The show must go on
Habían días como esos en que no creía merecerla para nada. No, de hecho no la merecía, jamás había merecido nada bueno en su vida. No pasaba de ser un monstruo, ¿no se lo habían dicho ya? Mikael nunca se cansó de repetirlo, ¿y si él estaba en lo cierto? Tenía que estarlo, alguien no podía estar mil años repitiendo lo mismo por nada, algo que aunque pareciera una locura encerraba una verdad. Él no era bueno, nunca lo había sido. Destruía todo lo que se atravesaba en su camino, sea bueno o malo.
Habían días así, cuando se daba cuenta que nada de lo que hiciera le valdría el corazón de Caroline, porque ella ya amaba a otro. Aunque esa tarde ella hubiera ido corriendo a él a pedirle ayuda con el tema de su vestido, no es que sea él el hombre de su confianza. Él quiso darle una alegría, quería darle todo lo que ella mereciera, sabía que su vida no era fácil y daría cualquier cosa para que nada la lastime y que jamás la sonrisa se borrara de su rostro. Y cuando la vio irse de la mansión tan contenta por su precioso vestido, sintiéndose una reina, él fue feliz. ¿Por qué? No podía explicarlo. Es que ella lo hacía feliz.
Se debatió mucho rato en la mansión sobre ir o no a la fiesta de graduación. Su hermana Rebekah estaría ahí fingiendo que tenía una vida humana, no la culpaba por querer vivir, pero con todo ese asunto de la cura y Silas rondando no podía darse el lujo de contemplar una distracción tan seria como Caroline, además no sabía si a ella le agradaría que él estuviera ahí, era su noche después de todo. Pero estuvo claro, muy cerca. La observó discretamente un buen rato y no se dio cuenta que mientras eso pasaba la sonrisa tampoco se le borró del rostro a él. Caroline estaba hermosa, una verdadera reina. Y disfrutaba de su fiesta, de su noche perfecta. Cuando todo acabó y ella volvió a casa una vez más sintió la tentación de ir tras de ella. No sería la primera vez, después de todo, en que la contemplaba dormir.
Y así como habían días en que Caroline y sus sonrisas lo hacían feliz, habían días como esos en que Caroline, sin quererlo o saberlo siquiera, lo hacía sufrir. Cuando llegó a la casa Forbes observó por la ventana su bella silueta danzando de un lado a otro con Tyler. Era un bailer suave, hermoso. Ella cerraba los ojos, se entregaba a ese momento atesorándolo en su corazón. Disfrutando de tenerlo a su lado para terminar esa maravillosa noche, sufriendo porque luego él tendría que irse. Se le hizo un nudo en la garganta. A pesar de las cortas alegrías que él pudiera darle, el monstruo de Klaus jamás podría bailar con ella de esa manera. Jamás ella cerraría sus ojos al estar con él, jamás sería tierna, jamás podría entregarse de esa forma. Porque él no la merecía. No merecía nada de su luz.
Tyler salió y las palabras salieron como puños de sus labios. Y aunque el terror se reflejaba en los ojos del joven híbrido, sabía que en el fondo de su corazón él respondía que si, valía la pena arriesgar su vida por estar un momento con Caroline. Y no lo iba a saber él, si era capaz de lo mismo por ella, de lo mismo y mucho más. Pero nada de eso valdría la pena porque ella nunca lo querría así.
Habían días en que se convencía en que solo necesitaba a alguien como ella para poder amar y ser feliz, a alguien así como Caroline para amar eternamente. Pero habían también días como esos en que se decía que no merecía siquiera una mirada de ella. Era un monstruo que no merecía nada.
pues hasta ahora todo muy lindis y bonis como los ponis que comen noni (?) pero ya tenian que conocer mi maldad XDD OKNO un poquis triste esta parte =( pero así imaginé Klaus que se sintió aquel día casi al final del capítulo, siento que para Klaus en esos tiempos debió ser una eterna lucha de querer estar con ella y a la vez pensar que no la merecía =(
