Corto 12: El jade del príncipe (Segunda parte)
No podía sentir nada más que asombro al ver el palacio. Era más grande de lo que hubiera imaginado, y me entusiasmaba el solo pensar que viviría ahí por el resto de mi vida. Mi mamá fue contratada como empleada de limpieza del castillo, y gracias a ello es que nos quedaríamos viviendo en el palacio. Mi padre era el médico personal del rey, así que eso también influía bastante. Tuve el gran honor de conocer al rey y a su familia en persona, y a partir de ahí fue que ocurrieron las cosas.
Nunca había visto al príncipe de Mürwand, solo escuchaba los comentarios de los vecinos de era bien parecido y ese tipo de cosas. Pero finalmente ese día pude aclarar mis dudas, y vaya forma en que lo hice. El príncipe Jean Kirschtein me miraba con recelo el primer instante en que nuestras miradas se cruzaron. Era un poco más alto que yo, piel muy clara, ojos almendrados y cabello castaño cenizo. Los vecinos tenían algo de razón, tenía su atractivo, a pesar de que en ese entonces tenía tan solo doce años, sin embargo yo le vi con cara de… caballo, sí, eso mismo. Nos quedamos solos para jugar y conocernos, pero al par de horas ya tenía mi puño en su mejilla. Había dicho algo de mi ciudad natal que no me gustó para nada.
-Lo último que esperaría de ti sería que te comenzaras a creer la gran cosa solo por estar viviendo en el palacio, - había dicho con molestia – quiero que recuerdes cuáles son tus pobres y plebeyos orígenes Jaeger. Shiganshina no es una ciudad de la cual me sentiría orgulloso.
Y con eso el príncipe terminó con un moretón en la mejilla, y yo con un severo castigo. Felizmente los reyes no se molestaron conmigo, se disculparon más bien, y me dijeron que su hijo era muy honesto, y que eso siempre causaba roces con las personas. Ahí me di cuenta de que ambos causaríamos problemas. Él era muy honesto, y yo era muy impulsivo, una perfecta combinación para comenzar una pelea a cualquier hora del día. Sin embargo, con el paso de las semanas, ambos procuramos controlarnos para llevarnos bien, y el resultado fue provechoso. Es cierto que a veces teníamos nuestras discusiones, pero nada que no podía arreglarse con los días. La mayoría del tiempo me la pasaba a su lado, inventando nuevos juegos para entretenernos. Disfrutaba ver como sonreía victorioso cuando mataba a un dragón imaginario de las tierras desconocidas, o como gritaba de miedo cuando casi se caía a un lago. En otros momentos más tranquilos, nos poníamos a jugar juegos de mesas, leer o dibujar. Debo admitir que era un buen dibujante, una vez hizo un dibujo de nosotros dos cuando creciéramos. En el papel se mostraba a Jean como rey, y a mí como un soldado, con la armadura puesta de la "Legión de reconocimiento", fue a raíz de ese dibujo lo que me llevó a hacer mi petición unos años después.
Al cumplir los trece, le expresé mi deseo a Jean de convertirme en soldado, para eso necesitaba entrenar un buen tiempo, así que él accedió a que entrenara con él. No cabía en mi tanta emoción de aprender a usar una espada y técnicas de lucha. Los entrenamientos eran pesados al comienzo, pero me terminé acostumbrando. Fue en esa edad en que comencé a sentir cosas extrañas.
No sé si lo hacía inconscientemente, pero cuando Jean utilizaba esas prendas, en la cuáles dejaban al descubierto sus fuertes brazos y su trabajado abdomen, no podía evitar mirarlo. Aquellos tres años el cuerpo del príncipe había cambiado bastante, y para bien, podía decir que era un joven realmente apuesto. No entendía muy bien por qué sentía esas cosas por él, así que decidí hablarlo con mi madre.
-Estás entrando en una etapa llena de cambios, es normal que te sientas así – me dijo tiernamente. Me dijo que seguramente era una atracción física lo que sentía para con Jean, que con el tiempo tal vez se me pasaría o aumentaría. Sin embargo, me advirtió de lo peligroso que podía ser si abrigaba esos sentimientos para con alguien de la familia real. Era por así decirlo, un desperdicio total que alguien de ese linaje tuviera una relación sentimental con un plebeyo. Me decidí guiarme más por lo primero, que tan solo era una atracción física, pero poco iba a saber que se trataba de algo más allá de la apariencia.
Un par de meses después llegó alguien más al palacio, el sargento Levi Ackerman, un joven hombre de estatura baja y con un semblante que inspiraba miedo. Se ganó la confianza de la familia real en pocas semanas, y él fue mi modelo a seguir para cumplir mi siguiente objetivo: unirme a la "Legión de reconocimiento". No era tan malo en ese entonces, me ayudaba bastante con mi entrenamiento y me daba muy buenos consejos para con mis técnicas de combate, sin embargo, había visto como Jean miraba al sargento. Lo hacía con recelo, incluso más que cuando yo había llegado al castillo. Recuerdo que uno de esos días, Jean me hizo llamar para decirme algo importante. Estaba muy nervioso, no tenía idea de lo que era, pensaba que tal vez había descubierto las incontables veces en que me quedaba mirándolo, temía que me dijera algo respecto a ello, sería muy vergonzoso. Me sentí más aliviado cuando me pidió que fuese su sirviente personal. Yo estaba más feliz que nunca, era un privilegio muy importante, y además, pasaría bastante tiempo con el príncipe. Mis padres decidieron celebrar mi puesto llevándome a comer por la plaza, y fue esa misma noche en la que entendí las razones por las cuáles Jean miraba con recelo al sargento.
Regresando al palacio les avisé a mis padres que me iría a dar una ducha antes de dormir, estábamos en pleno verano, y toda esa caminata me había dejado sudado, ni loco me metería a la cama así. Terminaba de bañarme cuando en eso, escuché unos pasos detrás de mí, y posteriormente sentí unos brazos rodearme la cintura.
-Me enteré de tu nuevo puesto, felicitaciones – me susurró al oído. Esa voz, sabía perfectamente de quién se trataba. Me di vuelta alejándome un poco del sargento. Todavía estaba desnudo y mojado, y por ende la sangre se me subió a las mejillas con brutalidad.
-¿Qué hace aquí? – le pregunté con nerviosismo, no me gustó el contacto que tuvo conmigo, la verdad es que empezaba a sentir miedo.
-Solo vine a felicitarte – se limitó a decir. Había algo en su mirada que no me agradó para nada, había un brillo de deseo, uno muy malo. Se apresuró a acercarse a mí y empujarme para caer al suelo. Me quejé del dolor que produjo el caerme de sentón en el frío piso de baldosas, y mi temor aumento cuando Levi se posicionó encima de mí – Eren, - susurró contra mis labios, sin dejar de mirarme con esos fríos ojos – no sabes cuánto me gustas.
Fue en ese momento que mi cuerpo no reaccionó. Me agarró totalmente frío, y lo siguiente que recuerdo fue los labios de Levi sobre los míos. Nunca había besado a nadie, y la verdad es que esperaba guardarme ese primer beso para la persona que ocupaba mi corazón. Y como si quitarme mi primer beso no fue suficiente, esa noche también perdí mi virginidad.
Por supuesto que no mencioné nada a nadie, era demasiado vergonzoso, y además, temía de lo que podía hacerme Levi si decía una sola palabra de lo ocurrido. Con el tiempo, el sargento hizo lo mismo en diversas ocasiones, y yo como siempre, me quedaba callado aceptando todo sumisamente. Él decía lo mucho que me amaba y ese tipo de cosas, pero la verdad es que me costaba creerle lo que decía. Él ya sabía de mis sentimientos hacía el príncipe, se lo hice saber una de esas tantas veces que se acostaba conmigo, sin embargo se burló de mis emociones.
-Estúpido mocoso, - dijo con una media sonrisa algo perversa - ¿De verdad crees que el príncipe se fijaría en alguien como tú? ¿Crees que tendrías la aprobación del rey para estar con su hijo? – aquellas dos preguntas me dolieron, por supuesto que yo era un plebeyo, nada cambiaría eso –Eren, olvídate de ese muchacho y se realista – acarició mi mejilla con ternura, una que no se veía muy a menudo en él – Quédate conmigo, lo nuestro no tendría murallas, cuidaré de ti y te haré el hombre más feliz del mundo – me besó con esa ternura, de la cual me dejé llevar. En ese momento creí que tal vez podría corresponder los sentimientos de Levi, pero en el momento en que él se disponía a quitarme la camisa que llevaba, lo empujé, y al hacerlo lo terminé enojando - ¿Y ahora qué te pasa? – preguntó con frialdad, adiós ternura. No dije nada, salí de mi habitación y me dirigí a los jardines del palacio. No pensé que el sargento me seguiría, pero así lo hizo. Me agarró de la cintura y me jaló hacía él.
-¿Estás loco? ¿Qué pasa si alguien nos ve? – le regañé en un susurro. Lo siguiente que hizo fue empujarme y jalarme hasta el almacén de fauna, entendía que era lo que pretendía hacer -¡Levi, no quiero! ¡Ya no quiero! ¡Nunca lo quise! – le grité. Él me hizo una seña para que me callara, la cual obedecí, en tal caso alguien nos escucharía.
-Eso no aparentas cuando me pides que te folle más duro – dijo con un tono lascivo. Me sonrojé, ¿Pero quién controlaba su cuerpo o su mente en momentos así?
-No es culpa mía, tú provocas todo eso a propósito – le dije, su acercamiento fue tal que terminé entre él y la pared. Acto seguido, comenzó a besarme desesperado. Mis ojos se cristalizaron, yo no pedí esto, yo no quería estar con él, yo quería estar con…
-¡Ngh! – gemí cuando Levi mordió levemente mi cuello. No, tenía que parar esto. Lo agarré de los caballos, alzando su cabeza para que dejase de hacerme eso.
-¿Qué pasa? – me preguntó con un tono que no me gustó.
-Déjame – le dije, mi vista se hacía borrosa por las lágrimas acumuladas en mis ojos – No quiero esto – oí una risa burlona de su parte.
-El que lo niegues me incita a seguir – sonrió con lascivia, intentando devorar mi cuello nuevamente. Puse mis manos sobre sus hombros, logrando evitar ese acto.
-¡No quiero esto! – le dije con más firmeza, una que él no tomó en cuenta. Intenté empujarlo, debía salir de ahí, pero él era más fuerte que yo, y como consecuencia me dio una fuerte bofetada.
-¡Es por el príncipe, ¿No?! – Me dijo casi a gritos, de todos modos no podía alzar la voz, o alguien más lo escucharía - ¡Sabes muy bien que a él no le interesas! Además, el rey no permitiría que un plebeyo como tú tuviera algo sentimental con su hijo – no me dejó decirle nada, ya que nuevamente me besó- ¿No puedes entenderlo acaso…? – sus labios bajaron hacía mi mentón – Ya te he dicho mis sentimientos hacía ti, ¿Por qué no los aceptas? – me lamió el cuello.
-Ngh… - gemí mientras sentía como las lágrimas corrían por mis mejillas – No los acepto porque… - respiré hondo – No son verdaderos – ante el comentario, Levi se detuvo, alzando la cabeza para encontrarse con mi mirada.
-Maldito mocoso… - susurró con una pisca de enojo – ¿Qué más quieres que haga para demostrarte lo reales que son? – sus manos arrugaron mi camisa, queriendo arrancarla, cuando en eso escuchamos un ruido, como de algo romperse. En ese instante Levi aflojó el agarre, y reaccioné rápido como para empujarlo y salir corriendo de ahí.
Corrí y corrí hasta llegar a mi habitación, la cual cerré con llave, por si a Levi se le ocurriera entrar. Mi respiración era agitada, agradecí a ese ruido, si no fuera por el ya estaría siendo violado por el sargento de nuevo. Me dejé caer en mi cama, limpiándome las lágrimas con las sábanas mientras mis ojos iban cerrándose poco a poco. Al fin tenía una noche tranquila.
Los días siguiente me la pasé entrenando duro, ser miembro de la "Legión de reconocimiento" era más complicado de lo que parecía, pero valía la pena, lo que sea por proteger a la familia real, sobre todo a Jean. En uno de esos días nos lo dieron libre a mis compañeros y a mí. No podía estar más aliviado y feliz, al fin descansaría de los pesados ejercicios y tendría tiempo para pasar con Jean. Esa mañana, me levanté temprano para alistarme y encontrarme con mi amigo. Toqué su puerta unas cuántas veces, hasta que me abrió. Seguía en pijama, y su rostro por las mañanas me resultaba tierno.
-¡Jean! – exclamé sonriéndole y dándole un abrazo. Aspiré por esos segundos su aroma, y disfrute de su tacto, ya lo estaba extrañando como nunca – Buenas noticias, tengo el día libre – le dije mientras ingresaba a su habitación y me sentaba en uno de sus muebles. Vi la sonrisa que se formó en su rostro, pero segundos después cambió su semblante. Me extrañé, algo no estaba bien.
-¿Jean? – Pregunté preocupado - ¿Pasa algo? – me miró con tristeza, y algo en mi interior decía que no quería saber lo que ocurría.
-Lo siento pero, voy a estar ocupado.
-¿Tienes algo importante que hacer?
-Mmm… bueno, no podría decirse tan importante.
-¿Y entonces porque no lo postergas?
-No puedo – me dijo. Sabía que Jean tenía varias obligaciones como príncipe, pero normalmente podía postergarlas e incluso cancelar las que no eran importantes para estar conmigo. Había dicho que no era algo muy importante, pero que no podía hacer nada al respecto, ¿Y eso que significaba? Hacía muecas que me preocuparon, como si estuviera pensando la mejor manera de darme una mala noticia – Veras Eren – respiró profundo, al parecer no era algo fácil de decir – Me… me voy a casar en un mes – y con eso bajó la mirada directo al suelo. ¿Había escuchado bien? ¿Jean se iba a… casar? ¿¡Con quién!? ¿¡Desde cuándo!? ¡Él no ha tenido ningún tipo de noviazgo!
-¿Qué…? – pregunté. Él me hubiera contado si tuviera algo con alguien, me hubiera hablado de esa persona que captó su interés, pero no lo hizo. Tal vez…
-Me voy a casar – dijo cortante. No pude evitarlo, y me abalancé a él en un abrazo - ¿Qué ha…?
-Tú no quieres hacerlo, ¿No? – mi tono salió algo agudo, mientras que sentía mis ojos humedecerse. Si Jean no me había dicho nada de ese tema era porque aquel matrimonio que se llevaría a cabo era por obligación del rey, no porque él quería. Alzó la cabeza, y nuestras miradas chocaron - ¡Tú no quieres, ¿Verdad?! – una lágrima se deslizó por mi rostro.
-No, no quiero – confesó. Eso fue suficiente para mí. Deshice nuestro contacto alejándome un poco de él mientras mantenía la mirada en el suelo. Sentía mis mejillas arder, yo y mis impulsos descontrolados. Me comencé a secar el rostro mientras le pedía una disculpa.
-Lo siento, no debí hacer eso – dije avergonzado.
-Tranquilo, entiendo el porque te hayas alterado y… - alguien tocó la puerta de la habitación.
-Majestad, le aviso que el príncipe Marco ya está listo para salir – dijo una de las empleadas del castillo.
-Claro, ya voy en un momento.
-¿Marco? ¿Príncipe? ¿Es hombre? – a la vez que sentía una profunda tristeza, eso también me dio algo de esperanza. Eso significaba que a Jean no le importaba si era hombre o mujer la persona con la que se casaría, por lo cual me daba una oportunidad a mí, ¿Pero cuántas posibilidades había de que Jean me prefiriera antes que a ese príncipe, su herencia o su reino?
-Pues sí, ya sabes las leyes de todos modos, hombre o mujer, con cualquiera puedes formar un matrimonio para beneficiar a tu reino – me quedé pensativo unos segundos… todo era por obligación – Debo cambiarme ahora – lo miré de pronto, sonrojándome levemente, ¡Pero que desconsiderado de mi parte!
-¡Ah! Claro, te dejo – me puse nervioso, y camine para salir de la habitación- Jean, ¿Crees que las obligaciones te hacen feliz? – pensé en voz alta, no quería decirlo, pero lo hice, y salí de ahí lo más rápido que pude, sin detenerme a escuchar su respuesta siquiera.
Ya que mi plan para pasar el día con Jean se había arruinado, me decidí a entretenerme con unos libros. Por un momento estaba disfrutando de la lectura, hasta que agarré otro libro y en una de sus páginas encontré un papel. En él estaba ese dibujo que me hizo Jean cuando éramos niños, en el cual él era rey y yo un soldado de la "Legión de reconocimiento". Un nudo se formó en mi garganta, y posteriormente me eché a llorar. Ya lo sabía, sabía el dolor que me produciría seguir con estos sentimientos, pero tan testarudo soy que me negué a dejarlos. Ahora Jean se iba a casar, y en el momento en que lo hiciese las cosas tomarían otro rumbo. ¿Qué me quedaría a mí? ¿Cedería ante Levi y me iría a su lado? ¿Aún guardaría esos sentimientos para con él? ¿Cuánto se supone que debería sufrir por ello? Seguí entre sollozos, guardando el dibujo en el libro.
¿Por qué no había nacido como un príncipe? ¿O porqué Jean no había nacido como un plebeyo? En ambos casos lo nuestro podría funcionar como era debido. Lo nuestro… De todos modos no teníamos nada, nunca le había dicho de mis sentimientos, y él tampoco me mencionó nada de los suyos. Pero había algo que solo nosotros dos entendíamos, estábamos conscientes de que disfrutábamos de la compañía del otro, y por mi parte era más que disfrute.
La noche llegó, había dormido toda la tarde después de haber llorado. Me sentí mejor después del descanso. Pude ver por la ventana de mi habitación la hermosa luna que alumbraba como el sol en el día, definitivamente un paisaje hermoso.
Pero un ruido me sacó de mis pensamientos. Era como el de un vidrio que se rompía. Me puse en alerta y tomé mi espada por si acaso. Salí de mi habitación, dirigiéndome hacía dónde supuestamente había escuchado el ruido, y al momento en que llegué a uno de los pasillos del castillo, sentí como el miedo invadió mi cuerpo totalmente.
*Insertado música de suspenso* Y una vez más, ¿Qué ha visto Eren? Les digo que es lo mismo que vio Jean. Bueno, este era el mismo capítulo que el anterior, pero con el punto de vista de Eren.
¿Qué tal? ¿Les gustó? ¿Lo odiaron? ¿Lo amaron?
Oh, un dato, ¿Conocen esta serie llamada "Free: Iwatobi swim club"? Si la han visto, ¿Se acuerdan del ending de la primera temporada? Bueno, el punto es que me he inspirado en las prendas que utilizan en ese video, ya saben, esas arábicas que les queda muy sexy. En la parte en que Eren dijo que se quedaba mirando a Jean cuando usaba esas prendas en las que se dejaba ver sus brazos y su torso, para que se hagan una idea, es similar a la que utiliza Haru en el video.
Como se habrán enterado ya, nuestro querido Eren ha mantenido una relación sexual con Levi durante tres años (Jean solo cree que Levi se le insinúa a Eren y a veces lo toca, pero no sabe sobre esta relación. O sea, el día en que se entere matará a Levi con sus propias manos, pero tranquilos, esto no pasará en la historia, jamás mataría a Levi Ackerman, no señor) Eren está, por así decirlo, enamorado de Jean, pero también hay la posibilidad de que gusta de Levi, a veces el moreno piensa eso cuando Levi lo trata con cariño, pero cuando este empieza a manosearlo, Eren se rectifica de lo que piensa (No sé, pero es algo así como la relación de Misaki y Akihiko de Jonjou Romantica, y sí, recién me la he estado viendo, ya voy por el capítulo 7 de la temporada 2. O sea, cuando Levi se pone cariñoso Eren lo acepta, cuando quiere "eso" Erencito empieza a odiarlo)
El siguiente capítulo en unos días mis queridos lectores, ya me despido porque ahorita viene mi profesor de música, ¡Al fin tocaré la guitarra como se debe! Nos estamos leyendo.
Au revoir.
