Los nombres de los personajes son propiedad de Stephenie Meyer, pero la historia me pertenece.


Especial II.

Edward POV.


Todas las obras de arte deben empezar... por el final.

Edgar Allan Poe.


Tengo todo el tiempo del mundo para hacerte mía.

Estaré esperando pacientemente hasta que veas las señales.

¿Cuándo te darás cuenta?

Abre los ojos.

No digas que me deseas.

No digas que me necesitas.

No digas que me amas.

Está claro.

Depeche Mode - It's no good.


Ella.

- ¿Qué te parece?

Me pregunta Esme cautelosa cuando la música se detiene. Es muy diferente a lo que acostumbro a hacer, pero es realmente bueno. Aunque... Bailar y cantar en el escenario será muy cansado.

- Me gusta. ¿Cuándo podremos grabar?

- Te lo diré en unos días.

Asiento.

- Sobre la audición de Bella…

Levanto las cejas, poniéndola sobre aviso. No me gusta el rumbo que está por tomar nuestra conversación.

- ¿Por qué lo haces?

Me encojo de hombros.

- Supongo que podría funcionar.

- ¿Sólo eso?

Su perspicacia me hace rodar los ojos. ¿Es qué no puede ocultársele nada?

- Tengo interés en ella.

Le confieso con voz firme.

- ¿Qué tipo de interés?

Inclina la cabeza hacía mi para poder escucharme mejor. Detesto los interrogatorios.

- El único tipo de interés que despierta una mujer en un hombre como yo. Nunca me ando por las ramas, y cuando quiero algo… Voy a por ello.

Su rostro se torna en mil colores. Está siendo bastante entrometida y lo sabe.

- Sólo me preocupa qué… - Hago una mueca y eso la detiene. – Cambiando de tema... – Musita, negando con la cabeza, desechando la idea que hace tan pocos segundos hubiera desatado una guerra. – Rosalie quiere verte. No pensaba mencionártelo, no es prudente que la veas. Sin embargo… No deja de insistir. ¿Qué debería hacer?

Todo iba más o menos bien, hasta que la mencionó.

Rosalie. Rosalie. Rosalie. Su nombre todavía acaricia mi lengua con suavidad al igual que en el primer día.

- No sé porque te preocupas. No tiene pruebas de nada de lo que dice.

Le contestó distraído, en un afán por olvidarme de lo que ha dicho, pero parte de mí sabe que ya es tarde.

- ¿Estás seguro de querer ir hasta las últimas consecuencias? No me malinterpretes, de ninguna manera la estoy defendiendo. Solamente no quiero que a mitad del juicio te arrepientas…

Deja las palabras flotando en el aire. Quizá tenga razón. No me siento con la fuerza suficiente como para enfrentarla. Fue una parte importante de mi vida, y lo sigue siendo, para mi pesar.

- Me reuniré con ella.

- ¿Ahora?

Da un paso hacía atrás sin saber que esperar. ¿Cuánto tiempo tiene que pasar para que se acostumbre a mí?

- Si.

- No puedes irte. Las cámaras, Bella… Los periodistas. ¿Estás loco?

Suspiro al darme cuenta de la situación. Es difícil ignorarlo todo.

- Para estar seguro de lo que haré, necesito verla.

Sin darle tiempo a nada salgo de la habitación a toda la velocidad. Su voz se estrella en mi espalda un par de veces, y fácilmente la ignoro. Bajo las escaleras sin saber muy bien que haré. Estoy desesperado, cansado de todo esto... Tiene que terminar. Rosalie tiene que detenerse.

Ángela es la primera en mirarme, debo estar causando un alboroto, pero me importa una mierda.

Visualizo mi objetivo, mi objetivo es ella. No lo pienso más y la sujeto de la muñeca esperanzado. No sería grato que se deshiciera de mi agarre. Desconozco cómo reaccionaría ante su rechazo; estoy seguro de que resultaría algo imposible de soportar, hoy. Hoy sería imposible de soportar.

Salimos de la casa con urgencia y enseguida nos topamos con los periodistas, quienes actúan al igual que un par de leones hambrientos. Los aborrezco.

- Corre. – Le grito por encima del hombro queriendo captar su expresión, pero como todo sucede tan rápido no logro hacerlo.

Chasqueo la boca cuando caigo en la cuenta de que varios hombres nos están siguiendo con cámara en mano. Por fortuna, ella es estupendamente rápida y puede seguirme el paso. De hecho, creo que puede seguirme el paso en todo, habilidad poco usual en una chica.

El viento receloso nos castiga cada que avanzamos, de igual forma me siento pleno. Su mano es cálida y firme. Está sosteniéndose de mí al igual que yo de ella, es una sensación satisfactoria. Me gusta que no haga preguntas, me gusta que se deje llevar, me gusta que confíe en mí.

- Detente.

Me pide, ya casi sin aliento.

Ha empezado a removerse un poco, quiere zafarse de mí. Eso no será fácil. No voy a soltarla, mucho menos ahora. La noche se hizo para ella, sólo en la oscuridad puedo verla tal cual es.

La observo por el rabillo del ojo y alzo la cabeza siguiendo su mirada. Sé lo que está pensando, hoy no hay estrellas… Pero… se equivoca. Al menos, yo logro ver una.

Respiro hondo e inspecciono en los alrededores. No hay nadie.

- Ella quiere verme.

Le digo tras detenerme. He tenido que soltarla, pese a qué me ha costado mucho trabajo.

- ¿Mmm?

Murmura. Repito mis palabras. ¿Será que no me ha escuchado?

Arruga la nariz y se alisa el cabello enmarañado, luego comienza a soltar incongruencias. No pedí opinión alguna, simplemente le estaba informando lo que estaba a punto de suceder.

- Quiero verla.

Le manifiesto con claridad para que entienda de una vez por todas lo que trato de decirle. Quisiera que me acompañara pero esa posibilidad no existe. Más bien, no existe la posibilidad de que yo pida algo como eso. ¿Qué haría si se negaba? Sería un momento incómodo para ambos y después no habría marcha atrás, pues yo perdería por completo mi confianza en ella. Eso no.

Tenía que resolver esto lo más calmado posible, y sobre todo, tenía que enfrentarlo. Con o sin ella, mejor sin ella que con ella. Lo que sea que fuese a pasar con Rosalie, no es algo que quisiera que Bella viera.

Miro a mí alrededor con impaciencia. No tengo idea de lo que estoy buscando hasta que lo encuentro. Las letras forman la palabra: Sugar! Son de un tono rojo chillón y están en cursiva. El lugar se ve limpio, y por ahora no parece haber ningún cliente.

- Ahí hay una cafetería – Le señalo el sitio para que lo observe con detenimiento y lo apruebe, pero no lo hace. En vez de eso se le ve consternada. ¿Por qué nunca presta atención? En fin, no hay tiempo. Le indico que me espere allí hasta que yo vuelva, sin embargo no obtengo respuesta de su parte. Simplemente asiente obediente, una y otra vez. Eso me exaspera.

¡Yo no busco absoluta obediencia, cariño!

Con discreción me muerdo la orilla del labio inferior ocultando una sonrisa, siento el impulso de abrazarla. Pero… Un taxi se acerca, no hay tiempo. Sigo insistiendo en que no hay tiempo. Mientras más rápido termine con Rosalie, mejor. Le señalo al conductor la dirección a la que planeo dirigirme, y él asiente con el ceño fruncido. Tal vez me ha reconocido, o simplemente le he caído mal a primera vista.

Abro y cierro la mano con la que he sujetado a Bella, aún me hormiguea. Es algo electrizante.

Luego de casi treinta minutos, llegamos y por suerte no me he dejado la cartera. Ése sujeto se me vendría a golpes si le saliera con una excusa a la hora de pagar la cuota.

- Gracias.

Murmuro lo suficientemente alto como para que me escuche. Él se hace el sordo, aguarda hasta que desciendo del auto por completo para que pueda arrancar, y se pierde de nuevo por la ciudad.

Cuando me giro la realidad me aplasta. Desde que conocí a Bella no he vuelto por aquí… Solía venir cada noche, solía caminar por la acera, solía recordar el pasado... recordar a mi ingeniosa y astuta rubia… Pero, desde que ella llegó todo eso terminó, vaya… Ni siquiera lo había pensado hasta ahora que me encontraba aquí. No ha pasado demasiado, sin embargo se siente como si estuviera fuera de lugar. Fuera de órbita.

El portero me recibe y me reconoce al instante. Me saluda cordial y yo hago lo mismo. Prácticamente corro hasta dónde sé, está el elevador. Es el último piso. Exactamente, el piso diez. El movimiento es tan lento que comienzo a preguntarme lo que hago aquí. ¿Debería volver? ¿Debería llamar a Bella? Debería decirle que beba un café, o un chocolate caliente. El chocolate va más con ella.

Desgraciadamente el chocante sonido del ascensor me saca de mis pensamientos y las puertas se abren. He llegado.

Mis pasos resuenan en mi cabeza, todavía puedo dar marcha atrás. ¿Pero que lograría con eso? Ella seguiría como hasta ahora, inventando miles de cosas y yo… Bueno, continuaría encerrado en casa, en el estudio, o en cualquier lugar en dónde no hubiera reporteros. Eso no es vida. Definitivamente tengo que terminar con esto.

Abstraído... Sin percatarme absolutamente de nada, ya estoy detrás de la puerta, de su puerta. Esa puerta que crucé tantas veces, incluso con desesperación.

Estoy por tocar, pero ella…

- Llegaste.

Me dice sonriente.

Su rostro aún tiene moretones, pero sigue hermosa. Hermosa, siempre hermosa. ¡Mierda!

Asiento.

- ¿No piensas entrar?

Me pregunta, abriéndome paso.

Sin quererlo mis manos forman puños. Esto es más difícil de lo que yo creía.

- ¿Y tú novia?

Alzo el rostro y cuadro los hombros.

- ¿Qué es lo que quieres?

Intento sonar lo más distante que puedo pero su perfume está en todas partes.

Ella sonríe a medias y yo me quedo embobado. Esperé tanto por ver ésa sonrisa…

- Vamos a la sala.

Al ver que no me muevo, ella avanza y yo la sigo. Como siempre, siguiéndola a todas partes, a dónde sea que fuera. Siempre fue así. Cuando llegamos todo empeora. Nada ha cambiado, todo está tal y como lo recordaba. La mesita de centro hecha de caoba, los sillones de piel, las cortinas blancas de seda… Espera… Esto…

Me giro y veo el piano de cola, el piano que yo le regalé. El piano en dónde le enseñé a tocar, el piano en dónde la hice mía… Un florero descansa sobre una de las dos mesitas de cristal que se encuentran al fondo, y cuando presto más atención… Son tulipanes amarillos, las flores que le traía cada noche…

- ¿Qué tratas de hacer con todo esto?

Ella sonríe nuevamente. Parece indefensa, pero no puedo dejar que me engañe.

- Son mis flores favoritas. ¿Qué tiene que estén aquí? ¿Te recuerda algo?

No consigue disfrazar la burla en sus palabras.

Niego.

- ¿Vas a decirme qué quieres?

La opresión en el pecho cada vez se vuelve más insoportable. Lleva poca ropa, y a pesar de los muchos vendajes que cubren su cuerpo, para mi sigue siendo extremadamente irresistible.

- ¿Vas a disculparte por lo qué me hiciste?

Murmura con voz apagada.

Niego con la cabeza y me acomodo el flequillo. ¿A qué quiere jugar?

- Sabes que nada pasó. No hice lo que le estás diciendo a todo el mundo.

- ¿Cómo explicas todo esto, entonces?

Dice, señalando los azulados hematomas que se encuentran esparcidos por sus largas piernas.

- Quiero creer que tuviste un accidente, porque la verdad… El hecho de pensar que tú misma te lo hayas provocado... me asquea.

Suelta una risita fingida que se ve interrumpida por el dolor. Sé que tiene varias fracturas, pero eso no puede ablandarme, no después de todo lo que me está causando…

- Esto podría empeorar. Lo único que quiero es una disculpa pública.

Resoplo.

- Lo que quieres es que acepte que hice lo que dices, y no lo haré. No hay manera. No voy a cargar con la culpa de algo que no he hecho.

Mi voz tranquila comienza a impacientarla. Trastabilla hasta dónde me encuentro, y delinea mis labios con la yema de sus dedos. Contengo la respiración.

- Te quise, te querré siempre. Me equivoqué Edward…

Masculla. Inhalo su aliento, es tan familiar que me provoca a mareo. Quisiera poder besarla, pero… Una delgada línea de acero me lo impide.

- Si eso es verdad, entonces… - Desvío la mirada para aclarar mis ideas. - ¿Por qué me haces esto?

Se acerca un par de centímetros más. La calidez que emana me atrae al igual que un imán. – Porque me has traicionado.

No comprendo lo que está diciendo. ¿Traicionarla? ¿Yo?

- Ésa novia tuya... No es como las otras... - Le tiembla la voz. - A ella realmente la quieres.

Lo que Esme no se había atrevido a decirme lo ha hecho ella. Lo que yo mismo no me atrevo a aceptar lo ha reconocido ella. Le ha dado al punto.

- ¿Cómo puede contar eso como traición? ¿Se te olvida que fuiste tú la que me dejó?

Me sujeta de las manos para sostenerse y presiona sobre mis labios.

- Fue un error. Me he equivocado mucho, pero tú… Juraste amarme siempre, a pesar de todo. Rompiste tu promesa.

Cierro los ojos y ella vuelve a besarme. Sus labios son amables, suaves, expertos… Sin embargo, hay algo que no va bien.

Debo ser el idiota más grande del mundo al aceptar esto, al comportarme de esta forma tan patéticamente débil; pero ella fue mi todo por un largo tiempo. Fue mi primer amor... Claro que tuve novias antes, tuve sexo antes, y vaya que lo tuve, pero ella... fue especial.

- ¿Intentas decirme que es justo lo que estás haciendo? ¿Qué lo merezco?

Niega, y la punta de su nariz se desliza delicadamente por mi mejilla derecha.

- Intento decirte que tienes una opción.

Estoy a punto de apartarme, pero ella me detiene al instante y yo me quedo inmóvil para no lastimarla.

- Vuelve. - Murmura.

Al fin lo ha dicho.

- Ella nunca te querrá como yo, y tú jamás… – Hace énfasis en la última palabra. – la querrás como me quieres a mí.

Me doy la vuelta para no seguir viéndola. Sus ojos llorosos relampaguean en mi mente al igual que el sol, cegándome.

Se pega a mi espalda y yo suspiro.

- Es verdad lo que has dicho. Jamás la querré como te quiero a ti, mas la quiero. En verdad la quiero. La quiero como sólo puedo quererla a ella, sin comparaciones, sin medidas, sin mentiras. Si me quedará aquí, a tus pies, como hice cada día desde que te conocí... perdería algo muy importante, perdería algo que he recuperado, algo que ella me ha hecho recuperar… - Su abrazo se fortalece. – A mí mismo.

Es doloroso, pero debo hacerlo.

- ¡Aléjate! Lo que dijiste… Es tarde ya.

Sujeto sus manos y las aparto con brusquedad. Ella suelta un quejido, pero no puedo arrepentirme, no puedo sentir culpa. Lo que me está haciendo ella es incalculablemente peor. ¿O dónde dice que si las mujeres se portan como perras no merecen castigo? ¿Acaso es una norma que únicamente se aplica al género masculino?

Si un hombre golpea, todos van detrás de él con antorchas encendidas, pero si una mujer lo hace… ¿Qué sucede? Si. Si. Las mujeres nacen teniendo que ser fuertes, es verdad. Hay mucho sufrimiento en sus vidas, sufrimiento nato que les ha sido dado por fuerzas inexplicables, y el hombre… El hombre ha nacido con opciones: o ser fuerte, o no serlo. Yo quiero serlo, desde hoy lo seré, y por ese motivo no puedo sucumbir. Rosalie es fuerte, está en su condición de mujer serlo, pero yo… Aprenderé. Juro que aprenderé.

Aprieto los labios y sonrío.

Estoy molesto. Los golpes que ella tiene no son por causa mía. Ha querido embaucarme con sus jueguitos mentales, con la atracción que sabe que tengo hacia ella. Ha querido jugar con mi pasado, pero…

Ella me ha hecho ganar. Bella... Ésa chica lista tiene toda la razón. No tengo porque esconder quien soy, nunca debí hacerlo. Y todos los que me juzguen, que serán muchos… ¡Que se vayan a la mierda!

La miro por un par de segundos, está destrozada.

- Te arrepentirás.

Me dice, forzando una sonrisa.

Se acabó.

Salgo de ahí lo más rápido que puedo. Estoy envenenado de su toque, de sus movimientos pausados, de su aroma… Su sabor. Un par de calles no son suficientes para deshacerme de toda esta adrenalina, de todo este enojo. Mis piernas piden más y más, más velocidad, más libertad.

Tengo que ir con Bella...

Ese es mi último pensamiento antes de ser arrollado por un auto.

El dolor, no puedo sentirlo. Algo dentro de mí se ha roto para siempre. He dejado ir una parte importante de mi antiguo yo, he dejado ir algo que he venido arrastrando desde hace años. Cierro los ojos y me entrego al descanso.

- ¡¿Qué ha pasado?! ¿Y Bella? ¿Cómo has podido dejar botado el programa? He tenido que hablar con el director del canal y por fortuna ha comprendido. ¿Por qué sigues complicándolo? ¿No te importa tu carrera? ¿No te importa perder todo por lo que duramente has trabajado?

El parloteo de Esme me despierta, pero la dejo desahogarse. Sé que nunca ha sido fácil trabajar conmigo.

- Dicen que estarás bien, que sólo fue el susto.

- ¿Puedo ir a tú casa a tomar un baño?

No quiero ir con ella así. Me siento sucio.

- Desde luego. ¿Y Bella?

Me incorporo y mi espina dorsal protesta. El golpe ha sido fuerte, sin embargo me encuentro de maravilla. No tengo ni un sólo rasguño.

- Iré por ella después.

Le digo tras un bostezo, estoy empezando a echar de menos mi cama.

La siguiente hora, Esme se dedicó a llenar las formas necesarias para poder salir del hospital, y durante el trayecto a su casa le conté todo lo sucedido con Rosalie. Ella únicamente se dedicó a escuchar y a asentir.

- Eso quiere decir... ¿Hasta las últimas consecuencias?

Me pregunta, reprimiendo su más que obvia emoción.

- Si.

Ahora estoy seguro. No descansaría hasta revelar toda la verdad.

El baño fue gratificante. Me siento nuevo.

- ¡Ah! - Estiro los brazos en dirección al techo y los dejo ahí un par de segundos. Este sitio si que tiene pinta de ser un hogar, mi casa es… Joder, una simple casa.

Esme tiene ropa mía por todas partes, creo que tiene más ropa mía que suya. Es algo divertido de pensar. En mis inicios, antes de mi debut, había vivido con ella y con el resto de los músicos durante un tiempo, desde entonces algunas de mis cosas seguían aquí. Y no tenía intención de llevármelas. Ella es una de las pocas mujeres en las que se puede confiar. Aparte de...

Blah. Blah. Las cursilerías no son mi estilo.

- Hay algo que voy a pedir. - Permanezco en silencio un instante para disfrutar de su rostro consternado. - Quiero ir al parque de diversiones.

Ella se queda boquiabierta.

- ¿Hoy?

Asiento.

- Humm. Bien. – Acepta sin estar segura. - Llevaré las cámaras y haré una llamada al parque.

- Si.

No me tiene dando de brincos el hecho de que nos graben, pero supongo que no queda de otra.

- ¿Estarás bien? Sabes que las personas están creyendo todas las idioteces que publican algunas revistas.

Me previene con gesto preocupado.

- Lo sé, no te preocupes.

Acomodo mi gorra y me levanto del comedor.

- Me voy.

- Te llevo.

Niego.

- Tomaré un taxi. ¿Puedes reservar una habitación en el hotel de siempre? Iré con Bella.

Pestañea un par de veces. Sus ojos son pequeños y redondos, se asemejan a los de mi madre.

- Te llamaré para confirmar.

- Gracias.

Me despido ya de espaldas con un gesto de mano.

Antes de ir a recoger a Bella necesitaré de ropa y cosas de mujer. ¡Qué vergüenza!

¿Un hombre como yo escogiendo maquillaje y ropa interior? Eso no va conmigo. NO VA CONMIGO. ¡DEMONIOS!

Igual lo haré.

Aprieto la mandíbula y me alboroto el cabello para después volver a acomodarlo.

- ¿Puedo ayudarlo en algo?

Me pregunta la guapa vendedora de la tienda. El taxi no ha tardado nada en llegar a la Plaza.

Sonrío y ella se queda estupefacta.

- ¿Usted es… es… es…

No puede terminar la pregunta. ¿Por qué todas reaccionan así? Yo estaría impresionado solamente si se plantara frente a mí un alíen. Ojalá un día sucediera. Sería magnífico.

- Si. Soy Edward Cullen.

Se coloca una mano en el pecho y al instante me hace sentir incómodo. Espero que no monte una escenita.

- ¿Cómo... cómo qué buscaba?

Lucha por mantener la calma y yo ruego porque lo logre, o terminará asustándome. He tenido malas experiencias con varias fanáticas. En un aeropuerto fui manoseado, empujado, y casi desnudado. La seguridad no podía hacer mucho ante tanta gente.

- Pues… No sé. ¿Algo cómodo?

- ¿Para…

Me mira de arriba abajo y yo frunzo el ceño ofendido.

- Para mi novia.

Le digo en voz baja.

- Ah. Claro.

Camina por el pasillo y me muestra un par de modelitos de los cuales yo no tengo ni idea.

- ¿Y qué talla es?

- ¿Qué? - ¿Talla? ¿Y yo que voy a saber? No me sé ni la mía.

- Pues…

Levanto las manos, formando con ellas el tamaño. Ella suelta una risotada y yo me quedo perplejo. ¿Qué pasa?

- La he visto en televisión, pero… Siempre va demasiado tapada. ¿No cree?

¿Tapada? Mentira. Yo siempre he logrado ver muy bien t-o-o-o-d-o a la perfección. Una chica no necesita andar casi desnuda para ser sexy y atractiva.

- Pues, es casi como usted… Unos centímetros más alta. – Alzo una mano a la altura de mi hombro. – Y… Su trasero es más grande.

Ella se sonroja al instante. - ¿Qué le ocurre a ésta señorita? Enarco una ceja y la observo con recelo, tiene que tomarse esto en serio.

- Eh. Creo que éste le vendría bien.

Me entrega la prenda y yo asiento.

- ¿Y de sostén?

Eso es más difícil. Utiliza sudaderas con frecuencia, y en la playa… No la mire demasiado. No quería ser obvio. Pero… La había abrazado antes y…

- Yo diría que para ser naturales son grandes, de buen tamaño.

Le respondo con honestidad. He conocido bastantes mujeres y la mayoría ha pasado por cirugía. Todo está bien visualmente hasta que llega el momento de tocar. En este punto la divina magia termina. Prefiero lo natural.

- Llévese éste.

Me dice, después de un largo silencio.

- Si. - Sin duda jamás volvería a hacer algo así.

He pagado y también he tenido que dar un autógrafo. La verdad, estuvo bien.

Por suerte, la ropa fue más sencilla de conseguir, al igual que los zapatos. Pero el maquillaje… ¿Tipo de piel? ¿Tono de piel? ¿Rizador de pestañas térmico? ¿Rizador de pestañas eléctrico? ¿Labial cremoso? ¿Labial mate? ¿Lápiz labial voluminizador?

¡¿Qué jodida mierda voy a saber yo?!

El sonido del celular me saca de mi arrebato de frustración.

- La habitación está lista.

- Gracias. Necesito algo más. El contrato de Bella, el original. ¿Puedes llevarlo a la habitación del hotel? Déjalo sobre la cama.

Tarda en responder.

- ¿Qué vas a hacer? Es peligroso andar por ahí con ese tipo de cosas, podría perderse, y…

- Sólo llévalo, después de todo es algo que yo quise hacer.

Creo que lo está pensando, porque nuevamente su silencio me saca de quicio.

- ¡Hey, tú!

Un grito capta mi atención y me provoca voltear.

- ¿Cómo pudiste golpearla? ¿Crees que por ser famoso puedes hacer lo que te venga en gana?

Es un hombre de altura promedio de no más de cuarenta años.

- Por favor, llévalo.

Le pido por última vez a Esme y cuelgo.

- No quiero problemas.

Murmuro por debajo, ocultándome en la gorra.

- ¡Miren, es el golpeador!

Comienza a gritar. Las personas empiezan a formar un círculo a nuestro alrededor. ¡Con un carajo!

- ¿No hablarás? ¿Vas a esconderte siempre?

Al darse cuenta de que no responderé nada, los insultos se dejan venir. Sé que algunos están grabando esto, sé que en unos minutos estará dando vueltas por todo Internet.

- Vine de compras como usted. ¿Puede dejarme pasar?

Intento abrirme paso entre la multitud, pero él me da un empujón.

- Lo siento.

Le digo con un hilo de voz a una joven con la que he chocado, me percato de que está usando uniforme de estudiante. Ella me mira, me sonríe con timidez y se retira.

Al poco rato, la seguridad de la plaza llega hasta dónde nos encontramos y amablemente me escolta hasta otro sitio. Todavía me queda algo por comprar. Dos hombres se ofrecen a acompañarme y yo se los agradezco. Espero que el tipo desagradable no aparezca de nuevo. Me ha logrado poner muy ansioso, y cualquier ruidito me crespa los nervios. Así es esto. Una vez que estás arriba todos están ahí, pero en los momentos difíciles...

Es mejor que deje de pensar en eso.

Me lleva más de media hora dar con un cesto de basura de acero inoxidable, dicha tarea me ha servido para distraerme. Los conocía por las películas y ahora tenía una razón para tener uno.

Al poco rato ya estoy de nuevo en un taxi. Esto ha sido complicado. Mentalmente estoy agotado. Los seres humanos son tan estúpidos... Insultarme por algo sin fundamentos.

Sacudo la cabeza y recuerdo que Bella hace ése mismo gesto con frecuencia.

- Ella bebió mucho.

Es lo primero que me dicen cuando llego al lugar en dónde la he dejado.

- ¿La engaña?

La miro incrédulo. ¿De dónde saca eso?

- ¿Cómo pudo dejarla aquí? Ya es de día. ¿En serio estaba seguro de que continuaría aquí?

Sus preguntas me provocan fastidio, pero son ciertas. Ha pasado mucho desde que… Toda una noche.

Me encojo de hombros.

No había pensado en que existía la posibilidad de que ella no estuviera.

Si dejas a alguien en un lugar no tiene por qué moverse. ¿O sí?

- Gracias por cuidarla.

- Quisimos llevarla a mi recámara pero no nos dejo. - Me explica. - Estaba como loca lanzando golpes por todas partes.

Sonrío al imaginar la escena.

- ¿Puedo ofrecerle algo como agradecimiento?

No me ha parecido correcto ofrecer dinero. Podría ofenderse, además ella no lo ha pedido.

- Soy Bree. Un día vengan a comer con nosotros.

No es tan valiente como para mirarme directamente, pero lo intenta y sonríe con sencillez.

Asiento. Posiblemente la próxima semana sea posible.

La tal Bree resultó ser simpática y bastante graciosa (me relató con detalle todo lo que Bella hizo, y lo más importante, todo lo que dijo)... Su madre es amable (aunque, eso digo de casi todas las personas mayores), pero su hermana pequeña es… Absorbente. No soy paciente. No me gustan los extraños que se sienten en confianza demasiado pronto. Me resulta apabullante.

Luego de cruzar un par de palabras con Bella la llevo hasta el hotel. Está hecha una sopa. En verdad que ha bebido. Eso me gusta. Me gusta una chica que pueda beber.

Creo que puedo comenzar con ella, sólo espero que no se creé una idea errónea de lo que será. En lo que actualmente a mí respecta, querer a alguien no significa cambiar quien eres. Si ella espera que le lleve flores, que le diga frases románticas como de película y todas esas tonterías, se llevará una enorme decepción. Que yo sienta algo por ella no cambia nada, hasta ahora he podido comprenderlo. Amar no significa volverse la persona perfecta que tu pareja desea, amar significa ser uno mismo y aún así ser amado. Eso es lo que yo quiero, pero… ¿Será eso lo que ella quiere?

Necesito una chica a la que le guste reír, bromear, divertirse. Una chica que no lleve mucho maquillaje, una chica que se sienta hermosa tanto por dentro como por fuera, y lo más importante; una chica con la que se pueda hablar. Que no sea celosa, demandante, ni pegajosa. Que tenga sus propias metas, sus propios sueños… No quiero una niña pequeña a la que tenga que cuidar, simplemente quiero a alguien con quien compartir parte de mi vida.

Suspiro y la miro sin que se de cuenta.

No sabe ni lo que le espera. ¡Voy a conquistarte, a mi manera!


Hola!

Un saludo a Anna DG, igualmente besos y abrazos desde México. Tenle paciencia a nuestro Edward, no es tan malo como parece.

Yoliki! Muchas gracias por siempre dejar tu Review, me hace muy feliz leerte. Suerte en todo.

Aquí está el POV. Edward Iwanaha, espero lo disfrutes mucho. Saludos.

Somasosa: Please, be patient. Have a nice day!

Besos gigantes para ti, Tata XOXO. Edward comenzará a abrirse a nuestra Bells.

Roxy Sanchez, mucha suerte para ti también. Gracias por entender a Edward, tienes razón. Cada quién tiene sus propios demonios. Un gran saludo.

Karla C. Lopez, espero continúes disfrutando de la historia. Un abrazo.

Claudia Andrea! Es verdad que es un poco complicado, gracias por leer. Saludos!

En verdad que las quiero mucho a todas por tomarse el tiempo de dejar su Review! Y mis lectoras silenciosas, un abrazo gigante!

Nos leemos el martes con un capítulo normal.

Besos.

Anabelle.