Capitulo XII

Rin no pudo evitar sorprenderse al ver a Sesshoumaru en su puerta, era algo que no esperaba en lo absoluto. La gran pregunta era ¿Cómo había logrado dar con su dirección? Confiaba en que Jaken no la hubiese delatado, le debía la confidencialidad entre abogado y cliente. Además Jaken la había llamado semanas atrás para informarle que Sesshoumaru había estado preguntando por ella, si deseaba que le diera su localización, y ella de inmediato dijo que no, no podía verlo.

Luego de haber dejado la casa de Sesshoumaru y pasar unos días en la mansión Matsuya supo que aquel no era su lugar, le ocasionaba demasiados recuerdos dolorosos, y la insistencia de los medios de comunicación tampoco le resultaba agradable. De modo que comenzó a pensar en que podría hacer para sentirse mejor.

Recordó a su amigo Kohaku, y el pueblo donde él solía vivir con su hermana. Cuando lo visitó tiempo atrás le había parecido un lugar muy tranquilo y aquel momento le pareció justamente lo que ella necesitaba.

Gracias a su influencia en el museo pudo obtener el número telefónico de Kohaku, se puso en contacto con él y luego de haber pactado un encuentro y hablar durante horas, lo decidió, se mudaría a aquel pequeño pueblo, él le había comentado que uno de los vecinos de su hermana estaba vendiendo la casa pues se marchaba a otro lugar y ella vio la oportunidad perfecta.

Hablo con Jaken como su asesor legal, y este la ayudó con gran parte del proceso. Ofrecer la mansión como albergue era algo que había decidido con su nana y el mayordomo, pues no quería que ninguno de ellos se quedaran sin un lugar donde vivir, y allí estaban cómodos. Llevarlos con ella no era algo que había pensado porque deseaba comenzar una vida nueva, una vida tranquila y sencilla.

Había enviado sus cosas con el camión de la mudanza y ya se había encargado de que todo estuviese en orden para cuando los niños fuesen a la mansión, se debían realizar algunas modificaciones las cuales costeó ella, y se encargó de que estuviesen en la mejores manos mientras estuviesen allí, no sólo por especialistas, sino porque su nana estaría allí junto a su mayordomo, ellos le habían dado una buena infancia y harían lo mismo con muchos otros niños, y ellos no podían estar más que satisfechos.

Cuando ya tenía todo listo, y pocos días antes de partir a Matsushita, comenzó a sentirse mal, amanecía con náuseas y se sentía cansada, poco le provocaba comer, en aquel momento había adjudicado su molestar al ajetreo que había tenido para preparar todo. No le tomó la mayor importancia y según lo previsto se marchó.

Ella sabía manejar, era algo que había aprendido mientras su padre estuvo con vida, y había obtenido su licencia sin problemas, no tuvo que comprar un coche porque entre las cosas de su herencia había uno. El viaje de cinco horas a Matsushita, la resulto agobiante, pero logró llegar sin mayores inconvenientes.

Fue recibida por Kohaku y su hermana, Sango, ambos la ayudaron a instalarse en su nuevo hogar. Los primeros días Sango la ayudó mucho, Kohaku iba durante las tardes en cuanto se desocupada de sus labores.

Su malestar no había decido, y comenzaba a pensar que empeoraba. Una mañana cuando ya habían arreglado casi todas sus cosas Sango le comentó algo.

—Sé que no nos conocemos muy bien, y no soy quien para meterme en tu vida, pero ¿No es posible que estés embarazada? —inquirió dejándola ligeramente atormentada—He estado dos veces embarazada, y no es muy diferente a como tú estás ahora.

Aquello había prendido sus alarmas, buscó un calendario y sacó la cuenta desde cuando había sido su última menstruación, casi sufrió un pequeño ataque de ansiedad al comprobar que había sido cuando aún estaba con Sesshoumaru, y ya habían pasado dos meses. Le sorprendía que no lo hubiese notado antes, quizás lo había sacado de su mente tras todo lo que había sucedido.

Sin esperar demasiado fue al médico, y efectivamente comprobó que estaba embarazada. Una parte de ella estaba completamente feliz ante aquella noticia, mientras que la otra se debatía si debía o no hablarle a Sesshoumaru. Finalmente se decidió a no decirle nada, su relación no había sido más que algo pasajero, y no estaba dispuesta a que él, en su sentido de la responsabilidad, se sintiera obligado a responder por el niño y estar a su lado. No quería obligarlo a hacer algo que no deseaba.

Era injusta lo sabía, él tenía ciertos derechos sobre el niño, pero aquello era algo de lo que no quería preocuparse, además era muy poco probable que él apareciera en su vida nuevamente. Pero allí estaba él, en su puerta y pidiendo entrar.

Él se negó a decirle el modo en que había logrado obtener su dirección y ella trató de restarle importancia. Le pareció casi indignante cuando él afirmó que estaba allí para hablarle de Ah-Un, aquello sólo dejaba en claro que ella no había significado nada para él. Trató de mantenerse lo más serena posible, si podía lograr que se marchara pronto entonces podría evitar que él supiese de su embarazo.

En aquel momento agradeció que su contextura fuese menuda, y debido a ello su estado no era tan notorio como solía serlo en otras mujeres, y el gran suéter que llevaba para agregarse del frio le ayudaba a ocultarse.

Escuchó el pitó que ocasionó la tetera que tenía montada y no pudo evitar dar un respingo, se dirigió al instante en la cocina tratando de alejarse de Sesshoumaru, para su mala suerte él decidió seguirla.

Luego de que hubiese bajado la tetera y se hubiese servido el agua necesaria para un té, se volteó para decirle que si decidía quedarse con Ah-Un se lo haría saber mediante Jaken. Entonces Sesshoumaru la había visto de una manera casi depredadora y se acercó a ella, acorralándola.

La besó con fuerza y ella, en vano, intentó librarse del agarre. Maldijo sentirse tan bien entre sus brazos y que su cuerpo y corazón respondiesen tan rápido. De pronto él se detuvo un momento y ella aprovechó para apartarse, debía tomar el control de sus emociones. Le aseguró entonces que no volvería a acostarse con él. La respuesta que recibió no fue la esperada.

—Rin —Sesshoumaru habló en tono severo—, ¿hay algo que debas decirme? —preguntó viéndola con dureza.

Su corazón comenzó a latir desembocado. Trató de mantener la calma.

—Nada —hizo un gran esfuerzo para que su voz sonase segura.

—¿Estas embarazada? —preguntó Sesshoumaru en tono glacial. Era una tonta si intentaba negarlo.

—Si lo estoy o no, no es tu asunto —le hizo frente a su mirada severa.

—Lo es si es mi hijo —hablaba con voz trémula—¿Es mi hijo?

—Es mío —respondió a la defensiva.

—Maldita sea, Rin —soltó con exasperación—. ¿Por qué no me lo dijiste?

—No he dicho que sea tu hijo.

—¿De quién es? ¿De tu amigo el artista? Creo que de ser él el padre estaría aquí contigo, ¿No es así?

—Pude haber tenido una aventura con cualquiera, así como la tuve contigo —soltó sin pensar, en ese momento ya no le importaba que él pensase lo que quisiera de ella.

—Lo nuestro no fue una aventura —gruñó con furia, le molestaba de sobremanera que ella hablase de esa manera. La conocía lo suficiente para saber que ella no acostaría con cualquier hombre.

—Tampoco una relación —refutó ella.

—No es momento de hablar de eso. Ahora tenemos algo más importante de que hablar, nuestro hijo.

—Mi hijo —insistió Rin, aun se mantenía reacia a la idea de darle la razón.

—Es mi hijo también y pienso hacerme responsable.

Rin terminó soltando un suspiro, entonces se llevó una mano al vientre pues el bebé comenzó a moverse. Ella no había querido saber el sexo del bebé porque quería una sorpresa, y lo que verdaderamente importaba era que estuviese sano. Se dirigió entonces de vuelta a la sala para tomar asiento en el sofá. Sesshoumaru la siguió.

—No me ignores…

—Podemos llegar a un acuerdo, una vez que el bebé nazca se planificarán visitas para que puedas verlo —le interrumpió ella. En alguno que otro momento había pensado que haría en caso de que Sesshoumaru supiese de la existencia de su hijo y aquella era la solución que había pensado.

Había tratado de instruirse legalmente, pero era difícil comparar su caso con el de otros. Y no podía asesorarse de aquello con Jaken por temor de que eso si se lo dijese a Sesshoumaru, después de todo estaba sumamente implicado, y Jaken como su amigo estaba en el posible deber de informarle que tendría un hijo.

—No quiero simples visitas de fin de semana, quiero formar parte de la vida de mi hijo.

—Es lo puedo ofrecerte.

—Hay otra manera. —Rin lo miró tratando de interpretar sus palabras— Cásate conmigo.

—¿Qué? —aquello era absurdo, y era una de las razones por las cuales no había querido decirle nada.

—Nos casaremos y juntos cuidaremos del niño —habló como si aquello fuese algo tan sencillo de solucionar.

—No me casaré contigo —afirmó decidida.

—Es la mejor solución.

—¿Para quién?

—Para el bebé.

—No me parece, no es bueno para ningún niño crecer en una familia donde sus padres no se amen.

—Está claro que el amor no tiene nada que ver con esto.

—Exacto. El amor nada tiene que ver.

—Un matrimonio puede basarse en cosas más seguras como la estabilidad, confianza y seguridad —él hablaba como si aquello fuese un negocio.

—Pero involucrando el sexo, ¿no es así? —no pudo evitar preguntarlo.

—Está implicado, si —respondió él con sencillez y ella quiso poder golpearlo.

—No me casaré contigo —afirmó.

—No lo entiendo. Tuvimos gratos momentos. Justo hace unos minutos de yo no haberme detenido habríamos terminado haciendo el amor en la cocina.

—Quizás hubiésemos tenido sexo —reconoció e hizo énfasis en la última palabra y a él le molestó—, pero hubiese sido un error.

—No puede ser un error si ambos lo disfrutamos y estamos conscientes —se acercó peligrosamente a Rin para acorralarla en el sofá.

Aunque ella intentó levantarse para evitarlo él la sujetó para que permaneciera allí, y entonces la besó, con exigencia y autoridad.

Él estaba hambriento de ella no podía negarlo ya, quería tenerla, y aquella era su oportunidad, si ella aceptaba casarse con él podría tenerla siempre que quisiera.

En aquella ocasión Rin no respondió al beso, él separó sus bocas y ella al instante apartó el rostro, quizás para evitar que el volviese a besarla. Aquella actitud le estaba molestando.

—Mírame a los ojos, y dime por qué no quieres casarte —exigió. La vio negar con la cabeza. Entonces él comenzó a acariciarla, la sintió temblar—. Deseas esto tanto como yo—le susurró al oído.

—No, no es cierto. Al menos no de la misma manera —le dijo e hizo un esfuerzo por separarse de él, Sesshoumaru se lo permitió, no la obligaría.

—Exijo saber porque no quieres casarte conmigo.

Ella lo vio de una forma extraña, sus ojos estaban al borde de las lágrimas y mordía sus labios como si intentase controlarse.

—Vete —fue lo que ella pudo decir finalmente.

—No me iré hasta que hayas aceptado casarte.

—No lo haré.

—¿Por qué?

—¡Me niego a ser el fantasma de tu esposa muerta! —gritó por fin.

Sesshoumaru no respondió, las palabras de ella habían sido como una explosión.

—Por favor, vete —pidió ella.

Y él sin poder debatirle o responder algo más, tuvo que marcharse. No había nada que pudiese decir a su favor en aquel momento.


El domingo Rin estaba a la expectativa de si Sesshoumaru regresaría o no. La noche anterior ella había dicho algo horrible, pero no por eso era una mentira, y si lo había dicho era porque él prácticamente la había empujado a hacerlo. ¿Quería un buen motivo para que ella no quisiese casarse? Pues allí lo tenía. No había sido la mejor forma de decirlo, pero no pudo soportarlo más.

Luego de que él se fuese había liberado todo el llanto contenido. Todos los sentimientos que se había esforzado por mantener a raya durante aquellos meses salieron a flote nuevamente, amenazando con perturbar su estabilidad.

Y lo peor fue ver como él parecía querer jugar con ella, buscándola sólo para tener sexo.

Cuando todo sucedió meses atrás ella estuvo de acuerdo, también lo había querido, pero desde el momento en que se marchó todo había cambiado y ya no podía volver a lo mismo. No cuando no era lo que ella deseaba.

Amaba a Sesshoumaru, tanto que le dolía entender que él jamás le correspondería. Él seguía anclado al recuerdo y a los sentimientos que tuvo hacia su esposa Kagura, y ella no podía hacer nada para cambiar aquello.

Se sobresaltó al escuchar el timbre, por un momento pensó en no abrir, tenía miedo de que Sesshoumaru hubiese regresado, pero se armó de valor para acercarse a la puerta y la abrió con el corazón en la garganta.

Sintió gran alivio al ver a Sango en la puerta.

—¿Qué sucedió? Parece como si estuvieses esperando la visita del mismísimo demonio.

Rin casi sonrió, no sabía Sango que estaba muy cerca de la verdad. La invitó a pasar y ambas se sentaron en el sofá. Y allí, por primera vez, se dispuso a hablarle del padre de su hijo.

Sango escuchó atenta las palabras de Rin, en aquellos meses le había tomado un gran cariño, y la quería como si fuera su hermana pequeña. Desde que la vio por primera vez cuando Kohaku la llevó a casa le había agradado y llegó a pensar que hacia una buena pareja con su hermano, y cuando llegó meses atrás ella había pensado que aquella seria la oportunidad para estar juntos, pero poco después había notado que Rin podía estar embarazada y así había sido, y la muchacha se apresuró a decirle que no era de Kohaku, el hijo que esperaba era de alguien que había conocido pero que posiblemente no volvería a ver.

Rin le explicó todo desde el comienzo, y como Sesshoumaru, ese era su nombre, había decidido ayudarla para que pudiese recuperar su herencia, le contó lo que había sucedido entre ellos, que él seguía amando a su esposa, y como había terminado todo meses atrás, finalmente le dijo que él había aparecido en su puerta la noche anterior y habló de lo que había sucedido. Al escucharla hablar, Sango podía saber que Rin estaba enamorada de aquel hombre.

—Ya no me parece tan extraño que no hubieses aceptado la propuesta de matrimonio de Kohaku —fue lo que dijo en cuanto Rin dejó de hablar.

—No podía hacerlo. No podía dejar que él se hiciera cargo de mí y de un hijo que no es suyo.

Kohaku le había pedido matrimonio una vez se enteró que ella estaba embarazada, y ella muy cordialmente le explicó que aunque se sintiese halagada ella no lo veía como algo más que un amigo, y que no podía hacer que él tomase una responsabilidad que no era suya.

—¿Entonces vas a hacer que él tome su responsabilidad? Porque estas embarazada del abogado, ¿no es así? —era lo que Kohaku le había dicho en aquella oportunidad y ella no pudo negarlo, después de todo los había visto juntos.

Se había sentido mal por herir a Kohaku, pero creía que lo lastimaría aún más si aceptaba su propuesta sabiendo que amaba a otro hombre del cual, además, esperaba un hijo.

Se sintió bien al poder hablar de todo aquello con alguien, tenía tanto tiempo guardando sus emociones, porque aunque se había vuelto cercana a Kagome nuca había podido comentarle acerca de su relación con Sesshoumaru, sentía un gran alivio al poder hablarlo con alguien

—¿Y a Sesshoumaru lo rechazas por qué...? —Sango retomó la palabra dejando la pregunta inconclusa, y al Rin no responder siguió— Está claro que él si tiene una responsabilidad, al ser el padre del niño.

—Pero no me ama, y no me casare porque él se vea obligado a actuar según lo moral y responsablemente aceptable —respondió Rin.

—Pero creo que venir a buscarte implica que puede sentir algo por ti —comentó Sango.

—Implica que quiere seguir teniendo sexo conmigo, eso lo dejo muy claro —logró decir sin sentirse herida.

—Hablas de una forma muy dura. Pero ya que dices eso, te explicare algo acerca de los hombres, a ellos les encanta el sexo, básicamente es en lo único que piensan. Pondré de ejemplo a Miroku —ese era el nombre de su esposo—, él era un mujeriego, porque si lo era —afirmó al ver la cara de sorpresa de Rin—, no duraba más de dos semanas con una chica y sus relaciones no eran más que físicas. Cuando comenzó a cortejarme le di calabazas porque sabía la clase de hombre que era, pero él insistió e insistió, se hizo amigo de mi hermano e incluso dejo de salir con otras chicas. Está de más decir que termine cediendo y ahora soy la mujer más feliz del mundo. Lo que intento decir es que los hombres siempre pensaran en sexo, es su naturaleza, pero también pueden cambiar sus sentimientos.

—Es diferente. Sesshoumaru no es ningún mujeriego, no lo veo buscando a cualquier mujer para acostarse, en mi encuentra algo seguro.

—Y puedes utilizar eso a tu favor.

—No utilizare el sexo para mantenerlo a mi lado, y mucho menos a mi hijo —expresó eufórica, el tema se había desviado por completo.

—Bien, bien. Entendí. Pero creo que deberías luchar por él si de verdad lo amas —habló Sango intentando conciliar.

—No puedo pelear contra un fantasma —susurró abatida. No podía ni quería hacerlo. Si Sesshoumaru por alguna razón quisiese estar con ella, quería que fuese por su propia voluntad no porque se sintiese obligado o empujado por su propia insistencia.

Era de esperar que Sango le dijese que tenía que luchar por él, era parte de su carácter, pero a ella le resultaba imposible pelear contra un fantasma, que además estaba en muy alta estima. En varias oportunidades Kagome le había hablado de Kagura, le dijo como solía ser ella y el tipo de relación que llevaba con Sesshoumaru, y definitivamente Rin no podía compararse con Kagura. La esposa de Sesshoumaru había sido una mujer ejemplar, comprometida con su trabajo, era hermosa y no traía consigo dificultades familiares. Sesshoumaru había escogido a Kagura como su esposa porque eran el uno para el otro.

Rin era todo lo opuesto, llegó a la vida de él generándole conflictos, tenía una belleza promedio que iba ligada a su aspecto casi infantil, lo que podía considerar trabajo era participar en una escuela de arte y ayudar a los alumnos motivándolos a ser mejor, su fama y reconocimiento era por su padre, no por mérito propio. Y Sesshoumaru le había pedido matrimonio a ella por mero cumplimiento de una responsabilidad.

Definitivamente eran dos extremos distantes. Y por mucho que pudiese amarlo no podía permanecer a su lado y esperar recibir las migajas de un amor fragmentado, se valoraba lo suficiente como para saber que merecía más, y que si no podían dárselo entonces era mejor estar sola.

—Está bien, no insistiré más. Pero espero que sepas que puedes contar con mi apoyo. Puedo montar guardia y decirle a Miroku que me preste su arma de reglamento —su esposo era policía. Rin rió al escucharla.

—No será necesario. Ya hoy no creo que venga y mañana mismo hablaré con Jaken para saber qué hacer.

—Ahora comprendo porque estabas tan ansiosa cuando llegue. Te puso realmente mal volver a verlo. —Rin soltó un suspiro y asintió.

—Me removió todo. Emocionalmente hablando —aclaró, no quería que Sango pensara que hablaba de otra cosa.

—Lo entiendo, no debió ser fácil. Aunque tampoco sería fácil para él enterarse de que estabas embarazada y que se lo habías ocultado.

—Pensé que se pondría histérico, pero actuó como suele hacerlo, sin denotar mayor emoción.

—¿Dices que ni siquiera le emocionó saber que sería padre? —inquirió intrigada.

—De una forma que yo pudiese notar, no.

—Vaya, todo un tempano de hielo —comentó.

—Gracias por escucharme, Sango —habló con sinceridad.

—Oh, para eso estamos las amigas.

—Y quisiera pedirte que no le digas nada…

—A Kohaku —terminó la oración por ella—. Seré una tumba.

—Gracias Sango.

Su vecina se marchó poco después, había ido a verla para invitarla a su salida de fin de semana, pero tal como estaba no era la mejor compañía, decidió quedarse y pensar en lo que podría llegar a pasar.

Continuara.

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Hola gente linda! He vuelto con esta historia! Y estoy en un buen momento así que espero que me vean más a menudo, siempre que Sesshoumaru no me siga dando dolores de cabeza al ser tan necio!

Pues ya ven, muchas acertaron con la idea de que Rin estaba embarazada, y espero que haya quedado clara la razón por la que se fue y por la que decidió no decirlo, fueron cosas diferentes. No se fue porque estaba embarazada, se fue porque quería una vida diferente y en el transcurso se enteró de su embarazo.

OMG! Me sorprendió recibir tantos reviews :') fue algo muy lindo. Como agradecimiento dedicare este capítulo a DreamFicGi que justamente fue el review número 100 :'), y por qué no? A todas las chicas que me leen. Muchísimas gracias por su apoyo, aunque sé que soy una fantasma.

Ahora ya estoy tomando un poco más de control, y estoy trabajando más con esta historia, y como dije siempre que Sesshoumaru no me dé más dolores de cabeza espero no tardarme demasiado, quizás tres semanas hasta la próxima actualización, ya que debo ir actualizando otras cosas.

Por allí estuve respondiendo los reviews por privado, ahora los Guest:

Maritza: Oh, no nada se le escapa a este hombre, aunque puede ser un poco necio, eso sí. Espero que este capítulo también haya resultado interesante ;)

Mina Rose: Oh sí! El encuentro era justo y necesario, aunque no todo resulto ser tan lindo y la reconciliación está un poco lejos, al menos ahora cada uno sabe lo que pasa. Me alegra saber que te gusta esta historia.

Lirio: Pues ya vez, esta historia no murió, ni morirá, sólo necesita su tiempo.

Guest: Oh, sí que lo descubrió, y ahora se presentan otros problemas D:

Muchas gracias por leer! Y espero que el capítulo haya sido de su agrado y haya compensado la larga espera. Nos leemos pronto!

Chau, chau!