Adaptacion del libro "A Dance With a Duke" de Tessa Dare con los personajes de Candy Candy propiedad de Mizuki & Igarashi.
CAPITULO 12
El verano en que tenia doce años, Candy cometió el grave error de gritar y chillar por un sapo moteado en presencia de sus hermanos. Por lo tanto, naturalmente, sus hermanos habian pasado el siguiente mes tirandole sapos a todas horas. Se los escondian en los armarios, en su cesta de costura, incluso bajo la almohada. . .Faraón fué plagado por menos sapos a comparación de todos los que Candy tuvo que auyentar ese verano.
Ella detestaba a esos animales de ojos abultados -¿pero podria ella meter el sapo en una olla y nada más aventarlo por la ventana? No. Ella tenia que coger el bulto repugnante en sus manos, llevarlo afuera en la oscuridad de la noche, y dejarlo suelto en el jardin aunque fuera desgastante. Porque eso era lo que Candice hacia. Ella era una protectora. No podia evitar cuidar de las creaturas, incluso las creaturas viles y no deseados.
Especialmente los viles, no deseados.
Era perverso e irracional y probablemente señal de severos problemas mentales, pero mientras más Terrence demostraba su incompetencia como un ser humano capaz de ser sensible, más se ganaba su simpatia. Mientras más echaba a perder las oportunidades para hacerla sentir comoda, más era su deseo de comprender. Y mientras a más distancia la tenia -al menos emocionalmente- más deseaba abrazarlo.
Cuando se despertó sola a la mañana siguiente, contemplando el techo estampado, Candy tuvo que ser honesta con ella misma. Ella habia estado retrasando la consumación con la esperanza de proteger su corazón primero. Pero despues de anoche, sabia que era una causa perdida. Ese abrazo la habia movido profundamente. Era cierto que Terrence habia abandonado el casto abrazo para tomarse más libertades, y su lasciva agresión deberia haber disipado sus ansias de ternura. Pero cuando él despertó su deseo con esos besos demandantes y esas manos habiles, el anhelo no se habia quedado nada más entre sus piernas sino que la llenó, la consumió.
Mientras más le negara su cuerpo, más arriesgaba su corazón.
Bueno, entonces, eso era todo. Ella iria a él hoy.
Saltando ne la cama, tiró su covertor. Se envolvió en una manta liviana y se acercó al borde del colchón, enviando sus pies descalzos abajo para explorar la alfombra en busca de sus zapatillas.
Interiormente, se decidió a desaparecer todo deseo de romance. Incluso, si esa determinación fallaba, ¿qué era lo peor que podia pasar? Desperdiciaria unos cuantos meses de afecto no correspondido en él; él seguiria siendo indiferente a ella. El mundo habia visto injusticias más graves. En poco tiempo, un bebe llenaria el vacio. Y mientras más rapido se acostara con Terrence, más rapido vendria el bebé.
Suavemente, sus pies tocaban sobre la alfombra. Ahora que habia tomado esa decisión, ya no queria esperar. Encuentros nocturnos eran demasiado personal, muy intimos. Seguramente el acto no se sentiria romantico a plena luz del dia. Ni siquiera se molestaria en peinarse el cabello.
Poniendo todas sus fuerzas, deslizó la puerta que conectaba al cuarto de Terry y la abrió.
Él no estaba allí.
Una mujer estaba. Dos mujeres. En realidad eran tres mujeres, un trio de camareras, haciendo la cama y limpiando la habitación. Cada una de ellas se paralizó instantaneamente, con almohadas en mano, al ver a Candice. Detras de ellas, una cortina agitada por el viento se burlaba en silencio por su sorpresa.
"-Buenos dias su Excelencia, mi nombre es Kary," dijo la muchacha haciendo una pequeña reverencia y regresando a su trabajo.
Candy se enderezó y aclaró su garganta, "-Mi esposo. . ."
"-Buen día, mi nombre es Romina," dijo haciendo una reverencia, "-Él no está aqui, mi Señora. El señor Clark dijo que tenia negocios que atender."
"-Antes del amanecer, incluso." dijo la otra muchacha. "-¡oh! disculpe," dijo un poco apenada haciendo una reverencia, "-mi nombre es Dianita."
La sirvienta unos cuantos años mayor que las otras les dió una mirada severa, pero las jovenes siguieron parloteando; "-El duque no se espera que vuelva hasta muy tarde."
"-Por lo menos eso es lo que oimos."
"-Si, lo sé" dijo Candy con firmeza, a pesar de que no tenia ni la menor idea. Haciendo una nota mental para hablar con la señorita Lina acerca de los chismes entre el personal, y para preguntar por qué Clark andaba dando explicaciones a las mucamas acerca de los asuntos del duque, continuó diciendo "-Lo que quise decir es que las sabanas de mi esposo no deberian tener almidón. Quiten esas, y empiezen de nuevo."
Hizo una salida sutil como pudo, considerando las circunstancias. No habia sido una mentira lo del almidón. Cuando habia removido la camisa de Terrence la noche anterior, notó la piel del cuello y muñecas enrojecidas, sin duda era sensible al almidón que estaban usando al planchar las mangas y el cuello de sus camisas. Desidió hablar con el mayordomo acerca del uso de otra sustancia. Si ella iba a ser la dueña y señora de la casa; Candy estaba decidida hacerlo muy bien.
Como habia usado su hermoso vestido de bodas la noche anterior, se vió obligada a elegir un vestido de su propia desgastada y vieja colección hoy. Incluso el mejor de sus vestidos de verano -un vestido de muselina rayada, hecho el año pasado- lucia viejo aqui en Braxton Hall. Se miraba no apto para una duquesa.
No ayudó para nada a su autoestima el hecho de entrar al comedor y ver a Karen atabiada con un vestido similar -vestido de muselina rayado con talle alto- dos similares. Ella realmente era una chica encantadora, con las perspectivas de convertirse en una gran belleza. Pero nesecitaba que alguien guiara su comportamiento, y claramente Terrence no era el indicado.
"-Buenos dias," dijo Candy sonriendo. Tomó un plato, sirviendose huevos con arenques y se sentó lista para desayunar.
Karen se quedó viendo el plato y su cara se retorció en disgusto. Antes que Candy tomara su tenedor, la chica se puso de pie y se dirigió a la puerta.
"-Karen, espera,"
Karen se detuvo con una mano en la perilla de la puerta, y Candy se enderezó. "-Puede que no sea mi deber decirlo, pero ya sea que comas con familia o extraños, es inaceptable dejar la mesa sin excusarse primero."
"-Me siento mal," dijo toscamente. "-y no es su deber decirlo."
Candy suspiró. La chica era tan. . . adolecente. Y desesperadamente estaba nesecitada de un abrazo. "-Para mi te ves my bien. ¿No quieres sentarte? Necesitamos hablar, honestamente, de mujer a mujer."
Karen soltó la perilla y se volvió lentamente. "-¿Sobre qué?"
"-Sé que te caigo mal."
"-Yo. . ." la muchacha se ruborizó. "-Bueno, estoy segura de que no me-"
"-Estas resentida. Por supuesto que si. Soy una extraña que ha invadido tu casa sin previo aviso y tomado el lugar de tu difunta madre. ¿Tal vez el lugar que te hubiera gustado tener algun dia?"
"-No sé a lo que se refiere." Karen se volvió a ruborisar mientras estudiaba la alfombra.
"-No te puedo culpar por estar enojada," dijo Candy con calma. "-Yo sentiria lo mismo si estubiera en tu lugar. Y para ser honesta, no puedo decir que soy mejor que tu, si te ayuda en algo, yo tambien estoy resentida contigo."
Ella levantó la vista. "-¿Usted? ¿resentida conmigo? ¿Qué le he hecho?"
"-Nada. Nada en absoluto. Pero eres joven y bonita, y te miras mucho mejor en rayas que yo." Candy sonrió ansiosamente, "-Cuando te miro, no puedo evitar verme a mi misma cuando tenia quince años, cuando el mundo estaba lleno de posibilidades maravillosas y romanticas."
"-Usted no sabe nada de mi. No hable como si me conociera."
"-Tienes razón. Por el momento, concuerdo que somos un poquito más que extrañas. Me gustaria que eventualmente nos hicieramos amigas. Pero sé que eso es mucho pedir por ahora, dadas las circunstancias. No voy a interrumpir en tu rutina diaria. Te dejare tranquila." Candy cogió una bandeja de tartas de mermelada y se la ofreció, "-Pero insisto que comas."
"-¿Insiste que coma?" La joven miró las tartas. En lugar de tomar una, Karen tomó la bandeja entera de las manos de Candy. "-Muy bien," dijo, metiendose una tarta en la boca, "-comeré." enseguida ella y la bandeja salieron volando de la habitación.
Bueno, Candy contaria eso como un avance. Por lo menos la chica no se dejaria morir. Atendiendo su propio desayuno, abrió su libro de recetas mental y encabezó una pagina en blanco, "Karen" y bajo su nombre anotó: "Tortas de mermelada. No arenques."
Mientras comia, se preguntaba a donde habia ido Terrence. No deberia sorprenderla que él tuviera asuntos que atender. Despues de pasar unos meses en la ciudad, de seguro que tendria muchos negocios requiriendo su atención. Pero a donde quiera que se haya ido, se preguntaba si él estaba enojado con ella por lo que pasó la noche anterior. O decepcionado. O extrañandola.
Candy se regañó a si misma. El hombre estaba ocupado. Probablemente ni siquiera pensaria en ella.
Candy se mantuvo ocupada tambien. Entrevistó a cada miembro del personal y conoció cada centimetro de Braxton Hall, el interior por lo menos. Los jardines tendrian que esperar para otro dia.
Mientras iba de habitación a habitación con el ama de llaves a su lado, hacia notas de cualquier accesorio que nesecitara reemplazo o mejora, o de mubles que le parecian poco eficientes o que nesecitaran reparaciones. Despues de quince años sin dueña, la casa todabia se mantenia en buen estado pero empezaba a quedarse atras en cuanto al estilo se referia.
Se limitó a los salones publicos y habitaciones comunes, no queria invadir la privacidad de Karen y Terrence.
Esa tarea le tomó todo el dia y parte de la noche, por lo que agradeció que Terry no hubiera regresado todabia y que Karen estubiera todabia encerrada en su habitacion con las tartas, porque no habia tenido tiempo de planear la cena. En lugar de eso, ella y la señorita Lina compartieron una cena fria mientras discutian la modernización de la cocina. Despues, empezaron un inventario de toda la plata de la casa. Horas despues, la mesa entera del comedor estaba cubierta con brillantes filas de tenedores, cucharas, cuchillos, tenazas, cucharones. . .
La manesilla del reloj dió las doce.
Candy se aferró de la mesa por el susto de las campanadas. Por debajo del ruido de la plata y las campanadas un ruido de cascos se escuchó.
"-Creo que llegó su Excelencia." dijo el ama de llaves mientras las esquinas de su boca se arrugaban al tratar de esconder un bostezo.
Terrence. El corazón de Candy patió en un ritmo furioso. Hasta ese segundo, no se habia dado cuenta de cuanto habia estado esperando su regreso. Habia estado esperandolo todo el dia, cada minuto. ¿Por qué más habia estado trabajando todo el dia sin permitirse un momento libre para pensar? ¿Por qué más estaria a media noche contando y rebisando la plata de la casa? Y pobre la señorita Lina, forzada a estar con ella.
"-Puede retirarse." le dijo al ama de llaves "-nada más dejaremos el comedor bajo llave y terminaremos en la mañana. Muchas gracias por su ayuda."
Candy salió corriendo del comedor, tratando de arreglarse el cabello y sacudiendose las arrugas de su falda. ¿Cuanto tiempo tenia antes de que Terrence entrara a la casa? Seguramente, solo dejaria su caballo con uno de los sirvientes y entraria a casa.
Haciendo una pausa en el corredor para chequear su reflejo en el cristal del reloj -no habia mucho que ver, pero por lo menos la suave luz comfirmó que sus facciones no habian sufrido cambios dramaticos- se dirigió a la entrada y esperó. . .
Y esperó. Pasaron varios minutos y no habia señal de él. ¿Podria haber entrado por otra puerta? Tal vez por la cocina. . .podria estar hambriento despues de un largo viaje.
Caminó hacia la parte trasera de la casa, cruzando una estrecha galeria que conectaba la residencia principal con el area de servicio. Las paredes estaban cubiertas de marmol y ventanas, lo que hacia esa parte de la casa bastante fria por la noche. Candy se abrazó a si misma y apresuró el paso. Supusó que pudo haberse ido a su recamara y esperar a Terry alli, pero eso significaria elegir entre su dormitorio o el de él, y ella queria encontrarlo en un territorio neutral.
Estaba decidida a mantener este asunto calmado y relajado. Sin ninguna emoción, tanto como le fuera posible.
Primer paso: Una declaración tranquila e indiferente. Su Excelencia, le agradezco su paciencia. Ya estoy lista para consumar el matrimonio.
Segundo paso: Acostarse, relajarse y pensar en Briarbank.
A traves de las ventanas del corredor el destello de una antorcha llamó su atención. Se detuvo y se volvió hacia ella, acercandose a la ventana y haciendo un esfuerzo para ver en la oscuridad. Al final de una vereda de piedras, se encontraba un edificio con techo inclinado. Una luz dorada que emanaba del interior esbozaba una amplia puerta y siluetas de hombres que se desplazaban dentro. Los establos, discernió Candy. Tal vez el mismo Terry habia llevado su caballo.
Candy dió pasos lentos hacia delante hasta descubrir que al final de la galeria se encontraba una puerta que más bien parecia ventana. Todabia tenia un set de llaves colgado en su cintura, asi que trató cada una de ellas hasta que la llave más delgadita abrió la puerta y ella salió.
No siguió el camino de la vereda sino caminó sobre el pasto verde sin importarle si llamaba la atención. El pasto estaba humedo por el rocío nocturno y evidentemente nesecitaba ser podado ya que las delgadas hojillas verdes acariciaban sus tobillos mientras caminaba.
Los establos la atrayeron como un iman. Queria ver ese lugar al que Terrence le ponia tanto esfuerzo y atención. Sin duda era el establo de caballos más grande que habia visto en su vida. En su construcción y apariencia, lucia más fina que la mayoria de casas que ella habia visto.
Un par de empleados hablaban en la entrada del establo. Ellos no la notaron ya que prefirió sumergirse en las sombras y entrar por atras del edificio. En poco tiempo se encontró dentro del cuarto trasero que estaba poco iluminado y meticulosamente ordenado. Los olores de cuero y caballo limpio se mesclaban en el aire cargado de polvo de heno. Candy se llevó las manos a la cara y estornudó en ellas. En el silencio que siguió, se quedó inmovil, esperando a que alguien la hubiera escuchado y la fuera a buscar. Nadie lo hizo.
Sin embargo, ella si escuchó una voz haciendo eco en las vigas, un murmullo bajo y tranquilizador que venia de algun lugar cercano.
Salió del cuarto trasero hacia un pasillo amplio lleno de puestos para caballos, cuidando que sus pasos no la delataran. Un caballo relinchó suavemente mientras ella caminaba hacia la fascinante voz al final del pasillo. Candy paró frente al puesto final, fuera del alcanze de la luz que irradiaba una lampara de carruaje. Con cautela estiró el cuello escondiendose detras de un poste.
Esa area era más grande y abierta, diseñada para el aseo de los caballos. Y en el centro estaba Terrence, acariciando a una llegua oscura y regia. Candy observó a los dos en silencio, enterrando sus dedos en el poste de madera para mantener el equilibrio.
El caballo estaba libre de la silla y el freno, ristringida nada más por un simple cabestro atado a un anillo. Terrence estaba vestido con una camisa de cuello abierto, botas hasta la rodilla y pantalones de gamuza muy ajustados. Tanto el hombre como el animal estaban mojados en algunos lugares. La transpiración daba un aspecto brillante en los flancos del caballo, mientras que el sudor de Terry opacaba sus largos cabellos en su nuca. Las costuras internas de sus pantalones estaban oscuras, mojadas con sudor tambien. La sola vista probocaba en Candy sensaciones extrañas en lugares internos.
La respiración del caballo era audible, y Terrence limpiaba la espalda del caballo con una toalla limpia en un ritmo suave y seguro. Y mientras trabajaba, hablaba. Canturreaba en realidad. Candy apenas si podia distinguir sus palabras, pero eran suaves y tiernas. Palabras cariñosas.
"-Suavemente, entonces." dijo él, mientras se paraba frente al caballo y cuidadosamente limpiaba la nariz y las orejas del animal con la ezquina de la toalla. "-espera un momento querida."
El caballo resopló, y Terrence tiró una suave carcajada que resonó en los huesos de Candy.
Él mantuvo el flujo constante de palabras mientras colgaba la toalla en un gancho y se inclinaba para rebisar cada uno de las pezuñas del caballo. Cada vez que le pedia al caballo que levantara una pata, lo hacia con más paciencia de la que Candy le habia visto en todo el tiempo que lo conocia, con palabras como: "Esta por favor" o "Gracias mi querida"
El corazón le dolió. Ella estaba viendo un lado totalmente nuevo en él. Un lado suve, tierno, amable que nunca hubiera imaginado que poseia. El haber crecido con cinco hermanos, le facilitaba entender esa paradoja en los hombres. Se les hacia más facil demostrar sus emociones en cuanto animales se referia. Archi habia sido su roca cuando sus padres fallecieron, pero cuando su perro murio a la edad de catorce años, Candy habia visto a su hermano llorar como un pequeno niño.
Y al ver a Terrence atender al caballo con tanta paciencia y cuidados, incluso cuando creia estar solo, confirmó lo que Candy habia conocido en su corazón desde el dia de su boda: Este hombre nunca seria capaz de cometer un asesinato.
"-Casi lista, cariño" Él tomó un cepillo y empezó a peinar al animal, suavemente sacando de su pelaje el sucio y murmurando más palabras tiernas.
Mientras Candy miraba, una sensacion de malestar apareció en su estomago. Ella supo desde el principio que personas estaban en segundo lugar en la lista de prioridades del duque y los caballos venian primero. Despues de todo esa habia sido la razón por la que se conocieron. Él habia dejado casi en la ruina a Neil -y por ende habia arruinado su felicidad- persiguiendo a un semental. Pero de alguna manera viendo esa escena trajo la realidad bajo una nueva y dura luz. Ya no se podia negar más de que este hombre poseia la capacidad de sentir y demostrar ternura y cariño. Él simplemente no podia -o no queria- demostrarselas a ella.
Oh, Dios. Se supone que las señoras se amargaran porque sus maridos se fueran a las camas de otras mujeres. Candy iba a pasar el resto de su vida sintiendo envidia de caballos. La completa absurdidad del asunto la hizo temblar.
Nesecitaba irse, inmediatamente. Él terminaria de atender a su caballo pronto, y lo ultimo que ella queria era ser encontrada alli y ser obligada a explicar no solo su presencia, sino las lagrimas quemandole los ojos. Ella comenzó su lenta retirada, sintiendo su camino hacia atras a traves de el piso de baldosas de ladrillo en lugar de hacer ruido con un giro. Pero las sombras se aferraban al piso, oscureciendo sus pasos, y sus zapatillas todabia estaban humedas por el rocio.
Candy se tropezó.
¡Demonios! ¡demonios! ¡demonios!
Alzando sus brazos, se agarró salvajemente de la puerta del puesto del caballo más cercana. Sus dedos se cerraron sobre el borde de la puerta, y de alguna manera pudo detener su caida antes de quedar completamente tendida en el suelo. Se quedó paralizada, su pulso palpitaba en su garganta y su columna vertebral se retorcia de tal manera que seguramente mañana iba a lamentar. En cualquier momento Candy esperaba que Terrence apareciera e hiciera su humillación completa.
Él no lo hizo. Despues de varios minutos de silencio, Candy luchó para desanudar sus miembros y recuperar su compostura. Por una sola vez, la suerte estaba de su lado. Su salvaje caida habia pasado desapersibida.
Por Terry por lo menos. Lo mismo no se podia decir del caballo cuya puerta habia prestado como muleta. Un resoplido ofendido vino del puesto oscuro, y Candy escucho el caballo ponerse de pie.
Ella se dirigió al animal freneticamente, haciendo el mayor numero de ruidillos y murmullos para tranquilizarlo como su situación se lo permitia. No queria que Terry escuchara al caballo, pero tampoco queria que la escuchara a ella. Tal vez deberia simplemente darse la vuelta y huir, pero su instinto era de tranquilizar al animal primero, antes de despestar al establo entero.
A traves de las sombras ella solo podia distinguir el caballo balanceando su cabeza de lado a lado, las orejas planas y sus fosas nasales. La respiración de la bestia se hizo más pesada. Más ruidosa. Ahora la agitación del caballo no solo era inconveniente sino amenansante. Esa era la razón por la que nunca aprendio a montar. Los caballos siempre le daban miedo. Toda esa fuerza intimidante, y nunca obedecian sus instrucciones. Al igual que ahora.
"-Oh, por favor," Candy rogaba a traves de sus dientes, "-por favor, callate, por favor"
¡Boom!
El caballo pateó la parte inferior de la puerta, enviando fuertes vibraciones por toda la puerta hasta sacudir los brazos de Candy. Con un grito, ella soltó la puerta y saltó hacia atras, solo para chocar con un obstaculo invisible. Ella giró para defenderse. Unas fuertes manos la agarraron por los hombros y ella instintivamente peleó contra ellas, luchando y arremetiendo con los puños hasta que la razón y la lampara del carruaje iluminaron lo obvio. Esas eran las manos de Terrence deteniendola.
Una ola de alivio disolvió lo que le quedaba de fuerzas. "-Oh, Dios," ella aspiró una bocanada de aire, tratando de agarrar valor para mirar a Terry a los ojos "-Terrence, lo siento mucho."
"-¿Que demonios hace aqui?" Él la miró de arriba abajo, como hacia a menudo, pero esta vez su mirada buscaba sus angulos, no sus curvas.
"-Estoy bien," dijo con la esperanza de que eso era lo que el estaba tratando de evaluar. Detras de ella, el caballo dió otra fuerte patada y Candy saltó del susto.
Con una fuerte maldicion, Terry soltó los brazos de Candy. Casi empujandola fuera del camino, él fué hacia la puerta y extendió la mano hacia el caballo. El animal olfateó sus dedos bruscamente como si estubiera amonestandolo, y dió un fuerte pisotón.
Sin inmutarse, Terry murmuró una serie de palabras tranquilizadoras. Finalmente la yegua -porque las palbras de cariño que Terry hablaba no dejaron dudas que el caballo era una yegua- sacudió su cabeza y le ofreció el lado izquierdo para que la acariciara. Él la complació, acariciandola detras de la oreja.
Y Candy se quedó allí, parada torpemente, con los brazos cruzados sobre su pecho, preguntandose por que le deberia sorprender, que al ser enfrentado con una yegua asustada y una esposa asustada, Terrence eligiera calmar al caballo.
Él se volvió hacia ella y le preguntó friamente: "-¿Quien la dejo entrar?"
"-Nadie."
"-Malidición, ¡digame!" Con su tono duro el caballo empezó a molestarse otra vez. Terrence se detuvo un momento para calmarla de nuevo, luego hizo un esfuerzo para templar su voz antes de hablar de nuevo, "-Digame quien la dejo entrar" dijo con calma. "-quien quiera que sea, acaba de perder su empleo."
"-Le estoy diciendo, nadie me dejo entrar. Yo entré por mi cuenta. Entré por el cuarto trasero."
La ira en sus ojos al ver a Candy contrastaba con la manera tan tierna en que acariciaba a la yegua. . . era demasiado. Demasiado ofensivo, demasiado doloroso.
"-Dios, Candy," él menió la cabeza "-¿Qué demonios estaba pensando?"
"-No lo sé. Lo escuché venir. Pensé que entraria a la casa directamente, pero no lo hizo. Estaba cansada de esperar y cansada en general, y queria hablar con usted, asi que pensé. . ." Ella tapó su boca tratando de callar un repentino ataque de risa. Si tan solo él supiera que es lo que ella le habia venido a decir.
Él le fruncio el ceño y ella se rió de nuevo. Repentinamente, la situación era insoportablemente divertida. Su envidia absurda por un caballo. La habilidad infalible de Terrence de decir lo incorrecto en toda ocación. Todo el bendito matrimonio.
"-¡Estaba pensando en usted, hombre insoportable!" Ella se echó a reir otra vez, luego se secó los ojos con el dorso de su mano. "-Todo el dia, he estado pensando en usted."
Terrence la miró fijamente, y su mandibula se movia mientras debatia que decir. Si él le decia que habia estado pensando en ella todo el dia tambien, ¿sonaria trillado y falso? ¿Le haria justicia a la verdad? El decir que tan solo habia estado "pensando" en ella parecia inadecuado. ¿Cual era la palabra correcta para decir que durante el curso de un interminable, agotador e infructuoso dia, cada acto, pensamiento, intención y aliento estaban dirigidos hacia un unico objetivo, a una sola persona?
Supuso que podia decirle que él habia estado "pensando" en ella tan ferozmente todo el dia que cuando la vió parada alli entre las sombras, agarrandose de la puerta del puesto de Teodora, por un momento se preguntó que si la fatiga extrema y el deseo por ella habian conspirado para crear una alucinación. Y que cuando ella se asustó y él la agarró, ya no le quedaba ninguna duda de que la suave y temblorosa piel bajo sus dedos era absolutamente real, y que no habia estado seguro de como seguir tocandola sin perder el control por completo.
Pero lo que sea que queria decirle, antes de que pudiera sacar una sola palabra, ella giró sobre sus talones y huyó.
¡Perfecto!
Despues de limpiarse las manos y dar un par de instrucciones rapidamente a los empleados que estaban en la entrada, corrió tras ella.
Ella estaba a mitad del camino para cuando él la alcanzó. Con la cabeza baja y brazos al rededor de su propia cintura, ella daba pasos largos a traves del pasto. El dobladillo de su falda estaba humedo y translúcido pegandose en sus tobillos. La escena lo puso sediento.
"-Escucheme," él le dijo, igualando los pasos largos. "-puede visitar los establos cada vez que quiera, pero nunca entre sola asi otra vez. La yegua que usted asustó, puede ser peligrosa cuando se le provoca. No solo patea, sino que muerde tambien. Ya ha arrancado varios dedos por alli."
"-Oh, asi que esa es la llave para ganarse su afecto, ¿verdad? Tal vez deberia portarme igual de salvaje con usted para merecer un mejor trato."
Era su turno de reir. "-Se ha portado salvaje conmigo desde la noche en que nos conocimos."
"-Bueno entonces, eso no ha funcionado."
"-¿Qué quiere decir? Me casé con usted, ¿o no?"
Los pasos de Candy pararon. Luego volvió a caminar. Luego paró otra vez.
"-Si, si se casó conmigo. Y cuando me propuso matrimonio, usted me dijo que queria una duquesa no una yegua de cria. Tonta de mi, que crei que la primera estaba por encima de la ultima en su taxonomía."
Él se tragó su respuesta, ya que solo la habria enfurecido aún más. Sin lugar a dudas seria un grave error decirle que él encontraba su pronunciación de la palabra "taxonomía" extremadamente excitante.
Enfurecida por su silencio, se dió la vuelta y siguió su camino. Ahora Terrence estaba empezando a encontrar toda la conversación muy gratificante.
Ella estaba celosa. Celos era lo más lejano al miedo. Sugeria que queria más de él, no menos. Ella habia venido a los establos buscandolo. Por su propia admisión, ella habia estado pensando en él todo el dia.
"-Para dos personas casadas nada más cuatro dias," él dijo alcanzandola, "-parece que peleamos demasiado."
"-¿Esta esperando que le pida disculpas?"
"-No. De hecho, lo disfruto." Y lo hacia. Le encantaba el tira-y-jala del asunto, su ingenio muy parecido al de él, las respuestas que ella provocaba en él. Lo sacaba de su caparazón y lo obligaba a interactuar de una manera que pocas personas podian. Y luego estaba ese hermoso color rosado de sus mejillas y la manera que su postura desafiante enfatisaba sus senos. Él realmente disfrutaba todas esas cosas. "-Pero pienso que que solo lo utilizamos como un sustituto."
"-¿Un sustituto? ¿A qué?"
"-A lo que no estamos haciendo." Él levantó una ceja y deslizó su mirada por todo el cuerpo de Candy.
"-¿Es eso en todo lo que piensa? ¿en meterme a su cama?"
"-¿Ultimamente? Si. Casi."
Ella le lanzó una mirada que no llegaba a ocultar su rubor de satisfacción. Él se quedó unos pasos atras para disfrutar de la manera vigorosa con que Candy movia sus caderas al caminar. Tal vez el dia de hoy no habia sido tan infructuoso despues de todo.
Él la siguió hacia la parte posterior del ala de servicio, cuando ella se acercó a la entrada más cercana, una pequeña puerta trasera, sacó una llave y la encajó en la cerradura. ¿Como conocia la casa tan rapido? Maldicion, Terrence habia vivido en Braxton Hall hace casi quince años, y nunca habia usado esa puerta.
"-¿A donde vamos?" él preguntó mientras recorrian un pasillo oscuro y estrecho.
Ella se volvió y lo miró fijamente, "-A la cocina, por supuesto."
"-Oh, por supuesto." Sacudiendo su cabeza, Terrence la siguió hasta la cocina y vió como Candy fué hasta un gavinete y sacó dos bandejas cubiertas. Las puso sobre la mesa en el centro de la cocina, luego agarró un plato y cubiertos de un estante.
"-¿Tiene hambre?" Él le preguntó, viendola arreglar un solo puesto en la mesa y luego llenar un vaso grande con vino.
"-No. Usted si." Ella destapó una de las bandejas, la cual tenia carnes frias. Terrence contó jamon, carne asada, piernas de pollo, lengua. . .
"-No cordero," dijo ella. "-y hay pan."
Terry se quedó viendo el buffet que crecia delante de él. "-¿Qué era lo que tenia que decirme?"
"-¿Perdón?" dijo ella. Usando el lado de su muñeca, apartó un mechon de pelo que caia sobre su cara.
"-En los establos. Usted dijo que queria hablar conmigo."
"-Puede esperar hasta la mañana. Aqui tiene pepinillos."
"-No," dijo él, apoyando sus manos sobre la mesa. "-No, no creo que pueda esperar. Era lo suficientemente importante como para llevarla a los establos a media noche en busca mia. ¿Qué era?"
Haciendo caso omiso de la pregunta, ella sacó un pequeño tarro y lo puso sobre la mesa. "-¿Mantequilla?"
"-¡Por amor de Dios! ¡no estoy interesado en mantequilla!"
"-Muy bien." Retiró el pequeño tarro.
Él deslizó sus manos por sus cabellos. "-Maldicion, Candy. ¿Qué es lo que pasa?"
"-¿Por qué no quiere comer?"
"-¿Por qué le importa?"
"-¿Por qué no me trata como trata a sus caballos?"
Él solo podia mirarla.
Sintiendose un poco avergonzada, cruzó los brazos y vió hacia el techo.
"-¿Por qué no la trato. . ." Él sacudió su cabeza para aclararla. "-Aqui hay una razón. ¿Tal vez porque usted no es un caballo?"
"-No, no lo soy. En su opinión parece que soy una criatura de menos valor. Por lo menos los caballos son paseados de vez en cuando."
Candy volvió agarrar el tarro de mantequilla y lo aventó sobre la mesa, agarró un cuchillo y con la otra mano partió un pedazo de pan., "-Nadie come en esta casa," murmuró. Metió el cuchillo en la mantequilla y cubrió el pan con movimientos cortos y tensos. "-Puede que no sea una mujer con grandes logros. Tampoco poseo una gran belleza o gracia. Pero soy muy buena en esto." Ella apuntó el cuchillo hacia Terry. "-Planear menus, atender un hogar, entretener a invitados. Cuidar personas. Y usted me niega la oportunidad de hacerlo."
"-¡Yo no le he negado nada!." ¡Santo Cielo! ¡si habia alguien a quien se le habian negado cosas era él!
"-¡Usted me ha negado todo! He sido removida de la ciudad, lejos de mi familia y amigos. Mis comidas son rechazadas al igual que mis ofrecimientos de amistad. No tengo permiso de invitar a nadie. ¡Usted no me perimite ni siquiera que haga un tonto cojin!" Tiró el cuchillo y aterrizó con un fuerte ruido. "-¿qué significa todo eso para usted de todos modos?"
"-Candice. . ."
"-Y eso es otra cosa. Los caballos son 'mi querida' 'mi cariño'. Yo solo soy Candice." Ella pronunció su nombre con un acento exagerado, imitando su profunda voz.
La barbilla de Terrence se sacudió. ¿Lo habia escuchado en el establo? ¿Cuanto tiempo habia estado parada alli? La sola idea de ella espiandolo inflamó su irritación.
"-Solo Candice," él repitió. "-Muy bien, confieso el horrible delito de dirigirme a usted por su nombre de pila. Pero con Dios como mi testigo, le digo que nunca me he referido a usted, en habla o en pensamiento, como "solo" cualquier cosa."
Ella apretó su mandibula.
"-¿Quiere que me dirija a usted con nombres melosos, entonces? ¿De verdad quiere ser conocida como "mi querida" "mi cariño"? Todavia no puedo llamarla verdaderamente mi esposa."
"-No." le respondió. "-Tiene razón. Recibir palabras melosas habladas sin sinceridad son mucho peor que no recibirlas en lo absoluto. Por favor olvide que alguna vez expresé mi queja." Ella tomó un enojado sorbo de vino. Y luego otro. "-Estoy cansada de discutir."
"-Yo tambien." Rodeando la mesa, él vino a pararse frente a ella. Un calor se encendió en medio de los dos cuerpos. Terry tomó el vaso de vino de sus manos, rozando sus dedos con los de él. Solo ese simple toque lo electrificó. Dios, él estaba más que enamorado de ella. Estaba consumido.
Sin romper contacto visual, él bebió el resto del vino. Mientras ella lo miraba, su lengua salió para humedecer sus labios. Terrence dejó casualmente el vaso sobre la mesa y la tensión casi audible crujia entre ellos. Él pensó que podria haber sido la ultima gota de su paciencia evaporandose en el aire.
"-¿Y bien?" dijo él sombríamente.
Ella notó la alteración en el tono de su voz. Ansiedad atrapó su corazón. Candy parpadeaba incontrolablemente, mirando a todas partes exepto a Terry. Alcanzando el tarro de mantequilla, dijo: "-Voy a limpiar todo esto."
Él la agarró por la muñeca, "-Dejelo"
Ella jadeó, y ese pequeño sonido avivó el deseo en él. Él la queria hacer jadear otra vez. Y otra vez. Queria hacerla gemir, gritar su nombre.
Con ojos cada vez mas abiertos con aprehension, ella jaló su muñeca soltandose de su agarre, "-Entonces me iré a la cama."
Levantantarla en sus brazos fué obra de un instante. ¡Oh! y el jadeo que ella dió esa vez, hizo que su sangre ardiera.
"-No, no sin mi, no lo hará."
