Eres mía

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-Edward, quédate quieto mientras te pongo esta pomada.- Él se estremeció bajo el contacto de ella cuando aplicaba el ungüento en su espalda. Ella hundió sus dedos nuevamente en el recipiente y entonces untó la herida del hombro.

-Estaba equivocada-, murmuró. -Quien te dio este golpe no abrió la vieja herida. Esa se ha curando bien, por lo menos.

Él bajó su cabeza y se giró para mirar el recipiente de ungüento. -¿Qué es eso?

-No sé -, respondió sinceramente. -Me lo dio un hombre de Peter que dijo que era bueno para curar caballos. Charlote dijo que no tienen nada más que esto.

-¿Estás segura que esto sirve? - dijo. -Tal vez fue hecho con estiércol de caballo. Por Dios, huele muy mal. Bella, No puedo bajar a comer así.- Ella tuvo que sonreír a pesar del dolor en su cara. -Huele bastante fuerte,¿verdad? Pero no huele a estiércol, mas bien como a una grasa que se dejó asentar por mucho tiempo.- frotó sus manos en un pedazo de tela e inspeccionó su trabajo. -Si, lo cubrí todo.

Él buscó una túnica limpia y se la puso por la cabeza. -Por lo menos tomé un baño, aunque dudo que alguien pueda darse cuenta.

-Ellos no se darán cuenta, Peter olía muy mal.

-Si. Bella, me gustará que hubieses visto a Hall escalando las murallas con su espada amarrada a su espalda y sus manos desnuda para agarrarse a los ganchos de escalar. Esta tan preocupado por su apariencia que tuve que forzarme para no reirme.- se puso serio, pero todavía sonriendo. -Pero le reconozco una cosa, Bella, fue el primero en llegar arriba. Jesús, ese hombre no conoce ningún miedo.

Ella se puso frente a él y colocó sus manos a ambos lados de su cara.

-Y vos estabas justo detrás de él.- se puso seria y miró sus ojos verdes brillantes. -No puedes saber cuanto me enorgullece, hermano, saber que nosotros compartimos la misma sangre. A veces podría morir de vergüenza por mi padre, pero vos me compensas por toda la cobardía de él-. Ella dejó caer sus manos y desvió la mirada. -Pero a veces temo haber heredado ese defecto.

-¿Vos, Bella? No, tienes tanto coraje como cualquier hombre. ¿Recuerdas lo que el Conquistador dijo de vos? Que eras el único hombre entre nosotros aquel día - habló suavemente hasta que pudo ver que algo realmente la preocupaba. -¿Bella, qué te pasa?

-Oh, Edward, toda mi vida he tenido miedo, que vos me dejarías, que yo envejecería y moriría en el convento de Fontainebleau, que sería forzada a casarme con Hall. Temo tantas cosas.- tragó en seco para componerse. - Pero estas últimas semanas fueron las peores de todas. Temí no vivir para verte nuevamente.

-Bella… Bella… - murmuró mientras la envolvía en sus brazos fuertes.

-Pero, ¿y si soy como mi padre?

-No es cobardía, Bella, conocer el miedo. Yo entré en batalla muchas veces, y cada vez que estuve frente a mi enemigo, mi corazón latía desesperado y mi estómago estaba en mi garganta-, le habló suavemente. - Pero ningún hombre me llama cobarde. Es correcto tener miedo, y cobardía correr o escaparse.-recorrió con la punta de su dedo su mandíbula y sacudió la cabeza. -Me parece que tuviste mucho que temer.- se dio cuenta mientras estudiaba su cara que tenía muchos moretones pequeños en el cuello y en el rostro. También tenía varios cortes pequeños alrededor de su boca y el labio superior hinchado. Abruptamente la soltó y buscó la pomada. -Siéntate, Bella, y déjame cuidar de vos.

-No, yo estoy bien ahora -, protestó aún cuando él la sentó suavemente en el banco. Sus manos la tocaron aplicando el ungüento. -Debo estar terrible.-

Él dejó de tocarla y sacudió la cabeza. -Por mi honor, Bella, nunca me pareciste mas bonita que cuando Hall te empujó a mis brazos esta mañana.- Sus manos eran suaves mientras aplicaba el bálsamo sobre los cortes y los moretones. -Deberíamos haberte atendido a vos primero, creo. No me di cuenta que te había cortado.

-Sólo usó su mano para castigarme, hermano. Hubiera sido muy estúpido hacer otra cosa.- suspiró pesadamente. -¿Qué hará Hall con él?

-Matarlo.

-Entonces ruego para que lo haga rápidamente.

-No lo hará. - dio un paso atrás y colocó el recipiente de pomada en una mesa.

-Dime-, preguntó casualmente, -¿por qué le advertiste a Jasper hoy?

-Hall luchó por mí.

-No, Bella. Él luchó por él y por su orgullo herido-. Se dio la vuelta y sacudió la cabeza. -Peter podría haber matado a Jasper.

-Vos también lo detuviste.

-Si. No pude ver que lo iba a golpear por atrás.- golpeó su palma con disgusto.

-Nos podríamos haber librado de él, Bella.

-Con una mancha en nuestra honra.

-En mi corazón, sé que tienes razón, pero mi mente me dice que deberíamos haber dejado que Peter lo matara.

-Edward, ¿cómo llegaste a unirte con Hall?

-Lo Creas o no, vino a mí, Bella, porque quería castigar a Peter pero no tenía hombres. Sus tropas todavía luchan en Vexin para Alec bajo el comando de Mortain. Y, para ser sincero, tengo que admitir que me puse bastante contento de verlo-. La boca de Edward esbozó una sonrisa torpe. -Si, su propia reputación le da una ventaja en batalla.

-Peter pensó que vendría a terminar con vos, y yo tenía miedo que entre ellos, te mataran-. sacudió la cabeza con el recuerdo. -Pero cuando Peter te vio parlamentar con el Conde Jasper, supo que no podría sobrevivir.

Edward vino detrás de ella y puso las manos en sus hombros. Con los dedos pulgares comenzó a masajear los músculos de sus hombros. Se relajó bajo su contacto, cerrando sus ojos.

-No debes hablar mas de Peter o de Jasper, Bella. Nosotros dejaremos este lugar maldito por la mañana, e iremos a Rouen. Una vez allí, yo podré mandar a mis mensajeros a contactar a las personas que posicioné en el camino de nuestra fuga. Si, Dios quiere, estaremos en Inglaterra en agosto, y podremos dejar atrás a Hall.

-Ruego que él no nos atrape como conejos, Edward.

Él dejó de trabajar en los hombros de ella.

-Yo no carezco de recursos, Bella, una vez que estemos en Inglaterra. El principe Garrett será nuestro amigo y aliado.

-Jesús, espero que sea así.

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Antes del mediodía, fue tomado completamente el castillo, y muchos de sus habitantes dormían para compensar la noche corta. Todo Estaba calmo porque Edward y el Conde Jasper habían prohibido cualquier tipo de pillaje, destrucción, o matanza de prisioneros. Pero en la ciudad cercana, la situación era diferente, los hombres de Hall cayeron con ímpetu sobre los habitantes, robando, violando, y matando. Finalmente, Jacob despertó a Edward para contarle.

-Mi Lord… - tembló. -Mi Lord, están saqueando la ciudad.

-¿Uh? - Edward intentó despertar de un sueño profundo, pero era mucho esfuerzo. Rodó en la cama y se tapó con la almohada la cabeza. -Ummmmm.

-¡Mi Lord! - Jacob dijo mas insistentemente. -¡Despierta, mi Lord!

Edward se sentó en la manta y preguntó irritado a su escudero.

-¿Bien?

-Mi Lord, Hall dejó a sus hombres sueltos en la ciudad. Ellos atacan y matan a voluntad, y nosotros estamos impotentes para detenerlos sin entrar en combate.

-¿Qué? - Edward estaba completamente despierto ahora. -Por todos los santos, estaba concordado no tocar a esas personas, porque no se abastecieron mientras nosotros esperábamos para atacar a Peter.- Edward se levantó y buscó su túnica. -¡Condenado Jasper! ¿no puede mantener su palabra por un día? -. Brevemente consideró la posibilidad de ponerse la cota de malla, pero decidió que Hall probablemente estaría desarmado y en su cama. Se conformó con tomar su espada de hoja larga.

-¿Dónde está?

Jacob respondió.

-Tomó la habitación de Peter como propia.

-¡Jesús! ¿Y dónde espera que duerma Bella? No, no me respondas.

-Él no lo dijo, pero seguramente no deshonraría a tu hermana con vos aquí.-

-Jasper haría cualquier cosa-, le recordó a su escudero severamente. -Dijo que no atacaría a la gente de la ciudad, y lo hizo. ¡Hijo del diablo y una bruja! ¡Jesús! ¡Y Charlie le dio a Bella a él!

Los ojos de Jacob se agrandaron cuando Edward envainó su espada.

-¿Qué harás, mi Lord?

-¡Confrontarlo! - replicó.- ¡Por Dios! ¿Qué esperabas al despertarme?. Bien, vienes a presenciar, Escudero ¿o le tienes miedo como el resto?

Estimulado, Jacob replicó,

-voy con vos, mi Lord.

Edward halló al Conde de Hall completamente despierto y concentrado revisando la lista de la dote y ajuar de Isabella.

-Tu padre ha sido muy generoso-, murmuró cuando Edward se acercó.

Edward fue directamente al punto.

-Mi Lord, la gente de la ciudad pidieron mi protección, y yo se la prometí, pero tus hombres están pillando y violando a aquellos que nos ayudaron.

-Me preguntaba cuanto tiempo tardarías en venir-. Hall giró y permitió que sus ojos azules brillaran hacia Edward… -Mis hombres han estado acampados y quietos por mucho tiempo, Edward, y el tener que tomar esta fortaleza los privó de tener un medio para descargar la lujuria de su sangre. Vos no los querrías tener aquí con tu hermana, ¿verdad? - volvió a la lista. -Hasta que no estén satisfechos, no puedo hacer nada con ellos.

-¡Mientes! - Edward colocó su mano en el cabo de su espada.

Hall giró. Sus ojos brillaron con rabia. Notó la espada y elevó una ceja.

-Me encuentras desarmado, Edward.

-Eso puede ser solucionado, mi Lord -, respondió. -A diferencia de muchos a tu alrededor, yo no tengo miedo de enfrentarte.

-Entonces eres el mayor estúpido en este cuarto.

-No, mi Lord.- avanzó algunos pasos para ponerse directamente enfrente de Hall. -Ordena a tus hombres que salgan de la ciudad, o yo lo haré.

-¿Y cómo propones que se cumpla tal orden? - preguntó desdeñosamente.

-Yo tengo la mayor fuerza aquí-, le recordó, -y no vacilaré a dar la orden de atacarlos si fuera necesario- . enfrentó a Jasper de Hall.

-Eres suave como una mujer-, Hall lo provocó antes de desistir.

-Justicia no es suavidad, mi Lord, ni lo es la fuerza de la crueldad.

El conde caminó hacia la ventana y gritó al patio,

-¡A mí! ¡A mí! ¡A Hall!

La respuesta fue rápida. Media docena de sus hombres corrieron hacia su amo. Por un momento breve los vellos de Edward se erizaron, pero se mantuvo firme. Empujó su espada y esperó. Si Hall pretendía que sus hombres se lo llevasen, mataría al conde primero.

-Envaina tu espada, Bastardo-, ordenó secamente antes de hacer acercar a uno de sus hombres. -Ralph, pase la palabra, muerte a los asesinos y violadores-. Cuando el hombre lo miró en silencio perplejo, estalló, -Si, me oíste bien, colgaré a aquellos que rompan la paz de Edward. Entre en la ciudad y trae a esos que saquearon, y trae a cualquier aldeano que testimonie contra ellos.

-Pero...

-No.- Hall rechazó cualquier protesta. -Ya me oíste-. Girando nuevamente hacia a Edward, habló suavemente. -Vos querías justicia, mi Lord, bien, pudiste ser testigo de la justicia de Hall.

Edward se sintió enfermo cuando observó esa media sonrisa extraña y se dio cuenta que Hall tenía su propia sed de sangre para satisfacerse. Y disfrutaría la ejecución de algunos de sus propios hombres.

-Me enfermas, Jasper-, envainó a su espada y caminó hacia las escaleras. - Bella dormirá conmigo esta noche para su propia protección.

-A veces, Edward -la voz de Jasper lo siguió por las escalera- desearía saber cual de ustedes dos ha estado en un convento.

La preocupación de Edward era hallar un lugar para Isabella. Una cosa era que el conde de Hall durmiera con ella, pero otra totalmente distinta considerar que ella durmiera en compañía de rudos soldado. En su mente podía entender el efecto que ella estaría causando en los soldados que no tenían a ninguna mujer para ellos. No, era mejor preservar aquella distancia, esa brecha entre una lady y un ciudadano plebeyo, que dejarles ver que ellos habían luchado por una mujer de carne y hueso. Reflexionando, concluyó reticentemente que ella tendría que permanecer esa noche en la habitación de Peter, y que tendría que dormir en una manta entre ella y Hall.

Sin ser consciente del enfrentamiento entre Edward y Jasper, Isabella terminó de auxiliar a los heridos de ambos ejércitos, lavando y cosiendo los cortes recibidos en la toma final de la fortaleza, y luego buscó sabanas limpias para su cama. Subió las escaleras sin escolta, con sus brazos cargados con sabanas, y halló a Jasper de Hall. Por un momento terrible su corazón parecía haberse detenido. A pesar de que él la había defendido, todavía estaba muy amedrentada. Sus ojos se agrandaron con horror cuando lo enfrentó, antes de poder recuperar su compostura.

-¡Mi Lord! ¡Me asustaste! Yo… yo no pensé encontrarte aquí.

Él notó su miedo y se enfureció.

-¡No me mires así! - estalló.

-Así, ¿cómo, mi Lord? - preguntó tan inocentemente como pudo.

Él bajó su mirada y la desvió, bajando su voz hasta que ella escasamente pudo oírlo.

-Como si te estuviera por arrancar la cabeza o tomar tu virginidad.

-Mi Lord -, habló para evitar enfurecerlo -si no puedo esconder mi miedo hacia vos, tal vez es debido a lo que pasó entre nosotros. Cuando yo era niña, intentaste matar a mi hermano; cuando viniste a la abadía, me pusiste las manos encima.- Su corazón se aceleró con la expresión en los ojos azules de él, y ella levantó las sabanas para proteger su pecho. -Dame tiempo, mi Lord-, ofreció, -y tal vez dejaré de temerte.

-Si.- Él la estudió atentamente. Ahora estaba compuesta y sus ojos oscuros no vacilaban bajo la mirada directa de él. Pudo ver los cortes y los moretones, todavía era una gran belleza, y ella pronto sería de él. Las palabras del Viejo conquistador hicieron eco en los oídos y alimentaron su orgullo.

-Isabella… - alcanzó a tocar su sien donde una contusión se había puesto amarilla, sus dedos rozando los mechones sueltos de cabello oscuro, y buscó convencerla. -Puedo no ser un hombre gentil, puede no ser como Edward, pero yo nunca te dañaría. Ven a mi, Isabella, y dame hijos, y yo te trataré bien.-

Había un calor inconfundible en los ojos normalmente fríos. Por un momento su cara dejó caer su guardia y vio al hombre debajo de la mascara de crueldad. Si hubiese sido otro, habría tenido el súbito deseo de saber si él la quería, pero este era Hall.

-Mi Lord, si me caso con vos, será ante Dios, y no tendré ninguna palabra en ese asunto-, respondió finalmente.

-No me importa la voluntad de Dios, Isabella, sois vos a quien tendré.

La voz de él cayó nuevamente, pero esa vez tenía una cualidad ronca e íntima. Su mano dejó su cara y se movió hacia su hombro, alcanzando los huesos ligeros debajo de su vestido. Luchando contra el deseo de retroceder ante su contacto, ella mantuvo sus ojos en su cara todavía apretando las sabanas mas cerca de su pecho. Dando medio paso atrás, llamó su atención a las sabanas.

-Traje sabanas,- murmuró.

-Ya ordené que cambien las camas, yo traeré mis propias sabanas, mi Lady.- Su mano señaló el cuarto con desprecio y una ceja rubia se levantó cuando notó la cama de brocado de verde y oro colocada recientemente. - Yo no dormiría como el animal de Peter.

-Oh- su mirada fue al lugar donde estaba su cama en el guardarropa. -Entonces, ¿dónde dormiré…?

-Tu hermano ha hecho arreglos para vos, aunque dudo que pueda hallar algún lugar mas seguro que este. Si tiene la intención de preservar tu virginidad, puede dormir conmigo, pero no es probable que lo haga.

Un alivio la invadió, pero algo irritó a Jasper nuevamente. ¿Su vida siempre estaría atada a la de Edward? Aún cuando buscaba controlar la furia que sentía, ella pasó a su lado para colocar las sabanas dobladas al pie de la cama. Jasper la observó moverse, su cuerpo pequeño, flexible gracioso y perfecto. Se sentó en un banco y mantuvo sus ojos en ella mientras retiraba los trapos inmundos de la cama, los dejó caer al suelo en una pila, y comenzó a acomodar el colchón de paja. Era una belleza para observar.

-Tienes que cuida de mi.

El vello de ella se erizó al advertir que él la observaba.

-¿Qué?

-Tienes que cuidar de mi-, repitió.

-Pero vos ya tomaste un baño… y Charlote...

-¿Crees que tendría sus manos inmundas sobre mí? - preguntó severamente. -No, vos atendiste a Edward, ¿verdad? Si, ya me bañé, pero me duele el hombro, mi Lady. Tienes que cuidar de eso.

-Tu escudero...

-No está aquí,- terminó por ella.

Era un pedido bastante simple, uno que no era raro, pero era contraria a tocarlo. Aún sentado, parecía grande, subyugante, y peligroso.

Inconscientemente humedeció sus labios y se secó las palmas húmedas contra la falda de su vestido. Ella no tenía ningún motivo para rehusarse, no se había expresado violentamente esta vez y de hecho, había luchado contra Peter Nevers para salvarla. Finalmente asintió con la cabeza.

-Buscaré el ungüento, mi Lord.

-Si te refieres a esa crema que huele mal, no quiero eso. No, mi madre es experta en el arte de curar. Hallarás su pomada sobre esa mesa.- le indicó.

Ella se movió para tomar el tarro de pomada y entonces vacilantemente se puso a su espalda.

-¿Que hombro es?

-El del brazo con el que uso la espada.

-No pensé que Peter te había dado un golpe.

-No lo hizo, pero me lo golpeé trepando la pared, y me duele ahora.- se inclinó hacia adelante y se quitó la túnica por encima de la cabeza, exponiendo un torso musculoso. Era mas grande y mas poderosamente formado de lo que ella había imaginado al verlo vestido. -¿Puedes ver algo? - preguntó, su voz amortiguada por la túnica en la cabeza.

-Si, mi Lord, te lastimaste-. Isabella sumergió sus dedos en el bálsamo y se preparó para tocar a su peor enemigo.

-Espera, déjame sacarme esto. Terminó de sacar su túnica y esta cayó al suelo. -Listo.

Ella tocó lentamente la contusión, hasta que le urgió, -Frótalo.- Perdiendo el miedo a él gradualmente, hizo como pidió él. Por un momento pasajero se le ocurrió que tenía piel como todos los otros, y luego se reprendió a si misma por pensar eso. Claro, él era un hombre después de todo. La crema olía bien.

-Hay otro lugar en el frente, me debo haber raspado ahí.

-Me sorprende que admitas que algo te duele -, murmuró mientras se inclinaba para inspeccionar el área rojiza.

-Tal vez quiera sentir tus manos sobre mí, Isabella, me agrada-. Antes que ella pudiese retirarse, él trató de agarrar una de sus trenzas. Con un tirón casi doloroso trajo su cara contra la suya. Ella dejó caer el tarro de pomada, que rodó por el suelo. Con su brazo la cercó y la empujó sobre su falda. Intentó alejarse disgustada, pero se halló atrapada. Dejó de luchar y se sentó dócilmente, esperando la oportunidad de escapar. Y a pesar de la calma externa, su estómago se cerró con miedo.

-Por favor, mi Lord, suelteme- dijo con voz fría.

-No, Isabella, ahora eres mía. Dos veces mi espada te compró.- Su voz era suave, pero no había nada suave en el cuerpo que la sujetaba. Sus brazos eran como esposas de hierro y sus ojos azules brillaban con una luz extraña mientras sus dedos entrelazados en la trenza tiraban su cabeza hacia atrás. Hambriento apoyó su boca sobre la suya, primero rozándola tentativamente y luego Jasper de Hall tomó posesión completa de su boca, apretando sus labios hasta forzarla a abrirse. Su lengua se deslizó dentro de la boca, provocándola y poseyéndola. Ella se estaba sofocando, se estaba ahogando, pero era incapaz de detenerse. Su mano le rozó los pechos de ella y tomó uno, apretándolo y pellizcando el pezón con sus dedos mientras su boca poseía la suya. Ella se endureció por el shock e intentó zafarse a pesar de las sensaciones nuevas y extrañas que estaba experimentando.

Cuando finalmente la liberó, sus labios arrastraron sus besos calientes y jadeantes a la oreja de ella, Isabella se estremeció. Sus pezones empujaron contra la tela de su vestido. Sus manos se movieron sobre ella, tocándola y acariciándola con un efecto casi hipnótico. La respiración tibia de él causó un escalofrío en su espina dorsal. Emociones contradictorias la inundaron mientras su cuerpo traicionero se relajaba. En algún lugar de su mente, sus pensamientos hicieron eco advirtiéndola de ese juego peligroso.

Su boca exploró el cuello de ella, el hueco de su garganta y luego detrás de su oreja. La respiración de él venía como llamas calientes mientras susurraba

-Eres de fuego, Isabella de Swan-. Él estaba queriendo, estaba precisando lo que ella pudiera darle.

Abruptamente él estaba de pie, ella cayendo fuera de su falda y quebrando el hechizo. Ella se tambaleó pero no se cayó pues su mano apretaba su muñeca tan firmemente que sus dedos quedaron sin circulación. Había cambiado, sus ojos estaban brillando con lujuria, y no había bondad, ni ternura en él. Jasper estaba respirando rápidamente, jadeando aún. Ella retrocedió ante la expresión de él y exclamó,

-¡No! ¡No, no lo haré!

-¡Si, lo harás! Eres mía para tomarte, Isabella-, decía mientras la empujaba hacia la gran cama.

-¡Para! ¡No!

Él la llevó al colchón de plumas y bloqueó su fuga y comenzó a desatar su pantalón.

-Si, por años he soñado con vos- , jadeó mientras se libraba de la ropa.

-¡Gritaré!

-No, no lo harás. Se apoyó sobre ella y le susurró roncamente, - Veré tu cuerpo nuevamente, Isabella, abre el vestido para mí.

Esperando ganar tiempo, ella asintió con la cabeza. Muy lentamente sus manos fueron al hombro de su vestido y comenzaron a bajarlo mientras él observaba. Sentándose a un lado de la cama, ella dejó que sus pies tocaran el suelo. Sus ojos nunca dejaron el escote de su vestido mientras ella asomaba un hombro revelando la curva de su pecho. Entonces, pareciendo levantarse para bajar la prenda, de repente huyó hacia la puerta, gritando con fuerza,

-¡A mí! ¡A mí! ¡Virgen María, ayúdame!

Hall la tomó antes que pudiese llegar a la puerta y puso su mano encima de su boca para silenciarla. Ella le mordió un dedo, pero eso no tuvo ningún efecto en él.

-Ahora, Isabella-, la provocó, -veré todo de vos.

-¡No!

Sus dedos alcanzaron el hombro de su vestido, y con un gran tirón rasgó la tela para exponer un pecho blanco. Entonces, deliberadamente, se inclinó para chupar el pezón. Ella se retorció y se movió lejos de él hasta que él la bloqueó contra la pared con su cuerpo.

-Por favor, mi Lord, déjame ir… por favor.

-No puedo. Esperé mucho tiempo por vos, Isabella.- Lentamente, él ahogó su protesta con su boca. Ella cerró sus ojos e intentó patearlo. De repente lo sintió endurecerse contra ella y el miembro la rozó en el vientre.

-Suéltala-. Edward habló secamente por detrás de Hall. Isabella abrió sus ojos para ver la espada de él apoyada contra la vena del cuello de Jasper. –Ahora, saca tus manos fuera de ella.- Los músculos de la mandíbula de Edward se tensaron intentando controlar su rabia. -Ahora, Jasper.

Hall dejó caer sus manos y dio un paso atrás. Los ojos de Edward fueron al vestido rasgado y su boca se secó ante la vista del pecho desnudo de ella. Él miró, su propio corazón acelerado, su cuerpo intensamente consciente de ella. Con esfuerzo, ordenó,

-Cúbrete, Bella.

Con su cara ardiendo bajo su mirada, ella acomodó el hombro del vestido rasgado apresuradamente con un broche tomado de Charlote. Se alejó Hall, y puso a Edward entre ella y Jasper.

Edward sujetaba la espada firmemente.

-Vos sabes, Jasper, que debería matarte aquí y ahora por lo que le habrías hecho a Bella.- Para dar énfasis a sus palabras, dejó que la espada cortara la carne de Hall y una gota de sangre corrió por su cuello.

Hall lo provocó,

-No, no lo harás. Ella vendrá a mí, de cualquier manera.

Edward bajó su espada pero no la guardó.

-No. A diferencia de vos, yo nunca asesiné a un hombre desarmado, y no tengo ganas de ver el derramamiento de sangre que seguiría. ¿Estás bien, Bella?

-Si, estoy bien.

-El día en que pagarás por esto llegará, Edward -, Hall prometió fríamente.

-¿Me desafías, mi Lord? - murmuró suavemente. -Porque si lo hicieras, yo estoy mas que listo.

Hall sacudió la cabeza.

-¿Por qué debería luchar ahora cuando bastante pronto podré acostarme con ella cuando y donde quiera?

Edward dio un paso adelante, pero Isabella lo tomó del brazo.

-Virgen María, ¡no!. Yo no valgo la pena para que mueras, hermano.- Su mano se cerró encima del cabo de la espada. -La culpa también es mía.

-No, Bella, si alguien tiene parte de culpa soy yo, porque te dejé sola en este lugar maldito. Ven. Envainó el arma y la llevó. Dos veces casi tropezó en las escaleras, y tuvo que seguirlo al trote mientras ellos cruzaban el patio. Ella sabía que estaba enfadado, pero no estaba segura si su rabia estaba dirigida a ella o a Jasper de Hall. Cuando se detuvo abruptamente en la pared de la muralla, casi chocó con él.

-¡Por Dios, Bella! - estalló. -¿Eres igual al resto que me cree capaz de matar cuando él ni siquiera estaba armado? ¡Jesús! Él es un hombre que respira, que camina en dos piernas como yo. ¡Si, lo viste sangrar como cualquier ser humano! Él es bravo, pero no es invencible.

-Lo siento mucho.

-¿Por Qué? ¿Porque me crees incapaz de derrotar a Hall?

-No, temí haberte avergonzado. Primero dejé que el Príncipe Garrett me besara, y ahora el Conde Jasper.

-Niña tonta. Te vi luchando, Bella, te vi tratando de librarte, oí tus gritos. En lo que respecta a Garrett, es fácil quererlo. No era tu culpa.

Él comenzó a caminar a lo largo de la pared, sus pensamientos preocupados por lo que había visto. Si ella supiese lo que había pensado cuando la vio, estaba seguro que no lo consideraría mejor que los otros hombres. Al lado de él, ella ordenaba sus propias emociones contradictorias.

-Edward, me temo que hay algo malo en mí-,dijo bruscamente.

Él se detuvo y esperó.

-¿Qué?

-Bien… - Ella vaciló, sonrojándose y mirando el suelo. -Las monjas me enseñaron que eso es un pecado, pero… - Ella buscó las palabras que expresaran su vergüenza y entonces dijo, -Oh, Edward, yo… yo debo ser lujuriosa o algo así. Yo… bien, no me importó ser besada por el príncipe, ni por Hall... al principio.- Cuando él no dijo nada, ella exclamó, -Bien, ¿cuál es el problema conmigo?

-No, Bella, no hay problema- , respondió finalmente. -Se supone que una mujer quiere un hombre. ¿Por qué Dios habría hecho dos sexos si no? Sin expectativa y los juegos previos, hay poca satisfacción en la unión entre ellos. Yo no tomaría a una mujer que se echa como una piedra fría y rígida en mi cama.

Intrigada por ese sentimiento hacia las mujeres, se aventuró a preguntar,

-¿Te has acostado con muchas mujeres, Edward?

-¿Qué tipo de pregunta es esa? - preguntó defensivamente. -Yo no soy un monje.

-¿Cuántas?

-¿Cuánto es mucho?

-Diez… veinte, no sé. Edward, yo tengo poco conocimiento de tales cosas.-

Ella era inocente, y nadie se había ocupado de instruirla, ni Renée, Sue, o cualquiera de las otras mujeres que ella conocía.

–Si... probablemente.

-¿No lo sabes? - preguntó incrédulamente.

-¡Por Dios, Bella! No mantengo un registro, si eso es lo que preguntas.- la estudió de cerca. -¿Qué quieres saber?

-Quiero saber como los hombres consideran a las mujeres.- La expresión de ella era seria, sus ojos oscuros de repente fijos en él. - ¿Amaste a alguna de ellas?

-No.

-Pero vos me dijiste una vez amabas a una lady.

-Si.- la miró cautelosamente, deseando saber donde lo estaba conduciendo. -Nunca estuve con ella, si eso es lo que quieres saber.

-¿Por qué no?

-Porque ella es una lady. Yo no soy un animal, Bella que toma todo lo que ve. Y ella no es una criada para ser tomada a voluntad.

-Pero no es justo, hermano. Eres Lord de Condes, mas guapo que Hall, y cien veces mas amable. Si yo fuera su padre, te la entregaría a vos.

-Cuando vos estés segura, yo la tendré.

-¿Es eso, entonces? Edward, no puedes poner mi seguridad por encima de tu felicidad, es injusto.- puso una mano en su brazo. -No puedo pedirte eso, fue un error pensar que podía. Volveré al convento de Fontainebleau, una vez que haga mis votos, estaré bastante segura del Conde Jasper.

-¡Jesús! ¿Qué es esa locura, Bella? En un minuto me confiesas tus deseos carnales, y en el siguiente dices que volverás al convento. ¡Madre de Dios, niña! ¡Eres una mujer de carne y hueso!

-Pero... ¿y si fallamos? ¿Y si Hall te atrapa y te mata como mató a Peter? ¡No puedo tolerar eso! ¡Vos mereces felicidad!

-¡Para, Bella! - agarró sus hombros y ella tembló. -No hables tonterías. Yo soy tu caballero, he jurado lealtad a vos por encima de todas las cosas. No puedo llevarte de vuelta a Fontainebleau.-

-No es así, Edward, eres mi hermano. No, puedo darte hijos, herederos para tus tierras. Busca tu felicidad con esa lady.

-Bella-, estalló, -¡vos eres mi lady! Planeo mantenerte segura.

-Pero...

-Ningún pero ó un dedo encima de sus labios. -Nosotros iremos a Inglaterra.

Ufff, menos mal que llego super Edward… jejejeje, parece que al principio Jasper incluso la trataba con algo de ternura... en fin… si Bella supiera… que puede darle hijos y herederos… pero para eso aún falta ;) un besote nos leemos mañana... muakis