PARTE III
Capítulo 4: Reflexión
Notas: Y llegando a la recta final. Este es el penúltimo capítulo del inicio de esta historia.
Espero que os esté gustando :-D
Capítulo 4: Reflexión
No le había mentido a Yuri cuando le había dicho que tenía dos programas pensados. Los tenía: uno con música rápida y otro con lenta. El problema que tenía con ellos era que no había sabido cuál usar él mismo.
Siempre había tenido muchas ideas de coreografías y, en general, primaba para ser elegidas cuál deleitaría más a los espectadores. Pero mientras las estuvo patinando durante su desarrollo, ninguna le convenció. No era capaz de ver en ellas algo nuevo y eso le había ido mellando poco a poco hasta el punto de perder las ganas de competir.
Pero ahora que no iba a usarlas él mismo, la cosa cambiaba. Podía pulir esas coreografías y asignárselas a ellos para sus programas.
Observó con diversión cómo Yuri vaciaba en cuestión de dos minutos un tazón de carne de cerdo extra-grande. Le habían puesto la especialidad de la casa y, a pesar de seguir rechistando, no estaba dejando nada. Había puesto pegas por la habitación, por el baño compartido y por la comida, pero a la hora de la verdad, las dos últimas, al menos, las había disfrutado como nadie.
—¿Verdad que está bueno? —preguntó Victor viéndole engullir la comida.
—¡Está genial! —contestó con la boca llena. A la madre de Yuri se la veía feliz por ver a alguien disfrutar de su comida.
—¿Tienes más visitas, Yuri? —preguntó Mari entrando en la sala.
La interrupción hizo que el Yuri hambriento se girara en protesta y, para asombro de los presentes, ella se emocionó.
—¡Es igual que Takao!
Victor no tenía ni idea de quien era, pero reconocía sin género de dudas a una fan.
—Él también se llama Yuri —le explicó Hiroko a su hija.
—¿Cómo? ¿Dos Yuris? Pero eso es muy confuso. —Se quedó unos momentos meditando y luego le señaló—. Vale, tú serás Yurio.
—¡¿Qué!? —se quejó el aludido.
—Y bien… ¿Dónde se queda a dormir Yurio?
—En el segundo piso —contestó su hermano solícito.
—¿En la despensa? —replicó ella contrariada.
Puesto que seguían con el balneario al completo, no había habitaciones disponibles. Y lo peor era que cuando se supiera que Yuri también estaba allí, se volvería a montar otro revuelo en Hasetsu.
—Tengo que ir a limpiarla. Yuri ayúdame.
Él aceptó y se levantó. Lo cierto era que Mari había tenido una buena idea diferenciándoles. Así no tendría problemas al dirigirse a ellos.
Miró a Yuri… o mejor dicho, Yurio, y pensó que aquello iba a molestarle bastante.
—Ves qué bien, ¿Yurio?
—¡Cállate! No me llames así.
Victor se rio de él sin contemplaciones. El chico tenía un temperamento muy fuerte, pero al final, Yuri siempre le había respetado. Le había admirado como patinador al ser el mejor de su país. Y puesto que él quería llegar a serlo también, sabía que debía superarle. En consecuencia, tenía un sentimiento de adoración-rivalidad que daba como resultado momentos de agresividad respetuosos, si es que se podía definir de alguna forma.
—Pero me viene bien para diferenciaros. En las prácticas, si no, sería muy confuso.
—¡Entonces llámale Yurio a él! A mí me conoces de antes.
—Pero él es mayor, se llama Yuri desde antes que tú.
—¡¿Y eso qué tiene que ver?! —Victor se rio con fuerza. Se iba a divertir bastante con ese tema.
—Además, estás en su casa. Es a ti a quien le toca tener el nombre cambiado.
No le hizo nada de gracia. Se puso a despotricar contra todo mientras Victor se limitaba a dejarle desahogarse.
—Créeme que eso no durará mucho —dijo al fin—. Porque la semana que viene ganaré. Espero que el programa que me hagas sea bueno.
—Lo es —le confirmó—. Si lo haces bien, podrás ganarle. Pero si Yuri hace bien el suyo, también podría ganarte a ti.
—Eso no ocurrirá. Yo soy mejor.
—Bueno, quizás deberías tener presente que te ganó hace varios meses estando borracho. Puede que no te sea tan fácil como piensas.
—¡No me recuerdes aquello! —estalló el chico—. No dejaré que vuelva a pasar algo así.
Victor rio recordando las consecuencias de aquel reto. Porque no sólo había perdido; también había compañeros presentes que se llevaron aquel acontecimiento para casa y con el que pudieron mortificarle durante mucho tiempo.
La conversación no duró mucho más porque Yuri acabó cayendo dormido sobre la mesa. Mucho había durado, desde su punto de vista. El viaje a Japón era largo y más porque había que hacer escala. Y por supuesto, el cambio horario no era pequeño, precisamente. El primer día siempre dejaba el cuerpo para el arrastre, daba igual las veces que se viajara.
Mari regresó veinte minutos después de irse para recoger la mesa, pero Yuri no vino con ella.
—¿Dónde está Yuri?
—¿Yuri? Se marchó hace rato —contestó despreocupada recogiendo los vasos.
—¿A dónde?
—Supongo que estará con Minako o en Ice Castle. Son los dos sitios a los que suele ir.
—¿Incluso a estas horas?
Mari le miró con curiosidad.
—A mi hermano le da igual la hora. Si quiere ir, va.
Victor recordaba que a Minako le tocaba trabajar esa noche en el bar, y como le quedaba más cerca que el Ice Castle, probó a buscarle allí.
Sin embargo, la única que estaba allí era ella. No había rastro de Yuri.
—No, conmigo no está —le dijo desde detrás de la barra—. Mari se refería a que podría estar en mi estudio ensayando ballet.
Pero puesto que esa noche trabajaba, Yuri habría optado por ir al Ice Castle.
—¿Y no es algo tarde para darle clases? —inquirió algo sorprendido.
Los horarios de los patinadores tendían a ser más nocturnos que diurnos, pero eso se debía a la disponibilidad de las pistas de hielo. Fuera del horario de apertura al público era el único momento en que se podía ensayar con ellas vacías.
Sin embargo, las clases de ballet no se regían por eso. Se podían hacer en cualquier momento y no era necesario que un profesor se amoldara tanto a los horarios de los patinadores.
—Cuando se pone nervioso siempre quiere ensayar —le explicó—. Es su forma de controlarlo, así que no tengo problemas en dejarle practicar aunque venga tarde. Y en el Ice Castle siempre le dejan la pista si no tienen reservas. Si ha conseguido ser bueno, es porque tiene sitios donde puede ensayar sin preocuparse de si nos molesta o no. En realidad no es que sea un genio, es sólo que tiene todo el tiempo del mundo para practicar.
—Y gente que le deja tenerlo —matizó Victor.
—Se podría decir, sí… —estuvo de acuerdo ella con una sonrisa—. Si ha salido de casa a estas horas sin decir nada, algo le habrá pasado. Seguro que le encuentras en el Ice Castle dando vueltas.
—¿Dando vueltas? —Minako compuso una sonrisa maliciosa.
—Ya lo verás.
Victor se estaba llevando una sorpresa con aquel suceso. Hasta ese momento, Yuri no había actuado así pero, por lo que estaba descubriendo con su círculo cercano, era algo habitual de él. Se suponía que el día que llegó había revolucionado a Yuri, sin embargo, eso no había conseguido hacerle escapar hasta allí. Y podía dar fe de que había estado muy nervioso.
Pero, en cambio, la llegada del otro Yuri, sí. De modo que no sólo el nerviosismo le impulsaba a hacerlo. La gran diferencia entre la semana anterior y ésta, era que ahora había una competición de por medio. Así que le habían agregado la presión.
Victor caminó seguido de Maccachin atravesando el puente que le llevaba hasta el Ice Castle.
No había sido su intención agobiarle cuando propuso la competencia, pero reconocía que no había esperado que Yuri viniera desde Rusia exigiéndole una promesa de la que no se acordaba. Era lo que se le había ocurrido ante ese dilema.
Suspiró.
En realidad, no quería volver. Yuri se podía valer perfectamente con Yakov. Era un gran entrenador y sabía que sacaría lo mejor de él para seguir dejando a Rusia en lo más alto. Pero a él, lo que lo había motivado era entrenar a un patinador capaz de realizar bien su programa cuando nadie le veía. En competición no lo hacía así y eso era gran parte de lo que le había traído a Japón.
Le encantaría poder decir que era imparcial, pero no lo era. Prefería quedarse allí y entrenar a alguien que en gran medida su problema era que obtuviera una buena dosis de entusiasmo. Yuri había perdido toda su confianza con la temporada pasada y eso era lo que estaba haciendo que no pudiera decidirse entre seguir patinando o no.
Desde que había llegado, tenía la sensación de estar arrastrando de él para que siguiera. Y sabía que se estaba valiendo de su posición para ello. Puesto que Yuri le admiraba, no le negaba nada. De ahí que hubiera aceptado todo lo que le había dicho. Pero eso sólo serviría a corto plazo y Victor lo sabía mejor que nadie. Yuri debía querer por sí mismo seguir patinando o no harían nada con sólo quererlo su entrenador.
El Ice Castle tenía las puertas cerradas cuando llegó, pero las luces estaban encendidas. Tocó a la puerta pero nadie le escuchó, así que llamó por teléfono a Yuuko, la cual estuvo delante de él medio minuto después.
—No esperaba que vinieras tú también —le saludó ella volviendo a cerrar con llave.
—Entonces, ¿Yuri está aquí? —preguntó.
—Sí, lleva un rato descargándose —contestó en tono de broma.
—¿Descargándose?
—Sí, es como le llamo yo a lo que hace. —Victor la miró con desconcierto y ella se rio, poniéndose en marcha hacia la pista—. La gente tiene muchos trucos para tranquilizarse. Hay gente que se pone música, otros se ponen a hacer tareas mecánicas y otros simplemente se entretienen con lo primero que pillan. Pero Yuri se viene a patinar cuando le entra la ansiedad.
—Y así se descarga —completó en tono plano Victor.
—Sí, casi puedes ver cómo se va quedando en los surcos del hielo —rio divertida al pensarlo—. Ven por aquí.
Se acercaron a Nishigori, el cual tenía sus ojos puestos en la pista. Yuri estaba dando vueltas hacia atrás. No hacía nada más; sólo deslizarse por el hielo dando vueltas, y eso le recordó las palabras de Minako.
—Ya está más tranquilo que cuando llegó —le informó Yuuko. Se acercó a la mesa de control y se apoyó—. A veces me recuerda a un adicto al que le dan el objeto de su adicción. Aparece por la puerta muy tenso, pero según empieza a patinar, poco a poco desaparece.
—¿Suele hacerlo a menudo?
—Cuando empiezan las competiciones, mucho. Y tengo entendido que eso no cambió mientras estuvo fuera —contestó Yuuko—. Es bastante sorprendente que compita teniendo en cuenta que en seguida se viene abajo por la presión. Pero en realidad es muy buen patinador y sería un desperdicio que se quedara en casa sin demostrarlo. Por eso todos le animamos.
—¿Y no practica alguna coreografía? —inquirió Victor mirando a Yuri.
—Cuando viene en este estado, no —dijo Nishigori.
—Siempre he pensado que por eso se le da tan bien estar sobre los patines —comentó Yuuko—. Se pasa demasiado tiempo deslizándose con ellos, así que para él, debe ser igual que moverse por el suelo.
Era la primera vez que veía a Yuri así, como si el mundo hubiera desaparecido a su alrededor y ya nada pudiera afectarle. Hasta la fecha, se había dado cuenta de que el primer Yuri que había conocido estaba escondido en algún lugar recóndito dentro de él y era consciente de que no era accesible a menos que el alcohol le hiciera salir.
Pero el otro Yuri que estaba conociendo era alguien que andaba de puntillas alrededor de él. Aunque no era tan exagerado como cuando llegó, sabía que seguía poniéndole nervioso.
Además, ya había concluido que el círculo de amistades de Yuri era muy reducido. Había esperado que se relacionara con más gente, pero sus allegados se contaban con los dedos de la mano. Y siendo un patinador célebre de su país, era increíble que no se relacionara más. A la gente famosa siempre le salían amigos por todos lados, incluso sin quererlos.
—Sí, por eso no tardó mucho en superarte a pesar de ser menor que tú —bromeó el hombre con Yuuko. Ella le dio un golpe en el brazo simulando enfado, pero al final se rio.
—Entonces, ¿veníais los tres a patinar?
—No exactamente —le corrigió Yuuko—. Nosotros ya veníamos a la pista antes de conocerle, y puesto que somos dos años mayor que él, nuestro grupo de amigos era diferente. Sólo estábamos juntos cuando coincidíamos con él aquí.
—Siempre ha venido a patinar solo —dijo Nishigori.
—Yo pensaba que le gustaba patinar precisamente por eso. Cuando éramos pequeños, no jugaba con nadie.
—No es que se le dé muy bien hacer amigos. Siempre ha sido muy solitario.
Victor miró a Yuri como si una luz se hubiese encendido en su cabeza. Eso explicaba, como pocas cosas antes, por qué Yuri no patinaba en la disciplina de danza. Con la calidad técnica que tenía en baile, sería un patinador muy destacado en ella. Pero eso implicaba tener una compañera y, por lo que le estaban diciendo, no parecía muy proclive a simpatizar con una.
No es que se hubiera equivocado de disciplina, como había pensado meses atrás. Era que esa alternativa estaba cerrada debido a su forma de ser.
—Nunca será tan bueno en otra cosa como lo es con el patinaje —continuó diciendo el hombre—. Por eso no quiero que Yuri se retire.
—Ni yo —se sumó su mujer a la opinión—. Sé que aún tiene muchas cosas por hacer. Por eso espero que puedas sacar de él una faceta que desconozcamos.
Tenía que reconocer que no dejaba de sorprenderle. El Yuri que conocían sus allegados era un Yuri retraído e inseguro de sí mismo, tal y como le estaban diciendo todos y que estaba viendo con sus propios ojos día tras día desde que llegó. Pero esa imagen contrastaba por completo con la que tenía de él colgado de una barra semidesnudo en un reto con Chris.
¿Una faceta que desconocieran? Él sabía de una que los dejaría de piedra. Sólo tenía que encontrar la forma de sacarla a la luz para sorprender como nadie a los que le vieran.
—Como un hechizo para convertir al cerdo en príncipe —murmuró para sí mismo.
—¿Qué?
—Nada, nada… —dijo rápidamente para quitar importancia a sus palabras y dándose la vuelta para regresar a Yu-Topía—. Gracias a los dos. Me habéis ayudado a saber más de él.
— * —
Fin de Capítulo 4 - Parte III
19 Octubre 2017
Notas: Por si alguien se está preguntando por qué Victor no siempre habla de Yuri Plisetsky como Yurio una vez que Mari los diferencia, es porque no está acostumbrado y porque es en sus pensamientos (hablando sí lo ha hecho). Yo tengo en mi grupo de amigos dos con el mismo nombre e incluso cuando estoy pensando en algo en que están los dos implicados, jamás me matizo a mí misma quién es cual, sólo cuando hablo con alguien y entonces sí que tengo que matizarlo. Así que en este capítulo, como no hay confusiones de quién es quién en el contexto, no lo he cambiado.
Un saludo.
