CAPITULO 10 BIENVENIDA A PHOENIX
A las ocho de la mañana me encontraba en la puerta del aeropuerto de Seattle con Charlie a mi lado. La despedida fue lo más emotiva que pudo ser, teniendo en cuenta que a mi padre le costaba mucho demostrar sus sentimientos. Bueno, y a mi también, para qué negarlo.
- Bella, hija, si cambias de idea sabes que puedes volver cuando quieras – me dijo Charlie mirándome a los ojos.
- Lo sé, papá, no te preocupes, estaré bien, de verdad.
- Vale, llámame de vez en cuando.
- ¡Claro! - y me colgué de su cuello. Eso le pilló desprevenido, pero pronto me correspondió el abrazo.
- Ejem...creo, creo que tienes que irte,¿ no querrás perder el avión? - juraría que una lágrima amenazaba con caer por su rostro.
- Sí, ya...me voy. Papá...
- ¿Sí?
- Te quiero.
- Y...yo a ti, hija.
Y me dispuse a embarcar. Me esperaba un vuelo de unas tres horas y media, así que aproveché para dormir lo que la noche anterior no pude.
La voz del piloto me despertó. Llegaríamos a Phoenix en 10 minutos. Gracias al sueño que me había echado el viaje me había resultado realmente corto.
En 10 minutos justos llegamos. Cogí mis maletas y me dispuse a buscar a mi madre entre las gente. Habíamos quedado en que iría a buscarme, pero conociendo a mi madre era capaz de haberse olvidado.
Vi una cabellera rubia entre la gente. Sí, ahí estaba. Llevaba el pelo un poco más largo que la última vez que la vi. Llevaba un bonito vestido blanco que resaltaba su precioso moreno. En verdad no parecíamos madre e hija. Bueno, ni primas lejanas. A su lado había un hombre moreno, alto y fuerte y tenía un brazo alrededor de su cintura.
- ¡Bella! Aquí – dijo moviendo violentamente los brazos.
- Mamá – grité mientras corría a abrazarme a ella. Los acontecimientos de los días anteriores hacían que mis sentimientos estuvieran a flor de piel. En cuanto me abrazó me puse a llorar.
- ¡Cariño! ¡Estoy tan...contenta de verte. Déjame verte – y me miró de arriba abajo – Eres toda una mujer, ¡estás preciosa!
- Mamá, que tengo ojos, por favor...
- Pero si estas guapísima – oh, amor de madre.
- Ejem – tosió el hombre que iba con ella.
- Oh, que tonta soy me había olvidado de Phil. Phil está es mi hija Bella, Bella este es Phil.
- Encantado, Bella – dijo Phil. Parecía muy agradable. Me dio buena impresión.
- Igualmente, Phil – dije mientras le daba la mano.
- Bueno, ¿por qué no vamos a casa y me cuentas? - dijo mi madre.
- Vale.
Del aeropuerto a casa de mi madre no había más de un cuarto de hora de viaje. En cuanto llegamos mi madre me volvió a enseñar la casa. Estaba ligeramente cambiada desde la última vez que estuve allí. Mi habitación seguía igual, quitando las cortinas nuevas que mi madre se empeñó en poner. Estaba pintada en un tono azul cielo y las cortinas, al igual que las sábanas, eran de un precioso color beige. En mi escritorio había un ordenador y un teléfono. Además mi cuarto tenía baño propio. Eso me encantaba.
Una vez en casa me di cuenta del calor sofocante que asolaba Phoenix. Tendría que hacer algo con mi ropa urgentemente o moriría deshidratada. Mi madre pareció notarlo.
- Bella, me he tomado la libertad de comprarte algunas camisetas de manga corta. Creo que te harán falta. De todos modos podemos acercarnos al centro comercial a comprar lo que necesites.
- Gracias, mamá, no hacía falta que te molestases – era increíble ver a mi madre actuando como una madre. Normalmente era yo la que ejercía ese papel cuando estaba con ella.
- Bueno, dejaré que te instales tranquilamente. Baja cuando estés lista, ¿vale? ¡Tenemos mucho de que hablar!
Gemí internamente. Mi madre no se cortaba con las preguntas. Además sabía que me iba a hacer un interrogatorio de mi pseudo-cita con Cullen. Definitivamente no le contaría la verdad. No de momento.
Coloqué mi ropa en mi armario, me cambié de camiseta y bajé. Como era de esperar me hizo un interrogatorio completo de Cullen, que esquivé demasiado bien, pero no paró. Me hizo preguntas muy vergonzosas. Que con cuantos chicos había salido, que si había besado a alguno de ellos, incluso me preguntó que si había mantenido relaciones, oh, dios, eso fue muy vergonzoso. ¿Realmente el amor de madre no le permitía verme o qué? ¿Acaso mi madre no veía que yo no era de esas chicas con la que los chicos se pelean por salir?
Los días pasaban tranquilos en casa de mi madre. Ella y Phil salían a menudo, por lo que yo me quedaba en casa sola. Eso me recordó a la situación que vivía con mi padre. No es que me molestase estar sola, estaba acostumbrada, pero me dejaba mucho tiempo libre. Así que decidí buscar un empleo, aunque fuera solamente para los meses de verano.
Estuve paseando por las calles soleadas de Phoenix hasta encontrar una librería pequeñita, en la cual había un letrero en el que decía que se buscaba dependienta.
Al entrar me recibió una mujer de unos 60 años, canosa y con cara amable. Después de charlar un rato con ella me dijo que el puesto era mío, que el empleo era para los meses de verano, en principio, y que el horario sería de 6 horas diarias, de lunes a viernes. Además el sueldo no estaba mal. Para mis gastos de sobra, aunque realmente no era el dinero lo que me movía, sino mantener la mente ocupada.
Cuando me quise dar cuenta ya estábamos a finales de agosto. El tiempo se me estaba pasando rápidamente sin darme apenas cuenta. Me lo pasaba bien con mi madre. Era graciosa, definitivamente yo no había salido a ella. Su relación con Phil se afianzaba cada día más y cada vez era mayor tiempo el que pasaban fuera, debido al trabajo de Phill. Le habían contratado como entrenador de un equipo de baseball de segunda división, así que partido que tenía, partido al que iba mi madre. Si mi padre se enterase que mi madre ahora sí se había hecho aficionada a los deportes...
Yo hablaba todas las semanas con mi padre y con Jake. A él le mandaba todos los días un mail, contándole mis cosas, anécdotas de mi madre o de mi trabajo, aunque en este no pasara nada demasiado interesante casi nunca
De vez en cuando, sólo de vez en cuando, me preguntaba qué estaría haciendo él. Cullen. ¿Como estará? ¿Con quién estará esta semana? ¿Con Tanya quizás? ¿Se habrá enterado de que yo me he ido? Claro que no, idiota. Ni se habrá dado cuenta de que faltas. Decidí desechar esos pensamientos, que hacían que la herida de mi pecho se agrandara. ¿Algún día podré olvidarle completamente? De momento no lo creo. ¡Qué triste! ¡Idiota, Cullen!
Y el día llegó. Mi temido día. El primer día de instituto en Phoenix. Me daba pavor. Por lo que me habían dicho en mi curso había 300 alumnos. 300. Y en todo el instituto de Forks había 357. Bueno, 356 ahora que yo no estaba.
Por un lado pensé que sería bueno. A más alumnos, más gente con la que mimetizarme. Pero por otro lado, era un numero mayor de gente la que se podía meter conmigo.
En fin. Me acerqué andando, ya que aquí no disponía de mi adorada camioneta. Gracias al cielo que no estaba muy lejos porque el sol, incluso a estas horas era aplastante. Aunque creo que mi ropa no me acompañaba mucho. Me puse unos vaqueros desgastados y una camiseta de manga corta de Paramore regalo de Phil. Compartíamos gustos. El resto del mundo iba en shorts y camisetas de tirantes, pero yo ya había aprendido la lección. Nada de enseñar mi cuerpo. Por el bien de la humanidad.
Una vez llegué respiré de tranquilidad. Nadie se había dado cuenta que de había una nueva incorporación, o sea, yo. Todo lo contrario que hubiera pasado en Forks. Allí hubieran estado días y días planeando la llegada de la nueva alumna. En cambio aquí había mucha gente e incluso podía ser que yo no fuera la única nueva.
Me dirigí a la oficina de dirección y la secretaria me dio los partes de asistencia y un plano del instituto, junto a mis horarios. Estaba intentando leer el mapa cuando la oí.
- ¡Hey!¡Hey! - no me molesté en mirar, seguramente no fuera a mi – Hey, tú, la de la camiseta azul.
Mierda, yo iba de azul. ¿Se habrán dado cuenta de que soy nueva o es que ya van a empezar a meterse con mi aspecto?
Lentamente me di la vuelta y pude ver a una chica pequeñita, posiblemente llegase al metro cincuenta y cinco, morena de ojos azules. Su pelo era una locura. Cada punta hacia un sitio y su cara parecía el de un hada, no, más bien un duende. Cuando finalmente la miré me mostró sus relucientes y blancos dientes. Perfectos. Se podía decir que la chica era guapa. De hecho, muy guapa. Posiblemente sería popular en el instituto. Eso me aterró. Si esa chica era popular lo único que querría hacer al hablar conmigo era burlarse. Ge-nial.
- ¡Hola! - chilló – Quizás me podrías ayudar – desconfía, me decía mi mente, pero mi corazón decía lo contrario, algo me hizo confiar en esa chica en el momento que oí su voz.
- ¿Sí? - pregunté tímidamente.
- Verás no tengo ni idea de donde está el edificio 6. Tengo allí la primera clase y...estoy perdida – dijo mirando el plano mientras fruncía el ceño. Realmente tenía una expresión muy graciosa. Un momento, ¿no sabe donde está? ¿También es nueva? Sonreí al mirar su plano.
- Estas perdida porque tienes el plano al revés – dije riéndome.
- Oh, que tonta – dijo frunciendo el ceño de nuevo.
- De todos modos yo también soy nueva así que...podemos perdernos en equipo.
- ¡Genial! – chilló – Menos mal que no soy la única nueva. Oh, que tonta, no me he presentado, me llamo Marie Alice Brandon, pero mis amigos me llaman Alice – y me plantó dos besos en la cara.
- Y yo me llamo Isabella Marie Swan, pero mis amigos de llaman Bella.
- ¡Hi! Perfecto.
Me encaminé por los largos pasillos con Alice al lado. Hablaba por los codos y me hacía reír mucho. Definitivamente había tenido mucha suerte en encontrarme con ella. Aquí no tenía a Jake, mi gran amigo, por lo que echaba de menos poder charlar con alguien de mi edad. Por suerte Alice y yo compartíamos muchas clases juntas.
La mayoría de las clases pasaron sin problemas. De echo algunas un poco aburridas, debido a que la temática que estábamos tratando ya la había dado en las clases avanzadas de Forks.
En la hora del descanso Alice y yo nos sentamos juntas. Seguimos riéndonos de todo y de nada. La verdad es que se me hacía un poco raro que una chica como Alice disfrutara de mi compañía. Ella podría estar sentada al lado de la gente guapa y con clase, pero no, prefirió sentarse conmigo. La verdad es que no pegábamos ni con cola. Ella, perfectamente vestida, con un conjunto precioso que la quedaba de maravilla, y yo con estos pelos recogidos en un moño y estos vaqueros viejos. El timbre sonó.
- Bella – había decidido que Alice me llamase Bella, no quería que en el instituto me conociesen por Isabella, me recordaba a...antes – ¿qué clase tienes ahora?
Miré el horario y mi cara cambió por completo. Biología. Como antes. Como en mi anterior instituto. La única clase que compartía con Cullen. Aquel primer día que se sentó conmigo me llenó la mente. Y mi pena empezó a salir a flote. Alice lo notó.
- Bella...¿estás bien? Te ha cambiado la cara.
- Eh, biología, mi próxima clase es biología.
- ¿Y qué pasa? ¿No te gusta? Podemos intentar cambiarla...
- No, no es eso, es que me he acordado de algo...triste.
- ¿Pero estás bien?
- Sí, ahora sí, vamos que llegaremos tarde.
Maldito Cullen que hasta una estúpida clase de biología es capaz de recordámelo.
A duras penas terminé mi clase de biología sin llorar. Habíamos echo la práctica que hice con él cunado se sentó conmigo. Cuando salimos del instituto acompañé a Alice a su coche. Se me calló la mandíbula al suelo. Yo no entendía de coches, lo único que sabía es que era espectacular. Era un Porsche amarillo canario totalmente deportivo. Y totalmente precioso.
- ¡Vaya!¡Que pedazo de coche!¡Es alucinante!¡Todos están embobados mirándole!
- Sí, suele pasar – dijo riéndose – Es raro ver a una chica de 17 conduciendo esta preciosidad.
- ¡Ni que lo digas! Tendrías que haber visto la camioneta que tenía antes. Ponerla al lado de tu coche sería vergonzoso.
- Venga, que te llevo a casa.
Me metí en el coche y nos dimos cuenta de que Alice no vivía muy lejos de mí. Quedamos para ir a pasear al centro comercial cuando terminase mi turno en la librería. Ni que decir que mi madre dio saltos de alegría cuando se enteró de que había echo una amiga.
¡Yo! Con una amiga! Solo esperaba que nada lo estropease.
Al fin apareció Alice! ¿Qué os ha parecido el capitulo? ¿Se integrará Bella en su nuevo instituto? ¿Qué estará haciendo Edward?
Muchas gracias por las reviews
Janalez: era de esperar...era Alice. ¿Cuánto tardará en llevar a Bella de compras? :D Yo también tengo ganas de venganza, jejeje. Gracias por comentar!
Lolaki: tienes razón, automáticamente clasificamos a Tanya como un personaje negativo, aunque no se los motivos. De hecho en Amanecer me resulta un personaje interesante. Pero es lo que tu dices, necesitaba un personaje malo y le ha tocado a ella. Gracias por tu comentario!
GAVM: me alegro de que te guste! Creo que Bella pensará un poquito en Edward...aunque no se si para bien o para mal, jejeje. Muchas gracias por tu comentario!
FlorVillu: eso, eso...que Edward se sienta culpable (que mala soy :P) Gracias por comentar!
MaraGaunt: un par de collejas al estilo Rosalie también hubiera estado bien, jejeje. Muchas gracias por comentar!
Ivelita Cullen: entre Rosalie y Jacob cualquiera se mete con Bella :P ! Aunque aún tienen que salir más protectores...Gracias por comentar!
Flowers19: está muy feo que se rían de alguien sólo por su aspecto...cada uno es como es...Yo también quiero que Edward pague por lo que hizo! Muchas gracias por leer la historia!
Iga Emo - 12L: uy...aún tendremos que esperar un poquito para saber las razones de Edward...me alegro de que te hayas quedado con ese detalle ;) Muchas gracias por comentar!
Muchas gracias por dedicar unos minutos de vuestro tiempo en leerme y en comentar! Nos leemos en un par de días, besitos!
EN EL PRÓXIMO CAPITULO
- No eres fea, Bella. Simplemente hay que hacer unos retoques y entonces estarás perfecta – y su sonrisa no me gustó para nada.
- ¿Que quieres decir?
- Quiero decir que si tu me lo permites te convertiré en un pequeño cisne, no se hable más, mañana vamos al centro comercial. Además tenemos unas compras pendientes, ¿recuerdas?
