Cap. XII: "Decepciones"
- Rachel, espera-
- No te me acerques-
- Rachel, detente ¡Necesito explicarte cómo pasaron las cosas realmente!- se frenó, con los ojos brillosos y los dientes apretados. Volteó, alzando su mano y empujando su hombro solo con un dedo-
- No me vuelvas a hablar, no me vuelvas a buscar, ni me vuelvas a mirar. No quiero saber nada más de ti…eres un problema para mí, justo como te lo dije. Suficiente de nosotras, Quinn- le aseguró volteando y reiniciando sus pasos- No más. Se acabó-
Había sido infiel dos veces en su vida. La primera, el rumor de un embarazo adolescente llegó a sus oídos antes que al resto del Instituto y lo detuvo a tiempo, pero esa no fue la razón por la que comenzó a verse con Sam cuando apenas acababa de terminar con Finn. Simplemente el chico rubio le gustaba y era más atractivo en muchos aspectos que su ex novio.
Y la segunda, acababa de admitirlo. Una pelota de poliestireno salió volando cerca de su cabeza, posiblemente Plutón o Júpiter. Júpiter definitivamente, pensó, mientras la observaba a un lado y era la bola más grande de ese salón de ciencias. Sam arrancó la mayoría en un ataque ridículo de ira luego de que ella detuviera su locura de propuesta matrimonial.
Y podía volar toda la galaxia completa si quería, pero no iba a dar marcha atrás.
- ¿Es Finn? ¿Es porque quieres volver con él?- le gritó y Quinn se cruzó de brazos, tranquila y con su típica ceja levantada-
- Esto no tiene nada que ver con Finn- era por Rachel. Rachel y su maldita orden de que si Sam no salía del medio no iba a responder a sus besos y, a decir verdad, estaba extrañándolos. Extrañándola a ella y a los momentos que compartían. Quería terminar con esa charla cuánto antes porque estaba esperándola en las gradas ya seguramente y estaba atrasada- acabas de proponerme matrimonio ¿has enloquecido?-
- ¡Pero te amo!-
- Podrías demostrarlo de otra manera, miles de otras maneras-
- ¿Yo? ¿yo debo demostrar? ¿Y qué me dices de ti? Nunca me has dicho que me amas, mucho menos te has comportado cariñosa conmigo estos últimos días, asique si esta relación está terminando ¡siéntete culpable!- gesticuló con burla, como si culpabilidad existiera en su diccionario de emociones-
- Está bien, como quieras. Si ya terminaste de hacer el ridículo, quiero decirte algo. Pedirte, en realidad-
- ¿Pedirme? Oh sí, sí, lo que quieras- ironizó él. Quinn movió su mandíbula de un lado a otro y pensó un momento. Sam alterado, era como Finn pateando las inocentes sillas que nada tenían que ver con el problema y, si quería pedirle algo más, debía serenarlo primero-
- Sam…está bien, admito que soy la culpable del fin de esta relación, sé que soy terrible demostrando mis sentimientos pero…no puedes obligarme a continuar con algo que ya no es lo mismo ¿puedes entenderlo?-
- ¿Y por qué en vez de terminar no lo arreglamos? Podemos arreglarlo- propuso ilusionado, llegando a ella e invadiendo su espacio personal. Quinn suspiró, no había nada que arreglar y los minutos continuaban pasando; quizá diez ya, diez minutos atrás en los que debería haberse encontrado con Rachel-
- No, Sam ¿no ves que cuando una cañería se rompe una y otra vez ya no puede arreglarse? Es momento de cambiarla-
- ¿Una cañería?- rodó los ojos-
- Es un ejemplo. Una cañería, una mesa, el motor de un auto. Con una relación pasa igual y te repito- agregó alzando la voz al verlo con intenciones de hablar- no es tu culpa. Necesito un tiempo para mí misma ¿puedes concedérmelo?- él rascó tras su cuello, nervioso y curvó medio labio hacia arriba, dudando de darle esa libertad porque simplemente no quería entregársela. Tan solo quince minutos atrás aún era su novia y había demostrado cuánto la amaba con ese anillo-
- Está bien pero…esto será como un tiempo- quiso negar, detenerlo pero él rodeó su rostro y la acercó al suyo. Observó su boca y no, aquella locura de saltarle encima y atraparla como le pasaba con Rachel no apareció. Aquel titubeo en el que sus ojos se debatían desde su mirada, pasando por cada rincón de sus rasgos hasta sus labios y morderse los de ella con deseo, no sucedió. Con la figura de Rachel en su mente, no notó la cercanía de su ahora ex novio hasta que un roce se produjo y un ruido desde la puerta la asustó.
Volteó alterada, descubriendo a Marley mirándolos con miedo y sus brazos hacia atrás, sobre un pupitre.
- Lo siento- se disculpó con el temblor en su voz- yo…tengo una maqueta que retirar- tan rápido como señaló el armario y la sacó, abandonó el salón y ella apretó los ojos, suponiendo un momento de imágenes y excusas que la chica podría soltar frente a Rachel-
- ¿Una semana, entonces?- pestañeó, volviendo a mirar a Sam y se preguntó a qué se refería- es un tiempo que nos damos de una semana ¿estás de acuerdo?- él quiso volver a besarla pero lo empujó sin reparos y se alejó, regresando sobre sus pasos y tratando de recuperar el control de la situación-
- Ninguna semana, Sam- le aseguró deteniéndose a verlo bajo el marco de la puerta- acabamos de terminar. Ya no soy tu novia- tomó su mochila, que la esperaba a un lado de la pared, y corrió por el largo pasillo, empujando las puertas de entrada y recuperando la respiración del otro lado.
Llegó a las gradas y el resto de sus compañeras ya estaban entrenando. Y no había ningún rastro de Rachel. Movió sus ojos por todos lados y giró varias veces en su círculo, deseando verla a lo lejos siquiera. Pero la morena simplemente ya no estaba allí.
Arrojó la mochila con furia y maldijo a Sam por lo bajo. Solo él y su patética insistencia eran los culpables.
- ¡Fabray te quiero en la cancha ahora, maldita sea! ¿O necesitas una invitación?- gritó Sylvester por el megáfono y ella volvió a darle una última mirada a su alrededor, antes de comenzar a correr más rápido de lo normal.
Oyó unos pasos y alzó la mirada ilusionada. No era Quinn pero si otra porrista. El resto del escuadrón se acercaba para su entrenamiento por lo que tomó sus cosas y rogó porque no la vieran o al menos la ignoraran.
Y estaba lográndolo, pasó entremedio de muchas de ellas hasta que un pie cual piedra se atravesó y cayó estrepitosamente, con sus hojas volando y algo de dolor en su mentón. Iba a recogerlas y no mirarlas, pero alguien se encorvó, adelantándosele y su corazón se detuvo al ver a Santana y sentir a Brittany ayudarla a ponerse de pie.
- Tú, Turner, correrás cinco vueltas más que las demás- ordenó la latina señalando a la causante de su caída mientras ella alisaba su falda-
- ¿Qué acabas de decir?- murmuró la chica entre dientes-
- ¿Qué no oíste? ¿O necesitas que mi puño entre a tu oído para ayudarte?- Rachel observó el miedo en la mirada de aquella pelirroja y finalmente todas desaparecieron frente a otra orden de Santana.
Tragó saliva con esfuerzo, seguramente ahora venía la burla personal de la latina y sería peor que esa vergonzosa caída.
- ¿Qué tanto miras, Berry? Ya puedes irte a tu casa- asintió rápidamente y aceleró el paso sin mirar atrás, pero sintiendo esa sensación extraña que no supo descifrar.
¿Acaso Santana la había defendido? Se mordió el labio, dudosa ¿por qué lo había hecho?
Con decenas de preguntas en su cabeza, quitó la mirada del piso cuando chocó contra algo, la punta de la maqueta que Marley sostenía dió en su brazo y se detuvo un momento mientras la oía disculparse.
- Creí que ya no estabas aquí- le dijo la chica con una sonrisa- nuestra última clase terminó hace como media hora-
- Sí, solo me quedé…en la biblioteca. Tenía unos libros que retirar y avancé algo del trabajo del señor Shue-
- ¿Tú investigando sobre Broadway? No lo creo, tú sabes cada cosa y detalle, no necesitar averiguar- sonrió, mirando con rapidez la entrada del Instituto por si Quinn aparecía pero nada de eso pasó- ¿ahora vas a casa?- asintió, tomando la tira de su mochila y comenzando a caminar con Marley al lado-
- ¿De qué es ese trabajo?- le preguntó señalando y mirando lo que sostenía. Eran algunas bolas pequeñas sostenidas por palillos chinos y un papel raro en el centro-
- De ciencias, la señora Jackson nos pidió crear según nuestra subjetividad lo que provocaría un agujero negro en el espacio. Fue bastante divertido hacerlo, en realidad - ella asintió, entendiendo el papel arrugado y negro, con algunas pequeñas bolas a la mitad-
- Sí, suena interesante ¿ya puedes llevarlo a casa?-
- Aunque no lo creas, obtuve una buena calificación- bromeó y ella golpeó suavemente su brazo. Marley era una buena estudiante y nunca la había visto reprobar algún examen- los calificó hoy y ya podemos quitarlos del Instituto…hablando de eso, aún no sé como continúo viva después de lo que acabo de ver-
- ¿De qué hablas?- le preguntó mientras hurgaba entre el trabajo y jugaba con algo que llamaba su atención-
- En el salón de ciencias…Sam y Quinn estaban discutiendo- Rachel la miró de reojo, escondiendo una sonrisa pero se mostró despreocupada-
- Que raro, son la pareja perfecta-
- Ya lo creo- detuvo su andar y Marley lo hizo sorprendida. El tono de su voz había sido irónico y con burla, por lo que no entendió cuál era el punto a dónde quería llegar-
- ¿A qué te refieres?- la chica alzó los hombros-
- Es decir, creo que los oí discutir pero cuando entré, bueno…estaban besándose. Y Quinn casi me asesina con la mirada. De verdad, no sé cómo sigo viva- Marley giró y continuó caminando. Ella la observó y parpadeó, con aquella molestia que subía por su garganta cuando de Quinn y Sam se trataba.
Por eso no había llegado a su encuentro. Y como aquel juego casi infantil que la rosa le había advertido, Quinn no la quería. Lo quería a Sam, no a ella.
Se quitó con rapidez una lágrima de su mejilla y corrió tras los pasos de Marley.
Era la primera decepción que había sufrido ese año escolar y, quizá, podía revertirla con quien la acompañaba a casa justo ese momento. Solo debía intentarlo.
"Atiéndeme"- le envió luego de llamarla cuatro veces de manera insistente pero Rachel simplemente no lo hacía. Obstinada, marcó una vez más pero lo mismo, el teléfono sonaba y luego daba el buzón de voz.
Se arrojó de espalda a la cama y lanzó aire con fastidio. Podía no haber oído la primera e incluso la segunda llamada pero a la quinta debería haber respondido. Solo que al parecer no quería hacerlo.
Entendía que estuviese enojada porque no llegó a su encuentro horas atrás, donde la había citado pero todo tenía una explicación. Recordó que Rachel Berry era la persona más empecinada que conocía por lo que, cuando algo no pasaba cómo quería, Rachel iba por eso y lo cambiaba.
Se puso de pie con rapidez y tomó su chaqueta, colocándose en la piel de la diva y haciendo lo que pasaría si la situación fuese al revés. Dejó su casa y corrió hasta su auto, montándolo algo apresurada y acelerando camino a casa de los Berry. Apenas eran las cinco de la tarde y, hasta las siete, ya era sabido que estaría sola.
Mientras conducía, volvió a llamarla y se sorprendió cuando ante el primer sonido atendió pero colgó al instante. Sonrió, Rachel tenía su celular en mano pero se negaba a hablarle.
Le bastó apenas cinco minutos llegar o quizá un poco más. Abandonó el coche y caminó a lo largo de aquel jardín delantero y tocó cientos y repetidas de veces la puerta. No conseguía que le respondiera las llamadas, bueno, tecnología 1 y Quinn 0; pero iba a abrirle la puerta o la derribaría.
Dió un paso atrás y observó su coche, y luego nuevamente la puerta. Quizá con el podía atravesarla y luego simplemente se compraría una puerta nueva. Se golpeó la frente ¿ese era el tipo de locuras que se cometían cuando estabas enamorada? De repente su sonrisa se apagó. No, no estaba enamorada de Berry. Solo le gustaba pasar tiempo con ella.
Era algo así como que sus cuerpos se acoplaban, el calor que se transmitían eran complementados y sus bocas no podían mantenerse separadas. Y en todo eso no estaba la palabra amor. No amor, se repitió mentalmente. No había amor de por medio, solo atracción física. Sí, eso era y todo continuaría de esa manera.
Por mucho que Rachel fuese hermosa, sus ojos marrones tuviesen un tono distinto a los demás, brillando con vida propia y le otorgaba algo más que placer sexual, no estaba enamorada de ella. Quizá le gustaba, cualquier persona atractiva entra en los gustos de otra persona y enamorarse de ese caprichoso conlleva todo un proceso. Proceso que no iba a atravesar porque iba a detenerse justo cuando comenzara y borrarlo todo, regresar por donde llegó y nada de sentimientos continuarían naciendo.
Dejó caer sus brazos. Eso sonaba como lavarse las manos frente a un problema y quitarse el peso de todo lo que ella misma también había generado. Y posiblemente ya era un poco tarde. Admitió que, si no sentía nada por Rachel ¿qué demonios hacía en su puerta, entonces?
- No quiero verte, lárgate de mi casa- rodó los ojos. Y era un tanto dramática. Rachel Berry era la reina del drama y debía lidiar con el si quería remontarlo todo nuevamente-
- Estuve llamándote ¿por qué no me atiendes?- le reclamó sosteniendo la puerta con una mano para que no cerrara-
- ¿Para qué iba a hacerlo? Ya sé y de muy buena fuente que las cosas entre tú y Sam mejoraron. Bien por ustedes- Estúpida Marley, pensó. No podía aguantarse el chisme y allí estaba ahora, siendo más molesta que la puerta que Rachel insistía con cerrar-
- ¿Ella está aquí?-
- No…estoy sola- le dió un suave empujón y finalmente se adentró. Aún con la espalda en la puerta, pasó el pestillo y no despegó su mirada de ella. Rachel la observó, mordiendo su labio interno y luego desapareció en la cocina.
La siguió sin dudarlo y la vió quitar una bandeja del horno. Todo el lugar olía bastante bien y no puedo evitar detallarla mientras le daba unos toques sobre la mesada.
- ¿Son galletas de chocolate?- la diva asintió- me encantan las galletas de chocolate-
- Son para mi padre. Tiene una reunión esta noche y varios compañeros del trabajo vendrán a cenar-
- Genial, quedarán encantados con lo que hiciste-
- ¿Quieres una?- le ofreció estirando la bandeja y ella sintió, tomando la más cercana a su mano y rozando sus dedos sin vergüenza-
- Sí, están deliciosas- le dijo masticándola- asique… ¿Marley te contó lo que vió?- Rachel se quitó el guante con enfado y la miró de la misma manera. Pasó a su lado y nuevamente la siguió, lamentándose de tener que dejar la galleta porque realmente sabía exquisita- Rachel, espera-
- No te me acerques- le dijo subiendo las escaleras. Sin embargo la ignoró y tomó el barandal, casi corriendo tras ella-
- Rachel, detente ¡Necesito explicarte cómo pasaron las cosas realmente!- la morena se frenó, con los ojos brillosos y los dientes apretados. Volteó, alzando su mano y empujando su hombro solo con un dedo-
- No me vuelvas a hablar, no me vuelvas a buscar, ni me vuelvas a mirar. No quiero saber nada más de ti…eres un problema para mí, justo como te lo dije. Suficiente de nosotras, Quinn- le aseguró volteando y reiniciando sus pasos- No más. Se acabó- tomó su brazo y volvió a voltearla. Se maldijo mentalmente, le había salido más brusco de lo que pensó pero necesitaba hablar con ella y corriéndola a todos lados no iba a conseguirlo-
- No estamos en el club de drama asique baja un poco tu energía… ¿qué demonios te contó ella?-
- No importa lo que ella me haya contado ¡importa lo que pasó! Hiciste que me quedara como una idiota esperando por ti ¿y todo para qué? Eres una egoísta. Y mentirosa. Dos defectos que te hacen una horrible persona y no te quiero cerca si vas a continuar así- su pecho comenzó a subir y bajar, intentando que esas palabras no la alteraran y calentaran más el ambiente.
Las dos estaban enojadas y, si le respondía de la misma forma, todo iba a terminar peor de lo que creía. Sin embargo era Quinn Fabray, la abeja reina y malvada del McKinley que no sentía compasión al abrir su boca y soltar verdades si de lastimar a alguien se trataba.
Y en ese momento no puedo controlarse.
- ¿Egoísta y mentirosa? ¿Tú me llamas así?¿ La capitana del coro más patético de la historia de los Institutos que no hace otra cosa más que llamar la atención con sus canciones y no quiere a nuevos miembros si de talento se trata porque sabe que es competencia? ¿Tú me llamas mentirosa luego de decirme que Brittany había pagado por tu estúpido cupo? Eres tan egoísta que cientos de veces quise golpearte en la cara, con tu voz mandona y dando órdenes para todos lados ¡Tú Rachel Berry, tú eres la reina de las egoístas! -
Demasiado tarde nuevamente para detener otro sentimiento. Y esta vez de decepción. De decepción a sí misma. La persona que tenía en frente era la misma que la hacía feliz cuando estaban a solas y acababa de arruinar por sobre lo arruinado. Esto era peor que el maldito ejemplo de la cañería rota que usó con Sam.
Simplemente porque las decepciones no tenían punto de retorno.
- Quiero que te vayas de mi casa- volvió a desobedecerla y se acercó a ella, dándole un manotazo a su brazo cuando quiso detenerla-
- Terminé con Sam- murmuró y se quedó de pie, observando la punta de sus zapatillas y esperando oír algo, la reacción de Rachel- no sé que te dijo Marley pero discutimos, o algo así porque estaba decidida a terminar con él pero dijo algunas estupideces y quiso besarme. Es mi ex novio ahora…lo juro-
Recorriendo su cuerpo mientras ascendía, alzó la vista y la vió cruzada de brazos, casi inmune a sus palabras. Avanzó un paso y todo continuó igual. Acortó la distancia, dando uno más y separó sus brazos, dejándolo a sus costados y entrelazó sus manos. La jaló y reclamó sus labios, sintiendo toda aquella felicidad y tranquilidad otra vez en su interior.
Cuando sus bocas chocaron y comenzaron a moverse con fiereza, las decepciones simplemente murieron como los suspiros dentro de ellas.
Muchas gracias por leer y comentar , son un amor como lectoras..
Ni Glee ni sus personajes me pertenecen (de lo contrario SQ tambien y Lea seguiría besándose con chicas en todo el resto de temporada ) Que estén bien, saludos!
