UN MAGNIFICO CUMPLEAÑOS.

En primer lugar gracias por todos los REW. ¡Aunque me quejo de que son pocos! Soy ambiciosa y quiero más!

En segundo lugar…un capitulo extra-extralargo…por más que me he roto la sesera no encontraba modo de dividirlo en dos. Bueno, podía haber recurrido al socorrido Titulo X parte 1 y Titulo X parte 2…pero de alguna manera eso me parecía equivocado.

Aun sigo esperando que alguien se dé cuenta de un detallito de nada…de una pista en la conversación que mantiene Sirius con Marvolo al presentarse ante él….¿Nadie ha notado algo raro? ¿Algo que suena extraño?¿O chocante? Leed con atención esa escena por favor…Si nadie lo coge voy a tener que pensar que necesito revisar algunas escenas…

Espero sinceramente que os guste. Mucho. Se descubren nuevos datos, pasan muchas cosas así que espero REWs y opiniones, sugerencias ¡a montones!

ALEA IACTA EST!


UN MAGNIFICO CUMPLEAÑOS.

Marvolo era… enloquecedoramente posesivo, manipulador y controlador. Asfixiante incluso. Harry no se había esperado en absoluto la marca en su brazo a consecuencia de su genuinamente voluntaria donación de sangre. Se sintió vilmente traicionado y se había pasado dos días negándose a contestarle o a escucharle, sumido en un obstinado mutismo; dedicando miradas repletas de frustración y enojo al hombre; ignorando incluso los intentos soterrados de mediación de Nagini y rehusando estar en su presencia y por supuesto, dormir en la cama. Las piscinas, la cinta de correr o las pesas y unos cascos para escuchar música se convirtieron en sus escudos defensivos. Incluso le tiró una toalla a la mañana siguiente a Severus cuando vino a verle para su nueva revisión...El hombre le miró alzando una ceja y desapareció cuando Marvolo susurró que al parecer Harry tenía un pequeño problema de actitud. Hasta que Marvolo lo cogió sorpresivamente en brazos de su particular refugio en un cómodo triclinio y lo tiró en su pijama a la piscina de agua helada de las termas, lo cual provocó de inmediato una vehemente retahíla de gritos e improperios. Que solo habían obtenido por respuesta una ceja alzada y un lacónico: "Tenía que comprobar que aun podías usar la lengua"; acompañado de unos poderosos brazos cruzados sobre el masculino pecho. Después de eso, y con una calma increíble el hombre simplemente le había tendido una mano para ayudarle a salir del agua, mientras murmuraba que las marcas eran inconsecuentes, una mera permuta en la forma de mostrar externamente el vínculo que tenían…y que personalmente, a él le parecían altamente preferibles a sus viejas cicatrices. Tiritando, Harry sintió una aguda, honda punzada de culpabilidad, peor que la mordida del agua helada en su piel. Aceptó la mano ofrecida. En su enojo ni siquiera había notado que las retorcidas marcas como de graves quemaduras que cubrían parte importante de la piel de Marvolo habían desaparecido. Solo entonces se percató de que bajo su flequillo ya no estaba tampoco su distintiva cicatriz…

Harry se relajó un tanto y trató con toda su voluntad de hacer el esfuerzo de reconciliar a Tom; el aun algo adolescente y carismático joven mago del diario, al amigo que le había dado tan buenos consejos y prestado su incondicional ayuda, con Marvolo; el bastante más adulto y cada vez mas recuperado secuestrador. Su aspecto había mejorado a pasos agigantados, después de tomar su sangre su nariz había crecido para ocultar las fosas casi por entero en solo dos noches, aunque parecía a medio terminar. Harry hacía aun más esfuerzos para ignorar que en algún momento del pasado, los dos, Tom y Marvolo, habían sido el futuro o el pasado de Voldemort. O lo que fuera. Todo era un tanto confuso. Era lo único que podía hacer para sobrevivir…y Harry era un superviviente, su gran capacidad de adaptación y flexibilidad, su natural maleabilidad haciéndole capaz de tolerar lo que otros hubieran encontrado insufrible.

Marvolo apenas le dejaba fuera de su vista…y Harry estaba seguro de que una pequeña tropa de elfos invisibles le seguía en la torre a todos lados. Las jarras de zumo y las bandejas con aperitivos que brotaban espontáneamente a su lado apenas se sentía mínimamente sediento eran la prueba. Cada vez que el hombre se acercaba –descalzo y silencioso como un gato- por detrás y le susurraba algo en voz baja haciéndole sobresaltarse, Harry maldecía y contaba interiormente hasta diez. No era su culpa si estaba algo tenso –¡Estaba desarmado y todo era muy raro!- pero sus reacciones parecían divertir sobremanera a Marvolo, que cada día recobraba más y más el aspecto físico de Tom, pero con una nueva, espectacular y rotunda madurez. No parecía tener para nada los casi 70 años que eran su edad real…ni siquiera los cuarenta y tantos que confesó haber aparentado justo antes…Incluso sus ojos, que habían sido afectados visiblemente por la fractura de su alma y adquirido una hipersensibilidad a la luz y un rojo casi albino, eran ahora de nuevo casi de su color original intensamente azul…con un increíble viso rojizo que los volvía de un atractivo y espectacular violeta.

La posesividad y el afán de estar con él eran algo que resultaba casi agobiante para el exadolescente. Pero Marvolo también era extrañamente tolerante, dispuesto a concederle cualquier cosa con contadas excepciones. Nada de contacto con el exterior y aun mantenía secuestrada por plazo indefinido y en paradero desconocido su varita. Cuando preguntó por la suerte de su lechuza, la trajo a las pocas horas en una jaula. Hedwig miraba con recelo y desconfianza al hombre y tenía las plumas erizadas, algunas fuera de sitio; pero estaba ilesa y con buen aspecto y en cuanto vio a Harry ululó frenética, intentado salir por entre los barrotes para reunirse con él. Nagini protestó por la intrusión aviar mascullando acerca de que no se habla con la comida y Marvolo la reprendió, haciéndola entender que Hedwig era la primera mascota de Harry y por tanto, debía ser respetada…y estaba por completo fuera del menú, en toda circunstancia. Si murmuraba que le apetecía dar un paseo…Marvolo le mostró que subiendo por la escalera del baño se llegaba a una especie de jardín cubierto situado inmediatamente por debajo de las almenas de la torre, con pequeños arbustos, y plantas que podían vivir con escasa luz e incluso un árbol con un hueco perfecto para alojar a un búho. Con los hechizos de expansión el lugar era de un tamaño aceptable para que Nagini vagabundeara o se escondiera en una pequeña charca, acechando a los -ya sentenciados a muerte- enormes conejos mariposa gigantes que pululaban por el lugar para su entretenimiento y disfrute. Cuando se quejó de que se aburría, le enseñó la enorme biblioteca situada en el piso inmediatamente superior a las termas y a la que se accedía a través una escalera situada en el despacho adyacente al dormitorio. Toda a su disposición. Tras meditar un momento, Marvolo había seleccionado un buen montón de libros y murmurado que esos debían ayudarle a entender mejor los conceptos básicos de la magia. Dudoso, Harry ojeó los títulos y pronto se encontró sumido en un tratado de transformaciones que era tan grande y pesado que no podía leerlo sobre su regazo…Por supuesto, un atril de lectura se instaló junto al diván solo por si le apetecía mas leer en él…

Era casi agobiante tener a alguien tan pendiente de él, pero al mismo tiempo conmovedor. Marvolo tenía un lado inusitadamente gentil, el que dejaba lo que estuviera haciendo y le dedicaba toda su atención para resolver una duda sobre el libro que estuviese leyendo; o se molestaba en enseñarle a usar correctamente los equipos de pesas y en darle las primeras nociones y lecciones de esgrima con espada. El que soportaba con resignada aceptación su súbito deseo de comer arenques. O bocadillos de jalea y mantequilla de cacahuete. El que aparecía cuando le llevaba en brazos a la cama y le arropaba o le cubría las piernas con una mantita cuando se quedaba dormido en el diván…

Se había llevado muchas más sorpresas. Entre Severus y Marvolo le habían explicado que Dumbledore le había estado controlando y vigilando prácticamente toda su vida. Los hechizos rastreadores y trazadores en Hedwig, su capa, el mapa, su baúl y su varita. El complejo y oscuro hechizo en su varita para informar del nivel y clase de sus hechizos, bordeando la ilegalidad y que solo usaban los Aurores para controlar a ciertos presos una vez cumplida su condena y solo si esa medida formaba parte del misma. La monitorización absolutamente prohibida fuera del uso médico hospitalario de su fuerza vital y el estado de su núcleo mágico. La compulsión para aceptar las palabras de Albus, las discretas lagunas de memorias borradas y perdidas para siempre de episodios de su infancia. Y de cómo se habían desecho de todo…salvo el que controlaba su estado vital, que había sido transferido a un paciente en muerte cerebral y al que estaban manteniendo con vida hasta el preciso momento de su cumpleaños. El testamento de sus padres, las propiedades, títulos y el dinero en Gringotts…Harry entendió entonces perfectamente las palabras de Severus…Si, era irónico pero…estaba mucho más seguro aquí. En las manos del que supuestamente era su enemigo mortal.

Harry se sonrió en su adormilado estado cuando Marvolo se alejó de puntillas tras dejarle cuidadosamente en la cama y acariciarle por un momento el pelo…No había sentido nunca que él le importase a nadie…mucho menos que le importase tanto a una persona como para que siempre tuviese tiempo para él…excepto Tom. Tom…que sugiriendo una diminuta, muy pequeñita vuelta de tuerca más en su férrea protección de sus posesiones, se aseguró de que nadie, ni siquiera los Dursley pudiesen tocarlas…ni a él tampoco. Se acomodó en la increíblemente suave almohada de plumas y esbozó una sonrisa traviesa recordando la cara de consternación y horror de su tía Petunia… y el aspecto casi apopléjico de tío Vernon... pero lo mejor, lo mejor de todo había sido la cara de traicionada incomprensión de Dudley…en su pequeño cerebro de cerdito no entraba la idea de que algo le pudiera ser negado. Mucho menos su derecho de nacimiento a machacar al rarito de su primo. Un verano increíble…Sus "parientes" habían aprendido tras unos cuantos incidentes en los primeros días que no podían tocarle…No si no quieran ser electrocutados. Eso había sido incluso mejor que su "liberación anticipada" cuando Marge anunció una visita inesperada. En su prisa por deshacerse de él, Vernon incluso le había dado una suma de dinero y mascullado con la vena de su sien palpitando peligrosamente que no se le ocurriera volver a poner los pies en su casa nunca más. ¡Encantado! Había sido todo un idiota creyendo que el mundo mágico se reducía al Callejón Diagón y Callejón Nocturn. ¿Cómo era que nadie nunca le había hablado de las Alamedas Norte, Sur, Este y Oeste? ¿O de la plaza de la Fontana? La posada del Kneazel Sonriente en Sendero Transversal era una base de operaciones excelente para explorar el distrito mágico y mucho más discreta para con su clientela. Y todo el tiempo del mundo para explorar…gracias a Tom.

Harry no podía dejar de sentirse cada vez más inclinado a ser…correcto y amable con Marvolo. Siempre era increíblemente atento, educado…y salvo insistir tajantemente en que Harry no podía dormir en ningún lugar más que en su propia cama - por supuesto- devorarle visiblemente con los ojos y cogerle a veces de la mano, acariciarle la barbilla o el pelo…no le había tocado en forma inapropiada para su alivio. Su pertinaz cercanía también tenía una explicación…estar cerca de él ayudaba a su recuperación y Marvolo quería estar en plena forma cuanto antes posible. El ojiverde sabía que Severus acechaba con ojos de halcón, espiando signos de incomodidad de su parte, listo para interceder en su favor si era necesario…aunque eso le colocase frente al el extremo erróneo de una muy peligrosa varita. Harry no volvió a quejarse.

Harry también había preguntado un día porque no usaba un bañador muerto de vergüenza y mirando para todos lados al verle deshacerse de la sencilla túnica negra de seda que le cubría para meterse con él en al agua de las termas. Marvolo estaba completamente desnudo bajo la tela y el hombre murmuró que los baños debían tomarse así, que eran mucho más placenteros estando completamente desnudo, y que su piel –extremadamente delicada, rosada y fina- aun estaba demasiado sensible para soportar el roce de un atuendo convencional y que incluso el pijama le provocaba incomodidad. La rudeza de la licra estaba fuera de lugar. Harry –en sus ahora repentinamente muy incómodos bóxers de algodón mojados- enrojeció como un tomate mirándole de reojo y apartándose hacia una esquina de la piscina, murmuró muy bajito que por él estaba bien mientras que se pusiera unos bóxers para dormir… Esa noche Marvolo se acostó en unos boxers negros de seda sin costuras … y Nagini decidió emigrar juiciosamente al diván.

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Había sido conmovedor para él que Marvolo entendiera y compartiera con él su pequeño ritual de permanecer despierto para esperar los primeros instantes que marcaban el inicio del día de su cumpleaños.

-Tenemos una pequeña fiesta prevista para después, pero eso no quiere decir que no puedas hacer esto también…

Murmuró el hombre, portando en las manos una pequeña tarta del tamaño de un plato llano y adornada con 15 diminutas y esbeltas velas blancas. Se habían sentado en el diván, contemplando los números del hechizo de cuenta atrás que Marvolo había conjurado sobre las brasas del fuego casi apagado. Marvolo le había cogido de la mano y apretado ligeramente cuando los números alcanzaron el 00:00.

-Feliz decimoquinto cumpleaños, Harry.

Y se inclinó muy lentamente a besarle muy leve y castamente la mejilla. Harry devolvió apenas el apretón. Y sopló las velas con suavidad. Suspiró con cierta melancolía –era increíblemente egoísta de su parte sentirse así, cuando por primera vez tenía a alguien junto a él, dispuesto a compartir algo tan emotivo- y susurró:

-Gracias.

Bajó la mirada, dejó que sus ojos vagasen por el cielo estrellado de fuera y murmuró muy bajito:

-Ojalá pudiera decirle a Sirius y a Remus que estoy bien…solo eso…aunque tuviera que obliviarles después…

Marvolo le pasó el brazo por los hombros y murmuró:

-Vamos, prueba un poco de la tarta… los elfos están deseando que les des tu opinión.

Un nutrido grupo de elfos muy limpios apareció rodeándolos y Harry reconoció a un par de ellos. Una de las más viejas elfinas se inclinó y murmuró:

-Joven amo, feliz cumpleaños.

Harry cortó una generosa porción de la tarta – parecía una finísima tarta de manzana pero realizada con ruibarbo- la sirvió en un plato y la probó. Estaba deliciosa, y la pequeña cantidad de crema aromatizada con vainilla contrastaba a la perfección con la acidez y el sabor del ruibarbo. Sonrió y susurró:

-Deliciosa. Muchas gracias.

Los elfos se deshicieron en reverencias, y Marvolo le quitó el tenedor a Harry para robarle un bocado del dulce. El hombre alzó una negra ceja y masticó antes de tragar y murmuró apropiándose del plato:

-Sorprendentemente refrescante… añadidla a las recetas habituales.

-¡Hey! Eso era mío!

Con una sonrisa arrebatadora, Marvolo se inclinó hacia él y murmuró:

-¿Y vas a denegarme el placer de compartirla contigo?

El tenedor lleno de dulce se alzó frente a su boca. Era una de esas incuestionables urgencias y demostraciones de posesividad o de afecto o lo que fuera. Y Harry suspiró resignado:

-¿Puedo al menos invitar a los elfos a probar su tarta?

Los ojos casi azules se volvieron violetas y el hombre murmuró:

-Por supuesto…es tu tarta.

Miró a la congregación de elfos y murmuró con una sonrisa:

-Me honraría que compartierais esta tarta de cumpleaños conmigo.

Los elfos volvieron a inclinarse, muchos de ellos con lagrimas en los ojos, pero sin estallar en exuberancias. El comportamiento en presencia de los amos estaba estrictamente regulado. Y uno de ellos porcionó milimétricamente la tarta y cada uno cogió un trocito y desaparecieron con una reverencia. Abrió la boca con paciencia y la sonrisa de Marvolo se ensanchó. Harry masticó el dulce mientras el hombre se tomaba otro bocado y le contemplaba con obsesiva intensidad.

Después de un rato de satisfacer la necesidad del adulto de mimarle de tan extraña manera, y de mirar en silencio el mortecino fuego, Marvolo produjo una gruesa, enorme carpeta de papeles y murmuró casi entre dientes que necesitaba que los firmara…sin hacer preguntas. Harry miró a los ojos violetas, que suplicaban en silencio y sin querer traicionar la ansiedad de su dueño y murmuró:

-¿Es necesario?

-No te lo pediría si hubiese encontrado otra forma, mi llygaid Gwyrdd. Te prometo que todo es por tu protección...

Harry dio un vistazo desganado a la carpeta, miró de nuevo a Marvolo y tomó la pluma de sangre ofrecida con un suspiro resignado, escuchando las advertencias del hombre sobre él uso de la misma. Después de darle un concienzudo remojo a su mano en esencia de murtlap, Marvolo le abrazó y murmuró que todo iba a salir bien y Harry se fue a la cama con Nagini, con ¼ de poción para dormir ya que Marvolo dijo que tenía que ocuparse de algunos asuntos muy urgentes antes de acostarse.

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Marvolo entró en su despacho, llamó a uno de sus más eficientes elfos y le dio una serie de instrucciones muy precisas. Con la carpeta de documentos y una fiera cara de determinación, la criatura desapareció con un casi silencioso plop. Con esa parte en camino, Marvolo descendió el largo camino a las mazmorras bajo los cimientos más profundos. Recorrió un largo y tortuoso laberinto de túneles, sin vacilar y llegó a una encrucijada que estaba justo al otro lado de las barreras de ocultación del castillo. Un lugar donde se había abierto un pequeño y diminuto resquicio en las poderosas barreras para permitir que la señal –distorsionada, débil e irregular- de los malditos hechizos de Dumbledore llegase a su autor…En un hueco excavado en la roca, sobre una camilla y conectado a un respirador mecánico y otras máquinas y con tubos de suero insertados en los brazos, yacía un cuerpo. Un anónimo squib, infortunado como para haber sido atropellado por un camión. Sus heridas, especialmente las lesiones cerebrales y medulares suponían la muerte inmediata, de hecho el cerebro estaba destrozado…pero la chispa de magia en él rehusaba dejar morir su cuerpo con esa facilidad…y el corazón continuó latiendo el tiempo suficiente para que los muggles lo conectasen a las máquinas. El sujeto ideal para transferir los hechizos de monitorización de Harry en su lugar…

Marvolo cruzó la barrera que permitía que las máquinas funcionasen y apagó uno a uno los interruptores. El pecho dejó de alzarse y en un par de minutos el monitor sin sonido que mostraba los irregulares latidos se convirtió en una tétrica línea plana… Con cuidado cubrió el cuerpo en una sábana limpia y dejó asomando la mano con una pulsera hospitalaria en su muñeca. Tocó el objeto con su varita y cuerpo, camilla y aparatos desparecieron, de vuelta al hospital donde hasta ese momento ocupaba su lugar una ilusión tan poderosa que los trabajadores creían haber realizado su trabajo y dejaban la habitación tras haber permanecido simplemente en pie varios minutos. La familia adoptiva muggle del joven recibiría su cuerpo…si se había tardado mucho en identificarlo se atribuiría un fallo informático o a un extravío del papeleó…

Reparó la pequeña fisura intencionada en las protecciones, revisó que todo estaba correcto y desvaneció cualquier rastro de la presencia del infortunado en el lugar, creando un pequeño y controlado incendio en el lugar. Regresó a su torre y procedió a ducharse escrupulosamente tras comprobar desde lejos que Harry dormía profundamente. El hedor a enfermedad se había adherido a sus fosas nasales, su ropa y su piel…No había tenido tiempo de acostarse aun, sentado en la esquina de la cama contemplando dormir al joven. Cuando uno de sus elfos apareció con leve plop y se inclinó hasta el suelo casi de inmediato, con cara de consternación.

-Amo Riddle, el profesor Severus ha llegado con dos extraños a la torre de contención. Un mago y un hombre lobo, ninguno de los dos está retenido y el Profesor está tranquilo.

Marvolo alzó una ceja - Severus había ido finalmente a meterse en el avispero del abejorro y regresaba con un buen botín de guerra- y murmuró sus órdenes. El elfo despareció. Se vistió con ligeros pantalones de seda y camisa de igual material, y se cubrió con una sencilla túnica negra. Unos mocasines de fieltro negro suavísimos. Se contempló en el espejo. Sus ojos violetas le devolvieron la mirada. El inusual color le complacía, era una exquisita fusión de sus ojos naturales de nacimiento intensamente azules …y los rojos que había adquirido después. La pupila aun conservaba la capacidad de reducirse a una rendija como la de una serpiente…todo dependía de su humor y voluntad. Retornó de la inesperada entrevista altamente complacido. Dos poderosos magos menos para el enemigo…dos nuevos aliados de incondicional lealtad para su propio bando.

Harry dormía plácidamente acurrucado con Nagini, y la serpiente, meneando levemente la cabeza ante su sonrisa feral y su olor, se escurrió protestando para reacomodarse en el diván, mascullando sobre que necesitaba el sueño para mantener vibrante el brillo y el color de sus escamas y que esperaba al menos una buena cabra como recompensa a sus molestias. Marvolo se acostó para descansar al menos unas horas…casi en el mismo lugar que ocupara la serpiente. Esbozó una leve sonrisa ladeada con las manos detrás de la nuca. Harry se removió y se acomodó, acercándose y deslizando una mano por su pecho, su cabeza viniendo a reposar sobre su pecho con un suspiro. Con cuidado dejó caer el brazo para sujetar ligeramente la espalda del joven, la otra apartando delicadamente los negros mechones de pelo. El cumpleaños de Harry parecía que iba a ser aun mejor de lo planeado…

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Harry despertó plácidamente, relajado y contento, y hundió la cara en su almohada…que vibró bajo él. Abrió los ojos y se encontró cara a cara con los maravillosos y arrebatadores ojos color violeta de Marvolo, que le contemplaba con una intensidad que le hizo tragar saliva. Harry no era idiota, había visto bastante como para saber que el brillo febril en esas pupilas era deseo…pero no de la clase que hacia sudar y jadear a Dudley, encerrado en su cuarto viendo ciertas películas de video…No, esto era algo con mucho más ímpetu, con tanta fuerza como para arrollarle una y otra vez…o hacerle volar en las alas del violeta huracán que asomaba en esos ojos…

-Buenos días y feliz cumpleaños Harry, mi pequeño llygaid Gwyrdd…

Tanta pasión y al mismo tiempo, tanto control en ese sedoso murmullo. Harry se mantuvo quieto en su posición –estaba bastante acoplado al costado del cuerpo masculino, una de sus piernas sobre los muslos del otro- y susurró muy bajito:

-Buenos días y gracias…Brenin Neidr…

Los ojos adquirieron un tinte más violáceo, y Harry se sintió como una gacela ante la mirada de un hambriento león. Su respiración se aceleró sin su permiso y un tinte rosado subió a sus mejillas… Marvolo sujetó firmemente entre sus dedos su barbilla, susurrando roncamente:

-¿Te das cuenta de lo que verte así, mientras te tengo entre mis brazos me hace sentir?

Aun mas ruborizado, Harry bajó los ojos y musitó muy apagadamente:

-Lo siento…no pretendía…

Se calló y tragó saliva de nuevo. El hombre sonrió ante la palpable confusión y nerviosismo, dejó ir una risa contenida y grave, y murmuró, deslizando el pulgar lentamente por la barbilla de su presa, alzándole levemente el rostro:

-Mi travieso faunlet…tan inocente y al mismo tiempo tan seductor…Ah…me temo que voy a arder, a entrar en combustión espontanea literalmente cuando decidas tentarme conscientemente…

Las mejillas de Harry estallaron en un rojo brillante y el muchacho se desligó con un gemido mortificado de sus brazos para huir en retirada estratégica al baño, entre más roncas risas de Marvolo.

Cuando el agua fría devolvió a su rostro un semblante de normalidad y su corazón dejo de saltar entre sus costillas, Harry se atrevió a regresar al dormitorio. Marvolo - ya vestido en una preciosa, suntuosa túnica informal unos buenos cms por debajo de las rodillas, confeccionada en damasco de seda negra con dos enormes basiliscos labrados en un gris verdoso oscuro y leves reflejos plateados sobre un fondo de runas en un discreto gris marengo- tenía dispuesto sobre la cama un conjunto de ropa. Los pantalones y camisa cuello mao negros eran de calidad, pero muy sencillos en diseño. Simplemente funcionales. Las acordonadas botas de punta levemente cuadrangular en acharolado cuero negro eran algo diferentes…bajo los pantalones parecerían suficientemente elegantes y aparentaban ser cómodas y flexibles al movimiento. Harry contempló la túnica -semilarga y cerrada por botones hasta un poco más abajo de la cintura- de damasco verde oscurísimo con un intrincado diseño geométrico romboidal en oro viejo. Bordado sobre la ya ornamentada tela, en la espalda que estaba expuesta a la vista, un grifo negro de alas suavemente doradas…Era un artículo de lujo, sin utilidad práctica, ni siquiera era una adecuada túnica para un evento formal, y diseñado para la pura ostentación…y Harry se enamoró inmediatamente de ella… Nunca había tenido nada igual…Aun tímido, Harry dio las gracias y se retiró al vestidor. Nagini siseaba a sus pies que le gustaba el brillo y el tacto de esas "nuevas escamas" y que estaba muy lindo y favorecido en ellas.

Marvolo le condujo por primera vez fuera de la torre. Harry había visto el diseño general en hexágono del lugar, la disposición militar de las defensas en torno al núcleo central - la torre - desde las balaustradas del jardín superior. Descendieron incluso por debajo del nivel de las termas, por una amplia escalera de caracol oculta que comenzaba en la biblioteca y que les dejó tras atravesar un largo corredor repleto de rastrillos y gruesos portalones en una planta que parecía contener las cocinas. Harry caminó contemplando los recios muros de piedra desnuda, ocasionalmente adornados por serpientes labradas, y se estremeció. Este lugar hablaba quizás de paranoia y sobre todo de guerra…

Continuaron caminando y llegaron a un saloncito, un comedor con espacio para acomodar con amplitud a 20 personas. Una mesa redonda con espacio para al menos 8 comensales estaba festivamente dispuesta con un abundante brunch y una hermosa tarta de ruibarbo con "Feliz cumpleaños Harry" escrito en sirope de fresa presidía el centro de la mesa. Y tres hombres aguardaban en un pequeño corrillo al fondo. Pero Harry no tuvo ojos para nada, ni siquiera para Severus y dando un gritito de alegría se lanzó en los brazos de un igualmente excitado y apenas reprimido Sirius y un animado Remus. Sirius dilató los grises ojos y espió por el rabillo del ojo la cara de Remus. La sonrisa feroz de su amigo al abrirse las puertas fue suficiente para confirmar la identidad del elegante joven que acababa de entrar escoltado por un impresionante Lord, el inesperado parecido con alguien fallecido dolorosamente visible. Sirius osciló bajo el impacto inesperado de su ahijado …y los dos cayeron al suelo cuando Remus se les unió.

Marvolo casi tuvo que sentarse…la mezcolanza y la intensidad de las emociones de Harry era mareante. Miró con una ceja algo alzada a Severus y este se encogió de hombros, moviendo la boca sin sonido para formar una palabra: "Griffindors". Suspiró y apoyó la barbilla en una de las manos, el otro brazo cruzado en el pecho, contemplando el espectáculo con el ceño fruncido …deseando que Harry le dedicase a él una bienvenida siquiera un poquito afectuosa…

Entre muchas lágrimas de alegría, olfateos, miradas incrédulas, sollozos y murmullos entrecortados, los tres se pusieron al día, y Harry se fue calmando lentamente. Remus tenía bastante buen aspecto, un tanto pálido, y estaba vestido en una elegante túnica de color casi broncíneo, con profusos bordados negros. Sirius estaba ojeroso, pero recién afeitado y vestido en ropas igualmente lujosas, una túnica de color burdeos con tantos bordados en seda negra que era difícil ver el color de fondo. Con un susurro casi ahogado, Harry murmuro expectante, esperanzado pero al tiempo resignado a lo que era inevitable:

-¿Os ha…marcado?

Sirius denegó y murmuró abrazándole una vez más para susurrar en su oído:

-Y aunque lo hubiera hecho…hubiera valido la pena, Harry…Haríamos cualquier cosa, cualquiera, por la oportunidad de estar contigo…

Remus asintió firmemente, la nariz hundida en el cuello del muchacho y aspiró, pensando: "El mejor olor del mundo, salvo tal vez…" Sonrió con cierta complacencia, calmado y feliz, en paz consigo mismo…sorprendentemente. Harry se levantó, ayudado por ambos hombres y se giró a Severus, que le contemplaba con cierta estoica y marmórea rigidez. Sonriendo, Harry avanzó y le abrazó fuertemente murmurando las gracias efusivamente una y otra vez. Con una inmensa satisfacción, Severus rodeó el esbelto cuerpo del joven y se recreó en el anhelado contacto, disfrutando de él.

Harry volteó la cabeza aun en el sorprendentemente cariñoso abrazo de su exprofesor y encaró desde su posición al único adulto restante. El muchacho se giró lentamente, abandonando poco a poco los brazos de Severus, apretando los puños con el ceño fruncido. Los ojos verdes estudiaron con atención la expresión de Marvolo: el hambre en sus ojos, la cuidadosa y elegantemente fingida indiferencia. Quizas podía ocultarse de otros, pero no de él…Marvolo vaciló un instante y miró fugazmente a Severus, que alzó una ceja y denegó. El imponente Lord sostuvo la mirada de líquida esmeralda y por el rabillo del ojo vio esbozarse una taimada sonrisa ladeada en el rostro de Remus. Harry avanzó, pasos seguros y cadenciosos, ganando impulso sin dejar de mirar a Marvolo, que por un instante pareció más pálido. Los ojos del joven no dejaban de asaetearle, y por una vez…Marvolo no recibía el usual asalto de emociones, solo una contención calculada…y por lo tanto, estaba un poco incierto del estado de ánimo del muchacho que apretaba los puños contra los costados. Harry ladeó apenas la cabeza, y le golpeó con un índice acusador en el pecho, exclamando en un jadeó contenido:

-Y tú…-los ojos verdes centellearon y Marvolo tragó saliva- tú…¡Tú realmente quieres hacerme feliz!

Harry le abrazó sorpresivamente, echándole los brazos al cuello y murmuró en su oído:

-Gracias Marvolo, tenerlos aquí significa mucho, mucho para mí. No podías haberme regalado nada mejor.

Remus se tapó la boca, conteniendo una risita. Severus esbozó una media sonrisa y Sirius se quedó boquiabierto, la mandíbula desencajada en una mueca de completo pasmo. Una cosa era oír de boca de Severus como estaba la situación…y otra muy distinta verlo con sus propios ojos. Tentativamente y despacito, Marvolo cerró los brazos tras la espalda de Harry y se relajó en el inesperado abrazo. Con un carraspeo casi inaudible e inclinando levemente la cabeza para sisear más directamente en el oído del joven Marvolo:

-Lo sé… Pero el crédito debe ir en gran medida a Severus que es el que decidió exponerse para aproximarse a ellos. Yo solo…eh… les he permitido quedarse en mi casa…

Harry alzó la mirada al atractivo rostro de Marvolo sin deshacer el abrazo, inclinándose levemente hacia atrás, incrementando la presión en la parte baja de sus cuerpos y sostuvo sus ojos. El hombre notó la cálida turbulencia de emociones permear todo su ser, a duras penas distinguiendo ya de quién eran.

-Y te agradezco enormemente que les hayas dado ese privilegio…y aun más, mucho más el que no les hayas marcado…

Harry se empinó levemente sobre las puntas de los pies y depositó un suave y apenas perceptible beso en la bien afeitada mejilla del hombre. Las manos de Marvolo apretaron apenas su agarre en la cintura del joven, para relajarse con visible esfuerzo segundos después. Sirius tenía los ojos tan abiertos que parecían ir a salírsele de las cuencas y palideció hasta hacer una decente imitación de un fantasma. Remus ladeó con curiosidad la cabeza, olfateando con cierto disimulo pero no muy alterado por la singular estampa. Severus tuvo que reprimir las ganas de frotarse las manos de satisfacción…Con el buen juicio y raciocinio de su Lord de nuevo en uso, las atenciones y afecto demostrados para con Harry estaban siendo más que fructíferos en ganar su corazón…a juzgar por el abrazo y el beso.

Harry salió del cerco de los brazos de Marvolo, contemplando el intenso color de sus ojos, mucho más violáceos y se encaminó de nuevo a la mesa. El hombre tras un segundo de parálisis, avivó el paso y se adelantó a ofrecerle con gentileza y cortesía una silla. Algo sonrojado, Harry se sentó y no protestó en absoluto cuando el hombre alisó sus ropas con un toque de varita o recolocó su colgante bien visible sobre las magníficas túnicas con dedos gentiles. Sirius entrecerró los ojos y fue a decir algo, pero Severus le puso una mano firme en el muslo y aunque irritado, el joven aristócrata mantuvo la boca cerrada. Marvolo se sentó dejando a su derecha al joven y los demás tomaron asiento con más o menos prontitud en el lado opuesto de la mesa, Remus vacilando solo un poquito antes de elegir sentarse a la izquierda de Severus, cediendo el lugar preferente junto al Alpha a Sirius. La comida se llenó de conversaciones más o menos animadas, con las risas de Harry intercaladas al oír el relato del desdichado desahucio forzoso de la Orden del Fénix. O las extravagancias de Kearcher…

Ni Sirius ni Remus habían podido comprarle un regalo y Harry les aseguró que tenerles con él era más que suficiente. Severus le tendió con cierta brusquedad un pequeño paquete y Harry abrió el envoltorio con curiosidad. Un grueso tomo sin título encuadernado en negro. Harry abrió la cubierta con curiosidad y encontró una anotación manuscrita en la contraportada. Alzó las cejas y ojeó unas cuantas páginas, notando la cantidad de anotaciones y comentarios inscritos en márgenes y espacios en blanco.

-Gracias Profesor. Es un privilegio que me deje usar esta copia de sus libros de pociones y sus mejoras.

Con algo parecido a una sonrisa, el hombre murmuró:

-Severus, que ya no soy tu Profesor ni trabajo en Hogwarts.

Harry agitó una mano, desechando la idea y murmuró con una sonrisa ladeada:

-Pero espero que aun quiera hacerse cargo de un caso sin remedio como el mío…

Con visible sorpresa el adusto hombre murmuró:

-¿Después del desastre de Hogwarts…quieres que yo te enseñe pociones, Harry?

Con una cara de inocencia absoluta el joven asintió y dedicó una miradita a Marvolo.

-Sí. Además, él me prometió que podía pedirle cualquier cosa…-durante la breve pausa en la cual los ojos violetas fijaron toda su atención en los casi negros de Severus no se escuchó ni el aleteo de una mosca- Si he de aprender, que sea con el mejor, Profesor.

Severus parpadeó; ignorando la orden no pronunciada de su Lord y tomando el inusual cumplido a su ego como si fuese un raro y desconocido ingrediente que podía estallarle repentinamente en la cara si no era cuidadoso en su manipulación; y con cierta vacilación, tras un instante de duda, sonrió abiertamente y susurró visiblemente complacido con una pequeña inclinación de cabeza:

-Será todo un placer.

Harry le dedico una sonrisa brillante al pocionista y Marvolo contuvo las ganas de reír. Mh…Un inteligente uso de la proverbial zanahoria en detrimento del palo… Su pequeña y astuta serpiente tenía al arisco Severus literalmente comiendo de su mano…Al menos su idea para un regalo adecuado parecía que no iba a ser rechazada…terminaron la comida con un pequeño paseo por algunos de los recintos amurallados del segundo círculo, convertidos ahora en abiertos jardines, huertos o invernaderos. Harry relucía de alegría, y contagiado, Sirius acabó convirtiéndose en su alter ego canino y ladrando locamente en medio de brincos en torno a él. Los elfos les sirvieron un aperitivo y bebidas refrescantes cuando se sentaron cerca de un macizo de aromáticas y Harry agradeció el helado zumo y los sabrosos sándwiches. La excursión prosiguió avanzando por el desierto lugar, recorriendo los patios y corredores de la ciudadela interior y finalmente retornaron al comedor para una bien merecida cena a la que incluso Nagini se sumó.

Tras la comida los elfos trajeron una decoradísima tarta de cumpleaños y Harry sopló las velas. Los elfos sirvieron champan y porciones de tarta y Marvolo alzó su copa, en un brindis por Harry que fue prontamente secundado. Marvolo sonrió ante el embarazo y la alegría de su joven belleza de ojos verdes…y todo lo que había costado poner esa chispa en su rostro era unas simples tartas y una copa en su honor… Dejando la casi completa copa en la mesa y contemplando el sonrojo de placer y vergüenza que se había instalado en las mejillas del ojiverde, Marvolo se aclaró la garganta:

-Harry…hoy cumples eh…oficialmente quince años. Es una edad importante en nuestro mundo. A esta edad, comienzas a tener algunos de los privilegios y obligaciones que derivan de la edad adulta. Si cometes un delito muy grave, y un comité de expertos decide que eres lo suficiente maduro mentalmente…te juzgarían como a un adulto. Tienes derecho a prometerte con la intención de contraer matrimonio, pero solo puedes casarte con el expreso permiso de tus padres o tutores. También puedes elegir emanciparte legalmente, presentando una solicitud puesto que eres el último descendiente de tu familia. Y si has dejado un testamento…este no puede ser legalmente contestado…

El mago tomó un sorbo y se levantó:

-Harry…lo que quiero decir es que…a esta edad…muchos jóvenes no desearían lo que voy a ofrecerte…

Suspiró y murmuró:

-Te…arrebaté a tus padres…y quiero ofrecerte la posibilidad de elegir uno nuevo…

El ambiente festivo del pequeño salón se evaporó y hasta Nagini alzó la cabeza de su fuente de bocaditos de carne –solo ligeramente cocinados por fuera para no ofender a los humanos- con cierta sorpresa.

Harry parpadeó – "¡Estoy alucinando, seguro!"- y giró los ojos al otro lado de la mesa. Tres pares de ojos con diversos grados de sorpresa y estupor le devolvieron la mirada y Harry carraspeó, tratando de hacer funcionar sus paralizadas cuerdas vocales.

-Mhh…eh…esto…no es que no aprecie la intención, pero…¿No sería una adopción…deshacer todo el trabajo que ha costado fingir mi muerte?

Marvolo se deslizó elegantemente de su silla, hincó en el suelo una rodilla ante él, le cogió las manos y las puso gentilmente sobre su otra pierna y murmuró:

-Olvídate por un momento de todo eso, Harry. Si no importara en absoluto…si pudieras elegir con el corazón…¿Querrías tener un padre…un padre de verdad?

La intensa mirada de anhelo y nostalgia en los ojos verdes fue suficiente respuesta para todos y Marvolo murmuró, alzando una mano a rozar su mejilla:

-Entonces escoge, porque he de otorgarte tu deseo, mi pequeño llygaid Gwyrdd…

Harry se mordió el labio y desvió la mirada llena de dudas a sus invitados. Era sin duda un gesto simbólico solamente, pero aun así…Murmuró, esbozando una sonrisa:

-No puedo… los tres son importantes para mí…aprecio la intención detrás del gesto, pero no puedo señalar a uno para excluir a los otros…

Marvolo le giró la cabeza y siseó haciéndole mirarle:

-Harry…es cierto, realmente puedo hacer que uno…quizás dos de ellos sean tus verdaderos padres…

El muchacho boqueó y Marvolo continúo hablando muy suavemente:

-…inicialmente solo pensaba en Severus, pero con las novedades de esta noche…Sirius podría ser también. Lo siento Remus, se que los tres veis a Harry como un hijo, pero no lo veo posible en tu caso…la decisión es tuya Harry…

Harry tragó y casi sin aliento susurró, volviendo los ojos a los otros:

-¿Podríais…compartirme? ¿Todos? Remus…te importaría ser…mi padrino o algo así?…

Remus sonrió y asintió vivamente. El lobo no necesitaba tener lazos de sangre con el cachorro para considerarle suyo. Pertenecía a la manada …y eso era suficiente. Severus y Sirius se miraron e intercambiaron una intensa mirada. Sirius sonrió de oreja a oreja y Severus afirmó. Con ojos centelleantes, Harry miró expectante a Marvolo y este le acarició de nuevo la mejilla:

-Mi ambiciosa serpiente…te prometo que tendrás lo que quieres…

TMR&HP

Harry no podía callar de impaciencia esa noche, preguntando incesantemente como un niño de tres años. Marvolo gruñó exasperado –y cansado- y masculló:

-¡Duérmete de una vez! Ya lo veras mañana.

Cruzando los cruzados brazos sobre el pecho, pero decidiendo que irritar más al hombre no era productivo, el joven se sumió en una enfurruñada observación del dosel de la cama. Marvolo intentó dormir, pero las emociones de Harry eran tan intensas que era imposible…Tras veinte minutos más de tortura, se sentó frustrado en la cama y le dedicó una mirada de absoluta desesperación:

-¡Harry! Haz el favor de calmarte. Así es imposible dormir.

El joven se apoyó en un codo y le miró con curiosidad, por encima del mar de brocado y sábanas de seda que les separaba, susurrando cauteloso:

-He estado callado…

Marvolo se pasó la mano por el pelo y susurró:

-Es un…efecto secundario de nuestra conexión…puedo percibir tus emociones. He estado usando una forma de Oclumencia para evitar que mis propias emociones te afecten…pero no puedo bloquear sino hasta un cierto punto las tuyas…

El joven alzó apenas una ceja y el hombre admitió a regañadientes:

-No quería contártelo aun Harry…no quería abrumarte con algo que realmente es inevitable, pero ahora mismo me están impidiendo dormir…

Los ojos verdes contemplaron curiosos al otro, y tras un ratito murmuró:

-No me hago a la idea de lo que dices…¿podrías dejármelo sentir?

Marvolo suspiró y muy lentamente aflojó un poco la barrera sobre en sus propios sentimientos. Harry dilató los ojos, abrió la boca y adoptó un aire curiosamente pensativo…aunque algo confuso también. Tras un rato de contemplación murmuró:

-Ya veo…No te cierres por completo, Marvolo…tus emociones son muy hermosas. Considéralo un regalo para mí…

Los ojos violetas se iluminaron de sorprendida calidez y el hombre se inclinó alargó la mano y le ordenó un rebelde mechón de pelo murmurando:

-Antes, en la fiesta…por un rato, justo antes de abrazarme…se aquietaron mucho…

Harry sonrió, inspiró, espiró y trató de relajarse conscientemente, ordenando sus ideas y su mente. Tom le había enseñado algunos ejercicios básicos de meditación…y daban su fruto. Marvolo recolocó lentamente otro mechón y murmuró:

-Creo que esto ya puedo manejarlo… Buenas noches mi pequeña serpiente.

Harry susurró su respuesta, se tumbó y volvió a contemplar el dosel tratando de evadirse, perderse en la infinita trama de sus simétricos arabescos. El cosquilleó ahogado en el fondo de su mente de las emociones de Marvolo se mezcló a la imparable excitación al pensar en que iba a tener unos padres, ¡Unos padres de verdad! El agradecimiento le estalló entre las manos. Harry cerró los ojos, controlándose, suspirando y trató de identificar las emociones de Marvolo, como si contara ovejas. Su imagen mental se convirtió en un prado con un rebaño de ovejas muy curioso…unas eran corderitos que triscaban alegremente; otras ovejas hechas y derechas blancas, negras, marrones o manchadas…y otras, en fin…ni siquiera eran ovejas sino lobos disfrazados de ovejas... Harry sonrió adormilado… y se imaginó poniendo a cada una un lindo lacito. Grandes, pequeñas, blancas o negras, lobo u oveja…todas eran suyas…todas. Y poco a poco…el sueño les venció a ambos.