Imma sintió que el espíritu bajaba sus manos a su cintura, así que ella lo tomó de la nuca y lo acercó más besándolo con más fuerza, por consecuencia soltando la toalla, haciendo que esta callera hasta su cadera, dejando su pecho y vientre descubierto.

Jack la tomó de sus desnudos muslos y la cargó hasta la cama, donde la acostó a ella y luego él arriba, terminó de quitarle la toalla, arrojándola a algún lugar de la habitación.

Esto era solo el inicio.

Tomó con una mano uno de sus pechos y otra la bajó hasta su intimidad, Imma sabiendo lo que haría levantó sus piernas enrollándolas en la cintura de él, Jack metió un dedo en su intimidad, haciendo que ella gimiera, luego introdujo otro más haciéndola gemir más fuerte mientras ella enterraba las uñas en su espalda.

¡Oh por todos los dioses que apretada que estaba!, por el mismo hecho no pudo resistirse a meter un tercero comenzando a meterlos y sacarlos cada vez más rápido mientras succionaba uno de sus pezones con fuerza.

Imma se arqueó debido al placer provocado mientras sentía que cada vez se estrechaba más y más, cuando no pudo más y se corrió, no pudo evitarlo, se corrió.

Jack sacó los dedos de Imma y con los mismos delineó los labios de la chica introduciéndolos en su boca de vez en vez dándole a probar de su propio sabor.

Imma le tiró sus brazos al cuello y lo besó, él la abrazó y correspondió con fuerza estrechándola entre sus brazos, Jack mordió su labio consiguiendo que ella gimiera y aprovechó ese momento para introducir su lengua en la boca de Imma, quien no se quedó atrás estirando la suya comenzando así una guerra campal entre sus lenguas, luego de unos 2 minutos así, la joven se separó de él y fue dándole besos por la barbilla, el cuello, el torso hasta llegar a su miembro.

Le pasó su lengua caliente y lo fue metiendo de a poco en su boca, ¡Su garganta era el paraíso! Era casi mejor que su vagina, angosta y profunda, también caliente, tan húmeda, no quería que parara, no pudo evitar tomarla de la cabeza, forzándola a llevarse todo su miembro a la boca.

No podía más, su garganta, su lengua, su boca caliente, no lo resistió y se corrió en la boca de Imma. Esta tragó todo y cada gota y luego se relamió los labios en un gesto totalmente excitante.

Iba a volverlo loco, de eso estaba seguro, antes de que tuviera tiempo de reincorporarse ella saltó sobre él y rompió a besarlo con locura. Sus lenguas y labios chapoteaban como en ningún otro entonces, era un ruido ensordecedor, probablemente lo único que se escuchaba, pero cierto espíritu tubo que arruinarlo penetrándola de una estocada.

Imma comenzó a balancearse de adelante atrás, haciendo que ahora Jack tuviera que ceder y se cayera de espaldas mientras la peli-plata lo montaba con lentitud. Él le rogó algo de velocidad, pero Imma embriagada por el poder recientemente adquirido decidió torturarlo un poco más. Fue deslizándose lentamente hasta conseguir apoyar sus pechos en el torso del guardián, quien, cabe destacar, no le quedaba mucha cordura.

Le sujetó las mamas y comenzó a frotarlas entre sí, causando fricción, los pezones rígidos de Imma le invitaban a amamantarle los senos como tanto se le antojaba. Pegó un fuerte mordisco y la oyó gemir extasiada.

- Aumenta el ritmo- fue una orden, y la voz ronca del espíritu le resultó tan irresistible que no pudo más que someterse a él. Así lo hizo, aunque no quería ser la sumisa esa noche, no que no, así que luego de aumentar considerablemente el ritmo, lo bajó volviendo a ser el mismo movimiento provocativo de antes, provocando que el guardián la tomara de las caderas y la obligara a acelerar el ritmo, sin darse cuenta, por la excitación comenzó a congelar sus caderas, Imma gimió y aumentó el ritmo derritiendo la escarcha.

- Imma… ¿quién es tu dueño?- le preguntó Jack apretando el agarre de sus caderas.

- Ahhh… ¡Tú! ¡Tú lo eres!- gimió el reciente espíritu.

- ¡Grítalo! ¡Hazlo o te voy a partir el culo a azotes!- rugió.

- Ahhhh… ¡TÚ! ¡TÚ ERES MI DUEÑO!-

- ¡Más fuerte!- rugió de nuevo, salió de dentro de ella, luego de haber alcanzado el orgasmo dos veces y dejarla completamente llena y húmeda, la volteó con brusquedad -¡GRÍTALO!- metió la punta de su miembro por el ano de Imma y le dio un cachetazo en el culo haciéndola chillar.

- ¡TÚ LO ERES! ¡ERES MI DUEÑO JACK FROST! ¡SOY TODA TUYA!- gritó ella para luego lanzar un grito de entre placer y dolor -¡HAZ LO QUE QUIERAS CONMIGO PERO NO TE DETENGAS!-

Jack terminó de entrar, totalmente abrazado por la estrechez de la joven Avatar, muerto de ganas de más comenzó un ritmo terriblemente bestial que lo mataba de placer. Imma sentía que se iba a partir en dos en cualquier momento, pero más tarde, ese insoportable dolor fue reemplazado por un inmenso e inimaginable placer.

- ¡Más rápido! ¡No pares!- pidió ella entre gemidos, por lo que él no pudo hacer nada más que acotar a la orden. Ella apretaba las sábanas y cobijas con fuerza para poder resistir el dolor, se había acostumbrado, sí, le seguía doliendo, también, pero aun así una ola de placer se desataba en todo su cuerpo con cada vaivén.

Ella apretó aún más las sábanas y soltó una solitaria lágrima, parecía que el dolor hubiera vuelto. Justo cuando pensó que iba a desmayarse, el espíritu se corrió dentro del ano de la chica.

Ella no resistía más, sus brazos flaquearon y cayó en la cama agotada y con gotas de sudor rodando por su frente, su mentón y entre sus pechos. Su respiración estaba agitada y parecía que sus pulmones no se terminarían jamás de llenar de aire.

- Jack… estoy… muy cansada… déjame respirar- pidió Imma entre jadeos. Él sonrió perversamente y la volvió a tomar en brazos haciendo que las piernas de la chica se enrollaran en su cintura y la besó con pasión y frenesí.

Se acostó sobre ella y la siguió besando mientras bajaba hasta llegar a su entrada. Ella volvió a enrollar las piernas en su cuello y él, esta vez con su lengua, volvió a penetrarla, subía y bajaba y a vece jugaba un poco con su clítoris luego la metió aún más y comenzó a hacer círculos mientras seguía subiendo y bajando.

Ella jadeaba y gemía, a veces soltaba uno que otro gruñido leve que se trataba de parecer al nombre del joven. Rato después de repetir siempre la misma acción ella se corrió por cuarta vez.

Calló agotada sobre la cama, casi si fuerzas para respirar, él se acostó junto a ella y besó la punta de su nariz. Esa noche se durmieron así, ambos abrazados, con la luna como su único testigo.