzas, sin transportes, y nuevamente sin mis padres, los cuales se habían marchado triunfantes de la ciudad a su nuevo destino a seguir ganando dinero pensando que me habían hundido la vida, que habían conseguido lo que querían, que me habían separado de lo más preciado de mi mundo. Miré al cielo y luego dirigí una mirada al reloj de mi teléfono móvil, el cual mantenía en mi mano.
Se me estaba haciendo tarde.
Cuando salía de la Universidad, cogía el tren de regreso, llegaba a casa, descansaba un poco y luego ayudaba en el templo como siempre, aunque menos que antes ya que los encargados entendían cuanto de mi tiempo ocupaba la Universidad. Habían pasado cuatro años desde entonces, y ya casi estaba terminando mis estudios y mis metas se presentaban frente a mí, cosa que parecía alegrarme levemente aunque por dentro me sintiese solitaria y vacía.
A veces recordaba las sonrisas de la chica de mis sueños, de mi ángel, de la musa de mi inspiración y de la mujer a la había amado con todo mi corazón y que ya no estaba a mi lado. Suspiraba y de nuevo tenía que llevar el pañuelo que un día me regaló con la R característica bordada en una esquina a mis ojos, ya no tenía su aroma, ya su esencia no estaba en ella. A veces sentía que si conmigo no hubiesen estado el resto de musas que me dieron la felicidad completa en su día para mi aquellos años hubiesen sido los peores de mi vida, pero que ni decir tiene que a veces me confesaban que para Eli sino hubiese sido por su abuela se hubiese hundido tanto como yo. Aún me arrepentía de haberla dejado marchar, si tan sólo lo hubiésemos intentado un poco más quizás las cosas hubiesen salido de otro modo distinto, quizás no estaríamos así. Pero no le guardaba rencor, no le guardaba odio, simplemente supe que las cosas no habían salido como hubiese querido porque las dos fuimos necias, las dos fuimos bobas y no luchamos lo suficiente.
"Al fin y al cabo era un amor prohibido."
Me repetía a mí misma una y otra vez, intentando convencerme de que todo estaba bien, de que teníamos lo que debíamos tener, que todo aquello no era tan malo, pero la ansiedad me atacaba a veces en mitad de la noche, la extrañaba, no sabía cómo pagarle a Nico a veces que se quedase conmigo porque no podía soportarlo en los primeros meses, sentía que algo muy preciado me faltaba, que ninguna compañía podría reemplazar a esas largas tardes que Eli y yo pasábamos juntas en el Consejo Estudiantil y en muchos lugares más, paseando, mirándonos, tomándonos de la mano con sumo cuidado para que no se notase que entre ella y yo había algo más que una amistad.
Pronto iba a cumplir los 21, estaba ya en la recta final de mi carrera, aquel día había de hecho salido de ver los resultados de mi último examen, el cual aprobé satisfactoriamente. Habían pasado cuatro años y aun así no olvidaba su mirada, sus ojos, la suavidad de su piel, la dulzura con la que su voz impactaba contra mi piel por la zona de mi cuello y oreja cuando me susurraba lo mucho que me amaba. ¿Cómo podía estar tan presente en mi vida, cómo esos recuerdos podían ser tan vívidos cuando ya había pasado casi un lustro?
A pesar de la distancia, a pesar de todo, a veces nos mensajeábamos, a veces reíamos juntas, a veces poníamos alguna que otra videollamada, que no provocaba otra cosa que el desbordamiento de mis ánimos al ver que estaba tan lejos, que no podía abrazarla, que no podía materializarse frente a mí. Era curioso cómo a pesar de ser doloroso como lo que más, a pesar de que todo aquello me causaba inestabilidad en mis ánimos, yo como una idiota en cuanto me decía que tenía un rato libre iba corriendo a encender el ordenador o a contestarle a pesar de estar ocupada haciendo otras tareas, quería saber de ella, quería exprimir cada minuto al máximo. Estaba agarrándome a un clavo ardiendo del que me era imposible desprenderme.
En los veranos y en algunas vacaciones Eli volvía pero su padre aún controlaba sus salidas, quedábamos con las chicas, y a veces quedábamos a solas, pretendiendo ser amigas, pretendiendo ser lo que no éramos. Era tan complicado como mantener un jardín bonito y florecido sin agua y sin la luz del sol. Era tan difícil como intentar pensar que debía ser así, que eso era lo mejor para las dos.
Pero ese día, ese día yo salía de saber la nota de mi examen final, mi nerviosismo se debía a que esa misma tarde por fin, después de 4 ansiados años, Eli volvía a Japón para terminar de estudiar aquí, para trabajar aquí, sin importarle demasiado la opinión de su padre, Eli ya había superado la mayoría de edad al igual que yo, tan sólo tenía que terminar el último año para volver, y aquel era el día.
Jamás me había sentido tan ansiosa en tantos años. No podía explicar con palabras lo que hice ese día porque sin duda estaba inmersa en mis pensamientos, e incluso no tenía ganas de comer, me había preparado un bol de ramen instantáneo que había comprado hacia unas dos semanas con Nico y Rin, que habíamos quedado para ver una película. Después de recogerlo todo y dejar el apartamento completamente limpio salí a dar un paseo y a relajarme mientras caminaba hacia el templo. Necesitaba rezar por mí, por ella, por nosotras, porque por fin las cosas pudieran salir bien; saludé a los sacerdotes que animados me devolvían el saludo, me conocían ya de hace tanto que su simpatía era agradable. Allí encontré a Nico y a Hanayo, estaban rezando, me pareció curioso y me acerqué a ver.
-Ara~ ¿Qué hacéis aquí? ¿Aprovechando que no estoy trabajando en el templo para rezar?
-¡Nozomi-chan! –dijeron las dos al unísono.-
-Llevamos varios días viniendo para ver si te veíamos por aquí y de paso rezar por voso-
-Por vuestra carrera, para que os salga bien –interrumpió Nico.- Ya que nosotras hemos terminado un poco antes los exámenes, sólo faltáis Maki y tú.
-Y Ericchi… -mencioné con una sonrisa.-
-Bueno sí, y Eli.
-¿Acaso no has rezado por ella Nicocchi? Eres mala dejando a una de las musas fuera~ ¿Quizás aún envidies su físico~?
-¡Eso no es asunto tuyo! ¡Yo no debo envidiar nada! ¡Soy perfecta!
-Ma~ Yo terminé hace unos días pero necesitaba tomarme un descanso, esta mañana fui a ver unas notas, pero perdí el tren de vuelta y se me hizo un poco tarde, de hecho acabo de comer…
-Eres un desastre… Eso te pasa por ir tan lenta a los sitios
-Chicas… Por allí viene Kotori-chan…
-Ah~ ¡Chicas! ¡Venía a rezar! Es una alegría encontraros aquí –murmuró una vez se acercó a nosotras.-
-Parece que el destino ha querido que nos juntemos hoy la mayoría…
-¡Eh! ¿Y por qué no llamamos a las demás? Les podemos decir que vengan, que estamos en el templo, y vamos a Akihabara, a la tienda de Idols, que quiero mirar si tienen ya el nuevo disco de A-RISE, y así mientras… -comentó Nico.-
-¡¿A-RISE?! ¡Voto por ello! ¡Quiero comprar el CD! –añadió Hanayo.-
-¿Mientras qué Nico-chan? –preguntó Kotori.-
-Mientras que llega el avión de Eli.
Al escuchar esa frase proveniente de los labios de Nico hice un leve puchero que intenté disimular con todas mis fuerzas. Aquel día llegaba, pero igualmente mi mente parecía aún no estar muy preparada.
-¡Es buena idea! –mencionó Kotori mientras que disimuladamente intentaba mirarme de reojo sin que me diese cuenta, sin éxito, ya que podía notar cómo las chicas se sentían incómodas hablando de Eli en mi presencia.
-Chicas… Ericchi no es un monstruo, podéis hablar de ella, ya os lo he dicho.
-Nozomi, no te hagas la fuerte –espetó Nico de golpe.- Ven con nosotros y no pienses, lo mejor es pasar el tiempo con las demás, así las horas pasarán más rápido.
Suspiré. No podía quitarles la razón, todas habían insistido y estaban dispuestas a pasar el día conmigo. Sonreí de oreja a oreja, sin duda eran el mayor tesoro que podía haber encontrado en la preparatoria. Nos encontramos con Umi, Honoka, Rin y Maki en las escaleras del templo, en todo ese tiempo Kotori y Umi habían mantenido una relación completamente en secreto, Maki y Nico se llevaban como siempre aunque algo me decía que en el fondo se querían cada vez más la una a la otra, y de hecho sospechaba que había pasado algo entre ellas, Honoka seguía en su mundo, estudió una especie de grado superior para llegar a ser panadera y a veces A-RISE la invitaba a algún que otro concierto en el que se llevaba alguna que otra musa, y Rin y Hanayo habían ido a la misma universidad a pesar de tener carreras distintas y seguían tan dulces como siempre la una con la otra, no podía asegurar que se amasen, porque su amistad no había cambiado lo más mínimo desde la preparatoria.
Después de dar un paseo por Akihabara y observar cómo Nico y Hanayo abrazaban el nuevo disco de A-RISE mientras Honoka les decía con completa inocencia que ella ya lo tenía firmado por las autoras de este antes de la salida del mismo, las chicas y yo terminamos en una café merendando algo ligero, yo por mi parte pedí un té verde, las demás chicas pidieron golosinas y cosas de ese tipo, propio de ellas.
Después de pasar una media tarde agradable, la hora de ir al aeropuerto había llegado, las chicas y yo tomamos el tren hasta este, y después de una hora, debido a la gran afluencia de personas, llegamos allí. Quedaban unos 15 minutos para que Eli llegase, y todas estábamos allí listas para darle la bienvenida, su hermana me había mensajeado diciendo que su padre no podría ir, y ella prefería esperar en casa a su hermana, en esos años la pequeña había madurado de una manera sorprendente, y alguna que otra vez me había dejado claro que apoyaba lo nuestro, pero que por esos entonces era demasiado pequeña como para tener voz ni voto, aparte de que le había pillado completamente de sorpresa.
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Espero que os haya gustado, ya tengo el último capítulo y en unos días cuando lo retoque lo subiré. Por si queréis decirme que actualice el fic, o dejarme vuestra opinión por ahí , podéis seguirme en twitter ( EricchiAyase) y allí podéis como casi todos los días como chocolate, bebo vodka e intento llevarme a Nozomi a la cama (?)
