CAPÍTULO XII

EL FESTIVAL DEL COMETA

Lo despertó el sonido de una alarma. Sobresaltado volteó a su alrededor tratando de dilucidar lo que estaba pasando. Estiró su brazo izquierdo hacia una pequeña cómoda de metal y tomó sus gafas, y mientras lo hacía logró reconocer esa alarma. Tenía instalados numerosos sistemas de seguridad y varias alarmas que sonaban de distintas maneras, pero esa que sonaba en ese momento era la alarma de Emergencia Nivel 3.

El doctor Eggman se levantó presurosamente de su cama, salió de su pequeña habitación y se dirigió a la sala de control. Al llegar se encontró con Decoe y Bocoe, quienes estaban tecleando frenéticamente en las computadoras.

—¿Qué rayos ocurre? —preguntó Eggman furioso.

—Llegó un mensaje de alerta de Casino Park, doctor —dijo Bocoe—. Se activaron las alarmas de incendio, pero no se reportó ninguno.

—Es posible que haya sido un sabotaje —secundó Decoe con algo de miedo.

En una de las pantallas tenían una transmisión del noticiario en el que reportaban disturbios en uno de los casinos más importantes de Angel City.

—¿Se reportaron daños en la base?

Los robots no respondieron y se dirigieron entre sí una mirada de aprensión.

—¡Les estoy hablando!

—Verá, doctor… —dijo Bocoe.

—La base fue destruida en un setenta por ciento… —concluyó Decoe.

—¿¡QUE!? —gritó Eggman. Sus secuaces robóticos temblaron de miedo—. Muéstrenme las cámaras de seguridad. ¡AHORA!

—Las cámaras del casino fueron bloqueadas, doctor —dijo Decoe—. Pero parece que las cámaras de emergencia de la base estaban activadas.

En uno de los monitores apareció la imagen de la pequeña base debajo del casino. De pronto vieron entrar a una murciélaga blanca que se dirigió hacia la computadora principal y comenzó a hacer algo, aunque no alcanzaron a ver qué era. Cuando estaba a punto de marcharse vieron como algo la empezó a atacar y luego apareció el robot rojo con negro.

—¡¿Omega?! —exclamó el doctor—. ¡No puede ser… si ese robot estaba desactivado!

La expresión de ira de Eggman se iba acentuando cada segundo y una vena comenzó a pulsar violentamente en su frente mientras veía Omega destruir sin piedad su base. De pronto pareció como si Rouge hubiera calmado al robot y luego ellos comenzaron a conversar. Después se encendió la alarma de incendios y Omega se llevó a Rouge en brazos.

—¿Pero cómo es posible? ¿Cómo pudo Rouge enterarse de la base de Casino Park? ¿Y qué demonios hacia ahí? —dijo Eggman hablando para sí mismo. De pronto se detuvo en seco y una expresión de temor se apoderó de su rostro—. Oh no… no pudo haberlo hecho.

Eggman comenzó a teclear en la computadora y accedió a la computadora principal de Casino Park. Luego buscó el historial de archivos copiados. En primer lugar estaba el archivo del "Proyecto MS".

—¡NOOOO!

El grito de Eggman retumbó por toda la habitación haciendo que Decoe y Bocoe se abrazaran llenos de miedo.

—¡Ya tuve suficiente de esos mequetrefes! —rugió Eggman—. ¿Cómo vamos con el desarrollo del nuevo proyecto?

—Vamos en un ochenta por ciento, doctor —dijo Decoe—. Estimamos terminarlo en una semana.

—¡Aumenten la producción al doble! Lo quiero terminado en dos días, ¿entendido?

—Sí, doctor —exclamaron los robots temerosos de contrariarlo.

Eggman se encaminaba hacia la salida cuando algo al fondo de la habitación llamó su atención. Era un Robo-Peón que aparentemente había observado toda la escena.

—¿¡Que rayos haces aquí!?

El robot no se movió.

—Creo que está descompuesto, doctor —dijo Bocoe.

Eggman no respondió y se limitó a golpear al pequeño robot, el cual cayó aparatosamente al suelo.

—Y ustedes dos, no se queden aquí perdiendo el tiempo —espetó Eggman—. Vayan al hangar a terminar ese trabajo.

—Sí, doctor —dijeron los robots.

Decoe y Bocoe salieron por la puerta de la derecha y Eggman salió por la de la izquierda dejando el cuarto a oscuras. Después de unos momentos, el Robo-Peón que Eggman derribó cambió su color naranja con amarillo por uno plateado muy brillante y luego se derritió y se convirtió en un charco de metal fundido. Un instante después, el metal comenzó a tomar forma de nuevo revelando la figura de Metal Sonic.

El erizo metálico se acercó a la computadora y descargó los archivos que había visto hacia unos instantes. Al parecer no era la única creación de Eggman que había decidido darle la espalda… pero eso no tenía importancia, pues él era el único que iba a prevalecer.

Después revisó el archivo del nuevo proyecto de Eggman. Una vez que terminó no pudo evitar sentirse decepcionado. Aparentemente Eggman había optado por utilizar la fuerza bruta y eso hizo que Metal Sonic sintiera un desprecio aún más profundo por su creador.

Metal Sonic volvió a tomar la forma del Robo-Peón y salió de la habitación. Sentía que ya tenía todo lo necesario para deshacerse de Eggman. Sin embargo había aún algo que necesitaba investigar más a fondo y ese era Sonic el Erizo y esos molestos amigos suyos.

(…)

—¿Dice que se encontró con este robot en la base de Eggman?

—Así es —respondió Rouge—. Al infiltrarme comenzó a atacarme porque pensó que yo era una creación de Eggman. Cuando le dije que era agente del gobierno decidió ayudarme a escapar.

El comandante Walker desvió su mirada hacia el robot que en ese momento estaba siendo revisado por el equipo de analistas e ingenieros. Su gesto era serio y adusto.

—Si mal no recuerdo, uno de los objetivos de su misión era no ser descubierta.

Rouge sintió un leve vacío en el estómago, pero lo disimuló bien. Después de todo, ya se había acostumbrado a lidiar con el temperamento de Walker.

—Mi disfraz se vio comprometido cuando Omega me atacó y mis amigos quisieron ir a mi rescate —dijo Rouge sin perder la serenidad—. Admito que no fue una muy buena jugada, pero logramos salir todos con bien y recuperamos la información de la computadora de Eggman.

—Es cierto, pero en estos momentos Eggman ya debe saber que irrumpieron en su base y puede que este acelerando sus planes.

—Eggman tiene sistemas muy avanzados en sus bases. Lo pude comprobar cuando entramos a la base de la planta de energía. Él se hubiera enterado sin importar las medidas que hubiéramos tomado.

—Supongo que eso nunca los sabremos, ¿o sí? —dijo Walker dándole la espalda.

—¿Está diciendo que hice mal mi trabajo, señor? —soltó Rouge.

—¿Usted qué opina al respecto, agente?

—Por supuesto que no —dijo Rouge con tono impositivo pero sin perder la calma—. Siempre sigo las órdenes y cumplo con los objetivos, y usted lo sabe bien.

Walker volteó la mirada sin decir una sola palabra. Después de un momento sonrió levemente.

—Yo sé que usted hace bien su trabajo, Rouge —dijo con el tono un poco más aligerado—. Pero debo asegurarme de que sepa tanto sus aciertos como sus fallas.

—Lo sé, señor —dijo ella más calmada—. ¿Cuál es la siguiente asignación?

—Parece ser que ese robot no representa ninguna amenaza para nosotros, pero aun así debemos asegurarnos, así que los voy a asignar a vigilar el festival que habrá en la ciudad de Westopolis.

—De acuerdo.

Walker dio la media vuelta y se dirigió a la puerta, pero antes se detuvo.

—Y Rouge…

—¿Sí?

—Me alegra que se encuentre bien.

Un momento después el comandante salió de la habitación. Con una sonrisa en el rostro, Rouge miró hacia Omega. No estaba segura de la razón, pero algo la hacía sentirse convencida de que el robot no le iba a fallar.

(…)

Amy regresó a su casa alrededor de las seis de la tarde. Después de cerrar la puerta dejó su bolso sobre una silla, se quitó las botas, las aventó junto a la mesa de noche y se tiró de espaldas a la cama. El peso de todo lo que había pasado desde su cumpleaños estaba comenzando a caer sobre ella, y eso la tenía exhausta.

Ese día se había enterado gracias a Sarah, quien a su vez, se enteró por su hermana Grace, que Sonic y los demás habían ocasionado la trifulca en Casino Park. En ese momento sintió mucha angustia por que alguno de sus amigos hubiera sido lastimado y de inmediato llamó a la casa de Cream para quitarse la duda. Vanilla le contestó y le dijo que había ido con Chris a la casa de Tails, pero que no había de qué preocuparse, ya que todos estaban bien.

Sin embargo, en la soledad de su casa, comenzó a sentir cierta molestia. "Yo fui con ellos ayer… ¿por qué nadie me dijo?", pensó con amargura. "Yo podía ayudar en algo… o tal vez no quisieron que la niña boba se metiera en problemas para no tener que rescatarla otra vez y que no volviera a pasar lo de…"

Su hilo de pensamiento la llevó a recordar a Sonic, y particularmente a la forma en que se puso cuando pensó que ella había muerto. Sin embargo se obligó a sacar a Sonic de su mente. Parte de lo que la tenía tan molesta y desanimada era no saber qué sentir con respecto a él. Por un lado estaba muy enojada con el erizo por la forma en la que le había gritado a pesar de que ella solo trataba de ayudarlo, pero por otra parte comprendía lo que él estaba pasando y lo que debió haber sentido al creer que ella había muerto, y eso la hacía sentirse triste e incluso un poco culpable.

—Creo que lo que más me duele es que no me tenga la confianza para decirme lo que le pasa… —concluyó en voz alta.

De pronto el timbre le hizo dar un sobresalto. Amy se puso de pie y caminó hacia la puerta. Del otro lado le sonreían tres niñas pequeñas: una mapache, una ardilla y una gata. Las tres llevaban uniforme de exploradoras.

—Buenas tardes, venimos a ofrecerle unas galletas horneadas en casa —dijo alegremente la mapache mostrando un canasto que llevaba en el brazo—. ¿Gusta comprar un paquete y apoyar a nuestra tropa?

Al verlas, el mal humor de Amy se aligeró considerablemente.

—Permítanme un segundo —dijo sonriendo y entró a la casa.

En esos momentos hubiera dado lo que fuera por volver a ser niña de nuevo para no tener que lidiar con las complicaciones del mundo adulto y preocuparse sólo por juntar algo de dinero vendiendo galletitas.

Amy regresó con unas cuantas monedas y les compró dos paquetes.

—¡Muchas gracias! —dijeron las tres al unísono y contentas se fueron corriendo hacia otra casa.

Amy cerró la puerta y se dirigió de nuevo hacia su cama. Cuando estuvo por llegar, volvió a sonar el timbre. Con pesadez regresó hacia la puerta.

—¡Ya no quiero más galletas, gracias! —dijo sin abrir la puerta.

Sin embargo la voz que le contestó no era de las niñas.

—Amy, soy yo… —dijo Sonic del otro lado de la puerta.

Ella abrió de inmediato y se llevó una ligera sorpresa al ver al cansado y algo ojeroso erizo. Una parte de ella quiso saltar y abrazarlo, y la otra parte quiso darle una bofetada. Afortunadamente logro contener ambos impulsos.

—¿Qué haces aquí Sonic? —dijo ella con tono serio e indiferente.

—Quisiera hablar contigo Amy.

—Pues yo no tengo nada que hablar contigo… no después de lo que hiciste —dijo ella lanzándole una mirada gélida.

—Amy, yo… —balbuceó Sonic, quién al no esperarse esa actitud, se quedó sin palabras.

—¡Sí, tú! ¡Siempre eres tú! —estalló ella—. ¡Lo único que importa es lo que tú quieres… si quieres hablar conmigo, si no quieres hablar conmigo o si ni siquiera te da la gana dignarte a verme a la cara!

La cara de Sonic en ese momento reflejaba una expresión de confusión mezclada con autentico terror. Ella por su parte, tenía la cara encendida y las lágrimas habían comenzado a brotar de sus ojos.

—Pues te tengo noticias Sonic… ¡Yo también importo! ¡Ya estoy cansada de darlo todo por ti y no recibir nada a cambio! Sé que para ti yo no represento más que una molestia… ¡pues te voy a liberar de la carga de preocuparte por mí y a partir de ahora yo también voy a dejar de preocuparme por ti!

Y diciendo esto, Amy azotó la puerta y recargándose en la pared, se deslizó hacia el suelo y con la cara entre las rodillas comenzó a sollozar.

Después de unos instantes se escuchó un leve golpe en la puerta como cuando alguien deja caer su cabeza. Luego se escuchó la voz de Sonic: un susurro apenas audible y cargado de tristeza.

—Lo siento mucho Amy… de verdad… espero que puedas perdonarme.

Después se escucharon unos pasos que lentamente se alejaban. Amy permaneció sentada en el piso durante unos momentos hasta que se percató de que ya no escuchaba los pasos de Sonic. "¿Qué demonios estás haciendo?" la reprendió una voz en su cabeza. De inmediato se puso de pie y volvió a abrir la puerta.

Sonic iba caminando como a veinte metros de la puerta y estaba a punto de desaparecer entre los árboles, sin embargo, al escuchar el ruido, inmediatamente volteó. Amy estaba de pie en el umbral con los brazos cruzados y mirada adolorida. Su cara estaba ligeramente manchada de delineador de ojos mezclado con lágrimas.

—¿Es cierto eso?

Sonic comenzó a caminar hacia ella y asintió gravemente.

—Sí, es cierto… lamento mucho haberte lastimado. No solo esta vez, sino durante todo este tiempo.

Sonic llegó de nuevo a donde estaba ella. La luz del atardecer se reflejaba en sus ojos llorosos y él no pudo evitar sentir una mezcla de ternura y remordimiento.

—Sé que te he hecho sufrir mucho —continuó él—. Créeme que es lo que menos quiero, pero he tenido mis razones… y creo que ya es tiempo de decírtelas, si es que tú me lo permites.

Amy sonrió a medias.

—¿Quisieras ir a caminar?

(…)

Minutos después ambos caminaban por la orilla del bosque y llegaron a una pequeña loma. El sol, a punto de ocultarse, les brindaba los últimos rayos del día.

—Bueno… —dijo ella—. Soy toda oídos.

—Por desgracia pudiste ver en lo que me… convertí esa noche —dijo Sonic después de unos instantes—. Esa no fue la primera vez que ocurrió.

—Supe que algo así pasó cuando viajamos al espacio.

—Esa tampoco fue la primera vez —dijo él con seriedad—. Esto es algo que me ha sucedido desde que era bebé. Esta tarde por alguna razón perdí el conocimiento y tuve una especie de visión en donde yo era pequeño. Unos bandidos atacaban el pueblo donde vivía y… mataron a mis padres.

Amy le dirigió una mirada consternada.

—Yo… no sabía eso.

—Yo tampoco. Me acabo de enterar en la visión que tuve. Supongo que era muy pequeño para recordarlo.

—¿Pero qué tiene que ver eso con lo que te pasó en la base de Eggman?

—El día que mataron a mis padres, los bandidos también estuvieron a punto de matarme a mí… recuerdo que el líder me tenía sostenido del cuello y estaba a punto de ahorcarme cuando empecé a sentir una furia terrible. En cuestión de segundos, todos los bandidos habían muerto… Ese día nació mi transformación oscura.

—Sonic, yo… lo siento mucho —dijo ella con genuina preocupación.

—Cuando era un poco más grande volvió a ocurrir. Hasta ahora pensaba que esa había sido la primera vez. Yo tendría como siete años. Estaba jugando cuando de pronto llegaron otros niños y comenzaron a golpearme. Yo me enfurecí y el monstruo volvió a surgir… Todos terminaron en el hospital. Los demás pensaron que había habido sido un accidente… después de todo, ¿quién iba a pensar que un niño de siete años podría haberlos dejado así?

Sonic interrumpió un instante su relato. Ambos habían llegado a lo alto de la loma y se quedaron contemplando el horizonte unos instantes.

—Desde entonces he procurado mantenerme relajado y despreocupado todo el tiempo… para mantener a raya al monstruo, especialmente cerca de mis amigos. Y todo había funcionado a la perfección… hasta que llegaste tú.

Amy abrió los ojos por la sorpresa y sintió un nudo en el estómago.

—¿Yo?

—Si —asintió él—. Desde el principio tú hiciste de todo para expresar lo que sentías por mí… y yo tuve miedo… miedo de involucrarme contigo y que al hacerlo pudieras salir lastimada.

Sonic volteó a verla a los ojos. Para entonces el sol ya se había ocultado por completo y la luna comenzaba a brillar.

—Por eso he tratado de alejarme de ti. Pensé que si actuaba con indiferencia haría que te olvidaras de mí… aunque debo decir que no pensé que fueras una chica tan testaruda.

Amy soltó una ligera risilla. De pronto Sonic la tomó por los hombros y Amy sintió la cara ardiendo.

—Todos estos años te he rechazado no porque no me importes, sino porque me importas demasiado como para arriesgarme a lastimarte… Lo único que no contemplé fue que al rechazarte estaba ocasionando justo lo que estaba tratando de evitar.

Amy sintió algo que le quemaba la garganta y sin poder evitarlo, rompió de nuevo en llanto silencioso.

—Ahora sólo espero que comprendas por qué he actuado de esa manera y que puedas perdonarme… porque yo… yo te…

Amy levantó la cara y le dirigió una mirada anhelante. Sonic, sin embargo, bajó los brazos y con la mirada ensombrecida, volvió a mirar al horizonte.

—Está haciendo frío —anunció él con la voz apagada—. Debemos de regresar antes de que te enfermes.

Amy sonrió con decepción y se secó las lágrimas.

—De acuerdo…

Se pusieron en marcha y en pocos minutos llegaron a la casa de Amy.

—Nos vemos en dos días —se despidió ella—. No te olvides del festival.

—Claro que no —dijo él levantando el pulgar.

De pronto ella se acercó y le dio un beso en la mejilla muy cerca de la boca. Sonic se puso colorado.

—Hasta pronto —dijo ella guiñándole un ojo. Un instante después cerró la puerta dejando fuera a Sonic, quien aún seguía sin poder emitir sonido.

Amy volvió a dirigirse a su cama y se tumbó boca arriba. Sin embargo su humor no podía distar más del que tenía hacia una hora. Con las esperanzas y el ánimo renovados, Amy se cambió el vestido por su camisón de dormir, se metió bajo las cobijas y se quedó dormida abrazando su almohada.

(…)

Usando algunas de las influencias que obtuvo durante sus días de policía, Troy Delaney logró acceder a los archivos de la agencia G.U.N.

Delaney era un hombre de cincuenta y siete años de edad, alto, robusto y de facciones duras rematadas con una barba de dos días. Tenía el pelo corto y negro entrecano con indicios de una calvicie inminente. Normalmente usaba un traje gris Oxford y un abrigo beige algo viejo y desgastado.

Su apariencia intimidatoria y su mente ágil y analítica lo hicieron uno de los mejores detectives de policía en su momento. Siendo divorciado y sin hijos, cuando se retiró de la fuerza decidió trabajar como detective privado y abrió su despacho con la ayuda económica de su viejo amigo Danny Matthews, así que cuando Danny le pidió que investigara al tal general Tony Grey, no lo pensó dos veces.

Hasta ahora, su investigación sólo había arrojado que él en verdad había sido un general de la G.U.N., así que el único lugar donde podía encontrar más información era en el archivo del cuartel.

—Veamos que nos puede contar el general Grey —susurró con voz ronca mientras se sentaba en una mesa de lámina y abría el expediente.

Una hora después, Delaney salió del cuartel y de inmediato se dirigió a su despacho. Cuando llegó, lo primero que hizo fue llamar a Danny.

—¿Qué tal, Troy? —lo saludó Danny—. ¿Qué noticias me tienes?

—Por el momento parece que vas tras la pista correcta —dijo Delaney seriamente—. Este tipo en efecto fue un general de la G.U.N., pero fue dado de baja hace cuatro años por afectación psicológica. Sus últimas evaluaciones detectaron comportamiento agresivo con tendencias extremistas y cierto delirio paranoide… y por lo que yo sé, esas cosas empeoran con el tiempo.

—Sí, se notó que había algo raro con ese sujeto —dijo Danny pensativo.

—Y aún falta más. Hace tiempo incursionó en la política… y le estaba yendo bastante bien hasta que otro general de la G.U.N. de quien siempre fue rival presentó una queja por comportamiento inapropiado y eventualmente destapó las evaluaciones psicológicas que le costaron su carrera militar y política.

—¿Y quién era ese otro general?

—Su nombre es James Carrington.

—¡¿El presidente?! —se sorprendió Danny.

—El mismo… no me sorprende que Grey esté resentido con él.

—Ya decía yo que el presidente se había portado muy raro —reflexionó Danny—. ¿Pero qué tiene todo esto que ver con Chris?

—Aún no estoy seguro, pero creo que puedo relacionarlo con algo que ocurrió en el tiempo que ese Sonic estuvo en la Tierra.

—Pero ya pasaron setenta años de eso… En ese entonces Grey aún no había nacido.

—Él no, pero su mentor sí.

—¿Y quién fue?

—Abraham Tower, comandante en Jefe de la G.U.N. en aquellos tiempos. Busqué el expediente de Tower y encontré algo interesante: Cuando era pequeño, sus padres murieron en un accidente. Después fue adoptado por el profesor Gerald Robotnik y vivió en la colonia espacial ARK una buena parte de su infancia… hasta que los de la G.U.N. se pusieron paranoicos y comenzaron a ver los experimentos de Robotnik como peligrosos y decidieron cancelar su investigación por las malas.

—Conozco esa historia. Robotnik fue capturado y su nieta fue asesinada mientras ayudaba a escapar al experimento que conocemos como Shadow el Erizo. Robotnik fue ejecutado en Prison Island al poco tiempo.

—Lo que no saben es que Tower estuvo también en el ARK. Después del ataque, quedó bajo cuidado del estado y eventualmente terminó enlistándose en la G.U.N.

—Supongo que se sintieron culpables de destruirle a su familia y por eso lo aceptaron.

—Es probable —coincidió Delaney—. Tower tuvo una carrera brillante en la milicia, pero se sabe que era una persona despreciable y sumamente amargada. Cuando estuvo próximo a retirarse entrenó a un escuadrón especial, del cual se destacaron dos reclutas.

—Carrington y Grey.

—Exacto. Sin embargo Tower parecía tener una relación más estrecha con Grey, tanto que decidió darle entrenamiento personal. Grey también viene de un hogar disfuncional y es fácil que se hayan identificado entre sí. Puedo apostar que Tower le contó todos sus secretos y le transmitió su sed de venganza.

Después de pensarlo por unos segundos, Danny preguntó:

—¿Y tú crees que Grey esté planeando algo?

—Por lo visto, él es un tipo muy metódico, obsesivo y narcisista. No es de los perros que ladran y no muerden o de los que hacen las cosas porque sí… te puedo asegurar que si decidió hacer lo que hizo el otro día es porque trae algo entre manos.

—Entonces debemos averiguar qué es.

—Algo me dice que la respuesta la tiene el tal Tower. Todos los archivos de la Colonia Espacial ARK se encuentran en Prison Island. Mañana mismo voy a ver qué encuentro.

—De acuerdo Troy, mantenme informado —dijo Danny antes de cortar la comunicación.

(…)

Decoe y Bocoe iban y venían a toda velocidad de un lado a otro en el vasto y parcialmente iluminado hangar de la base de Eggman. El doctor había estado de un genio terrible… y no era para menos: En tan solo una semana, había perdido una de sus bases secretas y una de sus grandes creaciones, a la cual le había invertido muchísimo tiempo y esfuerzo. También habían robado la base del casino y uno de sus robots se había vuelto renegado… y eso sin hablar del tema de Bokkun.

Los secuaces robóticos de Eggman sabían que la huida de Bokkun era de lo que tenía más afectado, y a decir verdad, también les había dolido a ellos. Después de todo, había sido su compañero por muchos años. Sin embargo ese no era el momento de ponerse melancólicos, ya que a falta de alguien más en quien descargar su furia, Eggman los había escogido a ellos, y honestamente, ninguno necesitaba ni quería darle razones para enojarse aún más.

De pronto se abrió la puerta del hangar y el doctor entró con su acostumbrada cara de pocos amigos.

—Decoe, Bocoe, necesito buenas noticias. ¿Qué me tienen?

—El procedimiento está casi completo —dijo Decoe agradecido de tener buenas noticias para su jefe.

—¡Maravilloso! ¡Pronto el mundo verá de qué es capaz el doctor Eggman! Prendan las luces del hangar.

Bocoe activó un interruptor en la pared y se encendieron todas las luces revelando una inmensa nave de color rojo con plateado. Era una especie de acorazado volador repleto de cañones, torretas, armas laser, lanza—rayos y una amplia colección de vehículos voladores de menor tamaño. En general era un gran arsenal volador.

—¡GRANDIOSO! ¡MAGNIFICO! —exclamó el doctor apenas logrando controlar su emoción—. ¡Mi Egg Carrier se ve más imponente de lo que imaginé! ¿Cuándo estará completamente listo?

—Calculamos aproximadamente unas doce horas —dijo Decoe alegre de que su jefe hubiera vuelto a sonreír.

—¡Dense prisa! ¡Quiero tenerla lista cuanto antes!

—¡Si, doctor! —exclamaron ambos robots al unísono.

Eggman salió del hangar dando pasos largos y con una sonrisa entusiasmada.

—¡Ya escucharon al doctor! —exclamó Decoe—. ¡A trabajar!

Un grupo grande de Robo-Peones se puso en marcha hacia la parte trasera de la gran nave, sin embargo, uno de ellos se desvió del camino y se escabulló dentro sin que Decoe y Bocoe se dieran cuenta.

Una vez dentro, recorrió los largos corredores y las salas repletas de armamento y de robots aun desactivados. No necesitó más de cinco minutos para dar un vistazo a la nave y comprobar lo que ya había visto en los diseños que había extraído de la computadora de Eggman.

El obeso doctor se jactaba de ser muy inteligente, sin embargo, entre los archivos que obtuvo, encontró unos planos y fotografías de una nave espacial llamada "Blue Typhoon", construida hace varios años por Miles Prower, uno de los enemigos de Eggman. Con una mezcla de diversión e irritación, pudo comprobar que el diseño de la nave de Eggman era tremendamente similar al "Blue Typhoon", sólo que en lugar de ser una nave de exploración, le había adaptado mucha más artillería y la había hecho una nave de combate… aunque no era nada que lograra impresionarlo.

Aún sin ser detectado, logró salir de la nave y escabullirse por una puerta de servicio al fondo de la habitación. En poco tiempo llegó al elevador principal y subió a la superficie, no sin antes desactivar la cámara.

La puerta se abrió revelando la oscura y abandonada estación de trenes. Por una de las ventanas rotas entraba la luz de la luna. Eran las cuatro de la mañana con diecisiete minutos. Una vez fuera del elevador, se convirtió en metal líquido y recuperó su escalofriante forma natural.

Metal Sonic sintió un gran alivio al recuperar su cuerpo. Pasar tanto tiempo disfrazado de un ridículo Robo-Peón lo hacía sentirse denigrado… pero por suerte, ya no tendría que esperar mucho. Una vez que estuviera listo el Egg Carrier, revelaría su identidad y se la robaría al doctor. Realmente no la necesitaba para nada, pero eso humillaría a Eggman como ninguna otra cosa. Y una vez que lo hubiera humillado, lo destruiría.

De pronto escuchó un leve ruido a su izquierda. De inmediato volteó hacia aquel lugar y con su sensor detectó a un ser vivo agazapado detrás de una de las cajas, sin embargo, la energía de aquel ser era muy baja. Probablemente era un animal nocturno. Como se sentía contento por estar a punto de consumar su venganza, Metal Sonic decidió perdonarle la vida a aquella criatura… de cualquier forma iba a destruirlo en unas horas, así que no había por qué apresurarse.

Con algo de molestia, Metal Sonic volvió a tomar la forma del Robo-Peón y regresó al elevador para continuar con su tarea de espionaje.

(…)

Había estado volando toda la noche. Ocasionalmente se había detenido a descansar un momento, pero procurando no tardarse mucho tiempo para evitar cambiar de opinión. Esa era la tercera noche que pasaba fuera y hasta entonces había evitado regresar a casa hasta no saber qué hacer, pero ahora ya lo sabía. Debía hacerse responsable por sus decisiones y afrontar las consecuencias, fuesen las que fuesen. Además aunque en ocasiones no estuviera de acuerdo con sus acciones, a él le debía la vida y por eso se sentía obligado a volver.

Sin embargo durante todo el trayecto no dejaba de pensar en ella. Lo más probable era que nunca la volvería a ver y eso lo hacía sentirse sumamente miserable. Una y otra vez repitió en su mente el momento en que le había confesado sus sentimientos, y aunque eso lo hacía morirse de la pena, también le arrancaba una sonrisa.

—Hice lo correcto —dijo en voz alta—. Y voy a seguir haciéndolo.

De pronto divisó en el suelo lo que estaba buscando: Una vieja y aparentemente abandonada estación de trenes.

Bokkun disminuyó la potencia de su propulsor y entró por una ventana rota en el techo del andén. Una vez que aterrizó, de inmediato localizó la máquina de boletos que ocultaba la entrada a la base del Dr. Eggman.

Con pasos pesados y un cansancio indescriptible, se encaminó hacia la entrada de la base cuando de pronto vio que la máquina se encendió y comenzó a moverse a un lado para dejar salir a los ocupantes del elevador.

Instintivamente, Bokkun corrió a esconderse detrás de unas cajas. No quería que el doctor lo fuera a ver tan pronto y tan sorpresivamente. Sin embargo no fue Eggman quien salió del elevador. Tampoco eran Decoe, Bocoe ni alguno de los Cuatro Colosos. Era un simple Robo-Peón que aparentemente no tenía nada que hacer porque al salir del elevador se quedó inmóvil. Eso se le hizo raro a Bokkun. Los Robo-Peones no estaban programados para descansar. Éste se debía haber descompuesto.

De pronto, y para gran asombro de Bokkun, el Robo-Peón cambió de su habitual color rojizo a un plateado brillante y comenzó a derretirse hasta formar una mancha platinada en el piso. Luego la mancha recuperó la forma, pero ya no era la del Robo-Peón, sino ahora era un robot de mayor estatura, color azul, ojos rojos y picos en la cabeza que simulaban las espinas de un erizo.

—Es… es… Metal Sonic… —balbuceó Bokkun sin dar crédito a lo que veían sus ojos. Sin darse cuenta, le dio un golpecito a una lata, la cual hizo algo de ruido al caer. Metal Sonic volteó la mirada y Bokkun de inmediato se escondió en un rincón esperando ser atacado en cualquier instante. Después de unos momentos de permanecer inmóvil, escuchó el elevador abrirse de nuevo y fue entonces que se atrevió a volver a mirar. Metal Sonic volvió a adoptar la forma de un Robo-Peón y abordó el elevador.

Con suma cautela, Bokkun salió de su escondite. No podía creer que Metal Sonic estuviera vivo… Seguramente había logrado activarse con la energía oscura de Sonic.

"¡El doctor debe estar feliz!", pensó Bokkun, pero de inmediato otra idea más inquietante cruzó su mente. "¿Por qué Metal Sonic se convirtió en un Robo-Peón para entrar a la base? ¿Será posible que el doctor Eggman no sepa que está con vida?", reflexionó con pesar. "Y si es así, ¿por qué se está ocultando?"

—¿Estará planeando algo contra el doctor? —Bokkun verbalizó su último pensamiento.

Bokkun comenzó a caminar, pero no hacia el elevador, sino hacia un puesto de periódico derruido y oxidado. Detrás del mostrador, encontró una trampilla en el piso que lo guio a unas escaleras secretas. Mientras Bokkun se infiltraba en su propio hogar, todo el cansancio y la preocupación por su futuro fue reemplazada por una apremiante necesidad de saber qué era lo que tramaba Metal Sonic, y eso fue lo que le dio energía para bajar las escaleras a toda velocidad.

(…)

—¡Hoy es el día! —exclamó Amy al despertar.

En efecto, ese era el día en que iba a iniciar el festival en honor a la visita del Cometa Negro y todos los amigos iban a viajar a la ciudad de Westopolis a verlo. Eso le recordó a Amy que Sarah iba a llegar en cualquier momento para dejarle su flota-van de nuevo, así que de inmediato se puso de pie, se dirigió al baño y abrió la llave de la regadera.

El ánimo de Amy había subido de cero a cien desde la visita de Sonic hacia dos noches, y mientras el agua caliente caía sobre ella, se puso a pensar en lo que Sonic le había dicho.

Había sido una enorme sorpresa enterarse de esa parte del pasado de Sonic y de la forma tan violenta en que habían muerto sus padres.

—Ahora que lo pienso, Sonic jamás me había contado una palabra sobre su pasado y dudo que lo haya hecho con alguien más, incluso con Tails —reflexionó en voz alta.

Pero lo más impactante fue lo que vino después. "Todos estos años te he rechazado no porque no me importes, sino porque me importas demasiado como para arriesgarme a lastimarte…" Ahora que sabía la razón por la que Sonic la había tratado de alejar durante tanto tiempo, Amy no estaba segura de lo que debía sentir. Ella tampoco quería lastimar a Sonic ni confundirlo, y por eso ahora ella también estaba confundida y no sabía qué hacer.

Y luego estaba lo que había pasado después… Amy estaba segura de que Sonic había estado a punto de confesarle algo pero se había arrepentido en el último momento. Amy sintió una ola de calor que no tenía nada que ver con el agua caliente o el vapor del baño. A su mente vino la imagen de Sonic tomándola por los hombros y acercando lentamente sus labios a los de ella.

De pronto sonó el timbre de la puerta, obligándola a salir de su ensoñación.

—¡Salgo en un segundo! —gritó Amy con algo de frustración.

Lo más rápido que pudo se secó con la toalla, se puso una bata de baño y unas pantuflas y salió a asomarse por la mirilla. Al ver a Sarah y Grace, Amy abrió la puerta. Detrás de ellas estaba la flota-van y un flotamóvil un poco viejo.

—Disculpen la tardanza, pero estaba algo ocupada —se excusó Amy.

—No te preocupes —dijo Sarah sonriente extendiendo su mano—. Aquí están las llaves.

—Muchas gracias. ¿Seguras que no quieren acompañarnos?

—Lo sentimos, pero tenemos muchas cosas que hacer —dijo Sarah—. Además ya seríamos muchos.

—Eso es cierto —coincidió Amy—. Pero Vector y sus amigos dijeron que van a ir primero a su despacho y que nos alcanzarían después, así que aún hay espacio para dos.

—Aun así tenemos muchos pendientes, pero te lo agradezco Amy —dijo Sarah encaminándose hacia el vehículo—. Sólo déjame sacar unas cosas.

Una vez que su hermana estuviera lo suficientemente lejos, Grace le dijo a Amy en voz baja:

—¿Entonces va a ir Charmy con ustedes?

Amy se sonrió internamente al detectar ese tonito entre tímido y pícaro. Sin embargo, antes de que pudiera responder, Sarah exclamó:

—¡Ni lo sueñes hermana! ¡No te voy a permitir que me dejes sola con todo lo que tenemos que hacer!

Grace giró los ojos con fastidio.

—¡Solo estaba preguntando!

—¡Pues deja de preguntar y ayúdame con esto!

Entre las dos, movieron algunas cajas de un vehículo a otro. Una vez que terminaron, ambas regresaron con Amy.

—¡Que se diviertan mucho! —exclamaron las hermanas.

—Gracias… les diré a los demás que les mandaron sus saludos —dijo Amy guiñándole un ojo a Grace, quien le devolvió una mirada de complicidad.

Esta vez fue Sarah quien giró los ojos.

—De acuerdo, vámonos.

Ambas hermanas subieron al flotamóvil y se fueron.

Veinte minutos más tarde, Amy estaba lista para partir. Se había puesto un bonito conjunto con una ombliguera holgada, pantalones que le llegaban debajo de la rodilla y unas sandalias con adornos en forma de flor. Toda la ropa tenía diferentes tonalidades de morado y violeta que combinaban a la perfección. Amy tomó su bolso de mano y se dirigió hacia la puerta, pero se detuvo un momento y después de pensarlo regresó a su armario, tomó un tubo de metal rojo del tamaño de un control remoto y lo guardó en su bolso. El tubo tenía un solo botón que al oprimirlo desenfundaba el martillo Piko Piko de Amy.

—Nunca se puede ser demasiado precavida —dijo ella.

Ahora sí, estando completamente lista, salió hacia la flota-van y emprendió el camino hacia la casa de Cream, donde se reuniría con los demás.

(…)

—¿¡Volvieron a invadir una base de Eggman!? —exclamó Knuckles.

—Llamémosle una infiltración que no salió a la perfección —dijo Sonic.

—Rouge tuvo un contratiempo al llegar a la base subterránea de Eggman y tuvimos que entrar a ayudarla —añadió Tails

—¿Y por qué no me invitaron? —se quejó el equidna—. Pude haberlos ayudado.

—Fue algo muy sorpresivo —intervino Chris—. Apenas llegamos aquí y Rouge ya nos estaba esperando… ¡Oh, gracias Vanilla!

—No hay de que, Chris —dijo Vanilla dándole a Chris un vaso con agua.

—¡Ya llegó Amy! —anunció Cream al ver la flota-van acercarse a la casa. De inmediato todos salieron a recibirla.

—¡Hola amigos! —saludó con alegría—. ¿Están todos listos?

—¡Chao chao chao! —exclamó Cheese.

—¡Me parece estupendo! —respondió ella.

Cream se sentía muy contenta de que Amy hubiera recuperado su buen humor. El día anterior Amy había ido a visitarla después del trabajo y le había contado sobre su encuentro con Sonic. Ella se veía muy animada y eso ponía feliz a Cream.

—¿Y qué hay de ti? —le había preguntado—. ¿Ya decidiste con quién te vas a quedar?

—¿¡De qué estás hablando!? —preguntó Cream escandalizada.

—No te hagas tonta —dijo Amy con un tono pícaro—. Hablo de Tails y Charmy. Los dos te tienen en la mira y lo sabes bien.

Cream se puso roja.

—Pero… Charmy es así con todas las mujeres y Tails… no creo que le interese una relación… aún no termina de superar lo de Cosmo.

—Es cierto, Charmy es algo mujeriego —dijo Amy pensativa—. Pero aun así, se ve que hay algo diferente contigo. También es verdad lo de Tails, pero ¿no crees que sea una buena oportunidad para que tú lo ayudes a encontrar el amor de nuevo?

—Pues… yo… no se… —balbuceó Cream.

—Piénsalo bien —dijo Amy poniéndose de pie—. Mañana vas a estar un buen rato con los dos… ya quiero ver qué pasa.

Cream recordó lo que había pasado en el Casino, pero prefirió no contárselo.

—¿Estás ahí Cream?

La voz de Tails la regresó al presente.

—¿Qué…? Lo siento, no te escuché —musitó apenada.

—Dije que si ya tenías todo listo —dijo Tails divertido.

—Sí, ya está todo —dijo Cream dándole una palmada a su mochila.

—¡Bueno, pues vámonos! —exclamó Amy.

(…)

Durante dos horas recorrieron una bonita carretera llena de bellos paisajes hasta que finalmente llegaron a la ciudad de Westopolis. Era una urbe un poco más pequeña que Angel City, pero no menos imponente. La avenida principal estaba flanqueada por enormes rascacielos y transitada por montones de flotamóviles que iban y venían.

Amy tomó una desviación hacia la autopista panorámica que daba la vuelta a la ciudad y permitía una vista excepcional.

—¡Cielos! —exclamó Vanilla—. ¡Es una ciudad muy bonita!

—Desde luego —dijo Amy—. ¿Qué opinas Chris?

Pero Chris no contestó, ya que su atención estaba centrada en uno de los edificios más altos.

—¿Chris?

—¿Eh…? oh claro, es muy bonita…

—¿Estás bien amigo? —preguntó Sonic.

—Sí, no fue nada, solo creí ver algo —respondió Chris aun pensativo.

Tardaron otros veinte minutos en llegar a la Plaza Principal, la cual consistía en una gran explanada con un bello jardín en el centro y una espectacular fuente. Chris no pudo evitar acordarse de Station Park.

—¡Que hay de nuevo, amigos! —llamó una voz rasposa.

Todos voltearon a su derecha y vieron a Vector, Espio y Charmy caminar hacia ellos. Vector le dio un beso a Vanilla y los demás se saludaron de mano y algunos se dieron abrazos. Tails y Charmy apenas se tocaron la mano.

—¡Se ven muy bien! —comentó Charmy—. Sobre todo las damas.

Y era cierto. Amy no era la única que se había arreglado bien para la ocasión. Vanilla llevaba un elegante vestido blanco a media pierna con un saco verde lima y zapatos del mismo color; y Cream se había puesto vestido a rayas naranja, amarillo y blanco hasta las rodillas que también dejaba al descubierto sus hombros, traía unos zapatos bajos naranja, un collar de plata con adornos en forma de lunas y un moño naranja en una de sus orejas.

Cream se sonrojó un poco y recordó que esa mañana al llegar a su casa, Tails le había comentado algo similar.

—Te ves muy linda hoy —había dicho con un tono bastante apenado.

Amy se dirigió a Chris—. ¡Tú también te ves bien!

Él traía un pantalón gris oscuro con una camisa a rayas de diferentes tonalidades de azul y una chamarra de cuero negra. Sobre su espalda traía colgada su espada.

—¡Gracias Amy! —respondió Chris—. Tails me prestó la ropa.

—Sólo que está un poco manchada de la solapa —dijo Charmy aparentando inocencia, ante lo cual, Tails le lanzó una mirada antipática.

—¡Bueno, vayamos a visitar la ciudad! —exclamó Sonic. Los demás lo siguieron con entusiasmo.

(…)

—¿Cómo va todo, agente? —preguntó el comandante Walker por el comunicador.

—Todo está normal, señor —respondió Rouge desde uno de los puestos de vigilancia que habían instalado en Westopolis.

—¿Y nuestro sujeto a prueba?

Rouge volteó hacia Omega, quien estaba de pie al lado de ella.

—Sin problemas.

—Muy bien, avíseme si hay alguna eventualidad.

—Señor…

—¿Sí?

—¿Hay alguna noticia sobre los datos que extraje de la base de Eggman?

—Los técnicos están trabajando en eso, no se preocupe. Cambio y fuera.

Rouge no quería admitirlo, pero aún seguía algo apenada por las fallas que había tenido en sus últimas dos misiones. En ambas había puesto en peligro la vida de civiles… de sus amigos. Rouge se dijo firmemente que de ahora en adelante iba a hacer su trabajo por su cuenta sin involucrar a nadie más.

—¿Hay alguna noticia, Rouge? —dijo Omega.

—Nada nuevo. ¿Qué hay de ti?, ¿todo bien?

—Afirmativo. Todos los sistemas funcionan a la perfección.

—Me parece excelente.

Rouge reflexionó que Omega era justo el compañero que necesitaba. Callado, conciso, muy eficiente, y sobre todo, no se distraía de la misión por verle sus curvas como otros agentes que habían estado con ella antes de que le tuviera que rogar a Walker que la dejara trabajar sola.

—Es hora de trasladarnos a la siguiente estación de control —anunció Omega.

Rouge consultó su reloj. Eran las cuatro de la tarde.

—De acuerdo, vamos —dijo ella emprendiendo el vuelo.

(…)

Sonic y sus amigos se dedicaron a pasear por la ciudad el resto del día. Visitaron el Museo de Historia Natural y el Museo de Arte, luego se detuvieron a comer en un acogedor restaurante de ensaladas. Mientras comían el postre, Amy alzó su taza de capuchino.

—Quiero brindar por todos nosotros —dijo solemnemente—. Por el placer de estar con ustedes y de poder compartir estos momentos juntos. Para que podamos dejar atrás los momentos malos y tristes que nos encadenan al pasado y poder disfrutar cada momento —agregó volteando hacia Sonic y Tails que estaban sentados juntos—. Y para que en el futuro todo sea felicidad y amor —esta vez volteó hacia Cream—. Y también para que sigamos siento tan unidos como ahora, ya que sólo así superaremos los obstáculos que vengan.

—¡Salud! —corearon todos alzando sus bebidas.

Diez minutos más tarde, el sol estaba a punto de ocultarse.

—¡Oh cielos! —exclamó Amy—. ¡Ya van a empezar los fuegos artificiales!

Rápidamente pagaron la cuenta, salieron del lugar y corrieron hacia la Plaza Principal, donde ya habían montado una gran estructura. Casi de inmediato se apagaron todas las luces de la explanada y los edificios aledaños. Un segundo después cruzó el cielo una estela blanca que salió de lo alto de un edificio. Luego comenzaron a salir luces de la estructura de la plaza y de atrás de los edificios. Estrellas, cascadas, torbellinos y cientos de figuras de todos los colores danzaban y se transformaban sin cesar. Así duró el espectáculo durante aproximadamente quince minutos. Hubo un momento en que los fuegos artificiales se detuvieron y fue cuando la multitud rompió en aplausos, chiflidos y ovaciones. Súbitamente, de todos lados comenzaron a salir luces muy blancas y despegó el último grupo de cohetes que detonaron en el cielo con un gran estruendo.

Al mismo tiempo que estallaron los cohetes, el suelo retumbó ligeramente. La multitud se sorprendió un poco, pero no le dio mucha importancia al suceso, ya que pensaron que era obra de las explosiones. Sin embargo, un segundo después el suelo volvió a sacudirse, esta vez con más violencia y durante más tiempo. Las expresiones de alegría callaron y a ellas sobrevinieron murmullos desconcertados y atemorizados.

—¿Que fue eso, Sonic? —preguntó Amy con aprensión.

—No lo sé —dijo él preocupado—. Pero no creo que sea parte del espectáculo.

—¡Miren el cielo! —exclamó Espio.

Al disiparse la luz de los cohetes, todos los presentes observaron como el cielo que hasta entonces era azul oscuro, ahora era de un tono rojo sanguinolento y una gran nube cubría la ciudad.

—Ay no… —murmuró Chris—. Era verdad… ¡Esta es la ciudad de mi sueño!

De pronto la nube roja comenzó a arremolinarse dejando ver lo que parecía una gran roca que despedía una luz blanca por un agujero en su parte inferior. Un instante después, de ese agujero comenzaron a caer cuerpos. Eran unos seres horripilantes color gris verdoso y rojo muy grandes y musculosos. Su piel era escamosa como la de un reptil y sus ojos eran grandes, amarillos y sin pupilas. Tenían unas grandes y peligrosas garras en las manos y los pies.

En cuanto cayeron al suelo, el pánico reinó en el lugar y los asistentes al espectáculo comenzaron a correr despavoridos. Sonic y sus amigos se quedaron observando la escena protegiéndose entre sí mientras los invasores acababan con el lugar.

—Todo se está volviendo realidad —dijo Chris como en un trance—. ¡Van a destruir la ciudad!

—¡No si puedo evitarlo! —dijo Sonic dispuesto a lanzarse al ataque, sin embargo antes de hacerlo, Chris lo detuvo.

—¡Espera Sonic!

—¡Chris, ya habíamos hablado de esto!

—No es eso… yo voy contigo —dijo el muchacho desenfundando su espada.

—¡Todos vamos! —dijo Tails.

—No te dejaremos solo en esta, ¿o sí, amigos? —dijo Amy sacando su martillo del bolso.

—¡No! —exclamaron los demás.

—Mama, tú quédate aquí, esto puede ser peligroso —dijo Cream.

—¡No dejaré que vayan solos esta vez! —dijo Vanilla terminantemente.

—Pero cielo… —comenzó Vector.

—¡Pero nada, he dicho que voy! Ustedes no son los únicos de la familia que saben repartir golpes.

A Vector y Cream no les quedó otra más que aceptar.

—¡Toma esto, Vanilla! —exclamó Amy lanzándole un martillo—. Tengo uno de repuesto.

—¡Muy bien amigos, vamos a patear traseros alienígenas! —exclamó Knuckles con entusiasmo.

(…)

Shadow se materializó en una colina llena de pasto y algunos árboles alumbrados por los últimos rayos del atardecer. A lo lejos podía ver una gran ciudad, de la cual parecían salir chorros de luz. Un espectáculo de pirotecnia seguramente.

El erizo volteó hacia su mano derecha y vio como la Esmeralda Caos falsa se pulverizaba. Por fin había dado toda su energía.

Shadow reflexionó sobre la escena que había visto en su mente cuando visitó el planeta de Molly. Él se veía corriendo de la mano con una niña rubia con un vestido azul por un corredor de metal, hasta que llegaban a una sala y luego todo se volvía blanco y escuchaba un gran estruendo y se escuchaba a si mismo gritar "¡María!". Aún no sabía quién era María, pero estaba decidido a averiguarlo a como diera lugar.

De pronto, Shadow vio como unas misteriosas nubes rojas cubrían el cielo y de ahí comenzaban a caer unos extraños invasores que atacaron la ciudad. Shadow dio la media vuelta. No tenía tiempo para ayudarlos.

—Shadow…

El sonido de una voz hueca y escalofriante lo hizo voltear. Al hacerlo, vio a una de las criaturas acercarse a él. Pero esta no era como las otras. Se trataba de un alienígena pequeño con seis brazos como tentáculos y un solo ojo justo en medio de su cuerpo. El sujeto tenía la habilidad de flotar.

De repente despidió de su ojo una luz que se convirtió en la imagen holográfica de otro alien más grande de color negro, con una cabeza con dos largos picos que salían hacia los lados, tres ojos amarillos y desagradables y sin boca ni piernas. Tenía una túnica vieja y rasgada de color negro con bordes dorados y un grueso collar de cadena con extraños adornos de metal parecidos a una luna con picos y a una estrella de seis puntas.

—Como puedes ver, el día del Juicio Final pronto llegará —dijo con tranquilidad—. Encuentra las siete Esmeraldas Caos y tráemelas como lo prometiste.

—¿Quién eres y cómo sabes que soy Shadow? —preguntó extrañado el erizo—. ¿Y de qué estás hablando?

Sin embargo, el monstruo se desvaneció y el pequeño alienígena huyo del lugar. Un instante después hubieron varias explosiones pequeñas alrededor de Shadow que sólo sirvieron para levantar una gran nube de polvo. Cuando este se disipó, Shadow no pudo encontrar rastro de sus visitantes.

—¿Qué rayos fue eso? —preguntó para sí mismo—. Si él dice saber la verdad sobre quién soy… entonces, aunque no me guste, debo creerle. ¡La única forma para descubrir mi pasado es obteniendo las Esmeraldas Caos!

Con un nuevo propósito, Shadow se dirigió a toda prisa hacia la ciudad para buscar la primera Esmeralda.

(…)

Notas del Autor:

¡Hola! Como siempre, gracias por leer y espero que hayan disfrutado de este capítulo.

Por fin Sonic y Amy se reconciliaron y… ¿acaso estamos viendo el comienzo de un nuevo romance? ¿Qué pasara con el pequeño triángulo amoroso entre Tails, Cream y Charmy? ¿Qué secretos tiene el general Grey? ¿Qué va a pasar con Metal Sonic, Shadow y los Black Arms? Y muy importante: ¿Podrán Sonic y sus amigos detener la invasión? Todas estas preguntas tendrán respuesta. Continúen leyendo y lo sabrán.

Cuídense mucho.

¡Saludos!