Capítulo 12: Peligroso pasadizo

Su cabeza dolía y daba vueltas, no podía ver nada pero sentía algo húmedo en su frente. Estaba confundida y completamente adolorida.

—¡Ey! ¡Tú!

Escuchó una voz, parecía algo infantil pero le sonaba de algo, había algo familiar en ella, abrió los ojos y se incorporó observando a un niño de cabello oscuro un tanto ondulado con unos grandes ojos negros y pecas en las mejillas. Era el niño con el que soñaba cada noche desde que había caído en ese mundo, pero esta vez había algo diferente, el niño le hablaba a ella directamente así que miró a atrás para ver si había alguien con ella.

—¿Eres tonta o qué? ¿No ves que te estoy hablando a ti? ¿Quién eres y de dónde has salido?—Preguntó el niño con un tono bastante arrogante.

—¿Quién soy yo? La pregunta es quién demonios eres tú y no me hables así mal educado.

—¿Mal educado?—Exclamó bastante enfadado.

Miró a su alrededor y vio que se encontraba en medio de un bosque, era enorme, las copas de los arboles se perdían en su trayecto al cielo y un pequeño riachuelo se extendía a su lado. Se llevó la mano a la frente y descubrió que estaba sangrando, esa humedad en su frente no era más que sangre dejándose llevar por la fuerza de la gravedad.

—¡Oye chica! Aún no me has contestado quién eres y qué haces en mi territorio—Dijo el niño aun más enfadado al ver que la chica lo ignoraba—¡que te estoy hablando!—Gritó.

—¿Tu territorio?—Preguntó con un tono de burla.

—¡En serio! ¿Cuál es tu problema? ¿Me estás vacilando?—Dijo cada vez más enfadado por el tono de la chica.

—¡Hemos vuelto!—Gritó otra voz infantil.

La chica se giró para observar a dos niños que se encontraban detrás de ella, un niño rubio bastante bien vestido y un niño moreno con una cicatriz bajo el ojo y un sombrero de paja. Abrió los ojos de par en par al ver las semejanzas del niño con el personaje del manga de su hermano y empezó a comprender algunas cosas, empezando por quien era el niño moreno de sus sueños.

—Oye Ace ¿Quién es la chica?—Preguntó el niño rubio que no le sonaba.

—No lo sé, eso intento averiguar, pero es una molestia, no contesta a mis preguntas.

—¿Ace?—Preguntó más para sí misma que para el niño.

El niño se sorprendió por la pregunta y la miró sin entender nada. Ella se puso de rodillas para acercarse más y acercó sus manos a las mejillas del niño acariciándolas con las palmas de sus manos y haciendo que el niño se pusiera rojo como un tomate, hasta que ese roce de sus manos en las mejillas del niño empezó a convertirse en un estirón de mofletes lo que lo enfadó de sobremanera.

—¿Pero qué mierdas haces?—Gritó separándose de ella.

Sara se levantó sin entender bien de qué iba la cosa, el niño de sus sueños era Ace, por tanto sus pesadillas eran recuerdos de la persona a la que estaba atada, seguramente efecto de la pulsera que los conectaba. ¿Pero por qué demonios tenía que ver eso? ¿Por qué era tan real? ¿Y quién demonios era ese Gol D. Roger que se nombraba en sus sueños? en todos ellos las personas sin rostro que pegaban al muchacho hablaban sobre ese hombre y la posibilidad de que tuviera un hijo y éste fuera un monstruo, ¿eso significaba que Ace era hijo de ese Roger? ¿Y qué importancia tenía eso?

—Yo... no entiendo nada...—Dijo dando unos cuantos pasos hacia atrás.

—¿Qué?—Preguntó el niño rubio.

La chica salió corriendo todo lo que daban sus piernas, su cuerpo dolía sí, pero necesitaba correr, correr para huir por el momento de ese mini Ace que la perseguía incluso en sueños. No entendía por qué debía tener esas pesadillas, tal vez la pulsera quisiera transmitirle algo, pero ¿el qué?

Todo a su alrededor comenzó a desaparecer y la oscuridad la rodeó. Abrió los ojos empapada en sudor y miró a su alrededor para ver donde se encontraba, estaba en el suelo, en lo que parecía una clase de pasadizo subterráneo, había dos hombres más con ella, inconscientes y bastantes rocas por todas partes. Reconoció a uno de ellos como la persona que había curado el día que llegó al barco y al parecer el único que se alegraba de que ella hubiera ido a esa expedición extraña.

Se llevó la mano a la frente, en el mismo sitio que en su sueño y volvió a mancharse con su propia sangre. Definitivamente esos sueños eran demasiado reales, llegando hasta el punto de reproducir incluso su estado físico. Dejó lo del sueño a un lado y fue a revisar a los otros dos hombres que habían caído con ella. Cuando consiguió que recobraran la consciencia y observó su condición física se pusieron en marcha.

Comenzaron a andar sin rumbo fijo por los pasadizos, había electricidad así que la idea de Ace de que esa isla era una isla deshabitada, un pequeño paraíso en la nada donde solo ellos paraban de vez en cuando para conseguir algo de comida... parecía tener cada vez menos sentido.

—¿Dónde estamos?—Preguntó el hombre que había salvado.

—Ni idea—Contestó el otro.

Sara tocó la pared retirando su mano enseguida. La pared estaba a una temperatura demasiado alta, cosa muy extraña para ser una especie de pasadizo subterráneo donde en teoría debía haber una temperatura inferior a la superficie. Un nuevo temblor comenzó a zarandearlos, esta vez menor que el anterior.

—Esto no me gusta nada Delos—Le dijo al hombre que había salvado.

—Oye, ¿Qué piensas que puede ser esto?—Le preguntó a Sara.

—No tengo ni idea pero seguro que no es nada bueno, tenemos que encontrar a Ace, y salir de aquí lo más rápido posible, no me gustan nada esos terremotos tan seguidos—Respondió.

—¡Hey! ¡Aquí hay algo!—Dijo el otro hombre pisando una roca que se hundía.

—¡Espera! ¡No pises ahí!—Gritó Sara.

En otra parte de los pasadizos Ace se había despertado al sentirse zarandeado por el terremoto. Intentó incorporarse notando un dolor en el lateral de su abdomen, algo lo habría golpeado al caer y al pillarlo desprevenido no habría podido esquivarlo.

Miró a su alrededor encontrando a Teach agarrando su cabeza algo confundido. Parecían haber caído los dos completamente solos y se preguntó si sus nakamas habrían podido librarse de la caída.

—Teach, ¿estás bien? ¿Viste a alguien más caer?

—No recuerdo mucho, pero juraría que vi caer a la chica y a Delos, si hay alguien más aquí abajo no lo sé.

—Puede que los nakamas que buscamos también estén aquí abajo—Dijo levantándose—Tenemos que ir a buscarlos—Dijo suspirando al sentir dolor en el lateral de su abdomen.

Miró la pulsera en su muñeca, su dolor parecía que no provenía de ella, así que lo más seguro era que la chica no andara muy lejos.

Por su parte Teach pensaba en lo bien que le vendría que la muchacha hubiera sido sepultada por las rocas, sería sin duda un problema menos, la muerte de ella le daba vía libre para seguir con sus planes y buscar la fruta del diablo que le daría el poder para acabar con todos esos estúpidos y seguir con la idea de tener su propia tripulación. En cuanto al hermano de esa niña, sería muchísimo más fácil de llevar a su terreno que ella, incluso lo podría convencer para unirse a él, saber todo lo que iba a ocurrir antes de que ocurriera tenia buena pinta y no podía dejar que Ace o Barba blanca pudieran usar ese poder. Ese niño sería suyo.

—Ace, siento decirte esto pero hay una posibilidad de que la chica... bueno... haya sido sepultada por las rocas... ¿entiendes lo que quiero decirte?

Por un momento el silencio se apoderó de ambos, barba negra esperaba con ansias la reacción de Ace y Ace por su parte no paraba de darle vueltas a las palabras que acababan de salir por la boca de su nakama preguntándose si en verdad estaba insinuando que esa chica había muerto o solo era imaginación suya.

—No—Contestó sin pensar—Esa chica es tan testaruda que no podría morir. Eso no es posible.

Se giró comenzando a andar preocupado en parte por lo que había dicho su nakama y culpable por haber arrastrado a esa muchacha con él pensando que eso iba a ser una misión fácil.

Algo en la lejanía comenzó a llamarle la atención, no se había parado a pensar en eso pero había demasiada luz para ser una gruta natural, parecía incluso luz eléctrica y todas esas piezas sin sentido comenzaron a casar en su cerebro cuando a lo lejos pudo distinguir una tela azul y vieja. Agarró la tela y comenzó a observarla sabiendo perfectamente de donde venia.

—¿Ese es un pañuelo de la marina?—Preguntó Teach.

—Viejo y sucio, pero sí. Acabamos de meternos en la boca del lobo—Contestó.

—Quieres decir que... ¿todo este tiempo ha habido una base de la marina aquí abajo?

—Seguramente. Tenemos que darnos prisa antes de que descubran que estamos aquí.

Mientras, en otra parte, Sara abría los ojos incorporándose un poco y observando la cantidad de flechas que habían salido de la pared. Tragó saliva al ver que la flecha era bastante ancha y puntiaguda por las dos partes y suspiró al haberse dado cuenta a tiempo de que esa pequeña piedrecita no traería nada bueno.

—Disculpa...—Dijo el hombre debajo de ella—¿Podrías levantarte?

—Con un gracias me habría bastado—Dijo levantándose.

—¿Gracias por qué? ¿Por casi romperme la cabeza?

—Por salvarte la vida ¿Acaso eres idiota?—Preguntó la chica—"Mira he encontrado algo"—Dijo imitando su voz—¿Qué nunca has visto películas o leído libros sobre las piedras que parecen botones en los pasadizos? ¡Nunca aprietes la jodida piedra que siempre será una trampa!

El hombre la miró y simplemente no contestó, por mucho que le molestara ella tenía razón, con todos los años que había estado bajo las ordenes de barba blanca había cometido un fallo de principiante pensando que podría ser un botón para abrir una puerta secreta o algo por el estilo sin pensar que podría ser una trampa que podría haberlos convertido en pinchitos humanos.

—Bueno, siento interrumpir esta hermosa reprimenda de madre pero...—Dijo Delos llamando su atención—Allí hay una puerta.

Los tres se fueron hacia la puerta y Delos la abrió lentamente, con los sentidos totalmente alerta pensando en la posibilidad de que esa puerta de metal también escondiera una trampa, pero no fue así.

—¿Qué es esto?—Se preguntó a sí mismo—¿Un laboratorio?

Los tres entraron en el interior de ese lugar. Sí que era un laboratorio, algo desastrado y en parte derrumbado pero un laboratorio después de todo. Sara observó todo a su alrededor, era un laboratorio extraño, con tubos de ensayo pero sin tecnologías que se podría encontrar en su mundo. Ese lugar estaba totalmente abandonado, con telarañas por todas partes y un autentico amasijo de libros antiguos que hablaban muchos de ellos sobre las frutas del diablo.

Al apoyarse en una de las mesas Delos tiró algo al suelo que comenzó a reproducir algo, ya que una numeración en blanco y negro comenzó a reproducirse en la blanca pared del laboratorio.

—Es un Den Den Mushi—Dijo el otro hombre—Ponlo recto para que lo veamos bien.

Delos siguió los pasos que le había marcado su nakama poniendo el den den mushi recto para que pudiera verse bien la imagen que mostraba. Después de una cuenta atrás progresiva desde el número cinco el caracol azul oscuro comenzó a narrar la imagen con una voz profunda casi como si fuera un reproductor de una cinta de vídeo.

La primera imagen que salió correspondía con el mismo lugar en el que estaban, el laboratorio, pero con una notable diferencia, había gente con batas blancas trabajando en las diversas mesas de ese lugar.

—Experimento 205—Dijo el caracol a modo de título—Usuario de nombre M, con experimento en fruta tipo Zoan Grifo. En principio el experimento intentando reproducir una fruta Zoan que transformara a un humano en grifo ha sido todo un éxito. La transformación ha sido correcta, pero los cambios en la personalidad del sujeto M han sido demasiado radicales.

En el video se veía a un adolescente intentando luchar contra una silla que lo ataba de manos y pies mientras era rodeado por los científicos que tenían diversas herramientas. Y como al acercarse a él con un objeto punzante el muchacho se transformaba en una especie de criatura con cuerpo de león y cabeza y alas de águila, matando a varios de los científicos que lo habían acorralado hacía unos segundos. También se observaba como uno de los científicos lanzaba varios dardos tranquilizantes y el muchacho volvía a su forma normal.

—Es imposible controlar los efectos de la fruta del diablo artificial Zoan de tipo Grifo ya que los animales mezclados en su creación son demasiado salvajes para poder ser controlados. Se solicita la cancelación del experimento 205 ya que su utilización en las filas de la marina es imposible debido a la poca estabilidad del usuario M y se procederá al encierro del mismo en una celda con grilletes especiales para evitar su transformación y posible descontrol.

El vídeo paraba ahí mostrando como el mismo adolescente que anteriormente se transformaba en grifo volvía de nuevo a mostrarse totalmente fuera de control en el intento de varios marines por ponerle unos grilletes y encerrarlo en la celda. Hasta que el vídeo comenzó a reproducir un fondo negro.

—PIP PIP PIP—Comenzó a hacer el Den den mushi.

El silencio rodeó el lugar mientras cada uno por su parte intentaba pensar en lo que acababa de pasar, cada uno por sus motivos, pero todos llegando a la misma conclusión.

—¿Es un laboratorio de experimentación de la marina?—Preguntó Delos.

—Y no cualquier laboratorio, experimentaban con la creación de frutas del diablo artificiales. Había oído rumores sobre eso, pero nunca pensé que fueran ciertos. Cada vez estoy más seguro de que los marines están todos locos—Dijo el otro hombre.

—¿Cómo pueden hacerle algo así a una persona?—Preguntó Sara más para sí misma que para ellos.

Solo podía recordar la cara del adolescente, tendría pocos años más que su hermano, estaba asustado, totalmente aterrado y cuando se habían acercado a él con las herramientas había visto un cambio aterrador en su expresión, de estar aterrado a estar fuera de control, casi como si hubiera dos personalidades en su interior.

—Debería preocuparnos más que esa cosa esté aquí abajo todavía, no sé de qué año puede ser la grabación del Den Den Mushi, pero para mí que al final del vídeo no lo encierran en la celda—Dijo Delos.

Sara comenzó a caminar por el laboratorio, encontrando unas marcas que parecían un zarpazo de algún animal salvaje. Ese chico seguramente seguiría allí abajo. Levantó unos papeles que había en el suelo que llamaron bastante su atención. Era cierto que el laboratorio estaba lleno de libros pero eso eran hojas escritas a mano, seguramente con una pluma o algo por el estilo, porque pinta de boli no tenían.

Les quitó un poco el polvo y comenzó a leer por encima, todo era sobre experimentación con personas, habían llegado a matar a algunos de los que ahí ponían que eran reclutas nuevos de la marina en unos enfermizos experimentos para crear un ejército de armas humanas para la marina y el único que había sobrevivido había resultado ser un experimento fallido, incluso estaba reflejado el nombre del chico, en los papeles ponía que en vez de matarlo iban a encerrarlo en una celda para abandonarlo debido a que pronto la isla sería...

—¡Pero qué...!—Exclamó ella.

—¿Qué pasa?—Preguntó Delos al ver la cara de horror que se le había puesto al leer los documentos.

—¿Cuánto tiempo lleváis en esta isla?—Preguntó comenzando a temblar.

—Poco tiempo, diría unos cuantos meses desde que acabamos aquí por casualidad ¿por?

—Tenemos que salir de aquí cuanto antes.

—¿Por qué tanta prisa?

—Ahora lo entiendo, los terremotos tan seguidos, el calor de la pared antes, ¡dios! ¿Cómo no he podido darme cuenta?—Dijo tapándose los ojos con las manos.

—¡PERO QUÉ PASA!—Gritó el otro hombre.

—Hay un volcán submarino debajo de esta isla. Por eso los marines querían dejar a ese chico aquí abajo, pensaron que tarde o temprano el volcán entraría en erupción y se llevaría su experimento fallido junto con la isla y sus documentos—Dijo mostrándole la parte de los escritos donde ponía lo del volcán.

—¿Quieres decir que el volcán está en erupción?—El hombre comenzó a ponerse blanco.

—No tengo ni idea, pero tampoco quiero quedarme a averiguarlo—Contestó Sara.

—¡Tenemos que encontrar a Ace!—Exclamó Delos.

Ace y Teach por su parte llevaban un rato caminando, habían pasado hacía unos minutos el pasadizo y se encontraban dando vueltas sin sentido por una especie de calabozos que estaban vacíos. Hacia un buen rato que se habían dado cuenta de que esa especie de cuartel de la marina estaba totalmente abandonado, aunque a parte de eso también se habían fijado que en ese lugar cada minuto que pasaba hacía más y más calor.

—No sé donde nos hemos metido exactamente pero entre que está abandonado y el calor que hace parece el mismo infierno—Dijo Teach.

Un ruido alertó a Ace quien mandó a callar a Teach un momento para escuchar mejor de donde provenía ese sonido, parecía algo así como un murmullo sin sentido y siguió el sonido hasta uno de los calabozos donde para su sorpresa encontró a dos personas bastante conocidas.

—¿Rob? ¿Tash?—Dijo Barba negra sorprendido.

Los dos hombres estaban atados y con un pañuelo azul y polvoriento en la boca, exactamente igual al que habían encontrado minutos atrás. Parecían aterrados y uno de ellos estaba herido. Ambos eran hombres jóvenes, que no superarían los cuarenta años, de cabello castaño oscuro, uno de ellos con los ojos negros en comparación al otro que los tenía de un tono más marrón.

Ace le quitó a Rob el pañuelo de la boca ya que parecía que estaba ansioso por decir algo.

—Tenemos que largarnos de aquí antes de que vuelva—Soltó de repente.

—Antes de que vuelva ¿quién?—Preguntó Teach.

Ace observó la celda en la que se encontraban. Era bastante grande, tenía unos enormes grilletes en el suelo y las paredes estaban llenas de los zarpazos de lo que parecía ser una bestia.

—Tal vez no es quién, sino qué—Dijo Ace al ver las zarpadas.

—¿Qué hacéis vosotros aquí?—Preguntó una voz tras ellos—No recordamos haber invitado a nadie más a la fiesta.

Algunos estruendos comenzaron a oírse en la lejanía acompañados de gritos de hombres y voces. Así que salieron rápidamente del laboratorio e intentaron seguir los fuertes ruidos que suponían que en parte serían de las personas que habían caído con Ace. Seguramente habrían encontrado al chico del vídeo y por lo que podían escuchar no estaba de buenas.

Cuando llegaron a lo que parecían unos calabozos vieron ya fuera de la celda a dos hombres atados, uno de ellos estaba herido. Al dar un vistazo rápido observaron también de donde provenían los estruendos que habían estado oyendo todo el tiempo. Ace y Teach luchaban contra el enfurecido y rabioso grifo. Era increíble verlo en directo, su cuerpo era de león pero sus patas delanteras, cabeza y alas obviamente eran de águila.

Parecía bastante fuerte físicamente y los disparos de Teach solamente le hacían cosquillas por lo que parecía. El único que parecía hacerlo retroceder era Ace con su fuego pero tampoco parecía que lograra derribarlo.

—¡Estúpidos metomentodo! ¡No podéis hacernos daño! ¡Somos una criatura mítica!—Gritó el Grifo.

Todos los presentes se extrañaron por la voz del grifo, parecía que hablaran varias personas a la vez, además de que el grifo hablaba en plural, como si en vez de ser uno solo fuera todo un ejército.

—¡Nos estáis cansando!—Volvió a gritar al recibir otro golpe por parte de Ace.

Al verse acorralado por el comandante de la segunda división de barba blanca el grifo se giró hacia donde estaban los dos hombres atados para atacarlos, aunque no lo hizo, porque escuchó algo que lo paralizó.

—¡Baros!

El grifo que estaba a punto de aplastar al hombre que estaba herido levantó la pata girándose hacia la persona que había gritado, por primera vez en años, su nombre completo. Habían estado llamándolo usuario M desde que había ingresado en ese frío y oscuro lugar y por fin alguien había dicho su nombre.

Al girarse observó a una chica de cabello largo, castaño y ojos verdes, una muchacha que jamás había visto, así que no pudo comprender como era posible que hubiera dicho su nombre.

—¿Es tu nombre verdad? Te llamas Baros ¿no es cierto?—Preguntó Sara recordando el nombre que había leído en los documentos.

—Ese es nuestro nombre muchacha.

—Sé lo que te han hecho, lo horrible que tuvo que ser que la marina hiciera todas esas cosas con tu cuerpo, estabas aterrado y lo entiendo, pero hacer daño a sus compañeros no lo va a solucionar. Tenemos que salir de aquí rápido, debajo de esta isla hay un volcán subterráneo y conforme están las cosas es posible que pueda entrar en erupción en cualquier momento—Dijo intentando convencerlo para que los dejara ir.

—¿Nosotros? ¿Debemos dejar la isla?—Preguntó—Dejaremos de ser monstruos pues y nos iremos contigo ¿eso es lo que esperas que digamos? Las personas que nos hicieron daño están muertas, nosotros las matamos, no nos gustaba ser monstruos creados por la marina pero nos acostumbramos a serlo y ahora podemos destruir y matar sin pensar en si tenemos alma o no. ¡Por eso vamos a matar a tus amigos estúpida!

Cuando el grifo se giró para aplastar a los dos hombres que estaban anteriormente atados descubrió que no estaban y se giró para mirar a la chica.

—Tú... tú nos has engañado—Dijo el grifo enfadándose más y más.

—Perdón ¿los querías matar? No me había dado ni cuenta—Dijo ella con tono irónico.

Justo antes de que el grifo se girara por primera vez le había dejado un recado a Delos y al otro hombre, tenían que llevarse lejos a los otros dos mientras ella distraía a ese monstruo, porque no había otra palabra más que monstruo. Al principio había pensado que todo era culpa de los experimentos que habían realizado con él, pero ella se jactaba de leer el alma de las personas y había tenido exactamente la misma sensación que con barba negra, ya no había salvación para ese chico, había sido totalmente absorbido por la oscuridad y el odio y ya nada ni nadie podría salvarlo.

—¿Sabes qué chica? Hace mucho que no vemos a una mujer, pero creo que nunca hemos probado como sabe su carne—Dijo acercándose a ella—¿Te producimos miedo?

—Más bien pena, te has convertido en lo que han querido hacer de ti, un monstruo, en vez de luchar por evitarlo...

—¡No hables así de nosotros, estúpida! ¡Definitivamente queremos ver tu cara de horror! ¡Queremos que grites de dolor!—Gritó el Grifo.

Sara cerró los ojos fuertemente hasta que notó como algo la agarraba y como el grifo gruñía de dolor. Abrió uno de sus ojos para saber que ocurría a su alrededor viendo como un muro de fuego se interponía entre ella y el grifo y observó como la persona que lo había creado era la misma que la había agarrado.

—Tienes el don para empeorar el humor de la gente más de lo que está—Dijo Ace.

—Ha preguntado él, a mi no me mires—Dijo sintiéndose aliviada por la presencia de Ace.

El moreno se giró para encarar al grifo a quien solo le había molestado un poco el fuego y volvió a atacarlo con uno de sus golpes más poderosos y por el que se le conocía en todo el gran line, su puño de fuego.

—Es inútil ese bicho tiene la piel demasiado dura.

—¡Los grilletes!—Le gritó Sara—En los documentos del laboratorio ponía que esos grilletes quitaban los poderes de las frutas del diablo.

—¿Los grilletes?—Preguntó Ace al aire recordando los enormes grilletes que había en el interior de la celda donde estaban sus nakamas.

El Grifo se alzó en el aire mientras Ace corría hacia barba negra para poder planear un ataque conjunto. Si los grilletes quitaban los poderes de la fruta del diablo al roce lo más seguro era que a él también se los quitara momentáneamente pero el más rápido de los dos era él y tenía que hacerlo rápido así que quedó en un par de segundos con Teach que distraería al Grifo mientras cogía los grilletes.

Ace juntó sus dedos en cruz y un disparo de una cruz de fuego fue a parar al ojo del grifo haciéndolo caer mientras él salía corriendo al interior de la celda para coger cuanto antes los grilletes.

Cuando el Grifo consiguió volver a ver, Teach le disparó con su arma para que toda la atención estuviera sobre él pero enseguida lo mandó a volar en un zarpazo de una de sus patas de águila.

El grifo se giró cuando Ace ya llevaba los grilletes y se lo encontró de bruces al intentar salir de la celda, aunque un nuevo disparo lo hizo girarse hacia donde Teach aun seguía tumbado en el suelo y Sara sujetaba el arma sin saber cómo había podido dispararla.

—¡Hey pajarito! Pensaba que tenías un problema personal conmigo—Dijo intentando darle tiempo a Ace.

El grifo volvió a lanzarse contra ella pero algo andaba mal. Su forma de grifo comenzaba a desvanecerse dejando paso a una forma de adolescente, con el cabello largo, oscuro, barba de años y los ojos rojos. Su cuerpo parecía estar en los huesos y comenzó a mirarse las manos al volver a la forma que según él era su debilidad.

—Pues parece que tu bocón sí que va a servir para algo después de todo—Dijo Ace con una sonrisa socarrona en los labios.

—¿Gracias?—Respondió ella.

Baros permanecía en el suelo, arrodillado con las manos libres ya que a Ace solo le había dado tiempo a poner los grilletes en sus piernas.

—Dios, ya estoy viejo para esto—Dijo Barba negra—Bien hecho princesa, parece que pronto serás una pirata hecha y derecha—Sonrió.

Sonrió pero el fondo de su mirada era oscuro, al igual que su alma. Se había quedado en el suelo para que el grifo atacara a Ace. Al ver que esa muchacha seguía viva algo en su alma había empezado a rabiar y había pensado que si ella no moría esa tarde tal vez una de sus pequeñas molestias lo haría, Ace, pero como siempre esa pequeña estúpida se metía en medio de sus planes.

—Tenemos que salir de aquí antes de que el volcán entre en erupción—Dijo Sara.

—Ese tema también me interesa, dices que el volcán entrará en erupción pero... ¿ahora?—Preguntó Teach.

—No sé si ahora o dentro de 2 días pero cuanto antes salgamos de esta isla mejor—Contestó.

El chico comenzó a moverse, cosa que llamó la atención de Sara, y cogió una pistola que llevaba en el cinturón de los pantalones apuntando hacia Ace.

—¡Ace!—Gritó Sara al ver hacia donde apuntaba la pistola plateada.

El disparo resonó por todos los calabozos mientras la chica temblaba horrorizada por lo que pensaba que estaba a punto de pasar. La bala había atravesado a Ace y este se comportaba como si nada hubiera pasado, el agujero había estado allí segundos antes pero estaba recubierto de fuego, casi como si hubiera atravesado una llama.

—Mi fruta es una logia, si veo lo que haces jamás podrás hacerme nada con eso—Dijo Ace mirando al chico.

—Así que eso es una fruta del diablo verdadera...—Dijo.

Se giró a mirar a los otros dos, Teach sabía que eso no dañaría a Ace y aunque le había dado incluso rabia, ni siquiera se había inmutado en comparación con la chica cuya cara de horror al pensar que la bala en serio atravesaría a Ace había sido tal que había llamado la atención de Baros quien había comenzado a reír como un loco.

—Y pensar que al final hemos visto tu cara de horror chica y por su culpa y no por la nuestra...

—Eres... estúpido...—Dijo ella aun agitada con el labio temblando—¡Avisa de que las balas no te afectan! ¡Devuélveme mi preocupación!—Gritó Sara acercándose a Ace.

—¡¿Pero estas loca o qué te pasa?! ¡¿Cómo te voy a devolver eso?!—Gritó él también perdiendo los nervios.

—¡Pues invéntate algo! ¡Por tu culpa casi me da un maldito paro cardíaco!—Se acercó a él y empezó a estirarle los mofletes como si fueran de goma al igual que había hecho en su sueño con el Ace niño.

—¿Pelo qué eztaz haciendo? ¿No vez que ezte no ez momento?—Dijo intentando hablar con los mofletes estirados—¡Que no soy Luffy coño!—Gritó soltando el agarre de sus mofletes.

—Siento interrumpir, pero ¿no había un volcán a punto de entrar en erupción o algo así?—Dijo Teach interrumpiéndolos—¿Podrías decirnos donde está la salida chico?

—¿Y qué gracia tendría eso?—Preguntó con una sonrisa desquiciada—Como sois tan listos no os costara mucho encontrarla ¿No? ¿O tal vez sí? Tic tac, tic tac.

Un nuevo terremoto volvió a hacerse notar entre la sonrisa demente del muchacho quién en medio del terremoto volvió a coger su arma para acabar pegándose un tiro a sí mismo en la cabeza. Segundos después el terremoto cesó pero el calor empezó a ser más intenso.

—Mierda—Dijo Ace—¡Deprisa!

—¡Comandante!—Gritó Delos corriendo hacia ellos.

—¿Qué haces aquí? ¿Dónde están Rob y los otros?—Preguntó Ace.

—Están yendo al barco, encontramos la salida, y les avisarán a los demás sobre lo del volcán submarino para que se vayan preparando. ¡Es por aquí!—Dijo comenzando a correr.

Un nuevo movimiento de tierra comenzó pero no pararon de correr ya que no quedaba mucho tiempo para poder salir de la isla, serian pocas horas, tal vez minutos, los terremotos eran demasiado seguidos como para averiguarlo. Ya en la superficie tuvieron que ir con pies de plomo cuando se dieron cuenta de que el suelo se resquebrajaba tanto, que partes de la isla comenzaron a soltarse, separando a Delos y Teach de Ace y Sara.

—¡Seguid adelante! ¡Buscaremos otro camino!—Dijo Ace dándose prisa.

Cuando Teach y Delos llegaron al barco las cosas solo empezaron a ponerse peor, el agua del mar se había calentado a temperaturas que un humano normal no podría resistir y el barco no paraba de zarandearse de un lado a otro debido al corrimiento de tierras, así que no tuvieron más remedio que zarpar.

—¿Qué hacemos padre?—Preguntó Delos—¡Ace y la chica todavía están ahí!—Exclamó.

—Solo podemos dar vueltas alrededor de la isla y espero que Ace se dé cuenta porque sino...—El silencio se hizo presente en el barco.

No hacían más que dar vueltas y cada camino que cogían era un paso en falso, árboles caídos, corrimientos de tierra, grietas que jamás podría saltar ni un canguro y acantilados que daban al mar, por un momento se lo replanteó, saltar al agua por el acantilado, ella sí sabría nadar y aunque no pudiera arrastrarlo estarían más seguros que en tierra firme.

—Ni se te ocurra pensarlo—Le dijo ella como si hubiera leído su mente—Ese agua seguramente esta hirviendo.

—Bien, agua no—Dijo mirando a todos lados en busca de otra solución.

En cuanto giró la cabeza vio su solución en forma de mástil del barco, para ser más exactos en forma de mástil del moby dick al lado de un acantilado y antes que morir, la solución estaba servida.

—Si no quieres nadar, vamos a volar un poco—Dijo él corriendo hacia el acantilado—¡Salta!—gritó al llegar al borde.

Ella sin siquiera pensárselo dos veces saltó, confiando en su palabra ciegamente y sintiendo un pequeño golpe al caer. Pequeño porque había caído justo encima de él, en el suelo de madera del Moby Dick.

—¡Hey! ¡Buena caída! ¿Qué tal el vuelo?—Preguntó Thatch.

—¡Luego, Luego!—Dijeron los dos al unísono moviendo el brazo—¡Vámonos! ¡vámonos!

—Vale, vale, que agresividad...—Dijo Thatch—¡Nos ponemos en marcha! ¡Los niños ya están en la cuna!—Gritó haciendo burla de sus edades.

A lo lejos observaron como humo comenzaba a salir de la isla y ya cuanto a penas quedaba algún rastro de la frondosa vegetación que horas atrás la rodeaba.

—La próxima vez que quieras ir a explorar una isla... intentemos no quedarnos tan al filo del peligro ¿está bien?—Le dijo ella suspirando tranquila por primera vez desde que habían caído en el pasadizo.

—¿Próxima vez?—Preguntó él con una sonrisa de medio lado.

Los dos se miraron comenzando a reír sin saber exactamente el motivo. Pero les apetecía hacerlo y punto, porque sabían que esa no sería la última vez que ambos iban a estar en el filo del peligro y aunque ninguno de los dos lo había dicho, esa primera experiencia no había estado nada mal.

.

.

Muy bien, y hasta aquí los capítulos que tenía escritos, así que como dije, a partir de ahora los sábados se convertirán en mi fecha de publicación, si un sábado no puedo tiendo a publicar el siguiente, así que no os preocupéis que la historia sigue ;)

Espero que este capítulo os haya gustado, es el más largo que he escrito hasta ahora jajaja

Como siempre ,¡Muchísimas gracias por los comentarios y por los favoritos! ¡Sois un amor! ;)

Y por cierto, si hay algo que no entendáis podéis preguntármelo y cualquier crítica será bien recibida, siempre hacen mejorar así que no me molesta :)

Bueno ahora sí, ¡Nos leemos!

Helen Martinelli ;)