Capítulo 11

Tiempo de ser normal.

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Norka se había marchado hacia más de una hora. Y que curioso era todo, Luka le había puesto el nombre de una diosa a su hija, y pensar que Hermione solo había pensado que aquel nombre era un poco raro. Mientras pensaba en eso, había regresado a su cama. En posición fetal, había comenzado a frotar su vientre, el que muy pronto comenzaría a crecer…

¿Cómo se lo contaría a sus padres? ¿Se sorprenderían? Por supuesto que lo harían. Toda la vida se había mostrado como alguien sensata que seguía planes que ella misma trazaba, sin salirse ni una vez del camino. Había planeado tener una beca completa en una de las universidades más prestigiosas del mundo, y así lo había conseguido. Se había puesto como meta convertirse en la mejor forense en la morgue judicial, y a pesar de ser joven, lo había conseguido, y estaba a un paso de obtener el puesto de directora.

Cuando había empezado a salir con Victor, se lo había comunicado a sus padres, y así lo había hecho toda la vida con cada hombre con el que salía. Su padre, para ser más exactos, siempre había estado al corriente de su vida amorosa. Dado que siempre habían tenido la confianza que nunca había logrado entablar con su madre.

Y ahora estaba embarazada sin ni siquiera estar casada. Su madre al fin tendría una razón para atormentarla y poder decirle a todo el mundo lo avergonzada que estaba de su hija.

Seguramente, su padre se pondría muy contento. Seria otra gran razón para volver a Inglaterra el próximo verano. Un nieto….su hijo.

Un niño o una niña… de ella.

Se moría de miedo. ¿Ella iba a ser madre?

Se levantó, acercándose al espejo de pie que tenía en un rincón. Se miró de arriba abajo, prestándole mucha atención a la zona abdominal. Se miró de todos los ángulos posibles. No veía mucha diferencia a semanas anteriores.

La emoción que sintió en ese segundo la dejó de piedra. Estaba asustada, más de lo hubiera estado nunca. ¿Dioses? ¿Mundos mágicos? Podía escuchar y ver todo eso, pero al final del día, si así lo quería, podía darle la espalda a toda aquella locura y continuar con la vida que había estado teniendo hasta entonces. Pero ¿un bebé? No podía hacer oídos sordos a eso.

Un hijo…suyo.

Rió mientras las lágrimas empapaban su rostro. Era una locura. Pero lo más loco era que a cada minuto que pasaba allí parada, mirándose en el espejo, se dio cuenta que algo muy parecido a ¿la alegría? comenzaba a formarse en su pecho. Conmocionada, se vio ansiosa ante la idea de que su panza comenzara a crecer ¿seria niño? ¿Seria niña? ¿Qué nombre le pondría? Siempre le había gustado el nombre Sam.

"Elegir nombre no es solo asunto tuyo…." Volvía a escuchar la voz maliciosa de su madre en la cabeza.

Y odiaba aceptarlo, pero tenía toda la razón. Se dejó caer en su cama, derrotada. Estaba embarazada (y había quedado en ese estado de la forma más insólita del mundo) y había un padre dando vueltas por ahí…. Un padre que no era del todo humano.

Intentaba ponerle lógica a todo ese asunto. Si hacia unas horas no quería volver a verle la cara a Fred, ahora su vida estaba atada a la de él hasta cierto punto. Tendrían un hijo. ¿Y si Fred se volvía como Aidan? ¿Su bebé tendría un padre homicida?

Norka le había dicho como debía hacer para mantener el alma de Fred intacta.

Tomó su teléfono. Tenía que llamar a Harry.

Lo único que tenía que hacer era aceptar a Fred tal cual era. Amarlo…. ¿pero podía hacerlo? ¿Podía amarlo?

Siendo sincera, no lo sabía. Sus padres se habían casado con apenas seis meses de haberse conocido. Y aunque su padre siempre decía lo mucho que amaba a su esposa, Hermione había pasado la vida viéndolos y creyendo que eran un par de desconocidos que simplemente se dedicaban a tolerarse mutuamente. Siempre había creído que estarían mejor divorciados.

Ella no quería una relación fría y distante como la de sus padres. No quería criar un hijo en un hogar sin amor. Pensaran lo que pensaran de la fría forense, ella quería amor, amistad, mimos y un "Buenas noches" seguido de un tierno beso.

¿Era mala por pedir algo así para su vida? No quería estar una noche sentada frente a Fred en la mesa de la cocina, sin nada que decir, sintiendo que había sido el peor error de su vida. No quería vivir recentina como su madre, quería ser feliz.

No marcó el número de Harry. Aún no se sentía lista para contarle la noticia, si era que todavía no la sabía ya.

—Hola Hermione—la saludó Katie con una voz jovial, que le recordó a la forense que el mundo seguía su curso fuera de las cuatro paredes de su habitación.—Dos señales de vida de tu parte en una misma semana ¿debo sentirme una privilegiada?

Aquel comentario que su amiga había soltado sin la más mínima intención, logró hacer sentir culpable a Hermione. Era verdad, estaba tan metida en sus cosas, que los únicos amigos que llegaba a ver a diario eran Neville y Harry, y esa interacción solo existía porque tratar con ellos era parte de su trabajo.

"Vaya amiga que eres, Granger"

—Lo siento—se disculpó con voz pastosa—Parece ser que solo me acuerdo de la gente cuando necesito algo.

—Oye, no digas eso—Katie sonaba muy seria desde el otro lado—Tu trabajo es absorbente a veces. Yo tampoco te llamo casi nunca… supongo que estamos a mano ¿no?—soltó una risita, tratando de quitarle el hierro al asunto.

—¿Qué tal si en algún momento en la semana nos vemos y tomamos algo? Por los viejos tiempo—le propuso, en un intento de sentirse mejor y compensarla.

—Me parece bien—aceptó encantada—Pero dime ¿Por qué me llamaste? Dudo que fuera para invitarme a tomar el te.

—¿Ya tienes los resultados de mis análisis?—preguntó sin rodeos.

—Déjame ver—la escuchó revolver unas cosas por un momento—Si, tengo el sobre aquí. Me lo entregaron ayer a última hora, lo guardé para abrirlo cuando nos viéramos.

—¿Puedes hacerlo ahora?—le pidió

—¿Pasa algo malo? Me estas preocupando…

—No es para preocuparte, solo que…— ¿debía contárselo? Por supuesto que si, era su doctora.—Solo que comienzo a pensar que la posibilidad de un embarazo ya no es tan imposible.

Katie soltó una carcajada. Seguía riendo mientras ponía el manos libres y abría el sobre para leer los resultados.

—Señorita Granger, usted esta embarazada. Mis mas sinceras felicitaciones—le dijo con solemnidad, antes de echarse a reír con más fuerza—¡Con que imposible!¡Ja! Que guardado te lo tenias. —Hizo un esfuerzo para calmarse—Oye ¿Quién es el padre? ¿Alguien que conozco?

—Bueno…. Es un compañero de trabajo. —respondió con una voz que estaba a nada de quebrarse

—Oh..— Katie dejó de reír, comenzando a preocuparse nuevamente—¿Es algo poco serio?

—No sabría como describir nuestra relación, la verdad. Lo nuestro es un poco….— ¿Extraño? "Pues veras Katie, hace meses que sueño con un tipo que esta como un tren, y cada vez que ponía su mirada sobre mi, era cuestión de segundos para que la ropa comenzara a desaparecer ¿genial, no? Pues el tipo resulto ser real y me a dejado preñada en un sueño (sip, como en esa peli de terror donde nace el anticristo) y ahora debo amarlo o sino se volverá un asesino en serie que hará que Jack el destripador parezca un aficionado."

Sintió los ojos arder. ¿Tanto llanto era culpa de las hormonas? No sabía porque había llamado a Katie. Norka ¡la diosa Norka! Le había dicho que estaba en cinta. ¿Qué más prueba necesitaba?

Tal vez, solo quería sentirse normal por un momento. Que una prueba hecha en un laboratorio le dijera que estaba esperando un bebé, y no un ser mágico que parecía sacado de una extraña novela de fantasía. Quería ser normal otra vez.

—¿Hermione?—la voz de Katie la trajo de vuelta y la forense se dio cuenta que había empezado a llorar otra vez—¿Qué harás con el bebé?—le preguntó en un susurro, como si temiera que alguien la escuchara. Katie era doctora, debía hacer esa pregunta.

—Tenerlo—respondió Hermione, como si ese punto no tuviera discusión.

Escuchó como su amiga suspiraba aliviada.

—Bueno, en ese caso, hay un par de cosas que debemos organizar, futura mamá.

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Ginny trató de mostrarse tranquila. Se alisó un par de veces su gabardina, casi como si hacerlo se hubiera vuelto un tic. Contó hasta diez y estiró la mano, pero volvió a bajarla. ¿Por qué se suponía que ella, precisamente ella, iba a lograr mas de lo que Norka y Harry habían conseguido juntos?

Fred lo valía, se dijo con firmeza

Tomó aire. ¡Solo hazlo!

Tocó el timbre, lista para quedarse allí plantada por un largo rato, a la espera de una respuesta, o que le dieran la puerta en la cara. No sabia cual de las dos opciones prefería.

La puerta se abrió y apareció Hermione, con el cabello desordenado y ropa que hacia tiempo que había dejado de ser aceptable para salir a la calle.

La forense no ocultó su sorpresa al verla llamando a su puerta.

La pelirroja se alegró que al menos no le cerrara la puerta, aunque aún tenía tiempo para hacerlo.

—Hola—trató de sonreír. No le salió muy bien que digamos. Las sonrisas forzadas nunca habían sido lo suyo— ¿Puedo pasar?

Sin decir nada, Hermione se hizo a un lado para dejarla entrar. Ginny ingresó sin molestarse en disimular su inseguridad.

—¿Qué haces aquí?—le preguntó sin muchos rodeos, cuando cerró la puerta principal detrás de ella.

—Bueno, ya que al fin sabes mi secreto, creí que podríamos ser amigas.

Hermione alzó las cejas.

—¿Amigas?

—Sí, lo sé—se encogió de hombros—Ni yo me lo creo…

La tranquila resignación de Ginny, hizo que Hermione viera su relación desde un nuevo ángulo. Dándose cuenta así, que nunca le había dado ni la más minima oportunidad a la pelirroja.

Cuando se conocieron, la forense la había tratado como a cualquier otro detective recién llegado. Pero cuando vio el comportamiento de Harry cuando la tenía cerca, simplemente cerró toda posibilidad de conocerla.

No eran celos, simplemente no podía entender como alguien podía declararse amor eterno a los dos días de conocerse. Con bastante petulancia, se había sentado a esperar el momento en que Ginny le rompiera el corazón en mil pedazos a su amigo. Pero eso nunca había pasado…

La pelirroja ante ella, se había mostrado firme con todo aquel que no creyera en su amor por Harry. Si hubiera sido Cho o cualquiera otra, el recelo de Hermione hubiera sido más que suficiente para comenzar una agresiva campaña para convencer a Harry de cortar toda relación con ella. Ginny le había tolerado todos sus desaires con una sonrisa (aunque a veces esta fuera fingida) su paciencia había sido de otro mundo. Otra en su lugar ni siquiera la hubiera invitado a su boda.

Todo eso le hizo preguntarse si Ginny aguantaba todas sus estupideces por Harry o por Fred….

—Lo siento—se disculpó Hermione tomando por sorpresa a la pelirroja—no has hecho mas que hacer feliz a mi mejor amigo, y yo he sido una completa snob contigo. ¿Por qué no me has dado la patada ya?

Ginny sonrió de verdad

—Tengo que decir que mas de una vez quise hacerlo—ladeó la sonrisa, de una forma que la hacia parecerse mucho a su hermano—Pero eres importante para Harry. No puedo alejarlo de ti, eso no seria justo. Además, tú tenías razones para tenerme desconfianza ¿no? Tienes instinto, Granger. Haz podido detectar a todos los cazadores que han estado a tu alrededor.

—No a todos…—replicó, recordando a Luka y la forma tan rápida con la que se había ganado su confianza.

—Vale. Pero tres de cuatro es un buen número. Hay humanos que no se dan cuenta aunque llevemos un cartel enorme sobre la cabeza.

Se quedaron en silencio. Ahora con esa nueva luz sobre Ginny, su presencia no le molestaba o incomodaba en absoluto

—Oye ¿ya haz comido?—le preguntó la cazadora.

Hermione la miró fijamente antes de contestar.

—¿Lo sabes, verdad?

Ginny apretó los labios por un segundo.

—Si—pasó su peso de un pie a otro, nerviosa—Norka nos lo contó a Harry y a mí hace unas horas….

—Y… ¿Fred lo sabe también?

—No—trató de no mirarla a los ojos—Decidimos no decirle. Ya tiene bastante por el momento…. Creo que lo correcto es que lo sepa cuando… cuando tú hayas tomado una decisión definitiva.

Una decisión definitiva.

Cuando Norka se había marchado, aquella frase se había quedado en el aire, o tal vez solo en su cabeza. La diosa, y ahora Ginny, estaban a la espera de una decisión definitiva que Hermione no estaba segura de poder dar.

—¿Me odias?—sentía como si algo frío y repugnante le bajara por la garganta hasta llegar al estomago. Miró a Ginny ansiosa mientras esta lo pensaba muy bien antes de contestar.

—No se muy bien lo que siento en este momento…. En principio, no. No te odio, Hermione. Creo que puedo llegar a entenderte—se mordió el labio antes de continuar—Mentiría si dijera que me da igual tu decisión. Fred es mi hermano y lo amo, no quiero que sufra. Pero comprendo tu situación. Norka fue una insensata al pensar que el bebé era suficiente prueba de su amor.

—Sigo sin poder digerir esa parte….

—Según Norka, ese niño solo pudo ser concedido porque ambas partes se entregaron mutuamente, porque están…

—¿Enamorados?—se animó a completar al ver que la pelirroja perdía el valor para acabar la frase.

—Si, según Norka, solo así pudo pasar esto.

—Ya…

Estaba embarazada, y ese simple hecho confirmaba el supuesto amor que le tenía a Fred Weasley…. Era todo tan raro.

—Deja de angustiarte, eso no le hace bien ni a ti a ni al bebé—le dio una palmadita amistosa en el brazo, tratando de bríndale un poco de su apoyo.

Hermione se quedó mirando el lugar en que Ginny la había tocado. Nuevamente sus ojos se nublaron por las lágrimas. El destino de su hermano estaba en sus manos. Una decisión egoísta de su parte, podía convertirlo en un ser despreciable…. Pero a pesar de eso, Ginny no le presionaba. Simplemente se preocupaba por su salud y la del bebé. Se sintió conmovida, y más culpable que nunca.

—Ven, cámbiate. Iremos a comer algo, necesitas salir de aquí.

—No soy buena compañía ahora

—No digas tonterías. Vamos, no puedes estar metida aquí para siempre

La insistencia de Ginny era difícil de ignorar. Al final, se cambió de ropa, quedando bastante decente para lo que la pelirroja catalogaba como una "salida de chicas"

—Ya veras que dejar de pensar en todo esto por un rato, te hará sentir mejor—repitió la detective por tercera vez, mientras manejaba su pequeño coche en dirección al centro de la ciudad.

Hermione la miró de reojo desde el asiento del copiloto. Sin duda no eran un par de personas con mucho de que hablar. Y dado que la mujer se había esforzado mucho para convencerla de salir, decidió que al menos le debía el favor de evitar caer en un silencio incomodo.

Solo tenían tres temas de los que podían hablar: el trabajo, Harry o Fred.

Pero el trabajo era demasiado deprimente, y Fred era de lo que quería escapar por un rato.

Así pues, se quedó con Harry.

—¿Cómo se conocieron?—le preguntó Hermione mirándola con atención—Tu y Harry, quiero decir ¿Cómo se conocieron en el mundo de los sueños?

Ginny sonrió sin apartar los ojos del camino.

—Una noche Harry estaba teniendo una pesadilla muy chunga. Se encontraba en un bosque durante una tormenta y una manada de lobos-zombi le perseguía.

—Si, esos suena a algo que Harry soñaría.

—Pues si. — La detective rió.—Lo cierto es que habían un montón de Creadores metidos en esa pesadilla. Habitualmente solo es uno por soñador, pero esos malditos se la habían tomado contra Harry, y lo atacaban en grupo. Yo los descubrí y me metí en el sueño para protegerlo. Al final terminamos luchando hombro con hombro.

—Harry me dijo que fue amor a primera vista.

—Si, eso dice él—rió risueña.

—¿No lo fue para ti?—preguntó con interés.

—Hermione, aunque no lo parezca, tengo más de cuatrocientos años—la forense la miró con los ojos como platos—E visto a miles de humanos, y todos me parecían iguales.

—¿Entonces que hizo Harry para llamar tu atención?

—¿La verdad?—Hermione asintió—Me besó—la sonrisa de Ginny se volvió algo boba—Y fue el primer beso en toda mi existencia, que me hizo sentir algo de verdad. Puso mi vida de cabeza. Jamás había pensado que un contacto como aquel pudiera producirme tantos sentimientos que hasta entonces me resultaban completamente desconocidos.

Hermione no salió de su asombro. ¿Cuatro siglos de vida y nunca haber sentido el revoloteo de las mariposas en la pansa al recibir un señor beso? Eso sí que era triste.

—Después de eso, lo visité cada noche. Sabía que estaba mal, no es algo muy bien visto pasar mucho tiempo con un humano en específico. Hay reglas pensadas para evitar que nos enamoremos de humanos ¿sabes? Pero no podía dejar de pensar en él. La atracción que me provocaba Harry era algo completamente nuevo para mi, solo podía pensar en estar a su lado.

Hermione pensó en lo que le había dicho Norka. "Un cazador enamorado es como una locomotora sin frenos"

—Un buen día, mi hermano Percy se dio cuenta de mi relación con Harry, e intervino. Me hizo creer que estaba enfermando a Harry. Por un momento creí que le estaba quitando las ganas de vivir… que lo estaba matando.

—¿Por qué hizo eso?

—Percy no quería que viniera al mundo humano, tiene miedo de que Aidan me mate.—algo en la mirada chocolate de la mujer se apagó un poco.—Pero como sea. Harry al final dijo las palabras mágicas. Norka lo visito y comprobó que de verdad me quería. El resto es historia.

—Y yo que creía que estaban comportándose como unos idiotas hormonados—suspiró. Lo de aquellos dos no había sido de la noche a la mañana como todo el mundo creía.

—Pues no negaré que a veces somos un poco idiotas, en especial Harry—rió.

—Se que todos quieren que acepte todo esto sin pestañar…

—Nadie espera eso, Hermione—le aseguró Ginny con tacto. —No serias humana si no te resistieras aunque sea un poco a todo esto.

—Harry lo hizo, lo aceptó todo con los brazos abiertos.

—Harry es un ser único (¡y no lo digo solo porque es mi marido)—se apresuró a aclarar—Él es especial. Después de todo lo que ha vivido, y de todo lo que ha perdido, es un milagro que pueda amar con la fuerza con que lo hace.

—Él no tuvo una vida fácil—aceptó Hermione. Aunque su amigo no hablaba mucho del pasado, ella sabía que su infancia no había sido precisamente de ensueño, en especial los primeros años, los cuales había pasado bajo la tutela de sus tíos maternos. La forense sabía que su amigo tenía en una especie de pedestal a su padrino Sirius y a su tío postizo Remus, por ser los que lo habían rescatado de esa casa cuando cumplió once años.

Supuso que aquello tenía lógica. Aunque siempre se había comportado como un cínico en esos temas, sabía que Harry quería un amor real, que fuera honesto y fiel, y Ginny le aseguraba precisamente eso. Un amor puro que nunca lo lastimaría.

Como el suave sol de la mañana ya había desaparecido, llevándose consigo unos cuantos grados, Ginny decidió que era mejor quedarse en un lugar cerrado así que terminaron en el centro comercial más cercano. Su primera parada fue en la plaza de comidas, y fue ahí donde Hermione, al sentir el aroma de las hamburguesas, se dio cuenta del hambre voraz que tenía.

—Vale ¿y cómo es ese mundo?—preguntó curiosa Hermione después de zamparse media porción de papas.

—Bueno…—Ginny se lo pensó muy bien antes de contestar. Jamás había tenido que explicarle a un humano como era su mundo, con Harry simplemente se había limitado a llevarlo allí.—Se parece a este, pero sin nada de tecnología.

—¿De verdad?

—Es que no la necesitamos. Si queremos ir a algún lado simplemente nos aparecemos ahí y si queremos mandar un mensaje usamos telepatía y ya.

—Uff no puedo imaginarme algo así—En realidad si podía, y parecía salido de un cuento de fantasía.

—Allí todo es más natural. No hay caminos, ni rascacielos o centros comerciales. No los necesitamos. Si queremos algo lo hacemos aparecer, si nos lastimamos, nos curamos solos.

—Suena fascinante. Me gustaría conocerlo.

—Lo harás.

Se quedaron calladas mientras seguían comiendo. Hermione sabía que Ginny no quería decírselo, pero ese lugar mágico solo lo conocería de la mano de Fred… si dejaba que este perdiera su alma, ella jamás seria aceptada en ese mundo.

—Demos un paseo—le propuso Ginny cuando ambas terminaron su comida.

Hermione nunca había sido muy amiga de los lugares con demasiada aglomeración de personas. Pero entendía la elección de Ginny. Además de protegerse del mal tiempo, aquel sitio tan grande y lleno de coloridas tiendas, era perfecto para distraerse sin mucho esfuerzo. Y otro punto a favor era que resultaba imposible quedarse en un silencio demasiado largo. Siempre había un escaparate que comentar o una prenda demasiado ridícula de la que reírse.

Cuando la pelirroja se alejó para averiguar que pasaban en el cine ese día, Hermione siguió dando vueltas entre la gente hasta quedar frente a una tienda especializada en ropa para futuras mamás y bebés.

Quedó paralizada frente al escaparate decorado con suaves tonos pasteles. Jamás se había imaginado en un momento así. Muchas de sus amigas ya eran madres, y más de una vez las había acompañado a hacer sus compras de premamá…. Siempre se había reído cuando estas le aseguraban que ver tanta ropa de bebés la haría querer tener uno propio.

Se tomaba aquellos comentarios como bromas tontas, porque lo cierto era que verlas comprar ropa para sus hijos nunca le había movido ni un pelo. Ni siquiera tener en sus brazos a su ahijada le había despertado ni el más mínimo instinto maternal.

Jamás se había mirado al espejo preguntándose cuando tendría un hijo. Había llegado a pensar que nunca iba a desear ser madre, que eso sencillamente no iba con ella. "Seré la tía cool con un montón de gatos" les había dicho muchas veces a sus amigas ya casadas…

Se llevó una mano a su vientre. El las últimas horas, aquel gesto se había vuelto algo que hacia casi sin darse cuenta.

¿Y si no lograba hacerlo bien? ¿Qué ejemplo a seguir tenia? Su madre había sido un completo desastre…

No quería que ese bebé la odiara. Merecía una madre que pudiera darle todo lo que necesitara… en esos momentos ella no se sentía capaz de lograr nada. ¿Y si no era lo suficientemente cariñosa? ¿Si no lograba ser firme? ¿Si se volvía demasiado regañona? Siempre había sido una obsesionada por el control y el orden ¿podía crecer adecuadamente un niño con una madre como ella?

Ni siquiera sabía si habría un padre en aquella ecuación. Fred supuestamente la amaba…. ¿y si el bebé no entraba en el paquete de lo que él quería? ¿Si ese amor se acababa al saber que seria padre? No seria ni el primero ni el último que huía de una responsabilidad semejante.

Hacia veinticuatro horas creía que tenía alguna rara enfermedad o pico de extress…. Ahora sabía que todo lo que tenía, era provocado por ese niño o niña que en unos cuantos meses nacería y la necesitaría más que nadie en el mundo.

Sonrió. Por extraño que sonase, esa idea no la asustaba tanto como su yo del pasado hubiera llegar a pensar. Era una idea emocionante. Pensar que una vida se estaba formando dentro de ella, parecía casi un milagro.

Una oleada de cariño se apodero de ella al pensar en esa personita que pronto estaría en sus brazos…. ¿eso era instinto maternal?

—Oye…—Ginny apareció a su lado, con la vista puesta en el escaparate frente a ellas. —Me preguntaba si…—la miró un poco insegura—¿Te molestaría si tu primera ropa de mamá te la comprara yo?

Había una chispa de emoción en la mirada de la detective. En ese momento Hermione cayó en la cuenta de un hecho muy obvio: Ginny seria tía de su hijo.

—¿Es tu primer sobrino?

—Si—asintió sonriente.

—Sabes, en mi familia está la costumbre de no comprar nada relacionado con el embarazo o el bebé, hasta haber cumplido los tres meses…. Ya sabes, por si acaso.

Ginny agitó la cabeza sin dejar de sonreír.

—Olvídate de eso. Norka nunca dejaría que le pasara nada. Los bebés no natos están en su jurisdicción, ella lo protegerá hasta que el embarazo llegue a buen término.

Con esa promesa, Ginny la arrastró dentro de la tienda. Y una hora después salieron con unas cuantas cosas que a Hermione le serían muy útiles en los próximos meses.

La forense no podía dejar de sonreír. Aunque al principio se había sentido incomoda ante el exagerado entusiasmo de la dependiente de la tienda, cuando comenzó a probarse ropa que le quedaba intencionalmente unas cuantas tallas más grandes, no pudo evitar sentirse un poco entusiasmada. Era un hecho, estaba embarazada. Usaría esa ropa, y luego tendría que comprarle al bebé y también tendría que hacerle una habitación… crearle un lugar en su vida.

Antes que Ginny la pudiera convencer de ir a ver una película, Hermione la metió de un tirón en una librería, y no salieron de esta hasta que no tuvieron consigo todos los libros acerca de la primera infancia que había en el local.

Hermione se entretuvo con una guía que hablaba sobre los primero meses de gestación, mientras Ginny conducía. No fue hasta diez minutos después, cuando se percató que no se dirigían a su casa.

—¿A dónde vamos?

—A comer, Harry nos espera…

Hermione se tensó en el acto.

—Ginny, no creo estar lista para ver a…

—No esta Fred. Solo Harry.—le aseguró—creemos que debemos conversar un poco.

—¿Conversar?

—Tu no te preocupes—le sonrió de lado, y eso no le ayudo a hacerla sentir mejor; de verdad se parecía mucho a su hermano cuando hacia eso.

Harry las esperaba en un reservado en su restaurante favorito. Saludo a su esposa con un beso, y sorprendió a Hermione con un abrazo de oso.

—Supongo que debo felicitarla, doctora Frankenstein.

—¿Dime que no soy la única que cree que todo esto es muy raro?

—¿Raro? ¿No te parece poca cosa esa palabra?—le sonrió.

Al tomar asiento una camarera se acercó para tomar su pedido. Hermione le echó un vistazo al menú, descubriendo que al parecer su estomago ya se había olvidado de la hamburguesa y las papas que había comido.

—Bueno…—comenzó Harry cuando la camarera se marchó—Vaya lio en que nos hemos metido.

—Querrás decir, en que lio me he metido yo—señaló Hermione con un suspiro.

—Tienes toda la razón—aceptó el detective.—de todas las historias de cazadores y soñadores que he escuchado, la tuya es la mas jodida por lejos.

—¡Harry!—su mujer le dio un codazo poco amistoso.

—¡Ay! Pero es verdad. Tu hermano debería usar protección o algo.

—Claro Potter, ¿alguna vez se te ha cruzado por la cabeza la idea de usar protección cuando estas soñando?—rodó los ojos.

—Pues la verdad no…. Deberíamos intentarlo esta noche ¿no crees?

—Idiota.— puso los ojos en blanco, aunque no pudo reprimir una diminuta sonrisa.

—Tarde te diste cuenta, pelirroja, no hay devoluciones.—le pico su marido con una sonrisita.

Hermione observó aquel intercambio intentando no reír. Había algo divertido en su forma de discutir. Ginny podía darle zapes y insultarlo, pero ninguno parecía enojarse de verdad. Harry le echó la lengua como un crio, y fue en ese momento en que Hermione entendió lo mucho que había cambiado su amigo. Ya no era la sombra que había quedado después de la muerte de su padrino. No, ahora era feliz. Ginny había logrado eso.

—Dejen de hablar de eso—los interrumpió la forense —no me interesa saber como pasan sus noches.

—Tienes razón—Harry volvió a ponerse serio, como si de pronto recordara por que estaban allí.— Ten, tengo esto para ti.

Sacó una caja que tenia en el bolsillo del saco y se la tendió. Hermione no pudo estar más sorprendida al ver que dentro había una pistola eléctrica.

—¿Y esto?

—Protección. Lo siento, pero en este momento, ser una soñadora te pone en una situación tan peligrosa como ser un cazador. Aidan es una amenaza incontrolable, hay que ir con cuidado.

—¿Y crees que me lo voy a cargar con unos cuantos voltios?—Hermione frunció el ceño, no muy convencida.

—La verdad, lo dudo. Pero mejor esto que nada—se recostó en su asiento, parecía cansado—Mira, estamos tratando de protegernos entre nosotros. Hemos contactado con todos los cazadores liberados que hemos logrado ubicar, en estos momentos muchos se están escondiendo por su cuenta, y eso nos complica a nosotros brindarles protección a ellos y a sus parejas. Pero tú eres un punto a parte.

—¿Por qué aún no he aceptado a Fred?—preguntó Hermione, mirando de reojo el rostro serio de Ginny.

—Exacto —asintió Harry dando un golpecito en la mesa con el puño—No se si eso es bueno o malo, la verdad. Por un lado puede hacer que Aidan no te ponga en la mira, o tal vez todo lo contrario. Con ese loco, todo es posible.

Con resignación, guardó la pistola en su bolso. Todavía no podía aceptar que un asesino serial podía llegar a querer ir tras ella.

A pesar que el restaurante fuera un horno rebosante de personas, que iban y venían entre risas y conversaciones despreocupadas., sintió un escalofrió. Ahora no era solo ella, sino también su hijo. Aidan podía acabar con los dos.

En ese momento llegó la comida y ninguno abrió la boca por un buen rato.

—Bueno…. ¿y el siguiente punto cual es?—preguntó Hermione, sabiendo de antemano la respuesta. Ya no tenía apetito.

Harry y Ginny intercambiaron una mirada.

—Pues veras— el detective dejó a un lado su cerveza antes de continuar—Te conozco de toda la vida, se como eres Granger. Y te quiero como la hermana que nunca tuve.

—Yo también, Harry—le aseguró, conmovida. Su amigo no era el tipo de persona que iba por la vida diciéndole esas cosas a todo el mundo.

—Gracias…. Entonces yo pensaba…. Bueno, pensábamos que a lo mejor…

—Hermione—lo interrumpió Ginny al tiempo que sacaba un papelito doblado del bolsillo y se lo entregaba—Llama a Fred, por favor. Se que tienes miedo, él está igual... Pero queda poco tiempo, debes tomar una decisión—se inclinó sobre la mesa para verla directamente a los ojos—Por favor, dale la oportunidad de demostrarte que es el mismo Fred que tanto deseaste sacar de tus sueños.

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Hermione pasó más de media hora sentada a la mesa de la cocina, con el papel donde tenía anotado el número de Fred plegado frente a ella. Se lo pensó una y mil veces. Se imaginó como seria la conversación. Imaginó el mejor y el peor panorama posibles. Había marcado y borrado el número en su teléfono más de cinco veces, asaltada por la cobardía en último momento.

"No puedes seguir así" se reprendió con severidad, antes de al fin pulsar el botón de llamar.

Fred contestó al segundo timbrazo.

—Hola Hermione.

No le preguntó como sabía que era ella.

—Hola Fred.

Como odiaba los silencios telefónicos.

—¿Cómo estas?—le sorprendió que Fred tratara de hablarle como si su alma no estuviera desapareciendo lentamente.

—Bien…—contestó, sintiéndose completamente estúpida. Con los demás, había decidido no contarle lo del bebé hasta que lo creyera conveniente.

—Es raro como funciona nuestra relación ¿no crees?—comentó Fred con voz apagada—Hace un mes éramos amantes, hace unos días compañeros de trabajo, y ahora hablamos por teléfono como si fuéramos un par de desconocidos.

—Tal vez, si me hubieras contado la verdad desde el principio —no pudo eliminar la nota de reproche en su voz.

—"Tal vez"… ¿tienes idea de lo mucho que odio esas dos palabras?

—No, no lo se. —suspiró—No tengo idea que te gusta y que no, porque a pesar de todo lo que hemos vivido, no nos conocemos de nada.

— Touché —la amargura en la voz de Fred la estaba poniendo de los nervios.

—Mira, creo que deberíamos hablar. Todo el mundo dice que esta es mi decisión y que no me presionaran para que la tome. Pero al decirme eso, ya me están presionando.

—Lo siento.

Hermione rió con resignación.

—Tu vida está en mis manos ¿y eres tu el que lo siente?

—Mi vida siempre ha estado en tus manos, desde el momento en que te vi.

Sonaba tan serio, que era difícil para Hermione tomarse sus palabras como una broma. De verdad consideraba un privilegio que ella fuera dueña de su destino… ¿se podía estar más mal de la cabeza?

—Ya…

—Te molestan mis sentimientos hacia ti.

—¡No!... Bueno si, un poco...—comenzó a juguetear con un hilo suelto de su suéter—Esto es demasiado raro para mí…. Necesito tiempo.

—A mi casi no me queda, hermosa.

Cerró los ojos. Así la llamaba en sus sueños.

—¿Qué tal una cita?—le propuso sin detenerse a pensárselo mejor—Mañana.

—¿Una cita?—podía detectar una pequeña nota de humor al decir eso—¿Quieres una cita?

—Quiero normalidad.

—Normalidad…

¿Era tan complicado de entender? Ponerle un poco de normalidad a toda esa situación, era la única forma que había encontrado para poder tomar la decisión correcta.

—¿Crees que soy una mala persona por no saber si debo aceptarte o no?

—No—parecía muy seguro.

—Yo si lo creo.

Fred rió por lo bajo.

—No eres mala… Te han roto el corazón antes, no me sorprende que seas tan precavida ahora—suspiró y Hermione no le preguntó como sabía aquello—Que tal si hablamos de todo esto mañana. Iré a tu casa por la tarde. Pasearemos y haremos cosas de humanos.

—Cosas de humanos.

—Cosas de humanos, hermosa.

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Si lo sé, hay una circulo en el infierno destinado para la gente como yo…Uff lo siento mucho, hace dos semanas que quiero actualizar pero he estado enferma y para rematar intentando organizar una mudanza (no sabes cuanta basura tienes hasta que tienes que mudarte ufff) Pero qué más da, aquí está el bendito capi, espero que les haya gustado. Muchas gracias por sus comentarios y por poner esta historia en favoritos!

Gracias por su apoyo! Espero que estén pasando una linda semana de vacaciones.

Besos grandes.

Elly