Katsuki besaba con fuerza y lujuria la boca de la morena que estaba recostada a su lado, tenía una de sus grandes manos en la nuca de ella y la otra pasó del cuello a su cintura, tocando esa piel tan suave, sentía que en cualquier momento se le saldría una explosión involuntaria por el descontrol en su mente.
Apretó un poco más el agarre en la nuca de Ochako, acercándola con más fuerza hacia él y gruñendo antes de besarla con más fuerza y subiéndola encima de él, pasando a rozar su parte íntima y haciendo que el rubio perdiera cada vez más el control.
Uraraka pasó uno de sus brazos por el cuello del chico y el otro lo pasó por su gran espalda, apretando un poco con sus uñas.
Bakugou se sentó en la cama con la chica aun encima de él, y la mano que tenía en su cintura la empezó a subir por su torso, bajo la polera que usaba de pijama, pero al hacer ese contacto, la morena le dio más agarre a su abrazo y el rubio volvió a gruñir.
Supuso que con ese agarre fuerte que le dio la chica, le estaba dando permiso para subir más su mano y alcanzar uno de sus pechos, no entendía como, cuando eran compañeros de curso jamás imagino que la pequeña cara de ángel, que no contaba con un gran cuerpo, se convertiría en la delgada mujer de grandes curvas que era ahora.
Tomó y jugueteó con uno de los pechos de ella, haciendo que soltara pequeños chillidos, algo que le causo gracia, riendo en medio del beso que los unía.
—¡Kacchan! ¡No te reías! —Dijo ella, mirándolo con su cara sonrojada, algo que a Katsuki le parecía muy tierno y sexy al mismo tiempo.
Sonrió y la volvió a besar con fuerza, tomando su labio inferior en el acto, casi sintió que se lo había roto, pero en ese momento poco le importaba.
Se puso de pie, tomando a Uraraka con él y la lanzó a la cama, la miro bien, de pies a cabeza y sintió como su miembro palpitaba bajo sus boxers, así que se puso encima de ella y empezó a besar su cuello.
—¡K-Ka-Kacchan! ¡No! ¡Deja de… Deja de hacer eso! —Escuchaba decir a la guapa morena con la que se encontraba, ella le tomaba la cabeza para que dejara de besar su cuello, pero escucharla con tal éxtasis en su voz lo obligaba a hacer todo lo contrario.
Se separó de ella solo para quitarle esa maldita polera que los separaba de sentir sus cuerpos y de inmediato tomó el otro pecho de Ochako y lo beso, acomodándose de nuevo sobre ella, pero esta vez ambas partes íntimas se podían sentir por encima de la ropa interior.
Bakugou gruñó y tomando el cuello de la morena, la acercó para volver a besarla, sentía que iba a explotar en cualquier momento y ver la cara que tenía Uraraka no ayudaba en nada.
Bajó su mano para acariciar la zona baja de la morena, haciéndola temblar al contacto, dándose cuenta de lo húmeda que estaba, algo que le encantó.
—Ura-raka… —La llamó en medio de su beso.
—K-Kacchan, no.
Jugó con la parte de Ochako, haciendo que esta frunciera el ceño y cerrara los ojos con fuerza, e instintivamente bajara su mano para tocar el miembro del rubio.
Bakugou sintió las frías manos de la morena por encima de sus boxers.
—Ura-raka, t-tienes las manos f-frías. —Le decía el chico, ya no aguantaba más.
—Ka-Kacchan…
Ya no aguantó más y cuando tomó las bragas de la chica sintió como un sonido entraba por su ventana.
—¿Qué rayos? —Se preguntó el rubio.
Pero el sonido volvió a resonar en su habitación, haciendo que todo se pusiera cada vez más borroso.
—Kacchan… —Escuchó la voz de la morena lejos, la miró y ella le tomó la nariz. —¡DESPIERTA! —Le gritó.
Katsuki no entendía nada, pero al segundo Ochako volvió a tomarle la nariz, volviéndole a gritar.
Todo se puso cada vez más borroso y de pronto una luz le molestó en la vista.
Empezó a abrir los ojos lentamente.
Todo fue un sueño.
Un tonto y maldito sueño.
UN TONTO, MALDITO Y DESGRACIADO SUEÑO.
—Ehh… ¿Kacchan? —Susurró la chica a su lado.
Bakugou casi saltó del susto si no se hubiese dado cuenta de que estaba muy abrazado de la morena en la cama, tenía uno de sus brazos por debajo de su almohada y el otro abrazaba a Uraraka por la cintura, apegándolo a él.
Pero el detalle era que ella solo llevaba su pijama y él estaba en boxers.
¿Cómo mierda se había acostado en boxers? ¿Acaso se había vuelto loco?
Pero no recordaba haberse quitado la ropa, ni siquiera recordaba cómo había llegado a su casa… ¿Acaso estaba muy, muy, muy ebrio, tanto que no recordaba nada?
—¿Kacchan? —Habló un poquito más fuerte.
Había olvidado que ella lo estaba llamando.
—Hm. —Un gruñido fue todo lo pudo responder.
—Kacchan, ehhh… ¿Abajo?.
Le costó un momento entender, ¿Abajo? ¿A qué se refería con eso?
De pronto lo captó, solo un pequeño movimiento de cadera, alejándose, por parte de Ochako bastó para que se diera cuenta de que su miembro estaba levantado, pero ¡Vaya que estaba grande!
La subió toda la sangre a la cara después de que se había puesto más pálido que el blanco, ¡¿Por qué mierda le pasaba eso a él?!
Se paró casi en medio segundo, con humo saliéndole por las orejas, tomó una toalla rápido y se fue casi corriendo al baño.
Uraraka estaba casi tan roja como Katsuki, sabía que no sería buena idea dormir así, pero en el fondo le divertía todo lo sucedido, rio un poco por lo bajo y se sentó en la cama, aun sintiendo un cosquilleo en su espalda, el mismo que sintió cuando Bakugou la tomó por la cintura y la atrajo hacia él, el mismo que había tenido después que al acercarse más, sintió la parte íntima del rubio, ese mismo cosquilleo era el que sentía.
Tomó un short y una polera, afuera hacía frío, quería ponerse pantalones, pero solo tenía unas faldas y un short que pudo rescatar de su antiguo trabajo, tenía que ir de compras y hoy era el día, así que debía hablar con su amigo explosivo para que la ayudara.
Katsuki por otra parte solo pensaba en evitar a Ochako por el resto de su vida.
Había pasado la peor vergüenza del mundo y para empeorar todo, ¡Estaba soñando con ella misma!
Maldito sueño, maldito subconsciente, maldita cara redonda, ¡MALDITO TODO!
Estaba harto.
Dio el agua fría de la ducha, necesitaba despertar como nunca, se metió a la fría agua, la odiaba, sentía como su quirk se debilitaba.
Estuvo un rato ahí, despejando su mente. Salió de la ducha y se secó un poco el cabello mientras se miraba al espejo, tenía que entender qué le estaba pasando.
Se enrolló la toalla a la cadera y abrió un poco la puerta, mirando bien antes de salir, su misión era evitar a la cara de ángel fuese como fuese.
—¿Qué miras Kacchan? —Preguntó la morena, asomándose frente al pequeño espacio que el rubio abrió de la puerta, asustándolo.
—¡AAAAHH! ¡MALDITA CARA REDONDA, TE PATEARÉ EL TRASERO! —Le gritó mientras se tiraba hacia atrás por inercia del susto.
—¡Oye, nadie me pateará el trasero! —Le dijo enojada. —Necesito que me prestes dinero. —Terminó de decir, apoyando sus manos en cada esquina de la puerta, bloqueando el paso de la puerta.
—¡No jodas cara redonda, déjame salir si no quieres morir! —Le gritaba, nuevamente con toda la cara roja.
—¡Vamos! Prometo que te la pagaré. —Dijo, sacando las manos del marco de la puerta y acercándose al rubio. —Necesito ropa para abrigarme.
—¡AAAHH! ¡No te acerques! —La dijo, ahora poniéndose de pie y acomodando sus manos frente a él, a la defensiva. —¡Te daré el dinero, pero fuera de mi camino!
—¡Qué te pasa! No te haré nada.
—¡Eres una tonta cara de ángel, eso me pasa! —Dijo y avanzó, moviendo de un ligero empujón a la morena que ya estaba casi frente a él, y a paso rápido, casi corriendo, entró a su habitación cerrando la puerta de un portazo.
Ochako no entendía lo que le pasaba a Bakugou, pero decidió dejarlo solo, quizá tenía resaca, y lo entendía porque ella también estaba con resaca.
Katsuki quería explotar, estaba en su habitación y se puso su ropa, unos pantalones, botines, una polera y una camisa de franela, afuera hacía frío y definitivamente no estaría en casa con Uraraka, claro que no, debía hablar de esto con alguien, pero el día anterior había hecho explotar su celular así que no tenía como comunicarse con su amigo.
No había otra que ir a verlo.
Salió de su habitación, mirando hacia ambos lados antes, camino lento, no quería que la morena se le tirará nuevamente encima.
Todo iba bien hasta que la vio, ella estaba sentada tomando un café en la cocina, tenía una manta encima y el rubio notó como la piel de sus piernas de ponía de gallina por el frío.
Había olvidado que le había pedido dinero prestado, le dijo que era para comprar ropa, se sintió un poco mal, la chica ya no tenía su ropa por culpa del accidente, solo tenía esos trajes raros de cuando era stripper.
—Oy, cara de ángel. —La llamó.
Ella lo miró, estaba perdida en sus pensamientos y no se había dado cuenta que él estaba ahí, de pronto sintió como algo le caía encima.
—Kacchan, ¿Qué haces? —Preguntó mientras se quitaba lo que el chico le había arrojado.
—Póntela, te llevaré al centro comercial y te dejaré dentro para que no pases tanto frío.
Uraraka tomó la camisa de franela que Katsuki le había lanzada, estaba calentita y olía a él, sonrió y se la puso feliz.
—¡Gracias Kacchan! —Le dijo.
—Bien. —Dijo mientras volvía a su habitación para ponerse un polerón. —Vámonos ya.
—¡Sí! —Dijo Ochako poniéndose de pie y bebiendo lo que le quedaba de café al seco. —¡Vamos de compras! —Se limpió el resto de líquido que le quedó en la boca y tenía una gran sonrisa estampada en la cara.
—Sí, vamos. —Dijo el rubio. —Y deja de sonreír así, tonta. —Terminó de decir, casi susurrando solo para él.
Bajaron al estacionamiento para subir al auto del rubio y salieron del edificio.
De pronto Katsuki recordó que la chica llevaba unos pantalones puesto el día del accidente y cuando le habían dado de alta en el hospital.
—Oy, ¿No llevabas unos pantalones cuando recién llegaste a mi casa? —Le preguntó sin dejar de mirar al frente.
—Ohh, es verdad, ¿Dónde estarán?
—¿Cómo que donde estarán? ¿Acaso no sabes donde dejas tus cosas? —Bakugou ahora la miró, dejando ver sus dientes, odiaba que ella le tomara el pelo.
—¿De qué hablas Kacchan? —Le preguntó enojada. —Hace mucho no los veo, quizá alguna chica que llevaste a dormir a casa se confundió y se los llevó. —Dijo, inflando las mejillas y girando la cabeza, evitando mirar a su amigo.
—¡¿QUÉ DICES CARA REDONDA?! —Le gritó. —¡EN QUÉ MOMENTO PUDE HABER TRAÍDO A ALGUIEN SI ESTÁS ENCIMA DE MI TODO EL TIEMPO!
—No lo sé, los hombres tienen sus secretos. —Dijo con los ojos cerrados y el ceño fruncido, indignada.
—Tonta. —Katsuki la miró con cara seria, antes de volver a mirar al frente.
Estuvieron así todo el camino, ignorándose, hasta que llegaron al centro comercial.
—¿Um? ¿No irás conmigo Kacchan?
—Sí que eres bipolar, cara redonda. —Le dijo con una ceja levantada. —No puedo, tengo algo que hacer.
—¡¿Eeehhh?! ¿Y qué pasa si me hacen algo? —Ochako puso cara de perro.
—¡No pongas esa cara! ¡Ya no funciona conmigo! —Le gritó. —Escucha, necesito comprar un celular, solo iré a una tienda y compraré dos, luego me iré y te dejaré aquí, tú compra tus cosas y cuando estés lista llámame, yo vendré a buscarte.
—Puedo irme sola Kacchan, y no necesito un teléfono, me gusta más usar el tuyo. —Le dijo, sonriéndole.
Bakugou se golpeó la frente, de verdad, no entendía cómo una chica podía sacarlo tanto de quicio.
—Bien, llámame de un teléfono público, da igual, pero no te vayas sola. —Le dijo rascándose la cabeza, estaba harto.
Desabrocharon sus cinturones de seguridad y bajaron del auto, fueron a una tienda de electrónica y al tener el celular, el rubio le pasó su número.
Uraraka lo acompañó hasta la salida del centro comercial, para verlo irse. Antes de que Katsuki pudiera irse, ella lo llamó.
—¡Kacchan! ¡No me diste tu número!
—Mierda, es verdad. —Se dijo para él mismo. —¿Dónde rayos tengo la cabeza?
Tomó un lápiz que encontró en la guantera, y al no encontrar papel le anotó el número en la mano, al terminar de escribir Ochako le arrebató el lápiz rápidamente y tomó la mano de él para escribirle algo también.
Al terminar se despidió de él, quedándose ahí de pie hasta que el auto se fue.
—Bien, es hora de las compras. —Dijo la morena, suspirando y adentrándose a las tiendas.
Bakugou por otra parte iba gruñendo en su auto.
—Maldita cara redonda, ¿Por qué eres tan idiota? —Se decía, mientras apretaba el volante con ambas manos, notó la tinta negra por fuera de su palma, en el momento en que ella le escribió algo lo ignoró, pero ahora la curiosidad le ganó y notó las ordenadas letritas.
'¡Suerte donde quiera que vayas, Kacchan!'
Para rematar todo, al final había puesto un corazoncito.
Se sonrojó al leer eso, ¿Por qué tenía que ser tan tierna y estúpida al mismo tiempo?
—¡MALDITA URARAKA! —Gritó, golpeando la bocina del vehículo con rabia, aun sonrojado.
Apresuró el paso y se detuvo frente a un gimnasio.
Se bajó del auto y entro en este, buscando entre todos a su amigo.
Camino un poco, evitando a todos los tipos musculosos y a las chicas que se le cruzaban, pero de pronto vio esa cabeza roja asomarse entre tanta gente.
—¡Tú puedes amigo! Solo tienes que esforzarte un poco más. —Le decía un pelirojo a un joven pasadito de peso que hacía abdominales con su ayuda.
—Ajj, me voy de aquí. —Dijo el adolescente antes de levantarse y empujar hacia un lado a Kirishima para salir del gimnasio enojado.
—¿Mal día? —El pelirojo escuchó la voz de su amigo y miró hacia arriba.
—Y que lo digas, estos chicos no entienden la importancia de una vida sana. —Le respondió.
—Si te sirve de algo siempre serás bienvenido en la estación de policía, no me vendría mal un compañero. —Le dijo Katsuki, apoyándose en una pared con las manos en los bolsillos.
—Ya te lo he dicho amigo, me gusta ayudar a la gente, pero es triste ver como otros se pudren en la cárcel. —Kirishima se puso de pie y le dio la mano al rubio.
—Hm, sí, pues se lo merecen. —Dijo Bakugou respondiendo el saludo.
—¿Y bien? ¿Acaso me extrañabas? ¿A qué se debe esta repentina visita? —El pelirojo le sonrió.
—Necesito hablar contigo, siento que me volveré loco.
—Ajá, déjame adivinar, ¿Problemas con chicas?
—Odio que me sonría, quiero volarle la cara. —Katsuki agachó la cabeza y miró su mano estirada por un momento antes de volverla un puño y bajarla.
—¿Es la misma de la que hablamos la última vez?
—¿Acaso crees que ando jugando con más de una chica? —Le pregunto el rubio con el ceño fruncido.
—Jeje, no te enojes amigo, quién sabe, a mi parecer todas estas de aquí están babeando por ti.
Bakugou subió la vista, viendo como las mujeres que se ejercitaban ahí lo miraban coqueteándole.
—Tsk. —Chasqueó la lengua. —Malditas perras, las odio.
—Jajjaja. —Kirishima rio a carcajadas. —Amigo eres muy gracioso.
—¿Cuál es el chiste idiota?
—No te enojes Bakugou. —Le dio una palmada en la espalda. —Y bien, ¿Me dirás quién es la pobre chica ahora?
—Eso no importa, necesito saber cómo dejar de pensar en ella.
—¿Y eso por qué? ¿Acaso te hace daño? ¿Tiene novio?
—Mh, pues que yo sepa no, si lo tuviera lo mataría y claro que no me hace daño, pero odio que me sonría, odio su voz, odio su maldita cara redonda, odio que siempre esté alegre. —El rubio gruñó. —En verdad la odio, hace que se me revuelva el estómago. —Tenía el ceño fruncido y golpeó la pared donde estaba apoyado.
—Fiuuu. —Kirishima silvó. —Eso es una enfermedad.
—¿Es en serio? —Katsuki miro al pelirojo rápidamente. —Dime, ¿Cuál es la puta cura!
—Jajajja, bro, solo bromeó, eso se llama estar enamorado. —A Bakugou se le deformó la cara al escuchar a su amigo. —En tu caso, si la odias tanto, solo te gusta.
—¿Qué idioteces estas diciendo maldito? —Kirishima sintió un escalofrío.
—Alguien tiene que decirte la verdad, viejo. —Levantó los brazos como si le restara importancia a la situación, algo que al rubio le molestó mucho.
—Te mataré.
—Que no sea hoy, ¡Tengo una cita con mi chica! —Dijo el pelirojo, apuntándose con el pulgar y sentándose en una colchoneta.
—¿Eh? ¿Acaso alguien te puede soportar? —Le preguntó Katsuki.
—Je, te hago la misma pregunta, me da mucha lastima esa chica de la que hablas, no sé cómo puede estar cerca de ti.
—Si la conocieras sentirías lastima por mi, de verdad es un dolor en el culo.
—Amigo… —Kirishima se puso de pie y se acercó al rubio, poniendo una mano en su hombre y la otra en el pecho de él. —Mi Bakugou ha crecido tanto. —Dijo, secándose una lágrima imaginaria.
—¡AAAHHH! ¡MALDITO IDIOTA! —Le gritó, tomándolo del cuello de la polera.
—Jajajajja, en verdad te extrañaba. —El pelirojo rio y se soltó del agarre. —Bueno, solo puedo decirte que no huyas de esa enfermedad, tal vez puede hacerte muy feliz.
—Eres un puto asco. —Le dijo Katsuki, pasándose una mano por la cara, iba a decir algo más cuando su nuevo teléfono sonó. —¿Hola?
—¡Kacchan! Ya he comprado todo lo necesario, estoy lista. —Dijo la voz de la morena al otro lado de la línea.
—Okey, voy para allá, espérame ahí. —Y cortó.
—¿Tu novia? —Le preguntó Kirishima.
—¡QUÉ NO ES MI PUTA NOVIA! ¡¿PORQUÉ TODOS ME JODEN CON ESO?! —Gritó enojado.
—Jejeje, no lo sé, no se me ocurre nada.
—Ajj, me vale, me largo de aquí. —Dijo Bakugou, dejando la pared y acercándose a su amigo para darle la mano en señal de despedida.
—Adios viej… Espera, ¿Qué es esto? —El pelirojo tomó la palma de Katsuki y leyó lo que Ochako le había escrito. —¡Woooooo, suerte Kacchan! ¡Y un corazón! Ay, esto es tan romántico.
—¡Ahh idiota! —El rubio tenía los ojos blancos y el ceño más fruncido que nunca, le mostraba las encías y los dientes a su amigo pelirojo. —¡Te mataré, juro que te mataré bastardo!
Kirishima rio a carcajadas otra vez, solo un rato con su amigo era necesario para subirle el ánimo, el nulo sentido del humor y la falta de conciencia de su amigo le hacían mucha gracia, se sentía feliz de que al fin él estuviera sintiendo algo por alguien, pensaba que el trabajo lo consumiría por completo y no sería capaz de tener una vida con más pasión.
Pero ahora había cambiado, había una chica que hacía que su amigo se sonrojara y eso lo hacía feliz.
—Te dije que no lo hicieras hoy, y hablando de eso, llegaste un poco tarde, tengo que ir a casa a arreglarme ¡Porque esta noche es mía! —Decía el pelirojo, mientras movía las manos como bailando.
—Eres un idiota, yo también me tengo que ir. —Esta vez sí se despidieron bien y Bakugou salió del gimnasio para subir a su auto, debía ir al centro comercial a buscar a Uraraka, con el frío que hacía se imaginaba que se estaba congelando.
En cambio, en el centro comercial, Ochako estaba con unos jeans azules, una chaqueta verde y una bufanda roja, estaba tomando un batido y en su otra mano llevaba como 10 bolsas de tiendas diferentes.
Estuvo un rato esperando, mirando el cielo, las nubes amenazaban con llover y a pesar de que le encantaba sentir el agua caer, los truenos le aterraban.
De pronto pudo notar el auto rojo al que últimamente subía mucho, Katsuki había llegado a buscarla.
El rubio frenó el auto y se asomó por la ventana, buscando a la morena sin éxito.
—Oiga señor, aquí está prohibido estacionarse. —Escuchó por la otra ventana, dándose media vuelta para encarar al imbécil que tenía ganas de morir ese día.
—No me jodas maldito bastar… —No terminó la frase, ya que la persona que le había dicho eso era Uraraka.
—Jajaja, Kacchan, eres un gruñón. —Dijo la chica riendo, abriendo las puertas de atrás para dejar las bolsas y luego subiéndose en el asiento del copiloto.
—Mh. —Bakugou gruñó.
—Eso solo me da la razón, toma. —Le estiro la mano con dinero. —No lo gasté todo y eso que también me compré comida.
—¿Qué? ¿Y qué hay con todas esas bolsas? ¿Acaso las robaste? Sabes que debo llevarte detenida en ese caso.
—¡Lléveme, oficial Kacchan! —Ochako se recostó ligeramente en los muslos de Katsuki, levantando los brazos, haciendo burla de lo que el chico acababa de decir.
—¿ME QUIERES JODER, PERRA?
—¡Kacchan! —Le recriminó Uraraka enojada. —No me digas así.
—¡Tú te lo buscas! No me jodas y lleva la fiesta en paz, tonta. —Bakugou piso el acelerador, haciendo girar a la chica por sobre las piernas de él para hacerla caer.
—¡Oye, ¿Por qué hiciste eso?! Me lastime la pierna. —Le dijo, aun con el ceño fruncido y tocándose la rodilla.
—¿Eh? ¿En serio? —Katsuki puso cara de preocupado, soltando el volante para ver si su amiga estaba bien.
—Sí, pero no me toques, me puedes hacer más daño. —Giró su cabeza, haciéndole el mismo gesto de ignorancia que cuando iban camino al centro comercial.
—Juro que algún día te mandaré a volar, cara redonda. —Y sin más piso el acelerador para irse a casa.
En el camino Ochako movía la cabeza al ritmo de una canción que sonaba en la radio y la tarareaba despacio.
Bakugou a veces la miraba por el rabillo del ojo y sonreía, esa tonta que tanto lo sacaba de quicio también podía hacerlo sentir bien, de tan solo verla sin que ella se diera cuenta cuando hacía esas cosas tan raras, él se sentía feliz, pero jamás se lo demostraría, Kirishima estaba loco si pensaba que él estaba enamorado.
—Kacchan. —La morena lo llamó.
—¿Qué pasa ahora? —Le preguntó él.
—¿Puedo pedirte algo? —Uraraka miró sus manos, las tenía apoyadas en sus piernas y jugaba con sus dedos.
—¿Dime?
—Sinceramente, espero un no por respuesta, pero no tengo ganas de salir sola. —Decía mientras miraba el cielo, si llovía y habían truenos quería estar segura de tener a alguien en quien apoyarse.
—¿Me dirás o solo te quedarás con esa respuesta? —Le volvió a preguntar.
—Bueno, cuando Mina me fue a ver a tu departamento me invitó a salir hoy y… —No sabía cómo terminar.
—¿Y…?
—Pues ya lo sabes, no me hagas decirlo. —Le dijo Ochako, con las mejillas coloradas.
—Si no me lo pides no entenderé.
—¡Ajj! ¿Puedes acompañarme? Ella irá con su novio e iremos a un bar. —Dijo rápidamente.
—¿Y todo este escándalo para eso? —Katsuki la miró arqueando las cejas.
Uraraka le golpeó el hombro despacio. —Idiota.
—Já, claro, ¿por qué no? Siempre es bueno ir a algún bar.
La morena abrió los ojos fuertemente.
—¿De verdad? ¿Me acompañarás?
—Tú me acompañaste al evento de mi trabajo, es lo mínimo que puedo hacer por ti. —Decía como si nada.
—¡AH! ¡Kacchan! ¡Eres el mejor! —Le gritó, abrazándolo, haciendo que el rubio perdiera el control del vehículo por un segundo.
—Bien, pero no vuelvas a hacer eso nunca más. —La retó, enojado.
—Como ordene, comisario. —Le dijo, poniendo una mano firme en su frente.
Llegaron a casa, comieron algo y conversaron de lo que había hecho Ochako en el centro comercial, pasó el rato y se abrigaron más para salir, ya estaba empezando a chispear.
Subieron al auto y se fueron al bar en el que Ashido y Uraraka habían quedado.
Se sentaron en la barra y pidieron una cerveza para cada uno mientras esperaban.
—Aaah, tengo muchas ganas de conocer al novio de Mina. —Decía la morena.
Bakugou la miró con el puente de la nariz arrugado. —Ne, debe ser un tonto igual que ella.
—No le digas tonta, Ashido es genial.
—Sí, lo que digas. —Katsuki bebió otro sorbo de su cerveza.
—Um, ¿Dónde estará? —Dijo preocupada.
—¿Acaso no puedes disfrutar si ella no está? —El rubio golpeó su botella en la mesa. —Estamos en un bar y tenemos cerveza, no necesitamos nada más. —Bebió otro sorbo.
—Ñyaaa, Kacchan, a veces eres muy lindo. —Ochako le sonrió con los ojos cerrados.
Maldita sonrisa, le volaré los dientes a ver si deja de hacer eso. Pensó Bakugou, ignorando a la chica, ya que no sabía que decirle.
De pronto Uraraka giró en su silla para ver si encontraba a su amiga, puso su mano arriba de sus ojos, como si eso le sirviera para ver mejor, pero mágicamente apareció una cabellera rosa con unos cuernos amarillos.
—¡Minaaaa! —Ochako se paró de su asiento y corrió a abrazar a la chica que estaba llegando.
—¡Ochakoooo! —La chica rosa le devolvió el abrazo. —¿Cómo estás? Te ves mucho mejor que la última vez.
—Sí, jaja, ya me siento mejor, ¡Adivina quién me acompañó! —Decía la morena moviendo sus brazos y corriéndose a un lado, dejando ver al rubio que tenía cara de nada, mientras bebía su cerveza.
—Ya lo veo, increíble Ochako, ¡Como lo puedes manejar! —Le dijo Ashido.
—Todo está controlado, aprendí a domar al león, jajaja. —Dijo Uraraka, haciendo que a Bakugou se le marcara una vena de rabia en la cabeza.
—Jajaja, oye, quiero presentarte a alguien, aunque ya lo conoces, jí. —Mina se movió y dejó ver a su novio, que se encontraba tras ella.
—No lo puedo creer, ¡Kirishima! ¿Eres tú? —La morena se lanzó encima del pelirojo para abrazarlo, hace años que no lo veía y recordaba que en Yuuei se llevaban muy bien.
—¿Uraraka? ¿Realmente eres tú? ¡Vaya, estás muy bonita! —Decía el pelirojo, que aún no se daba cuenta del rubio que le daba la espalda en la cantina.
—Jaja, gracias Kirishima, ahora uso el cabello largo. —Dijo mientras se tocaba el pelo. —Tengo que mostrarte a alguien.
Fue hacia la parte donde se encontraba Katsuki y lo abrazo por atrás, haciendo que él se estremeciera.
—No vuelvas a hacer eso sin avisar tonta, ¿Acaso quieres que te mate por accidente?
—Kacchan, a que no adivinas esto, ¡Mira! —Le tomó la cabeza y lo juró, haciendo que ambos chicos chocaran miradas.
Ese día había estado mal desde la mañana y ahora iba a empeorar.
—¿Ki-Kirishima? —Bakugou miró al pelirojo, luego a Ochako y después volvió a mirar a su amigo.
—¿Baku-gou? —Kirishima lo miró, frotándose los ojos para asegurarse de que no estaba viendo mal, miró a la morena y luego volvió a mirar al rubio, dejando ver sus colmillos en una sonrisa de lado.
—Mierda. —Ahora el bastardo de Eijirou sabía quién era la maldita chica que tanto lo hacía odiar.
Quiero darle las gracias a los que me dejan un review, juro que me hacen muy feliz, me motivo mucho a escribir al saber que alguien me lee,
me llenan el corazón jj, gracias totales de verdad (L).
Subí este capítulo rápido para Kirana Retsu, que con su último review hizo que me escapara un gritito de emoción y todos mis nuevos seguidores,
no creo que entiendan mi emoción:( ¡Estoy muy feliz en serio! ¡Amor para todos! ¡Espero que disfruten este nuevo capítulo y no me maten por el principio ujuj
