Hola queridos lectores. HE VUELTOOOOOOOOOOOO. Sé que llevo mucho tiempo sin subir pero… se acabaron los exámenes se acabó el sufrimiento :) Lo malo es que… bueno… llegan las vacaciones y me marcho y no voy a poder escribir y sé que es una putada y lo siento. Estaré otro tiempo sin subir nada y después las actualizaciones serán más irregulares, puede que suba tres capítulos en una semana o ninguno… Por favor no me colguéis.

No sé si pasaron minutos u horas pero un golpeteo incesante en la puerta hizo que por fin mi padre saliese de mi interior. Sentí como las pocas fuerzas que me quedaban abandonaban mi cuerpo. Él me miró con desprecio y escupiendo en mi rostro me amenazó.

-Mira, cariño, como sea de nuevo tu amiguita te juro que la mataré o bueno… pensándolo mejor hay mil una cosas peores que puedo hacerle… reza porque no sea ella.- Sonrió con desdén y subió escaleras arriba bloqueando la trampilla del sótano con un barril.

Sé que es un tanto egoísta por mi parte pero, por un instante, deseé que fuese Gumi la que llamaba a la puerta para poder verla por última vez aunque eso conllevase su, o bueno, nuestra, perdición. Al momento deseché esos pensamientos avergonzándome de mi misma pero, si algo he aprendido a lo largo de mi vida, es que algunos deseos se hacen realidad y, por desgracia, siempre son los peores. Por eso, cuando escuché su suave voz a través de la madera la ansiedad se apoderó de mí. Quería verla, pero no allí, no en ese momento, ni en aquella situación. La respiración comenzó a acelerárseme, mi corazón latía desbocado. Traté de ponerme en pié pero las fuerzas me fallaron y de un traspiés caí sobre los fluidos de aquel día.

Junto a la voz de Gumi resonó otra masculina y serena, un suspiro de alivio escapó de mis labios. Suponiendo que se trataba de su hermano, mi respiración se relajó y solo entonces fui capaz de prestar atención a la conversación.

-Mire usted caballero, mi nombre es Gakupo. Pronto marcharé de viaje y pensaba llevarme a mi hermana conmigo. Pero lleva desde anoche dándome la lata preguntándome si puede acompañarnos una amiga suya. Que, bueno, supongo que se trata de su hija.- Me sonreí a mí misma. Gumi había traído la artillería pesada, mi padre no podría hacer nada si un adulto se encontraba delante.

-No entiendo… yo no tengo ninguna hija…- Maldije por lo bajo.- Sé que suena muy triste pero… cuando mi mujer, que en paz descanse, dio a luz la suya propia se apagó, así como la de nuestra hija… Ambas fallecieron…

-Ah… yo esto… disculpe…-El hermano de Gumi sonaba desconcertado y culpable.

-¡No le creas! Yo la he visto, la tiene encerrada… ¡Esta abusando de ella! ¡Este hombre es un maldito psicópata!

-¡GUMI!- La reprendió su hermano.- Mide tus palabras… Lamento el haberle importunado y el haberle traído malos recuerdos… y bueno las palabras de mi hermana, está en una edad en la que… bueno… puede imaginárselo… Y ahora si nos disculpa…

Se iban a marchar… me iban a dejar allí… yo… no pude evitarlo. Golpeé la trampilla del sótano intentando abrirla o, al menos, hacerme notar.

-¿Gakupo, no lo oyes?- Insistió Gumi.- ¡Luka! ¡Responde! ¡Sé que estas ahí! ¡Soy yo, Gumi, he venido a sacarte de aquí!

Traté de gritar con todas mis fuerzas pero ninguna palabra coherente salía de mi garganta. Tan solo era capaz de articular leves sonidos que más parecían el gruñido de algún animal. Golpeé la trampilla con todas mis fuerzas. No pude abrirla.

-Gumi, como montes una escena te vas a enterar.-Siseó Gakupo.- Aquí no hay nadie, estás paranoica. Se lo ruego señor perdónenos por esto ya nos vamos.- Oí el forcejeo de Gumi acompañado de algunos "Suéltame", muchos "Luka" y un par de "Vamos a comprobarlo, te digo que está ahí dentro" pero Gakupo no dio su brazo a torcer y poco a poco el sonido de sus pasos desapareció reemplazándolo el chirrido del barril al deslizarse por el suelo de madera.

La trampilla se abrió de golpe.

-¡Sucia puta de mierda! ¿Qué narices te crees que estás haciendo? ¿Sabes lo que va a pasar ahora verdad?

Sin otra palabra se lanzó sobre mí y digamos que aquella noche… no dormí en absoluto.

Por la mañana abandonó el sótano entre insultos, amenazas y golpes. Nunca lo había visto tan enfadado…

Abracé mi cuerpo y al tocar mi entrepierna, en un vano intento de adecentarme y mitigar el dolor descubrí con horror que mis dedos estaban teñidos de rojo.

-Sangre…- Susurré.