¡Hola! Esta vez sí tuve tiempo de responder sus comentarios, que son siempre bienvenidos. Espero que este capítulo que publico les guste a todos. Está dedicado a cada uno de ustedes que se toman el tiempo de darme algunas palabras de aliento para seguir adelante y, especialmente, para todos aquellos que eligieron el cuento al que trasladar la historia.

Me disculpo de antemano si ven que mi francés está demasiado horroroso. Hace mucho que no practico y en algunas palabras tuve que ocupar el traductor de google que, como sabrán, no siempre es lo mejor. Abajo, por las dudas, están todas las traducciones. Si notan que me olvidé de alguna o no entienden, no duden en consultarme.

Saludos.


Ninguno de los personajes de Harry Potter me pertenece.


La belle et la bête

" ¿Quién iba a ser capaz de amar a la bestia ?"

...

Draco Malfoy se sintió mareado por unos momentos, incluso antes de poder abrir los ojos. Apretó sus párpados con fuerza y esperó unos segundos antes de intentar abrirlos. Cuando lo hizo, lo primero que supo fue que tenía una terrible jaqueca. ¿Había estado bebiendo la noche anterior? Se llevó una mano a la frente y, haciendo una mueca, se la frotó mientras intentaba hacer memoria… Cuando la imagen de Hermione vestida de blanco y caminando hacia él apareció en su mente, recordó todo lo acontecido en la realidad anterior. Desde el increíble deseo que había sentido por ella hasta la incómoda conversación que tuvieron en el avión.

Apoyó sus codos en la cama y se elevó unos pocos centímetros por encima del colchón en el que estaba tendido intentando observar todo a su alrededor. Estaba en una habitación amplia, con paredes de piedra que le recordaban a su castillo y una ventaba de vidrio traslúcido que dejaba entrar los primeros rayos del sol de la mañana. A pesar de que no parecía haber nada moderno allí, cosa que no le importaba, se notaba claramente que se encontraba en un sitio que gritaba poderío y dinero. No recordaba haber estado jamás allí pero una sensación de reconocimiento lo embargaba cada vez que miraba algún objeto.

Sintió un movimiento a su lado y vio con sorpresa que no se encontraba solo en la cama. Una joven de cabellera oscura parecía estar a punto de despertarse. Estaba acostada boca abajo, obviamente desnuda y con el cabello despeinado. Fue consciente por primera vez de sí mismo y se dio cuenta que él también estaba sin prenda alguna y que sólo una delgada sábana de seda lo cubría de sus caderas hacia abajo.

Aturdido, bajó de la cama y no tardó encontrar prendas dispersas por la habitación. Tomó los pantalones que encontró y se los colocó de inmediato, sintiendo una alarma sonar en su cabeza aunque aún no entendía muy bien porqué. Quizás fuera porque, al parecer, se había acostado con aquella mujer… ¿Quién sería? ¿Su esposa? ¿Su novia? ¿Su amante de turno?

La joven se movió en la cama nuevamente, despertándose finalmente. Giró el rostro adormilado primero a un lado y luego al otro, buscándolo. Cuando se dio cuenta que estaba sola en la cama, se giró y se sentó. Draco, siendo un hombre con necesidades tan normales como las de cualquier otro, no pudo evitar quedarse embobado viendo los senos llenos de la chica mientras ésta estiraba sus brazos hacia arriba, desperezándose. Cuando volvió a relajarse, lo vio y le dedicó una sonrisa coqueta.

—Buenos días—lo saludó.

¡Vaya que lo eran!, pensó Draco.

—Buenos días.

No tenía idea quién era esa extraña pero sin duda alguna era hermosa. Tenía rasgos suaves y femeninos, unos ojos azules impresionantes, unos labios perfectamente formados y un cuerpo de infarto. ¡Merlín! ¡Lo que daría por poder recordar la noche anterior!

Ella se puso en cuatro y, sin vergüenza alguna por su desnudez, gateó sobre la cama hasta él, que permanecía anonadado viéndola avanzar.

—¿Quieres que pasemos un poco más de tiempo en la cama?—le preguntó ella con una sonrisa sugerente—¿O quiere que le traiga su desayuno, mi señor?

—El desayuno es una buena idea—la mujer se mostró claramente decepcionada ante su respuesta pero él añadió, mirándola con hambre—Estoy famélico.

La sonrisa volvió de inmediato a sus labios y antes de que pudiera darse cuenta lo que estaba sucediendo ella había tirado de él nuevamente a la cama, se había colocando encima y lo besaba con pasión. Las manos de Draco no tardaron en encontrar su cintura para luego deslizarse por su piel desnuda hacia sus caderas. Tomándolo como un incentivo, ella se apretó contra él sin dejar de entretenerse con sus labios. Sus besos eran excelentes, sin duda alguna, aunque quizás le faltaba un poco de esa energía y de ese sabor que tenían los de Granger.

Draco se congeló de repente.

¿Acababa de pensar que Hermione Granger besaba mejor que esta mujer desnuda y predispuesta que tenía en su cama? ¡¿A caso había perdido la cordura?!

—¿Draco?

La joven lo miró con extrañeza, acariciando su cabello para llamar su atención.

—Lo siento—se separó de ella de inmediato, levantándose de la cama.

Se sentía enfermo consigo mismo.

—¿Qué sucede?—inquirió ella—Pensé… pensé que querías esto.

Draco caminó hacia la ventana, sintiéndose un idiota de primera. Pensaba en los besos Granger cuando estaba a punto de tener sexo con otra mujer pero no pensaba en ella del modo en que debería. Se suponía que habían prometido protegerse el uno al otro… ¿Y qué hacía él?

—Vístete—le ordenó.

¿Dónde estaría? ¿En el mismo castillo que él? Si se llegaba a enterar lo que había estado a punto de suceder seguramente pondría el grito en el cielo y le diría que era un maldito infeliz por pensar con el pene en vez de usar el cerebro. Bueno, quizás la vergonzosa chica no utilizara precisamente esas palabras pero sin duda lo insinuaría a su modo.

—¿Vestirme?—oyó que preguntaba con incredulidad la joven—¡¿Vestirme?!

Draco se volteó a mirarla con seriedad, comprobando que aún se encontraba en la cama, desnuda, arrodillada sobre el colchón, contemplándolo como si se hubiese vuelto completamente loco.

—Creo que lo has oído muy bien—dijo con calma.

La cara de ella se desdibujó en consternación.

—¡Eres un bastardo!—lo acusó, bajando de la cama mientras comenzaba a buscar con prisa sus prendas—¡Pensé que me amabas!

Draco se quedó desconcertado ante esas palabras. ¿A caso debía de ser así? ¿Debía de simular que la amaba?

—¿Lo hago?—inquirió con dudas.

Ella bufó mientras comenzaba a vestirse.

—¡Sí, como amaste a las demás! ¡En la cama! Pero luego de un par de días te aburriste de ellas y las dejaste… —se ajustó como pudo sola el corsé—¡Pensé que yo era diferente a las otras! ¡Dos meses, Malfoy! ¡Dos meses juntos, viéndonos a escondidas! ¿Te imaginas lo que me sucedería si tu padre nos descubre juntos? ¡Me mataría!

—Lo siento—dijo algo molesto por lo alterada que se mostraba ella.

¿Por qué siempre tenían que acabar en jodidas realidades donde algo o todo estaba mal? ¿Sería demasiado pedir una realidad normal?

—Realmente lo sentirás—gruñó ella destilando odio por los ojos—¿No te has destinado a pensar que a pesar de que soy una simple sirvienta, tú, hijo del rey, no tienes derecho alguno a jugar con mis sentimientos?

Draco boqueó unos momentos, sorprendido de haberse enterado que era un príncipe.

—Lo siento—volvió a decir, esta vez con más seriedad, intentando sonar serio.

—Ya te lo dije—gruñó ella—Realmente lo sentirás cuando veas lo que haré contigo…

—¿Me estás amenazando?

—Te crees tan atractivo—siguió diciendo la joven con veneno, haciendo caso omiso a su pregunta—Piensas que eres el mejor, que ninguna mujer puede evitar caer rendida a tus pies cuando la miras, que todas disfrutan de tu toque… ¡Pero ya no será así!

—¿Qué harás?—inquirió él con cierto sarcasmo—¿Hechizarme?

Ella sonrió con frialdad.

—Exactamente.

Ya estaba usando un vestido sencillo y, encima de éste, se había colocado un delantal azulado con un bolsillo amplio en la parte delantera. Metió su mano allí y extrajo algo que Draco reconoció demasiado bien.

—¡Tienes una varita mágica!—exclamó con sorpresa—¡Eres una bruja!

—Qué inteligente suposición—lo felicitó con condescendencia—Ahora, haré un pequeño truquito para ti.

—¡Espera!—le gritó mientras corría hacia ella con desespero—¡Tienes que ayudarme!—le rogó.

—Oh, eso mismo haré…

—¿En serio?—preguntó con felicidad, pensando que finalmente podría encontrar el modo de salir de aquellas estúpidas realidades.

Oui, haré que aprendas una lección.

—¿Qué?—inquirió desconcertado—No, eso no es necesario, lo que yo quiero es…

—No, no, no... Aquí ya no importa de lo que tú quieras.—ella negó con la cabeza—Sino la maldita bestia en la que te transformarás…

—¡¿Qué?!

—¡Transformatio bestiæ!

Draco se dobló en dos de repente, sintiendo un agudo dolor en el corazón que le hizo apretar los dientes con fuerza para no gritar. Era como un puñal ardiente que alguien le hubiese clavado en el pecho. Oyó la risa fría y cruel de la mujer, burlándose de él. Intentó alzar el rostro y contemplarla, luchando contra aquel hechizo desconocido que parecía ser peor que un cruciatus pero no pudo hacerlo.

El ardor que se había instalado en su corazón fue desplazándose lentamente hacia las extremidades de su cuerpo. ¿Sería así como se sentiría estar siendo quemado vivo? Él no encontraba otras palabras para describir su padecimiento. No podía moverse, todos sus músculos se tensaron y pronto terminó tirado en el suelo, apretando los ojos, gritando y llorando. Los dedos de sus manos comenzaron a alargarse y sus uñas a transformarse en garras largas y oscuras, demasiado filosas.

En su mente no podía existir otro pensamiento más que el dolor. Su cuerpo, rígido, no dejaba de temblar y transformarse delante de los ojos imperturbables de la bruja, que contemplaba con total calma lo que sucedía. Ella había querido eso. Había imaginado que terminaría así pero había desechado la idea en el mismo momento en que había aparecido. Después de todo, se conocía a sí misma y había conocido demasiado bien la reputación del galante príncipe. Por unos segundos sintió compasión por él al saber el largo camino que le esperaba, pero esa compasión sólo duró unos segundos: él se merecía aquello. Toda la piel de Draco comenzó a desaparecer bajo una capa de pelo grueso de un tono medio entre el rubio y el castaño. ¡Era horrible!, pensó ella fascinada.

Cuando finalmente la transformación acabó, a pesar del dolor y del cansancio abrumador que sentía, él no perdió el conocimiento.

—Eres fuerte—dijo ella—Sin duda alguna lo eres.

Draco alzó sus ojos platinados hacia ella, llenos de frialdad.

—¿Qué me has hecho?—gruñó.

—He sacado al exterior lo que eres interiormente—le explicó con cierto aburrimiento—Espero que tu belleza exterior de antaño se transforme en belleza interior porque será todo lo que tendrás para romper este hechizo.

Draco intentó ponerse de pie pero sus nuevas piernas, a pesar de ser mucho más musculosas que las anteriores, no soportaron su peso y lo dejaron caer contra la pared.

—Te mataré—un gruñido animal salió del interior de su pecho—¡Te mataré!

—Puedes intentarlo—se encogió de hombros—pero ya me habré ido lejos para cuando tú te adaptes a tu nuevo cuerpo y puedas moverte.

—Te encontraré, no lo dudes, maldita bruja.

—Oh, vamos—le sonrió—No me llamabas así todas las veces que te metías dentro de mí… Además, no podrías encontrarme sin importar cuánto lo desees. La maldición que te lancé tiene una peculiaridad: no puedes abandonar el castillo. Si lo haces, seguramente sufrirás dolores mucho peores que los de hoy.

Un nuevo gruñido salió del pecho de Malfoy, mucho más amenazador que el anterior.

—Mira el lado bueno, no es un hechizo eterno. Puede romperse…

—¡¿Cómo?!

—Simple, con un beso de amor.

—¡¿Qué?! ¿Beso de amor?—inquirió incrédulo.

—Nunca has aprendido lo que es amar y no has apreciado el amor que otras te han dado, ni siquiera el mío. Ahora, te tendrás que encargar de encontrar a una mujer que realmente te ame y acepte desposarse contigo a pesar de tu atroz apariencia…—lo miró e hizo una mueca—¡Realmente soy buena en esto! ¡Te ves horrible! Tendrás que esforzarte mucho si quieres que alguien te ame por lo que eres y no por cómo te ves. Pero recuerda, sólo hay una dama.

—¿Cómo sabré quién demonios es?

Ella se encogió de hombros suavemente, como si no le importaba el hecho. Finalmente, con un movimiento de su varita, hizo que la cama se tendiera por su cuenta y luego comenzó a alejarse hacia la puerta.

—¡Espera!—gritó Malfoy—¡Espera! ¡Lo siento! ¡Realmente necesito tu ayuda! ¡Necesito volver al mundo real! ¡Esto no es real! ¡No lo es!

Cuando ella se detuvo y giró, pensó que la había convencido pero no fue así.

—¡Oh, casi lo olvidaba!—exclamo la joven—Como seguramente pasarán muchos… muchos… años antes de que encuentres a dicha mujer, te concedí el don de la inmortalidad.

—¡¿Qué?! ¡Maldita bruja! ¡Puta rastrera!

—¡Así no conseguirás jamás que te diga la parte primordial!—lo amenazó.

Draco se silenció de inmediato, maldiciéndola mentalmente.

—Eso es, ¿quién es un buen perro?—se burló, ganándose un nuevo gruñido—En fin, lo más importante que debes de saber es que, cuando ella aparezca, no puedes permitir que pase más de un día separada de ti, de lo contrario, morirás.

—Pensé que dijiste que era inmortal—gruñó.

—Sí, pero sólo hasta que la encuentres. Pueden haber muchas, pero sólo una será la indicada.

Sin nada más que añadir y, haciendo caso omiso a los gritos del príncipe, salió de la habitación para luego desaparecer del castillo para siempre.

Veinte años después…

Hermione detuvo su movimiento con brusquedad, ganándose una mirada confusa de parte de su acompañante de baile. La música y el sonido de la multitud a su alrededor no tardó en llegarle a la mente y hacerle comprender que se encontraba en alguna especie de fiesta. Tampoco pasó desapercibido para ella que, otra maldita vez, usaba vestidos de faldas largas y amplias y que un corsé ajustaba su cintura con firmeza.

—¿Está bien, mademoiselle?—preguntó el hombre con preocupación.

—Sí—respondió ella de inmediato, viendo a su alrededor en un intento de encontrar a Malfoy—Creo que… no—se contradijo—Estoy algo cansada—se abanicó con su mano y sonrió al hombre a modo de disculpa—Será mejor que descanse un poco.

Él le sonrió amablemente, hizo una reverencia leve antes de extender su mano para escoltarla hacia uno de los costados de la pista de baile. Se dirigieron hacia un hombre mayor, que nada más verla, le sonrió amablemente.

Monsieur Granger—dijo su compañero de baile—su hija ha decidido descansar unos momentos—se volvió hacia Hermione—Espero que pueda recuperarse pronto porque ansío volver a tener el honor de bailar con usted.

Hermione vio como él se inclinaba sobre su mano enguantada y dejaba un beso casto antes de alejarse. El hombre, que al parecer era su padre, rió suavemente.

—Como siempre, mi bella, no dejas de tener admiradores. Ese es el motivo por el que tus hermanas siempre están tan celosas de ti.

—¿De mi?—preguntó Hermione sorprendida—Es imposible.

Ella no era precisamente hermosa. Tenía el cabello demasiado rizado, dientes algo grades, ojos de un color común y una figura que no era mala pero tampoco tan despampanante como la de otras mujeres que conocía.

—¿A caso has quedado sin pareja de baile esta noche, bella? Soy un rico comerciante, lo cual tiene un claro beneficio, pero nunca dejo de recibir propuestas de hombres enamorados que quieren tener el honor de tomarte como esposa. Muchos más de los que tus hermanas juntas.

Hermione no pudo evitar ruborizarse. ¿En qué realidad se habían metido ahora?

—No creo que hayan sido tantos.

—Aquí viene otro—murmuró su padre por lo bajo.

Un joven apuesto se les acercó. Era alto, de un cabello castaño claro y un rostro masculino.

Bonjour, Monsieur Granger—saludó con una respetuosa reverencia antes de contemplar a Hermione con los ojos bañados en admiración—¿Podría tener el honor de bailar la siguiente pieza con usted, mademoiselle?

Hermione sonrió suavemente.

—En este momento estoy descansado—le dijo con amabilidad—Quizás más tarde.

Él se marchó notablemente desilusionado.

—Otro corazón que rompes, mi bella—bromeó su padre.

Ella lo miró con incredulidad. ¿A caso no podía dejar el tema?

—No sigas—le pidió.

Él sólo sonrió.

Hermione volvió a posar los ojos en todo lo que había a su alrededor. El salón en el que se encontraba era inmenso. Sin lugar a dudas la persona que era dueña de aquel sitio contaba con una importante cantidad de dinero. Aún más para poder invitar a tantas personas como las que habían. Mujeres y hombres se paseaban con pasos ágiles y coordinados por la pista mientras que otros sólo se dedicaban a observar, entretenidos con la danza.

—Esto es hermoso, ¿no?—oyó que su padre hablaba nuevamente—Finalmente puedo darle a mis hijas lo que quiero para ellas. Tu hermana mayor se ha comprometido con un hombre importante. Míralos—sus ojos se posaron en una pareja que bailaba en el centro de la pista—Ella está muy feliz.

Hermione miró a la mujer que era su hermana. No parecía tener más de veintiún años, como mucho. Era alta, delgada, con el cabello oscuro recogido en un complicado peinado. Lucía un esplendoroso vestido azul oscuro que hacía que su piel se viera suave y cremosa. Sonrió sin poder evitarlo.

—Sin lugar a dudas es feliz con él—dijo Hermione—Y se ve hermosa esta noche.

—Claramente, de otro modo no gastaría casi la mitad de mi fortuna en ese vestido. Anne-Laure insistió en tener la mejor modista de Francia.

Hermione lo miró con incredulidad.

Vraiment?[1]

—Bueno, quizás no la mitad de mi fortuna pero no fue barato. Pero no importa, lo mejor para mis hijas—le sonrió—He luchado toda mi vida por darles un buen porvenir, mi bella, y eso no se gana sino teniendo dinero. El comercio es un buen modo de conseguirlo, al menos, de manera honrada. Llevó años pero, míranos ahora: tenemos este precioso hogar,—señaló a su alrededor—tu hermana mayor se ha comprometido y sospecho que Corinne no tardará en seguir su camino—miró a una joven hermosamente vestida que sólo tenía dos años menos que su hermana comprometida—y luego seguirás tú—la contempló con afecto—mi bella Hermione…

Ella hizo sólo un sonido esquivo. Casarse a su edad no estaba en sus planes.

—Pero, claro, tengo la esperanza de que mis hijos también consigan alguna buena esposa—añadió su padre luego de unos momentos—Bien sabemos todos que no es galantería lo que les falta—se rió suavemente—aunque quizás las damas de esta sociedad estarían más interesados en ellos si dejaran de meterse en tantos problemas.

—¿Crees que eso pueda llegar a suceder?—le preguntó en un intento de que él siguiera hablando y así poder recaudar la mayor cantidad de información posible.

—Siempre tengo mis esperanzas—admitió—Pero cualquiera creería que dos hombres de veinticinco años ya estarían en el camino de la rectitud—negó apesadumbrado, con la mente lejos de allí—Mis gemelos, mis niños mayores… pasan más tiempo en el bar que ayudándome en los negocios… Cómo se sentiría desilusionada su madre si los viera ahora—suspiró con tristeza antes de volver a la realidad y darse cuenta que estaban en una fiesta—Pero estas no son horas de pensamientos oscuros. Estamos celebrando el compromiso de tu hermana, así que baila, mi bella.

Hermione aceptó un par de bailes más a pesar de que recibió constantemente invitaciones. Su mente, mientras tanto, no dejaba de trabajar y se dio cuenta de algunas cosas importantes como que a pesar de que nunca había aprendido esos bailes se sabía los pasos a la perfección o que se encontraba en alguna parte de Francia porque sus palabras e incluso sus pensamientos eran en francés. También se dio cuenta que el hombre que era su padre amaba demasiado a sus hijos pero era increíblemente permisivo.

Lo que más le preocupó era que fue incapaz de encontrarse con Malfoy. Incontables veces lanzó miradas por el salón, buscando su inconfundible cabellera rubia pero no lo encontró. Incluso se atrevió a preguntar por Monsieur Malfoy, por si su apellido era reconocido en el sitio pero nadie supo decirle. Sólo un hombre, algo mayor, mencionó haber oído sobre una antigua familia apellidada así que vivía al sur del país pero de eso ya hacía tantos años que no estaba seguro que siguieran existiendo.

Queriendo escapar del ruido del salón, se adentró a un pasillo por una puerta lateral y caminó hasta dar con una gran biblioteca que le fascinó. Había grandes estanterías de libros de todos los tamaños y géneros, unos cómodos sillones que invitaban a sentarse y lámparas cuidadosamente posicionadas para iluminar las páginas del lector de turno. ¿Sería demasiado maleducado de su parte tener un momento de calma leyendo cuando se estaba celebrando el compromiso de su hermana y cuando no tenía la menor idea de dónde se encontraba Malfoy?

Dudó por unos segundos pero luego se convenció de que no podría ser tan grave. Seguramente su hermana ni siquiera se daría cuenta de su ausencia y Malfoy debía de estar bien. Así que comenzó a leer los títulos de los lomos, curioseando entre todos ellos, buscando el indicado hasta dar con uno de cuentos fantásticos. Estaba a punto de tomarlo cuando oyó que alguien más entraba a la biblioteca. Ella alzó los ojos rápidamente y casi saltó de alegría a ver a su mejor amigo sonriéndole.

—¡Harry!—exclamó.

—¿Escondiéndote de nuevo, l'amour?—le preguntó él mientras avanzaba hacia ella para rodearla con sus brazos y apretarla contra su pecho.

Ella se sintió extraña al ser llamada así por su amigo. Harry era afectuoso pero nunca la había llamado "amor". Se separó de él pero las manos del muchacho no dejaron de tocarla, impidiéndole apartarse demasiado.

—Sólo quería leer tranquila.

—Lamento haber llegado tarde—se disculpó—pero tuve que resolver algunos inconvenientes. Ya sabes cómo es mi trabajo… ¡Pero ya estoy aquí! Dispuesto a sacarte a bailar las veces que sean necesarias para ahuyentar a todos esos tontos que quieren conquistarte.

Hermione rió suavemente.

—¿Tú bailas?

—¡Oh!—la miró falsamente ofendido, pareciéndose tan poco al Harry Potter que había conocido en el mundo real—¿Qué estás insinuando? ¿Quién crees que te enseñó todo lo que sabes?

Ella se encogió de hombros.

—¿Destreza natural?

—Eso quisieras—resopló—Vamos, deja ese libro y volvamos. Me prometiste al menos un baile y no dejaré que pases por alto tu promesa.

Hermione volvió a colocar el libro y dejó que su amigo la guiara nuevamente a la fiesta. Allí, no sólo fue un baile, sino cuatro, los que compartieron. En esa realidad, Harry era un increíble bailarín. Su actitud era algo diferente al del verdadero pero no dejaba de ser fácil hablar con él: era atento, divertido e inteligente. Charlando informalmente se enteró de que ambos eran amigos desde que tenían once años, incluso antes de que la familia de ella se hiciera de una gran fortuna mediante el comercio naval y que, a pesar de lo que muchos creían, ellos no eran más que amigos.

Sus hermanas parecieron sólo unas veces a lo largo de la noche, riendo tontamente, demostrando que quizás habían bebido un par de comas demás. Ambas parecieron ser buenas personas aunque claramente no podía asegurarse a partir del intercambio de unas pocas palabras durante una celebración y más si esas palabras eran insinuaciones molestas de que ella sería la próxima en tener una fiesta de compromiso mientras le lanzaban miradas significativas a Harry. Fue molesto pero realmente no parecían tener malas intenciones. La fiesta fue, sin duda alguna, todo un éxito. Hermione a penas intercambió un par de palabras con el prometido de su hermana y, a pesar de que le pareció un hombre frío y superficial, se portó de manera respetable con él.

Harry fue el último en marcharse esa noche tras prometerle que la vería nuevamente en cuanto pudiera. Su padre se mostró muy alegre con esta noticia, dando sonrisas demasiado amplias e insinuantes que la avergonzaron. Finalmente, casi al amanecer, se encaminaron hacia sus habitaciones para poder dormir.

Los días que siguieron a aquel acontecimiento fueron extraños para Hermione. Ella no conseguía adaptarse aún a aquella vida de opulencia que había construido su padre, al hecho de tener que asistir a fiestas y bailes e incluso días de campo con otras familias de la alta sociedad francesa.

Sus dos hermanos mayores a penas pasaban tiempo en la casa. Ambos eran hombres alegres y bromistas que parecían no tener problema alguno en despilfarrar, al igual que sus hermanas, el dinero de su padre. Hermione no sabía que hacían tanto tiempo fuera pero estaba segura que no era trabajar. A pesar de que eso no le gustaba, ellos siempre demostraron cuánto la querían y de vez en cuando le traían libros de regalo que ella leía con avidez. Sus hermanas también eran buenas con ella aunque no había duda que tenían una mente sin cultivar que sólo concentraban en cosas superficiales como vestidos esplendorosos e increíblemente costosos o los planes de la boda de Anne-Laure. Casi no hablaban, lo cual no molestaba en absoluto a Hermione.

Ella prefería pasar tiempo en la biblioteca o en compañía de Harry. Como convivían en el mismo círculo social coincidían en todas las reuniones por lo que no tenía que preocuparse por no tener con quién hablar. Aún así, eran muchos los hombres que se le acercaban con demasiadas intensiones. Siempre intentaba ser amable con sus negativas aunque una vez casi tuvo un ataque de pánico cuando un hombre que al parecer la conocía bien la llevó aparte en una reunión y le pidió que le permitiera el honor de convertirla en su esposa. Casi había gritado que aquello era una completa locura y, aunque no lo hizo, él debió de leer su expresión porque rápidamente se disculpó y se marchó. Lo peor fue que tuvo que verlo en otras reuniones y cada vez que sus miradas se encontraban ella no podía dejar de sentirse abochornada. Harry la había interrogado al respecto pero no tuvo el valor de decírselo.

Un mes completo pasó y a ella no le quedó otra opción más que adaptarse a su nueva vida aunque su mente se perdía constantemente en Draco Malfoy. ¿Qué estaría haciendo? ¿Dónde andaría? ¿Estaría bien? Vivía con un nudo de preocupación. Había intentado hacer más averiguaciones al respecto pero no había podido dar con nada útil. El apellido Malfoy parecía haber sido antiguamente reconocido ya que habían sido durante muchas generaciones los gobernantes de un reino perdido al sur pero ya nada se sabía de ellos ni siquiera del reino mismo que todos creían que se había destruido hacía siglos. ¿Sería posible que la magia los hubiera transportado a una misma realidad pero a épocas diferentes? Sabía que era posible y no le gustaba ni un poco. ¿Cuánto tiempo más se suponía que debían de seguir así, separados? Nunca iría a admitirlo en voz alta y mucho menos delante de la cara de Draco, pero… ¡Rayos, lo extrañaba! Él se movería como pez en el mar en esos sitios lujosos donde las personas eran refinadas, casi frías y materialistas. Él sabría qué decir. Incluso podría ser capaz de burlarse de ella con algún comentario sarcástico.

—¿Estás escuchándome?

Hermione alzó la mirada de repente y descubrió que Harry la contemplaba fijamente con una pequeña sonrisa en los labios.

Excusez-moi—le rogó—Estaba pensado.

—Eso lo pude ver.

Él la había invitado a dar un paseo en carruaje por el parque. Esos pasos consistían simplemente en charlar tranquilamente mientras el chofer llevaba a los caballos con trote tranquilo, permitiéndoles detenerse de vez en cuando para saludar a algún conocido. No era común que una dama saliera a solas con un hombre pero como era un carruaje abierto y una zona concurrida, su padre no encontró problema alguno al dejarla ir. Especialmente porque secretamente tenía la esperanza que, de una buena vez, el chico confesara el amor secreto que tenía por su hija. Todo el mundo sabía que Harry Potter estaba fascinado con ella. Todos, excepto Hermione misma, que seguía viéndolo como su amigo.

—No fue mi intención—le aseguré—Sólo estoy preocupada.

—¿Por ese tal amigo tuyo?—preguntó Harry con el ceño fruncido—Realmente no sé de quién hablas. No recuerdo que tengas amistad con nadie llamado Malfoy.

—Tú no puedes decir con quién tengo amistad o no.

—Te conozco desde que somos niños—le recordó.

—Sí, pero puedo haberlo conocido incluso antes que a ti—replicó ella.

Y no estaba mintiendo. De hecho, momentos antes de ir al compartimiento del vagón en que se encontraban Harry y Ron para buscar al sapo de Neville, ella había caído por desgracia en el de las futuras serpientes. Recordaba muy bien que Draco Malfoy junto con Crabbe y Goyle la habían mirado con desprecio cuando ella preguntó por Trevor, como si intuyeran que ella no era sangre pura. En aquel entonces, a pesar de haber leído al respecto, todavía no entendía bien aquellos conceptos y sólo habían pensado que eran tres niños odiosos por lo que no le importó demasiado el modo en que la trataron. Después de todo, desde que era muy niña en el colegio sus compañeros la criticaron por ser la favorita del maestro.

—Lo estás haciendo de nuevo—oyó a Harry decir con cierta molestia—¿Podrías al menos dejar eso para después y ahora hablar conmigo? Tengo que irme de viaje dentro de un día y no volveré sino hasta dentro de dos semanas.

—Realmente lo siento—murmuró—Pero no puedo evitarlo. Me preocupo por él y no he sabido nada desde hace mucho tiempo.

Harry suspiró casi con cansancio.

—¿Quieres que intente averiguar algo a donde voy?—preguntó con resignación—Es una gran ciudad, después de todo, alguien debe de saber algo.

Los ojos de Hermione brillaron de emoción y una enorme sonrisa apareció en su rostro.

—¡Oui!—gritó y se arrojó a sus brazos para luego dejar un corto beso en su mejilla antes de volver al asiento, siendo completamente inconsciente de que muchos habían observado esa reacción y sacado una conclusión errónea—¡Te estaría eternamente agradecida!

Él le obsequió una nerviosa sonrisa, rojo como un tomate, mientras se pasaba las manos por el cabello ya alborotado.

—Sería un placer—murmuró y luego se aclaró nerviosamente la garganta para cambiar de tema—¿Cómo están tus hermanas?

—Bien—contestó un tanto extrañada por el tema—Mi padre sospecha que Corinne será la próxima en comprometerse. Tiene la sospecha que será dentro de este mismo mes.

—¿Sabes quién es él?

—Un tal… Mermet, si mal no recuerdo—dijo pensativa.

Los ojos de Harry se abrieron enormemente a causa de la sorpresa.

—¡Será parte de la familia Mermet! ¡Vaya!—exclamó—Nunca hubiera esperado que Corinne terminara relacionándose con una de las familias más importantes de la ciudad. ¿Sabías que los Mermet tienen relación cercana con el rey?

—No tenía idea alguna—dijo con sinceridad.

—¿Y no te molesta?

—¿Qué es lo que debería de molestarme?

—Que ella se esté por casar con alguien tan importante.

Hermione rió por la ocurrencia de Harry.

—¿Estás loco? Nunca me molestaría por algo así. Ella puede casarse incluso con el mismo rey y a mí me daría igual. Seguiría siendo mi hermana.

—Entonces… ¿No te importaría casarte con alguien no tan importante?

¿Qué demonios le sucedía a Harry hoy?, se preguntó ella.

—No me importaría casarme con el hombre más pobre del plante si mis sentimientos hacia él son sinceros y él es capaz de devolvérmelos—le aseguró—Pero no tengo intención de casarme con nadie aún. No estoy enamorada de nadie.

Además, si lo pensaba muy retorcidamente, ella ya tenía un esposo. Uno que no tenía idea de dónde se encontraba.

—¿De nadie?

¿Era su imaginación o Harry sonaba decepcionado por esa noticia?

—De nadie—respondió sin titubeos.

—Oh…—tragó saliva—Si… si alguien te propusiera matrimonio y no lo amaras pero lo quisieras de alguna forma… ¿Aún así lo rechazarías?

—Harry, ¿Qué estás diciendo?—inquirió ya sin poder tolerarlo—¿A caso te has enterado de alguien que quiere pedirme matrimonio? ¿Es un amigo tuyo?

—Sólo responde—le pidió.

Hermione suspiró, agobiada por esa conversación.

—No lo sé, supongo que todo depende de la persona. Nunca diría que sí sin antes pensarlo detalladamente. No quiero casarme y luego terminar arrepintiéndome.

—Esos son pensamientos demasiado románticos—la acusó— Muy propios de ti.

—¿Qué se supone que quieres decir con eso?—le preguntó con molestia.

—Nada, nada—negó con la cabeza—Sólo preguntaba todo esto porque, si tus hermanas se comprometen, tendrás vía libre para hacer lo mismo.

—Sí, lo sé pero eso no quiere decir que salga corriendo y acepte al primer idiota que se me cruce en frente.

—No, claro que no.

Después de aquella conversación no tardaron en regresar a la mansión familiar de Hermione. Él se mostró bastante pensativo durante todo el trayecto pero, casi llegando, una mirada decidida se instaló en su rostro. Hermione no lo interrogó al respecto a pesar de que sentía curiosidad.

Harry la ayudó a bajar del carruaje y luego tomó su mano antes de que pudiera ingresar.

—Creo que aquí nos despedimos—dijo.

—Lo dices como si no nos volveremos a ver jamás. Volverás antes de que te des cuenta, Harry—le aseguró—Además, allá estarás tan ocupado que no tendrás oportunidad de pensar demasiado.

—Nunca dejaré de pensar en ti. Te extrañaré.

—Yo también—le aseguró—Escríbeme cuando puedas.

—Lo haré todos los días.

—No es necesario que sean todos los días—le aseguró rodando los ojos.

—De todos modos lo haré—se lo prometió. Hizo una pausa pero luego volvió a hablar con cierta prisa—Hermione, hay algo que me gustaría proponerte.

—¿Qué?

—No, no ahora. Cuando regrese. Simplemente, espérame—le pidió.

—Eh… Je t'attendrai[2].

No supo qué otra cosa decirle. Harry se inclinó hacia su mano y dejó un beso suave en el dorso antes de despedirse rápidamente y volver a subir al carruaje. Hermione se quedó viendo como se alejaba, incapaz de dar sentido a todo aquello. Finalmente, se encogió de hombros y entró a la casa. Nada más cerrar la puerta un coro de gritos ensordecedores la rodeó. Sus hermanas se turnaron para abrazarla y felicitarla.

—¿Qué sucede?—les preguntó extrañada.

—¡Nos enteramos de la gran noticia!—exclamó Anne-Laure

—Madame Giselle los vio en el parque—continuó Corinne—y vino y nos contó de inmediato.

—¿Qué? ¿Qué es lo que les contó?

—¡De la propuesta, por supuesto!—Anne-Laure sonrió enormemente.

—Siempre supimos que Harry estaba enamorado de ti—Corinne aseguró—y nos preguntábamos cuándo tendría el valor de confesártelo.

—Esperen, Harry no está enamorado de mí. No me propuso matrimonio. Sólo somos amigos…

—No lo tienes que negar, Hermione—le aseguró Corinne—No por mí. Toda esa tontería de que las hermanas mayores deben contraer matrimonio antes que la menor es pura merde…

—¡Cuida tu lenguaje!—la reprendió Anne-Laure.

—Sólo digo la verdad—aseguró la chica—No me importa que te cases antes que yo. Además, mi querido pronto me lo pedirá, ¡Estoy segura!

—No lo niego—les aseguró—Sólo digo la verdad. Harry no me pidió que me casara con él.

Las dos hermanas se quedaron viéndola con seriedad por un momento hasta que finalmente se dieron cuenta que Hermione estaba diciendo la verdad.

—¿No lo hizo?—preguntó Corinne decepcionada—¡Oh! ¡Cuánto lo siento, Hermione! Estoy segura que pronto lo hará.

—¡Por Circe, no quiero eso!

—¿Circe?—inquirió Anne-Laure.

—Nada, olvídalo… Miren, Harry y yo sólo somos amigos. No quiero que sea nada más, mucho menos mi esposo. Sería muy incómodo. Es casi como un hermano para mí.

Las dos mujeres intercambiaron una mirada grave: Harry pronto tendría el corazón roto.

Hermione se despertó aquella mañana sin ánimo alguno de levantarse de la cama. Sabía que ese día sería igual a los anteriores de esa semana: aburrido. Extrañaba a Harry, muchísimo. Nunca antes se había dado cuenta cuán importante había sido él para pasar sus días entretenida. Además, ahora que él no se encontraba allí, los hombres no dudaban en acercársele para pedirle que los acompañase a alguna salida o en las fiestas a bailar o le enviaban regalos costosos que ella se dedicaba a devolver con una nota amable de agradecimiento. No quería que pensara que, al aceptar sus obsequios, aceptaba algo más profundo.

Sus hermanas nunca fueron precisamente una buena compañía. No la dejaban de lado, todo lo contrario, siempre la invitaban a sus salidas o a sus reuniones para organizar la boda pero ella ya había ido una vez y eso había sido más que suficiente. Su charla era superficial y algo tonta. Prefería mantener la distancia con ella para que su relación fuera buena.

Sus hermanos de vez en cuando se presentaban temprano a la cena y la retaban a algún partido de ajedrez, lo cual ayudaba a romper con la monotonía de los días.

Su padre, por su parte, siempre intentaba sacar tiempo para charlar un momento con ella. Incluso le preguntó por la supuesta propuesta de matrimonio, no tan efusivamente como sus hermanas. Hermione se tomó su tiempo para dejarle en claro que eso jamás había sucedido y que se trataba de un simple rumor que habían propagado mujeres entrometidas que no tenía nada más que hacer que meterse en la vida de los demás. Su padre simplemente rió con suavidad aunque sus ojos brillaron con claro orgullo.

Sin embargo, a pesar de lo aburrida y monótona que podía ser su vida, lo que más le preocupaba era saber qué había sido de Draco. Era alarmante que hubiese pasado tanto tiempo y ella no hubiese sabido nada de él. ¿Dónde estaría? Y, lo más importante, ¿estaría bien? ¡Merlín, rogaba que sí! Nunca imaginó que ansiaría tanto poder volver a verlo, a oír su voz lanzando comentarios sarcásticos… ¿A caso tendría su cuerpo la misma reacción por él que en la realidad anterior? Esperaba que no… No sabría cómo manejarlo. Ya demasiado avergonzaba se encontraba de haberlo besado tan abiertamente sin siquiera titubear. Y no había sido un beso casto. No, todo lo contrario. Su cuerpo había ansiado más de él.

Gimió al recordarlo, rodando en la cama y enterrando el rostro en una almohada.

No entendía por qué no podía sacar de su mente la forma en que sus labios se unieron o el modo en que sus manos la tocaron, haciéndola sentir tan especial… En aquel entonces habían estado delante de tantas personas. ¿Qué habría sucedido si hubieran estado solos? ¿Ella hubiera entrado en razón o le hubiera permitido seguir hasta adelante hasta el final?

—¡Nooooooo!

El grito desgarrador que sonó por toda la casa, sobresaltando a Hermione y sacándola de sus pensamientos. Se levantó de un salto y sin pensar demasiado ni darse cuenta que aún utilizaba su largo camisón, salió corriendo hacia abajo, con el corazón acelerado.

—¡NO! Nooooo…

Apresuró sus pies mientras bajaba por la escalera y al llegar abajo se encontró con sus dos hermanas abrazándose entre ellas, llorando desconsoladamente. Sus hermanos tenían una sobra oscura atravesándole el rostro y su padre… su padre parecía haber perdido todas las ganas de vivir. Estaba parado en la puerta de la casa con la angustia tan profunda que ella temió que pronto se desmoronara completamente.

—¿Qué sucedió?—inquirió.

Ante la pregunta, sus hermanas no hicieron más que sollozar con más fuerza.

Su padre alzó el rostro hacia ella con lentitud.

—Me temo que tengo malas noticias, mi bella…

—¿Qué noticias? ¿Qué sucedió?—pidió angustiada.

No lograba imaginar qué es lo que había pasado.

—La tormenta de anoche fue muy fuerte, especialmente en el mar—dijo el hombre con la voz desgarrada—Mis tres barcos viajaban hacia Inglaterra cuando la tempestad los atrapó y… y…—su voz tembló—¡Lo perdimos todo! ¡Todo!

—¿Qué quieres decir con todo?

—¡Todo, Hermione!—exclamó Anne-Laure—¿No estás escuchando? ¿O te ha quemado el cerebro leer todos esos libros?

Hermione la miró con sorpresa, dolida por sus palabras. Ella nunca había sido así de cruel.

—No hables así—la reprendió su padre—En este momento, no debemos discutir. Debemos estar juntos—miró a su hija mejor—Las mercancías que llevaban los barcos eran muchas y muy valiosas. El dinero de la compra sería usado para pagarlas y dejarnos una buena ganancia… pero ahora ya no podremos venderlas y tenemos que pagarlas…

—Pues, hagámoslo—dijo ella con seriedad.

—Me temo que no lo entiendes, mi bella, lo pagaremos pero tendremos que vender todo—extendió sus manos con resignación para señalar lo que los rodeaba—Tendremos que ir a vivir a una pequeña casa de campo, cultivar nuestra comida, lavar nuestra ropa…

—¡Noooooo!—las dos jóvenes gritaron lastimeramente.

Hermione rodó los ojos. ¿Ellas no podían ser menos melodramáticas?

—Lo importante es que no nos quedaremos en la calle—les dijo—y no nos moriremos de hambre. Si todos ponemos un poco de nosotros mismos, lograremos salir adelante. Será un trabajo duro pero lo conseguiremos.

Sus hermanas lloraron sin consuelo aún más fuerte, cosa que Hermione no creía posible.

Hermione nunca antes hubiera pensado que vivir en aquella realidad donde Draco y ella eran hermanos podría servirle de algo pero allí estaba, con la única vaca que tenía la familia amarrada a un poste mientras ella la ordeñaba. No era una experiencia agradable, sinceramente, pero debía de hacerlo. Al igual que carpir la tierra para plantar luego semillas, regarlas, apartar todas las plagas y esperar a que crecieran. También solía ser la que cocinaba porque si los demás intentaban hacerlo terminaban pasando el día sin probar bocado, desperdiciando la comida. Sus hermanos se encargaban de traer leña aunque debía de recodárselos constantemente si no querían pasar la noche a oscuras y congelándose a causa del frío. Su padre solía viajar constantemente a la ciudad para averiguar si alguien había encontrado algo, cualquier cosa, de la mercancía comprada. Sin embargo, nunca regresaba con buenas noticias.

Sus hermanas, por su parte, pasaban la mayor parte del tiempo llorando dentro de la habitación que compartían con Hermione. El prometido de Anne-Laure había cancelado el compromiso en el mismo momento en que se enteró de la desgracia familiar y el pretendiente de Corinne no volvió a verla de nuevo, rompiendo todas sus esperanzas de una boda. Hermione intentó consolarlas diciéndole que eso mostraba lo malos que eras para ser sus esposos y que sólo estaban interesados en ellas por el dinero, que debían de buscar hombres que las amasen con locura, sin importar su situación económica pero eso no fue suficiente para ellas. Para ambas, aquella casa era el mismo infiero y decían estar demasiado deprimidas como para ayudar en los quehaceres. Hermione lo había aceptado los primeros días pero luego, cuando descubrió a Anne-Laure haciendo una corona de flores silvestres para adornar su cabello, les ordenó a ambas que se pusieran a trabajar. Eso fue casi como declararles la guerra. Ahora siempre la miraban con odio cuando tenían la oportunidad y ese odio aumentó cuando, en un intento de que su padre las defendiera, él le dio la razón a su hermana menor. Ahora se veían obligadas a lavar la ropa, remendarla si se rompía y ayudaban a Hermione a limpiar la casa.

—¡Hermione!

La chica casi salto cuando oyó el grito, sobresaltando a Rose—el nombre que le había colocado a la vaca—por lo que inmediatamente acarició suavemente su cabeza para tranquilizarla antes de volverse nuevamente a mirar a su amigo, que venía cabalgando a toda velocidad. Como la pérdida de los barcos había acontecido cuando él no estaba, no lo había visto nuevamente. Ella estaba segura que se acababa de enterar de lo sucedido y estaba demasiado feliz de saber que él no era como los idiotas que sus hermanas habían querido como esposos.

—¡Harry!

El chico desmontó cuando estuvo cerca y corrió hacia ella sin molestarse en amarrar las riendas de su caballo. Inmediatamente la envolvió en un abrazo asfixiante que le quitó por unos segundos el aire hasta que él la soltó.

—Lo siento mucho. Debí de estar antes para ti pero no me enteré sino hasta hoy, cuando regresé de mi viaje—le dijo.

Ne vous inquiétez pas.[3]

—¿Cómo no voy a preocupare?—inquirió él—Eres mi mejor amiga, Hermione, mi razón de vivir.

Ella se ruborizó por aquella afirmación pero la dejó pasar.

—No ha sido malo, en realidad—se encogió de hombros suavemente—Mis hermanos necesitan aprender lo que es vivir humildemente. En la ciudad, sólo se preocupaban por gastar el dinero de mi padre, por contraer matrimonio con personas igual de materialistas que ellos. Aquí aprenderán lo que es trabajar duro…

—¿Lo están haciendo?

—Bueno… mi padre los obliga—admitió—Ayudan, no muy gustosamente, pero lo hacen.

—Espero que todo vaya bien para ellos…—la miró fijamente al rostro, memorizando cada rasgo—Siento que hace siglos que no te veía.

—No seas absurdo, Harry—le pidió con una sonrisa—No fue tanto tiempo.

—Lo fue para mí.

Hermione decidió que ese tema de conversación debía acabar de inmediato.

—¿Quieres pasar a beber algo de té?—le preguntó amablemente señalando la humilde casa—Hoy preparé pan y todavía debe de estar tibio.

—No—respondió de lleno.

Hermione se quedó sin saber qué decir a continuación, sorprendida de su tajante respuesta. Harry pareció notar su mirada de confusión porque rápidamente se movió incómodo.

Je[4]…—titubeó él—Je… creo que tu no deberías de estar aquí.

—¿Dónde más debería estar?—le preguntó con seriedad.

—En una hermosa casa, con responsabilidades que no impliquen estar en la cocina u… ordeñar una vaca—dijo señalando a Rose.

—¿Haciendo qué?—inquirió Hermione molesta por sus palabras—¿Sentada en un sillón en una casa lujosa, siendo la esposa de adorno de algún ricachón idiota?

—¡NO!—exclamó—Lo que quiero decir es… es que puedo sacarte de aquí—tomó sus manos entre las suyas—Es fácil. Sólo debes aceptar ser mi esposa y te llevaré lejos de este lugar. No deberías estar aquí desperdiciando tu vida.

Hermione se desprendió de su agarre rápidamente y se alejó un paso.

—¡Harry James Potter! ¿Quieres dejar de ser tan ridículo?

Los ojos del muchacho se abrieron con sorpresa.

—¿Ridículo? ¡Estoy siendo completamente lógico!

—Tu propuesta no es nada lógica y además, muy ofensiva.

—¡¿Qué?!

—¿Cómo crees que me hace sentir que me pidas matrimonio por compasión? No quiero que creas que puedes rescatarme de algo con ello cuando no necesito ser rescatada.

—¡Hermione, no puedo creer que pienses eso de mí!—le gritó ofendido—Nunca te pediría matrimonio por compasión.

—¿Entonces, qué se supone que es esto?

—¿A caso no recuerdas que la última vez que nos vimos te dije que tenía que hacerte una propuesta? ¿De qué creías que hablaba? ¡Hace meses que quiero pedirte que seas mi esposa pero no podía hacer nada hasta que tus hermanas estuvieran casadas! Tenía la esperanza que al regresar Corinne ya estuviera comprometida pero ahora, que todo sus planes se desmoronó, no puedo permitirme el lujo de aplazar los míos… Te quiero, Hermione, ¿cómo no pudiste darte cuenta?

Hermione estaba demasiado aturdida como para dar una respuesta a esa pregunta. Claro, ella sabía que él la quería pero nunca imaginó que de un modo romántico.

—¿Crees que saco usualmente a pasear en carruaje a mujeres hermosas?—le preguntó él—¿Qué les digo que bailen conmigo casi todas las piezas? ¿Qué ahuyento a otros pretendientes?

—Harry, estás confundido—intentó convencerlo—Somos amigos desde hace tanto tiempo que crees que…

—¡Yo sé muy bien lo que siento!—la interrumpió—No estoy confundido, no creo que el amor que siento por ti sea sólo una profunda amistad. ¿Crees que, de ese modo, quisiera besarte?

Hermione retrocedió un paso, algo alarmada por la vehemencia con la que él hablaba. De todas las posibilidades, a pesar de las insinuaciones de muchos, nunca imaginó aquello posible. Harry era… bueno, Harry, su mejor amigo, su casi hermano.

—Harry—dijo suavemente, mirándolo con el inmenso cariño que sentía por él—no puedo casarme contigo. Te aseguro que te quiero mucho pero no del mismo modo en que tú me quieres.

—Sí, lo sé pero puedes llegar a aprender a amarme—insistió él.

—No, no creo que pueda quererte más de lo que ya te quiero. Me preocupo por ti, me importas, me gusta tenerte a mi lado, hablar contigo, bailar y salir a pasear pero tener una relación que vaya mucho más allá de la amistad, a la larga, terminaría haciéndonos infelices a ambos. Yo te apreciaría pero seguiría siendo indiferente a tus sentimientos y eso te mataría.

—Ya me estás matando—la acusó.

Hermione lo miró, herida por sus palabras. Ella no quería hacerle daño de ese modo pero Harry parecía querer en mostrarle que le causaba dolor con su rechazo.

—Lo siento—murmuró ella.

—Si al menos no lo haces por mí, ¿puedes pensar un poco en tu familia?

—¿Mi familia? ¿Qué tiene que ver esto con ella?

—¿A caso no te das cuenta que un matrimonio conmigo la beneficiaría? Tu padre podría conseguir un crédito en el banco porque mi apellido lo respaldaría y tus hermanas conseguirían nuevos pretendientes.

—¿Y tu intención es que yo me sacrifique por ellos?—inquirió—¡No lo haré! Aquí estamos bien. No tendremos mucho pero sí lo suficiente como para vivir.

El rostro de Harry se endureció rápidamente ante esas palabras.

—Ya veo—gruñó—ahora entiendo que estar a mi lado representa un sacrificio para ti.

Se dio vuelta inmediatamente y buscó su caballo.

Hermione se dio cuenta demasiado tarde cómo habían sonado sus palabras.

—¡Harry!—lo llamó—¡Espera! Por favor…

Pero su amigo montó y se alejó cabalgando tan rápidamente como había llegado, dejándola con una horrible sensación dentro de su pecho.

—Bien hecho, Hermione—oyó una voz sarcástica proveniente de su casa—Has arruinado la vida de Harry y la nuestra.

Giró y miró a sus dos hermanas en el marco de la puerta.

—No he arruinado la vida de nadie, Anne-Laure—dijo fríamente ella—Si tanto deseas volver a una casa enorme y lujosa, consíguete un trabajo de sirvienta.

La chica jadeó, horrorizada ante esa simple idea.

—¡Bruja!—le gritó antes de ir corriendo hacia la habitación a encerrarse nuevamente.

Hermione miró a su otra hermana, quien estaba contemplándola fijamente.

—¿Tú también me reprenderás por no haber aceptado, Corinne?—le preguntó con molestia.

La joven tardó unos momentos en responder.

—No—dijo finalmente—pero debes admitir que esto hubiera beneficiado a todos, especialmente a papá, que está haciendo todo lo posible en la ciudad por recuperar el prestigio perdido…

¡¿A caso alguien quería terminar de una vez el trabajo y asesinarla para detener esa tortura?! Primero Harry y ahora sus hermanas. Todos estaban empecinados en hacerla sentir mal por su accionar… ¡Pero no podía! No quería casarse con él, no importaba que eso beneficiara a su familia.

Aunque Corinne tenía razón. Su padre regresaba todos los días, abatido y con cansancio. Se sentaba delante de la chimenea encendida por casi una hora sin decirle nada a nadie, mirando el fuego fijamente, lejos de todo aquel mundo.

Esa misma noche, tras su regreso, ella se le acercó suavemente, esperando poder sacarlo de su ensimismamiento.

—¿Padre?—lo llamó.

El hombre alzó sus cansados ojos hacia ella y una sonrisa suave comenzó a formarse.

—Hermione—la saludó—¿Cómo estuvo tu día?

—Eh… bien—se sentó a su lado en el sillón—Papa, hay algo que quiero decirte.

Por más que ese no era su padre en la realidad y que todo aquello no estuviera sucediendo fuera de su mente, sentía cierta responsabilidad y respeto hacia aquel hombre que tan bien la trataba. Además, como los sentimientos del personaje que debía interpretar estaban mezclándose con los suyos propios, no tardó más que un par de días en aprender a quererlo y a apreciarlo.

—Te escucho, mi bella.

Ella no tardó demasiado en relatarle la visita inesperada de Harry y su propuesta. Le informó también sobre las posibles ventajas de un matrimonio entre ellos y de cómo saldría beneficiada la familia. Su padre escuchó en silencio, sin ninguna expresión descifrable en su rostro.

—Pero tú no aceptaste—dijo finalmente él.

—¿Crees que me equivoqué?—le preguntó—Estoy segura que si vuelvo a hablar con Harry, él me aceptará.

—Mi bella, tú no lo amas. Sería muy ingrato de tu parte aceptar estar con él por el simple beneficio económico y social.

—Pero…—dijo algo confundida—Anne-Laure tampoco amaba a su prometido y no le dijiste esto.

—Claro que lo hice—la contradijo con calma—pero ella decidió no escucharme. Más allá de eso, no puedo hacer. Si le impedía comprometerse, estaría sólo humillándola y eso es algo que jamás me perdonaría… Sin embargo, tengo las esperanzas puestas en ti y ruego que hagas lo correcto.

—Harry sugirió que me case con él incluso sin amarlo, me dijo que aprendería a quererlo con el tiempo.

—Si pasas el tiempo suficiente con una persona—le dijo su padre—sólo hay dos sentimientos que pueden aparecer: el odio o el amor. Pueden haber muchos otros que se entremezclen y se confundan pero esos dos son los principales. La pregunta es, ¿estás dispuesta a arriesgar el cariño que sientes por él sin saber cuál será el final? Puede transformarse en amor, un amor profundo y hermoso, pero también puede ir mutando en rabia silenciosa, en malestar constante hasta quedar formado en el más oscuro y siniestro odio—la miró a los ojos—Mi bella, yo no te obligaré a que te cases con él pero si te retractas y lo aceptas, tampoco me interpondré en tu camino.

Hermione se quedó sin habla, sorprendida de las palabras tan comprensivas y sabias de aquel hombre. Sin poder contenerse, se inclino y lo abrazó con firmeza, sintiendo que la culpa de su corazón disminuía enormemente.

—Gracias, papa—murmuró antes de apartarse con una enorme sonrisa.

Ahora lo sabía bien: rechazar a Harry era lo mejor que pudo haber hecho.

Hermione miró las hojas de los árboles moviéndose suavemente por la brisa del oeste que soplaba. Era un día cálido, con el sol resplandeciente en el cielo, perfecto para pasar el día al aire libre. Había pasado por la cocina momentos atrás para tomar una manzana y, con un libro bajo su brazo, había caminado tranquilamente lejos de la pequeña casa hasta un frondoso sauce y se había sentado a leer. Sin embargo, no logró concentrarse en las palabras porque su mente no dejaba de preocuparse.

Habían pasado tres largos meses. Era la primera vez que pasaba tanto tiempo en una de las realidades alternativas, al igual que era la primera vez que no se encontraba con Draco Malfoy. Eso la tenía confundida. Se suponía que, al meterse ambos dentro del círculo en la clase de Runas Antiguas, ambos serían transportado juntos para así vivir la experiencia acompañados. ¿Podría ser posible que Draco no estuviera en la misma realidad? Era ilógico. Entonces, esto quería decir que sí estaba aunque posiblemente en otra parte del país o incluso en el extranjero. Rogaba que, fuera donde estuviera, tuviera magia o, si no la tenía, que tuviera alguna persona a su lado que lo ayudara.

¿Y si le había sucedido algo malo?, se preguntó de repente, aterrada ante esa posibilidad.

—¡Hermione!—oyó el grito de su hermano—¡Ven!

La joven bruja se puso de pie y caminó con prisa de regreso al interior de la casa. ¿Ahora qué sucedía? ¿Sería una nueva crisis de Anne-Laure que sus dos hermanos mayores ni Corinne pudieran manejar? ¡Merlín sabía que había tenido suficiente con la última! Ella nunca antes había creído que una mujer pudiera alterarse tanto al comprobar que llevaba doce semanas sin comprarse un vestido.

—¡Hermione!—ahora la llamaba su otro hermano.

—¡Ya voy!

Entró a la casa y nada más atravesar la puerta vio a sus dos hermanas bailando de alegría en medio de la diminuta sala mientras cantaban una canción alegre y movida que ella jamás había oído en su vida. Sonrió al verlas, contenta de darse cuenta que posiblemente eran buenas noticias las que traían. Su padre también estaba allí, vestido con sus prendas de viaje aún.

—¿Acabas de llegar?—le preguntó.

—Así es, mi bella—le sonrió enormemente—¡Y vengo con maravillosas noticias!

—¿Cuáles?

—¡Han encontrado uno de mis barcos!—dijo con felicidad—¡Y la mayor parte de la mercadería está intacta! ¿Puedes creer nuestra suerte?—le preguntó sin borrar la sonrisa alegre y contagiosa de su rostro—Ya esta pagada por lo que podremos venderla libremente y recuperar parte de nuestro dinero. ¡Podremos volver a empezar!

—¡Eso es bueno, padre!—exclamó con alegría.

—Lo es, muy bueno, de hecho—aseguró—Sólo tengo que ir a inspeccionarlo, firmar algunos papeles y ¡Listo!

Su padre se preparó muy temprano al día siguiente para partir, nuevamente, a la ciudad. Hermione lo ayudó a colocarse la casaca y luego le tendió su sombrero. Él se lo agradeció suavemente antes de caminar hacia su caballo con firme decisión.

—¡Oh, padre! Debes traerme un vestido nuevo—le rogó Anne-Laure antes de que él diera la orden al animal para que empezara a andar.

—¡Y a mí!—pidió Corrine.

El hombre mayor, sin perder la sonrisa y con una mirada paciente, asintió.

—¿Y tú, mi bella?—le preguntó—¿Quieres un libro?

La idea era demasiado tentadora… pero sería injusto pedirle que gastase el dinero que apenas acababa de recuperar. Además, los libros en aquella realidad no eran baratos.

—No es necesario, padre—le dijo—Sólo regresa sano y salvo.

—Te traeré uno de todos modos—le aseguró.

—No. No lo quiero.

—Debes querer algo—insistió él.

—No realmente, padre.

Él se quedó pensativo unos momentos.

—Entonces, te traeré la más hermosa rosa que pueda hallar.

Hermione sonrió con dulzura. Ese era un objeto que estaba dispuesta a aceptar. No salía demasiado si es que se la compraba e incluso podían encontrarse algunas hermosas rosas silvestres creciendo a los márgenes del camino hacia la ciudad.

J'aimerais[5].

El hombre se despidió de todos sus hijos y luego se alejó rápidamente. Todos los demás entraron a la casa pero Hermione se quedó fuera, viéndolo alejarse, con una extraña sensación de deja vú en su pecho. Era muy raro, como si aquella realidad le resultara demasiado familiar y reconocible… Pero, ¿En dónde podría haber vivido eso? ¿En qué otro lugar había visto a una familia poderosa perder el dinero? ¿En dónde un padre sale de viaje y le promete a su hija una rosa? ¿A caso…?

Sus preguntas mentales se detuvieron de repente y de su boca salió un jadeó que le cortó la respiración.

¡Estaba en la historia de la Bella y la Bestia!

—¿Estás bien?—preguntó Corinne a su hermana menor.

Hermione sólo asintió, sin dejar de mirar el exterior a través de la ventana de la cocina con la mente a kilómetros de allí. No podía creer que no se había dado cuenta antes de dónde se encontraba cuando todas las pistas estaban allí: su padre llamándola "bella", sus hermanas pretenciosas y materialistas, la pérdida de la fortuna, la rosa… ¡Todo! Pero había estado tan ensimismada en otras cosas que no había podido verlo.

¿Y dónde entraba Malfoy allí? ¿A caso él era la bestia? Bueno, pronto lo descubriría. Si no recordaba mal, su padre volvería a la casa diciendo que una bestia feroz lo había atacado cuando estaba intentando llevarle una rosa. Pero… ¿Y si él no era la bestia? No, tenía que serlo, de otro modo, estaba segura que la magia se hubiera encargado de reunirlos de algún modo mucho antes.

—Hermione—sintió la mano de la joven sobre su hombro.

Ella se volteó, apartando la vista del exterior, para mirarla.

—Estoy bien, Corinne—le aseguró, forzando una sonrisa—Solo estoy preocupada por papa.

—¿Eso es todo?

—¿Qué otra cosa podía ser?

—Harry.

El joven no había vuelto a verla después de que ella lo rechazó y, como Hermione no viajaba a la ciudad, no tenía oportunidad de verlo. Si su padre se había topado con él en algún momento, no lo había dicho.

—No voy a negar que lo extraño—admitió—pero no me perturba el sueño. Sé que lo ofendí y realmente me arrepiento de mi elección de palabras pero no cambiaré de parecer. Ni ahora ni nunca... ¿Eso te molesta?

—No—aseguró—puede que me haya sentido decepcionada pero se supone que tú debes casarte con quien amas, ¿no?

—No sólo yo. Tú también puedes hacerlo.

—Realmente a mi no me interesan esas cosas—aseguró con sinceridad—Me conformo con saber que me respeta y me aprecia. El amor es sólo un capricho al que no estoy dispuesta a ceder.

—Eso es triste—murmuro Hermione.

—Quizás para ti que tienes esa idea de que sólo debes casarte con el hombre que, con sólo pensar en él te quedes viendo la nada, con una sonrisa absurda en los labios.

Ella estuvo a punto de decirle que aquello no era lo único que era el amor pero la oyó jadear sorprendida, viendo hacia la ventana. Cuando Hermione siguió la dirección de su mirada vio a su cansado padre bajar del caballo con dificultad. Ellas corrieron mientras gritaban a sus hermanos por ayuda. Pronto, entre todos, trajeron al pobre hombre al interior de la casa y lo colocaron en el sillón frente a la chimenea. Temblaba considerablemente y su piel estaba pálida y sudada. Corinne corrió a la cocina y colocó la tetera al fuego para preparale un té. Cuando estuvo listo, se lo llevó.

—¿Père[6]?—lo llamó Hermione con suavidad, intentando colocar la taza en sus manos.

El hombre bajó la vista lentamente hacia su pequeña y al ver su rostro la angustia de su pecho se asentuó e, incapaz de controlarse, comenzó a sollozar desconsoladamente.

Hermione y sus hermanos se miraron preocupados. Ella era la única consciente de lo que realmente le había sucedido pero no podía hacer nada hasta que él se lo dijera. ¿Pero cómo conseguir que hable si estaba tan alterad?

Père, por favor—le rogó ella con suavidad—Bebe un poco de té, te hará bien.

Tomó la taza con sus manos temblorosas y se la llevó a la boca mientras intentaba controlar sus sollozos. Tragó un largo sorbo y cerró los ojos con fuerza. Tardó unos momentos en cobrar algo de compostura y, lentamente, comenzó a relatarle lo acontecido.

Era la historia que ya conocía: el viaje había sido un éxito en cuanto a las transacciones que debía completar e incluso había comprado los vestidos para sus dos hijas mayores. Sin embargo, cuando regresaba, se acordó que no había comprado la rosa para Hermione. Intentó regresar a la ciudad tomando un atajo pero terminó perdido en medio de un oscuro bosque en el que, al anochecer, se desató una terrible tormenta. Creyó que iba a morir allí hasta que vio una luz a lo lejos. Su caballo estaba tan agotado como él por lo que fue a su par hacia allí y se sorprendió grandemente al descubrir que no era una pequeña casa sino un enorme castillo, algo tétrico que le inspiraba poca confianza.

Sin embargo, como la tormenta aumentaba no le quedó más opción que ingresar. Tan cansado estaba que, inmediatamente después de empujar la enorme puerta de hierro, cayó inconsciente en el cálido interior. Cuando despertó, se encontró en una lujosa habitación, con una chimenea con un fuego encendido y una gran bandeja con comida a su lado. Abrumado por el hambre, no dudó y comió y bebió hasta quedar satisfecho para volverse a dormir por el resto de la noche. A la mañana siguiente, cuando despertó, otra bandeja con el desayuno lo esperaba junto a un pergamino con indicaciones específicas para salir del bosque y volver al camino conocido.

Por más que recorrió parte del castillo buscando al dueño o a algún sirviente para agradecer la hospitalidad, no encontró a nadie.

Salió poco después al exterior, topándose con su caballo recuperado y fuerte como siempre. Lo montó y estaba a punto de alejarse cuando vio una elegante planta de rosas. Pensó en su bella hija y recordó que esa era la única cosa que ella le había pedido. Bajó de inmediato y se acercó. Sus ojos buscaron la rosa más hermosa del montón, la más roja y la más aromática. La encontró justo en el centro de la planta. Extendió su mano para tomarla pero antes de que pudiera siquiera arrancarla una enorme sombra apareció sobre él. Giró sorprendido y gritó horrorizado cuando la bestia más espantosa, que podía ser un demonio salido del mismo infierno, se abalanzó sobre él, dispuesto a matarlo.

—Te permito estar en mi castillo, te alimento y te dejo dormir y ¿así es cómo me pagas? ¿Robándome?—le había preguntado el monstruo con una voz helada.

Cuando llegó a esa parte del relato el padre de Hermione empezó a temblar nuevamente pero con un nuevo sorbo de té cálido logró continuar con su historia.

Luego de aquella pregunta intentó explicarse sobre el deseo de Hermione, sobre el motivo de querer esa rosa. Tuvo que intentarlo varias veces porque se trataba con sus propias palabras a causa del miedo.

—¿Y qué te dijo?—preguntó Anne-Laure.

Su padre tragó saliva notablemente.

—Me ordenó que llevase a mi hija a él—murmuró temblando—Si no lo hago, dijo que me encontrará y me matará no sólo a mi sino a todos mis hijos.

Se llevó las manos al rostro y comenzó a llorar a lágrima viva.

—¡¿Ves lo que consigues?!—le preguntó Anne-Laure a Hermione—Todo es tu culpa. Si morimos…

—No digas esas cosas—la interrumpió su hermano con brusquedad—Hermione no podía saber que esto sucedería.

—¡Pero ella pidió la estúpida rosa!

Assez![7]—ordenó su otro hermano—Debemos pensar con frialdad en qué hacer. No tiene sentido echar la culpa a nadie.

—No hay nada que pensar, iré—intervino Hermione.

—¡NO!—gritó su padre, saltando del asiento para tomar a su hija por los hombros—¡No puedes ir! Te matará.

—No lo hará, padre—le aseguró.

—¡Te lo prohíbo! No podrás salir por nada en el mundo en esta casa. Yo seré el que regrese mañana por la mañana. Si alguien debe pagar por su pecado ese seré yo.

Esa fue su última palabra y se negó a escuchar lo que cualquier otro pudiera decir.


[1] ¿Realmente? En francés.

[2] Te esperaré.

[3] No te preocupes.

[4] Je: yo

[5] Lo amaría.

[6] ¿Padre?

[7] ¡Suficiente!


ADELANTO DEL SIGUIENTE CAPITULO:

—¡No soy como los demás!—gritó indignada—¡No soy una persona superficial y fría que sólo le interesa la apariencia física! Porque, si lo has olvidado, no soy hermosa. Mi cabello es un nido y mis dientes son inmensos, como muchas veces tuviste el "placer" de recordármelo. Soy más bien delgada y no tengo esas curvas en el cuerpo como todas las demás chicas... Lo tuyo sólo es magia, un hechizo que se acabará en algún momento. Cuando volvamos a Hogwarts volverás a ser el chico apuesto que roba suspiro en las tontas enamoradizas y yo… yo volveré a ser la comelibros, la sabelotodo…—dijo con tristeza—Pero no te confundas. Me siento bien conmigo misma, me acepto y me gusta casi todo de mi apariencia porque sé que tengo muchas cosas buenas dignas de admirar. Así que cuando decidas mostrarte ante mí, no esperes que grite, que te tema o que cierre los ojos porque no quiera verte. La primera vez que te vea, caminaré y te besaré y prometeré ser tu esposa porque es así como se rompe el hechizo en el cuento.