Dije dos días ¿No? Bien, este capítulo es algo corto, no tanto pero es bastante significativo.
Después de esto vamos a movernos a pasos un poco más veloces ¿Vale?
Y por cierto, después de esto se viene una buena dosis de drama! Hahaha
Los amo, gracias por seguir por aquí, pero bueno, a lo que nos urge.
iCarly no es mío, si lo fuera, seguiría filmando hasta que alguno de los protagonistas muriera de vejez. Pero es de Don Dan Schneider, así que…
Capitulo doce
Esperar. ¿Qué es esperar?
Esperar puede referirse a tener la esperanza de conseguir algo, puede ser el creer que algo ha de suceder. Esperar, a veces es la acción de permanecer en un lugar, donde se cree que ha de ir una persona o va a ocurrir algo, y al igual se espera en una actividad, al detenerse para esperar a que ocurra algo.
Esperar también es desear que algo ocurra.
Sam había estado esperando por esto desde hacía nueve meses. Y cuando se espera, se hacen preparativos. Sam, Carly y Spencer tenían preparado todo para recibir al pequeño Nathan, habían preparado una habitación entera para él, habían preparado una reservación en el hospital, habían preparado una maleta con cosas para Sam y Nathan en el hospital, y las tenían junto a la puerta de su habitación. Habían preparado el auto, estacionándolo tan cerca de la entrada como era posible.
Se habían preparado, porque deseaban que ocurriera.
Se sentían listos, preparados. Pero aún así, cuando por fin ocurrió, resultó que nadie estaba preparado.
-¿Sam, has visto el pantalón que compré la semana pasada? –Preguntó Carly entrando en la habitación de Sam. –el Azul, con bordes rojos
-No, no lo he visto ¿Por qué no lo buscas en el cesto de ropa que Spencer lavó esta mañana? Tal vez de nuevo se puso uno de tus pantalones por accidente.
-Si iré a ver. –Carly bajó las escaleras a toda prisa, su hermano se escuchaba desde la ducha donde cantaba alegremente. En cuanto Carly salió por la puerta la expresión de Sam cayó. Había escuchado de las contracciones de práctica, que ocurrían con días de anticipación al parto, y las había sentido, no era la gran cosa, y esta mañana pensaba que eran más de ellas. Sin embargo, comenzaban a doler más, y a ser constantes. Miró el cuaderno donde había comenzado a escribir. Las contracciones venían exactamente cada media hora desde hacía unas cuatro horas, además de que su espalda dolía horriblemente.
"Vas a diferenciar las contracciones de práctica de las contracciones de labor de parto porque estas últimas tienen un patrón, son constantes y se harán más frecuentes y más dolorosas"
Cerró los ojos fuertemente y se aferró al tocador, sus nudillos tornándose blancos. Aquí venía otra. Cuando el dolor se disipó miró el reloj, tan solo 20 minutos desde la última. Comenzaban a hacerse más frecuentes. Pero respiró profundamente y mantuvo la calma, pensando en la manera en decirle a Carly y a Spencer que era momento de ir al hospital, solo esperaría a que Carly terminara de limpiar su cuarto y Spencer de ducharse para…
Abrió los ojos en shock cuando sintió algo romperse dentro de ella, como si hubieran reventado un globo e inmediatamente miró hacia abajo, un liquido tibio se esparcía por sus piernas para hacer un charco rápidamente en el piso.
Ok, no había tiempo para esperar más. Era tiempo de actuar.
Se dio la vuelta para caminar hacia la cama y sentarse para pensar un poco. Primero tenía que hablarle a Carly para que la ayudara a cambiarse el mojado pantalón y para que sacara a Spencer de la ducha. Inhaló profundamente.
-¡Carleeeeeehhhh! –Gritó tan fuerte como pudo. Escuchó algo caerse al piso seguido de los rápidos pasos en la escalera.
-¡Que pasa Sam! me asustaste y… -Se detuvo en seco al ver la expresión de Sam, una mueca entre dolor y miedo. Sin embargo logró esbozar una sonrisa.
-Llama a Spencer, creo que Nathan quiere conocernos ahora.
-Viejo ¿Estás bien? De verdad te ves pálido –Dijo Kian mientras caminaban hacia el auto de Freddie para ir a casa de Mark.
-Sí, sí, solo… me siento un poco… mareado, es todo, pero estoy bien… -Nicky frunció el seño
-Entonces déjame conducir –Dijo intentando tomar las llaves de mano de Freddie
-No, de verdad, estoy bien yo solo… -Sus ojos se cerraron fuertemente cuando un dolor agudo le recorrió la espalda. Había pasado un par de veces en las pasadas horas. No sabía a qué se debía, pero parecía aumentar en intensidad. Respiró profundamente esperando a que se pasara. Se hacían peores cada vez.
-Oh, esto solo se hace peor cada vez, solo…
-Tranquila Sam, ya casi llegamos al hospital, todo va a estar bien, todo va a estar bien –Repetía Carly una y otra vez, intentando calmarse más a si misma que a Sam.
-Spencer ¿Falta mucho? –Preguntó Sam, sintiendo otra contracción a la vuelta de la esquina
-No Sam, solo un par de cuadras, tranquila, el doctor Rogers dice que estará esperándote un equipo listo.
-Si sientes otra contracción solo aprieta mi mano Sam, no importa si ¡AAahhhh! –Sam cerró los ojos cuando la contracción llegó, apretando la mano de Carly tan fuerte que era probable que hubiera un hueso roto.
Cuando los ojos de Freddie se volvieron a cerrar en un gesto de puro dolor Nicky no dudó en abrir inmediatamente la puerta del auto y rodearlo de prisa. Abrió la puerta de Freddie y le quitó el cinturón de seguridad.
-Vamos viejo, no vas a seguir conduciendo así, nos vas a matar a todos, déjame conducir
-No Nicky estoy bien solo….
-¡Por Dios Freddie! no estás bien, pásate para el asiento del copiloto de una buena vez antes de que el semáforo cambien a verde. –Sin más, Freddie saltó al asiento del copiloto y Nicky entró en el auto justo a tiempo para hacerlo marchar de nuevo.
-Creo que todo este asunto de Madisen te está afectando demasiado Freddie –Comenzó Kian desde el asiento trasero del auto. –Pienso que deberías buscar ayuda
-Los tengo a ustedes chicos, es suficiente ayuda…
-No, no es así –Continuó Kian. –Necesitas ayuda profesional. Después de todo Madisen te hizo… algo muy malo, deberías ir con el psicólogo de la escuela Freddie…
-Estoy bien, de verdad solo necesito…
-¿Freddie? Freddie respira, tranquilo. –Dijo Nicky, Kian puso una mano en su hombro mientras Freddie cerraba los ojos fuertemente. –Freddie ¿Qué pasa?
Pero todo lo que salió de su boca fue un gemido de dolor.
-Está teniendo otra contracción –Gritó una de las enfermeras monitoreando los signos vitales de Sam.
-tienes siete de dilatación Sam, estás avanzando muy rápido, -dijo el doctor Rogers tras inspeccionarla. –Aun así, aun vamos a tardar un poco más Sam, necesitamos que llegues a diez. Ya casi estamos ahí, ¿Estás bien?
-Bueno, además de estar intentando sacar algo del tamaño de una sandía por algo del tamaño de una naranja estoy de lo mejor –Replicó en tono sarcástico.
-¡Sam! –Le regañó Carly mirando con pena al doctor Rogers.
-Está bien Carly, Sam está bajo mucha presión ahora mismo, hay mujeres que me han dicho cosas peores
-Solo espere –Murmuró Sam.
-Regresaré en un rato Sam, sigue así, estás haciéndolo de maravilla. –Pero Sam no sentía que estuviera haciendo mucho, solo estaba ahí acostada, tratando de resistir a las contracciones que cada vez eran más fuertes. Maldito Freddie, maldito y ojala estuviera aquí para apoyarla, para ver como nacía su hijo. Ojala pudiera compartir su dolor.
-Muy bien, algo definitivamente está muy mal –Dijo Shane parado afuera de la puerta del baño, con los chicos a su alrededor. -¡Freddie! ¿Estás bien?
-¡Si, ya voy! –Gritó Freddie desde adentro del baño tratando de esconder el dolor en su rostro. Esto era muy raro, el dolor venía en oleadas, y además de sentirse cada vez mas agotado, no tenía más síntomas de alguna enfermedad en particular. Tal vez solo era el estrés de lidiar con Madisen. Se aferró al lavabo esperando a que la oleada de dolor pasara, y cuando estuvo listo, caminó hacia la puerta para abrirla y encontrar ahí a todos sus amigos
-Freddie, por favor déjanos llevarte a un hospital.
-De verdad estoy bien, no siento ganas de vomitar o fiebre o algo parecido, solo son oleadas de dolor. Estoy seguro de que es debido al estrés –Intentó explicar a sus nada convencidos amigos. Esto para nada era normal, solo querían ayudarlo.
-Freddie… -Comenzó Kian
-¡Estoy bien! Solo necesito recostarme ¿Puedo ir a casa? –Shane suspiró y asintió.
-Yo iré con él, lo dejaré en su casa y me iré a la mía –Dijo Nicky tomando sus cosas y las de Freddie. –Andando chico, necesitas descansar. –Freddie asintió, y tras una rápida despedida de los chicos se apresuró al elevador con Nicky, aferrándose a la barra de madera que corría a lo ancho del elevador cuando otra oleada de intenso dolor le recorrió.
-¿Puedes conducir Nicky? –Preguntó cuando llegaron al estacionamiento.
-Por supuesto, para eso vine.
-oh cielos, recuérdame ¿A que vinimos?
-Vas a tener un bebé Sam
-Cierto, cierto. Sabía que no me dolía todo el ser por nada…
-Está desvariando, ¿Es normal que esté desvariando, enfermera? –Preguntó Spencer. La enfermera suspiró y asintió.
-No está desvariando. Pero si, es normal que diga algunas cosas disparatadas
-¿Puedo comer pollo frito ahora? –Gimió Sam desde su medio sentada/medio acostada posición en la camilla.
-Lo lamento señorita Puckett, no puede ingerir nada de alimento por ahora… -Sam gruñó dejándose caer pesadamente sobre las almohadas.
-Creo que es un poco tarde para llamarla "señorita" –Dijo Spencer con una risa burlona, Sam le miró severamente y la sonrisa de Spencer se desvaneció del todo.
-¿Por qué diablos no puedo solo empujar y sacar a esta criatura de dentro de mí de una buena vez por todas?
-porque estamos esperando que dilates hasta diez centímetros –Contestó Carly desde su silla
-Tengo ocho y medio, ¿No es eso suficiente? –No había terminado de hablar cuando la vieron venir. Otra contracción, como las últimas, particularmente dolorosas. Sam estiró una mano para tomar lo primero que pudo, lo que fue, el cabello de Spencer que estaba en otra silla al lado de ella y Sam comenzó a sacudir la cabeza de su pobre amigo quien gritaba con ella del dolor.
-¡aaaahhhhhh!
-¡Aaaaahhhhjjjjjsssss! ¡Sam! ¡Suéltame!
-¡Sam suéltalo!
-¡Cállate demonios Carly Shay! Aaaaahhh! –Gritó Sam azotando la cabeza de Spencer contra el colchón de la camilla. Cuando la contracción comenzó a disiparse Sam soltó a Spencer, y este cayó al piso, con las manos sobando su cuero cabelludo, Sam se dejó caer exhausta contra las almohadas. –Oh cielos, estoy segura de que con eso llegué hasta 20 de dilatación…
-¡Spencer estás bien? –Carly se agachó al lado de su hermano que se frotaba la cabeza intentando alejar el dolor.
-Yo… estoy bien… solo… estaré en la cafetería –Dijo poniéndose de pie y saliendo rápidamente de la habitación.
-Sam, eso no fue nada amable
-Silencio Shay o la próxima contracción tu cabeza será la que esté contra mi colchón
-¡Muy bien! –Anunció el doctor Rogers su entrada, colocándose un par de guantes de latex en las manos. –Enfermera, por favor prepare todo, creo que podría ser la hora del show
-Oh cielos no –Gimió Sam. –ya no me quedan energías doctor
-Tranquila Sam, lo estás haciendo de maravilla, estamos más para allá que para acá. No hay punto de regreso ahora. –Sam gruñó de nuevo, resignándose a que lo peor estaba por venir.
-Tenemos 9.8 de dilatación doctor –Gritó la enfermera. El doctor Rogers, el pediatra, las otras dos enfermeras y Carly se pusieron en sus lugares. El doctor Rogers miró fijamente a Sam.
-Muy bien Sam, aquí vamos.
Nicky dejó a Freddie en la puerta de su casa, tomó sus cosas y se fue caminando hasta su casa tras asegurarse de que Freddie estaba dentro, sano y salvo. Freddie buscó en la cocina y en el despacho pero ninguno de sus padres estaba en casa. Se sirvió un vaso de agua decidido a tomar un baño caliente y relajarse o terminaría teniendo un ataque cardiaco o algo parecido.
Su agarre en el vaso se apretó cuando sintió venir otra de esas oleadas de dolor que paralizaban su cuerpo. Dejó el vaso en la barra y para cuando el choque punzante de dolor hizo su aparición en la base de su espalda no tuvo fuerzas de nada y cayó sobre sus rodillas, apoyando las palmas de las manos contra el frío piso de madera de la cocina.
-No, no… por favor… -Sintió sus ojos humedecerse con las lagrimas contenidas por horas. El dolor era cada vez más abrazador, intenso, cegador. Intentó dejar salir un grito pero todo lo que logró fue un gemido ahogado que se convirtió en un sollozo.
Comenzó a respirar profundamente, y se dio cuenta que aunque fuera poco, pero esta simple acción le ayudaba. Cuando tuvo la fuerza suficiente para moverse, se levantó poco a poco, dirigiéndose a las escaleras, subió peldaño por peldaño penosamente, y cuando logró llegar a su habitación se dejó caer en el sofá.
Muy bien, primero que pasara el dolor. Luego el baño caliente.
-En la siguiente contracción Sam, quiero que empujes como si la vida te fuera en ello ¿Entendido? –Sam solo asintió, respirando profundamente, su frente cubierta de sudor. Pasó la lengua por su labio superior, salado por el sudor acumulado allí también. La presión y esa necesidad de pujar abrumadoras la hacían sentirse desesperada por la siguiente contracción. Sabía que estaba cerca, podía sentirla acercarse amenazadoramente, cada vez más… más…
-Oh Dios…
-Vamos Sam, ¡Empuja! –Y así lo hizo, poniendo todas las fuerzas que pudo reunir en pujar, inclinándose al frente con ayuda de Carly, pero para cuando la contracción comenzó a disiparse se dio cuenta que no se sentía muy diferente y Nathan seguía allí dentro.
-No, doctor, no puedo… solo… déjelo ahí dentro, no puedo hacerlo
-Sam lo estás haciendo mejor de lo que piensas –Le animó Carly. –Vamos, casi acabas
-Está avanzando Sam, vamos, si te concentras podrás sentirlo, una, máximo dos contracciones más y Nathan estará aquí con nosotros.
-Para ustedes es tan fácil decirlo… oh cielos… te odio Freddie, te odio tanto…
En cuanto intentó levantarse del sofá cayó de nuevo sobre sus rodillas y manos, si tan solo pudiera llegar a la cama. La idea de un baño estaba cada vez más lejos, así como la cama que a pesar de estar a menos de metro y medio de él parecía tan lejana.
-oh… no, no de nuevo… -Cuando una oleada de dolor le recorrió la espalda, se dejó caer sobre la alfombra, sus brazos rindiéndose. Probó la sangre en su labio al impacto con el suelo. ¿Qué diablos estaba pasando?
-Así Sam, eso es, casi lo veo.
-¡No puedo! Por favor… -gimió Sam, sollozando contra las almohadas después de otra muy dolorosa pero no muy exitosa contracción. Había estado ahí por horas, ¿Por qué Nathan no podía salir? De pronto se llenó de un horrible pánico. ¿Y si algo estaba mal con su bebé? ¿Y si no podía salir por si solo? –Doctor, ¿Pasa algo con Nathan? ¿No puede salir?
-Sam, Nathan está bien, créeme, está esforzándose por salir tanto como tú por sacarlo. Vamos Sam, una última vez, ayúdale…
Una última vez
Freddie trató de arrastrarse a la cama, el problema no fue tanto llegar, sino intentar subir. Tuvo que usar toda la fuerza que pudo reunir, estaba sudando frio, le temblaban las manos y sus pies parecían estar hechos de gelatina.
-Dios… ¿Qué me está pasando? –Se sentía muy mal por lo de Madisen, pero, ¿Era tanto como para afectarle físicamente de esa manera? ¿Estaba de verdad comprometida su salud?
Estaba por acomodarse en la cama cuando una punzada particularmente dolorosa llegó tan de golpe que ni siquiera pudo reaccionar, dejando salir un grito de dolor que hizo eco por toda la casa…
Su vista se nubló
-Eso es Sam, vamos, aquí está, puedo verlo… ya está Sam…
-Ahhhh! Carly!
-Está bien Sam, ya está! –Gritó Carly por encima del grito de Sam para hacerse escuchar.
-¡Ahhhhh!
-¡Ahhhhh! ¡Noo! –sus puños se cerraron fuertemente sobre la cobija de su cama mientras intentaba respirar adecuadamente. Su pecho levantándose a una frenética velocidad.
-Lo tengo, ya está… -Sam sintió una especie de tirón, y alivio en seguida. Se desplomó sobre las almohadas.
Su cuerpo no fue capaz de soportarlo más, se sintió desvanecer pesadamente sobre la cama y el mundo fue una uniforme cortina negra dándole paso a la inconsciencia…
-¡Oh por Dios Sam! ¡Está aquí! –Gritó Carly con lágrimas de emoción en los ojos. Los gritos de Sam cesaron, dando paso a un nuevo, desconocido pero hermoso sonido. El llanto de un bebé, el llanto de su bebé.
El llanto de Nathan.
Y a pesar de estar más cansada y adolorida que nunca, Sam sonrió, porque todo había valido la pena, porque Nathan estaba bien.
-¿Dónde está, Carly? –Susurró Sam, intentando localizar a su bebé con la mirada, pero la enfermera ya lo tenía envuelto en una cobija y se acercó para colocarlo en brazos de Sam por primera vez. –Oh Dios…
En cuanto lo vio quedó hechizada. Estaba algo rojo por el esfuerzo, pero aún así su pielecita era clara. Su delicada cabecita adornada por un montoncillo de cabello lacio y castaño, como el de su padre, su rostro adornado también por una nariz que había visto antes, con fosas nasales anchas pero perfectamente proporcionadas, la nariz de su padre, por unos ojos que la miraban atentamente, ligeramente rasgados de un color chocolate hermoso, los ojos de su padre. Y una boca, una boca de labios finos y delgados que seguramente se curvarían de un solo lado en el futuro para dedicarle sonrisas idénticas a las de su padre, la boca de su padre.
-¿Crees poder vivir con ello el resto de tu vida, Sam? –Preguntó Carly en un susurro, inclinándose sobre ellos, dándose cuenta al igual que Sam, del increíble parecido de Nathan con Freddie.
-Pienso que es perfecto…
Y en la inconsciencia, soñó con ella. Soñó con tenerla entre sus brazos, mientras ambos miraban hacia la distancia a lo que parecía ser un niño pequeño corriendo hacia ellos.
Awww bebé Nathan.
Nos leemos pronto, espero.
Dejen reviews para ver quien sigue por aquí. ¡Gracias!
Por cierto intentaré actualizar al rato "Lo que pasa en Italia"
