Capitulo 12: "Juramento"

- Vamos...- La mujer sonrió intentando parecer dulce, Inuyasha tuvo que apartar la mirada de ella porque estaba horrorizado de su actitud. Es cierto que en un principio había aceptado ser su aliado, pero en ese momento no le parecía el asunto tan grave... ahora simplemente estaba pasmado por la falta de valores éticos de la que por casi poco había sido su esposa-... no es necesario que tengamos que discutir por todo esto... yo siempre quise ser tu aliada...- Ella se acercó lo suficiente para buscar su abrazo, sus dedos juguetearon con el cuello de la camisa de Inuyasha, él se quedó tan estático como una estatua-... vamos querido... no te pongas tan orgulloso... quédate conmigo... seamos como éramos antes...

No sabía ni qué decirle. Lo único de lo cual ahora estaba seguro era que no quería tenerla cerca... le causaba repugnancia...

Cuando Kikyou se fue no pudo más que desplomarse casi en el sillón y pensar en el pánico que le causaba todo esto. Quizás lo mejor era ya no seguir adelante con intentar cortejar a la joven Higurashi... estaba a tiempo aun de... de terminar el asunto para que así nadie saliera lastimado. La noche pasada, en el compromiso de su amigo, se habían besado y ella le había respondido de una forma tan sincera y tierna... y a pesar de que en un principio se había acercado a esa muchacha por su dinero, ahora en verdad le interesaba... más de lo normal.

- Quizás me quiere...- Musitó amargado y dolido-... si siente algo por mí... y si es así...

Si era así mejor era terminarlo todo antes que seguir en algo de lo cual no sólo ella saldría lastimada... sino él... diablos diablos diablos!!

- ¡¡Maldita seas Kikyou!!

Sentía rabia, ira, hasta deseos de llorar quizás, nunca se había sentido tan horrorizado, tan frustrado, tan miserable y tan desesperado como ahora... pero cortar con todo lo que estaba pasando con aquella muchacha era mejor que ver hundida la daga hasta el final del corazón... mejor ahora... que después.

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Querida Kagome:

Si mi beso fue osado, perdóname la osadía, pero he probado tus labios y deseo seguir haciéndolo. Me gustaría verte otra vez, no me lastimes con tu ausencia, no quiero que te sientas ofendida por mi presencia. Sé que no soy digno ni siquiera de que me mires, pero si sabes reconocer la verdad en un corazón sincero, comprenderás y sabrás que mi interés por ti, es el más puro y verdadero. No es bueno manchar tu honra viéndonos a solas, por eso ruego que me des la licencia de ir a verte, a tu casa, mañana por la tarde. Le diré mis intenciones a tu madre.

Inuyasha Taisho

La joven Higurashi casi no podía creer lo que tenía en sus manos. Era una carta, una carta nada más y nada menos que de Inuyasha Taisho. Entonces ese caballero no jugaba con ella... no... él... si él deseaba verla en su casa, hablar con su madre era porque... porque quizás... quería cortejarla... alguien así no podía ser malo... ni interesado... ni ambicioso como la gente decía que era Inuyasha... no...

Aquella noche casi no durmió de la emoción y también del miedo ¿y si su madre no lo aceptaba? Las veces en que eso lo imaginaba casi sentía que se le paralizaba el corazón. No, aceptaría... porque ella misma le diría a su mamá lo bueno y sincero que el joven Taisho era... no había que desconfiar... ahh pero Kikyou la ayudaría, su querida ex institutriz la ayudaría... claro, ella consideraba a Inuyasha una caballero, sí, estaba segura de convencer a su madre y que le diera a él permiso para cortejarla.

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Miró el reloj cucú que colgaba en la pared de la sala, su corazón parecía estar a punto de sufrir un colapso. Kagome miraba el puntero y luego hacia la ventana, esperando su llegada ¿Cuánto tiempo llevaba ahí sentada en el taburete del gran salón, junto a la ventana, en espera de que él apareciera? El sol parecía estar a punto de esconderse tras las grandiosas y oscuras colinas, pronto anochecería y él... él había prometido venir en la tarde.

Kaede se acercó a ella con tristeza. Lo sabía todo. Kagome, ansiosa y feliz esa misma mañana le había contado todo. Bueno... no todo, sino más bien que el joven Taisho le había enviado una carta y que vendría aquella tarde para cortejarla.

Cuando el sol se marchó y los rayos del sol dejaron de reflejarse en la ciudad, ella estuvo a punto de llorar. Él no vendría, no vendría. Había mentido. O quizás... quizás le había sucedido algo... sí, eso debía ser, quizás le había pasado algo...

Su nana llegó de la calle trayendo consigo una canasta, venía de hacer las últimas compras para el desayuno del próximo día. Venía agitada, era tarde ya y la joven Higurashi no se había movido de su lugar, aun esperando. La anciana maldijo al joven Taisho. No podía haber corazón más cruel que ese...

- Mi niña...- Se acercó a su lado y Kagome la miró con dolor.

- Quizás... quizás tuvo un accidente...- Musitó ella, atragantándose por sus propias lágrimas que caían en sus mejillas-... él quería venir, Kaede, era... sincero...

La anciana la abrazó y le acarició el cabello. No quería atormentarla más de lo que ya estaba, pero debía decírselo, para que así no estuviera justificando la actitud poca caballerosa de ese hombre ruin y desvergonzado.

- Lo vi, mi niña... no tuvo ni un accidente ni nada malo... – Kagome alzó el rostro y la miró con sus ojos muy abiertos y asustados, la anciana quiso callar, pero prosiguió-... lo vi entrar al Club... seguro... esta jugando al póker... lo sabes mi niña... él es así...

- ¡No! No lo es... dijo que vendría... ¿para qué entonces me envió la carta? Dijo...

- ¿Se comprometió en algo mi niña? – La anciana la miraba esta vez muy seria, le tomó la cabeza con ambas manos- ¿Acaso te dio una esperanza o prometió...?

La joven se apartó de ella con violencia.

- ¡No! ¡No prometió nada! ¡Nada! Así que no pueden obligarlo a estar conmigo... ¡no pasó nada! ¡Nada!

Ella se echó a llorar desconsoladamente. En verdad Inuyasha Taisho no le había prometido nada... aun, así que no tenía porqué verse forzado a estar con alguien a quien obviamente no le interesaba... aunque si los demás supieran lo del beso, las cosas cambiarían, sólo eso y el haberse visto a solas era motivo para forzar un matrimonio... pero Kagome calló. Si el joven Taisho había jugado con ella así... mejor que las cosas quedaran hasta ahí... moriría de tristeza si tenía a su lado a alguien que no la quería...

- Kagome, mi niña... ¿por qué lloras así? Debes contarme la verdad... ¿lo amas? ¿es eso?

La joven Higurashi no fue capaz de responder. Estaba sentada en el sillón, con las manos en el rostro y llorando desconsoladamente. Sentía que el corazón se le había hecho trizas y que sus pedacitos filosos y puntiagudos se clavaban en su pecho. Dolía mucho... dolía el saber que había sido un juguete en manos de aquel caballero... y ella que había pensado en que podría redimirse... ¿por qué? ¿por qué jugar así? ¿por qué?

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La mirada que le dio aquella anciana criada de la familia Higurashi era temible. El joven muchacho apartó la vista de inmediato sabiendo la razón de tan osca actitud. No había que ser adivino. Obvio que esa mujer lo odiaba por... por lo que le había hecho a Kagome. Seguro ella se lo había contado... pero aun así no le habían venido a pedir explicaciones ni lo obligaban a formalizar la relación... quizás no estaban los demás enterados de los encuentros a solas y menos lo del beso en la fiesta de compromiso.

Pensar en eso lo hizo sentir más miserable aun de lo que se consideraba. Había estado a punto de manchar la reputación de una señorita noble e inocente... todo por... por su ambición... lo más extraño de todo era... ¿porqué Kikyou no había aparecido nuevamente en su propiedad para increparlo? La esperaba cada noche, solamente para escuchar una nueva amenaza por no conquistar a la joven Higurashi, pero aquella extraña mujer no apareció... y aquello inevitablemente lo hizo sentir aun más ansioso y por que no, asustado también.

Se encontraba en el Club aquella tarde, bebiendo un café y rechazando una vez más una partida de póker de algunos caballeros, cuando vio a su amigo Miroku entrar en el salón. No le extrañó verlo ahí, aunque no era un sitio al cual él visitara muy a menudo. De echo ni siquiera apostaba, sólo se dedicaba a pasar el rato conversando y enterándose de los últimos chismes de la ciudad.

El joven Miroku sonrió levemente al verlo ahí. Él era muy distinguido, tan adinerado como lo había sido Inuyasha pero más maduro a la hora de malgastar su fortuna. En realidad él decía que no era un malgasto "viajar" y en verdad no lo había sido. Ahora que estaba de vuelta en la ciudad traía consigo un sin fin de historias de lugares tan remotos como desconocidos que era invitado a todas las fiestas de las más prestigiosas familias sólo para que entretuviera a los invitados. Fue en una de esas fiestas, hacía un par de meses, que había conocido a la joven Sango Taiji. Y desde ese momento dejó de ser tan inquieto sólo para sentar cabeza y tomar las riendas de su vida con más madurez.

- Buenas tardes, querido amigo.- Dijo, sentándose enfrente suyo y en seguida un distinguido mayordomo pidió su orden- Un café en estado puro.

Inuyasha sonrió a través de su taza.

- Pensé que estabas con tu noviecita...

El otro se recostó en el respaldo de la silla.

- Bah... la llevaron no sé a donde a comprar el ajuar de novias... no la veré en dos días.

Inuyasha enarcó una ceja, pero mantuvo la sonrisa burlona.

- Pobre de ti, que tortura.

Miroku suspiró y posó sus ojos en el techo del salón.

- Sí... es una tortura...

El joven Taisho no pudo menos que sorprenderse. No imaginaba a un hombre en ese estado de completo enamoramiento.

- Vaya...- Musitó, dejando la tacita en el platillo-... sí que te ha dado fuerte...

- Cuando te pase lo comprenderás...- Respondió el otro. En ese momento el mayordomo trajo el café humeante de Miroku, este levantó primero la taza, la pasó cerca de su nariz aspirando su aroma y luego lo bebió.

Inuyasha miraba sus actos, pero en realidad pensaba en sus palabras. ¿Podía un hombre caer rendido así a los pies de una dama? oh, claro, él había caído así a los pies de esa arpía de Kikyou...

- El amor es ciego...- Dijo con rencor, pero más para sí mismo que para su amigo.

Miroku se apartó la taza de los labios y rio burlón.

- Vaya que suenas amargado.

Inuyasha hizo una mueca.

- Hay mujeres que no son lo que aparentan...

- Bueno... eso es cierto... pero yo estoy muy seguro de mi querida Sango. Además la conozco desde que éramos pequeños, bueno ya sé, jamás le hablé pero siempre la veía y tenía noticias de vez en cuando de ella... así que sé como es... no hay nada mejor que conocer a tu futura esposa desde que era niña, así no te llevas fiascos después jajaja

El joven Taisho volvió a hacer una mueca amarga. Pero sabía que Miroku tenía razón... a Kikyou la había conocido hacía relativamente poco y por eso se había dejado engañar tan fácilmente... en cambio... Kagome...

Tragó con fuerza y una imagen graciosa se le vino a la cabeza. Una niña pequeña de no más de 6 años, que llevaba un sombrero en su mano, lo miraba insistentemente en la iglesia... en aquellos días cuando se veía forzado a asistir a la misa del domingo matutino...

- Apuesto a que le gustas...- Canturreó un chiquillo a su lado.

Rojo de vergüenza, y a pesar de sus ya 13 años, le sacó la lengua a la muchachita y ésta, sorprendida y avergonzada, volteó el rostro y nunca más volvió a mirarlo.

Inuyasha ahora sonrió. Tenía más recuerdos de ella, pero en ninguno habían compartido salvo un frío saludo. Nada más... y ahora...

- Cierto... sería mejor conocer a alguien de la cual ya se tiene cierta referencia...

- ¿Y tu? Te vi el otro día observando a la señorita Higurashi...- A Inuyasha casi se le sale el corazón, intentó fingir calma bebiendo otro sorbo de café-... en la fiesta de compromiso... ¿al final le hablaste?

- ¡Ah! Que va... sólo miraba...- Musitó levemente avergonzado.

Miroku sonrió.

- Eso no era una miradita nada más... yo te vi...- Bromeó intentando aumentar su cizaña.

El joven Taisho intentó no hacer caso a sus comentarios, aunque sólo escuchar el nombre de Kagome le aceleraba el pulso y le recordaba aquel beso tierno y suave que le había dado en el jardín aquella vez. Sintió un nudo amargo al darse cuenta que le dolía demasiado haberse separado así... cuando comenzaba a... sentir... "cosas"... por ella... ¿y qué pensaría Kagome por su abandono? Si Miroku no estuviera ahí seguro hubiera golpeado la mesa maldiciendo su miserable suerte...

- Deliras...- Musitó y un involuntario suspiro se escapó de sus labios.

- Sería un buen partido. Hermosa y rica ¿qué más se puede pedir? Aunque ha tenido mala suerte últimamente, la desgracia toca a su puerta demasiado a menudo... primero, la muerte del padre, luego, la enfermedad de la madre... y ahora... dicen que se marchó la institutriz sin previo aviso y que la madre agoniza... ¿qué puede estarles pasando?

Inuyasha abrió los ojos inmensamente, conmocionado por la noticia.

- La... la ¿institutriz? ¿los dejó?

- De la noche a la mañana... y dicen que era muy amiga de la señorita y que incluso se había convertido en su dama de compañía, en realidad era como un miembro más de la familia, la señorita Higurashi la quería mucho y ahora esta destrozada... aunque esta peor ya que la madre volvió a caer y creo que esta vez si no tendrá tanta suerte... pobre niña... tendrá que casarse o sino quedará completamente desamparada... los buitres caza fortunas y viejos libidinosos buscan una presa inocente y adinerada como esa...

Se puso de pie como un resorte, con el corazón palpitante y una vena sobresaliente el cuello. De pronto parecía que había cobrado vida, la palidez que tenía ese día se había esfumado. Miroku lo observó contrariado.

- Tengo que irme amigo... gracias por la conversación.

Tomó su sombrero y se marchó raudo de allí. ¿Cómo era que Kikyou había desaparecido? Quizás se había dado por vencida... pero esa mujer no era de aquellas que se daba por vencida... quizás una emergencia... algún familiar que la mandaba llamar o... pero ella era huérfana... sin embargo se había marchado... ¿se habría aburrido de aquella vida de servidumbre y de su rechazo? Quizás iba en rumbo de situaciones mejores... oh, si fuera eso, si Kikyo abandonaba la ciudad entonces... entonces podría...

- Kagome...

Caminó a paso acelerado, la mansión Higurashi no estaba muy lejos, aun así tuvo que llegar en carruaje. Cuando bajó se quedó estático ahí, tan emocionado, tan feliz y tan...nervioso ¿qué iba a decirle? Quizás lo mejor era esperar la posible vuelta de Kikyou... quizás se estaba precipitando, cantando victoria antes de tiempo...

Un par de personas salieron murmurando lo mal que se encontraba la señora de la casa, que de esta noche ya no pasaba. Inuyasha tragó apenas. No podía ser... tantas desgracias...

No supo cómo, pero avanzó a paso lento, cruzando el jardín verde y florecido, a medida que se acercaba, una melodía suave y emotiva se dejaba escuchar. A Inuyasha nunca le había latido de esa forma el corazón, casi podía imaginar aquellos finos y delicados dedos acariciar con devoción y amor las teclas de un lujoso pianoforte.

La música, aunque esta vez no era "Para Elisa", volvió a evocarle bosques encantados y días soleados y felices junto a un arrollo, pero más que eso también le evocó el perfume suave de aquella muchacha, su sonrisa sincera, el brillo de sus ojos castaños, cálidos y bellos. Casi se le escapó una lágrima de tristeza. Por ella... porque alguien tan hermoso, tan sincero, noble y puro no podía estar pasándole tantas cosas malas... no podía. ¡Qué rabia! Se quedó junto a la ventana, escuchando la melodía, pero no sólo eso, también tenues sollozos. Tuvo deseos de protegerla, de jurarle que nunca más iba a llorar, que...

Terminó la melodía y volvió otra vez a ser tocada. Era Chopin. Inuyasha esta vez dio la vuelta y entró aprovechando que la puerta estaba abierta, nadie lo vio pues todos estaban en el segundo piso con la moribunda, él se dirigió a la salita de música y se quedó de pie, observando el ángel vestido de blanco que estaba sentada junto a la ventana, que llevaba el largo cabello azabache suelto y que caía como un manto de noche en su espalda, tocaba concentrada, pero lloraba sobre las teclas de su pianoforte. Él volvió a tragar y se acercó un poco más hasta quedar junto al instrumento. Sólo cuando ella dejó de tocar alzó la mirada y lo vio. Se sorprendió de verlo ahí, ni siquiera había reparado en su presencia. Tenía los ojos enrojecidos, las mejillas aun húmedas de lagrimas y su rostro reflejaba tanto dolor y pena que el joven caballero creyó que se le partía el corazón.

La muchacha se puso lentamente de pie, con la mirada clavada en la suya, pero no dijo nada. Afirmó una mano sobre el pianoforte, como si estuviera evitando desfallecer. Inuyasha quiso decir algo pero apenas balbuceó y ya no pudo seguir ¿qué iba a decir? ¿qué?

Una criada pasó junto a la puerta sollozando y se quedó ahí, hizo una inclinación con su cabeza a la joven señorita y luego habló.

- Lo... lo lamento señorita... su mamá... su mamá falleció.

Kagome se quedó como una estatua, parecía que había dejado de respirar, estaba más pálida que nunca. De pronto comenzó a temblar y miró a Inuyasha consternada. El joven Taisho se acercó a su lado y la cobijó bajo su pecho, ella lo abrazó y lloró en su hombro, desconsolada.

- Me... me dejó... ella también me dejó... estoy sola... sola...

Pero Inuyasha se juró que no iba a estar sola, sino con él, junto a él, porque le brindaría toda la felicidad que ella se merecía... besó sus cabellos mientras le decía al oído con fervor.

- No estas sola... yo me quedaré contigo... siempre... lo juro...

Continuará...


N/A: La melodía esta es de Chopin, Nocturno opus 9 Nro. 2, es una melodía preciosa que casi me dan deseos de llorar, ojalá la escuchen, es hermosa y ahora la tengo en mi space. Creo que me gusta más que "Para Elisa" jeje

Gracias por todos sus comentarios, ya saben que se los agradezco un montón y nos vemos muy prontito, cuídense mucho.

Lady.