¿Han oído alguna vez que cuando se esta al borde de la muerte se experimenta una claridad y una paz que te hacen sentirte más vivo que nunca?
Pues déjenme decirles algo, eso no es más que una vil mentira. La verdad es que se siente de la mierda.
Primero que nada lo primero que piensas es que has muerto, luego de eso, bueno... comienzas a sentir todo de verdad…
Había mucho ruido, un zumbido, un murmullo, gritos, pitidos, latidos, una voz llamándome, alguien gritando mi nombre.
Me ahogaba, la presión en el pecho iba y venía asfixiándome, sentía la garganta rígida con algo duro que me impedía tragar saliva, oh si… me ahogaba en mi propia saliva.
Abrí los ojos llevándome las manos al rostro, solo veía blanco, una cegadora luz blanca. Parpadeé varias veces arrancándome el tubo de la garganta y me puse a toser como maniática.
Cuando me detuve respiré con fuerza, tenía todo el cuerpo entumecido como si un tren me hubiese pasado encima.
Esto ya lo había vivido antes, demasiadas veces que parecía casi un chiste… ¿Por qué siempre termino de la misma forma?
—Bien señorita, nos ha dado un buen susto— aquella voz aliviada me revolvió el cerebro.
Parpadeé tantas veces hasta que las sombras borrosas tomaron forma, un pequeño grupo de personas me rodeaban… médicos, cosas blancas, monitores y agujas ¡Un hospital!
¡¿Por qué diablos siempre despierto en un hospital?!
—Soy un imán de la desgracia…— balbuceé revisándome el cuerpo.
— ¿Disculpe?— repitió aquella voz de hombre.
Estaba entera, en una sola pieza, todo aparentemente en su lugar… aparté la sabana azulada sobre mi cuerpo con brusquedad, oh, aun tenía dos piernas… claro, solo que la derecha enyesada y demás.
De la mano me colgaba una aguja que llevaba a una bolsa con sangre, me observe las manos meticulosamente ya habían recobrado su color, claro que yo era tan pálida como una hoja de papel pero eso era completamente normal. Entonces la duda más grande que tenía me invadió… ¿C-cómo diablos llegue al hospital?
Oh, en definitiva no fue Richard… hay no.
— ¿Sucede algo malo…?— esa misma voz.
Recargué la cabeza contra la dura almohada, el olor a desinfectante y cloro entró por mis fosas nasales como si fuese un sedante, entonces alcé la cabeza dejando de verme las piernas y lo primero que vi fue…
— ¿Cómo se siente?—, interrogó un hombre de bata blanca, frente a mi, se veía preocupado y algo nervioso, me tocó la frente y revisó el monitor a un lado de la cama… yo conocía a ese hombre, enserio, jamás en mi vida lo había visto pero… se me hacía conocido.
— ¿Puede callarse un momento?— dije secamente, estaba irritada, despertar en una cama de hospital por segunda vez en menos de tres meses era algo que no me ponía de buen humor.
El sujeto me miraba con sorpresa, abrió la boca para hablar pero de él solo salieron una especie de balbuceos y luego se quedo callado, cerró la boca pareciendo incomodo y se mordió levemente los labios… yo hago eso, y-yo me muerdo los labios cuando estoy muy incomoda. Debo de seguir alucinando.
Lo miré con detenimiento, había algo en el que se me hacía muy conocido, creerán que estoy loca pero era como… ver una imagen en un espejo de un mundo paralelo… y esa persona frente a mi era como mi reflejo si yo fuera hombre y mucho más mayor. Esto era… aterrador.
Muy aterrador, para empezar esa nariz… era pequeña y un poco respingada, me lleve las manos a la cara… mi nariz era así, una de las tantas cosas que Lilian decía vagamente era que mi padre y yo teníamos la misma nariz. Oh, vamos ese hombre… no para nada, solo una simple coincidencia. Luego estaba su cabello bien peinado y abundante de color café muy obscuro, casi achocolatado. Pero aquello que me había helado la sangre eran sus ojos… fríos, gélidos, en un tono que iba del azul cielo al verde agua, ligeramente grisáceos… como los míos, eran inconfundibles, nunca antes había visto unos ojos como esos más que mirándome al espejo. Era apuesto, un hombre que rondaba los cuarenta y pocos, de facciones marcadas y una barba de dos días, como una estrella de televisión
Él me miraba de la misma forma, inspeccionando mi rostro con detenimiento, un temblor se apodero de mi cuerpo, las entrañas me ardían como si hirviera por dentro cuando vi su gafete de identificación colgando de uno de los bolsillos de la bata "Demian C. Carson".
Son solo coincidencias, solo una casualidad…
Cuando estuve por abrir la boca lista para gritar el sonido de la puerta abrirse recapturó mi atención y giré la cabeza al momento, hay no.
—Ah, ya despertó—, articulo Sebastián con una leve sonrisa.
Bien, si antes estaba en shock ahora había entrado en una crisis nerviosa.
Me mordí los labios, maldiciendo ese habito y al tal Demian por toda la maldita impresión.
El demonio me miraba con detenimiento mientras se acercaba hasta la cama donde estaba tumbada, después dirigió la vista al doctor y nuevamente a mí. Enarco una ceja interrogante.
— ¿Doctor como está ella?—, preguntó mi asistente.
—Ah… bueno, ella esta mucho mejor a como llegó—, alcanzó a decir mirando a Sebastián con una cara completamente inexpresiva. Otro piquete en mis entrañas, solo otra coincidencia.
— ¿Quién es usted?— mascullé fríamente, ambos me miraron con sorpresa.
—Ah… si, soy Demian Carson cirujano ortopédico, verá llego en muy mal estado esta tarde… su pierna tenía una fractura grave y para asegurarnos de que sus nervios no hubiesen sufrido algún daño tuvimos que operar o de lo contrario quizá tuviésemos que amputar la pierna, pero afortunadamente todo salió bien a pesar de que había perdido mucho sangre. En cuanto a las heridas de su rostro ninguna necesito suturas pero si quiere ver a un especialista o a un cirujano plástico para saber si quedaran cicatrices o no esta en toda su libertad de hacerlo, pero le aseguro señorita que su rostro no tendrá ni una sola cicatriz, por ahora le recomiendo evitar huir montada a caballo, necesita mucho reposos y descanso o puede que la movilidad de su pierna pueda verse afectada… quizá llegue a requerir terapia para recuperar completamente el movimiento de su pierna pero es poco probable si se cuida adecuadamente— recito sin quitar una vaga sonrisa.
¿He dicho ya que no soy un ser humano normal? Si fuera un ser humano normal las últimas oraciones hubiesen sido tomadas con mucha seriedad pero no, soy Samantha, una loca, fría y atolondrada escritora que le vendió su alma a un demonio a cambio de la vida de una persona que puede ya estar muerta, encima de eso mi madre es esquizofrénica y aparentemente un medico normal me diría todo eso con una seriedad profesional pero no, a él, ese sujeto, Demian el que mi cabecilla me decía que no era simplemente una coincidencia el hecho de que sonriera como si disfrutara el momento.
—No… no, no, no, no ¡No!— dije manoteando— ya sé que me rompí una maldita pierna y estaba desangrándome, ya sé su nombre y su especialidad… tiene un gafete que dice eso ¿Lo ha notado?— dije con sarcasmo.
Demian sonrió complacido con mi respuesta, sus ojos me miraban con una chispa de orgullo y melancolía.
—Me refiero a que… usted se me hace conocido, dígame quien es fuera de este hospital—, dije con firmeza mirándolo fijamente a los ojos.
Estaba muy confundida, apreté la mano de Sebastián buscando calmarme pero la manera en la que sus manos enguantadas rodearon las mías con una reconfortante suavidad solo me puso más intranquila, miré sus ojos con una seriedad parecida a la preocupación dándome a entender que no se iría de ahí.
Oh por favor Sebastián no me hagas pensar idioteces justo ahora.
—Lo siento—, dijo Demian recapturando mi atención.
Solté al instante la mano del demonio, tuve que llevarme una mano a la boca para evitar morderme el labio… Demian se percató de eso y soltó una risa ahogada, eso me molestó.
—Es que… eres muy parecida a una persona que, ah, tu rostro es como el de ella—, dijo apagadamente con los ojos brillosos.
Sentí que el estomago se me revolvía, sus palabras me llevaron a pensar en Lilian… más de una vez me llegaron a decir en la clínica que éramos tan parecidas que de tener ambas quince años seriamos gemelas a excepción del cabello y los ojos. Las dudas crecían y por más que quisiera no podía dejar de mirar su gafete Carson, entonces me arriesgué, de todas formas ¿Qué posibilidad había de que lo que yo pensaba llegase a ser cierto?
— ¿Usted conoce a Lilian Carson, no es así?—, pregunté sin más rodeos.
Los ojos de Demian no se mostraron sorprendidos o confundidos, no, una sonrisa le adornó el rostro pero sus ojos permanecieron fríos, casi tristes.
—Si, ¿Acaso eres algún familiar de ella?
—Soy su hija, ¿Cómo es que la conoces? Ella es paciente de psiquiatría supongo que no la conoces medicamente ¿Qué clase de relación tienes o tuviste con ella?— solté un poco molesta yendo directamente al grano.
Él se vio levemente sorprendido y su sonrisa se borró, bajó la mirada consternado, pasado un minuto siguió sin decir nada.
— ¿Quién eres y por qué conoces a mi madre?— escupí arrastradamente.
Sus ojos gélidos parecían vivos viéndome con una mezcla de emociones que iban desde la incredulidad a la alegría. Suspiró.
—Soy Demian Charles Carson, hace mucho que la conocí pero… soy su esposo, bueno realmente solo estuvimos casados un tiempo antes de que enfermara aun más… algo pasó y no pudimos volver a vernos durante todo este tiempo— se acomodó uno de sus cabellos que comenzaban a caerle por la frente— eh… me sorprendió escuchar que aún conservará el apellido. Lo siento, sé que hablo demasiado… —extendió su mano hacía mí con algo de duda—… soy Demian Charles Carson, tu padre biológico— pronunció con una sonrisa extendiendo su mano esperando no sé qué.
—Escuche que el martes pasado entró de urgencias pero no supe más, la dieron de alta hace un par de días ¿Dime cómo está ella?—, dijo sonando preocupado.
¡¿Cómo diablos tengo que reaccionar con esto?!
Silencio, mucho silencio. Me quede petrificada… esa era demasiada información para mi cerebro cuando aún ni podía digerir todo lo que sucedió esta mañana... debería de haber un regla que limitara la cantidad de cosas que debes de aprender, razonar y asimilar en un solo día, también debería de haber una regla que limitara la cantidad de emociones por día ¡Al menos por consideración o lastima joder!
Estaba dispuesta a gritar hasta que me creyeran loca y me encerraran de por vida en un manicomio pero cuando abrí la boca los afilados tacones en punta de Evangeline se estamparon contra las baldosas blancas del piso, seguida de otro par de pies, de dos pares más de tacones y otro par de pies en unas gruesas suelas de hule.
Me sentí como en un mercado infestado de griteríos y jaloneos.
— ¡¿Qué te pasó?!
— ¡¿Cómo estas Sami?!
— ¡Oh Dios, creí que habías muerto!
— ¡¿Qué demonios tenias en la cabeza para irte montada en esa yegua?!
— ¡Que bueno que estés bien!
Evangeline, Bruno, Jerry, Annette y Robert junto con Stephanie rodearon la cama sin dejar de lanzar gritos, me lleve una mano a las sienes completamente molesta y desorientada.
— ¡Basta! ¡Basta ya! ¿Podrían dejarme sola un momento?— farfullé, inmediatamente se callaron y me pusieron atención.
—Bien, ahora lárguense y si tienen alguna duda el doctor Demian les dirá sobre mi salud ¡¿Entienden?! ¡Ahora fuera de aquí!— dije con firmeza ¿Qué acaso esperan que porque dos de esas personas me criaron iba a bajar mi tono?
—Pero Samantha ¡Soy tu madre!— sollozó Evangeline tomándome de los hombros con desesperación.
—Señora, Sam necesita descansar… aun está muy débil, si quiere yo puedo cuidarla—, ese fue Sebastián quien retenía a mi madre para que no se me echara encima.
—No, quiero estar sola eso te incluye a ti Sebastián ¿Podrían irse y dejarme un momento sola? Por favor— dije con fingida cortesía, mi madre se limitó a limpiarse las lágrimas mientras Jerry se la llevaba casi a rastras.
Sebastián me miró con notoria molestia en sus ojos rubí, le sonreí con burla y salió de ahí fulminando con la mirada a Bruno y a Demian, debo decir que él fue el primero en salir totalmente abrumado.
Estampé la cabeza contra la almohada y solté un suspiro tan largo y profundo que bien pasó por un bostezo.
Veintitrés años de mi vida que se develaban frente a mis ojos en menos de unos segundos… ah, yo no estaba preparada para eso.
.
.
.
.
Todo el tiempo desde los trece años siempre terminaba exhausta preguntándome porque todo esto me ocurría a mí… mala suerte ¿Qué es eso? Debería de llamarme Malasuerte Carson pero eso de mala suerte me quedaba corto.
Siempre había creído esa parte que decía que mi padre biológico era un enfermero de un hospital psiquiátrico que violó a Lilian a los quince años, pues no, ahora me vengo enterando que en realidad él estudiaba medicina para ser cirujano y que él y Lilian se conocían porque ella venía desde Inglaterra a seguir sus estudios por un programa de intercambio porque déjenme decirles que ella era brillante, enserio brillante además de una prodigiosa pianista era una genio.
Así que ellos se conocieron cuando Demian tenía 17 y Lilian 15, se enamoraron pero por no sé qué razón la familia de mi madre siempre estuvo en contra de su relación así que se fugaron, se casaron en secreto y cuando las cosas parecían irles bien mis abuelos maternos tuvieron un accidente de auto y murieron… ante aquel trauma Lilian comenzó a desarrollar su enfermedad y aquello empeoró cuando se enteró de que estaba embarazada, se volvió loca, Demian estaba desesperado porque le era imposible intentar atender la enfermedad de mi madre debido a su embarazo ya que los medicamentos para impedir sus ataques eran muy fuertes y podrían dañarla a ella y al bebé así que durante los siete meses que estuvo embarazada la gravedad de su enfermedad creció hasta volverse sumamente peligrosa tanto para ella como para mi.
Nací siendo prematura unos meses después de que Lilian fuese internada porque más de una vez había intentado suicidarse, como fui prematura me apartaron de mis padres para colocarme en una incubadora y como ambos eran menores de edad fui dada en adopción porque la familia de Lilian no quiso hacerse cargo de mi.
Evangeline y Jerry acababan de perder a un bebé así que Evangeline quien se negaba a decirle a Isabel (quien entonces tenía tres años) que su hermanito no iba a nacer agilizó los trámites para mi adopción y justo antes de que Lilian comenzara con su tratamiento medico los Simmons, mi nueva familia, me llevaron a mi nuevo hogar.
Por lo que Demian pudo decirme luego de eso fue que el abuelo de Lilian le impidió volver a verla y los separó, así que mi madre bajo la atención de su abuelo fue internada en un hospital psiquiátrico en Appleton Lakes donde podía permanecer en contacto con mis padres a una distancia prudente. Acordaron no decirme nada hasta que tuviese la edad suficiente o fuese necesario en caso de que Lilian empeorara… pasó lo segundo así que por eso llegamos a conocernos cuando yo tenía 13. Demian quedo fuera de todo eso sin saber siquiera si yo estaba con vida o no… así que no puedo culparlo de nada porque el viene también enterándose de que tenía una hija. Ah, que bonita vida la mía…
Así que yo no era solamente la oveja negra de mi familia adoptiva si no también era la oveja negra de mi verdadera familia, la que se regodeaba viendo el sufrimiento de Lilian desde Inglaterra donde se retorcían como viles cerdos en toda su fortuna porque, muy a mi desgracia también, eran asquerosamente ricos.
—Entonces… ¿Por eso te rompiste la pierna?—, preguntó Demian sin apartar la vista del monitor a un lado de la cama.
Ahora, diré algo que no admitiré en voz alta… la verdad es que Demian me cae bastante bien y a decir verdad nos parecemos bastante.
—Si… ¿Crees que dramaticé de más?— pregunté estirando los brazos libre de la aguja con sangre.
Él se mofó de mí cruzándose de brazos.
—Eres muy exagerada, pero, de haber sido tú creo que eso fue lo más ético en el momento—, dijo desconectando los aparatos.
— ¿Qué habrías echo tú?— pregunté viendo por las ventanillas de la habitación a mis familiares discutiendo entre ellos sobre no sé qué cosa pero lo más probable era que hablaran sobre mi.
—La verdad me habría puesto a golpear a todos hasta calmarme— dijo con simpleza encogiéndose de hombros.
—Hubiese hecho eso, ahora estaría en la cárcel y no en el hospital al menos así podría tan siquiera tener la oportunidad de huir de la policía y no estar postrada en una cama por el siguiente mes…
Demian se río por lo bajo mientras la enfermera entraba con una buena cantidad de papeles en sus delgados brazos.
Seguí viendo por la ventanilla, mi madre y Jerry hablaban con un par de médicos y al menos Evangeline se veía aun muy decaída, Jerry sin embargo estaba tenso; del otro lado en los sofás de la sala de espera estaban Bruno y Sebastián cada uno sentado al extremo opuesto del otro pero sin dejar de mirarse como si se fuesen a agarrar a golpes en cuanto el otro se distrajera. Mis primos y Stephanie tomaban café entre el par de tarados como si los separaran evitando que se armara una pelea de gatas.
—Bien, saldrás de aquí en cuanto termine el papeleo solo necesito que llenes unas formas y después puedes salir corriendo por la puerta—, dijo Demian entregándome una hojas haciendo una mueca burlona.
—Por supuesto que lo haré— me burle empezando a leer el papel.
La enfermera se llevó los papeles que acababa de firmar, enseguida regresó con una silla de ruedas y una bolsa con cosas.
—Su vehículo la espera Madame, me iré para que te cambies… ah la señora Simmons trajo algo de tu ropa, está en esa bolsa, si necesitas ayuda ya tengo una horda de enfermeras para ti… solo grita—, argullo guiñándome un ojo y cerró las persianas con rapidez, luego se fue cerrando la puerta.
Relajé cada musculo de mi cuerpo… bien, ya estaba logrando digerir toda esa información y si el reloj de manecillas fijo a la pared del cuarto estaba bien ya eran las nueve de la noche, si lo que Demian decía era verdad yo llegué ahí a las cuatro, entré a quirófano a las 4:15, mi cirugía terminó más o menos a las 5:40 y desperté a eso de las 6:20… estuve al menos una hora intentando calmarme y más de dos horas hablando con Demian para aclarar todas mis dudas existenciales que él podía contestarme y las que yo pudiera contestarle a él... diría que en esas dos horas casi conté a detalle cada momento de mis veintitrés años de vida que yo lograba recordar ¿Qué? Necesitaba urgentemente alguien con quien desahogarme aunque fuera un poquito y al final le agarré el gusto a Demian, nos parecíamos en muchas cosas… en nuestra manera de pensar y a veces en nuestra forma de ser. Pero eso si, podrá agradarme pero no voy a decirle cosas como que es mi padre, no, se lo deje bien claro… él y yo solo éramos conocidos, nada más.
Con cuidado comencé a vestirme… intenten vestirse con una pierna inmovilizada y los músculos entumidos al grado de apenas mover un dedo y ya sentirte como si hubieses corrido un maratón, me sentí muy estúpida pero al acabar de ponerme la blusa y la ropa interior me di cuenta de que quizá podría terminar matándome intentando ponerme el pantalón así que con cuidado pasé mis piernas para quedar sentada al borde de la cama y de un rápido movimiento me metí en el pantalón de holgada tela gris.
Me acomodé la maraña de cabellos con una liga que encontré en uno de los bolsillos del pantalón (bendita sea esa costumbre de jamás sacar lo que llevo metido en las bolsas), luego me subí a la silla casi cayéndome de narices al suelo más de una vez pero lo logré y estirando mis brazos todos flacuchos hice que las ruedas giraran al menos unas seis veces antes de terminar jadeando como perro del cansancio. Esa maldita cosa pesaba mucho y apenas y giraba, bufé.
La enfermera no tardo mucho en entrar otra vez, me tomó los signos vitales una última vez y una vez que verifico que todo estuviera en su sitio y los papeles en orden, se fue de ahí junto conmigo dejándome en la sala de espera con todos mis familiares, Demian llegó y saludó a mis padres con una gallarda sonrisa.
—Bien…la señorita necesita mantener mucho reposo y evitar mover la pierna por un tiempo debido a la gravedad de la fractura, la semana que viene tendrá que tomarse otras radiografías para ver bien la posición del hueso y si está comenzando a acomodarse. Por ahora tendrá que usar ese yeso por todo un mes y luego volveremos a tomar radiografías para ver como proceder y como va sanando — dijo con una leve sonrisa— por ahora llévenla a casa y que descanse bien, aun está un poco aturdida por la gran perdida de sangre pero se le pasará rápido—, se dirigió a mis padres estrechando la mano de Jerry… oh, pobre Jerry que no tenía ni idea de nada.
—No, no… verá doctor Carson nosotros solo veníamos a ver como estaba y a dejarle sus cosas… Sebastián es quien la llevara a casa ¿Verdad querido?— dijo mi madre con rapidez pegándose a Sebastián.
Demian me miró suspicaz.
—Esta bien, alguien tendrá que arrastrar esa silla ¿No?—, dijo con aire divertido, le devolví una sonrisa.
Contuve mis ganas de arrollar por accidente los entaconados pies de mi madre ¿Después de todo el drama se ponía como si nada botándome con Sebastián? Bueno realmente no era como si yo quisiese pasar más tiempo con ella o como si no supiese que una viéndome entera ya no le importaría seguir lloriqueando por mí. Pero tampoco me esperaba que se fuese inmediatamente después de eso.
—Entonces eso sería todo por hoy señorita Carson— dijo Demian entregándome un sobre amarillo con lo que supuse serían mis radiografías y una pequeña carpeta— ahí hay información de donde trasladaron a tu madre, visítala en cuanto puedas… dile que le mando saludos— dijo por lo bajo pellizcándome una mejilla.
Supongo que mi expresión cambió totalmente pero hizo un esfuerzo por mantenerme inexpresiva pero aun así sonreí un poco. Si yo fuera una persona más alegre y emotiva habría saltado de la silla y me habría abalanzado sobre Demian dándole las gracias, pero no, me limité a sonreírle y aferrarme a los papeles.
—Nuestro secreto señorita, se supone que no robar expedientes de otras áreas… así que haz lo que sabes hacer—, empujó un poco la silla llevándome a la salida del hospital, se le oía alegre y yo también lo estaba.
—Deja de robar cosas del hospital, algún día te van a descubrir— le dije el solo se rio—… mira, no tienes que hacer más por mí… solo somos medico y paciente no más ¿Entiendes?— musite.
Demian detuvo su risa y apretó un hombro como respuesta, entonces se fue dejándome frente a Sebastián quien me esperaba afuera del hospital donde el mercedes ya estaba puesto ahí.
Bien, respira hondo… has como si este fin de semana no hubiese pasado jamás… ¡¿Cómo diablos se hace eso cuando el estupido mayordomo me carga en brazos hasta el coche?!
Inflé los cachetes intentando mantener la cabeza fría y me abroché el cinturón lo más ajustado que se podía mientras Sebastián seguía afuera metiendo la silla de ruedas en la cajuela del auto, suavicé mi agarre de la carpeta con documentos y sin mucho apuro la abrí… "Lilian Carson una mujer de 38 años de edad registrada como Lilianne Ivette Emerson Phantomhive paciente transferida del instituto mental Appleton con colapso pulmonar y posible falla renal ingresó de urgencia el Martes 29 de Mayo de 2012 a las 8:26 de la noche, se le dio de alta el Viernes primero de Junio del 2012 a las 4:06 pm bajo tratamiento para evitar una falla renal y será puesta bajo observación medica en la casa de reposo Outlake ubicada en la avenida Mason numero #703 frente al parque estatal…"
El informe seguía detallando cada procedimiento medico y tratamiento que se le dio, estaba grave así que metí otra vez las hojas en la carpeta… muy posiblemente tenía que prepararme para verla en un estado deplorable, tumbada en cama y apenas consciente tal y como la primera vez que le vi a los trece años. Me sentía algo impotente, enojada y muy preocupada… jamás me comuniqué con ella para darle el nuevo número de casa, ni siquiera para ver como estaba, lo más probable es que hubiese intentado llamarme pero yo y mi maldita maña de ponerle importancia a todo menos a lo que si importa le habían imposibilitado contactarme.
Sebastián entró en el auto en silencio, como si entendiera que la estaba pasando mal, apoyé la cabeza en la ventanilla apretando la carpeta entre mis brazos… soy una persona horrible, la pobre Lilian hablándome al teléfono como loca y yo vaciándome el cerebro en la coquetería de Sebastián, bufé.
No sabía ni que cara iba a poner frente a ella si es que estaba despierta y lucida, lo que siempre era así en mis visitas, los ojos se me humedecieron pero no deje que ni una sola lágrima saliera de ellos.
—Conduce todo derecho hasta la avenida principal después gira a la izquierda, yo te digo donde pares— dije manteniendo el tono frio e inexpresivo.
El motor del auto ronroneo y comenzamos a avanzar.
.
.
.
.
Me detuve, de pronto me faltaba el aire, nunca había ido a un lugar tan frio como ese… era la primera vez que veía caer la nieve ya que en Shirlight city nunca nieva… pero no venía a ver el invierno cayendo duramente amontonando nieve en las calles, no, yo venía a verla. No sé si aun quiero hacerlo pero permanecer en casa otro momento me haría explotar.
Así que inflé mi pecho llenándolo del gélido aire invernal, me froté las manos que ya se me estaban poniendo rojas y con mi inexistente gracia camine por el pequeño empedrado recubierto con una fina capa de nieve que lo volvía resbaloso. Por bendita suerte no me caí de cara al suelo así que con más seguridad seguí avanzando hasta que los lentes volvieron a empañarse y tuve que detenerme a limpiarlos.
Cuando volví a ponérmelos me vi frente al letrero de madera "Instituto mental de Appleton" a menos de cinco metros estaba el imponente edificio con su estructura blanca como si estuviese hecha en su totalidad de mármol. Vamos Samantha, tú puedes entrar.
Me enrollé bien la bufanda al cuello y con paso casi firme entré al lugar, era cálido, pronto un poco de sudor me bajo por la frente y me deshice rápidamente de la bufanda… todo era tan blanco que me lastimaba los ojos, desde el piso de cerámica hasta las paredes de un blanco puro adornadas con unos cuantos cuadros y anuncios de la clínica y sus servicios, sentía un extraño cosquilleo recorrerme el cuerpo ¿Así se sienten los nervios?
— ¿Puedo ayudarle en algo?— dijo una femenina y agradable voz.
Me había quedado pasmada viendo como tarada el interior de la clínica así que reaccioné lo mejor que pude y me gire levemente a ver quien me hablaba.
Una mujer rubia con ojos verdes me veía confundida, claro esa era una reacción normal al ver a una adolescente perdida en una clínica psiquiátrica embutida en un suéter que me hacía parecer un enanito de blanca nieves y seguramente yo tenía la cara bien pálida y apenas y podía contener lo mucho que temblaba como una gelatina por el frio. La mujer rubia formo una amable sonrisa en sus labios pintados de rosa salmón y se agachó levemente quedando a mi altura viéndome fijamente a los ojos, me mordí el labio volteando a otro lado… estaba algo conmocionada y confundida como toda adolescente, eso quería creer.
—Ah… linda ¿Sucede algo? ¿Necesitas ayuda?— preguntó con algo de preocupación reflejada en sus brillantes ojos verdes, negué con la cabeza y ella relajo su cuerpo notoriamente.
— ¿No tiene frio?— pregunté enarcando una ceja, aquella bonita y rubia mujer estaba envuelta en un traje de enfermera color lila… tenía entendido que los hacían con una tela muy delgada ¿Cómo es que ella se veía radiante cuando yo estaba a punto de convertirme en un cubo de hielo?
Ella sonrió soltando una cantarina risa y negó levemente.
—Ven querida, te está dando el aire aquí— dijo amablemente tomando una de mis esqueléticas manos entre las suyas suaves y finas.
Me contempló con preocupación y me jalo hacía el mostrador de la recepción.
— ¡Estas helada! Ven, te daré algo para el frio…— dijo con rapidez yendo detrás del escritorio y comenzó a hurgar en uno de los cajones.
—No, estoy bien así… soy de manos frías— dije sin emoción, ella volteo a verme con duda pero suspiro resignada.
— ¿Entonces porqué estás aquí? Pareces perdida—dijo convencida de sus propias palabras.
—Oh, no… no estoy perdida, vine a ver a alguien—, hice un gran esfuerzo por que la voz no me temblara mientras me metía las manos en los bolsillos del suéter.
—Ah, entiendo… soy Roseanne Lambert enfermera de esta clínica ¿Cómo te llamas cielo?—, preguntó poniendo una encantadora sonrisa mientras sacaba una libreta.
—Samantha Simmons—, mascullé… desde hacía unos días ese nombre comenzaba a disgustarme.
Roseanne me miró con algo de sorpresa pero intento mantenerse sonriente.
—Y… ¿A quién buscas Samantha?— dijo pareciendo nerviosa, algo aturdida baje la mirada.
¿Por qué me veía de esa forma?
Ah, concéntrate. Sé su nombre era algo de Lilianne Ivonne o Ivette no-sé-que-son Phan-phan-no sé qué ¿Cómo me había dicho Jerry? Carson, oh si, ese nombre me gustaba.
—A-ah la señorita Lilianne, Lilian Carson… creo que está registrada con otro nombre—, la enfermera me miró con una expresión algo ensombrecida y decaída, pero me mantuve firme— algo de Phanto-no sé qué— mascullé molesta ante la reacción de la enfermera.
—Oh, lo siento es que es la señorita no tiene permitido visitas de desconocidos, lo siento cielo, pero solo sus familiares pueden verla—, dijo con cortesía.
—Eh... pues—, balbuceé algo nerviosa— s-soy su hija, ya sé que eso suena algo loco pero mi ma… Evangeline Simmons es mi madre adoptiva y me dijo que Lilian… ah, ¿Usted entiende, no? S-solo quería verla porque sé que está muy enferma y yo solo quería verla… aunque fuese un rato— dije entrecortadamente, suspiré con pesadez.
Ah, aun no asimilaba del todo lo que pasó en Navidad. Claro jeh, ¿Quién se sentiría bien cuando le dicen que es adoptada y su madre biológica puede estar muriéndose dentro de una clínica mental porque es esquizofrénica y casi se mata?
—Bueno, en ese caso puedes verla… si estas segura y en verdad quieres hacerlo yo te llevo a verla, yo soy su enfermera— una triste sonrisa se dibujo en el fino rostro de Roseanne, asentí apagadamente.
—Ella está algo delicada cielo, así que intenta sonreír un poco ¿Puedes?— susurró por lo bajo tomándome de la mano mientras me guiaba por los amplios y largos pasillos de la clínica.
—No soy alguien que sonría mucho Roseanne, pero haré un esfuerzo— musite encogiéndome de hombros.
Seguimos en silencio caminando sin mucho apuro, eso me desesperaba, yo no era para nada paciente… tengo trece años y hui de casa con tal de ver a mi madre biológica en un hospital mental en año nuevo, hay… soy una maldita desgraciada.
Pasamos al menos dos pasillos más y subimos una escaleras, después de otro par de pasillos llegamos a un amplio corredor que tenía varias habitaciones acondicionadas como las de un hospital, eso me hizo ponerme más nerviosa ya que todas las puertas que había visto eran de madera y los pasillos anteriores no parecían para nada de un hospital… era como estar en una vieja y lujosa mansión como las de los libros de historia. Así que el repentino cambio de ambiente me hizo estremecer.
Roseanne se detuvo gradualmente hasta que quedamos frente a una de las habitaciones con grandes ventanas y una puerta de vidrio que dejaba ver lo que había por dentro.
—Esta es su habitación cielo ¿Quieres que te deje con ella a solas o quieres que entre contigo?— alcanzó a decir con la voz algo descompuesta.
Me mantuve quieta observando detenidamente cada detalle del cuarto intentando mantenerme fría, pero siendo sincera todo tenía un aire tan depresivo que me sentía aplastada y magullada. Frente a mis narices estaba un cuarto de hospital con monitores, bolsas de sangre, bolsas de suero o ve a saber qué, tanques de oxigeno, una camilla y sobre todo en esa camilla estaba Lilian.
Me encantaba su nombre, desde que lo oí empecé a imaginarla… se oía como el nombre que una mujer hermosísima tendría, con clase, con educación y modales, como una dama… pero ahí estaba frente a mí, y si, si que era una mujer hermosísima pero no era para nada como me lo había imaginado.
Aspiré con fuerza y apreté la mano de Roseanne.
—Esta bien cielo, ella solo duerme… todo lo malo ya pasó, ella esta bien—, dijo de manera reconfortante y aferrada a su mano atravesé la puerta de aquella habitacion.
El corazón me latía con fuerza como si se me fuese a salir del pecho… conocer a mi madre, mi madre… la que estaba tumbada en una cama entre la vida y la muerte. Pensar que hace unos días me deshacía la cabeza pensando en el idiota de Jacob Sullivan y ahora, me deshacía la cabeza pensando en si mi madre seguía viva o no.
Sonreí con ironía, al menos esto si tenía un buen motivo para deshacerme pensando.
Roseanne me soltó y se encaminó hasta el monitor, si, como los de las series de televisión esos que hacen bep bep y dramáticamente emiten un bep larguísimo anunciando la muerte.
Todo parecía estar en orden y casi como si me fueran persiguiendo me acerqué a la cama con una rapidez que no era propia de mi, sentía la sangre correr por mis venas como en una pista de carreras.
Ahí estaba esa mujer, era como un ángel con un hermoso y largo cabello negro, tan negro como la mismísima obscuridad… un ángel que dormía, se veía muy frágil y débil… parecía que iba a romperse hasta con el soplo del aire. Se me estrujo el corazón. Su rostro estaba muy pálido… tan blanco como la nieve… por su rostro de finas y femeninas facciones se remarcaban sus venas, que eran como pequeñas telarañas azuladas y algo verdosas, tenía una nariz respingada y perfecta, pómulos altos pero estaba muy delgada, tanto que comenzaban a remarcarse los huesos de su cara en sus mejillas. Contraía sus finas y bien definidas cejas en una mueca de dolor y apretaba los ojos con fuerza dejando ver únicamente sus tupidas y largas pestañas… no daba crédito a que esa mujer tan hermosa fuese mi mamá, lo único que le vi como mio eran sus labios carnosos y rosados, las lágrimas se amontonaron en mis ojos, era una muñeca aprisionada y moribunda.
Miré a Roseanne, no sé que clase de cara tenía yo pero ella estaba muy afligida y conmovida.
—Oh Dios… es que, son tan parecidas— dijo al borde de las lágrimas.
Negué con la cabeza, yo era una pobre diabla y ella un ángel, era imposible que nos pareciéramos aunque fuese un poco.
—Oh, cielo... claro que lo son— repuso apretando una mano contra su mejilla.
—No insistas— solté con dureza.
Lilian se removió en la cama apretando los labios con disgusto, me despegué de la cama un poco sin quitarle los ojos de encima.
— ¿Por qué esta tan mal?— pregunté cruzando los brazos para enterrar las uñas en el suéter.
—Solo un resfriado mal tratado cielo, tuvo fiebre y paso mal la noche—, se excusó con nerviosismo.
El bep del monitor me indicaba que no fue un resfriado, pero no insistí, quizá era mejor no saber que le pasaba en verdad. Así que me quede callada.
Lilian se giró lentamente en la cama hasta darle la espalda a Roseanne, la sabana lila que le cubría el cuerpo se le cayó por uno de los hombros. Aproximé mi mano cubriéndola bien con la sabana, un resfriado era la cosa más indeseable cuando se estaba en ese estado, mejor no arriesgarla con mi mala suerte.
Cuando terminé de arroparla me aparte un poco de ella y me tope con sus ojos, casi se me detiene el corazón, ella me veía fijamente con sus grandes ojos zafiro llenos de sorpresa y desconcierto.
Jamás había visto unos ojos tan azules como esos, eran profundos, fríos, pero sumamente bellos… tan azules como los zafiros… quede anonada por sus ojos. Ella me miraba con una intensidad como si intentase ver mi cerebro a través de mis ojos, yo le miraba de la misma forma.
Entonces me sonrió, curvo los labios con dulzura mientras se acomodaba en la cama con dificultad.
Roseanne se apresuró a ayudarle a sentarse, yo estaba shockeada desde mi sitio.
—Rosie… ¿Ella… ella es?—, dijo Lilian.
Su voz era armoniosa como si lo dijese cantando, su voz era suave y cantarina como el repique de campanillas de plata… Dios santo ¿Esa mujer enserio es mi madre? Mi voz a veces se escuchaba como el graznido de un ganso cuando gritaba.
Roseanne asintió sorprendida.
—Válgame Lilian, estas lucida… hace más de un año que estabas inconsciente— dijo Roseanne con mera incredulidad y me miró con una sonrisa.
—Roseanne dime ya, ¿Ella es mi hija, verdad?— interrogó Lilian con emoción en la voz.
—Si cielo, ella es Samantha Simmons… ella vino a verte— dijo Rose con suavidad.
La sonrisa de Lilian se ensanchó y siguió mirándome como si yo fuera la octava maravilla del mundo.
—Eres más bonita que en las fotografías ¿A que si, Rose?— dijo alegremente con un tono aniñado.
Yo seguía aturdida y tan dura como una piedra… ella tenía un grave problema mental así que no me era de extrañar que dijera una incoherencia como que soy bonita.
—Claro que si, es como tu gemela… solo que ella tiene sus ojos—, dijo Roseanne con felicidad.
Entonces mi postura de piedra se volvió como la de una gelatina y me pegué a la cama ¿De quién eran mis ojos? Además… ¿Yo, gemela de Lilian? Estas mujeres estaban completamente locas.
.
.
.
.
Regresé de mi ensoñación porque era la quinta vuelta que Sebastián daba por la avenida Mason y yo seguía como boba en mi cabeza. Apenada me senté bien derechita en el asiento y le hice un gesto para que diera otra vez la vuelta.
El demonio lo hizo sin chistar y en cuanto vi los altos arboles del parque estatal le pedí que se detuviera.
Sebastián estaba muy callado, tenía un expresión sería como de disgusto y aquella se le pintó en la cara cuando doblamos la esquina adentrándonos en la avenida Mason… me pregunté si aún estaba enojado conmigo por la escenita del baño y luego la escenita con Bruno, pero, al parecer quizá estaba enojado conmigo porque estuve a punto de morirme y si moría entonces todas sus molestias por conseguir comida se habrían ido al caño. Podría ser otra cosa… jeh, claro que no, estaba enojado conmigo porque ahora arrastraba a una enana en silla de ruedas. Eso tenía lógica.
Solté los papeles sin atreverme a verle la cara al demonio… ¿He dicho ya que no puedo verlo a los ojos sin querer arrojarme por un peñasco? Por ahora necesitaba tener bien puesta la cabeza y no pensar en nada más que lo incluyera a él o entonces me pondría a gritar como una loca y la histeria era la emoción menos necesaria y estorbosa para ver a Lilian.
La puerta del automóvil se abrió y un cuidadoso y detallista Sebastián me ayudó a subirme en la silla, concéntrate Samantha… concéntrate, no te alborotes por algo de caballerosidad.
Me sentí como cuando tenía trece años, el andar de la silla se detuvo y me quede sin aire. Las primeras impresiones como esas siempre me robaban el aliento… ahí estaba yo; bajo el sol y la fresca brisa de Appleton Lakes, trepada en una silla de ruedas con una ropa bien fresca y un mayordomo demonio custodiando mis huesos.
— ¿Todo bien mi lady?— preguntó Sebastián.
Asentí volviendo a respirar… ¿Cómo se vería está vez Lilian?
.
.
.
Hola gente!
Ehh... pues qué puedo decir ahora? Agh, no sé están pasando cosas que me confunden (¿Un chico?) No, calla Sae no molestes. Hmp pues... eso de la escuela y mis posibilidades de que quizá... una suposición, pero muy quizá pueda que entre a la escuela el Lunes porque una adorable personilla pues pensó en mi (Un chico, cierto?) No! pero la cosa está así y la verdad no sé que hacer o cómo reaccionar, es que de pasar eso pues la verdad ya me había acostumbrado y ya comenzaba a llevar el ritmo entre estudiar, exámenes y escribir y pues... no quiero que eso cambie por un tiempo, esto me gusta y por primera vez en mucho tiempo las cosas van bien conmigo, con escribir, con mi cabeza y eso ah... no sé debería de saltar de felicidad o algo así pero aún esta en un quizá y la verdad no me hace feliz. Pff... ahora si me siento como adolescente xDD es irónico jamás me había sentido así de incomprendida... ._. El dilema con todo esto es que tendría menos tiempo para escribir, por tanto actualizaría menos seguido...
Oh, hay que decir que cuando hay una posdata por parte mía siempre será sobre que no hay fecha fija para actualización (: quería hacer este capitulo más largo pero ya iban ocho hojas de word cuando me di cuenta y pues bien la interrogante me pareció un final decente... siempre hago los capítulos tan largos como se necesite, me refiero a que simplemente hay una serie de eventos no importan si son cortos pero así pasa y así se queda. Por tanto el arco de la visita a los padres se acabó oficialmente y damos inicio a otro arco que... trata de Lilian y no más spoiler xDD Luego de esto las cosas se irán con un ritmo menos intenso (físicamente) pero bueno espero les guste el capitulo y sí Lilianne Ivette Emerson Phantomhive En un principio mi consciencia dio una inminente negativa y luego todo cobro sentido en mi cabeza b-but well! e_é La impresión que Demian me dio fue de: ¡Oh Dios mio acabo de describir a Derek Sheppard de Grey's Anatomy! Entonces lo amé xD ese hombre me hace tirar baba como una pobre loca... ah That's it people! I will bakc with another chapter some day!
¡Les amo con todo mi corazoncillo de pollo que tiene frió aunque estamos a veintitantos grados pero yo muero de frió! Gracias por sus reviews... oh, me hacen chillar de felicidad con los reviews! I'm in love with the reviews *.*
P.D.: Ya saben, entre más reviews menos tardaré en actualizar porque me inspiran mucho a seguir escribiendo sin distraerme cada cinco segundos xD Pero la posdata era que no hay fecha de actualización fija! ;)
