Disclaimer: Sí, sí, sí, todo es obra y gracia de Suzanne Collins, menos esta adaptación.
Nota: Mil, mil disculpas por la tardanza pero parece que los maestros se ponen de acuerdo para dejarte examenes, tareas, exposiciones, todo al mismo tiempo. :(
Nota 2: Otra disculpota por el capítulo, siento que está muy "X". Pero prometo compensarlo en los siguientes (espero)
No puedo permitir que mate a Prim.
Me olvido de mi pelea y sólo pienso en qué hacer. Grave error. Adem me suelta un puñetazo en la mandíbula, lo que me hace caer. Estamos acorralados.
Cato ríe. Prim está llorando; es ante estás dos emociones que lo decido: Adem está distraído, sonriendo con autosuficiencia ante su "inminente" triunfo sobre mí; cree que tiene todo controlado, pero parece no darse cuenta que aún tengo la lanza conmigo. Pienso en Prim y su llanto, en Katniss, en la Sra. Everdeen, en mi papá, en mis hermanos, en mi mamá… en Cinna y Portia, ellos confían en mí. No puedo defraudarlos. Y utilizándolos a ellos como fuerza, me aferro a mi lanza y la entierro en su estómago.
Me levanto lentamente, estoy decidido a pelear contra Cato y alejar los sentimientos que amenazan con corroerme por lo que acabo de hacer. Nunca imaginé casi matar a alguien. En verdad lo siento mucho, tengo ganas de llorar, pero mi prioridad es Prim. No me importa morir aquí y ahora por ella y por darle una oportunidad. Pero mi sorpresa es mayúscula al ver a los demás Profesionales junto a Cato, acorralando a Prim. Quizá contra uno pueda pelear, pero ellos son cinco. Estoy perdido.
Me obligo a calmarme. Inhalo y exhalo. Tiene que haber una forma. Inhalo y exhalo. Tal vez pueda aventar mi lanza hacia alguno de ellos, específicamente hacia Cato que parece ser el líder y porque sostiene a Prim, para crear confusión: él la suelta, Prim corre… ¡Demonios! Son cinco, no creo que se preocupen por Cato, matarán a Prim antes de que pueda dar dos pasos y después vendrán por mí. Inhalo y exhalo…
-¡Hey! Chico amoroso, tengo algo que quizá te interesa –me grita Cato, sonriente, mientras jala a Prim de su cabello.
'Tranquilo, Peeta. Imagina que no es real, que es un sueño. No hagas estupideces. No hagas lo que piensan que harás.'
-¿Qué te hace pensar que esa chiquilla me interesa? -respondo, lo más fríamente posible.
-¿Ah, no? ¿O sea que no hay problema si la mato? –pregunta, burlón.
Me tensa escuchar a Prim llorar, así que hago un esfuerzo sobrehumano por parecer indiferente.
'No hagas lo que piensan que harás.'
-Si quieres que vea cómo la matas, hazlo de una maldita vez, tengo mejores cosas que hacer que ver tus estupideces -le escupo, cruzando los brazos y tratando de parecer desinteresado. Prim me mira, sorprendida, pero la ignoro.
-¿Cómo qué cosas? –pregunta Cato, tenso.
'No hagas lo que piensan que harás.'
-Como ir a cazar unos cuantos Tributos… y después de eso, regresar a casa. Así que con tu permiso, yo me voy -respondo, como si fuera lo más obvio del mundo, y me doy la vuelta.
-¿Qué crees que piense tu amorcito al saber que dejaste morir a su hermana? –insiste.
Me paro en seco al escuchar eso y un grito de Prim. La está maltratando. Estoy furioso. Inhalo y exhalo. Me doy la vuelta y clavo mi lanza en el pecho del chico del 4, a la altura del corazón, descargando la furia que siento. Suena el cañonazo. Lo maté.
No me permito procesar lo que acabo de hacer y rechazo la mirada de terror que me da Prim, mi prioridad es ella y nada más.
'No hagas lo que piensan que harás.'
-No me interesa lo que piense –respondo, con una sonrisa.
-¿Pero…?
'No hagas lo que piensan que harás.' 'Perdóname Prim, Katniss, papá', les suplico.
-Ellas son unas pobretonas -lo interrumpo, señalando a Prim y con toda arrogancia posible- y cuando regrese a casa, porque tengo pensado hacerlo, seré rico. No creo que cuando vea todo el dinero que tengo, le importé que haya dejado morir a su hermana. Y en caso de que me reclame algo, hay más chicas, ¿no?
Estoy a punto de salir corriendo hacia Prim y abrazarla al ver la mirada de sorpresa y reproche que me da, pero me contengo. No sé si lo que estoy diciendo funcionará, pero por ahora, lo hace.
-Vaya, veo que lo de estar enamorado era sólo un truco para conseguir patrocinadores –dice, la chica del 2, Clove, sorprendida mientras yo afirmo solamente con una sonrisa.
-¿Qué hiciste para conseguir un diez de puntuación? -pregunta Cato, furioso, sin intención alguna de soltar a Prim.
"… Los únicos que prestan atención a las puntuaciones son los demás Tributos: si sacas una mala puntuación, ellos no irán tras de ti. Te dejaran hasta el último o dejaran que mueras tú sola. No supones un peligro para ellos."
Me retumban las palabras que Haymitch le dijo a Prim. ¿Será posible que todo esto sea por mi puntuación? ¿Cato es tan soberbio que no soporta tener competencia? ¿Por eso fueron hacia Prim, para atraerme, para matarme? Supongo que sí, él y yo sacamos las puntuaciones más altas.
"…cuando llegue el momento de enfrentarte a ellos, o a uno sólo, utiliza esa calificación a tu favor."
'No hagas lo que piensen que harás.'
-Así que todo este teatro es por eso, ¿eh? –-afirmo, burlón-. No soportas que alguien haya sacado la misma puntuación que tú, ¿verdad? Pero, si quieres, te lo muestro -y saco agresivamente la lanza del cuerpo inerte de mi victima y lo apunto con ella.
-Me parece bien… aunque, después de matar a la niñita. ¿Te parece? -insiste. Piensa que voy a proteger a Prim… pero no lo haré.
"… Peeta, quiero que entiendas que la única forma de luchar contra eso es ser tú mismo. Que por más que hagan o dejen de hacer, no debemos convertirnos en una pieza más de sus juegos..."
¿Y si me convierto en una pieza más de sus juegos sin hacerlo?
"… deben concentrarse, mirar fijamente al oponente sin perder de vista sus movimientos, así no los tomarán por sorpresa y podrán adivinar sus intenciones, entonces, ahí, atacan. Ustedes son los que tienen que sorprenderlos…"
Eso es lo que nos decía el entrenador de lucha libre en la escuela, y terminaba con la frase: "Para entender al enemigo, deben pensar como el enemigo."
'No hagas lo que piensan que harás.'
-¿Espero sentado o de pie? Tardas demasiado -le respondo. Y pasa lo inevitable: se enfurece más y yo trato de suavizar la situación haciendo algo que ni en mis más locos sueños imaginé- ¿Qué te parece si mejor te dejas de tonterías y nos aliamos?
-¿Aliarnos? -pregunta Cato, después de un ataque de risa.
'Piensa como el enemigo y utiliza tu puntuación a favor'
-Así es: nosotros seis contra los demás Tributos que quedan. Los exterminamos, al final quedamos nosotros y le damos a la audiencia lo que se merece: una verdadera pelea por la supervivencia. ¿Qué dicen? Será un verdadero festín.
Mi propuesta queda en el aire. Los Profesionales se miran unos a otros, sorprendidos por lo que acabo de decir. No se lo esperaban. 'Acepten, acepten, acepten', pienso, es la única manera de salvar a Prim. O eso creo.
-¿Y qué pasa con ella? -dice Cato, hablando de Prim.
'No hagas lo que piensan que harás. En estos momentos no eres tú, eres Cato'
-Ya te dije que no me interesa. Si vas a matarla hazlo de una vez…a menos que estés tan asustado de una mocosa llorona y cobarde que sacó un cinco de puntuación y por eso tardes tanto. Estás aterrado, ¿verdad?
'Perdóname Prim.'
-¡No digas estupideces! –grita, furioso, mientras maltrata a Prim.
Estoy furioso, es un animal. Inhalo, exhalo.
'Tranquilo Peeta, no hagas lo que piensan que harás. Piensa como el enemigo: Cato es soberbio, orgulloso y le gusta ser el centro de atención. Ponte en su lugar y sobrepásalo, sé más que él… humíllalo.'
'Nuevamente, perdóname Prim.'
-Entonces mátala o déjala ir. Ella no nos supondrá algún problema, morirá sola. Y yo, personalmente, prefiero a los Tributos que dan pelea y suplican desesperadamente por su vida. No encuentro diversión ni hombría alguna en asesinar Tributos tan fáciles como ella –digo, mirando a Prim y viendo sus ojitos llenos de decepción.
Me sorprende ver que Cato afloja su agarre sobre Prim. No sé sí debería tomarlo como una victoria o esperar lo peor; me parece que él puede ser impredecible… en momentos, pero me calmo al ver que su soberbia es mayor: suelta a Prim y la avienta hacia el suelo, restándole importancia. Sabe que ella no tiene oportunidad contra él. Está a salvo. No la matará.
-Y dinos, ¿cuáles son tus grandes habilidades? -pregunta, después de pensarlo un momento-. No creas que vamos a aceptar entre nosotros a un bueno para nada.
-Tengo que traducir eso como, qué hiciste para conseguir un diez, ¿verdad? -respondo, sonriendo, mientras él se enfurece.
'No tientes tu suerte, Peeta, no siempre estará a tu favor'.
-Ya, ya, ya. -digo, tratando de restarle importancia a mi bravuconería-. ¿Te propongo un trato? Te diré qué fue lo que hice, pero no aquí ni ahora, será en el momento justo antes de morir: cuando tu cuchillo esté sobre mi garganta…
-Me parece bien. -me interrumpe.
-O bien, antes de que mueras gracias a mi lanza atravesada entre tus ojos. Ahora sí, ¿te parece bien? -lo reto, sin miedo. Sé que aceptará.
-Ni lo sueñes, Chico Amoroso, tú no me matarás. -sentencia-. Pero tenemos un trato.
Y yo acabo de firmar mi sentencia de muerte; si en algún momento pensé tener una oportunidad de regresar a Prim a casa, se esfumó. Tendrá que hacerlo ella sola: en cualquier momento los Profesionales, más específicamente Cato, me matarán.
-¡Levántate, mocosa! -le escupe a Prim tirándole una patada. ¡Es una bestia, y yo sin poder hacer nada!-. Tienes diez segundos, así que corre rápido, porque cuando te atrape te arrepentirás hasta de haber nacido…
-Matémosla de una vez, ¿para qué esperar? -interrumpe el chico del 1, Marvel.
Es un idiota. A pesar de que me porto indiferente y alzo los hombros cómo diciendo "No me interesa" cuando voltean a verme, por dentro muero de miedo y empiezo a sudar frío. 'No la maten, no la maten, no la maten', le ruego a Cato, es mi última esperanza. 'Prim, maldita sea, corre', le grito internamente a mi compañera con la nula esperanza de que me escuche.
-¡He dicho que te largues, mocosa! -grita Cato, pero no hacia Prim sino a Marvel, imponiendo su autoridad.
Prim se levanta, temerosa y con dificultad, parece que Cato realmente la lastimo cuando le pateó, tanto que en vez de correr, camina torpemente… hacia donde estoy yo. Puedo sentir su mirada inquisitiva sobre mí. La he decepcionado. Ella confió en mí y le fallé.
-¡Eres un mentiroso! -me grita, cuando está a escasos centímetros de mí. Los Profesionales se echan a reír y murmuran que es una estúpida.
Cuando tenía pesadillas, en las que me mataban una y otra vez, eran tan reales que el dolor que infringían en mi cuerpo era insoportable… pero nada comparado con lo que estoy sintiendo ante la acusación de Prim. Es aún peor. Ojalá pudiera abrazarla y decirle que todo es un maldito error; que las circunstancias nos jugaron una mala broma y nos pusieron en diferentes posiciones; que solamente es una forma de protegerla; que nada de lo que he dicho es cierto; que es la única manera que encontré para que no nos mataran de inmediato… pero no puedo, al menos directamente.
Tomo bruscamente a mi pequeña, de la cara, y, siguiendo mi farsa frente a los Profesionales, intento decirle la verdad.
-Mira, Nenita -utilizo el tono burlón de Haymitch-, más te vale que corras y te dejes de cursilerías porque te aseguro que en el momento en que nos volvamos a encontrar, yo me haré cargo de ti -enfatizo-, tanto que desearás que alguno de ellos lo hubiera hecho. -digo, señalando a los Profesionales- ¡Así que largo de aquí! -termino, soltándola agresivamente.
Ella echa a correr, asustada, y sólo puedo gritarle un "Sigue viva" que, a ojos de los Profesionales, suena a burla pero que significa que confíe en mí.
-¡Hey! Tú. Más vale que te des prisa si no quieres que rompa nuestro trato. -grita Cato, a lo que parecía ser yo, pero no es así. Me doy cuenta que hay otro Tributo más detrás de mí. ¡¿Qué demonios hace?! ¡¿Por qué no se largó?! Es el Tributo del 3, no recuerdo cómo se llama. No entiendo cuál es el tipo de trato que haría él con los Profesionales, no parece una amenaza latente para ellos, ni siquiera para mí.
Sin embargo, lo dejo pasar. Como no sé qué hacer, camino hacia el lago y me siento a la orilla de éste, esperando instrucciones y alejando las emociones que amenazan con traicionarme. Me quito la mochila que obtuve y empiezo a revisar su contenido: un termo, unos cerillos, una bolsa de dormir, una botellita con yodo, un rollo de alambre, un paquete de galletas saladas, tiras de carne y un pedazo de tela, que desenrollo pero la meto rápidamente a la mochila: es un kit de cuchillos de varios tamaños. Volteo con mal disimulo pero me doy cuenta que Cato y los demás no me prestan atención, están entretenidos con las armas que hay dentro de la Cornucopia y revisando los víveres. Meto sigilosamente las manos a la mochila y saco dos cuchillos del kit, los más pequeños, y me los meto a cada una de las bolsas del pantalón. Quizá en algún momento intenten matarme y no puedo estar esperanzado únicamente a la lanza.
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Después de estar un rato pensando en la manera de cómo zafarme de los Profesionales, sin morir en el intento para ir a buscar a Prim -sin ningún resultado-, el chico del 3 llama mi atención: se acerca hacia la Cornucopia con una pila de pequeños discos y se dispone a apilar los suministros. Dirijo mi mirada hacia las plataformas y veo que hay hoyos alrededor de éstas, es como si hubieran escarbado y… ¡No puede ser! ¡El chico saco las minas que rodean las plataformas! ¡Va a minar los suministros! Distrito 3, Distrito 3… ¡Eso es!, fábricas… televisores… explosivos. Mentiría si digo que no estoy más que sorprendido, es un genio: él protege los suministros a cambio de que no lo maten. Ojalá yo hubiera podido hacer algo tan grandioso como eso y así asegurar la supervivencia de Prim.
Cuando el chico del 3 termina de apilar los víveres, empieza a arrastrar los cadáveres de los demás Tributos, alejándolos lo más posible de la Cornucopia. Me pongo la mochila y avanzo hacia él, con la intención de ayudarlo. Entre más rápido lo hagamos, más rápido se llevarán los cuerpos y así podrán enviarlos a sus respectivos Distritos para que sus familias los entierren y los lloren con privacidad. A pesar de lo malo de esto, ellos ya están lejos de la maldad del Capitolio. Ya nada podrá dañarlos.
Cuando me acerco a él, me mira con desconfianza pero no dice nada. Quizá crea que voy a matarlo; así que me limito a tomar el cuerpo de un Tributo por los pies mientras le indico con la mirada que él lo levante por las manos. Y lo hace. Uno a uno, cargamos los cuerpos hasta el otro lado del lago. Uno a uno, cargamos con las muertes del Capitolio y haciéndonos responsables también. Uno a uno, sintiendo el dolor de todas y cada una de las familias. Uno a uno, deshaciendo cada sueño y esperanza que habitaba en ellos. Uno a uno, dedicándoles un adiós. Uno a uno, hasta llegar a diez. Falta un cuerpo. Tan ensimismado estaba en mis pensamientos que no me di cuenta de quién era hasta que lo tomé de las piernas: Adem, mi primer asesinato.
Lo observo por un rato y compruebo lo que ya sabía: quizá tenga entre quince o dieciséis, no es más grande que yo, pero es sólo un niño. Se ve tan indefenso, tan vulnerable… tan tranquilo. Mis ojos empiezan a llenarse de lágrimas y la bilis comienza a subir por mi estómago hasta llegar a mi boca y, aunque es asqueroso, me la trago.
-Será mejor que te tranquilices o no tardarán en darse cuenta de tu farsa. -me susurra el chico del 3 mientras yo lo veo con confusión. Creo que se percató de mi estado-. Estaba detrás de ti… -comienza, en voz baja- me di cuenta de cada una de tus emociones. Lo hiciste por proteger a tu compañera, ¿verdad? -afirma, más que preguntar.
-No sé de qué hablas. -contesto, hosco-. Esa chiquilla no me interesa.
-Sí que sabes cómo jugar. -contesta, después de sonreír un poco y asentir.
-¿Necesitas ayuda con otra cosa? -pregunto, más brusco de lo que planeé.
-No. A menos que sepas cómo minar el suelo, si no es así, no te necesito.
Me doy la vuelta y regreso al otro lado del lago. Me acerco a los Profesionales pero ellos ni se inmutan con mi presencia, siguen alardeando de sus habilidades y lanzando armas sobre la Cornucopia, cosa que es una ventaja para mí, ya que me entero de sus aptitudes y deficiencias: Marvel es bueno con la lanza, nada más, si me enfrento a él, a solas, podría tener una oportunidad de ganar; Glimmer, su compañera, es casi buena con el arco, no logra dar en el blanco que se propone pero no hay que fiarse. Es malísima con otro tipo de armas así que, supongo, que me sería un poco más fácil que Marvel. Salma, del 4, está como yo, solamente mirando y estudiándolos; y de vez en cuando me voltea a ver, acusadora. Y cómo no, maté a su compañero. El verdadero problema son los del 2: Clove es mortífera con los cuchillos; es muy ágil y en dado caso que me enfrente a ella, si me distraigo aunque sea por un segundo, soy hombre muerto. Cato es excelente con las lanzas y las espadas, y mediocre con el cuchillo y el arco, pero tiene una fuerza física sorprendente. No es en vano que se haya entrenado toda su vida para esto. En resumen, éstos dos representan el verdadero peligro. Y, quizá, también Salma.
Por mi parte, quizá piensen que el arma con la que me desenvuelvo mejor es la lanza y que le mostré a los Vigilantes algo realmente extraordinario con ella. Espero no demostrar lo contrario, ya que si se enteran que no soy más que un pobre e inútil panadero que no sabe más que hornear y glasear, terminaré muerto más rápido que un suspiro. O peor aún, puede que la tortura sea mayor que en mis sueños que termine rogando porque me maten de una buena vez.
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Ya es casi de noche.
El chico del 3 hace unas horas que terminó con su labor de reactivar las minas alrededor de los suministros y los Profesionales terminaron de mallugar la Cornucopia con sus habilidades. Aún no han dicho nada sobre el plan a seguir para ir detrás de los demás Tributos. No sé que papel me corresponderá desempeñar. Ojalá opten por dejarme a cargo de cuidar los víveres o algo así. A pesar de que alardeé sobre ir a cazar Tributos, la sola idea de pensarlo me aterra y asquea. Cuando maté al chico del 4 no lo hice por gusto; no busco justificarme pero, a mi favor, puedo decir que estaba en un momento de furia y desesperación. No pensé, sólo lo hice. Pero eso no compensa en nada la culpabilidad que me embarga. Pensar en su familia, en si tiene hermanos, primos o una novia en casa, rebota constantemente en mi cabeza. ¿Su familia estará maldiciéndome y deseando mi muerte? No lo dudo. Si alguno de mis hermanos hubiese estado en el lugar de mi víctima, quizá, desearía la muerte de su asesino. No lo sé.
¿Qué pensará mi papá? ¿Se sentirá defraudado por lo que hice? ¿Pensará que detrás del niño al que educó bajo los valores de respeto, justicia, amabilidad, solidaridad, se esconde un sagaz asesino? ¿Pensará que soy un monstruo? ¿Y mis hermanos, se sentirán orgullosos al ver que no soy el blandengue Peeta Mellark que de niño lloraba cuando lo molestaban porque no sabía cómo defenderse? ¿Y que cuando lo intentaba, de todas maneras terminaba llorando de frustración al ver que no podía contra ellos? No digo que mis hermanos fueran malas personas, todo lo contrario, pero su carácter es fuerte, como el de mi madre, incluso menos. No hay persona más endemoniadamente histérica en el Distrito 12 que ella. Eso es seguro. No la justifico, pero tiene sus razones. No creo que haya sido fácil saber que la persona con la que estás casada estuviera enamorada de otra. Por lo que sé, durante muchos años tuvo que cargar con el fantasma de la Sra. Everdeen, Lena me parece haber escuchado que mi padre la llamó así una vez; y si a eso le sumamos el miedo de imaginarse siendo abandonada por mi padre cuando el Sr. Everdeen falleció, es completamente comprensible. Pero su mal carácter no se debe nada más a eso. Mi madre, a modo de "incentivo", siempre nos decía que ella, por ser hija única, le tocó trabajar desde muy chica para ayudar a mis abuelos y olvidarse de su vida personal. Así que debíamos agradecer que al menos tuviéramos un pedazo de pan rancio para llevarnos a la boca.
Alguna vez le pregunté a mi padre sobre la familia de mi mamá, cabe mencionar que nunca los conocí, o, al menos, no los recuerdo. Me contó que mis abuelos trabajaron casi toda su vida en las minas -mi sorpresa fue enorme al enterarme que mi mamá vivía en La Veta-, desde antes de la edad permitida que es a los 18 años: mi abuela falleció porque, al estar tantos años en las minas, sus pulmones se llenaron tanto de carbón que ya no le funcionaban. Empezó con una leve tos hasta que se hizo crónica, y a tal punto de toser solamente carbón. En un determinado momento, terminó por ahogarse. Mi abuelo se asfixió. Como él bajaba a profundidades más estrechas, un día, simplemente, ya no salió: se fue debilitando a falta de oxigeno y una mayor concentración de grisú, que es un gas llamado metano, y murió asfixiado.
Así, a los dieciocho años y después de haberse librado de salir elegida en La Cosecha, mi madre quedó huérfana. Desde los catorce años, ella trabajaba en lo que hoy es nuestra panadería como ayudante y aprendiz. Dos años después de la muerte de mis abuelos, se casó con mi papá. Me aferro a la idea de que mi madre se enamoró realmente de mi papá y que por eso se casó, para no pensar en la opción de que lo hizo solamente por salir de La Veta.
Insisto, no la justifico pero es comprensible su grado de histeria y amargura. Muchas veces estuve tentado a decirle que sí, estoy de acuerdo en que sufrió mucho y su vida no fue fácil pero que ese no es pretexto para ser como es. Que hay gente que ha sufrido el doble o más y no son tan hurañas como ella. Nunca se lo dije, pero mi padre sí. Una vez. Y con eso bastó para que no lo volviera a repetir: terminamos compartiendo cama durante tres meses cuando mi madre le prohibió la entrada a su cuarto, después de una letanía de insultos, maldiciones y demás.
Por cierto, ¿qué pensará mi madre? ¿Estará feliz de que no he muerto? No lo sé. Desafortunadamente, mi madre siempre ha sido difícil de predecir. La Sra. Everdeen y Katniss, ¿pensarán lo peor de mí? Seguramente. Me he comportado como un verdadero patán con ellas y con Prim. Básicamente, las humillé delante de todo el país. Espero encontrar a mi compañera y remediarlo. Prim. ¿Dónde estará mi pequeña? ¿Estará bien? Sé que no ha muerto porque no ha sonado ningún cañonazo, más que el de los once muertos al inició de Los Juegos. Pero me aterra la idea de imaginarla sola en quién sabe qué lugar y rodeada de no sé cuántos peligros. ¿Y si algún animal extraño la ataca? Sabiendo lo perversos y retorcidos que son en el Capitolio, son capaces de soltar a uno de esos animales modificados genéticamente para animar Los Juegos. Deseo que no sea así y que, por ahora, sea suficiente con la masacre de hoy…
-¿Por qué tan pensativo, Chico Amoroso? ¿Estás pensando en tu compañera o en tu amorcito? –me pregunta Cato, burlón.
-Para nada. Pienso en si enviarán algún muto para animar este aburrimiento. –contesto, desinteresado.
-Ninguno que me cause problema. –-responde con un bufido-. Deja de pensar en idioteces y prepárate: saldremos a cazar unos cuantos Tributos. De noche es la mejor forma de hacerlo.
Asiento y él le grita al chico del 3 que haga una fogata para preparar antorchas.
Cato me provoca una morbosa fascinación y pena. Es demasiado valiente y bravucón. Me atrevería a jurar que quiere ir a cazar de noche para destrozarle los nervios a los otros Tributos: quiere decirles que no los va a dejar tranquilos y que ni en sus sueños podrán estar a salvo. Pienso que busca fatigarlos tanto física como mentalmente. Es perverso. Por otro lado, quizá esa altivez sólo sirva para que los demás Profesionales, en algún momento, decidan traicionarlo y asesinarlo por la amenaza que representa. No me gustaría estar en su lugar.
Justo al caer la noche, empieza a sonar el himno que precede al recuento de las bajas.
"El Cuerno de la Abundancia/ Panem se elevará, Panem reinará. Y nunca vamos a caer otra vez…"
"Nunca vamos a caer otra vez." ¿Algún día se terminarán Los Juegos del Hambre? ¿Habrá algún tipo de fuerza sobrehumana más fuerte que el Capitolio?
El himno termina y el cielo se oscurece un momento. En casa, en estos momentos, están viendo la repetición de todos y cada uno de los asesinatos, incluido el mío. Aquí en el estadio sólo vemos las mismas fotografías que televisaron cuando salieron las puntuaciones del entrenamiento; a eso nos resumimos, a simples fotografías para recordarnos. Sin embargo, en vez de puntuaciones, lo que ponen debajo es el número del Distrito.
La primera es la chica del 3. Después, el chico del 4. Siento como se me revuelve el estómago pero hago lo posible por parecer indiferente. Sigue el chico del 5. Los dos del 6 y el 7. El chico del 8, los dos del 9 y la chica del 10. Es todo. Ponen el sello del Capitolio con una última floritura musical y, después, el cielo se vuelve negro. No hay luna ni estrellas. El único destello de luz es el de nuestra fogata.
Me alivia comprobar que Prim sigue viva. Siento mi cuerpo destensarse y empiezo a sentir los parpados y el cuerpo pesado. La falta de sueño empieza a causarme estragos; eso aunado al vaivén de emociones que he tenido durante el día. Necesito dormir.
Pero eso no será posible. El chico del 3 se acerca y me da una antorcha. Los Profesionales ya están listos y armados hasta los dientes para la cacería. Me incorporo, a regañadientes, y los sigo.
Deseo con todas mis fuerzas no tener que matar a alguien más. No sé si podría.
(POV KATNISS).
Cuando Prim se aleja de los Profesionales, después de ser amenazada por Peeta, salgo de mi casa azotando nuestra maltrecha puerta e ignorando los gritos de mi madre. No quiero escucharla. No quiero ver a nadie. No quiero saber qué pasa.
Corro desesperadamente hasta la alambrada, necesito ir al bosque, pero cuando estoy a punto de arrastrarme para cruzarla, logro escuchar el zumbido. Está electrificada. ¡Claro! Hoy tendremos electricidad durante casi todo el día para que nadie se pierda Los Juegos. Frustrada, sólo atino a sentarme cerca de ésta y maldecir mi mala suerte.
"Yo me haré cargo de ti". Las palabras de Peeta retumban en mi cabeza: si encuentra a Prim, la va a matar. Peeta Mellark. Logró engañar a todo mundo, incluso a mí. Es un maldito hipócrita. Seguramente es uno de esos Tributos bestiales, de los que intentan comerse el corazón de alguien después de matarlo. Hubo un tipo así hace unos cuantos años, Titus, del Distrito 6. Se volvió completamente salvaje y los Vigilantes tuvieron que derribarlo con pistolas eléctricas para recoger los cadáveres de los jugadores que había asesinado y evitar que se los comiera. En el estadio no hay reglas, pero el canibalismo no es del gusto del público del Capitolio. O eso quiero creer para explicarme las emociones contradictorias que me provoca el hijo del panadero.
Traición. Sí, es lo que siento aunque resulte ridículo, porque para que haya traición, debe haber primero confianza, y entre Peeta y yo nunca la hubo. Odio. Eso es más comprensible. Se portó como un patán, humilló a mi familia y dejo entrever la posibilidad de que, si gana, yo me volvería loca por él gracias a su dinero. Y en caso de que no, cualquiera estaría dispuesta a hacerlo. No nada más me ofendió a mí, sino a todo el Distrito. Dolor. También hay algo de eso. Por un momento pensé que era cierto que estaba enamorado de mí. Creí que era sincero. Y que por eso mismo, no digo que ayudará a Prim, pero sí que de menos la ignorara por el simple hecho de ser su compañera de Distrito y así evitar un enfrentamiento. Además de que ellos parecían un equipo, quizá, en algún recóndito lugar de mi ser, pensé que se ayudarían. Incluso deseé que regresara; deseé que no lo mataran y, sobre todo, lo preferí por encima de Prim. Qué estúpida…
-Catnip. -me interrumpe Gale, despacio, mientras yo me sobresalto y él se sienta a lado mío. No lo esperaba.
Silencio.
Por primera vez, no sonrío; no me siento feliz de estar cerca de él.
-¿Estás bien? –pregunta, con cautela, después de estar un rato en silencio. Ruedo los ojos y niego con la cabeza. ¿Cómo voy a estar bien? Por lo regular, Gale sabe cómo comportarse conmigo y no me trata como una chiquilla asustada y débil, pero su pregunta desborda pena y preocupación… eso sólo me hace enfadar.
-Supongo que sí. No es cómo que mi hermana se encuentre en peligro y haya sido amenazada de muerte por el hijo del panadero. Así que sí, estoy bien. Diría que estoy de maravilla. –respondo, en tono mordaz.
-No es culpa mía que tu enamorado las haya utilizado, a Prim y a ti, para su beneficio. –contesta, defendiéndose de mi ataque y en un tono distinto. Lo dejo pasar. Pero mi enfado crece.
No sé que me enoja más, saber que tiene razón y no pensar que su supuesto enamoramiento sólo formaba parte de un plan para ganarse al público, conseguir patrocinadores y así asegurar su regreso, o en lo idiota que me comporté al creer que sus sentimientos, su sonrisa, su calidez, eran ciertos. Quizá sean las dos cosas.
-¿Qué quieres, Gale? –le escupo, quizá se dé cuenta que quiero estar sola y se vaya.
-Quiero saber cómo estás. Después de lo que pasó, fui a buscarte y tu mamá me dijo que saliste corriendo como loca; está preocupada por ti y…
-Pues ya viste que estoy bien, ¿no? –lo interrumpo-. Ahora, si no te molesta, prefiero estar sola.
No estoy enojada con Gale, pero no dejo de pensar en Peeta y su patanería; en mi hermana y su inminente muerte; en lo tonta que me comporté está mañana. Peeta y Prim. Prim y Peeta. Prim y yo. Peeta y yo. Peeta, Prim y yo. Mi cabeza es un torbellino donde sólo coexistimos nosotros tres.
-¿Qué es lo que realmente te molesta, Katniss? –-su tono de preocupación cambió a enojo-. Tu mamá me dijo que está mañana estabas bien, contenta, incluso saliste a cazar, ¿qué cambió? Porque déjame recordarte que la situación de Prim es la misma, ella sigue en Los Juegos, así que, ¿a qué se debía tu "felicidad"?
Me pregunta, con reproche, y algo más que no logro descifrar, pero eso no es lo que me hace sentir mal. Es el hecho de saber que mi efímera felicidad se debía a Peeta Mellark, no a Prim. A ese chico que me cautivo, al que soñé y que deseé que regresara; por ese mismo chico que ahora mostró su verdadera cara y causo una profunda decepción en mí.
-¿No me digas que en verdad le creíste, Katniss? –me dice, sorprendido y tensando su mandíbula. Esta enojado.
-¡No digas estupideces! –la furia y la vergüenza son las que me hacen hablar. No puedo decirle que por un momento así fue.
-Entonces, no entiendo cuál es tu enfado...
-Él amenazó a mi hermana, entiendes, ¡a mi hermana! y no hizo nada por ayudarla… es su compañera de Distrito, es lo menos que debía hacer. –me defiendo, débilmente, y sin creer del todo lo que digo.
-Si bien recuerdo, gracias a él –hace una mueca—no mataron a Prim. Para bien o para mal, intervino a su favor. Le ayudó.
Y la realidad me golpea nuevamente. Es cierto. Gracias a su alianza con los Profesionales mi hermana logró huir. Hizo lo que yo deseaba: la ignoró.
-Entonces, no entiendo el motivo de tu enojo. –-por mi expresión, debe saber que estoy aceptando que tiene razón-. ¿O hay algo más? –afirma más que preguntar, y con una mirada suplicante.
Ni siquiera yo sé cuál es la causa de mi enojo; bueno, en parte. Peeta dijo que estaba enamorado de mí, después resultó que era parte de su estrategia; uso a mi hermana para ganar patrocinadores pero al mismo tiempo evitó su muerte. Quizá no sea tan malo. ¡No, claro que es malo! Mató a un chico fríamente, humilló a Prim, se alió con los Profesionales. ¡Él mismo dijo que gozaba ver el sufrimiento y las suplicas de los demás! Pero… hace años, nos salvó la vida. Hoy lo hizo de nuevo con Prim, incluso le pidió a su papá que estuviera al tanto de nosotras. Una persona que hace eso no puede ser intrínsecamente mala.
Pienso y pienso. Mi cabeza es un caos, tanto que empieza a doler. Pienso y pienso. ¿Será o no será? Pienso y pienso. Su sonrisa genuina el día del Desfile. Prim y él estaban unidos. El momento en el que me arrojó el pan. Prim curando al apestoso gato que tiene de mascota. Sus miradas furtivas en el colegio. La sonrisa de mi hermana cuando le regalé su cabra. Él declarando estar enamorado. Prim haciendo lo posible por regresar. Ese pequeño gesto de dolor, que duró menos de un segundo, cuando escuchó el grito de Prim. Prim a punto de morir. Él amenazándola.
Y es ahí que lo entiendo: Peeta Mellark es peor que un monstruo. Si le pidió a su papá que viera por nosotras no fue por amabilidad, lo hizo para sentirse menos culpable y tratar de callarnos al ver sus acciones. Él, desde que salió Cosechado, ya tenía planeado utilizar a Prim.
Lagrimas empiezan a desbordarse. No sé si sean de dolor, decepción, enojo. Quizá todo. Entierro la cabeza en mis rodillas y dejo que el llanto fluya. No me importa que Gale me vea. Ya no me importa nada.
Siento cómo Gale se acerca a mí y pasa sus brazos alrededor de mis hombros y en ese momento, no dudo en aceptar su abrazo. Su cuerpo me resulta familiar: la forma lenta en que respira, el olor a humo del bosque, incluso los latidos de su corazón, que ya había escuchado en los momentos de silencio de la caza. Sin embargo, es la primera vez que de verdad lo siento, delgado y musculoso, junto a mí.
-Escucha –me dice-, yo sé que es difícil pero no te puedes dejar caer. Prim no querría esto.
-No… no es justo –digo, hipando y sin sepárame de él-. Ella es tan diminuta, tan buena. Yo debí tomar su lugar. Yo soy la que tendría que estar ahí.
Me aprieta más junto a él, como respuesta. ¿Qué podría decirme? Si yo hubiera tomado el lugar de Prim, seguramente, ella estaría igual que yo, sufriendo y sin consuelo alguno.
-No te preocupes –dice, de repente-, quizá exista la posibilidad de que regrese.
Tardo un rato en asimilar lo que dijo. ¿Existe realmente esa posibilidad? ¿Él, al igual que mi mamá, también lo cree? ¡Está loco! Parece que no se da cuenta de la situación.
-Sabes que es una locura y…
-Qué pesimista eres, Catnip. —me interrumpe y toma mi barbilla. Estamos cara a cara, separados por pocos centímetros-. Lo único que tiene que hacer Prim de ahora en adelante es esconderse y dejar que los demás se maten entre ellos.
-¡Pero ella no lo sabe, Gale! Seguramente está asustada…
Y lo que pasa a continuación, no lo esperaba.
Siento sus labios tibios plantarse en los míos. Me tomó completamente por sorpresa. Después de todo el tiempo que había pasado con Gale, de observar cómo hablaba, se reía y fruncía el ceño, cabría esperar que supiese todo lo que había que saber sobre sus labios. Sin embargo, no me había imaginado el calor que desprendían al unirse a los míos. Ni que aquellas manos, las manos que podían montar la más intrincada de las trampas, también pudieran atraparme a mí con la misma facilidad.
Nunca había besado a nadie, pensé que la sensación sería un poco distinta, aun así, no pongo resistencia alguna y me dejo guiar por Gale.
Es agradable sentir esa calidez que me embarga por completo, hasta que Peeta Mellark se cuela en mi pensamiento:
"-Bueno, hay una chica. Llevo enamorado de ella desde que tengo uso de razón, pero estoy completamente seguro de que ella no sabía nada de mí, hasta ahora que estoy en Los Juegos.
-¿Tiene a otro?
-No lo sé. Espero que no.
-Entonces te diré lo que tienes que hacer: gana y vuelve a casa. Así no podrá rechazarte, ¿eh?
-No lo sé. Es complicado, ¿sabes?
-¿Por qué?
-Porque… ¿A quién crees que Katniss Everdeen, la hermana de mi compañera de Distrito, quiera ver de regreso, a mí o a Primrose?"
Me separo bruscamente de Gale. ¡Esto no puede estar pasando! Él y yo no somos nada. No tengo porqué estar pensando en su declaración.
-Lo siento. Tenía que hacerlo, al menos una vez. –me dice Gale, apenado.
-Hazlo de nuevo. –le ordeno.
-¡¿Qué?!
-¡Que me beses! –grito, pero en vez de sonar demandante, es como una suplica.
Él se queda sorprendido durante unos segundos pero accede. Y me besa.
Fundimos nuestros labios y la calidez por todo mi cuerpo aparece… pero mi mente y pensamientos están en otro lado; más bien, en otra persona.
Peeta.
Pero cualquier atisbo de agradecimiento o buenos deseos se esfumó. Mi pensamiento se centra en desear profundamente su muerte a manos de los Profesionales.
Aclaración: En el libro, la béndita Suzanne nunca profundiza en la familia de Peeta, así que me tomé el atrevimiento de mandar a la vieja bruja y madre de Peeta a vivir en su juventud en la Veta.
Dudas, quejas, sugerencias, aclaraciones, reclamos, regaños, etc..., con toda confianza.
Gracias por leerme y espero sus comentarios, que no son por popularidad o algo por el estilo, sino que son una ayuda para mejorar.
