¡Capítulo 12! Yey! (?) No tengo mucho que decir de éste capítulo (además de que tengo que apurarme porque me tengo que bañar y hacer tarea, dormir tanto la siesta es malo e_é), es un lindo diálogo entre Jeanne y Francia~
La sangre teñía la fortaleza británica de las Tourelles. El suelo estaba cubierto de los cuerpos sin vida de ambos ejércitos, el olor a muerte invadía el lugar... Pero la zona había sido liberada del asedio inglés.
Francia se dejó caer de rodillas, agotado, cuando vio a los ingleses restantes retirarse hacia alguna zona segura, abandonando el lugar. Vio muchos soldados morir, suyos y enemigos, pero no podía evitar sentirse feliz. Estaban a un paso de liberar Orléans de una buena vez... sólo faltaba una batalla más.
Había perdido a Jeanne de vista, y eso lo intranquilizaba bastante. Tampoco sabía dónde estaba el Bâtard. Había preguntado a dos de sus soldados, que sólo habían podido responderle que ambos estaban bien, uno de ellos dijo que había visto a Jeanne discutir con uno de sus soldados, que quería quitarle los dientes a un prisionero inglés, y luego la vieron correr hacia donde los sacerdotes se encontraban.
Siguiendo aquellas indicaciones, la encontró en la pequeña capilla, arrodillada frente a la cruz, sus manos juntas, sosteniendo entre ellas la cruz de madera que colgaba de su cuello y de la cuál nunca separaba; y su rostro lleno de lágrimas, sucia, manchada de sangre que él no sabría decir a quién pertenecía...
Se acercó a ella, sin saber si estaría bien desconcentrarla o no.
–Por favor, Dios, mantén a todos los que han muerto en Tu Gloria, y perdona a aquellos que asesinaron por esta causa -murmuraba con voz quebrada-. Perdoname a mi por haber sido partícipe de esto y no detenerlo, mi deber era liberar Orléans de forma pacífica pero... pero ellos se resistieron y... -no pudo continuar, las lágrimas se lo prohibieron.
Francia torció los labios, sin saber cómo consolarla, o si debería hacerlo siquiera. Colocó una mano sobre su hombro con cuidado, asustándola.
–Francia... no.. no deberías estar oyendo mi confesión -lo regañó, y él se arrodilló a su lado, con una delicada sonrisa.
–Muchas gracias por darle a mis soldados la confianza suficiente como para seguir adelante hoy... -dijo en cambio él, ignorando el reto de ella-. ¿Por qué sólo tú estás aquí?
–Los demás fueron a planear el asalto de mañana... -el ojiazul no pudo evitar fruncir un poco el ceño. Ahí están otra vez, pensó, planeando movimientos sin consultarme.- Creo que iremos directamente a campo abierto, los ingleses se reúnen al otro lado del río... Francia -murmuró Jeanne, bajando la mirada. Ante la luz del crepúsculo que apenas se colaba por la entrada a la capilla, él no podía evitar pensar que ella se veía adorable- He... He liberado a algunos de los prisioneros ingleses... Espero eso no te moleste, es que... Ellos merecen nuestro perdón, y han querido hacerles daño... y yo no puedo permitir eso -la nación la calló, elevando una mano frente a ella.
–Jeanne, no te preocupes, está bien... Es muy noble de tu parte hacerlo -bajó lentamente la mano, dirigiendo su mirada hacia la cruz frente a ellos-. ¿Estabas confesándote? ¿Por qué? No te he visto matar a nadie...
–Incentivé a gente para que lo hiciera...
–...Entonces yo también debería hacerlo -murmuró, juntando sus manos y bajó su cabeza, dispuesto a comenzar a rezar-. La sangre derramada es culpa mía, después de todo
–Yo creo que... tú, al igual que los que son como tú -la oyó susurrar-, eres puro... Perteneces al Señor, y no a los hombres... Tu pureza perdurará por más sangre que se derrame en tu nombre...
Francia, aún con sus manos juntas y su cabeza gacha, la miró de reojo.
–¿Tú crees que Inglaterra también es puro? -preguntó-. El chico... que te gritó zorra -vio las cejas de ella alzarse con sorpresa.
–¿Él es Inglaterra?... Um... Realmente lo creo. No sé cómo sean las naciones, hasta antes de que mis voces lo anunciaran ni siquiera sabía que algo como tú sería posible -dijo, acariciando con ternura y timidez sus cabellos-. Algo tan hermoso y divino... pero es imposible que no seas hermoso si eres creación de Dios... el pecado no puede tocarte, sí puede tocar a las personas que habitan en ti, al igual que lo hacen con Inglaterra... y eso les afecta a ustedes, pero yo realmente no creo que las culpas recaigan sobre las naciones después de todo... -bajó su mano con lentitud, soltando los mechones de cabellos rubios, manchados con sangre seca y tierra-. Pero, ¿qué puedo saber yo? Que soy una simple campesina -rió por lo bajo, avergonzada-. Si rezar y confesarte te hace sentir mejor, hazlo. Haz lo que sea con tal de sentirte libre de culpas, pide perdón si sientes que es lo que debes hacer...
–Puedo pedir perdón en nombre de mi gente -murmuró-. Tal vez Dios me escuché.
–No -ella negó con la cabeza, sin dejar de sonreír con amor-. Tal vez no, él lo hará, confía en mi -se inclinó sobre él, besando sus cabellos. Luego se volteó hacia la cruz, haciendo la Señal de la Cruz, y se puso de pie.- Iré con los demás a ver qué deciden hacer. Te diré lo que sea que acordemos... -prometió, marchándose.
Francia no perdió más tiempo, y comenzó a rezar, pedir perdón, y agradecer. Agradecer por la victoria, por estar a punto de liberar la ciudad, y por tener a Jeanne aún junto a él...
VickySparda: Es cierto :3 últimamente cuando me digo "no puedo" pienso que si una chica de 18 años pudo dirigir un ejército y liberar a Francia de los ingleses, yo puedo. Amo a Jeanne xD ¡Y tenes razón! :D Yo con que me comenten un vez haciendo un comentario donde digan que leyeron todo el fic, soy feliz (? Voy a esperar hasta terminar de publicarlo xDD
