Enero 30, Gotham
Para Dick, las mañanas solían transcurrir con tranquilidad. Se despertaba y alistaba para ir a la Academia. A veces en compañía de Damian y Bruce, otras, simplemente era llevado por Alfred. Jason estudiaba en la misma Academia pero presumía tanto de no necesitar estudios de civiles comunes que al final sólo se presentaba si se le antojaba o debía presentar un examen importante. Babs esperaba al menor de los Wayne, pasaban tiempo juntos y la pelirroja se quejaba de que Jason tuviera mejor promedio que ella siendo que Batgirl era una alumna impecable. Dick se divertía bastante, sintiéndose casi un niño más aunque muchos riquillos lo miraran con desagrado, envidia o pena.
Aquel día, no podía parar de pensar en que había dejado solos a Tim y Damian, el temor de que ambos estallaran en una pelea crecía a cada segundo. La tensión entre los mayores era tan notoria que el acróbata no comprendía como así y todo lo hubieran mandado a la Academia, siendo él la paz en la Mansión.
Babs hablaba y hablaba, hasta que harta de ser ignorada por el pequeño Robin, decidió darle un zape en la nuca, delicado pero efectivo, que logró llamar la atención del menor.
—Eso no era necesario, fatgirl.
Otro zape.
—¿Ahora si vas a soltar lo que estás pensando, bebito maravilla?
El viento corría helado, meciendo los cabellos rojizos de la adolescente mientras esta bebía su café de todas las mañanas. Dick recordó fugazmente el pequeño crush que tuvo en ella cuando la conoció, algo que había superado casi sin notar.
—Lo siento, Babs... Solo temo que el apocalipsis se desate y morir virgen.
—Yo podría ayudarte con eso.
—¡¿Cómo dices?! —soltó el acróbata, avergonzado a más no poder. Una risilla por parte de la mayor logró calmarlo.
—Que podría ayudarte a evitar el apocalipsis, Dickie.
El rubor en las mejillas del menor se fue acentuando, hasta parecer solo un efecto del frío sobre su piel tan blanca. Bárbara pensó en esos días que ansiaba estar junto a él hasta que Robin madurara lo suficiente para intentar tener una relación más profunda, y se preguntó en qué momento se había conformado con la intimidad de mejores amigos.
—¡Ah, claro! Qué tonto —sonrió Robin, metiendo las manos en los bolsillos de su chaqueta azul que desentonaba con el sombrío uniforme que vestía. Pequeños beneficios de ser hijo adoptivo del mayor contribuyente de la Academia.
—Sé que la relación entre tus amados hermanos es muy tensa, y eso te tiene mal. Pero ahí tienes tu mejor arma, Dick.
—¿Mi mejor arma? ¿Mis canicas explosivas?
—No, idiota. Tú, tú vuelves débil a esos dos. Damian y Drake, es obvio que tú los unes de la misma manera que los alejas. Si eres capaz de controlar eso —y moviendo las manos hizo el ademán de un titiritero en plena función—, serás capaz de controlarlos a ellos y por consiguiente, controlar su relación.
Richard asintió quedamente, pensando si en verdad eso sería posible. No consideraba a sus hermanos juguetes para controlar, mucho menos se creía la debilidad de ambos. Al final, Dick sabía que tanto Damian como Timothy eran muy complejos.
—Ahora, Dickie, ¿qué hacemos con Jaybird? —cuestionó la adolescente, alisando los pliegues de su falda con elegancia—. Si quieres salvar a Drake, debes controlar su relación con Damian, sí, pero Jason es incluso una amenaza peor.
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Los muelles de Gotham se encontraban casi vacíos aquella mañana. Pocos marineros quedaban por zarpar, algún turista despistado tomaba fotos y Timothy resoplaba bajo las escalinatas del muelle, con la vista fija en el azul del agua.
Las ruidosas gaviotas se alejaban. A los pies del mercenario, un cuerpo yacía. Tim sonrió sin apartar la vista del mar, mientras guardaba un pequeño pendrive en su chaqueta de cuero.
—No te preocupes, el informante vivirá. Y además, pensará mejor antes de ponerle precio a su información cuando se la venda a alguien como yo —comentó al viento, sabiendo que sería escuchado por aquel que lo vigilaba de manera imperceptible para cualquier ser humano normal, pero él, un mercenario entrenado en la disciplina del espionaje, podía detectar fácilmente cuando era objeto de vigilancia.
—Ahora si me disculpas, Damian, debo visitar a Cassie. Dile a Alfred que volveré para la cena.
Así sonriente, Tim pasó sobre el cuerpo del hombre y sacudió la arena de sus botines antes de subir hacia el muelle. La brisa húmeda le acarició el rostro y su cabello semilargo brilló con los reflejos del sol.
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El ruido de un golpe seco distrajo al mayordomo de sus labores. Curioso observó a su joven amo lanzar lejos un pequeño artefacto que reconoció como una de las moscas robóticas que utilizaban en ocasiones para espiar conversaciones importantes. Las moscas brindaban una imagen clara y un audio perfecto además de ser pequeñas e imperceptibles; entonces se preguntó la razón de la molestia del heredero Wayne.
—¿Puedo ayudarlo en algo, amo Damian?
—Dice Timothy que estará aquí para la cena —fue toda la respuesta que obtuvo el anciano, no necesitaba ser un genio para saber que el intento de espionaje había salido mal.
—Comprendo, amo. El joven Jason también cenará hoy aquí.
Si aquello preocupaba al mayordomo, no se notó. Esa sería la primera vez que los cuatro se sentaban juntos a la mesa. Desde que Tim habitaba la mansión con ellos, Jason se ausentaba la mayor parte del tiempo. Y ni hablar de Bruce.
—Pennyworth, procura que los cuchillos no tengan filo.
—Con gusto, amo Damian.
Damian había abandonado la sala antes que el mayordomo pudiera preguntarle si tenía alguna preferencia en la cena de esa noche. La cabeza del moreno y robusto joven estaba llena de ruidosos pensamientos que tomaban la forma de un ceño fruncido, reflejado en el filo de la katana frente a él. Allí, a solas en su sala de entrenamiento, el primogénito Wayne podía sentir la paz de darle forma a las ideas que revoloteaban en su interior sin sentirse constantemente observado por aquellos opacos ojos azules que poseía el mercenario a su cargo.
En un principio pensó que permitir a Timothy quedarse allí sería un chiste por parte de su padre. Debía admitir que para ser un chiste, era demasiado fantasioso y hasta peligroso. Luego recordó lo malo que era su padre para los chistes pero si este era uno, se había salido de control. Había accedido a colaborar silenciosamente con lo que su padre tramaba, aun sin entender realmente cuál era su plan. Él solo debía centrarse en vigilar a su antiguo predecesor, obtener información si era posible y mantenerlo a raya en caso de que se pusiera violento. Y aunque Timothy resultaba todo un enigma, existía algo en el joven que no dejaba a Damian dormir tranquilo por las noches, una corriente eléctrica que recorría su cuerpo de pies a cabeza y acababa con la imagen de unos ojos rojos que lo miraban con furia.
Había soñado con esos ojos, y en sus sueños, una tormenta de arena cubría por completo a Red Robin, lo deformaban, y al dispersarse la arena solo podía ver la imponente figura de un hombre mayor que había sido muy importante para Damian antes de llegar a la mansión.
—¿Qué tiene que ver mi abuelo en esto?
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Las flores llenaban el lugar de un aroma tan dulce como la sonrisa que Sandmark le dedicaba al joven sentado junto a ella en la cama. Cassie sonreía, escuchando el suave canto que era entonado por su líder.
—Hope you haven't left without me, hope you haven't left without me, please ~
Las manos del mercenario se movían por el cabello de la chica, entrelazando las hebras con últimos rayos de sol acariciaban la bronceada piel de Wonder Girl, cubierta de vendajes.
—Don't forget about me, don't forget about me ~
La joven apretaba las manos sobre su pecho, la voz de Timothy siempre lograba calmar cualquier aprehensión que pudiera invadirle a ella o a Conner, razón por la cual era normal para los tres viajar acompañados por el canto de su líder cuando salían en alguna misión.
—Even when I doubt you, I'm no good without you, no...
Conner. La imagen del superclon le llegaba a la mente y Cassie sentía una presión en su pecho que le distraía de los mimos en el cabello, su respiración se agitaba levente pero el abrazo de Tim pudo acallar la angustia incipiente.
—Don't forget about me, no, no...
—Tim—llamó suavemente la rubia, luego de unos minutos en silencio al finalizar el canto de su acompañante—, sé que estás esforzándote, como siempre, quieres sostener el peso del mundo en tus hombros pero sabes que no debes hacerlo...
El abrazo fue roto, no de manera brusca pero aún así dejó una sensación amarga en la chica, como la de un pequeño vacío en su interior. Aquel comportamiento no era nuevo en absoluto, pues siempre que creía haber logrado un avance hacia el verdadero Tim, este volvía a cerrarse. Un atisbo del niño dulce que corría en mallas por la ciudad pelando contra el crimen, ese que Kon-El aseguraba con su propia vida, vivía dentro del joven de mirada fría que acercaba a la superchica un vaso con agua y una tableta de pastillas coloridas.
—Toma tus vitaminas y descansa, cuando Leslie me diga que estés mejor, podrás reintegrarte a la misión, Wonder Girl. Yo me haré cargo del asunto, traeré a Superboy de regreso y nos iremos a casa.
Cassie sabía que su líder no aceptaría réplica alguna, y no quería discutir en vano. La esperanzaba saber que aún sin ella y sin Conner, Timothy no estaba solo. Ella no confiaba en ningún Wayne, después de todo, ellos habían herido a su querido Tim, literalmente, hasta la muerte, pero ahí estaban, dándole asilo al mercenario que era un blanco fácil ya que todas sus guaridas habían sido descubiertas y destruidas pues era altamente buscado por la organización que se había llevado a su otro amigo.
—Ya no tenemos una casa, Red Robin.
Recibió un beso en la mejilla y siguió los movimientos de Drake mientras este se colocaba la ajustaba chaqueta de cuero y emprendía camino a la salida.
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—Come Richard, se enfría.
La mesa era estúpidamente larga y la comida rebosaba de punta a punta. A la cabeza, Damian, mecía un vaso de vino tinto y mantenía la vista fija en el rojizo licor; a su diestra Dick jugueteaba con el tenedor removiendo los guisantes del puré mientras junto a él, Jason masticaba ruidosamente su porción de filete. La escena era tan encantadora que Tim tuvo que suprimir una carcajada al llegar.
Falló.
—¡Tim, si llegaste a cenar! —los ojos del niño brillaron al ver al mayor tomar asiento a la zurda de Damian.
—Tch, se me cerró el apetito.
—Pennyworth, sirve su cena a Timothy y el postre para Jason.
—¡Milagro! ¡Regresó mi apetito!
Cuando Tim sonrió y le arrebató el vaso de vino mientras Jay y Dick peleaban por la enorme copa de helado, Damian Wayne supo que sería una larga noche. El celular del mercenario resonó y el mensaje se perdió entre las risas de Robin y Red Hood, los dedos de DemonWing repiqueteando sobre la mesa y el sonido el alcohol al ser ingerido por Red Robin.
"Tómate las medicinas nuevas, pajarito.
-Talia."
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