NADA DE ESTO ME PERTENECE, LOS PERSONAJES SON DE NICK, YO SOLO ME DIVIERTO HACIENDO HISTORIAS.
¡Al fin! El capítulo doce. Batalle mucho para que me quedara bien, así que espero muchos comentarios por parte de mis queridas lectoras! Aquí se aclara la razón por la que los padres de Toph querían halar con ella, también se da a conocer el nombre del bebé recién nacido.
Capítulo 12.
Prometido.
Toph llegó a la casa de sus padres, justo cuando acababa de amanecer. Bajó del coche, usando la mayor elegancia posible, siempre mostraba su mejor educación ante sus padres… bueno, procuraba.
La enorme puerta de madera con el jabalí volador tallada, se abrió ante ella de inmediato. Instintivamente sintió que estaba entrando a una prisión, para ella, aquella casa donde creció con sus padres era eso; una prisión donde ellos la encerraron casi toda su vida hasta que decidió escapar. Ella debía de hacer su vida, pero ellos no lo entendieron así. Quería a sus padres, pero ellos no la entendían. Suspiró antes de entrar el jardín delantero, para llegar a la puerta de la casa. Mientras más pronto hablara con ellos más pronto se iría.
Caminó al interior de la casa, los sirvientes de inmediato le procuraron la mejor comodidad, pero ella solo quería irse pronto. Sus padres la recibieron con una sonrisa en la sala, donde ella se sentó frente a ellos.
-bienvenida a casa, hija—le dijo su padre.
-Hola ¿Porqué me han llamado?
-queríamos verte y saludarte hija, hacia mucho que no venías con nosotros.
-en su carta decía que era urgente mi llegada.
-verás…
-Toph, eres ya una jovencita de diecisiete años—dijo su madre—No es propio que no tengas casa y viajes por ahí, eres una Bei Fong, hija.
-Madre, con todo respeto, me gusta mi vida de nómada. Además, no he viajado mucho últimamente, he vivido en el Palacio de la Nación de Fuego, con mis amigos.
-No es propio de una señorita de tanto renombre, como tú, que vivas con puras parejas, querida ¡Ahí van tantas personas!
-Papá, ¿Porqué me han mandado llamar?
Sus padres callaron abruptamente.
-Toph, desde que naciste, iluminaste nuestras vidas con tu presencia. Te amamos mucho hija y solo procuramos tu bien, cariño, además de tu felicidad—comenzó su padre.
-lamento si en alguna ocasión te sobreprotegimos—dijo su madre—pero es que a veces nos ciega el cariño que te tenemos, tesoro.
No le gustaba para nada el rumbo que iba tomando esa conversación.
-Hija, eres la única Bei Fong que queda, sabes que tu padre no tiene hermanos, sobrinos o demás parientes—le dijo su mamá—es por ello que tu eres la única heredera de nuestra fortuna.
-Y ya que no somos eternos, queremos asegurarnos de que siempre tendrás a alguien que te cuide por nosotros, vele por tu seguridad y proteja tu patrimonio.
Esas palabras no eran para nada del agrado de Toph, quien ya comenzaba a inquietarse, sus pies se movían ¡Algo le decía que debía salir de ahí!
-Es por eso que escogimos, entre muchos, a un hombre que consideramos digno de casarse contigo.
-Y esperamos que se unan en santo matrimonio lo más pronto posible.
Ante la mención de esas palabras, algo en el interior de Toph pareció desgarrarse. El firme suelo que la sostenía tembló hasta romperse, dejándola caer a un pozo sin fondo donde solo había sentimientos tristes.
¡No! ¡No podían casarla contra su voluntad! ¡No podían unirla a un hombre que ni siquiera conocía dizque por su seguridad! ¡No!
-¡Ni sueñen con que haré eso!—les gritó, encolerizada-¡No pienso desposarme solo porque ustedes quieren!
-Toph, cálmate—dijo su madre, parándose y colocando suavemente una de sus manos sobre su hombro—hemos escogido muy bien a tu futuro marido y verás que…
-¡NO LO HARÉ!—gritó con tanta fuerza que la última palabra se desafinó en un agudo tan intenso que hizo temblar la porcelana colocada en una mesa cercana. Las lágrimas comenzaron a formarse en los ojos de la chica ciega, lágrimas de coraje por la incomprensión de sus progenitores.
-Toph, no te estamos preguntando si quieres casarte—le dijo su padre con mucha dureza—Somos tus padres y por lo mismo hemos decido escoger a un hombre que sepa cuidarte. Eres muy inestable hija, siempre viajando, no sabes lo que quieres.
-¡Claro que se lo que quiero! No me trates como a una tonta papá, seré ciega pero solo eso ¡Y ser ciega no me impide ver las cosas como lo que realmente son!
-Te vas a casar con Kappei Daidoji ¡Y es mi última palabra!
-¡Pues adivina qué! ¡NO LO HARÉ!—gritó.
-Toph, lo hacemos por tu bien—le dijo su madre, apretando más su hombro, pero Toph se soltó con brusquedad de ese agarre.
-No, yo no me casaré con una persona que no conozco solo para complacerlos.
-No estas en condición de decidir en este momento, niña.
-¡Si lo estoy! Es mi vida y soy libre de decidir como vivirla.
-sabía que no debías viajar con el Avatar, te ha metido ideas en la cabeza erróneas e impropias de una muchacha de sociedad como tú.
-Todo lo contrario, padre, viajar con Aang me ha hecho descubrir quién soy en realidad y lo que quiero.
-¡No eres una vagabunda muerta de hambre!—gritó su padre ya enojado-¡No eres una nómada sin hogar!
-¡Si lo soy! Soy una persona libre de elegir lo que quiera ¡Amo pelear, amo viajar, amo a mis amigos y amo mi vida actual! No cambiaré para ser la señorita que ustedes quieren ¡Seré como soy y ya!
-¡No me hables así, jovencita!
-¡Se acabó, padre! Ya nunca más te obedeceré. No me voy a casar y es mi última palabra.
El padre de Toph se paró en ese momento, encarando a su hija que aunque ciega, tenía sus ojos blancos puestos en él.
-No volverás a salir de aquí, te quedarás con nosotros a vivir, ya fue suficiente ¡Te he dado demasiada libertad! Ahora me obedecerás y te casarás.
-sueña con eso.
Toph dio media vuelta para salir de la recámara, su madre mirándola con ojos tristes y su padre con furia, pero sus guardias bloquearon su paso.
-lo sentimos, señorita Toph—le susurraron.
-he dicho que no saldrás de aquí—dijo su padre.
-lo siento—les dijo Toph.
En ese preciso momento en que musitó las palabras, usó su poder de tierra moviendo a los guardias y hundiéndolos en la pared, dejándolos inmóviles. Caminó con libertad hacia la salida pero más guardias aparecieron. Sin batallar, ella solamente los inmovilizó, uno por uno, destruyendo o haciendo lo que fuera necesario, evitando lastimarlos. Tras dejar a todos los guardias desmayados o atrapados en tierra, miró en dirección a donde estaban sus padres y les gritó.
-¡Soy la mejor maestra tierra de todo el mundo, e íntima amiga del Avatar, nunca lo olviden!
Dijo antes de comenzar a correr hacia el bosque, perdiéndose entre los árboles.
-¿Cómo quieres que se llame?—preguntó Suki a Sokka, mientras miraba con amor al bebé en sus brazos, que dormía plácidamente.
-No estoy seguro ¿Tú como quieres?
-bueno… mi padre se llamaba Hanh, murió en un ataqué de la Nación de Fuego… a raíz de su muerte me hice guerrera Kyoshi.
-Hanh es un bonito nombre—dijo Sokka.
-¡Hola Hanh!—exclamó la feliz madre, abrazando con más fuerza al bebé y besando con suavidad su cabecita.
Sokka cargó a su hijo, meciéndolo suavemente. Dentro de su ser un enorme amor le inundó, el amor hacia su pequeño bebé, hacia su hijo. Ahora él era padre, la persona encargada de proteger y educar a esa criatura. Hanh… su primer hijo. El primogénito. Era especial, bello y sabía que lo querría cada vez más, mientras más creciera más lo iba a querer, eso lo sabía.
Agradeció al cielo que su bebé no solo contara con un padre protector y una madre amorosa, sabía bien que Katara con su desarrollado instinto maternal sería una tía muy cariñosa y consentidora, que cuidaría y brindaría amor a su hijo. Aang siempre se mostró atento y cariñoso con los niños, si es que las cosas iban como él creía entre Aang y Katara, sabía que el avatar sería un tío juguetón y educador para con su hijo. Toph le mostraría afecto y sobre todo, sabía que ella sería de los principales pilares para sostener el carácter y disciplina de Hanh. Por otra parte, Zuko y Mai de seguro se mostrarían tiernos con el bebé y Hakoda y Gran-Gran Abuela lo llenarían de regalos, besos y cariños.
Su hijo crecería en un ambiente lleno de amor y paz, la guerra ya no existía y agradecía al cielo que su hijo no pudiera conocer el hambre, la incertidumbre, la fiereza del combate, la separación, la traición y todas esas horribles cosas que se viven en la guerra.
Y más grato se sintió, cuando recordó que él, con su ayuda, fue de esas pocas personas que pusieron, con firme determinación, fin a la guerra. Él, con su hermana, con Aang, Zuko, Toph y Suki, lucharon contra la Nación de Fuego hasta vencerla. Él ayudó y fue de los fundadores del tiempo de paz que ahora vivían.
Todo valió la pena, pensó para sí mismo. Ese bebé que cargaba en sus brazos, era una esperanza de un mejor futuro. Uno en el que las heridas del pasado ya cicatrizaran y el mundo se abriera paso a una época de prosperidad sin fin.
En ese momento, la puerta se abrió, dejando entrar a una Katara muy, pero muy sonriente.
-¡Ahí esta mi querido sobrino!—dijo quitando a Hanh de los brazos de su padre para cargarlo ella, con mucha dulzura.
-¡Oh, bebe bonito! ¿Quién es el bebé más bonito del mundo? ¡Claro que tú!—hablaba con cariño pero a la vez con voz suave, pues el niñito estaba aún dormido.
Aang también entró con Zuko y Mai detrás.
-Es un bebé realmente hermoso—comentó Aang.
-¿Puedo cargarlo?—inquirió Mai.
-claro—contestaron Katara y Suki al mismo tiempo.
Katara le pasó a Mai el bebé y ella lo tomó con más dulzura de la que hubiera esperado en esa fría pero buena mujer. Mai miró al niño, y la inundaron unas inmensas ganas de tener uno suyo. Bueno, no es que no fuera tener jamás a sus propios hijos. Tenía una pequeña esperanza, pues su regla se le había atrasado. Pensó en un hijo suyo, sería príncipe por nacimiento, pero uno dichoso, feliz. Se proponía que su hijo fuera muy, peri muy feliz y educado con el cariño que a ella y a Zuko les hizo falta.
En el momento en que Mai cargó al bebé, éste abrió los ojos, pero no lloró. Sus ojos eran azules, iguales a los de Sokka. Mai besó la mejillita del niño y se lo pasó a Aang, quien ya tenía extendido sus brazos. Sintió la fragilidad del niño cuando tomó ese cuerpecito en sus brazos. Los ojos azules del bebé lo miraron con curiosidad, mientras que Aang le devolvía una afectuosa sonrisa. Pensó en un bebé suyo, pero con unos ojos azules idénticos a los de Katara. ¡Como la amaba! Pensó. El bebito comenzó a moverse un poco inquieto y Aang se lo pasó a Zuko, quien también quería cargarlo.
Zuko cogió al bebé con más pánico que gusto. Miró perfectamente a Mai cuando sus ojos se llenaron del anhelo de tener un hijo. Pero él tenía un secreto: le asustaba la paternidad. Tenía miedo de ser un padre malvado y frío como lo fue Ozai, quería ser un padre amoroso y protector, pero sinceramente, temía mucho no saber cómo criarlo. Un hijo era una enorme responsabilidad, era una personita que crecería y aprendería todo lo que tu le enseñarás y él temía no saber o no tener mucho que enseñarle. Rápidamente le devolvió el bebé a Katara, quien lo agarró con extrema delicadeza, besando la cabecita de su sobrino. Los ojitos azules del niño vieron los de su tía y se formó en su cara una pequeña sonrisa.
Katara recostó al niño en su cuna, de cuya cabecera colgaban figuritas de madera pintadas de animales de todos los reinos. El nene miró a las figuritas con algo de curiosidad, antes de que el sueño típico en un recién nacido lo venciera y volviera a dormir.
-¿Cómo lo llamarán?—inquirió Katara, mirando aún al niño.
-Hanh—contestó Suki.
-bonito nombre.
Todos miraron al bebe, era un milagro, de vida, de amor y de esperanza.
Mamuro estaba caminando por las afueras de la ciudad. Tanteaba mirando las rocas que pisaba. Era su día libre, el primero que pasaba fuera de la casa de sus padres. Y es que ahora estaba demasiado triste como para poder pensar en sonreír para subirles los ánimos a sus moribundos progenitores, cada vez más enfermos.
¿Qué sería de su querida Toph? No sabía donde estaba, con quién, qué era lo que hacía, cómo lo hacía y porqué. Tenía inmensas ganas de estar con ella todo el tiempo, de sentirla, de besarla, de abrazarla y hacerla feliz. Pero sabía que eso no sucedería.
Amaba a esa chica ciega que era fuerte y directa para ocultar tras de sí sus frágiles sentimientos. Sabía que ella era especial y dulce bajo esa faceta de chica ruda e independiente.
Si, la amaba.
Aunque ella no lo amara.
Toph corría con desesperación. Sus pies ya adoloridos de tanto pisar con fuerza el suelo, tropezaron con una rama que ella no vio. Cayó al suelo, ensuciando su bello vestido de tierra y despeinándose aún más, soltando todo su cabello que cayó por su espalda.
Y lloraba ¡Ah cómo lloraba! Las lágrimas recorrían sus mejillas cayendo a la tierra, mojándola. Y es que le dolía y le causaba inmensa rabia el ser totalmente incomprendida por sus padres ¿Porqué sus progenitores no eran capaces de comprenderla en lo más mínimo? ¿Por qué jamás pudieron entender cómo era ella en realidad?
Lloró y sollozó, pero sabía que le quedaba un consuelo. Sus amigos, esos que siempre le entendieron, comprendieron y animaron. Además, estaba Mamuro… debía apurarse y llegar pronto con él.
¿Que les pareció?
Adelanto:
Naoko terminó su rutina, se inclino ante su maestro y se le acercó.
-¿Cómo lo he hecho, maestro?—preguntó.
-Muy bien. Naoko, quiero que empaques algo de ropa y cosas básicas, en una maleta pequeña. Mañana al amanecer iremos a un viaje muy especial.
-¿A si? ¿A dónde, maestro?
-Mañana lo sabrás.
Naoko pensaba en todas las probabilidades, pero de los miles de destinos que el mundo podía ofrecer, nunca pensó el que sería.
Los próximos capítulos hablarán mucho de las pupilas del joven avatar ¡Me reclamaban a gritos en mi mente que querían aparecer más en a serie! Así que hice unos pequeños cambios para agregarlas en otros capítulos y la historia se extendió más de lo que pensaba. Será mucho más larga de lo que tenía en mente.
Eso si, la rapidez con que actualizaré dependerá mucho de sus comentarios ¡Espero muchos!
Chao!
