Capítulo 12: Perdón.
Estaba empapada de pies a cabeza, caminando sin dirección alguna, sólo sabiendo que tenía que alejarme de allí y completamente conciente de los gritos de TK, que me pedía que regresara al auto.
- ¡Kari! ¡Por favor, déjame explicarte!- exclamaba. Su voz parecía casi un alarido desesperado.- ¡No es lo que parece, lo juro!
Traté de ignorarlo, pero sus palabras retumbaban en mis oídos. Aún así, seguí caminando, con la cabeza en alto. Si había algo que no podían arrebatarme era mi orgullo.
Un ruido como de chapoteo me indicó que TK corría detrás de mí. Pronto sentí su mano en mi brazo. Me giró hacia él y su cara quedó a tan sólo unos centímetros de la mía. Estaba tan mojado como yo, sus cabellos negros le chorreaban sobre la frente y los ojos, con los que parpadeaba constantemente para que no le entrara agua. La ropa se le había pegado al cuerpo, le colgaba pesada en los brazos y piernas.
No quería mirarlo a los ojos porque sabía que me haría flaquear. Accedería a cualquier petición que él… no, tenía que ser fuerte. Ese hombre me había mentido, en todo sentido. Después de todo yo no era tan diferente a la amante de Joe. TK era casado. Esa última frase se repitió en mi cabeza como un eco. TK era casado. Casado, casado, casado.
- Por favor, Kari…- comenzó, suplicante.
- No me vengas con excusas, TK. Todo este tiempo, todo lo que dijiste, lo que hiciste, fue todo una farsa. Te creí, pensé que eras sincero, que me querías de verdad y que…- grité, pero él me interrumpió.
- No, fui sincero con eso. De verdad te quiero.- susurró, acercándose aún más a mí, de modo que podía sentir su respiración en las mejillas.- Te amo.
- ¡Basta!- espeté, soltándome de él con violencia.- No digas más mentiras. ¿Cómo puedes…?- me quebré como un dique que contenía un inmenso río de lagrimas. El llanto fluyó libremente y me sentí desesperada como nunca en mi vida.- Yo jamás te mentí. Te conté todo de mí, no te oculté nada. No te conocía y fui sincera, te dije lo que pensaba, lo que sentía. Creí que estaba hablando con un amigo, con alguien que podía contenerme. Alguien de quien era muy posible enamorarme.
Nos quedamos callados. Él me miró muy fijo. Supe que estaba llorando, a pesar que era casi imposible distinguir las lágrimas de la lluvia.
- No me digas que me amas. Si eres capaz de mentir así, entonces no creo que seas una persona que sepa lo que es amar, TK.- repliqué tristemente.
- Lo siento. No pude evitarlo. No pude.- me tomó la cara entre las manos y apoyó su frente en la mía, mientras sollozaba.- Te vi y me pareciste tan hermosa, tan frágil… sólo pensaba en abrazarte y en besarte. Al principio me dije que no era posible, porque aún estoy casado con Catherine.- tragó con dificultad y continuó.- Estamos en trámites de divorcio. Si no me crees, podemos llamarla, ella con gusto te aclarará todo. Es una excelente persona, pero hace tiempo que todo acabó. La quiero, sí, pero el amor se extinguió. Seguimos juntos por los niños, pero hace unos pocos meses tomamos la decisión. Debemos ser felices y así nos estábamos matando mutuamente. El anillo es algo que llevo conmigo siempre, en recuerdo de alguien muy querido. Es lo mismo que un dibujo de Jacob que tengo en mi maleta o un muñeco viejo de Joey, con el que jugaba siempre de bebé. Imagínate que viajo mucho y los extraño, porque estoy muy poco con ellos. Lo mismo me pasa con los amigos, que es precisamente lo que Cathy es. Por favor, dame la oportunidad de reparar mis errores.- se puso de rodillas sobre el pavimento, sin importarle el agua que se acumulaba bajo sus rodillas.- Por favor, dime que me perdonas. No volveré a ocultarte nada, a mentirte. Por favor. Te amo, te amo mucho.
Me quedé helada, mirándolo. No sabía qué decirle. Por un lado mi cabeza me aconsejaba que no lo perdonara tan fácilmente, pero mi corazón me gritaba que lo abrazara, que lo besara. Lo vi como desprotegido, allí en el suelo mojado. Ambos estábamos temblando, el agua nos congelaba hasta los huesos. Yo también lo amaba, pero ¿qué debía hacer?
- TK, ¿cómo puedo estar segura de que no volverá a pasar? ¿Cómo podría confiar en ti?- pregunté apenada por mis dudas.
- Si mi palabra de honor no es suficiente para ti, entonces te demostraré cada día de tu vida lo mucho que te amo, lo mucho que me importas. Cada mañana al levantarte te encontraras una nueva prueba de mi amor. ¿Bastaría eso?- inquirió.
Sus ojos eran honestos. Podía leerlos como el leía los míos. Le tendí una mano y lo ayudé a levantarse. Lo abracé con toda la fuerza de mi ser y él apoyo su cabeza en mi hombro, que sentí calida a pesar de frío y la lluvia. Le sonreí.
- No necesito más que tu palabra. No quiero que me pruebes tu amor todos los días, no me hace falta. Sé que ahora no estás mintiendo, y sea cual fuera la razón por la que me dijiste que no estabas casado, no me parece tan grave si podemos estar juntos.- respondí y enseguida lo besé, sintiendo que necesitaba el tacto de sus labios tanto como el aire.
Me besó con tanta intensidad que pensé que si dejaba de besarme, moriría. Parecía volcar en ese beso lo que había sentido en esos últimos minutos, toda la angustia, la desesperación, y reflejando también mis sentimientos.
- Lo hice porque pensé que si te decía la verdad jamás te acercarías a mí de esta manera. Muchas veces quise confesártelo todo, pero temí que te enfadaras. No tuve valor y lo reconozco.- dijo, abrazándome con fuerza, calentándome con sus brazos.- Y, a pesar de los problemas que nos trajo, disfrute mucho esa noche en que hicimos el amor. Se que no fue lo ideal, pero…
Yo reí. Comenzamos a caminar hacia el auto lentamente, tomados de la mano.
En ese momento todo lo que pude pensar era que finalmente mi vida estaba encaminada. Estaba muy segura de que TK no volvería a engañarme y yo lo amaba. Ese viaje había sido un regalo del cielo para mí, cuando creía que lo había perdido todo. Ahora sabía que, en realidad, había ganado más de lo que jamás hubiese imaginado.
Fin.
...
