Capítulo 12

La visita al hospital no fue lo que Sakura y Shaoran esperaron.

Acudieron al centro médico apenas tres horas después de bajar del avión y llegar a la majestuosa mansión Li, donde Ieran y Hien, los padres de Shaoran, los recibieron con los brazos abiertos. No era la primera vez que Sakura se quedaba a pasar unos días en aquella casa y, sabiendo lo bien recibida que era allí y lo ambles y afectuosos que eran los padres de Shaoran, siempre se sentía como en casa. Ieran y Hien adoraban a Sakura y, para ellos, ella era como una hija más. Ieran no pudo evitar echarse a llorar cuando supo el motivo por el cual, Shaoran y Sakura habían viajado a Hong Kong para asistir a un hospital privado. Hien también se conmovió y dejó bien claro que siempre podían contar con su apoyo incondicional.

Tomoyo y Eriol, por petición de Sakura y de la propia Tomoyo, también viajaron a Hong Kong y, recibieron alojamiento en la gran mansión Li por petición de Hien e Ieran, quiénes se valieron de la simple excusa de que Eriol era el mejor amigo de su hijo, y que estaba casado con la mejor amiga de su futura nuera para que se quedaran. Eriol insistió en buscar un hotel, pero, por ser dos contra uno, acabó rindiéndose.

Tras la merienda, Shaoran llevó a Sakura al hospital. Tomoyo y Eriol los acompañaron. Después de varias pruebas y chequeos, el doctor les dio un triste y poco esperanzador discurso a Sakura y Shaoran, quiénes esperaban más que ansiosos las buenas noticias que nunca llegaron. Cuando el doctor explicó como estaba la situación, a Sakura se le cayó el alma a los pies. Por lo visto, a pesar del tiempo y de la buena cicatrización de sus heridas, su matriz estaba bastante mal estructurada, y su reconstrucción iba a ser mucho más compleja de lo normal. El doctor confirmó con toda certeza que no había ningún peligro o inconveniente para que se sometiera a la operación. El problema era que no había ninguna garantía en lo que excelentes resultados se refería, ya que la gravedad del estado de la matriz no era para nada insignificante. Una vez realizada la operación, además de la obtención de una matriz mejor estructurada, podían surgir dos resultados completamente diferentes en lo que al tema de la fertilidad se refería: una, poder quedar embarazada y así, para colmo de la buena suerte, confirmar que sus ciclos reproductores iban a ser totalmente normales y saludables para el resto de su vida; o dos, tener una matriz normal y sin incorrecciones físicas, pero, prácticamente incapacitada para lograr que se consiga el embarazo.

Y por si eso fuera poco, para colmo, el único especialista con el que todo el hospital contaba para realizar procesos quirúrgicos como ese, se encontraba de viaje y se desconocía su regreso.

Sakura no sabía si reír o llorar. Todo parecía obra de puro capricho del destino. Le daban ilusiones y ella se ponía feliz, y después, se las arrebatan y le dejaban con la desilusión, la tristeza y el dolor.

Shaoran no se molestó en disimular su rabia y su coraje en ningún momento. Denomios, ¿pero por qué todo tenía que ser tan difícil? ¿Por qué la vida no podía darles aunque fuera por una sola vez la certeza de que las cosas iban a ir bien? Toda esta situación estaba empezando a serle peor que el mismísimo infierno. Porque era dura y, por lo visto, inacabable.

Tomoyo trató por todos los medios de animar a Sakura, quién no paraba de lamentarse y llorar por su mala suerte. Se sentía como maldecida. Ella, una mujer que deseaba con todas las fuerzas de su corazón dar a luz a un niño y poder colmarlo con todo el amor que le podía salir del alma, tenía casi totalmente prohibido disfrutar de la dicha de ser madre junto al hombre de su vida, quién también anhelaba intensamente vivir la experiencia de cuidar y amar a sus propios hijos.

Esto era demasiado. Dios, ¿POR QUÉ?, pensó sintiendo que el alma se le arrastraba por los suelos.

Eriol dio unas palmadas de ánimo y consuelo en la espalda de Shaoran, quién no paraba de maldecir por lo bajo mientras hacía un impresionante esfuerzo para contener las ganas de romper algo y dar un puñetazo a una pared. Cuando creía que, finalmente gracias a Dios, iba a poder contemplar algún día a la mujer que amaba con su abultado vientre sabiendo que ahí crecía su bebé, resulta que de nuevo lo ponen en la misma situación que antes: que, probablemente, nunca podría llegar a ser padre de aquellos bebés que nacían de su semilla, crecían en el interior del cuerpo de la mujer que él había elegido como su madre y venían al mundo a través de ella.

¿PERO QUÉ DEMONIOS TENÍA QUE HACER PARA QUE LAS COSAS FUERAN TAL Y COMO TODO EL MUNDO QUIERE O ESPERA? Que él supiera, ni Sakura ni él pedían nada del otro mundo.

De vuelta en la mansión Li, Sakura, sin dejar de derramar lágrimas, no hizo ni el más mínimo caso de la lluvia de preguntas que le lanzaron Ieran y Hien y corrió escaleras arriba rumbo al dormitorio que compartía con Shaoran en aquella casa. Shaoran no se lo pensó dos veces para ir tras ella y, desde las escaleras, les gritó a Eriol y a Tomoyo una petición para que ellos les contaran a sus padres lo que había pasado en el hospital.

Sakura se lanzó a la cama y se abrazó a la almohada como si la vida le fuera en ello. Lloró desconsoladamente sin importarle que le oyeran sollozar tan fuertemente. No le hizo falta alzar el rostro para saber quién se sentaba en el borde de la cama junto a ella y le comenzaba a acariciar la espalda tratando de calmarla.

_ No llores, cielo_ murmuró Shaoran con voz tierna. Si ella supiera cuanto le dolía verla así_ Trataré por todos los medios de dar con algún cirujano profesional que pueda operarte lo más pronto posible.

Sakura sacudió la cabeza manteniendo el rostro aplastado contra la almohada.

_ Esto…esto no puede estar pasando…_sollozó Sakura_ Yo… yo creí que por fin había encontrado mi oportunidad. Creía que por fin todo iba a ir bien. Y resulta que…

_Y todo va ir bien, mi amor_ saltó Shaoran_ Todo va ir bien, tranquila. Tal y como tu dices, esta es tu oportunidad. Y lo conseguiremos, pequeña.

_No, Shaoran…_lloró_ ¿Es que no escuchaste lo que dijo el doctor?

_Si, cariño. Lo escuché todo. Absolutamente todo_ su voz se tornó más seria y más tensa_ Y se lo que estás pensando…

_No puedo hacerlo, Shaoran…_ gimió_ no puedo…

_Si puedes_ la cortó Shaoran con voz dura_ Y lo harás.

_ ¡No!_ chilló Sakura alzándose para encararlo_ No lo haré, Shaoran. No funcionará…

_ ¡Eso no puedes saberlo tú, Sakura! No vas a perder nada intentándolo. No me vengas ahora con esta cobardía de última hora. Te operarás, ¿me oyes? Y en cuando te des cuenta, tendrás el vientre enorme, alojando en su interior a nuestro hijo.

_ ¡NOOO!_ gritó Sakura llevando sus manos a las sienes_ No Shaoran, por favor, no podré hacerlo…

Shaoran maldijo mentalmente en chino mientras gruñía de impaciencia. Al instante tomó a Sakura de los hombros.

_Mírame_ ordenó.

Ella no lo escuchó. Cabizbaja, continuó llorando desconsoladamente.

_ ¡Mírame!_ gruñó Shaoran mientras le tomaba la barbilla con una mano, obligándola a mirarlo.

Sakura lo miró con sus ojos convertidos en un par de cataratas. A Shaoran le dio un vuelco al corazón. Tiró de ella y la colocó sobre su regazo.

_Todo va a ir bien, cariño_ le susurró tiernamente_ No tengas miedo, yo voy a estar contigo ¿de acuerdo? Superaremos esto juntos. Todo va ir bien. _ le besó la sien y la estrechó en sus brazos_ No llores…

Sakura se sonó la moqueada nariz mientras él la acunaba con ternura. Lo abrazó y escondió la cara en su pecho. Permanecieron así durante lo que parecieron horas, hasta que Sakura sintió que se rendía a su cansancio físico paulatinamente y, poco a poco, iba cayendo dormida en los brazos del hombre al que amaba con toda su alma.

_No puede ser. Oh, Pobrecita Sakura. Y mi pobre hijo_ sollozó Ieran.

_Sí. Sakura está muy dolida_ dijo Tomoyo triste_ Y Shaoran también aunque trata de disimularlo con su enojo.

_Me siento culpable_ dijo Eriol apesadumbrado_ Quizás debí decirles yo mismo mucho antes que, a lo mejor podrían recibir alguna noticia como esta…Pero es que ellos estaban tan ilusionados… y yo además esperaba que les dieran buenas noticias…

_Tú no tienes la culpa, hijo_ le dijo Hien dándole unas suaves palmadas en el hombro_ Es totalmente normal esperar buenas, eso es lo que todos esperábamos. Y por eso pensaste que mejor no valía la pena preocuparles... Además, conociendo lo temerosa que es mi nuera, de seguro le habría entrado dudas para ir al hospital si le hubieras prevenido antes de esa manera.

_Tiene razón, mi amor. Tú no tienes culpa de nada_ le dijo Tomoyo tomándole una mano.

Eriol le sonrió a su esposa y se llevó su pequeña mano a los labios.

Al instante, todos vieron ingresar en la sala a un excesivamente decaído Shaoran. Su expresión mostraba claramente el mal rato que habría estado pasando mientras lloraba su dolor junto a la mujer que amaba.

_ ¿Y Sakura?_ preguntó preocupada Tomoyo.

_ Está dormida. Se dejó caer por el llanto.

_Oh, pobrecita_ murmuró Ieran.

_Nos han contado lo ocurrido, Shaoran_ comentó Hien_ Comprendo como debes de sentirte. Y esa pobre muchacha también debe de estar pasándolo fatal.

_Sí_ confirmó Shaoran_ Está muy afectada por la noticia de que no hay garantías con la operación.

_Bueno, pero…se operará de todos modos ¿no? _ preguntó dudosa Ieran_ Aunque los médicos hayan dicho eso… no hay nada que temer ¿no es cierto? Puede que a lo mejor consiga quedarse embarazada después de la reconstrucción de matriz. Si no hay riesgo de muerte pues que lo intente. Nunca sabremos lo que sucederá si no se arriesga.

_El problema es…que ella está asustada_ murmuró Shaoran.

_Pobre Sakura_ suspiró Eriol_ Entiendo como debe de sentirse. Pero entonces, ¿ella no piensa…?

_ No_ interrumpió firmemente Shaoran_ No pienso permitírselo, Eriol. Moveré cielo, mar y tierra para encontrar a un especialista. Y cuando lo contigua, ella lo hará. Intentaré convencerla como sea. No dejaré que el miedo y la inseguridad la detengan.

Todos lo miraron asombrados.

_ ¿Entonces piensas seguir adelante, hijo?_ le preguntó Hien dedicándole una mirada de orgullo de padre.

_Por supuesto, padre. Voy a seguir moviendo lo hilos_ le respondió Shaoran compartiendo esa mirada con la que padre e hijo se entendían muy bien.

Hien avanzó hasta su hijo y cuando se colocó a su lado le dio unas fuertes palmadas en la espalda, indicándole que se sentía muy orgulloso de él.

_Bien. Puedes contar conmigo, hijo mío_ le dijo con una ensanchada sonrisa.