Todos los personajes son de Rumiko-Sensei… como todos aquí, escribo solo por diversión y sin pedir dinero por ello ¿Ok? ¡Perfecto! Entonces… adelante….
0x0x0x0x0x0x0x0x - Cambio de escena.
0x0x0x0x0x0x0x0x -Flashback
Capítulo 12
Inuyasha había sido sacado bruscamente de la habitación al igual que Naraku, ambos fuera del centro médico se miraban con un profundo rencor. De todas las personas que intentaban por todos los medios toparse Naraku encabezaba la lista pero el destino se empeñaba en hacerles la existencia más que complicada. Su mirada llena de veneno y su sonrisa sarcástica y torcida habían hecho que Inuyasha fuera nuevamente a la carga. Pero inmediatamente Totosai y Myoga corrieron al lado del joven empresario antes de que llegara a golpear a Naraku.
-Amo Inuyasha, no es conveniente llamar más la atención-. Myoga intentaba por todos los medios contener al joven que a duras penas se mantenía en su agarre y el de Totosai.
-Inuyasha, cálmate. Si sigues así terminarás en la delegación-. Totosai había logrado por lo menos que Inuyasha dejara de forcejear más no de maldecir.
-Inuyasha, no creas que has logrado que mi hija se aleje de mí. Se todo lo que ha pasado desde que fue secuestrada y enviada a ese lugar y tú… pagarás por lo que ella ha sufrido-.
-¡Maldito! ¿Qué demonios hacías mientras ella estaba en ese asqueroso agujero? ¡No tienes idea, no tienes derecho de pedir ni reclamar nada!-
Naraku torció su boca en una mueca llena de odio y rencor ¿Cómo se atrevía? ¿Es que acaso pensaban que era tan enfermo como para hacerle algo así a su propia hija? Desde que supo en la situación desgraciada en la que había caído su precioso tesoro había enloquecido y había destrozado casi toda su mansión a causa de la impotencia que sentía. La llamada que recibió y el posterior mensaje con la foto de Kagome maniatada, ensangrentada y tirada en una sucia habitación lo habían vuelto un asesino a sangre fría. Había matado a los custodios que se suponía protegían en silencio a sus hijos, habían fallado y lo había pagado Kagome. Nada más y nada menos que ella que era un ser demasiado puro y frágil para el cruel destino que le había deparado ese endemoniado ser. No solo había tenido el descaro de reaparecer después de tanto tiempo sino que estaba amenazando a su familia.
Los mensajes que recibió al otro día habían sido peores y enterarse que Kagome había sido puesta en exhibición para luego su posterior prostitución lo había llevado al borde de la locura. Le había tomado veinticuatro horas de exhaustiva investigación para dar con un cien por ciento de seguridad en donde la tenían y si de verdad era esa persona la que estaba detrás de todo ese macabro plan.
Sabía que no le sería nada fácil poder sacarla de ahí, que sería una misión suicida para cualquiera de sus hombres o incluso para el mismo… sin embargo tenía que intentarlo. Así que ideo un plan, uno que al menos le informaría la situación desde adentro y traería a Kagome de regreso, a su lado para poder regresarla a su madre y a salvo de toda la maldad del mundo que lo rodeaba y del que era parte.
Envió a su mejor espía y mano derecha, un hombre muy elegante llamado Byakuya. Él se encargaría de sacar a su hija de ahí o por lo menos intentarlo incluso a costa de su propia vida. Pero el destino le cobró la vida de su mejor hombre y hasta la fecha no había podido encontrar a nadie que pudiera serle tan fiel y tan útil como lo había sido Byakuya.
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Byakuya había ingresado al antro en el que gracias al arduo trabajo de inteligencia habían descubierto que se encontraba Kagome. No había sido difícil entrar a dicho lugar, había ido con la vestimenta adecuada, se veía adinerado y en busca de pasar un buen rato y con eso bastó para ingresar. Había decidido que la seguridad era todo un asco. Los hombres de seguridad no habían tenido la inteligencia suficiente como para revisarlo porque de haberlo hecho, hubiesen descubierto la cámara que estaba filmando todo lo que sucedía en el lugar y transmitiendo en vivo y en directo para su jefe.
En primera instancia descubrió que era un lugar bastante agradable (si se tenía en cuenta en donde estaba y con la clase de gente que se trataba), no era incómodo, era espacioso y había muchas personas de renombre que de hacerse público el lugar que frecuentaban no serían capaces de mantener sus puestos de trabajo y cargos públicos. Las mesas eran grandes y se veía muchísimo dinero e incluso también sustancias nocivas. Por otro lado, en unas vitrinas y muy al estilo Ámsterdam estaban las prostitutas siendo exhibidas como pedazos de carne fresca. La mayoría lucían cómodas en sus cubículos seduciendo a los hombres y disfrutando de las caras de satisfacción y lujuria, otras estaban resignadas y posaban aturdidas y finalmente una sola de ellas estaba completamente abochornada y con deseos de morir allí mismo. Y esa fémina en exhibición era Kagome.
Byakuya intentó socializar, consumir algo de alcohol y una que otra pastilla para poder acercarse a su objetivo lo cual estaba haciendo muy bien. Sin embargo y a pesar de su experiencia como espía no se daba cuenta de que estaba siendo observado. Y cuando decidió que ya había estado allí el tiempo suficiente, decidió actuar y poner en marcha su plan. Entonces se acercó al encargado de la comercialización de las chicas.
-¿En qué puedo servirle señor?- Preguntó melosamente Jakotsu y guiñándole un ojo.
-Quiero a la mejor de estas señoritas-. Dijo puntual.
-¿Tiene vista a alguien… en especial?-
-Ya que lo mencionas… sí. Me gusta esa joven de ojos azules-. Indicó acercándose a la vitrina donde estaba Kagome.
Jakotsu lo miró calculador, sabía que no era casualidad que justamente viniera por esa mocosa pero le seguiría el juego. Órdenes eran órdenes y debía acatarlas.
-Es curioso que quiera precisamente a ella. Es muy nueva y no es un precio muy accesible. Se dice que es virgen-.
-En ese caso muchísimo mejor… no he estado con una virgen en mucho tiempo-. Tomó un gran respiro Naraku estaba lívido y maldiciendo constantemente en su oído. –Pagaré por ella-.
-¿Está seguro que tiene la cantidad necesaria? Solo se aceptan pagos en efectivo-.
- Así es ¿Crees que te pediría algo que no puedo pagar? Me estás ofendiendo-.
-Bien, son quince mil dólares-.
-¿Dólares? ¿Pensé que solo trabajaban con yenes? Es un valor muy alto ¿no lo crees?-
-Son órdenes, a mí no me pregunte. Solo efectivo ¿tiene el dinero o no?-
Jakotsu se acercó y puso su mano en el hombro del infiltrado e intentó coquetearle. Y Byakuya por su parte se estaba impacientando con el descaro que el tipo le hablaba y más por coquetearle, quería golpearlo por descarado pero debía contenerse.
-Así es-.
-Sígame por aquí. Abonará y luego podrá pasar al mejor cuarto para degustarla. Ellas no pueden salir del recinto-.
Y al aceptar seguir a Jakotsu firmó su sentencia de muerte. Una vez dentro de un cuarto fue emboscado, golpeado y torturado. El otro espía del lugar lo había visto sospechoso y acercándose más, lo había reconocido como mano derecha de Naraku.
Antes de dispararle en su ojo izquierdo, Bankotsu lo miró y le sonrió con maldad.
-Ve, dile a Naraku que nunca podrá recuperar su precioso tesoro. Díselo y también dile que pierde su tiempo en intentar sacarla de aquí. Todo está más que controlado y ella jamás podrá volver a ver la luz del día ni ser libre-. Finalmente le disparó y con ayuda lo arrojaron a la calle en donde murió sin poder hacer mucho más por su jefe y amigo… pero murió satisfecho de que a pesar de todo, no habían podido descubrir la cámara que tenía oculta con lo cual Naraku había sido informado de todo lo que estaba sucediendo con su hija.
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Saliendo de sus pensamientos, Naraku tomó su arma que tenía escondida en su abrigo y apuntó a Inuyasha que por su parte permaneció en el lugar haciéndole frente. Ambos estaban demasiado enojados y no podían contenerse más. Afortunadamente nada pasó a mayores ya que Kagome salía con Sesshomaru y una enfermera que llevaba la silla en la que estaba. La enfermera palideció y comenzó a llamar a seguridad, Sesshomaru maldijo entre dientes y ordenó a Myoga y Totosai que sujetaran aún más firmemente a Inuyasha y los custodios de Naraku estaban a la expectativa de que hacer.
Sin embargo, Naraku al ver a su hija como espectadora de tan patético espectáculo, guardó su arma y se acercó aun ante la negativa ferviente de Inuyasha, la asustada enfermera y la mirada de advertencia de Sesshomaru.
-Adiós Kagome, cuídate. Te llamaré. No pierdas ese teléfono-. Dándole un último abrazo y antes de marcharse del lugar le dedicó una última mirada de desprecio a Inuyasha y le dijo: –Tu maldito mocoso mantente alejado de mi hija. Ya sé lo que hiciste con ella y no pienses que te perdonaré semejante acto-.
Kagome se sonrojó a niveles infinitos e Inuyasha intentó con más anhelo de zafarse del agarre de sus custodios y jefes de seguridad.
-Inuyasha, deja ese acto infantil inmediatamente y responsabilízate de tus actos. Vamos de regreso pero primero iremos a darle sepultura a Kagura-.
Y sin ánimos de contradecir a su hermano mayor, Inuyasha dejó de forcejear y ayudó a Kagome a subir al auto. Seguirían a la ambulancia hasta la sala crematoria y de allí volverían a la mansión. La enfermera que cuidaría de Kagome y de su pronta recuperación iría en la ambulancia, mientras que Myoga y Totosai irían al final custodiando el auto en el que viajarían Sesshomaru, Inuyasha y Kagome. Una vez finalizada la cremación, Sesshomaru se encargaría de esparcir las cenizas de Kagura para que por fin pudiera descansar en paz.
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Cuando finalmente y luego de horas, de preguntas y respuestas, de llantos y lamentos Sango y Miroku terminaron de contarle a Izayoi lo que estaba sucediendo con su familia, la bella dama se mantuvo en silencio por alrededor de una hora. No podía creer todo lo que en tan solo dos meses había pasado. Tal parecía ser que haber dejado por tanto tiempo había sido un error terrible. Sabía que sus hijos eran adultos y que ella no mandaba en la vida de ninguno de ellos (mucho menos de Sesshomaru) pero sentía que de haber estado ella ahí las cosas tal vez habrían sido diferentes. Pero a la vez no estaba del todo decepcionada ni herida.
Una vez más demostraba que sus hijos eran excelentes personas.
Tal vez Inuyasha había sido un inmaduro al haber entrado en ese burdel en búsqueda de venganza o alivio a su lastimado corazón. Tal vez sí lo había hecho las cosas mal pero como su madre le estaba dando una oportunidad al saber que estaba salvando varias vidas inocentes y lo más importante que sus dos hijos estaban interactuando juntos sin querer golpearse y gruñirse más de la cuenta.
Suspiró cansinamente y se puso de pie. Caminó hasta el sillón que estaba cerca de un gran ventanal y se sentó tomando a la pequeña niña (que estaba profundamente dormida) en sus brazos. Era tan dulce, aun en sueños.
-¡Pobrecita niña! Ha perdido a su madre de una manera tan abrupta-. Fueron las palabras que dijo después del tiempo que se había tomado para intentar entender las cosas.
-Pero ha ganado una familia estable. Un padre que estoy más que seguro dará todo por ella, un tío para que la consienta y la mime y sobre todo una abuela que además será un excelente ejemplo a seguir-. Le dijo Miroku haciendo que Izayoi se sintiera un poco mejor.
-Gracias Miroku…. Así es, a pesar de perder a su madre, creo que ella será muy feliz una vez que se acostumbre a nosotros-. Miró a la niña una vez más, le dio un tierno beso en la frente y la dejó de nuevo en el sillón para que siguiera descansando. -¿Se dieron cuenta que tiene los ojos de Sesshomaru?-
-Pues sí, los ojos de esa niña son sorprendentes y muy brillantes-. Comentó Sango.
-¿Verdad que sí? Es una de las características del padre de Inuyasha y Sesshomaru. Toga era el único que tenía los ojos así y sus hijos lo heredaron… supongo que es natural que la descendencia de ellos también lo haga-.
Hubo un momento de incómodo silencio por lo que Izayoi le pidió amablemente a Miroku que fuera por té y unos bocadillos. Ella quería hablar con Sango pero no quería incomodarla con el joven cerca, la pobre mujer también había pasado por mucho. Miroku entendió la indirecta y se dirigió a preparar algo para llenar sus estómagos.
-Sango…-
-¿En qué puedo ayudarla Señora Izayoi?- Preguntó algo temerosa.
-Izayoi es más que suficiente niña. Solo… quería que supieras que lamento profundamente todo lo que han pasado. Tratando de ayudar a una buena causa quedaste expuesta de esa manera tan terrible y no solo tú, sino que también tu hermano pequeño sufrieron muchísimo-.
Los ojos de Sango que aún permanecían rojos por los relatos anteriores volvían a llenarse de lágrimas.
-Quiero que sepas que a pesar de todo lo que has vivido y que no lo vas a olvidar así de simple. Ten por seguro que ya no volverás a sufrir ni terminar trabajando en cualquier lado. Ten por seguro que tu hermano Kohaku estará a cargo de los mejores especialistas y que nada les faltará. Trabajarás para nosotros, te enseñaremos para que tengas un buen puesto, un trabajo digno y sobre todo para que tengas un buen sueldo para que puedas mantenerte, vivir bien y puedas estar a cargo de tu hermano sin problemas. Eso te lo aseguro-.
Sango se había conmovido tanto por las palabras de Izayoi que no pudo más que emitir un débil 'gracias' a causa de su ahogado llanto y cuando los brazos de Izayoi la encerraron en un reconfortante abrazo no pudo más que romper en llanto. Por una vez en mucho tiempo se sintió contenida, más tranquila y con la esperanza de un brillante futuro.
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En el auto de Sesshomaru, Kagome estaba muy adolorida, los calmantes ya estaban a punto de dejarle de hacer efecto y comenzaba a sentir los fuertes dolores de las heridas provocadas por Bankotsu. Se sentía abrumada, apenas podía comenzar a digerir lo que había vivido. No esperaba volver al cuidado de los Taisho, mucho menos se imaginó poder escapar de Bankotsu y de…
-Kikyo-. Dijo murmurando pero Inuyasha que estaba a su lado pudo escucharla con claridad.
-¿Qué has dicho…Kagome?- Preguntó incrédulo y algo molesto por escuchar ese maldito nombre. Sesshomaru que estaba al volante se inquietó con lo que dijo Inuyasha pero guardó silencio.
Ella no esperaba ser oída pero ya que lo habían hecho, lo mejor era no guardar silencio.
-Inuyasha…. Yo… reconocí a Kikyo. Ella estaba con Bankotsu-.
-¡Maldición!-
-¡Inuyasha, no te alteres, esto ya lo suponíamos!-
-Lo siento-. Suspiró con dolor, ya había hablado y no podía dejar las cosas a la mitad, debía terminar de contarles lo que sucedió. –Ella… fue ella quién me disparó. Intentó matarme pero una daga le dio en la mano antes que gatillara y cuando lo hizo… me hirió. La herida en el hombro me la hizo él-.
-¡Mil veces malditos! Solo esto nos faltaba-.
-Inuyasha no repetiré que te tranquilices-.
Sesshomaru fue tajante, ya tenía demasiados dolores de cabeza como para seguir sumando más. A pesar de ser una noticia espantosa tenían más pruebas para poner tras las rejas a esos dos y si todo salía bien, también podrían atrapar al autor intelectual de todo eso.
-Lo siento, realmente lo siento muchísimo-.
-Tranquila Kagome, esta vez me aseguraré que nada te ocurra. Ten por seguro que nada ni nadie volverá a apartarte de mi lado-.
Inuyasha, que viajaba a su lado en el asiento trasero, tomó su mano y le dio un apretón para asegurarle que todo estaría mejor. La miró con mayor detenimiento viendo nuevamente lo golpeada y adolorida que estaba e intentó ponerla cómoda recostándola sobre él.
Kagome levantó la mirada y se sonrojó pero agradeció el gesto. Se estaba acostumbrando mucho a su cercanía y eso le daba miedo. Más después de ver la escena con su padre, la verdad Inuyasha era una persona con un hermoso corazón y lo que menos quería era causarle más problemas de los que ya le estaban causando. Pero solo por esos momentos se dejaría cuidar.
Finalmente llegaron a la sala crematoria, fue un proceso difícil porque esta sería la última vez que Sesshomaru vería el hermoso rostro de la que alguna vez fue una hermosa mujer y alguien a quién había llegado a querer mucho. La miró por última vez y le dedico una de sus raras sonrisas en forma de despedida y en agradecimiento por haberle llevado a su hija en vez de dejarla vagando por el mundo en el que ella frecuentaba y dio la orden de iniciar el proceso. Le habían dicho que aproximadamente el proceso de cremación tardaría más o menos dos horas y media quizás más y que si quería podía quedarse allí o salir unos momentos mientras se llevaba a cabo la cremación. Sesshomaru al no verle el sentido a esperar allí decidió salir con los demás. Además que necesitaba revisar detenidamente los documentos que Kagura le había dado.
Cerca de allí había una cafetería por lo que irían a tomar una pequeña merienda ya que con todo lo ocurrido ninguno había probado bocado desde temprano en la mañana y de paso, Kagome podría tomar algún calmante que la enfermera le diera para poder soportar más los dolores.
Inuyasha no permitió que la enfermera llevara a Kagome, quería hacerlo él para probarle que podía contar con él para cuidarla y protegerla… el simplemente quería que supiera que se preocupaba por ella.
Una vez dentro del café Myoga, Totosai y la enfermera se sentaron en una mesa un tanto apartados para darles privacidad.
Una vez que les tomaron los pedidos, Sesshomaru tomó la carpeta con los documentos y comenzó a releerlos. Cada palabra que leía le aceleraba mucho más el corazón y lentamente pequeñas gotitas de sudor comenzaban a empapar su frente.
-¿Qué sucede Sesshomaru? Estas sudando-.
En medio de la conversación y antes de que Sesshomaru pudiera siquiera contestar la pregunta de Inuyasha, el móvil que Naraku le había entregado a Kagome comenzó a sonar.
-¿Qué debo hacer? No tiene número, aparece como privado-.
-Déjame contestar, si es tu padre te pasaré con él-. Aseguró Inuyasha.
Kagome obedientemente y agradecida le pasó el celular. Sin embargo la voz que se escuchó del otro lado de la línea no era la de Naraku.
-Devuélvanme a mi juguete Taisho… o de lo contrario sabrán de lo que soy capaz-. Y sin más cortaron la llamada.
-¿Quién era Inuyasha?- Preguntó Sesshomaru.
-No dijo, 'solo dijo que le devolviéramos su juguete o de lo contrario sabríamos de qué es capaz'. Definitivamente no era Naraku-.
-Tengo una idea de quién puede ser. Pero debemos llegar a la mansión antes de poder discutirlo. Aquí puede filtrarse cualquier información así que no tenemos más remedio que esperar-.
Sesshomaru tenía razón, no tenía sentido discutir nada allí. Por lo que ordenó a Inuyasha a adelantarse con Kagome, la enfermera y Myoga, el quedaría con Totosai. Una vez que finalizara la cremación de Kagura iría con ellos y por fin podrían iniciar un contraataque legal y para eso ya tenía a su fiel lobo esperando nuevas instrucciones, con él y la policía si todo lo que tenía en su panorama era correcto, por fin podría liberar a Kagome y a su familia de todo ese calvario.
Continuará…
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¡Hola! Regresé con otro capítulo. Espero que les agrade. =) Muchísimas gracias por leer. Me hacen muy feliz y muchísimas gracias por los reviews.
Especialmente a: Faby sama, AlexandraHigurashi,axter, Peachilein, ariadnek… ¡Gracias mil!
Cualquier sugerencia, errores o lo que se les ocurra me dicen ¿sí?
Besitos y nos leemos prontito =)
Sele
PD: intenté subir el capi a FF en la madrugada (como estas últimas semanas) pero estaba fallando. Por eso, si ven algún error háganme lo saber para poder corregirlo. Muchas gracias. Besitos...
