¡Hola!
Después de no sé cuantos meses, por fin me ha vuelto la inspiración y he podido terminar este capítulo. Todo se lo debo al último cap del manga de Naruto Shippuden, ¿ya lo han visto? Si no, corran amigos, se están perdiendo uno de los mejores caps xD
Quiero disculparme por no haber actualizado ninguno de mis fics durante un tiempo, pero han habidos cuatro razones principales de por qué no lo he hecho. Primero: La Universidad; segundo: el trabajo; tercero: perdí el pendrive en donde tenía todos mis fics, por lo que he tenido que reescribir muchas cosas y recuperar muchos documentos; y cuarto, pero no menos importante: los doramas. Me he enviciado con los doramas coreanos, japoneses y taiwaneses, y quién los vea me entenderá, no es algo que puedas dejar de ver así como así, de hecho, yo no he dejado de verlos jajaja, sólo que pensé que tenía muy abandonados a mis lectores y por eso decidí actualizar aunque sea esta historia. Pero no se pongan tristes, porque ahora que estoy de vacaciones todos mis fics irán teniendo actualizaciones.
Espero y hayan pasado todos una feliz navidad, y también tengan un próspero año nuevo.
Y ahora sí, el cap.
Disclaimer: Naruto pertenece a Masashi Kishimoto.
XoxoxoxoxoxoX
Capitulo 12: Contigo ni a misa
Como odiaba Hinata ver a todas esas personas cuchicheando sobre ella cada vez que entraba a la empresa. Como odiaba el haberse mostrado tan débil e indefensa la última vez. Odiaba que todos la hubiesen visto llorar, pero después de todo ella no había sido hecha para aguantar todas esas humillaciones. ¿Por qué tendría que obligarse a permanecer de pie cuando ya estaba cansada de ello?
Lo cierto era que en ese momento había pensado así, pero ahora no. Para ella eso sólo fue un lapsus, pues en este momento lo que menos quería era dejarse vencer por aquel patán troglodita llamado Naruto.
¡Como odiaba a Naruto!
Ese imbécil seguía insistiendo en que él no tuvo nada que ver con esa estúpida foto, a pesar de que ya había pasado más de una semana. ¿Por qué no podía reconocerlo y ya? Era tan fácil acabar con el problema, pero mientras él más lo negaba, Hinata más lo odiaba.
—Cielos –suspiró después de terminar de ordenar todos los papeles que tenía sobre su escritorio, dejando caer su cabeza como si la madera se tratara de una suave almohada. Por un momento cerró los ojos, pero los abrió apenas escuchó los golpes en la puerta de su oficina —. Adelante –dijo.
Una de las secretarias de la empresa entró y le informó que el presidente y su esposa la solicitaban para una reunión de último minuto, por lo que Hinata se arregló un poco frente al espejo antes de partir.
Una vez llegó a la sala de juntas, vio con fastidio como Naruto estaba sentado a un lado de donde se iba a sentar ella. Tenía tantas ganas de reventarle la cabeza; sin embargo se aguantó debido a la presencia de Minato y Kushina.
—Me dijo la secretaria que querían hablar conmigo –dijo la ojiperla, tratando de usar su mejor tono de amabilidad, aunque le salió bastante fingido al ver a Naruto a su lado.
—Sí, así es Hinata –le dijo la mujer pelirroja, la cual le mostró una amable sonrisa. Sabía que Hinata no lo estaba pasando nada bien debido al idiota de su hijo, pero ella sabía que no existía una candidata mejor para ser la esposa de Naruto, además, Naruto necesitaba establecerse pronto si de verdad quería heredar la empresa.
—¿Y yo que pinto aquí? –se preguntó Naruto, poniendo una mueca forzada, parecida a la de Hinata —. Es decir, sólo querían hablar con ella, ¿no?
—No, de hecho, es con los dos –rectificó Minato Namikaze —. Lo que sucede es que tenemos un negocio en Hokkaido, pero ni Kushina ni yo podemos ir a atenderlo, así que, pensamos que estarían encantados de ayudar.
—¡¿Qué?! –exclamaron los dos jóvenes, abriendo los ojos como platos y golpeando la mesa con las palmas de sus manos, mientras tanto Kushina como Minato sólo sonreían.
—Sabía que estarían de acuerdo –dijo el hombre rubio.
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Sasuke se encontraba sentado a la mesa de un restaurante, cenando con nada más y nada menos que su antigua vecina y amiga, la cual había cambiado mucho desde entonces. Desde que se habían vuelto a encontrar, ellos dos no habían dejado de verse, ya sea por casualidad, o porque Sasuke siempre la invitaba a salir por ahí.
—¿De verdad? –preguntó la chica divertida, pues había oído el relato del azabache y eso le estaba causando mucha gracia. Jamás pensó que ese chico tan frío se pudiese convertir en un buen conversador, aunque seguramente era así debido a su arrastre con las chicas. Sakura no era nada tonta, y había escuchado que Sasuke se había vuelto un verdadero Casanova. Había sido Matsuri quien se lo contó luego de enterarse de que a ella le gustaba el Uchiha.
—Así es –respondió Sasuke.
La verdad era que Sakura conocía las intenciones que Sasuke tenía con ella, y no tenía miedo en absoluto, es más, quería saber hasta donde era capaz de llegar el chico por llamar su atención, después de todo él antes jamás le hizo el caso que le estaba haciendo ahora y eso era muy divertido. No podía negar que aún estaba enamorada de él como una torpe adolescente, pero ya no lo era.
—Oye –le llamó Sasuke de pronto —. ¿Te gustaría ir a otro lugar después de esto? Ya sabes, para seguir hablando.
Sakura sonrió.
—Claro, pero me gustaría un lugar mucho más… tranquilo –dijo ella, tratando de que Sasuke sugiriera su departamento.
—¿Te parece mi departamento?
Justo en el clavo.
—Claro, eso estaría bien –dijo la peli rosa. Ella pensaba que estaba dominando el juego, pero no sabía lo astuto que podía ser un playboy.
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Hinata caminaba a toda prisa para salir de la empresa. Estaba tan ofuscada que ni siquiera se dio cuenta de que había pasado de largo su auto, por lo que tuvo que regresar sobre sus pasos, sólo para ver como Naruto se burlaba de ella.
—¡Cállate de una vez! –le gritó.
—Es que eres tan tonta –dijo el rubio, tratando de calmar un poco su risa —. ¿De verdad estás tan enfadada de tener que ir a Hokkaido conmigo?
—¡Por supuesto! –exclamó Hinata —. ¡Contigo no iría ni a misa!
—Créeme que yo tampoco –Naruto arqueó una ceja —. Es más, ni siquiera voy a misa, ¿por qué querría ir contigo?
Hinata sólo frunció el ceño y le miró con su cara llena de odio.
—Idiota –usó su típico insulto con él, para luego darse la media vuelta y dirigirse a su auto, que estaba junto al de Naruto.
—Oye, no olvides llegar temprano mañana al aeropuerto –dijo Naruto —. Recuerda que nos vamos juntos –sonrió molestamente, para entrar a su auto poco tiempo después.
Hinata sólo bufó mientras se ponía el cinturón de seguridad. Este viaje iba a ser el peor de toda su vida.
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—Listo –dijo Matsuri con una enorme sonrisa, dejando sobre la mesita de la sala un montón de tarjetas de invitación —. Ya he acabado con las invitaciones al bautizo de Soun-kun, ¿no crees que es genial? –sonrió, pero su marido no le prestaba mucha atención por estar concentrado en su laptop resolviendo un trabajo.
—Sí, sí –respondió vagamente.
Matsuri frunció el ceño y los labios, enfadada por la actitud tan poco cooperativa que tenía su esposo. Ella entendía muy bien que él era presidente de una importante compañía, pero odiaba que Gaara se trajera el trabajo a la casa; o era eso o el estar preocupado de los infantiles problemas de sus dos amiguitos parranderos. ¡Es que simplemente no soportaba esa actitud!
—¡No sé por qué me casé contigo! –le gritó, dirigiéndose furiosa hacia su habitación.
—¿Eh? –Gaara alzó la mirada, sólo para ver como su esposa pegaba un tremendo portazo. Dio un salto de la impresión, sin comprender del todo lo que había pasado.
Decidió no darle demasiada importancia al asunto, dado que este trabajo era realmente importante, y seguramente Matsuri sólo estaba enojada por una tontería. Más tarde resolvería las cosas con ella; seguramente un poco de sexo lo solucionaría todo.
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Hinata estaba duchándose en su baño personal. Había llegado hace como media hora a casa y lo primero que hizo fue dirigirse al baño, pues a veces lograba pensar mejor cuando sentía las gotas sobre su cuerpo desnudo. A veces se preguntaba si de verdad había sido una mala persona durante todo este tiempo como para tener que aguantar a alguien como Naruto de prometido. Ese tipo era la peor escoria de la sociedad, incluso se había atrevido a utilizarla para deshacerse de una de sus tantas mujeres. ¡Ese infeliz!
—Imbécil… –masculló, recordando levemente la sensación de los labios de Naruto sobre los suyos. Había sido tan dulce el sabor que experimentó, como saborear un delicioso chocolate con almendras, o una probadita de manjar. Cuando él le besó realmente había logrado confundirla un poco, pero con lo que hizo después, Hinata se dio cuenta de que ella sólo representaba un objeto para Naruto.
Lo que más odiaba en el mundo era ser vista como un objeto por los hombres, algo que se podía usar y luego desechar según conviniera. Era así como su madre fue vista por su padre; incluso en su lecho de muerte, él prefería engañarla con otras mujeres.
Fue duro para Hinata cuando se enteró, era muy joven aún para entender las maldades del mundo que le rodeaba; sin embargo, vio a su padre al lado de otra mujer cuando su madre aún estaba viva, y tras hacer averiguaciones, descubrió que él tenía varias amantes. ¿Cómo pudo sobrellevar eso entonces? Ella aún se preguntaba lo mismo.
Su madre jamás supo la verdad, siempre creyó que Hiashi Hyûga era un hombre ejemplar, incapaz de cometer alguna falta, y hasta su último día de vida, ella creyó ciegamente en el amor que sentía por él. Desgraciadamente eso había quebrado la dulzura y fragilidad de Hinata, convirtiéndola en la mujer ruda y desconfiada que era ahora. No era capaz de creer en ningún hombre, pues si su propio padre le había decepcionado de esa manera, ¿qué podía esperar del resto?
Jamás había salido con nadie, ni tampoco esperaba casarse o tener hijos, aunque muy dentro de sí aún deseaba conocer a ese príncipe azul que le salvara de su desdicha. Quería a un hombre bueno, que le diera lo que su padre nunca le dio a su madre, y que la viera como la mujer que ella era y no como un trofeo del cual presumir frente a sus amigos.
¿Tan difícil era encontrar el amor verdadero?
Por un momento, al conocer a Sasori, pensó que al fin le había encontrado, pero él le dejó muy claro que la veía como si fuese su hermanita menor. Ah. La vida era tan injusta. Y penar que ahora estaba comprometida justamente con su peor pesadilla, con el hombre que representaba todo aquello que ella despreciaba con todas sus fuerzas.
¿Por qué tenía que pasarle esto a ella?
¿Acaso era tan malo soñar con el hombre ideal? ¿Era algo tan codicioso?
Quién sabe.
—¿No hay algo que pueda hacer para evitar esta desdicha? –se preguntó confusa, cayendo sentada sobre los pies de su cama. Llevaba una toalla envolviéndole su esbelta figura y el cabello lo tenía húmedo y desordenado. Alcanzó sólo a dar un suspiro cuando escuchó sonar a su celular. Con fastidio vio que se trataba de Naruto, aquel molesto y estúpido hombre que en poco tiempo sería su esposo.
Frunció el ceño y presionó el botón verde.
—¿Qué demonios quieres? –le dijo rudamente, como si fuese algo natural en ella contestar de esa severa forma a todas sus llamadas.
—Pero que agresiva estás hoy, no pareciera que hablas con tu querido prometido –se burló Naruto del otro lado, mientras Hinata sólo apretaba el teléfono con enfado.
—¿Para qué me llamas? –volvió a insistir.
—Sólo te quería recordar que mañana no llegues tarde. Ah, y que traigas un lindo bikini, tendremos dos días completos para perder el tiempo en la playa, hay que aprovecharlo.
—¿De qué hablas? –cuestionó confundida la ojiperla —. Sólo iremos a hacer un negocio y regresaremos, no hay tiempo para esas estupideces y perder el tiempo, no seas ridículo.
—Se ve que mis padres no te lo dijeron –Naruto suspiró —. En fin, es mejor saberlo tarde que nunca, ¿no? –Hinata tembló levemente, teniendo un mal presentimiento de todo esto —. Mis padres reservaron el hotel y el viaje dos días antes del negocio, por lo que tendremos unas mini vacaciones. ¿No es genial?
Hinata dejó caer el celular, sorprendida por lo que acababa de oír.
—Hey, Hyûga, ¿me oyes? ¿Hyûga? –preguntaba Naruto, pero Hinata no le oía, estaba como ida.
—Y-yo… –comenzó a decir —. Yo estaré… tres días… con Namikaze Naruto… ¡¿A Solas?!
Al terminar la frase sentía que se quería morir. Esto no podía estar pasando, no con ese sujeto.
Era una pesadilla.
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—Wow, es un bonito departamento –dijo Sakura, admirando detalladamente cada rincón del lugar en donde vivía Sasuke. Estaba todo bien decorado, con colores sobrios y adornos justos, nada muy extravagante. Los artículos eléctricos eran de última calidad. Se notaba que vivía bien.
—¿Te gusta? –preguntó el pelinegro —. No es la gran cosa –rió.
—¿Bromeas? –Sakura le miró incrédula —. El mío es como la mitad de este, no, la cuarta parte –dijo sorprendida. De verdad aquel lugar era enorme y parecía ser muy costoso, ella no podría haber soñado nunca con permitirse algo así.
—Bueno, si tú lo dices –el Uchiha le restó importancia al asunto, y decidió acercarse al mini bar de su lujoso apartamento —. ¿Te gustaría algo de beber? –ofreció.
—Claro –respondió la chica mientras tomaba asiento en el enorme sillón, demasiado cómodo para ser verdad —. Wow, tu sillón es como una cama.
—Sí, eso me han dicho –Sasuke regresó con dos vasos de whisky, dejándolos sobre la mesita de centro. Se sentó al lado de Sakura y le miró divertido —. ¿No te gustaría probarlo?
—Pero si ahora estoy… –la peli rosa se detuvo a media frase —. Oh… –fue todo lo que pudo decir. Todo su cuerpo comenzó a temblar cuando vio a Sasuke acercándose a ella, acortando cada vez más la distancia entre sus rostros, entre sus labios. Cerró los ojos cuando sintió que ya no había nada que les separara, y no podía creer que por primera vez ella y ese chico que tanto le había gustado desde que era pequeña se estuviesen besando. Pensando que se trataba de algún tipo de sueño, comenzó a corresponder tímidamente aquellas caricias, que se hacían cada vez más apasionadas.
Sintió como lentamente era empujada, hasta caer recostada sobre el cómodo sofá, con el chico sobre ella. Sentía que todo era parte de sus fantasías, por eso no tenía planeado detenerse, siempre había soñado con estar con Sasuke Uchiha. Siempre.
Las manos de Sasuke rápidamente se dirigieron a deshacerse de la ropa que la peli rosa llevaba; primero fue su blusa, que desapareció casi en un instante, para después seguir con el cierre del pantalón. Estaba ansioso por demostrarle por qué era llamado un Casanova y todas las mujeres desfallecían por su amor, de verdad anhelaba hacer todo aquello con ella. Sin embargo, antes de que pudiera llevar aquel acto más adelante, la puerta de su departamento se abrió, así de súbito.
—Sasuke, ¿estás? –se oyó la voz de una chica, por lo que Sakura empujó a Sasuke asustada, haciéndolo caer al suelo — Oh, ahí estás –dijo la mujer.
La chica de ojos jade rápidamente buscó su blusa, que había sido tirada en algún lugar del piso del departamento. Estaba tan avergonzada de haber sido descubierta en aquella escena con Sasuke, además, ¿quién demonios era esa que acababa de entrar?
—¿Qué haces aquí, Mio? –preguntó confuso y sorprendido el Uchiha, además, molesto por haber sido interrumpido en plena faena con Sakura —. ¿No te he dicho más de mil veces que dejes de entrar en mi departamento cuando se te pegue la gana?
Sakura por fin se había puesto la blusa, y miró hacia la puerta para descubrir a la intrusa, observando que se trataba de una chica hermosa. Era alta, tenía piel de porcelana, su cabello era castaño claro y largo, y sus ojos eran de un azul tan profundo que parecía irreal. Y no sólo tenía la figura de una súper modelo, sino que también su cara era como la de una niña.
—Pero estaba aburrida, además tú me diste la llave, ¿lo olvidas? –se quejó infantilmente la castaña —. Aunque de haber sabido que estabas tan ocupado, mejor hubiese tocado la puerta.
—Creo que va a ser mejor que me vaya –habló Sakura de pronto, tomando sus cosas y saliendo por la puerta, antes de que Sasuke pudiera decirle alguna cosa.
—Pero… –se quedó con las palabras en la boca —. Demonios, ¿es que no podías ser más oportuna?
—Lo siento –dijo entre risitas la muchacha —. Mejor me hubieses avisado, pensé que estabas solito y triste, por eso vine a hacerte compañía –Mio se acercó a Sasuke con una sonrisa traviesa, tirándose sobre el sillón en donde estaba él hace unos momentos, con otra mujer —. En fin, ahora lo estás, ¿no? ¿Y si nos divertimos un rato?
Sasuke la miró con el ceño fruncido y se dirigió a cerrar la puerta de su departamento.
—Ya me has arruinado la noche, ¿y aún esperas que te perdone? –le reclamó.
—¿Por qué no? –la chica le miró coquetamente, bajándose uno de los tirantes de su delgada blusa blanca y sonriéndole a Sasuke nuevamente —. ¿No dijiste que soy tu consentida?
Él de verdad estaba molesto, quería decirle un par de cosas a esa chica que casi siempre trataba de arruinar sus citas con otras mujeres. ¿Pero qué diablos? También era verdad que lo volvía loco, y ya que su noche con Sakura se había ido al demonio, tal vez podría aprovechar y divertirse un poco con Mio, a fin de cuentas ella era la única que nunca le pedía ninguna de esas tonterías como noviazgo o matrimonio.
Sonrió de medio lado y le hizo un gesto a Mio, indicándole que fuera hacia la habitación, ahí era mejor.
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—¿Te vas por tres días a Hokkaido con Hinata-san? –preguntó Naruko asombrada, viendo como su hermano hacía una maleta para llevarse a su viaje junto a su prometida —. Y aún así dices que no hay nada entre ustedes –se cruzó de brazos la rubia.
—Oye, esto fue cosa de mamá y papá –aclaró Naruto — Sabes que si fuera por mí, mandaría al demonio a esa mujer. Ni siquiera me gusta.
—Es la primera vez que te oigo decir que no te gusta una chica –se rió la Namikaze, sentándose sobre la cama de su hermano mayor —. Lo que quiere decir sólo una cosa –le miró fijamente —; que ella te gusta demasiado.
—¡Ya te dije que no tengo tan mal gusto! –exclamó un ofendido Naruto. ¿De verdad su hermana pensaba que él se podría fijar en aquella loca?
—¿Por qué mal gusto? –cuestionó la rubia —. Yo pienso que Hinata-san es hermosa, además es muy brillante en su trabajo, y es la heredera de una importante suma de dinero –rió —. ¿No crees que sea un excelente partido?
—Primero –dijo Naruto —: Siempre he estado rodeado de mujeres hermosas, puedo tener a la mujer que yo quiera, en el momento que lo desee –hizo una pausa —. Segundo: también soy brillante en mi trabajo, no necesito que mi mujer destaque más que yo –ese comentario hizo reír a Naruko —. Y tercero: tengo todo el dinero que necesito, no me importa si ella es heredera de toda la galaxia, no me interesa su tonta fortuna.
—Vaya que eres difícil –suspiró la chica —. Pero al menos reconoces que es hermosa.
Naruto iba a refutar, pero en verdad no tenía nada que decir contra eso. Hinata realmente le parecía preciosa, una de las pocas mujeres que con verla una sola vez te roban el aliento. Seguramente, estando en otras circunstancias, habría deseado hacerle de todo, pero conociendo su horrenda personalidad, no podía siquiera imaginar cómo sería llevarla a la cama. Seguramente se estaría quejando todo el tiempo por esto y aquello, con ese ceño fruncido y su tono desesperante.
No. Ni hablar.
—Te has quedado callado –dijo la Namikaze, provocando que Naruto se pusiera furioso, así que dejó tiradas sus cosas y salió de la habitación dando un portazo. La rubia dio un salto, y luego suspiró nuevamente —. De verdad que es un terco.
Por su parte, Naruto se dirigió hacia el refrigerador y sacó una lata de cerveza. En verdad necesitaba algo bien frío para disipar la sed y el enojo. Es verdad que hace un rato había llamado a Hinata para molestar, dejando ver que no le preocupaba en lo más mínimo pasar tres días en Hokkaido con ella, pero eso no era cierto. La verdad era que odiaba la idea: ¡Iba a estar tres días amarrado al lado de una bruja! Ni siquiera podría encontrarse con sus lindas amiguitas que le ayudaban a pasar el rato.
Esto iba a ser una mierda.
—Lo único bueno será hacerle el viaje una pesadilla –rió para sí, divertido por lo que pensaba hacer para que Hinata nunca quisiera volver a salir con él de nuevo.
Esa tonta…
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—Matsuri, ¿estás enojada? –preguntó Gaara, acercándose a la cama en donde su esposa se encontraba recostada, pero dándole la espalda. Frunció el ceño al ver que no recibía respuesta alguna, así que se sentó en la cama, acariciando el cabello de la castaña —. Matsuri… ¿Será que puedes voltear a verme?
—No quiero –respondió la chica —. Mejor vete a hacer tu trabajo y déjame sola, nuestro hijo y yo no te necesitamos.
—Matsuri –se quejó el pelirrojo.
La nombrada finalmente se sentó, mirando enojada a su marido, el cual tenía la expresión de un niño pidiendo disculpas. Ella realmente estaba molesta, pero no lograba permanecer mucho tiempo así cada vez que le veía con aquella cara.
—¿Por qué estás enojada? –quiso saber él —. No recuerdo haber hecho nada malo, ¿o sí?
—Gaara, ni siquiera nos pones atención a mí o a tu hijo, lo único que haces todo el día es trabajar o estar pendiente de los problemas de Naruto y Sasuke, ¿y nosotros qué?
Gaara le miró fijamente, sintiéndose un poco culpable, pues ella tenía razón, siempre estaba pendiente de otras cosas y a ellos los dejaba de lado.
—Perdón, no me había dado cuenta –dijo sinceramente —. Matsuri, tú sabes que te amo, y a nuestro hijo también. Sabes que nada es más importante para mí que ustedes, y si los he dejado un de lado este tiempo, de verdad lo siento mucho, pero no soporto que estés enfadada conmigo.
—Gaara… yo también lo siento –dijo ella —. Yo sólo me enfado y ni siquiera trato de hablar contigo, de verdad perdón, es sólo que… –bajó la mirada —. Sentí que te habías olvidado de nosotros.
—Claro que no –dijo Gaara abrazándola, haciéndole ver que nada de lo que ella creía era cierto, que ellos lo eran todo para él. La chica correspondió a su abrazo, y de pronto sintió como él la empujaba hacia la cama, recostándola y encerrándola bajo su cuerpo —. Te amo –le dijo mientras la miraba fijamente, para después acercarse a sus labios y besarla con pasión.
Matsuri correspondía a todos sus besos, sintiendo como después de un rato éstos descendieron a su cuello, y luego un poco más abajo. La temperatura de su cuerpo aumentó, y un leve gemido escapó de sus labios cuando las manos de su esposo se volvieron más osadas, acariciando suavemente sus atributos femeninos.
No había razón para estar más tiempo enojados, y en cambio, había muchas para disfrutar nuevamente de una apasionada noche juntos.
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Sakura se recostó sobre su cama, mirando el techo de su oscurecida habitación.
—Soy una idiota… –se dijo —. De verdad había olvidado qué clase de hombre es Sasuke-kun –cerró los ojos y se cubrió con el cubrecamas —. Es uno de esos mujeriegos sin corazón, y yo la muy boba casi caigo en sus redes, pero es que de verdad me gusta mucho.
Se dio una vuelta en la cama, quedando boca abajo.
—Rayos, ¿qué debo hacer?
Las respuestas no llegaban a ella por más que trataba de buscarlas, así que sólo resolvió quedarse dormida y esperar la llegada de un nuevo día.
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Eran casi las ocho de la mañana y Hinata estaba furiosa. El avión que los llevaría a ella y a Naruto hasta Hokkaido saldría dentro de media hora y el rubio aún no llegaba. Le dijo que debían llegar al menos dos horas antes, y aunque ella llegó tarde media hora, ese bastardo de verdad estaba pasando.
—Lo mataré apenas llegue, juro que lo mataré –mascullaba enrabiada. ¿Por qué él se daba el lujo de hacerla esperar todo ese tiempo? Y ella ni siquiera podía darse la vuelta y regresar a su casa, pues ese infeliz era su "Prometido".
—¿Llevas mucho tiempo esperando? –escuchó una voz detrás de ella, sintiendo un suave aliento golpeando contra su cuello, lo que le hizo temblar como una niña. Naruto rió ante la reacción de Hinata —. Parece que te alegra verme.
—¡¿Cómo te atreves a sorprenderme así?! –le reclamó Hinata, con su paciencia colmada por los atrevimientos que se tomaba Naruto con ella —. De verdad te odio tanto…
—Que coincidencia –dijo Naruto con sarcasmo —. Yo también te odio.
Hinata respondió con una risita irónica.
—Al menos ya has llegado, el avión está a punto de salir, así que será mejor que subamos –dijo de mala gana la ojiperla, tomando su maleta de ruedas para dirigirse hacia la pista de abordaje, pero Naruto no la siguió inmediatamente, por lo que ella se detuvo y le miró extrañada —. ¿Qué pasa? –preguntó.
Vio al rubio mirar hacia la pista de abordaje y luego tragar grueso, como si de pronto se hubiese puesto muy nervioso.
—Veras, es que tengo un pequeño problema respecto a los aviones y…
—¿Te da miedo volar? –lo interrumpió Hinata, sin recibir respuesta alguna por parte del rubio. Ella no pudo evitar estallar en risas en ese momento, como si hubiese oído el chiste más gracioso de todo el mundo, incluso tuvo que sostenerse el estómago que ya había comenzado a dolerle.
—¡No es gracioso! –le reclamó Naruto —. ¡Es un problema muy serio!
—¡Es que no lo puedo creer! –seguía riendo Hinata —. El… jajaja… el perfecto Naruto Namikaze… jaja… tiene miedo de volar… –y volvió a estallar en risas.
—Voy a matarla, la mataré ahora –se decía Naruto, pero en lugar de hacer eso tomó firmemente su maleta y se dirigió hacia la pista de abordaje —. Si quieres sigue riendo, yo te dejaré aquí y me iré sin ti –dijo enojado.
—Y-ya… jaja… ya voy –dijo Hinata, sin poder parar de reír aún. Agarró otra vez su maleta y siguió a Naruto, el cual seguía enojado por las burlas de ella, pero ya vería como se iba a vengar una vez que estuvieran en Hokkaido. ¿Y qué si le daba miedo volar? Sólo por esta vez sería fuerte y se aguantaría, solamente para complacerse al hacerle un infierno aquel viaje a Hinata.
Ella se arrepentiría de haberse burlado de él.
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Ya estaban dentro del avión, ubicados en sus asientos, uno al lado del otro. Naruto sentía que se le iba el aire, de verdad no podía soportar estar dentro de una de esas cosas, pero estaba logrando controlarse como nunca antes. Todo parecía ir bien, hasta que el avión comenzó a despegar, entonces sintió que todos sus esfuerzos se iban a la basura.
Su respiración se agitó más de lo normal y sus latidos se dispararon. Cerró los ojos tratando de calmarse, pero todo lo que conseguía era ponerse peor. Y entonces sintió una suave calidez sobre su mano derecha. Abrió nuevamente los ojos y observó sorprendido que una de las manos de Hinata sostenía la suya, tratando de reconfortarlo.
—¿Q-qué haces? –le preguntó, aún asustado por el movimiento del avión al despegar.
—Sólo cálmate, estaremos bien –le dijo Hinata, hablándole suavemente —. Perdón por reírme de ti, en verdad este problema debe ser serio como para que te pongas así, así que sólo respira y quédate tranquilo, ¿de acuerdo? –sonrió dulcemente —. Pronto llegaremos.
Naruto estaba totalmente sorprendido. Nunca pensó que Hinata sería capaz de hablarle de esa forma tan dulce y tranquila alguna vez. Pero lo que más le sorprendía era el hecho de sentirse cada vez más seguro, como lentamente su miedo iba desapareciendo, y una extraña calidez se apoderaba de su pecho. De pronto sus latidos volvieron a acelerarse, pero no por su miedo, sino por ella.
—No necesito que te preocupes por mi –dijo avergonzado, soltándose de la mano de la chica y desviando la mirada, pero cuando ella ya no pudo verle, una pequeña sonrisa apareció en sus labios.
Hinata sólo le miró con el ceño fruncido, enfadada por lo poco cortés que era ese idiota, pero a fin de cuentas decidió no hacer ni decir nada, sólo se limitó a cerrar sus ojos y esperar a que el viaje acabara.
Pronto estarían en Hokkaido y sería muy divertido, aunque tuviera que pasar esos días al lado de aquel troglodita.
Aunque tal vez, no todo sería malo.
Continuara…
XoxoxoxoxoxoX
¿Les ha gustado?
Por fin vimos un –aunque mínimo- acercamiento entre Naruto y Hinata. ¿No es genial? Y esto es apenas el comienzo, pues como vimos, tendrán tres días sin nadie que les moleste, cerquita de la playa, ¿qué irá a pasar entre ellos?
Sakura se ha llevado una decepción de Sasuke, y está cayendo un poquito en cuenta de con quién se quiere meter. ¿Pero Sasuke seguirá siendo así?
Y Gaara, ¿no es lindo como resuelve los problemas? Aunque, no sabemos si siempre le va a resultar, jejeje.
En fin, nos estaremos leyendo muy pronto en cualquiera de mis fics. Gracias a todos los que me siguen leyendo y hasta pronto. ^^
