Gracias a Ladyotaku8231 por comentar el cap. anterior :D
LOS PERSONAJES PERTENECEN A TITE KUBO
Ambientado: después de la saga de los Fullbring y antes de la de los Quinces
Pareja: Yoruichi x Kisuke
12
¿A quién le dirás miau ahora?
Yoruichi Shihōin podía considerarse como una persona con ciertas "costumbres" un poco diferentes a las que acostumbra tener la gente normal.
Le gustaba estar en su forma felina y comer comida para gatos, y estando en su forma humana comer como si no hubiese un mañana, vagabundear saltando por los techos de las casas, preferir la leche antes que el sake… Pero sin duda, la mayor de sus excentricidades era asustar a los clientes. Y para ello, que mejor que un gato que hablase.
–Hola, ¿qué tal? –Le dijo un día a una pareja que por curiosidad había entrado a la extraña tienda. Había usado un tono muy inocente y levantado una de sus patitas a modo de saludo.
–¡AAAAAHHH! –Gritaron ambos al unísono, antes de salir corriendo del lugar.
– ¡Te dije que no entráramos! –Se oyó a lo lejos que reprendía la chica a su novio–. ¡De lejos se veía que era una tienda rara!
Esto al dueño de dicha tienda lo tenía sin preocupación, a fin de cuentas, tenía muy pocos clientes humanos y no le proporcionaban nada de ganancias, hasta le daba pereza atenderlos. Mientras Yoruichi no asustara a los compradores que venían por sus artículos ilegales de la Sociedad de Almas, por él que espantara a quien quisiera. Mejor, así tenía que trabajar menos.
Sin embargo, llegó un día en que no pudo hacer vista gorda a esta situación…
Estaba tranquilo durmiéndose su tercera o cuarta siesta del día, cuando sintió el reiatsu de un alma humana dentro de su tienda. Bostezó y se rascó la nuca, antes de ir a ver de quien se trataba, por si Yoruichi al final no lo había asustado con sus bromas.
Cuando bajó, vio por la puerta entreabierta que se trataba de una colegiala, mirando curiosa los dulces que allí se vendían. La Shihōin estaba en su forma felina, observando a la muchacha mientras movía su cola.
La chica, al notar la presencia del gato, sonrió y se dispuso a acariciarlo.
–Hola, minino –dijo, haciendo un gesto con la mano–, cuishtu, cuishtu…
"Are, are… Yoruichi-san odia cuando la llaman así", pensó el tendero.
Entonces la habitación se llenó de neblina y unos segundos después, ya no era un gato lo que estaba frente a la joven, sino una mujer morena que le sonreía con burla, cruzada de piernas.
–Miau~ –dijo con burla Yoruichi.
–¡KIIIIIAAAAAHHHHH! –Gritó la colegiala, escapando del lugar.
Kisuke se rió de la broma, uniéndose a las carcajadas de Yoruichi y entrando en la sala de ventas.
–Yoruichi-san –le dijo–, ¿pero qué clase de bromas haces tú?
–De las mejores –respondió ella, en su forma felina otra vez.
~*LoveLoveLove*~
Bien, hasta entonces no había problemas con el asunto de las espantadas a los clientes de relleno, pero de cierta forma ese fue el detonante para que los hubiera.
Al día siguiente, mientras Yoruichi dormía y Urahara bebía té, ambos en la sala de estar, se escucharon unos murmullos en la tienda:
–Te digo que aquí había un gato que se convirtió en mujer –murmuraba la colegiala de ayer.
– ¿Así? Pues aquí no hay ningún gato –dijo la voz de un hombre. Kisuke miró detenidamente a su amiga y luego a la puerta–. Vámonos ya, esta tienda se me hace muy rara.
– ¡Ssssshhhh! Debe estar por aquí.
Yoruichi ya se había levantado de su almohada y estiró sus patitas, disponiéndose a asustar a ese par de estudiantes y reírse de buena gana después.
Estaba a punto de salir, pero de pronto Kisuke se interpuso en su camino.
– ¿Qué pasa? –Inquirió.
Urahara se la quedó viendo por un buen rato. ¿Cómo decirle que no fuera esta vez?
–No vayas esta vez, Yoruichi-san.
¡Grandioso! El gran intelecto de uno, si no el mejor, científico de la Sociedad de Almas había fallado en una tarea tan simple como escoger las palabras adecuadas.
La gata se lo quedó mirando extrañada y enarcó una ceja.
– ¿Ah? ¿Por qué no?
Esta sería una de sus mejores bromas, ¿por qué quería impedírselo?
Urahara se quedó en silencio, sin saber qué responderle. La respuesta a su pregunta era muy sencilla: ayer solo estuvo desnuda frente a una colegiala, pero no quería que se mostrara así frente al chico que acompañaba esta vez a aquella muchacha. Y tampoco frente a algún otro cliente varón.
Miró su figura felina desde las alturas, de la forma en que la observaba cuando estaba a punto de molestarla.
– ¿Estará bien que te desnudes frente a tanta gente? –Le respondió con otra pregunta–. No sabía que lo hacías tan seguido…
Una venita se formó en la forma felina de Yoruichi.
– ¿Y eso a ti qué te importa? Lo haces sonar como si fuera una exhibicionista.
Urahara se cubrió el rostro con su abanico.
– ¡Oh, yo no quise decir eso! –Dijo, haciéndose el inocente.
Su tono burlesco enojó a Yoruichi a tal punto que decidió tomar su forma humana para encararlo mucho mejor.
– ¡Oh, claro que lo hiciste! –Lo acusó–. ¡Estás tratando de decirme que soy una exhibicionista! ¿¡O no!?
¡Eso sí que era el colmo! ¿Cómo se atrevía? Ella era la única que tenía autoridad sobre su cuerpo, se podía desnudar frente a quien quisiera. Además, esta sería recién la segunda vez que lo hacía… con el propósito de asustar a los clientes al menos. Ya había perdido la cuenta de las ocasiones en que lo había hecho por simple aburrimiento.
Se acercó a su rostro de forma amenazante.
–Pues bien, escucha –continuó, colérica–: El que me desnude o le maúlle a los clientes que te da pereza atender sigue sin ser de tu incumbencia, lo que significa que ahora te quitas o te quito de mi camino ¿¡entendiste!?
– ¡De acuerdo, de acuerdo! –Dijo, levantando las manos como si lo apuntaran con un arma–. Ya entendí… –Yoruichi tomó distancia y se calmó un poco al oír eso–. Así que… ¿me quitarás de tu camino, Yoruichi-san? –La desafió.
Yoruichi volvió a fruncir el ceño y a entrecerrar la mirada.
Primero intentó pasar rodeando por la derecha a Kisuke, pero éste se interpuso entre ella y la puerta. Trató con la izquierda y fue la misma historia. Volvió a probar con la derecha y al final terminaron ambos haciendo un pequeño baile entre los dos.
Esto hizo reír a Urahara, pero enfurecer a la Shihōin.
"¡Ya verás, idiota!", pensó, antes de usar sus habilidades como diosa de la velocidad para llegar hasta la sala de ventas con un shunpo.
– ¡Ahí está! –Exclamó la colegiala, apuntando a una mujer que había aparecido de pronto.
Como se trataban de almas humanas, para ellos Yoruichi había aparecido por arte de magia, dado a que no podían distinguir su veloz shunpo.
Ambos estudiantes habían quedado estupefactos. Primero estaban pálidos por el miedo y el asombro, pero luego se pusieron rojos de la vergüenza al ver lo que en un pestañeo comenzó a ocurrir.
Ahí estaba la mujer, desnuda, pero esta vez no sonreía burlonamente y tampoco estaba como la última vez que la había visto la joven colegiala.
– ¡Déjame, Kisuke! –Decía, empujando la cabeza del rubio, intentando despegarlo de ella.
Sí… antes de que pudiera decir "miau", Urahara Kisuke había alcanzado a Yoruichi y había atrapado a la mujer, obligándola a recostarse en el piso para así, cubrir la intimidad de ella con su sombrero y con un brazo tapar su busto.
La gata, presa del asombro, sintió como él pegaba sus labios a su vientre, comenzando a succionar la piel de allí.
Lo jalaba del cabello y se sacudía, pero Urahara con su única mano libre la sujetaba firmemente de las caderas y seguía presionando sus labios y dientes contra su abdomen. Yoruichi se había puesto roja y su ritmo se había acelerado considerablemente, y es que le provocaba una sensación muy fuerte sentir la lengua de Kisuke moverse de esa forma sobre su piel.
Cuando al fin se separó de ella, su corazón latía tan rápido que la respiración se le hizo trabajosa.
– ¿Y bien, Yoruichi-san? –Le dijo, volviéndose a poner su sombrero y dejándola completamente expuesta debajo de él–. ¿A quién le dirás miau ahora?
La Shihōin se miró el vientre y se encontró con un enorme chupetón, de un color purpúreo y marrón, adornando su moreno abdomen.
Su sonrojo se acrecentó e intuitivamente se cubrió la zona. ¿Cómo iba a seguir desnudándose frente a la gente con "esa cosa" allí, diciendo algo como "este cuerpo pertenece a alguien"? A Urahara Kisuke específicamente.
Estaba tan enojada y nerviosa que se olvidó de los estudiantes a los que quería asustar.
~*LoveLoveLove*~
Por suerte, Kisuke no se olvidó de ellos y les borró la memoria antes de que se fueran, quedando como un secreto entre Yoruichi y Urahara lo que sucedió.
Fue ese mismo secreto el que hizo que después fuera un total misterio el porqué Yoruichi dejó de tener la costumbre de espantar a los clientes, y el porqué Kisuke terminó con toda la cara rasguñada.
Fin
~*Muac*~
Beso en el vientre: Trata de decir "Estoy listo" (¿para qué? Eso queda a la imaginación del lector xD) Entre más cerca de esta zona, el beso es más "cachondo". Además, cuando es a la fuerza, está loco por ti. Con la boca abierta, eres una obsesión, y largo, te ama con ardor.
Notas: Gracias por leer :D Espero que les haya gustado.
