Try again
Disclaimer: Card Captor Sakura no me pertenece, todos sus personajes le corresponden a Clamp, yo sólo los uno a mis locas ideas.
Summary: Sakura tiene 21 años, una familia terrorífica, una mejor amiga que se va a casar, una carrera de periodismo que absorbe su vida y un nefasto historial en cuanto a hombres, ah… y algo así como un amigo que no pierde la oportunidad de burlarse de su desastrosa vida pero también de echarle una mano cuando la necesita. UA.
12.-
POV Li
Existen tres tipos de mujeres: las que piensan como hombres (hasta ahora son las mejores, sexo rápido, limpio, sin rencores), las que piensan como princesas Disney (generalmente muy deseables –siempre y cuando no hablen demasiado del futuro- pero un puto grano en el culo en cuanto a eso de evadirlas) y las que no encajan en ninguno de los dos parámetros, como Kinomoto. Desde que la había conocido me había percatado que era una chica algo particular… un poco loca, un poco bipolar, con mala suerte extrema y unos ojazos verdes de esos que no se te olvidan muy fácil.
No había dado un peso por ella cuando la vi aparecer en mi café por primera vez, cara de muerto, caminar de zombie y además sin dinero, porque me había pedido un maldito expreso chico, lo más barato de toda la carta. Pero entonces, cuando le entregaba su café me miró y sentí un poco de lástima y curiosidad morbosa, la chica tenía toda la pinta de salir del local para ir a tirarse de un puente. Generalmente no me importaban mis clientes, ya saben, era usual ver a sujetos destrozados sentados en la barra bebiendo café como si tuviese veneno o la fórmula mágica para solucionar sus problemas, pero supongo que Kinomoto me dio un poco más de pena. Flacucha, ojos hinchados de tanto llorar y sin dinero (me había pagado el café después de buscar monedas en todos sus bolsillos).
- ¿Mal año? – pregunté observándola de costado mientras ordenaba la bandeja de muffins. Ella suspiró y negó con la cabeza.- Tienes toda la cara de querer tirarte a la línea del tren…- añadí, fue entonces cuando alzó la cabeza y fijó su mirada en mi.
- He tenido días difíciles.- respondió luego de unos segundos.
- Todos los tenemos, no eres la única.
- Lo sé… es sólo que…
- ¿Qué? ¿Qué puede ser tan malo? – pregunté parándome frente a ella en la barra. Bajó la vista a su café.- ¿Es por un chico? – se quedó muy quieta y me ahorré el rodar los ojos. El típico caso de niñata que cree que el mundo se acaba por terminar una relación. Perdí el interés en continuar la conversación, la chica era una idiota si estaba así por un sujeto. Me alejé unos pasos hasta que sentí su voz hablar muy bajito.
- Era gay… - me volteé y la miré en su nube de miseria y volví a quedar frente a ella.-Mi novio era gay… -repitió como si ella misma no se creyese sus propias palabras.
- ¿Dices que tu novio era gay? – asintió- ¿Y cómo demonios lo supiste? – vi que se aguantaba las ganas de llorar y me pregunté por qué demonios estaba perdiendo mi tiempo en escuchar la patética historia de una chica llorona, pero supongo que nuevamente ese "algo" me retuvo, observándola.
- Le pillé con un chico… - abrí la boca en una "o" muda. Bueno, realmente tenía razones para sentirse algo miserable.
- Bueno ¿y ahora qué? ¿vas a perder tu tiempo lamentándote por un imbécil? – pestañeó un par de veces, parecía uno de esos venados asustados por las luces de los autos, supuse que mi forma de hablarle le sorprendía.- Yo que tú dejo el pasado bien atrás y sigo adelante, es lo que hacemos todos… piensa en algo, ¿valdrá la pena en un año esto por lo que sufres? – no decía nada pero me observaba y podía leer cómo mis palabras eran asimiladas.- No. No lo valdrá…- continué- en un año posiblemente estés saliendo con otro sujeto y listo, la vida sigue…
Se había terminado el café. Nos miramos unos segundos y luego de un escueto "gracias por todo" le vi marcharse. Jamás pensé que volvería a verla, pero resultó que a la semana volvió a aparecer ahí, mucho menos patética que la primera vez y desde entonces, Kinomoto no dejó de ir al local al menos una vez por semana. Poco a Kinomoto fue saliendo del esquema de chica patética en la que la tenía, descubrí su humor inteligente, sus preguntas capciosas y su afán de filántropa del que siempre me burlaba. En resumidas cuentas, mi percepción hacia ella comenzó a mutar. Se salía del esquema de sujeta odiosa e indeseable y también del de sujeta que me quería llevar a la cama, no es que la chica fuese fea, pero, no… no era de mi gusto personal…
Pero entonces estaba ahí, en medio de un bar, un año después de haberla tachado de sujeta patética y por alguna razón mis manos se encontraban muy decididas a incursionar en Kinomoto lo cual por cierto era extraño. La observé, un poco sonrojada, mirándome fijamente y aún en la posición en que le había acomodado yo. Cintura estrecha, escondida en una de sus típicas camisas holgadas y con las que tapaba toda insinuación. Kinomoto estaba hecha para no hacerse notar y aun así era notada por unos pocos, porque no bastaba con mirarla una o dos veces, había que detenerse todo un año para sacarle un poco las capas y ver más o menos a la Sakura Kinomoto que yo conocía.
Miré de reojo alrededor, más de alguno nos observaba, la observaban, sentí esa súbita adrenalina de cuando sabes que te ven como el cabrón con suerte de esa noche, claro que la situación distaba mucho de ser lo que ellos creían, yo no pensaba tirarme a Kinomoto, incluso aunque mi cuerpo reaccionase un poco a ella, lo cual no me preocupaba demasiado, los hombres nos estimulamos fácilmente, principalmente si la chica en cuestión era guapa, ella lo era. No tenía problemas tampoco en reconocerlo. Existen distintos tipos de chicas guapas.
Acerqué mi mano a su rostro y acuné su mejilla antes de acercarme a su oído, la sentí estremecerse y me aguanté la sonrisa burlona. Era obvio que Kinomoto reaccionaba a lo que estaba sucediendo, sabía que no estaba acostumbrada a ello y era lógico, considerando que actuaba como la monja de convento desde que el gay había barrido el piso con su dignidad.
- Tu problema, Kinomoto, es que eres muy tensa… - susurré a modo cómplice, sonreí porque aún notaba al imbécil de antes mirando en nuestra dirección y era divertido provocar a tarados como él.
- Tú estás haciendo que…
- ¿Qué? – pregunté. No respondió, como era esperable.- Estoy ligando contigo, Kinomoto y te tengo en bandeja de plata sin siquiera haberte besado… ¿me equivoco? – me separé y visualicé su rostro sonrojado y sus ojos brillantes que en ese instante brillaban de furia y confusión. La burbuja se había reventado. Me reí y le tomé los hombros.- No te enfades, Kinomoto, sólo quería mostrarte algo…
- No me tenías en bandeja de plata.- replicó como niña pequeña y taimada.
- Ya… pero te estaba mostrando un punto…
- ¿Cuál? – preguntó cruzándose de brazos. Vale, sí, miré sus pechos, porque bajo esa camisa abierta lucía una simple camiseta que en esa postura demarcaba un escote. Crucifíquenme por ello pero los ojos son para mirar y los hombres miramos. Le separé los brazos tomando sus manos y riéndome de su actitud infantil. Estaba enojada por haberme insinuado con ella y haberle afectado. Suspiré tratando de no echarme a reír por la situación.
- Que la proximidad hace mucho…- dije al fin respondiendo su pregunta- te di diez minutos para ligar con ese sujeto de recién y había un abismo de separación entre tú y él…- recordé.
- No quería ligar con él.
- Deberías, él quería ligar contigo y así se consigue tener sexo, Kinomoto.- le vi hacer una mueca y me esperé su discurso feminista, sin embargo no llegó. Volvió a apretar los labios en gesto ofendido y miró hacia otro lado.
- Estoy oxidada en ligar con sujetos, además me cuesta ser la de la iniciativa, ¿sabes? Soy torpe, tú me conoces… - estalló de pronto mirándome algo acongojada. Ladeé la cabeza sopesando sus palabras.
- Estás llena de miedo, Kinomoto, eso pasa contigo… te aviso que no todos somos gays encubiertos…
- Pero tú eres un lobo disfrazado de oveja que es peor y hay muchos como tú.- me atacó apuntándome con su dedo. Típico gesto de ella y que yo cortaba tomando su mano y alejándola.
- ¿Disfrazado de oveja? ¿Yo? Creo que estás mal, nunca les oculto lo que soy, ellas se imaginan las cosas solas… las mujeres tienden a crear su propio mundo de fantasía con el sujeto y ni siquiera se detienen a pensar si están siendo realistas, ¿tengo o no razón? – pregunté, retándola a refutarme. No lo hizo. Me reí y le desordené el cabello.- Ya, Kinomoto, dejemos los temas difíciles y pidamos algo… ¿qué te parece un vodka?
Pasamos el siguiente par de horas sentados bebiendo, Kinomoto tomaba a su ritmo, aunque bebía mucho más rápido que otras chicas que conocía, pronto le dio calor y terminó sacándose la camisa y entonces la cosa se puso mucho más interesante porque tuve tiempo de analizarla y no sólo yo, también unos cuantos cabrones más que se le quedaban mirando al pasar. Ya saben, simpleza, pero esa de que miras, la chica en jeans y camiseta blanca, no te quedas parado mirando porque sea despampanante, le miras porque atraen otras cosas. Bonita espalda, fino cuello, se había tomado el cabello y dejaba más a relucir todo… y era extraño todo el asunto, estaba con la chica guapa, pero no iba a acostarme con ella, eso me hizo replantear la idea que tenía de dejar a Kinomoto fuera de los límites. ¿Qué tanto cambiarían las cosas si decidiera hacer de cazador con ella?
Pero entonces una parte de mi racionalizó que lo más probable es que las cosas se fuesen al carajo. Kinomoto no era de las tías que tiraban y olvidaban, ella involucraba sentimientos y tenía un poco de esa cosa de chica desvalida que me hacía retroceder en mi cometido. Quizás todo se debía a que la conocía demasiado, siempre era más fácil ser un cabrón cuando veías sólo la superficie.
- ¿Vas a cambiarte de apartamento finalmente? – pregunté tomando lo último del vaso de vodka y haciendo la señal de pedir otro.
- Eso quiero, pero he estado cotizando y todos son muy caros… - respondió afligida.
- En mi edificio hay uno… pregunté el otro día.- repliqué viendo como se enderezaba y me miraba atenta. En ese momento de la noche sus ojos ya brillaban un poco y sus mejillas estaban rojas y todo gracias al bendito alcohol.
- ¿De verdad? ¿Y a cuanto?
- 30 mil al mes.- respondí. Bufó e hizo un ademán lastimero. Rodé los ojos.- Eres una llorona, no encontrarás nada mejor por menos precio.
- Entonces me quedo donde estoy.
- ¿Con tus vecinos y sus gemidos orgásmicos? – pregunté burlón. Su pequeña mano fue hasta mi brazo y la detuve. De pronto tuve una idea.
- Podrías vivir conmigo un tiempo, podría arrendarte la habitación, te saldría más barato y podrías aprovechar de ahorrar para cambiarte luego…
Me miró como si tuviese tres cabezas y entendía el por qué. Incluso yo me había sorprendido un poco de lo que acababa de decir, culpa del alcohol probablemente el que lo hubiese dicho sin analizarlo demasiado, aunque no era una mala idea para nada. Hacía meses que estaba con un presupuesto bastante justo, me venía perfecto una nueva entrada de dinero extra. Esa habitación no la usaba para nada y si podía ganas dinero con ella, ¿por qué no?
- ¿Lo dices de verdad? – preguntó antes de tomar de su vaso. Me encogí de hombros.- ¿Harías eso?
- Te cobraría, claramente, necesito el dinero y sería una buena solución para ambos.- se mordió el labio meditando mis palabras.
- ¿Y cuánto me cobrarías?
- Diez mil.- solté de pronto más despierto y considerando una posibilidad real. ¿Qué tan malo sería vivir con Kinomoto por un par de meses? Con su dinero pagaría los gastos comunes y me sobraría aún más de la mitad para resolver unos cuantos problemas que tenía. Era el plan perfecto. Yo trabajaba, ella estudiaba, no tenía novio al que pudiese llevar a casa y…
- ¿Y por cuánto tiempo me dejarías?
- No lo sé, ¿cinco meses? Mientras buscas algo mejor.
- ¿Y si no lo encuentro? – rodé los ojos. A ratos era una mocosa increíblemente alterante.
- Te estoy ofreciendo una buena posibilidad, mi apartamento queda más cerca de tu universidad que dónde estás ahora, te ahorrarías 10 mil yenes al mes y de paso me ayudarías con ese dinero a mi.
Pareció pensárselo otro par de minutos mientras se bebía prácticamente de un solo trago lo que le quedaba de vodka en el vaso. Lo sorprendente es que aún no se mostraba demasiado afectada por el alcohol, lo cual era toda una sorpresa, alguien tan delgada como ella no esperarías verla tan resistente.
- Pero te propongo reglas…- me adelanté de pronto.- Nada de madres odiosas ni parientes indeseables… y tampoco ligues, todo eso fuera de casa… - me miró y asintió. Parpadeé unos segundos esperando una respuesta verbal.
- ¿Y si no nos soportamos viviendo juntos? – preguntó.- Nunca he vivido con alguien…
- Yo tampoco, pero tú no pareces una psicópata –bromeé- y ya comprobé que haces buenos desayunos… - no parecía demasiado convencida y me encogí de hombros.- Bueno, Kinomoto, es tu opción, no voy a rogarte nada… - miré mi reloj, eran casi las cuatro de la mañana, me sorprendí de lo rápido con que había avanzado la jornada.- ¿Te parece si nos vamos?
Le vi levantarse de un salto y fue cuando supe que el alcohol sí que le había afectado, se tambaleó un poco y le agarré de la cintura para mirarla y reírme.
- Tomaste demasiado ¿eh? – se sonrojó y negó con la cabeza.
- Tú estabas pagando, tenía que aprovechar…- dijo de pronto haciéndome reír. La volteé yo mismo y sujetando sus hombros la conduje hacia la salida.
El viaje hasta su edificio fue en completo silencio, para cuando llegamos y estacioné fue cuando al fin la miré y me percaté que estaba profundamente dormida. ¿Era en serio? Le toqué el hombro y nada, Kinomoto dormía cono un maldito tronco. Miré su cartera y me debatí sobre si sacarle las llaves y dejarla en su apartamento o no, aunque se vería bastante extraño que vieran a un desconocido cargando a Kinomoto y además entrando a su apartamento. Chasqueé la lengua y le piqué la cara.
- Kinomoto…- nada.- ¡Kinomoto! – grité. Apenas logré un quejido y un movimiento lento de cabeza. Bufé, eso me pasaba por invitar a novatas a beber. La miré nuevamente y negué con la cabeza.- Maldita mocosa…- susurré mientras ponía primera y apretaba el acelerador.
Me la llevaría a casa. Era más fácil que subir los malditos pisos con ella en estado zombie y era más normal llegar a mi lugar con una chica que tratar de convencer a un conserje ajeno que no llevaba inconsciente a Kinomoto para robarle. La miré de reojo mientras conducía, parecía en estado de coma absoluto.
- Esta te la cobro luego, Sakura...
OoOoOoO
Bien, aquí me tienen, sí, sí, estaba actualizando todos los días, pero me fui de mini vacaciones y no pude actualizar, lo siento… y bueno, nada, aquí he vuelto, al fin con el primer capítulo desde el punto de vista de mi amado esposo Syaoran (?). ¿Qué les ha parecido el capítulo? Se ve mucho y a la vez poco de lo que es Li y me gusta así, porque no quiero develar todo de un viaje, me gusta que sigan intrigadas sobre las aristas de esta cabeza masculina… de todas formas ya se pueden hacer una idea de cómo ve a Sakura… al menos en parte.
Gracias infinitas y totales por cada uno de sus comentarios. Son las mejores mejores de todas, las amo.
Mademoiselle K.
