Capítulo 12. Bruce y Harley
Los años pasaron en Gotham y Bruce y Harley fueron viviendo momentos importantes en sus vidas. Bruce acabó la universidad y comenzó a trabajar con Lucius Fox, su amigo de la facultad, en varios proyectos de tecnología y ciencias aplicadas. Dos años después, Harley terminó también su carrera y consiguió un puesto de trabajo en Arkham como psiquiatra. Durante todo aquel tiempo, permanecieron juntos, y aunque tuvieron que pasar por momentos difíciles como la muerte de Alfred, ambos pudieron superarlos gracias a que se tenían el uno al otro. Tras la muerte del viejo mayordomo de los Wayne, Bruce y Harley contrataron a dos criados nuevos, Anne y Michael, para que se ocuparan de las tareas del hogar mientras ellos estaban fuera.
Bruce y Lucius comenzaron a introducirse en el mundo empresarial con los años y crearon Wayne & Fox Enterprises. Tres años después de su fundación, se convirtió en una de las mayores empresas de tecnología de Gotham y en la fiesta por el tercer aniversario de la compañía, Bruce decidió pedirle a Harley que se casara con él, lo cual ella aceptó emocionada por la sorpresa.
A pesar de la felicidad que sentía Bruce en su vida diaria, Gotham se encontraba en una situación difícil. El crimen y la corrupción habían aumentado enormemente en los últimos años, las mafias se hacían con el control de las mayores compañías de la ciudad y varios altos cargos habían sido señalados como responsables de varios casos de corrupción. Aún así, a Bruce no le importaba aquello. Desde que abandonó las lecciones de Ducard no volvió a patrullar las calles y se olvidó de luchar contra el crimen para siempre. Lo único que le importaba era Harley. El amor que sentía por ella hacía que olvidara todo lo demás que había a su alrededor.
. . .
Bruce se encontraba en la cocina de la mansión Wayne, preparando la comida de aquel día, repasando las instrucciones que le había dado Michael y vigilando atentamente para que no se le quemara nada. Mientras tanto, escuchaba por la radio noticias de nuevos crímenes, tanto en las altas esferas como en los bajos fondos, perpetrados por la mafia. Siempre que escuchaba aquellas noticias sentía que su cuerpo se tensaba. La justicia no aplicaba su justo castigo a aquellos criminales y aunque lo consiguiera, llegaba tarde. Gotham se encontraba cada vez más al borde del caos y nadie hacía nada para detenerlo. Recordó los días en los que se disfrazaba para luchar en las calles. Días en los que combatir el crimen parecía fácil, pero nunca llegó a enfrentarse al verdadero enemigo. Sus víctimas solían ser criminales de poca monta que cometían delitos menores. En el tiempo que pasó con Ducard nunca se enfrentó a mafiosos o a criminales profesionales. Ahora conocía la verdadera raíz del crimen. No estaba en los barrios marginales de la ciudad, se encontraba en las altas esferas de Gotham. Los responsables de la situación de su ciudad no eran ladrones callejeros ni atracadores, eran empresarios ávidos de poder y sin ninguna compasión por las personas que trabajaban para ellos. Solo de pensar en aquello, Bruce comenzaba a desear de nuevo luchar contra ellos.
-¡Ya estoy en casa!-dijo la voz cantarina de una mujer desde el recibidor.
Harley avanzó por todo el ancho vestíbulo de la mansión, llamando a Anne o a Michael, para saber si estaban en casa. La psiquiatra se sorprendió ligeramente cuando alguien la cogió por detrás con fuerza.
-Hola, señora Wayne.-dijo Bruce a su esposa mientras la abrazaba.
-¡Hola, señor Wayne!-respondió ella girándose para darle un beso.-¿Cómo es que estás en casa? No habrás vuelto a escaquearte del trabajo, ¿verdad?
-Hoy he podido salir antes.-explicó él mientras seguía abrazando a su mujer.
-¿Y dónde están Anne y Michael?-preguntó Harley.
-Les he dicho que podían irse hoy antes.-respondió Bruce.- He querido darte una sorpresa y he preparado la comida.
-¡Bruce!-dijo Harley molesta.-¡Tengo mucha hambre!
-¿Y?-preguntó su marido sin saber qué quería decir ella.
-Pues que ya hemos pasado por esto otras veces. Admítelo, no sabes cocinar. La última vez que lo hiciste... Oh, déjalo. Estoy demasiado cansada como para enfadarme.-dijo la psiquiatra mientras se deshacía el moño que llevaba en la cabeza dejando su pelo rubio suelto.
-Esta vez es diferente.-contestó Bruce.-Michael me ha dado algunos consejos y he seguido bien sus instrucciones.
-Me gustaría creerte, Bats.-dijo Harley mientras seguía abrazando a su marido.-Necesito relajarme. Voy arriba a darme una ducha y a ponerme más cómoda, después comeremos, ¿vale?
-¿Y si nos duchamos juntos?-preguntó Bruce sonriendo mientras deslizaba sus manos bajo la camisa de Harley acariciando su piel y la besaba de nuevo.
-Lo siento, Brucie.-dijo ella.-Quizás en otra ocasión, ahora mismo estoy agotada. Mejor asegúrate de que lo que estás preparando sea comestible y tenga un buen sabor.-bromeó la psiquiatra antes de soltarse del abrazo de su marido y despedirse de él con un pequeño beso.
Bruce contempló a Harley subiendo las escaleras y sonrió. Después de tantos años juntos, aún veía a su esposa como la persona más emocionante del mundo. Harley siempre tenía una personalidad vital y alegre ante todo que hacía a Bruce sonreír.
-Te quiero.-dijo él antes de que su mujer desapareciera entre las paredes del piso de arriba. Harley se giró y le dirigió a Bruce una radiante sonrisa.
-Yo también te quiero, Bats.
. . .
Harley bajó al salón de la mansión una vez hubo terminado de ducharse y encontró a Bruce sentado en el sofá. Se fijó en que iba vestido con una camisa y unos pantalones de chándal, algo que ella encontró extraño, ya que casi siempre veía a su marido con traje a esas horas. La psiquiatra llevaba su largo pelo recogido en dos grandes coletas cortas e iba vestida con una camiseta cuya talla era al menos el doble que la suya y que le llegaba hasta la mitad de los muslos, dejando al descubierto sus piernas y tapando la ropa interior.
-¿Estás mejor?-dijo Bruce cuando vio a su mujer apoyada en la puerta del salón.
Harley asintió.
-¿Vamos a comer? Tengo tanta hambre que me comería a un hombre murciélago.-rió ella.
-Lo siento.-dijo Bruce.-Pero aún faltan unos minutos.
Harley se quejó.
Ven, siéntate conmigo.-dijo Bruce invitándola a que se acercara al sofá.
Harley se sentó y Bruce la inclinó para que pudieran tumbarse juntos. Harley se colocó boca arriba y Bruce se tumbó de lado junto a ella.
-Mientras esperamos, ¿por qué no me cuenta que tal ha ido su día, doctora?.-dijo Bruce mientras comenzaba a jugar con un mechón del pelo de Harley.
-Vale, pero primero cuénteme cómo ha ido el suyo, señor Wayne.-respondió Harley mirando a su marido y sonriéndole.
-No hay mucho que contar.-dijo Bruce.-Sabes que me paso el día rodeado de locos.
-¡Más quisieras!-se rió Harley.-No sabes lo que dices.
-Te juro que en más de una ocasión estoy seguro de ello.-respondió Bruce.
-No creo.-insistió Harley.
Bruce adoraba pasar aquellos momentos con Harley. Para él era lo único realmente importante que había en el día. Sentía que tenía una comprensión especial con su mujer, con ella podía hablar de cualquier cosa sin importar el momento o el tema. Ella era la única persona que realmente le entendía, que compartía sus sentimientos en muchas cosas y que sabía dar la solución perfecta a sus problemas.
-... ¡Ah! ¿y sabes qué?-dijo la psiquiatra mientras terminaba de contarle el día a su marido.-Creo que uno de mis pacientes se ha enamorado de mí.
Bruce se quedó sorprendido y después comenzó a reírse.
-Desde luego eso sí que es una locura.-bromeó.-¿Cómo lo sabes?
-Esta mañana he vuelto a encontrar flores en mi despacho.-dijo Harley.-La verdad, no sé de donde las coge pero son preciosas y la última vez que tuvimos una sesión, estaba más interesado en hablar de mí que de él. Siempre se muestra muy atento conmigo... Quien sabe, a lo mejor te dejo por él, Brucie.-bromeó ella mirando a su marido.
-Como he dicho antes, es una locura.-contestó Bruce a la provocación de Harley.-Y hay que estar muy loco para enamorarse de ti.
-¿Entonces tú estás loco?-preguntó la psiquiatra.
-Seguramente.-respondió Bruce.-Debería estar en Arkham.
-Eso lo decidiré yo.-dijo Harley riendo.-¿O acaso yo también estoy loca por enamorarme de ti?
-¿Quieres que responda a eso?-preguntó Bruce riendo también.
-Me da igual. Si estás loco, eres mi loco favorito, Bats. Y te quiero mucho, así que me da igual que yo también tuviera que estar encerrada en Arkham si es contigo.-concluyó Harley antes de abrazarle y darle un largo beso.
Tras unos minutos, la psiquiatra cambió el tema de conversación.
-Por cierto, Lucius me ha llamado hoy.-dijo.-Esta noche es la presentación de no sé qué invento que habéis patentado y me preguntó si iríamos a la fiesta.
-La verdad es que no tenía intención de ir.-dijo Bruce.-Ya sabes que no soporto estar en esas fiestas, con toda esa gente aprovechando para hacer negocios y mirando a los demás con envidia como si el dinero que ganan les perteneciese... además Lucius lo hace muy bien solo.
-Pero es vuestra empresa.-replicó Harley.-Deberías ir. No puedes dejar que Lucius siempre tenga que encargarse de todo.
-Creo que él disfruta mucho más con la empresa que yo.-contestó Bruce.-Tal vez debería dejarle la dirección total de la compañía y...
-¡Bruce Wayne!-exclamó Harley.-¡No intentes eludir tus responsabilidades! Tú creaste la empresa con Lucius e irás a esa fiesta... Además, puede que sea divertido. Y tengo un vestido perfecto para la ocasión aún sin estrenar-dijo la psiquiatra cambiando de tono a uno más divertido.
-Entonces parece que no tengo opción. Iremos esta noche.-contestó Bruce sonriendo y abrazando de nuevo a su mujer.
. . .
Bruce paró su coche a la puerta del hotel March de Gotham. Cuando Harley y él salieron del vehículo, una lluvia de flashes y micrófonos les inundó al instante.
-¡Señor Wayne, Señora Wayne! ¡Por favor, aquí! ¡Unas palabras para nuestro programa! -gritaban algunos de los periodistas que se encontraban a la puerta del hotel.-¡Señor Wayne!, ¿puede darnos un adelanto de lo que veremos esta noche?-gritaban otros mientras Bruce y Harley intentaban hacerse paso para entrar.
Cuando finalmente llegaron al recibidor, se encontraron con Lucius Fox que les estaba esperando con impaciencia.
-¡Bruce, por fin has venido! ¡Creía que tendría que empezar sin ti!, me alegra que hayas decidido aparecer.-dijo mientras le estrechaba la mano y después se dirigió a Harley.- Es un placer verte de nuevo, Harley.
-Lo mismo digo, Lucius.-contestó ella con una sonrisa.
-Bueno, creo que deberíamos entrar ya, los invitados llevan quince minutos esperando. Sabes de lo que tienes que hablar, ¿no?-dijo Lucius un poco nervioso.
-Relájate, Lucius.-contestó Bruce riendo.-Todo va a salir bien.
Tras la presentación del nuevo invento de Wayne & Fox Enterprises, Bruce paseó por la sala con Harley, saludando a varios conocidos del mundo financiero de Gotham. Después de haber saludado a casi todos los invitados, salió a la terraza del hotel para tomar un poco de aire.
-Bruce, ¿estás bien?-dijo Harley mientras ella también entraba en el balcón.-Me ha parecido que te ocurría algo cuando has salido corriendo hacia aquí.
Bruce miró a su esposa y sonrió.
-Estoy bien, Harley.-dijo mientras la cogía de la barbilla.-Es solo que.. ya sabes, no me encuentro muy cómodo con tanta gente observándome y fingiendo ser mis amigos cuando en realidad solo quieren mi dinero.
-No todos son así.-contestó Harley.-Sabes que aquí hay gente que realmente te aprecia por lo que eres.
-Sí, tienes razón.-admitió Bruce mientras cogía de la mano a Harley.-Estás preciosa.-dijo mirando el vestido de noche de color carmín de su mujer.
Su mujer le sonrió y pasó una mano por su mejilla.
-Venga, volvamos a la fiesta. Hoy es un día importante para Lucius y para ti. Trata de divertirte, si no lo haces por él, hazlo por mí.-dijo la psiquiatra.
-Está bien. Pero antes quédate conmigo un rato más aquí.-dijo Bruce abrazando a su mujer y besándola.
Bruce y Harley permanecieron abrazados y mirándose el uno al otro durante unos minutos, hasta que alguien se les acercó y ellos se giraron para saludarle.
-Perdón, ¿Interrumpo algo?-se trataba de Vicki Vale, una de las reporteras de la revista Gotham's Heart.
-Vicki Vale. ¿Qué haces aquí?-preguntó Bruce.
-He venido como acompañante del señor Barton -respondió la periodista- Cuando me he percatado de que Bruce Wayne estaba en la fiesta me he preguntado si su mujer querría concederme una entrevista en exclusiva.
-¿Yo? ¿Y qué tengo yo que decir, Srta. Vale?-preguntó Harley.-¿Qué tiene que decir una psiquiatra de Arkham de el nuevo proyecto que lanza la empresa de su marido?
-Yo estaba pensando más bien en una entrevista sobre lo que es estar casada con el hombre más deseado de Gotham City.-dijo Vicki.
-¿El hombre más deseado?-preguntó Bruce riendo.-¿Qué tengo para ser "el hombre más deseado de Gotham"?
-No lo sé.-dijo Vicki.-Tal vez una gran empresa, dinero, una esposa a la que envidian cientos de mujeres...-explicó la periodista.
-Um... Vale, ¿por qué no?-accedió Harley.-Será entretenido.
Harley dio un beso en la mejilla a su marido y caminó con Vicki hacia el interior de la sala.
Bruce se quedó solo en la terraza unos minutos volviendo a pensar en la situación de Gotham. Aunque había renunciado a luchar contra el crimen de su ciudad por miedo a que le ocurriera algo a Harley, se sentía culpable por no hacer nada para salvarla. En aquella fiesta había reconocido a varios empresarios que estaban bajo sospecha por colaborar con la mafia de Gotham.
-Una buena noche, ¿verdad, señor Wayne?-dijo alguien al lado de Bruce haciendo que éste se girara sorprendido.
Junto a Bruce se encontraba un hombre mayor de unos sesenta años, vestido con traje y que estaba en la terraza fumándose un cigarro, acompañado de otros dos hombres.
-Hola, señor Thorn. No le he visto en la fiesta.-dijo Bruce mientras estrechaba la mano de aquel hombre.
-He llegado un poco tarde. Estaba ocupado con unos asuntos, ya sabe que los negocios nunca paran.-contestó Thorn.
Bruce soltó una pequeña risa. Conocía a Roland Thorn. Aquel hombre era el dueño de Thorn Inc. y había sido acusado varias veces de ser uno de los altos cargos de la mafia de Gotham, pero siempre salía indemne debido a la falta de pruebas. Thorn era uno de los hombres con los que Bruce siempre intentaba evitar hacer negocios.
-Me ha resultado muy interesante su nuevo producto, Bruce, y estaría muy interesado en colaborar con usted y el señor Fox para futuros proyectos.-continuó el empresario.
-Gracias por la oferta, pero en este momento, Lucius y yo no estamos interesados... -dijo Bruce.
-No diga que no hasta que haya visto lo que puedo hacer por ustedes. Con mis ingresos... -insistió el hombre.
-No estamos interesados, gracias.-dijo Bruce dando por terminada la conversación.
-Me temo que no puedo aceptar un "no" por respuesta.-dijo Thorn cogiendo del brazo con fuerza a Bruce.- No seas orgulloso, Wayne. Éste es un negocio seguro, actualmente no hay ninguna empresa con la que no hayamos hecho tratos y estamos ganando una fortuna...
-Pues no harán un trato con nosotros.-dijo Bruce irritado.
-Vamos, Wayne. Creo que le conviene pensar en el futuro. En el de su compañía, en el de su familia... Por cierto, su mujer está deslumbrante esta noche...
Furioso, Bruce intentó agarrar a Thorn pero los acompañantes de éste le detuvieron. Bruce miró al empresario a los ojos.
-Voy a dejarle algo claro. Sé que ustedes colaboran con la mafia de Gotham. Son criminales y no pienso compartir mis éxitos con personas como usted. No pienso asociarme por ninguna cantidad de dinero. Y ni se le ocurra intentar amenazar a mis amigos o a mi esposa, porque entonces me aseguraré de hacerles caer tan rápido que no sabrán por donde les han venido los golpes.-contestó Bruce.
-¿Quién te crees que eres para hablar así al señor Thorn, Wayne?-dijo uno de los acompañantes del empresario.-Te voy a...
-Calma, Rupert.-dijo Thorn.-Debemos respetar la opinión del señor Wayne, tal vez debamos hablar con el señor Fox. Seguramente él entrará en razón.
-Tendrán la misma respuesta con Lucius.-dijo Bruce desafiando a Thorn.-No nos asustan.
-Eso es porque todavía no hemos empezado, señor Wayne.-contestó el empresario.-Vámonos, Rupert, Sam.-Bruce pudo percibir como una pequeña sonrisa se dibujaba en el rostro de Thorn.
Harley volvió a la terraza con Bruce cuando Thorn y sus acompañantes se marchaban.
-Su marido tiene muy mal genio, Sra. Wayne. Debería relajarse más. Al fin y al cabo, estamos en una fiesta.-dijo el empresario a Harley mientras volvía dentro de la sala.-Buenas noches.
. . .
Bruce no habló desde la discusión con Thorn. En el camino de vuelta a la mansión Wayne, tanto él como Harley permanecieron en silencio. Ella en ocasiones le miraba intentando averiguar qué le ocurría pero a pesar de ser una de las mejores psiquiatras de Gotham, Harley nunca sabía qué se traía entre manos Bruce, quizás no se atrevía a analizar a su marido como a sus pacientes en el psiquiátrico por el hecho de que tuviera un poco de intimidad con sus pensamientos o tal vez se debiera a que no sabía qué pensaba su marido realmente, en cualquier caso, a Bruce no le gustaba que nadie le observara como si fuera un objeto a investigar y ella también lo entendía. Tras aparcar el coche en el garaje y entrar en la casa, ambos se dirigieron directos al dormitorio. Mientras se preparaban para irse a dormir, Harley continuó mirando a su marido, preocupada de que le ocurriera algo grave. Había decidido darle un tiempo para que se reanimara, pero no parecía que lo hiciera.
-Voy a la cocina a por un vaso de agua.-habló la psiquiatra.-¿Quieres que te traiga algo?
-No, gracias.-dijo Bruce sin alzar la mirada.
Decidida, Harley se acercó a su marido e intentó hablar con él.
-Bruce... ¿qué te ocurre?-preguntó.-Llevas toda la noche callado, como si estuvieras preocupado por algo. ¿Qué ha pasado entre ese hombre y tú?
Bruce no se movió ni dijo nada.
-Cuéntamelo, mi amor.-volvió a intentar Harley tras unos minutos.- Sabes que puedes confiar en mí y te hará sentir mejor. Dime qué te ocurre.
-No pasa nada, Harley.-dijo Bruce finalmente.-Salvo que estoy preocupado por ti.
Harley le miró confusa.
-¿Qué ocurre?... ¿Hay algo que no me hayas dicho?-preguntó la psiquiatra, acercándose a su marido aún más.
Bruce le contó su conversación con Thorn y la amenaza que éste le había lanzado.
-¿Qué debo hacer, Harley?-preguntó Bruce angustiado.-Quizás deba aceptar y simplemente tener cuidado de no ser un estorbo, pero no puedo hacerlo. No puedo convertirme en un criminal. Solo pienso en darle una lección ese tipo y a todos los que trabajan para él. Demostrarles que el crimen es su perdición... Pero entonces pienso en ti y...
-Bruce.-dijo Harley.-No debes dejar que te intimide. Tú eres mil veces mejor que ese hombre porque a ti sí te importa no herir a alguien si con eso ganas dinero. Eres un gran hombre. El mejor que conozco y sé que no cambiarás eso.
-Pero tú... -intentó decir Bruce.
-Yo estaré bien. No me pasará nada.-le tranquilizó la psiquiatra.
-¿Y si te hacen daño? ¿y si te ocurre algo por mi culpa? Harley no puedo vivir sabiendo que te he hecho algo malo.-dijo Bruce cogiendo de la mano a su mujer.-No voy a perderte. A ti no. No te perderé como perdí a mis padres, o a Alfred.
-Cariño.-contestó Harley acariciando la cara de su marido.-No puedes creer que aquello fue culpa tuya. Alfred ya era muy mayor, esas cosas pasan. Y tus padres, solo eras un niño, no podías hacer nada.
-Pero ahora si puedo.-respondió Bruce.-Harley... tú eres lo único que me importa.
Bruce agachó de nuevo la cabeza, intentando tranquilizarse ante la situación.
-No me pasará nada, Brucie.-repitió Harley sonriendo.-Lo sé porque tengo a un gran caballero cuidando de mí ahora y siempre. Y sé que no me fallará.
Harley pudo ver una pequeña sonrisa en el rostro de Bruce. Después de unos segundos, ella se puso de rodillas entre las piernas de su marido y alzó la cabeza para mirarle a los ojos.
-¡Eh!-dijo mientras sonreía.-Te quiero.
-Yo también te quiero, Harley.-dijo Bruce acariciando la cabeza de su mujer.
Harley se puso en pie para besar a su marido y le tiró lentamente sobre la cama.
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Bruce sintió como su mujer le abrazaba con fuerza y respondió al abrazo. Ambos pasaron unos segundos en silencio hasta que la psiquiatra habló.
-Te quiero mucho, Sr. B.-dijo en voz baja.
Bruce sonrió y acarició el brazo de su mujer.
-No me llames "Sr. B".-respondió.
-Pero a mí me gusta.-replicó Harley.-... ¿Te sientes mejor ahora?-dijo tras unos minutos en silencio.
-Sí. Gracias, Harley.-contestó Bruce besando en la cabeza a la psiquiatra.
-No te preocupes, Brucie.-continuó la psiquiatra.-Relájate. No pienses en lo que podría pasar. Disfruta este momento.
-Lo intento.-respondió Bruce.-Pero no dejo de pensar en si es lo que debería hacer. No quiero que te pase nada malo.
-Me quieres demasiado.-bromeó Harley.
-Eso es porque tú también me quieres demasiado.-dijo Bruce riendo.
Harley también rió y se incorporó para besar a su marido en los labios, antes de volver a descansar la cabeza sobre su pecho.
-Bruce... -dijo de nuevo la psiquiatra.-Puedo oír tu corazón. Es tan relajante... -dijo mientras cerraba los ojos.
-Buenas noches, Harleen Wayne.-dijo Bruce, mientras acariciaba el pelo de su mujer.
-Buenas noches, Bruce Wayne.-respondió Harley antes de quedarse dormida.
Bruce se quedó despierto unos minutos disfrutando del calor del cuerpo de su esposa y el contacto con su piel. Cuanto más pensaba en proteger a Harley más ganas tenía de abrazarla y no soltarla nunca más. Mientras el sueño se iba apoderando de él, Bruce pensó que Harley tenía razón en algo. No debía dejarse acobardar por gente como Thorn. Él había decidido cuidar de su esposa desde que abandonó sus patrullas nocturnas con Ducard pero podía volver a hacerlo si con ello defendía a las personas que le importaban. El crimen organizado no debería ser un problema para él, solo debía asegurarse de ir un paso por delante de ellos. Convencido ante la idea miró a su mujer de nuevo y al ver la pequeña sonrisa que tenía ella en sus labios, la abrazó con fuerza una vez más antes de quedarse dormido.
